Seducción a medianoche
Capítulo 26
Después de asegurarse de que Hermione estaba a salvo en una pequeña salita anexa al salón, charlando con sus amigas, alejada de las ventanas y donde él podía verla por la puerta abierta, Harry llevó a un lado a Kingsley Shacklebolt y le contó el plan de los secuestradores para matarle.
—Parece que estás incordiando a alguien —dijo Shacklebolt cuando terminó.
—Sí —convino Harry—. La pregunta es: ¿a quién? —Justo entonces divisó una cara familiar al otro lado del salón y le dio un codazo a Shacklebolt—. ¿Quién es esa mujer?
Shacklebolt estiró el cuello.
—¿La que está hablando con Krum y Thomas?
—Es lady Celia. Es la hermana de Krum, ha venido de visita desde Dorset.
Harry se quedó paralizado. Durante varios segundos, sintió que se quedaba sin respiración. Fragmentos de conversaciones y detalles de la investigación cruzaron como un relámpago por su mente; piezas del puzzle que aún no había podido encajar correctamente. Y luego, como engranajes girando en perfecta armonía, todo encajó en su lugar. Después de repasar una vez más todos los hechos para asegurarse de que no estaba equivocado, clavó la mirada en la persona que buscaba. La última pieza del puzzle estaba al otro lado de la estancia, charlando con sus amigos en una pose elegante. Y Harry supo que tenía razón.
—¿Sucede algo, Potter? —preguntó Shacklebolt—. Parece como si hubieras visto a un fantasma.
Harry se volvió hacia él.
—Lo tengo —dijo con voz sombría—. Ahora sólo tengo que pillarlo. —Y ése era el momento perfecto. No obstante, tenía que actuar con rapidez. Con la mente pensando a toda velocidad, ideó una estrategia—. Tengo un plan. Pero necesitaremos ayuda. —Escudriñó el salón, deteniendo la mirada en las personas que buscaba—. Sígueme.
Se encaminó al otro lado de la estancia con Shacklebolt pisándole los talones, deteniéndose cuando llegó junto a los tres hombres que buscaba.
—Ya sé quién es el ladrón y asesino fantasma —dijo Harry en voz baja a Ronald, Neville, Draco y Shacklebolt—. Tenemos la oportunidad de atraparlo aquí y ahora. Tengo un plan.
¿Queréis ayudarme?
—Sí —dijo Draco sin titubear.
—Cuenta conmigo —dijo Ronald.
—Y conmigo —añadió Neville.
—Bien —dijo Harry—. Esto es lo que quiero que hagáis.
Harry se acercó a lord Mc Laggen .
—Perdone, Mc Laggen , ¿podría dedicarme un momento? —dijo él, señalando con la cabeza hacia un rincón donde tendrían un poco de privacidad.
—¿Qué desea? —preguntó Mc Laggen , que no parecía demasiado contento de que lo sacaran de la conversación que mantenía.
Harry extendió la mano.
—Creo que esto le pertenece.
Mc Laggen agrandó los ojos y trató de coger el reloj de oro que descansaba en la palma de Harry.
—¿Dónde lo ha encontrado?
—En el bolsillo de uno de los hombres que secuestraron a lady Hermione .
—¿De veras? —Mc Laggen apartó la mirada—. ¿Y qué le hace pensar que es mío?
—Que su nombre aparezca grabado en el interior ha sido una pista significativa —dijo Harry secamente.
La cara de Mc Laggen adquirió un matiz rojizo.
—Bastardos. No sólo son unos secuestradores sino también ladrones.
—Afirman que no lo robaron. Dicen que les fue dado. Como pago por secuestrar a lady Hermione .
En ese momento la cara de Mc Laggen perdió cualquier rastro de color.
—Ciertamente, no puede creer que fui yo quien se lo dio.
—¿No?
—¡Por supuesto que no! ¿Para qué querría secuestrar a lady Hermione ? Lo que quiero es casarme con ella.
—¿Quizá porque ella va a casarse con otro hombre?
—Ésa es una razón para estar decepcionado. No para secuestrarla.
—Entonces, ¿cómo explica que los secuestradores tuvieran su reloj?
—Está claro que me lo han robado.
—¿Cuándo lo utilizó por última vez? Mc Laggen frunció el ceño.
—A primera hora de la noche. Cuando llegué. Lo consulté poco antes de entrar en la fiesta.
La respuesta de Mc Laggen sirvió para que Harry confirmara que su teoría era correcta. Le hizo un gesto afirmativo con la cabeza al hombre que se dirigía hacia ellos.
—El magistrado hablará con usted.
Sin añadir una palabra más, Harry se marchó. Escudriñando la multitud, su mirada cayó sobre su siguiente presa, que, según pudo observar, no le quitaba ojo a Mc Laggen y a Shacklebolt. Harry cruzó la habitación y se detuvo delante del duque.
—Tengo noticias —dijo Harry—. ¿Podemos hablar en algún otro lugar? ¿Quizás en el estudio?
El duque lo estudió con una mirada afilada, luego señaló con la mirada a Mc Laggen y a Shacklebolt.
—¿Qué pasa allí?
—Esa es una de las cosas que quiero comentar con usted. Parece que Mc Laggen se encuentra en un… gran problema. Pero no deseo discutirlo aquí.
—Vayamos pues a mi estudio —aceptó el duque, guiándolo al pasillo.
Un momento después entraban en una habitación oscura revestida con paneles, que olía a cuero fino, cera de abejas y tabaco. Un fuego ardía en la chimenea, proyectando sombras danzantes por la habitación. El duque se acomodó en un sillón de piel detrás del escritorio de caoba y luego indicó a Harry que tomara asiento en una silla frente a él.
—Prefiero quedarme de pie —dijo Harry.
—Muy bien. ¿De qué quiere hablar conmigo?
—De una nueva pista. El reloj de Mc Laggen fue entregado a los secuestradores como pago inicial por secuestrar a lady Hermione .
Algo brilló en los ojos del duque, algo que Harry reconoció, pero que desapareció tan rápido como había llegado. Luego la mirada de Riddle se tornó glacial.
—¿Está diciendo que él es el responsable? Menudo bastardo. —Golpeó el puño contra el escritorio de caoba—. Todos esos asesinatos, todos esos robos. Gracias a Dios que lo ha detenido. Supongo que Shacklebolt se lo llevará bajo custodia.
—En realidad, no.
El duque frunció el ceño.
—¿Por qué no?
—Porque aunque el reloj pertenece a Mc Laggen , no es él quien se lo dio a los secuestradores.
—Entonces, ¿quién lo hizo?
—Lo hizo usted.
El duque clavó los ojos en él durante unos segundos y luego se rió.
—¿Piensa que pagué a esos hombres para que secuestraran a lady Hermione ? En serio, Potter… Sospechaba que era un poco incompetente, pero esto es…
—No pienso que lo haya hecho. Lo sé. Sin ningún género de duda. Will y Perdy, los hombres que contrató, son unos tipos muy observadores. Se pasan mucho tiempo estudiando a los peces gordos. Reconocieron su voz, señoría —mintió sin pestañear y sin la más leve punzada de remordimiento—. Y a pesar de la capucha que llevaba, lo han reconocido.
El duque arqueó una ceja.
—Nadie creería la palabra de dos criminales antes que la mía. No es posible que pudieran ver nada en la oscuridad.
Harry sonrió lentamente.
—Jamás he dicho que estuviera oscuro.
Durante un buen rato el duque no reaccionó, pero luego, una llamarada de puro odio ardió en sus ojos. Se encogió de hombros con despreocupación, pero Harry pudo observar la tensión que lo atenazaba.
—Sólo he asumido que estaba oscuro.
—No, sabía que lo estaba. Porque estaba allí. Ésta noche. Pagándoles con el reloj de Mc Laggen . Que previamente había robado. Igual que robó su tabaquera la noche de la velada en casa de lord Lastrange.
El duque se recostó en el sillón y se rió entre dientes.
—Menuda historia se ha sacado de la manga, Potter. —Agitó la mano en un movimiento circular—. Por favor, continúe, es muy divertido.
—Con mucho gusto. Robó la tabaquera de Mc Laggen y el reloj para implicarle. Dejó a propósito la tabaquera cerca de la ventana que usted mismo dejó abierta durante la velada de Lastrange.
El odio que antes había sido una llamarada en los ojos del duque era ahora un fuego perpetuo.
—No tengo ni idea de qué habla.
—Sí, por supuesto que sí. Cuando regresó esa noche, encontró la ventana cerrada. ¿Cómo lo sé? Porque yo mismo la cerré. Sus planes quedaron frustrados, pero no le preocupaba demasiado. Después de todo, ya había matado a lady Patil y a la señora Greeley y había logrado salir impune. ¿Quién iba a sospechar de usted?
El día después de la fiesta, esperó a que Lastrange apareciera por el club, luego, se encaminó a su casa, le robó y mató a lady Lastrange. Ella misma le dejó entrar por la puerta de servicio para que nadie le viera. Igual que mató y robó a lady Hart hace un par de días. Usted sabía que estaría sola en la casa puesto que se habían citado allí varias veces el mes pasado.
Harry apoyó las manos en el escritorio y se inclinó hacia delante hasta que sus ojos estuvieron a la misma altura que los del duque.
—La hermana de Krum, lady Celia, iba a ser su próxima víctima.
—¿Celia? Ahora ya se ha vuelto loco del todo. Apenas la conozco.
—La conoce lo suficientemente bien para haber tenido un encuentro con ella ésta misma noche.
El duque entrecerró los ojos.
—Eso no lo puede probar de ninguna manera.
—¿Está diciendo que la dama miente? —preguntó Harry con voz sedosa.
Harry podía leer el frío cálculo en los ojos del duque, casi podía leer cómo su mente barajaba la posibilidad de que lady Celia hubiera admitido su encuentro, algo que él no podía saber con seguridad. Descubrir que la mujer que había visto entrar en el salón de baile después del duque esa noche era la hermana de Krum había sido lo que había hecho encajar las piezas en la mente de Harry. Salvo el padre de Hermione, cuya hija estaba siendo amenazada, y los tres hombres de Cornualles que nadie conocía excepto el duque, Krum era el único hombre de la lista que no estaba relacionado con una mujer a la que habían robado y asesinado.
El duque juntó los dedos debajo de la barbilla.
—Me he equivocado, Potter. No es usted un incompetente, simplemente es un tarado.
¿Qué razones tendría para robar a nadie? ¿O para matar a esas mujeres?
Harry se enderezó.
—Las razones más viejas del mundo —dijo—, dinero y venganza. Por ese negocio fallido en que participaron usted y otros nueve hombres.
Por la expresión del duque, Harry vio que había dado en el clavo. Aprovechando la ventaja, continuó:
—Al principio eran siete. Usted, Granger, Krum, Thomas, Lastrange, Jasper y Ratherstone. Cada uno de ustedes aportó diez mil libras en un negocio financiero que pensaban que cuadripilcaría su inversión. Pero usted vio la oportunidad de ganar mucho más. E invitó a otros tres inversores, sus amigos de Cornualles, el conde Chalón y los señores Standish y Tate, que aportaron diez mil libras más cada uno.
Harry hizo una pausa de varios segundos y luego continuó:
—Pero el conde Chalón y los señores Standish y Tate no existían. Se los ha inventado usted. Su avaricia le llevó a mentir a sus amigos. Para poner la parte que correspondía a esos hombres ficticios, utilizó el dinero de la dote de su esposa, con la esperanza de cuadriplicarlo.
»Pero la inversión salió mal. Usted quería seguir adelante con el negocio con la esperanza de que las cosas mejoraran, ya que esas cuarenta mil libras era todo lo que tenía. Pero, uno a uno, los demás socios se fueron retirando. Apenas sintieron la pérdida de esas diez mil libras, pero usted perdió cuatro veces más. Una pérdida que le dejó al borde de la ruina. Y todo por culpa de ellos. Si los demás hubieran aguantado hasta el final, usted habría sido uno de los hombres más ricos de Inglaterra.
»Sin embargo, su mujer averiguó lo ocurrido. Lo que usted había hecho. Descubrió que había intentado defraudar a sus amigos y que había perdido todo el dinero de su dote. Ante el desencanto de descubrir la verdadera personalidad de su marido, la realidad de una ruina social y económica, y la angustia de perder al bebé, se quitó la vida.
Una inconfundible angustia retorció la cara del duque.
—Era tan joven. Tan hermosa.
—Usted la amaba.
—La adoraba. Y era mía. Me la robaron. Nadie le roba al duque Riddle. —Aquellos ojos, que siempre habían parecido fríos, ardían ahora con una mezcla de fervor y odio—. Si ellos no hubieran roto el acuerdo antes de tiempo, nada de eso habría ocurrido. No lo habría perdido todo. No habría perdido a Amelia.
—Así que se lo hizo pagar —dijo Harry suavemente.
—Sí. —La palabra pareció salirle del alma—. Maldita sea, sí. Tenían que pagar. Todos. Me lo debían. Quería que sintieran la misma pena que yo sentía. Así que les robé lo que ellos me habían robado a mí.
—Las mujeres que amaban.
—Sí.
—Y las joyas… sólo eran una mera distracción con objeto de encubrir el auténtico crimen: los asesinatos. Quería hacer creer que ellas eran su único objetivo, que las víctimas habían sido asesinadas por intentar proteger sus objetos de valor. Muy listo.
El duque inclinó la cabeza.
—Gracias. Aunque uno jamás posee demasiadas joyas y necesitaba dinero para irme al Continente. Además, esos bastardos merecían sufrir algún tipo de revés económico. Arruinarlos me habría llevado años, y eso si hubiera podido hacerlo. Pero podía provocarles dolor con sólo…
—chasqueó los dedos— hacer esto.
—¿Y lady Hermione ?
Una fría sonrisa curvó los labios del duque.
—Tenía que casarme con una heredera lo más rápido posible. Antes de que los rumores sobre mi horrible situación financiera salieran a la luz.
—¿Qué esperaba conseguir subiendo a su balcón e intentando entrar en su dormitorio?
—Eso fue sólo para asustarla. Para que se supiera que alguien la perseguía. Así, cuando muriera meses más tarde, no caería sobre mí ninguna sospecha. Y tenía que morir. De esa manera, si alguien relacionaba alguna vez los asesinatos, vería que la mujer más querida para mí también había sido asesinada.
Harry tuvo que contener la oleada de furia que amenazaba con engullirlo.
—Quería hacerse pasar por una víctima en vez de parecer el asesino.
—Sí.
—Sabía, después de las preguntas que le hice ésta noche, que yo sospechaba de usted. El duque frunció el ceño.
—Sí, un gran inconveniente. Tuve que pensar con rapidez.
—Así que robó el reloj de Mc Laggen , abandonó el baile y contrató a Will y a Perdy para secuestrar a Hermione y matarme. No es difícil encontrar hombres dispuestos a llevar a cabo ese tipo de encargo si el precio es lo suficientemente alto. Ha debido de ser toda una sorpresa para usted verme aparecer con Hermione .
—Muy desagradable, por cierto —convino el duque.
—Dejó a Hermione junto a la puertaventana después de bailar con ella. Le dijo que esperara mientras iba a buscar el anillo de compromiso. Sabía que en cuanto anunciara el falso robo se desataría el caos en la casa.
—Igual que sabía que usted no le quitaría los ojos de encima —dijo el duque. Cogió su pluma y la hizo girar entre los dedos—. Y que iría tras ella.
Hizo girar la pluma de nuevo y se le cayó. Cuando se inclinó para recogerla, Harry le dijo:
—Ella era el cebo que me haría caer en la trampa, y así los secuestradores podrían matarme. Porque usted sospechaba que me estaba acercando demasiado a la verdad.
—Y parece que no estaba equivocado. —En un movimiento relámpago, el duque se incorporó con una pistola en la mano, apuntando directamente al pecho de Harry. Al instante, Harry se dio cuenta de que debía de haberla sacado del cajón del escritorio cuando se había inclinado para recoger la pluma—. Y ahora parece que voy a tener que hacer yo mismo lo que esos lerdos incompetentes no pudieron hacer. Ponga las manos detrás de la cabeza, Potter.
Harry obedeció lentamente.
—Supongo que es consciente de que jamás saldrá impune de esto.
—No veo por qué no. Simplemente diré que estábamos hablando cuando el asesino fantasma irrumpió en el estudio a través de la puertaventana. En la lucha subsiguiente, usted recibió un trágico disparo.
—Nadie le creerá.
—Al contrario, nadie dudará de la palabra del duque de Riddle.
—Yo dudaré de la palabra del duque —era la voz de Kingsley Shacklebolt desde detrás de Harry.
Harry no se dio la vuelta, pero supo que la puerta de comunicación entre el estudio del duque y la biblioteca acababa de abrirse.
Y que el magistrado había irrumpido en el estudio. Harry también sabía que Shacklebolt estaría apuntando al duque con una pistola.
—Yo también dudaré de su palabra —era la voz de Ronald.
—Y yo —dijo Neville.
—Yo también —agregó Draco.
Harry sabía que todos estaban detrás de él. Y rezó para que ninguno de ellos disparara.
—Lo hemos oído todo, señoría —dijo Shacklebolt—. Todos nosotros. Se acabó. Ponga el arma en el suelo.
El odio brillaba en los ojos del duque cuando miró a Harry.
—Todo esto es culpa suya. De no ser por usted, nadie lo habría sabido nunca. Harry negó con la cabeza.
—Tarde o temprano le hubieran pillado.
—No. Habrían culpado a Mc Laggen . Si usted no lo hubiera echado todo a perder. —Una sonrisa demoníaca curvó sus labios—. Puede que haya fracasado, pero al menos tendré la satisfacción de asegurarme de que usted no vea otro amanecer.
En un abrir y cerrar de ojos, Harry lanzó el cuchillo que tenía escondido en la manga. Al mismo tiempo, Shacklebolt y el duque dispararon sus pistolas.
Continuara…
N/A: y la cuenta regresiva avanza, el siguiente capítulo será el capítulo final espero que les guste y agradezco de corazón todos los comentarios recibidos.
