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El amor es...
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Quizá sea la relación más agradable y complicada que puede existir después del amor. Cuando uno conoce a alguien, se forman ciertos lazos de afinidad, y un sentido de pertenencia que difícilmente se logra con cualquier persona. Luego, cuando comienzas a conocer a ése amigo y pueden desencadenarse otros sentimientos, las cosas pueden cambiar. Puedes enamorarte de él, puedes quererlo mucho más, puedes considerarlo parte de tu misma familia, y también puedes llegar a odiarlo.
Si te parece exagerada mi reacción, te diré, que grandes líderes e la historia han sido traicionados por sus mejores amigos, Julio César, Jesús, Alejandro Magno. De cualquier forma, los sentimientos de aversión que puedan llegar a formarse son normales y naturales. La decepción nos puede llevar de la mano muchas veces, pero también te aseguro que habrá gente con la que podrás contar siempre. Lo que sí, nunca le pidas a nadie que sea tu amigo.
¿Por qué?
La amistad no es un sentimiento que se pide. Se da.
Cuando inocentemente le pidas a tu enamorado que queden "como amigos" piénsatelo dos veces. Ése nunca ha sido un lazo que los una en verdad, y además. ¿El quiere serlo? ¿Estás segura? Un novio se tiene o no se tiene. No se tiene jamás a medias. Y no creas que por no "dejarlo" estás haciéndole un favor. Lo único que se consiguen de éste tipo de decisiones es lastimar al involucrado, que termina por supuesto en un sentimiento de tristeza y desolación. ¿Realmente le contarías lo que le cuentas a tus amigas? ¿Hablarían de chicos y cuando tú te enamores de alguien más?
¿Sigues convencida de que la amistad es un sentimiento que se puede dar después de una relación?
En el mejor de los casos, terminarán siendo cordiales. Pero eso es sólo una percepción.
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"Es amistad"
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Antes de que Serena ni cualquiera de los demás se hubiera dado cuenta, ya se encontraban en clases formalmente. Tuvo que comprar todos los materiales de improviso, teniendo que hacer largas filas en el centro comercial para conseguir las carpetas y los libros. El uniforme, con el cual tenía cerca ya de año y medio, le quedaba tan corto, que comenzaba a avergonzarse de él y parecerse más a ésa valiente scout que alguna vez llegó a ser.
Pero cuando llegaban a su cabeza pensamientos que tenían que ver con dobles identidades, pasados y misiones, sacudía la cabeza con fuerza y respiraba profundamente. Abría una revista y se hacía un test sobre "¿Cuál es tu perfume de acuerdo a tu personalidad?" y asaltaba los videojuegos de Sammy por horas. No había necesidad de darse la vuelta y mirar atrás. Era un nuevo año, eran nuevas experiencias, y sus pensamientos también tenían que serlo. No podía darse el lujo de desperdiciar su felicidad en algo que ya no tenía solución, o al menos, dentro de lo que parecía estar más que claro.
Era un sentimiento complicado, cada vez que se divertía con Seiya y los demás le daba la impresión de estar cometiendo un crimen irreparable, y cuando estaba sin él lo extrañaba tanto que se sentía culpable por no poder dedicarle las veinticuatro horas del día de todos los días de su vida. Comprendió entonces en conclusión que Seiya era la persona más importante para ella, junto con sus amigas y su familia. Y si a él era a quien tenía la posibilidad de amar sin reparos ni complicaciones, tendría que pagar ése precio.
El precio de las pesadillas, de los malos ratos a solas, y… de las miradas juiciosas de los demás.
No se trataba sólo de Haruka y Michiru. Ambas se habían topado con Seiya y ella en la cafetería y por su casa, saludaban amablemente y se retiraban como si llevaran mucha prisa. No lo decían, pero Serena sabía que después de que la pareja entrara en el automóvil, mantendrían una conversación muy seria sobre ella y la reciente depresión de Hotaru. Cuando veía a Andrew, éste le alzaba las cejas con reconocimiento y desaparecía tan pronto como si le hubiesen dado una llamada de emergencia, y cuando éste estaba solo de turno en la cafetería, mandaba a cualquier otro en su lugar. Serena torcía la boca con desaprobación, pero no podía hacer nada.
Solamente en el Colegio era donde se sentía como en casa. Ahí no había conocidos de su ex novio ni relaciones que pudieran comprometerla, y se conformaba con estar sentada en la cafetería del colegio al lado de Yaten y Mina, charlando sobre cualquier tontería o haciendo planes juntos para el fin de semana.
Ésa mañana se despertó muy temprano. Trató de despejarse volviendo a ordenar sus libros y se topó con los varios folletos que estaban sobre su escritorio. Un día antes había estado repasándolos. De nuevo. Suspiró con fastidio. Aquél asunto de la Universidad era algo que comenzaba a meterla en un dilema existencial. Sí, otro dilema existencial.
Aunque quisiera negarlo, no tenía ni maldita idea de qué quería en la vida. Todos sus amigos tenían clara la noción de lo que eran buenos, sus habilidades, sus gustos y sus sueños. Ella no. Durante años y años de su infancia su sueño siempre había sido el mismo: forjar una vida con la persona que amara.
Suena romantiquísimo, ¿verdad? Bueno, pues después de creer en un concepto de amor, felicidad y destino desde los catorce años, la idea de casarse ahora le parecía tan distante como el primer día de estudiante. ¿Cuántas cosas le habían pasado desde ése momento? Ella tenía claro en su corazón que tenía demasiado amor para dar, que era una enamoradiza que perseguía chicos y cuando vio ése vestido de novia en un desfile sintió su pecho desbordarse de emoción. ¡El anillo! ¡Los planes! Su casa propia… ¡cuánta felicidad!
El anillo lo tenía otra persona. Otra persona que había decidido tomar un rumbo diferente. Una persona a la cual ella había amado mucho, con todas sus hormonas adolescentes y su convicción de Sailor Scout, con la fortaleza que solía emplear con sus amigas, y juntos, habían encendido una llama indestructible, que en poco tiempo, se apagó.
Y ahora, que su corazón estaba sano y fuerte, la idea se desvaneció.
¿Por qué?
Seiya era una persona maravillosa, le complacía en todo, tanto, que muchas veces ella sentía vergüenza de ella misma. Ella trataba de corresponderle lo mejor que podía, pero ya no era capaz de confiar ciegamente en las personas. Amaba a Seiya, lo sabía, pero el adentrarse en "los pensamientos del futuro" le hizo comenzar a trastabillar. ¿Qué era lo que él buscaba? Tenía una carrera estable y deseaba entrar en una Institución más especializada en música. Su futuro estaba asegurado porque era buenísimo en lo que le encantaba hacer. Los Three Lights parecían hacerse cada vez más famosos, y comenzó a tener miedo.
No solamente éste había tenido que volverse menos simpático y más reservado con la comunidad femenina, sino que, a veces entraba por la puerta trasera del Colegio en vez de la principal, y prefería comer en lugares pequeños y poco concurridos que en centros comerciales. Más de una vez, Serena se vio casi empujada por un grupo de chicas que le dirigían miradas de odio y desdén, y aunque no pretendía morir de tristeza, se sintió bastante mal por su aspecto mediocre y común.
¿De verdad era lo que Seiya esperaba? ¿Una muchacha insegura y llena de dudas? No solamente las fanáticas lo eran, había otras que cada vez se destacaban más, haciéndola ver como una sencilla estudiante con demasiada suerte por andar con Seiya Kou.
Mya Monaghan había aparecido después del delicioso verano que ellos habían gozado en el verano. No sólo estaba guapísima y agradable, sino que a Seiya no parecía disgustarle topársela en el pasillo y mucho menos en el campo de fútbol, donde ahora, era porrista oficial del equipo de americano. Se mordía los labios y se comía uno o dos dulces, pero aunque pretendiera no verlo, no podía evitar sentir celos de la muchacha proveniente de Kinomoku. Al parecer, Mya era igual de famosa con los muchachos que Seiya con las chicas, y el colmo fue cuando escuchó a dos compañeras suyas en el baño hablar de ellos, de los guapísimos que eran, y de lo conveniente y maravilloso que sería que ellos fueran una pareja, y no estaba incluida Serena Tsukino en el asunto.
Abrió la puerta intencionalmente, y las chicas desaparecieron de manera fugaz, aunque Mina estuvo dirigiéndoles comentarios mordaces ocasionalmente sobre la envidia de las chicas detestables, que hicieron que terminaran de dirigirles la palabra en la clase de deportes que compartían juntas.
Dejó los folletos en casa porque no quería más sermones de Amy sobre el futuro, la responsabilidad y la superación, y cuando llegó a su casillero, a la primera que vio fue a la misma Amy, que sacaba una pila de libros tan grande, que no podía casi con ellos.
—Buenos días —se apuró la rubia a ayudarle—. ¿Dormiste aquí o qué?
—Claro que no —sonrió ella muy agradecida—. Me he metido al curso que te conté, sobre…
—Sé sobre qué es el curso —se lamentó Serena recordando que no se había inscrito en curso de orientación vocacional porque ése día se había quedado dormida.
Amy captó al instante y recuperó el aliento.
—Bueno, bueno —accedió ésta—. ¿No te trajo Seiya hoy?
—Tenía práctica desde temprano —dijo ella a regañadientes, mientras desviaba la mirada hacia la ventana del corredor.
—Debiste inscribirte en algún club, Sere —le aconsejó Amy —,así no te sentirías tan sola en ésas horas muertas.
—Sí, bueno… debería hacer muchas cosas pero… supongo que no las hago de todos modos ¿verdad?
Amy le detuvo con el brazo.
—¿Sucede algo de lo que no me haya enterado?
Ella negó con la cabeza.
—No, es que me pesa mucho no ser buena en nada —explicó.
Amy negó instantáneamente la cabeza con desaprobación.
—Si es algo que te pesa, deberías cambiarlo —le dijo su amiga muy seria—. Las cosas no cambian por arte de magia.
—¿Cómo tú? —le retó directamente.
—No te entiendo.
—Sí, sí entiendes —se entristeció Serena. —¿Cuándo vas a hablar con Taiki?
Amy suspiró y dejó los libros que le tocaba cargar sobre el pupitre. Desde que el ciclo escolar comenzó, lo había visto únicamente de lejos y acompañado. A veces también solo, pero tan fugazmente que su corazón apenas tuvo la oportunidad de saltar con nerviosismo. Pensaba en él todos los días, pero éste había desaparecido del círculo social de los demás. Sólo escuchó como Yaten dijo que se había metido en un curso avanzado muy similar al de ella, para adquirir el pase directo a la Universidad de Ciencias. Le dio gusto que Taiki comenzaba a ver por sus sueños, pero se sentía tremendamente vacía sin él. Por lo menos si hubiera arreglado las cosas, si siguieran hablándose con cotidianeidad, ella podría manejarlo perfectamente. Serena y las demás estaban a su lado, y la acompañaban a los tratamientos, y se sentía más fuerte que nunca… excepto quizá porque lo que más fuerza le daría es estar al lado del chico que quería.
¿Por qué tenía que ser tan tímida?
Bajo la mirada acusadora (más nunca mal intencionada) de Serena, Amy pasó de la satisfacción de aquél lunes por continuar con sus planes de graduarse antes y sacar materias que le interesaban mucho, a la pesadumbre. Taiki era el único tema del que las chicas tenían casi prohibido hablar, y la única que tenía (aparentemente) la autoridad para reclamárselo era Serena. Amy no podía siquiera contradecirla, sabía que tenía razón y lo mucho que le afectaba. Imposible.
—Bueno… es que he estado ocupada —se excusó ella con inocencia.
Inocencia la cuál, Serena ignoró completamente.
—¿Cuándo? —insistió.
—Pues... cuando me sienta lista.
—Amy, en serio, no sabes lo que es vivir años con dudas. ¿No aprendiste de mí? ¡Debes arreglarlo!
—No voy a volver con Taiki, Serena, fin de la discusión —atacó Amy mirándola directamente.
Serena endureció sus facciones.
—Nadie dijo algo de volver, sencillamente podrías resolverlo. Cerrar el círculo…
Fueron interrumpidas por la voz cálida de Lita, que pasaba a dar los buenos días a varios en el pasillo. Amy aprovechó la oportunidad para huir de las presiones de Serena, girándose hacia ella con velocidad.
—Hola, aquí está el informe que me pediste de Química. ¿Quieres que te envíe por correo electrónico el resto?
—Tú te irás al cielo —se alivió Lita al recibir el documento—. Hola, pequeñita.
Le revolvió el pelo a Serena y se sentó en su lugar. Cuando se dio cuenta, Amy ya había salido del salón hacia su clase de Cómputo Avanzado. Serena se giró hacia Lita con desagrado.
—Sin darte cuenta, has confabulado para que Amy se me escape. De nuevo.
—¡Oh, Serena!, si pretendías acosar a Amy, deberías habérmelo dicho.
—Yo soy experta en los acosos.
La voz de campanilla de Mina se oyó detrás de ellas y luego apareció como siempre, llamando la atención de todo mundo como a ella le gustaba, y se les unió con complicidad.
—Demasiado tarde —concluyó Serena.
—Es una lástima. ¿Alguien ha visto a Yaten? —le buscó ésta con la mirada.
—¿Eso no es algo que deberías preguntarte tú misma? —le dijo Lita con una ceja arqueada.
—Es que ya no me avisa cuando llega al colegio, ni yo tampoco.
Serena sonrió.
—Eso suena genialmente normal —le apremió sentándose a su lado.
Y en vez de que Mina se ofendiera, se enorgulleció.
No solamente ella y Yaten se llevaban mucho mejor ahora, las preguntas de las cuales Mina a veces estaba tan insegura y molesta por hacerle al chico ahora parecían innecesarias y tontas. ¿Qué más daba si llegaba o no tarde, y si pasaba de ahí al banco o al Instituto? Sus conversaciones se habían vuelto mucho más espaciadas pero de mayor calidad, en las que, en vez de gritarse o reclamarse cosas de las que ella se avergonzaría en el pasado, se dedicaban a hablar sobre los dos.
Honestamente, la promesa de ambos por mantenerse al margen de su propia intimidad y vida privada parecía una simple utopía que no sería fácil de cumplir. No concebía la idea de que pasaran días y días sin verlo y abrazarlo, pero ahora todo parecía tener una consistencia diferente. Como las materias optativas ahora se dividían en las cosas que podrían interesarte en tu futura carrera, podía evitar las odiosas matemáticas y física. Sustituidas por más horas en el voleibol y el inglés, Mina se sentía mucho más feliz. Su vida parecía por fin tener un poco de sentido, ofreciéndose a ayudar a unas chicas con clases particulares en el inglés, comenzó a ahorrar para su vestido de graduación.
Independientemente de eso, lo que más le llenaba de dicha era esperar con paciencia las vacaciones de Navidad. Sí, eran cinco meses, pero seguro se le pasarían volando con los torneos y las clases, con las salidas de las chicas, y cuando menos se diera cuenta, ya estaría en París, celebrando la Navidad con el chico que más amaba.
La verdad es que aquellos días creyó verlos muy distantes, pero cuando Yaten le mostró los pasajes de avión, una descarga de adrenalina le recorrió el cuerpo. Cada vez que los veía pegados en el espejo de su tocador sonreía como una niña, y más esfuerzo le ponía a todo. A pesar de todos los problemas y la complicación, ellos seguían juntos. Nada podía ser mejor.
—Buenos días.
El sencillo saludo fue necesario para que a ella se le encogiera el estómago y sonriera con ganas. Él le devolvió la sonrisa sólo a ella y luego miró a Serena con ojos inexpresivos:
—Ése es mi asiento.
Ella tardó en reaccionar, sabía perfectamente el lugar que había ocupado, pero no le halló tanta importancia. Yaten frunció el ceño.
—Muévete. ¿No te has lavado las orejas o estás dormida como siempre?
Ella se movió de un salto y le replicó con ofensa:
—¡Eres un grosero!
Él se sentó y le sonrió con descaro.
—Dime algo que no sepa ya.
La princesa refunfuñó algo ininteligible y se sentó. Desde que las materias optativas habían comenzado, su lugar delante de Seiya había desaparecido, porque todos tenían horarios distintos. Eso tenía sus ventajas si eras como Taiki, que pretendía alejarse de Amy lo más posible, pero no si te llevabas bien con una persona y deseabas estar cerca de ella. Metió Literatura Básica porque le parecía fácil de digerir a comparación de otras clases. Bastaba leer, reportar y listo. Podía con eso, ni Amy, ni Taiki ni mucho menos Seiya pertenecían a ése lugar.
Cuando Mya Monhag entró con gracia, varios chicos se giraron para verla, y comenzó a buscar con la mirada un lugar disponible. La clase estaba a punto de comenzar, Serena puso los ojos sobre sus apuntes y rogó que no haya identificado su silla.
Tarde. Se acomodó a su lado.
—¿Éste lugar está libre? —preguntó con amabilidad.
—Eh…sí —alcanzó a contestar ella, que ahora estaba medio noqueada por volver a ver a ésa chica.
Juraba que se había fijado en todas las clases el no aparecer en la misma lista, y al parecer ésa tercera semana se había equivocado. Maldita tercera semana en la que los estudiantes podían hacer cambios de último minuto.
De pronto, los comentarios de Yaten parecían inofensivos. Y peor, se lamentó no tener el suficiente carácter para haber peleado el lugar que había conseguido rato antes.
Iba a ser una hora muy larga.
Mya, por su parte estaba muy satisfecha con lo que había logrado ésa mañana. Cuando la práctica de fútbol terminó, hacía una hora, Seiya se había acercado a buscar una toalla limpia, muy cerca de las gradas.
—Aquí tienes.
Seiya se giró para ver a Mya, que en aquél momento había aparecido de la nada con una toalla en las manos. Él la tomó con rapidez.
—Gracias —sonrió con sinceridad.
—Pareces cansado —comentó ella. Él lo admitió.
—Siento como si me hubiera arrollado un tren.
Ella se rió.
—Bueno, quizá no un tren. Pero si te arrollaron trece personas del doble de tu talla varias veces.
Él le señaló con complicidad.
—Eso es muy cierto.
—Esto…—tanteó Mya como quien no quiere la cosa —. Seiya… tengo una pequeña fiesta en mi departamento el viernes, poco después de clases…
Él se giró enseguida. Era como si una alarma de peligro se hubiera activado en su sistema. Su expresión cambió.
—Irá todo el equipo, y bueno… me preguntaba si querrías acompañarme, acompañarnos —corrigió ligeramente sonrojada.
El chico de pelo negro chasqueó los labios.
—Bueno, yo…
—Mira —interrumpió Mya antes de que Seiya pudiera excusarse —, ya sé que no somos nada. Ya entendí, en serio…
Se miraron a los ojos. Seiya suspiró y Mya interpretó que lo sentía. Pero ella no dejó de sonreír.
—Pero sigues siendo una persona agradable y… me gustaría que al menos fuéramos amigos.
Seiya guardó silencio. Ni los gritos de los jugadores por el triunfo ni las felicitaciones de las animadoras que se escuchaban cerca de ahí parecían haberlo sacado de su cavilación. Definitivamente no era buena idea presentarse en una fiesta del equipo sin Serena, pero se sentía tan mal con Mya por (a pesar de haber sido claro con ella) no poder corresponderle como se merecía. Realmente la apreciaba, y quizá un poco más que eso. Le halagaba que una muchacha de tan buen corazón y belleza le pidiera algo así. Y después de todo, no había nada de malo en ser amigos. Ambos pertenecían al equipo del Colegio y pasaban varias horas a la semana conviviendo. Nada raro. Nada que no se pudiera hacer.
—Ah… vale. Sí, iré.
El rostro de Mya se iluminó.
—¡Genial! Eh… bueno, ya me voy. Tengo clase…
—Yo tengo que ducharme. Bien, nos vemos.
Se despidieron con la mano y Seiya alcanzó al resto de los chicos para entrar en los vestidores. Mya se quedó unos segundos viendo como Seiya se alejaba. Quizá no había sido tan buena idea proponerle el llevarse como amigos. Ella no quería nada de eso.
En pocos segundos, Mya fue abordada por el resto de las animadoras.
—¿Qué dijo? —le preguntó una chica de pelo muy cortito, de segundo año.
—Irá —les sonrió a las demás con complicidad. La mayoría emitieron muestras de entusiasmo.
—¡Eso es increíble, Mya! Mereces una oportunidad. ¡Los dos son el uno para el otro!
Mya no apoyó ésa conclusión poco acertada.
—No lo sé, chicas. Después de todo, él y Tsukino siguen juntos…
Las demás pusieron mala cara.
—¡Eso no importa! Es cuestión de tiempo para que se aburra de ella.
Mya no estaba muy segura de aquellas palabras. Sabía que la apoyaban porque eran compañeras, y todas con el tiempo se dieron cuenta de que se conocían y los miles de rumores que corrían por la escuela sobre ellos dos.
—Y ahora que serán mejores amigos será un gran paso —coincidió otra con voz soñadora.
—No sé —dudó ella.
—¿Por qué no? ¡Si Tsukino y él eran mejores amigos! ¿Ya lo olvidaste?
—No creo que alguien pueda enamorarse dos veces de su mejor amiga, ¿o sí?—preguntó ella con sarcasmo mientras cruzaba los brazos.
—¡Quizá ése es el fetiche escondido de Seiya Kou! —se emocionó otra.
—¿Qué es eso? —les preguntó con disgusto mientras juntas, se encaminaban a cambiarse.
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Finalmente, completamente sin convencerse, Seiya decidió que era hora de tomar cartas en el asunto. Se había comprometido a algo, y si antes no había tenido el valor para rechazar la invitación de Mya, ahora menos la tendría para cancelárselo. Además, ella siempre andaba rodeada de chicas que no dejaban de reírse y parlotear. Le fastidiaba mucho. ¿Por qué tenían que ir siempre en especies de manadas? Bueno, no todas. A Amy la veía moverse de un lado para otro sin apenas mirar a quien se le pusiera enfrente, a Yaten lo veía correr huyendo literalmente de cualquier persona (y eso incluía a las chicas y hasta a las amigas de su novia) que pudiese dirigirle la palabra y quitarle su valiosísimo tiempo, y Serena… Serena últimamente se le veía muy sola. Él se esmeraba por apurarse en las prácticas y metió las materias más fáciles. La escuela no era algo que le apasionara. Era un simple requisito que debía de cumplir. Aún así, sentía que andaba descuidándola un poco…
Incluso sobornó a Mina con un par de entradas para el cine, y ella no pudo darle el paradero de su hermano. Como una flecha plateada lo divisó saliendo para el estacionamiento al terminar las clases de aquél día, y apenas logró alcanzarle.
—¡Hey! —le espetó poniéndose casi frente a él —.¿Sabes que vengo llamándote por todo el corredor?
—Sí —admitió él secamente —.¿Y el que no me haya detenido no te dice nada? ¡Tengo prisa!
Y siguió caminando.
—No puedes tener prisa para hablar de algo importante con tu hermano —contradijo Seiya.
Yaten se detuvo dos segundos y luego dijo:
—Te apuesto que sí.
Siguió avanzando a paso rápido, y Seiya tuvo que hacer uso de sus dones deportistas para seguirle hablando mientras caminaban.
—¡Sólo es un minuto!
—No tengo un minuto.
La mente de Seiya comenzó a trabajar con rapidez.
—¡Eché a la secadora la camisa que Taiki te dio en tu cumpleaños!
Yaten se detuvo tan pronto que casi choca con Seiya.
—¿Eh? —le espetó con una mirada de bala. El otro chico se alivió.
—Vaya, no creí recurrir a tanto. ¿Podemos hablar ya?
El platinado lo miró sin comprender.
—¿Cómo, no es cierto lo de la camisa?
—¿Tengo cara de usar la secadora alguna vez? —se señaló a sí mismo. Yaten puso los ojos en blanco.
—De acuerdo, Seiya. Captaste mi atención. ¿Qué sucede?
—Necesito… y escúchame, no "quiero" necesito que me acompañes a una fiesta el viernes.
Yaten meditó mientras asentía. Podía con eso sin problema, no tenía ensayo y sólo debía posponer su cita con Mina para el sábado y ella entendería. Pero eso hubiera sido si la invitación fuera de Taiki, con Seiya las cosas siempre tenían una doble intención.
—¿Fiesta de dónde? —inquirió con desconfianza.
Seiya se lamentó no haber planeado bien la mentira, porque ahora su hermano se negaría rotundamente.
—Delquipodefútbol.
—¿De dónde? —preguntó él alzando la voz.
Seiya cerró los ojos con pesadumbre.
—Del equipo de fútbol —repitió con desgana.
Yaten soltó una risotada lacónica.
—Seguro, buena suerte con Taiki.
—¡Espera, Yaten! —se apresuró él a alcanzarlo de nuevo, porque ya había sacado sus llaves y casi llegaban hasta donde su auto estaba estacionado.
—Olvídalo, Seiya. Eso es suicidio social para mí. ¡Ya lo sabes! Inténtalo con alguien más.
—Taiki nunca sale. Seguro tiene algo que hacer. ¡Oye! ¡No será tan malo, en serio!
La expresión de Yaten no cambió. Continuó ignorándolo y estaba dispuesto a usar sus llaves cuando Seiya se puso frente al coche con rapidez.
—Piénsalo. Si te vas, me arrollarás.
—Puedo vivir con eso —le aseguró él con una sonrisa torcida.
—¡Por favor!
Yaten suspiró.
—No me meteré con sujetos que hablan de marcadores cuando no pueden ni sumar las dos cantidades, ni con niñas odiosas que sólo saben hacer rimas y canciones que hace que me de jaqueca…
—No todas son así.
—¿Ah, no? ¿Cómo quién? —retó.
—Como Mya —contestó sin querer.
Yaten le echó una mirada furtiva. Su expresión cambió al instante. El chico de ojos verdes alzó las cejas.
—Con que de eso se trata….
—No es lo que tú crees. No me muero por ir, pero le dije a Mya que iría. Ahora, si tú y yo acudimos juntos a la fiesta, le diré a Bombón que estoy contigo y listo. No sospechará nada, pensará que es una fiesta de la disquera…
—¿Vas a mentirle a Serena? ¿Tú?
Seiya recibió una mirada de lástima tan evidente por parte de Yaten que se sonrojó.
—Oye…
—No te ofendas, Seiya. Pero el conejito de la caja de cereales que te comes tiene más malicia en la vida que tú. Y… si vas a empezar con eso, es posible que nunca te detengas.
Seiya parpadeó.
—¿A qué te refieres?
—A las mentiras. Créeme, te lo digo por experiencia. Una vez que las mentiras salen, es una bola de nieve difícil de que vuelva atrás.
—Sólo piénsalo —le pidió él, aunque la insistencia había disminuido.
—Mejor piensa tú lo que te dije —le aconsejó Yaten para después entrar en el auto. Seiya se hizo a un lado y el auto arrancó, dejándolo parado en medio del estacionamiento. No sabía honestamente qué estaba haciendo. Ni por qué ahora. ¿Por qué tanta gratitud hacia Mya cuando eso podía causarle problemas con Serena?
El pensamiento se hizo real en un sonido en el exterior cuando el timbre apenas sonó, y las voces de diferentes personas pasaban a su lado, muchos le miraban de forma curiosa, preguntándose quizá que hacía parado en medio del estacionamiento, justo al lado del patio principal. Chasqueó los labios y se fue a la clase de la cual Serena estaría a punto de salir, y esperó en el pasillo recargado mientras los estudiantes salían con sus cosas en la mano, satisfechos por finalizar el día.
—Qué seriedad la tuya —le dijo ella sonriendo despreocupada. Él se acercó hasta su rostro y le miró con cariño.
— ¿Nos vamos, Bombón?
Serena se quedó momentáneamente desconcertada, aunque instintivamente comenzó a preguntarle a Seiya sobre la práctica y sus tareas. No quería que él percibiera que se había dado cuenta de que notaba algo extraño en él. Luego de comprarse un par de bebidas en un negocio de la avenida, comenzaron a caminar tomados de la mano. Serena sentía su calidez rodeándola como siempre, pero inmóvil.
—¿Tienes muchos deberes? —le preguntó ella en tono casual. Él carraspeó.
—Bastantes.
La simpleza de su respuesta le hizo morderse el labio inferior. Era una respuesta honesta y tranquila, y de pronto, a ella le preocupó la posibilidad de que la actitud de su novio no tuviera algo que ver con el Colegio.
—Yo puedo ayudarte, ya sabes que tengo libres las tardes.
—No, terminaré solo, no te preocupes.
—Puedo hacer algo además de estorbarte todo el tiempo —escupió con amargura.
Seiya se detuvo con brusquedad. La princesa quedó un paso delante de él, con el rostro bajo y oculto. Él se adelantó para quedar frente a frente con ella.
—¿Pasa algo? No quise decir…
—No pasa nada, sólo quiero ayudarte —le sonrió ella con desgana—. Es aburrido estar viendo televisión todo el tiempo.
—Bueno es que… de veras que puedo yo solo —repuso con lentitud —. Además ése tiempo puedes ocuparlo en algo más… quizá con las chicas…por ejemplo, el viernes…
Un chispazo de culpabilidad le dio directo, pero sin darse cuenta, eso no lo detuvo.
—¿El viernes?
—El viernes creo que iré con Yaten a un evento. De la… disquera.
Serena asintió, sonriendo con comprensión.
—Si Mina va a estar libre haremos algo divertido. Además sé que me vas a extrañar, ¿a que sí?
Seiya se acercó, y después de besarla, caminaron conversando mucho más animados. Sin embargo, había dado por hecho lo de la fiesta. No se lo había planteado tanto como Yaten le había propuesto, y eso le preocupaba. De pronto, le importaba más lo que Mya pudiera pensar de su ausencia más que Serena. Aquello era ilógico e incomprensible, pero evidente. Bastante evidente.
—¡Tonto, te dije que lo pensaras bien! —le regañó Yaten una vez que en su departamento, por la noche, Seiya le contó lo que había hablado con Serena.
—Ya sé, ni siquiera… vaya, debería cancelar —titubeó.
—No puedes cancelar nada —le dijo Yaten cruzándose de brazos—, porque seguramente Serena y Mina ya hablaron. Deberé seguir tu juego... ¡Debiste esperar!
Y bufó.
—¿No se cansan de pelear todo el tiempo? —preguntó Taiki entrando de repente con la portátil en la mano —¿Ya están cenando?
Seiya guardó silencio, y como no se defendió, inmediatamente el castaño entendió que la culpa la tenía él.
—¿Ahora que hiciste, Seiya? —preguntó el mayor cansinamente.
Yaten no dudó ni un segundo el delatarlo.
—Seiya va a salir con Mya, pero no quiere que Serena se entere.
Él dio un respingo en reacción.
—No así, ¿Qué eso de que no quiero que se entere? Verás, es más complicado…
—¿Ah, sí? Pues explícanos —le invitó Taiki sentándose con los dos.
Seiya torció el gesto.
—Bueno… no creí que fuera cosa de otro mundo, pero Bombón no soporta a Mya, no sería buena idea…ya sabes, ir a la fiesta que planeó en su casa.
—¿Cuál fiesta?
—La del equipo de Seiya —le recordó Yaten —. No me digas que no has escuchado de ella.
Él se limitó a encoger los hombros.
—En serio, ¿qué nunca sales?
—¡Eso no importa! —se desesperó Seiya interrumpiendo a Yaten —. Si ya le dije mentiras a Bombón lo menos que puedo hacer es ir, ¿no?
Taiki y Yaten intercambiaron miradas de confusión.
—Tu argumento tiene poca lógica. ¿Por qué mejor no dices que en verdad quieres ir?
—Por que eso sería atentar contra la sagrada devoción que Seiya le tiene a la princesa de la luna —dijo Yaten mordazmente —. ¿No es así, eh?
Seiya se levantó con brusquedad.
—Muchas gracias por su ayuda —se quejó mientras se dirigía a la cocina.
—Qué ingrato eres, Seiya. Puedo buscarme un problema con Mina y no lo valoras en nada —le atacó Yaten desde el otro lado de la casa.
—Sólo espero, y de verdad espero, que no los descubran —finalizó Taiki.
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El mal presagio de Taiki sólo sirvió para que Seiya estuviera de los nervios toda la semana. No había terminado de entender porqué no había rechazado la invitación de Mya. Con ella, su relación de compañerismo era más complicada que con los demás. Quizá más que con cualquier otra persona que haya conocido en su vida.
Porque la única amiga del sexo opuesto que había conocido, había terminado robándole el corazón, el cuerpo y la vida entera.
Sabía que de una amistad podrían derivar otros sentimientos, como la lealtad, la comprensión y la complicidad que no sólo se tienen las parejas. Pero Mya había dejado en claro una y otra vez, con decisión y honestidad, luego con tristeza, y finalmente con resignación, a que a ella le gustaba más que otra persona que hubiera conocido en el planeta Tierra.
Luego, casualmente había propuesto una amistad verdadera, y Seiya no dejaba de hacerse la misma pregunta una y otra vez:
¿Se pude querer como amigo a alguien que nunca fue tu amigo?
Él no tenía problema, pero ¿realmente le bastaría a Mya? No quería lastimarla, y al mismo tiempo… tampoco podría evitarlo. De pronto, más que nunca, comprendió lo que Serena pasó con él durante tanto tiempo. Lo doloroso y difícil que era, más cuando estás plenamente convencido de que ése alguien merece ser feliz. Pero si él no podía darle ése felicidad, ¿Por qué no lo intentaba con otra persona?
Bueno, pero… él no había querido intentarlo.
¿Ocuparía Serena el lugar que antes tenía Darien? ¿Y él el de Serena y Mya el suyo? No. Sabía que podía con muchas cosas, pero definitivamente la idea de volver a meterse en un triángulo amoroso de nuevo no era la opción que deseaba.
La culpabilidad tuvo que ser matizada con sus constantes y fingidas sonrisas, haciendo que Serena le preguntara una y otra vez si tenía algo, si le pasaba algo malo, y deseó por primera vez en el mundo, no ser el libro abierto que todos admiraban en su personalidad. Era un verdadero fastidio tratar de fingir emociones y mentir. ¿Cómo lo lograban tantas personas, todos los días, a todas horas, toda la vida?
Se recargó pesadamente en los casilleros escuchando sin voltear los pasos pausados que siempre Serena emitía por los pasillos. La oyó reírse con Lita y Mina y respiró con fuerza. Se giró y sonrió a las tres.
—Hola.
—Buenos días, guapo —le dijo Serena secretamente. Las otras dos comenzaron a involucrarse en la conversación de ellas mismas. —Estaba pensando que ya que tienes el viernes ocupado, podríamos vernos el sábado…
—Claro, claro —afirmó él, tan falsamente que se detestó al instante —. Tú y Mina saldrán hoy, ¿No?
—¿Y qué otra opción tengo, eh? —se metió Mina con molestia —. Gracias a ti he de pasar todo el fin de semana sin mi novio, y encima, te lo llevarás a un evento donde seguro habrá varias chicas descaradas tirándosele encima…
Serena le sonrió a Mina. Seiya puso mala cara.
—Te aseguro que puedes sobrevivir. Además es cosa de trabajo. ¡Creí que ya no estabas loca!
Y le empujó con un dedo sobre la frente.
—¡Nunca he estado loca! —se quejó Mina enrojeciendo—. ¿Eso es lo que Yaten te dice de mí?
—¡Vaya! Con razón siempre anda él de mal humor —dijo para sus adentros. Pero Mina ya estaba dispuesta a retarlo, cuando Serena lo rescató, arrastrándolo consigo.
—No te preocupes por eso. Yo confío en ti —le dijo brindándole una de ésas sonrisas que hacían que Seiya sintiera las piernas hechas de goma.
La ternura de Serena era despiadada. No solo estaba a punto de arrepentirse y confesar la verdad, sino también ir a buscar a Yaten para que el plan se modificara al instante. No lo hizo. ¿Por qué? ¿Por qué a pesar de tener incluso miedo de cualquier cosa que pudiera pasar, no hacía nada? Peor aún, ¿por qué tenía tanta ansiedad? ¿No acaso era Mya su amiga y él amaba a Serena?
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El viernes que las clases terminaron, Serena y Mina se marcharon del Colegio para ir a comer a un restaurante de comida rápida. Cuando les trajeron los emparedados y las papas fritas, Mina miró la comida con arrepentimiento cuando Serena comenzó a meterse las papas en la boca una a una, casi sin darse la oportunidad de masticar adecuadamente. Antes de que la princesa comenzara a preguntarle sobre las calorías y la actitud preocupante que siempre tenía ante la comida, Mina comenzó.
—Oye, Sere. ¿Me acompañas al Instituto de canto?
Ella frunció el ceño.
—¿Dónde estudia Yaten? ¿Para qué? Si él no se encuentra hoy ahí…
—Quiero hablar con una persona —informó Mina entrecerrando sus ojos azules. Serena dejó de masticar para darle un largo sorbo a su soda —. Y no me apetece ir sola.
—¿Vas a ver a Alina, verdad?
—Aranna —corrigió ella con molestia al pronunciar su nombre —. He de arreglar cuentas con ella.
La princesa abrió mucho los ojos.
—¿Qué vas a hacer, vas a pegarle?
Mina soltó una carcajada divertida.
—Ganas no me faltarían, pero no. No estoy cien por ciento segura, pero casi de que ésa tipa le metió ideas a Yaten en la cabeza sobre eso de que yo salgo con otro chico. ¡Es absurdo!
—¿Pero no fue él muy ingenuo al creerle? Me resulta extraño en él que se deje manipular por A… ¿Aranna?
—Coincidió con las mentiras que le dije a él, y lo relacionó. Pero no importa, ya fue suficiente de sus juegos. Voy a ponerle un alto.
El celular de Serena sonó. Destapó la carátula y apenas leyó entre líneas hizo un movimiento rápido para borrar el mensaje. Mina lo advirtió.
—¿No es de Seiya, verdad? No pareces flotar sobre nubes color rosa…
—Mina, ¿Te cuento algo y no se lo dices a nadie?
—Por supuesto —contestó ella al instante —. Sabes que amo los secretos.
Serena suspiró. Aquello no era una intriga que disfrutaría ninguna de las dos.
—Darien ha seguido buscándome. No sé qué pretende. ¡Le he regresado el anillo! Hago lo posible por ni siquiera encontrarme a Andrew, y no me dice nada en concreto… Sólo me pide hablar y me saluda a veces.
—Y obviamente Seiya no sabe nada —le reprochó.
—¿Para qué he de decírselo? Darien ya ha fastidiado… bueno, no. Los dos hemos fastidiado bastante a Seiya, no merece saber algo así.
—¿Y si se da cuenta? Una vez Yaten se puso a leer mis mensajes. ¡Fue horrible! Bueno, antes peleábamos mucho… y créeme que me alegro que no se enterara de nada. Además…
—Mina —le interrumpió ella, Mina comprendió que se había enfrascado en su historia como siempre y se detuvo —. El caso es que… no creas que he pensando en Darien… sólo…
Se miraron a los ojos y el silencio se prolongó. Serena estudió el rostro de su amiga, que permanecía inmóvil y curiosa. Al final, respiró hondo y dijo:
—Ya sabes… ella.
A pesar de no ser tan intuitiva, Mina siempre era de las personas que le otorgaba confianza a los demás para hablar con ella. Sin darse cuenta, muchos habían dicho cosas frente a la rubia que no dirían frente a nadie. Aunque Yaten insistía en que se debía a su latosa persuasión más que en su confiable apariencia.
—Te refieres… ¿A Rini?
Tan pronto como lo dijo, la pesadumbre se apoderó de ella. Trató de respirar con lentitud, porque la pesadilla del espejo se repetía continuamente mientras dormía, sin dejarla descansar del todo. El vacío que le generaban aquellos sueños le impedía hacer y decir muchas cosas, sobre todo con Seiya. Cerró los ojos con frustración. Mina captó al momento la incomodidad de su amiga y no preguntó más. De pronto, la comida ya no se veía tan apetitosa.
Cuando Mina habló, a Serena le dio la impresión de estar hablando con otra chica. De hecho, el tono de su voz era tan similar a cuando apenas unos días de haberla conocido, le contó el desengaño que había sufrido en Inglaterra. Aquella vez que Catherine le había traicionado sin querer. Era la misma expresión de chica madura y centrada. Triste, pero centrada.
—No puedes tenerlos a los dos, Sere.
La muchacha asintió sin ganas. Necesitó bastante tiempo para poder dar una respuesta coherente.
—Ya lo sé… pero no… no sé si pueda vivir con eso.
—¿Amas a Seiya o no? —ésta vez el tono de Mina era firme y quizá un poquito pasional. Serena se sonrojó.
—Más que a nada.
—¿Entonces? ¡No tengas ya miedo de lo que pueda pasar!—exclamó ella con ímpetu —. No puedes vivir con miedo siempre. Sé lo que sientes, no con la misma magnitud, pero te aseguro que yo y las chicas sufrimos por no volver a verla. Pero tú no pediste ésta situación. ¿No crees que Rini preferiría verte feliz que vivir con unos padres que no se aman? ¡Ella es como tú, Serena! Todas le vimos su gran corazón, y su capacidad de dar a los demás.
Serena se quedó mirando sus manos con tristeza. Luego, se transformó en desesperación. Fue como si algo se quebrara dentro de ella.
—Sólo quiero hablar con ella. Pedirle perdón… pero nada…nadie me escucha. Le he hablado muchas veces al cristal de plata y a mi madre. No tengo respuesta. ¡Estoy sola en esto, Mina! Ya no puedo más…
Mina le tomó una mano en modo de consuelo. Tal cual terminó, los ojos los tenía anegados de lágrimas. Se los limpió con rapidez.
—¿Cuándo se va a terminar ésto…?—se preguntó Serena en voz baja —. ¿Debería…debería terminarlo ya?
—¿De qué hablas? ¿Terminar…?
—Renunciar a lo que siento por Seiya y volver... hablar con Darien.
Mina le miró horrorizada.
—¡No!—le ordenó con urgencia y preocupación —. ¡No puedes hacerte y hacerle eso a Seiya! Eso… eso lo destruiría. ¡Ustedes han pasado por mucho y merecen ser felices!
—Pero no soy feliz, Mina —le recordó Serena con un hilo de voz.
—Debes elegir —dijo finalmente recargándose sobre su asiento—. Y pagar y vivir con las consecuencias. No hay de otra. No puedes cambiar el pasado ni construir un futuro. ¿Quieres perder lo que tienes ahora?
Perder a Seiya. Se le hizo un nudo en la garganta de pura soledad.
—No.
—Entonces, deja de lamentarte por lo que no puedes tener —le animó Mina más calmada. —Y come, porque a eso era a lo que veníamos.
La urgencia de Mina no tenía nada que ver con querer ver a Aranna lo antes posible, quería que el rostro melancólico de Serena se desvaneciera de una buena vez. Serena torció el gesto. No sólo no había sido buena idea contárselo a Mina, sino que ahora se sentía mucho peor. Sincerarse con su mejor amiga no tenía nada de malo, pero no había cambiado nada, y a cambio sólo había recibido una mirada juiciosa más. Una que apoyaba su felicidad momentánea, más nunca plena como ella pretendía tener.
¿De verdad alguna vez lo fue? Quizá, cuando entró a la secundaria y conoció a Molly, e iban juntas a tomar helado y reírse de los chistes malos de su profesor de matemáticas. Cuando comenzó a crecer, vinieron los problemas. Luego de los problemas, los sentimientos. Responsabilidad… y cuando ése tatuaje de luna creciente se desprendió de su frente, dejando atrás todas las cicatrices de su vida pasada, la burbuja se rompió.
Siguió a Mina hasta el Inter College y la esperó afuera. Mina se coló sonriéndole al encargado de la recepción argumentando que estaba esperando a Yaten, y cuando el sujeto iba a decirle que él no había asistido ése día ella ya había subido las escaleras y caminado por uno de los corredores principales que daban a los auditorios y las aulas. Le vino una sensación de deja vú tremenda al caminar sobre la duela de madera y escuchar los coros en el salón de al lado. ¿Cuánto tiempo hacía ya que ella renunció al Inter? Quizá muchas cosas habrían sido diferentes si ése día, hubiera retado a Aranna y denunciado la corrupción de Hikawa ante la dirección principal. Como fuera, eso le había dado la oportunidad de volver al voleibol y centrarse en la escuela, y sin embargo extrañaba mucho el cantar y bailar todos los días.
La vio salir acompañada de dos chicas, las dos escuchaban atentamente todo lo que ella iba parloteando con presunción, y ellas estaban dedicándole miradas de admiración y sorpresa. Mina chasqueó la lengua con fastidio y ya sentía su corazón acelerarse. Apenas hacía unos años, sin duda le habría jalado de ésa insoportablemente deslumbrante cabellera y otros golpecitos más en sus facciones perfectas. Pero el caso es que no quería que Yaten se enterara de eso, y aquella conversación aunque lo supiera, no habría nada de lo cuál avergonzarse.
—¡Aranna!—le gritó Mina desde atrás.
Las tres chicas se giraron, y Aranna al instante sonrió con desdén.
—¿Qué?
—Debo hablar contigo.
—Ya me voy, Aino. Deberás solicitar a la prensa una entrevista, ¡Adiós! —le dijo divertida. Mina se molestó aún más y se encaminó hacia donde estaba, poniéndose frente a frente.
—No, ahora —enfatizó la palabra con firmeza. Aranna no perdió la calma y se despidió de las otras dos, que parecieron haber agradecido no quedarse ahí.
—¿A qué debo tu honorable visita? ¿Vienes a rogar un lugar en el Inter?—se mofó.
Mina sonrió.
—Por supuesto que no. No trabajaría contigo aunque fuese una obra internacional, pero ya que lo mencionas, quiero hablarte de Yaten.
Aranna no se sorprendió. Miró sus perfectas uñas con interés.
—Lástima lo que pasó, ¿eh? —le dijo Aranna para después mirarla a la cara—. Te dije que no duraría mucho, ¡Pero eres tan ingenua!
Aquello sólo sirvió para que Mina sonriera mucho más.
—¿Ah, que no te dijo? Bueno, permíteme comunicártelo. Yaten y yo estamos juntos de nuevo, y aunque le hayas dicho tus mentiras, te aseguro que no lograrás separarnos. ¿Cuál es tu problema? ¿Es trauma de la infancia o simplemente no soportas que él te haya dejado?
Aranna se sonrojó. Su expresión se volvió fría y tenebrosa, pero la rubia no bajó la guardia. Esperó.
—Yo tengo un novio mucho mejor que Yaten, Aino. Y créeme que si lo quisiera, ya lo tendría conmigo.
—¡Qué curioso! —exclamó —. Porque cuando salían no lograste retenerlo ni dos meses.
—¡Cállate de una vez! Eres tan vulgar e insoportable —se quejó Aranna haciendo una mueca —. Y quizá ahora estén juntos porque van al mismo colegio, pero cuando tu vida profesional no sea más que una broma y él triunfe en el espectáculo, se olvidará de ti.
—Tus amenazas me tienen aburrida, Aranna —le espetó Mina poniéndose las manos en la cintura —. Éso a ti no te interesa, pero ya que estás en el tema, muy pronto se terminará ésta tonta obra... Y créeme, en el único lugar donde vas a verlo es en las revistas.
Aranna se carcajeó con sorna.
—Vale, si tanto te preocupa…
—Claro que me preocupa, porque a diferencia de ti, yo sí lo amo en verdad. Y muy pronto nos iremos de viaje, así que puedes quedarte con tus patéticas intrigas.
—¡Qué romántico! Bueno Aino, ya que toda ésa paranoia está en tu cabecita, mejor deberías invertir tu valiosísimo tiempo en hacer algo verdaderamente útil, en vez de colarte a edificios privados. Ahora lárgate.
—Mantente a raya, Aranna —le dijo Mina con lentitud —, no eres la única que sabe jugar.
—Se me olvidaba —dijo ella poniéndose un dedo en los labios como si estuviera reflexionando — ¿Le puedes decir a Yaten que me de la referencia de ése restaurante al que fuimos hace poco? Mis padres y yo queremos ir en su aniversario.
—No va a funcionar el truco, Aranna —siseó —. Ya no caeré en tus estúpidas intrigas.
—¿Intrigas? —se rió —. Para nada, es más ¿por qué no se lo preguntas?
Mina negó con la cabeza y se dio la media vuelta para dejarla ahí. De todos modos, ya le había dicho todo lo que quería, así que no tenía caso escuchar la sandeces de ésa arpía. Caminó con toda la seguridad que pudo hasta encontrar la salida, aunque su corazón latía con fuerza. Afuera, Serena ya estaba esperándola con una mirada preocupada.
—¿Cómo te fue? —preguntó.
—Bah, pudo haber sido más interesante —se encogió Mina de hombros. Parecía muy relajada y satisfecha—. No creo que vuelva a molestar. ¿Nos vamos?
Serena se giró por última vez para ver el Inter, y siguió a su amiga para la salida del autobús, el cuál las llevaría al cine más cercano.
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Por la noche, cuando Seiya estacionó el auto frente al edificio de departamentos de una zona privada, ya era muy tarde para pensárselo. Se habían encontrado a un par de compañeros del equipo y otros que lo saludaron aunque él no ubicaba muy bien, e invitó (por no decir que obligó) a Yaten a entrar con él a la dichosa fiesta.
Se trataba de un penthouse. El lugar era amplio pero en aquél momento se encontraba atiborrado de gente. Apenas entraron Seiya fue recibido por sus amigos como si fuese el mismo anfitrión, y Yaten trató de sonreírles al menos un par de veces para evitar los reclamos de Seiya. Parecían haber empezado temprano, o quizá ellos llegaron muy tarde, porque la fiesta ya estaba en su pleno apogeo. Tan pronto como trató de ubicarla, Mya ya había aparecido de la nada, y le saludó con una sonrisa que le contagió al instante.
—¡Sí viniste! —se alegró, luego miró quien era su acompañante y se sorprendió aún más —. ¡Y con Yaten! Vaya, eso sí que es inesperado…
—Hola, Mya —le reconoció éste sonriendo de lado —. Sí, pero no te acostumbres.
—Claro que no —le dijo ligera—. Ya sé, les traeré algo de beber.
Cuando cayó en la cuenta de lo que verdaderamente estaba haciendo, Seiya comenzó a estresarse. Se acabó de una estocada el contenido del vaso, y decidió que lo mejor sería no tomar nada más. Es más, estaba pensando en inventarse cualquier tontería para marcharse, cuando su mano fue jalada de pronto hacia atrás.
Era Mya, que juguetona, le había sacado de su adormecimiento mental, arrastrándolo consigo. Quedaron frente a frente y a decir verdad un poco apretados, porque el hueco en el que Seiya se había escondido para evitar que lo pusieran a concursar en aquel juego de cerveza era indispensable
—¡Te encontré! —le dijo Mya—. ¿No estás huyendo, o sí…?
Seiya le sonrió con alivio.
—Pensé que eras Tano. Lo siento, tampoco te he visto en toda la noche. ¿Te estás divirtiendo?
Ella se acercó aún más porque alguien la empujó al pasar.
—¡Lo siento! —se rió—. Pues… estas cosas de la Tierra son divertidas, aunque…
—¿Aunque?
—Mucho mejor sería que siempre vinieses conmigo.
Se quedó relativamente apático ante su comentario, pero no era porque quisiera ignorarlo. Era porque, conforme fueron pasando los meses, algo ocurrió dentro de él. No sabía si era que había conocido mejor a Mya y le caía mejor, si las burlas constantes de sus compañeros le afectaban, o si sencillamente era que algo había cambiado. Un estremecimiento le recorrió. Aún no comprendía el por qué se hallaba en aquél lugar y no compartiendo tiempo con Serena, si toda la semana había estado tan ocupado. Además, había convencido a su irreverente hermano para que le acompañara con tretas. ¿Todo para qué? ¿Para tener que mentirle a su novia?
Cuando se dio cuenta de ésta conclusión y parpadeó para mirar de nuevo al frente, Mya ya se encontraba demasiado cerca. Y en un segundo más, ella ya se había inclinado hacia delante, poniendo ambas manos sobre sus hombros.
Todo fue demasiado rápido. Antes de que él pudiese reaccionar, unos suaves labios se posaron sobre los de él, y luego sintió su mano acariciando su cuello. Fue inesperado y raro, ni siquiera pudo sentir algo coherente. Seiya abrió los ojos.
—¿Hola? —contestó Yaten a Mina —. Qué va, todo está muy aburrido y…¡Vaya!
No pudo evitarlo. Seiya y Mya estaban unidos en algo más que un abrazo. Decidió colgar al instante.
—Te llamo luego —le despidió con presión.
Seiya se separó con suavidad, pero con firmeza. Sus manos sujetaban los hombros de la chica. Mya estaba muy sonrojada, pareciera que ella misma no se había dado cuenta de lo que acababa de hacer.
—¿Qué estás haciendo? —le inquirió con brusquedad. Mya se rió. Quizá de nervios. Sus mejillas se colorearon con mayor intensidad. Luego, ella recobró la postura, y adoptó una simpática.
—¡Lo siento, Seiya! Mira, es de amigos…
El chico frunció el ceño.
—¿Qué?
—¡No te lo tomes a tanto! —le dijo aún con las manos sobre su cuello—¿Me marcho ya…?
—Mya, escúchame—le indicó él—, tenemos que hablar. Esto, ésto no está bien…
El color desapareció del rostro de la chica. La sangre había abandonado su alegre cara.
—¿Ah, no?—le retó ella entonces. Su expresión se había transformado de repente, estaba muy seria, y parecía dolida—. ¿Por qué no, Seiya? ¿Para ella, que te ha hecho sufrir tanto y ahora ya merece todo tu respeto y tu amor?
Seiya parpadeó sin comprender. Miró en dos direcciones, estúpidamente, porque a decir verdad ya todos les habían visto.
—No es eso, sólo no quiero lastimarte —explicó.
Cuando Mya se dio cuenta y entendió, cerró los ojos. Parecía querer morirse de vergüenza.
—Te diré algo, ése es mi problema. Además ya te dije que no te lo tomes a tanto. ¿O significó mucho para ti?
—¡Mya! No me hagas esto, sólo…sólo olvidémoslo, ¿Vale?
Una sensación de repentino miedo se apoderó de Seiya. Acababa de rechazarla. De nuevo. De eso estaba completamente seguro. ¿Por qué dolía verla con aquella expresión de acongoja en los ojos, en las cejas y en los labios?
En los labios que acababan de besarlo…
Su corazón se movió arrítmicamente, pero no lo suficiente como para que el piso se disolviera debajo de sus pies. Había cierta tensión ahora, como si estuvieran metidos en una burbuja impenetrable y difusa. Había algo en aquellos dorados iris, era una expresión conocida… familiar.
Extremadamente familiar.
Intensidad. Sinceridad. Dolor. Era la misma expresión que estaba siempre frente a su espejo. Era la misma que él había tenido frente a otra persona durante años. Ahora lo entendía. Él y Mya tenían una conexión rara y contradictoria. Los dos comprendían la situación, ¿Qué ganaban sintiéndose miserables y solos? Seiya retrocedió un paso. Había leído sus movimientos, no podía tampoco mentirse a sí mismo. Hubiera podido evitar aquello y no lo hizo. ¿de verdad había dentro de él tanta compasión por aquél corazón roto? No, no era eso. No podía serlo. Mya merecía muchas cosas, ¿pero compasión?
La mirada de ella se volvió estricta. Asintió con lentitud. Sus ojos se encontraron, y ella esbozó una mueca despectiva.
—No me mires así, Seiya.
—¿Así, cómo? —preguntó con total sinceridad.
—Como si fuera una perdedora que trata de aferrarse a algo que nunca ha tenido.
Lo dijo en un siseo, muy despacio. Arrastrando cada palabra que logró darle un escalofrío.
Eso no era lo que él creía. Tan sólo se había reflejado en ella, y su actitud había logrado ofenderla. Accidentalmente, pero al fin. Negó con rapidez.
—Te equivocas.
—Entonces, ¿qué piensas?
—Estoy intentando… descifrar… —empezó —, lo que siento.
Mya se enderezó. No dijo una palabra. Aquella confesión encendió algo en ella. De pronto, sus ojos brillaron y sus palabras salieron con la suavidad acostumbrada.
—Entiendo.
La excesiva bondad de sus palabras lo dejó noqueado. Cualquier chica se hubiera ido llorando, otra habría pataleado o hubiera salido corriendo, muerta de arrepentimiento. Otras…ella no. Le echó una última mirada y sonrió melancólicamente. En instantes, varias de sus amigas le llamaron, y ella se dirigió con ellas a otra habitación.
Estuvo parado quién sabe cuánto tiempo, pero en cuanto reaccionó, fue a buscar a Yaten y se marcharon., porque ya oía los silbidos de sus amigos y los cuchicheos de las chicas.
Dentro del auto había más silencio que en un cementerio. Yaten tomó las llaves de Seiya cuando éste se las entregó sin decir una palabra. Antes de que encendiera el auto, Yaten carraspeó.
—No digas nada —ordenó con acritud.
Yaten encaró una ceja.
—Pero si no he dicho nada…
—Más vale.
Él arrancó el auto y los dos se mantuvieron en silencio absoluto. Una vez que llegaron, Seiya salió disparado como una flecha a su cuarto y se encerró en él, entonces Taiki salió de pronto de la cocina con un jugo en la mano. Parecía confundido.
—¡Qué temprano! Creí que llegarían más tarde. ¿Por qué me ves así?—le preguntó Taiki cuando Yaten le sonrió con incomodidad.
—¿Cómo lo haces?
—¿De qué hablas? —se extrañó el castaño.
—Eso, deducir siempre las cosas que van a pasar. En fin, ahora me aguantarás el día de hoy, porque no puedo llamarle a Mina. Me delataría solo. Aunque pensándolo bien, ¿Qué más da? Dime, Taiki: ¿Cuánto tiempo crees que tarde Serena en enterarse que Seiya se ha besado con Mya hace un rato?
Taiki le miró atónito.
—¿Qué has dicho? ¡Pf! ¿Por eso llegaron tan pronto? ¡Seiya es muy indiscreto!
—Es un tarado —le corrigió.
El secreto de Seiya duró lo que duró el fugaz fin de semana. Ése lunes, Mina y Yaten fueron a escoger unos discos que éste último deseaba comprar, y éste la había distraído de toda pregunta, incluso regalándole un disco de un grupo que él detestaba, pero que era de los favoritos de ella. Mina se desvió en su momentánea felicidad y Yaten le preguntó mil cosas para hacerle ver de una vez por todas, que sí le interesaba la vida de sus amigas aunque no fuese cierto. Ella, muy halagada, continuó hipnotizándolo con sus anécdotas, y todo marchaba a la perfección hasta que fue inevitable cuando llegaron a un café del centro comercial.
—¿Y cómo estuvo la fiesta? —preguntó Mina con normalidad, mientras veía la hora de su celular.
—Aburrida, ya sabes que no soporto ésas fiestas —contestó Yaten muy rápido. Mina le miró detenidamente y él bajó la vista hacia su café con el ceño fruncido antes de que sus miradas chocaran.
—Cuando me llamaste parecía que te habías sorprendido por algo. ¿Qué fue? —preguntó nuevamente. Ésta vez la pregunta estaba cargada de sospecha.
—Eh… nada, no lo recuerdo.
—Mientes.
Se miraron a los ojos. Él mostró una ficticia ofensa.
—¿Perdóname? No estoy mintiendo.
—Sí lo haces —afirmó Mina tomándole una mano sin afecto, más bien era un agarre como si hubiera atrapado una pelota con la mano—siempre arrugas la nariz cuando estás inventándote algo. Apuesto a que ni cuenta te has dado.
Él le miró como si fuera un bicho raro.
—Me das miedo —confesó Yaten dejando escapar el aire —. Un momento, ¿por qué me siento presionado como en un interrogatorio en la estación policial? ¡Yo no he hecho nada malo!
—¡Ajá! —señaló Mina con una sonrisa de triunfo en el rostro—. Entonces fue Seiya. ¿A qué sí?
Yaten se encogió.
—Por favor no me obligues a decírtelo —suplicó—. ¿No te basta con confiar en mí?
—¡Oh, Yaten, por favor! Si me lo dices tu secreto estará a salvo conmigo. ¿Qué dices? —le chantajeó.
—No —dijo firmemente. Mina no se dio por vencida. Le tomó discretamente a su café, y luego que dejó la taza continuó.
—¿No? —le coaccionó con tono de advertencia. Sus dedos no se habían despegado de los suyos, y ahora comenzaba a jugar con ellos. Él carraspeó.
—Eh… no —repitió. La seguridad de su voz se había esfumado. Ella lo notó en seguida.
—¿Estás seguro? —le forzó Mina. Comenzaba a recorrer con uno de sus dedos el antebrazo de él, acariciándolo con sugestión. Yaten se mordió el labio inferior antes de contestar.
—Esto… ¿No? —titubeó. Luego se soltó de su agarre. Aquello acabaría muy mal —. ¿Quieres un pastel? ¿Si, verdad? ¡Eh, señorita!
—Yaten—le llamó con seriedad —. Sé que quieres decírmelo. ¿Por qué no compartirlo conmigo, que soy tu caramelito?
—¿Mi qué?—preguntó casi con náuseas —. No jodas... vale, de acuerdo —. Sólo… sólo no se lo digas a Serena.
La expresión de Mina cambió en instantes, sonrió y se puso muy atenta. Yaten rodó los ojos, decepcionado ante su propia debilidad.
—Promételo.
—Lo prometo, lo prometo —le apuró Mina, que se moría por saber.
—No fuimos a un evento de la disquera, sino a una fiesta del Colegio. Del equipo de fútbol de Seiya.
Mina se tensó pero aguardó. Al no recibir reclamos, él continuó.
—No fue algo que yo buscara… ¡Vaya, sigo defendiéndome! El asunto es que Mya fue quien invitó a Seiya y…
—¿Y? —le apremió la rubia para continuar.
—Bueno es que… él y…ella, ya sabes.
No necesitó continuar. Mina abrió la boca y se la tapó con la mano.
Luego gritó:
—¡NO−PUEDE−SER!
Yaten se tocó el oído con dolor. Varias cabezas se giraron para mirarlos.
—¿Cómo fue? ¿Fue un juego, verdad? ¡Dime que fue un juego! ¿Cómo estuvo? ¿Por qué no me habías contado antes? ¿No confías en mí, verdad? ¿Tan chismosa te parezco?
Él suspiró con resignación.
—¡OH−POR−DIOS! —chilló. Él le chistó con los labios.
—No puedo creer que te lo haya dicho. ¡Eres una condenada tortura! —se quejó —Mina, baja el tono. No te ha bastado con dejarme parcialmente sordo en los últimos meses, me estás agobiando. Y ya sabes que cuando me agobio…
Mina lo ignoró.
—¡Seiya es un desvergonzado! —siguió ella con su sermón—¿Sabes qué es lo que más me molesta? Que toda ésa basura que escribe sobre la lealtad y el amor en sus canciones es…
—Mina… —le advirtió.
—No, espera. ¡Es ésa chica, la fácil! Desde que la vi, hace mucho tiempo con su séquito de animadoras, sabía que andaban tras de ustedes…—graznó. Yaten permaneció con los estribos en su lugar, pero comenzó a levantarse.
—¿A dónde vas?
—A dónde sea donde no estés tú.
Ella le jaló del brazo con ansiedad.
—¿Me perdonas? Sígueme contando. Te prometo no abrir la boca… más que para beber café. Y para darte un beso, si todavía quieres…
El le miró con desconfianza y terminó cediendo como siempre. Niña tramposa. Al final, sí terminaron pidiendo los pasteles.
—Oye, ¿No crees que… Seiya esté enamorado de ella, verdad? —preguntó Mina con preocupación. Yaten no quería mentirle, pero la verdad es que ni Seiya ni nadie podían negarle lo que sus ojos habían visto. Andaba distraído, y estaba hablando por teléfono. Y sí, Mya fue quien tomó el paso pero no había tenido una alucinación. Estaba seguro de algo:
Seiya le había devuelto el beso.
—No, no. Fue algo, casual, créeme—aseguró él. Y por primera vez en su vida, se dio cuenta que después de todo, Seiya no era el libro abierto que siempre había creído.
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Pero la culpabilidad era un nuevo significado para otras personas, como en Seiya, que acababa de descubrir aquél desagradable sentimiento. Todo el fin de semana anduvo evadiéndole las llamadas a Serena, y no se vieron el sábado como acordaron. Ella se mostró comprensiva y calmada, siempre era así. Luego de haberse bajado de su coche como un rayo, tratando de evitar las miradas curiosas de todos, cuando llegó al campo de fútbol supo que se había regado el chisme por completo. Ahora se arrepentía pero de no haber hablado con Serena antes, aún así…
¿Qué le diría? ¿Qué Mya seguía enamorada de él, y después? ¿Cómo reaccionaría Serena? A pesar de que ella no era una maniática como Mina, no era de palo. Ya había sido testigo una vez de sus celos y sus caprichos, claro, ella estaba confundida… y ahora, no había confusiones ¿verdad? Ambos se amaban. No había razón para dudar.
Por primera vez quiso ser como Taiki. Reservarse sus estúpidas emociones para él solo y no tener que darle explicaciones a nadie, pero no era así. Él resultaba ser muy sincero y comunicativo. La clave del éxito de una relación era la comunicación. No sólo ignoró el consejo (que aunque no quisiera admitirlo fue muy atinado) de Yaten, ni prestó atención al presentimiento de Taiki sobre los chismes y lo fastidiosa que puede ser la preparatoria y más siendo popular, le hacía un blanco fácil para los demás. Ni siquiera la última, cuando Serena le propuso que se vieran ése viernes, no aceptó.
¿Por qué?
No es que se empezara a considerar el alejarse de Serena. Al contrario, ahora mismo sentía en su garganta y en sus manos la ardiente necesidad de besarla y abrazarla. Era asombroso el que todavía pudiese considerarse culpable, sabiendo los sentimientos que tenía. Aunque ahora experimentaba una sensación de miedo bizarro, le quedaba claro que nunca podría respirar de la misma forma que ahora, ni estaría bien estando lejos de ella.
No encontró la respuesta. Sólo logró mortificarse más, cuando Mya y sus amigas lo saludaron muy alegres, y él no supo que decir ni qué hacer. Se enfadó porque notó como se ruborizaba, y decidió abandonar la práctica de aquél día.
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A pesar de las amenazas determinantes de Yaten, Mina no podía dejar de pensar en la traición de Seiya. ¿Cómo lo había hecho? ¿De qué forma? ¿No estuvo años tras de Serena para ser feliz? ¿No decía él que era el amor de su vida? Necesitaba ir y contárselo inmediatamente, sin embargo, su novio fue muy específico: si no quería que ellos mismos tuviesen un dramón, ella debería morderse los labios mil veces antes de decidirse a abrir la boca. ¡Era muy desesperante! Serena había sido su mejor amiga en todo el mundo, ella le había apoyado muchas veces en el pasado… y sin embargo el claro "No es nuestro asunto" que él le recriminó, era suficiente para que ella tuviera que contenerse. Aunque se sintiera un poco culpable. La verdad es que ahora se arrepentía de haber obligado a Yaten a decirle la verdad. ¡Tan bella que es la ignorancia!
¡Maldita curiosidad!
—¿Te pasa algo?
Una voz le interrumpió sus truculentos pensamientos y al ver a Eichi se relajó. Ése chico siempre le sacaba el buen humor a como fuera.
—Me preocupa una amiga.
—¿Serena Tsukino?—preguntó él con total sinceridad. Mina se hubiera ofendido por su indiscreción, pero no lo hizo porque ella era mucho, mucho más indiscreta. —Escuché a unos cuantos hablar de ella y una fiesta… no me enteré bien.
—Bah, no saben lo que dicen —dijo Mina con molestia.
—Oye, Mina… —empezó Eichi. Ella levantó la vista. Se había ruborizado. —Sé que volviste con tu novio pero… ¿No podríamos vernos alguna vez?
Mina se incomodó, pero la verdad es que siempre le había caído muy bien Eichi. Ella y Yaten lo habían hablando y…
¿Podrían al menos ser amigos, no? De todos modos, ya lo eran. Eso no era algo que se pudiera decidir. Él le caía muy bien y… no estaba muy convencida de que lo único que quisiese Eichi era llevarse bien.
—Bueno… no sé…
—Prometo no hacer nada que te cause problemas —aseguró él poniendo una mano al frente.
Ella se avergonzó. Aquellos días en los que parecía hervirle la sangre, tener la necesidad de atar a Yaten al sótano para que no volviese a mirar a una chica, y en los que él le exigió mostrarle los mensajes de su celular le parecían una locura.
—No te preocupes, no los tendré. Pues ya que insistes, me encantaría. Además creo que podrías ayudarme a decidirme por cuál universidad de música entrar. Hay muchas y sería un fastidio ir yo sola.
Los ojos de Eichi brillaron de esperanza.
—De acuerdo.
Una sonrisa se le escapó, sintiendo como si algo hiciera un especie de clic, que encajó perfectamente con la de él. Como cuando uno arma una pieza de rompecabezas con otra.
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Amy cerró su bandeja de entrada de mensajes. Ninguno. Una vez más, el abatimiento hizo acto de presencia. Desde que había decidido regresar, le había prometido a sus amigas y sobre todo a ella misma tratar de tratarse su enfermedad al máximo. Tratarse implicaba someterse a una complicada operación de transplante de médula ósea, en la cual el donante debería tener cierta compatibilidad genética. Y eso significaba pariente. Bueno, jamás creyó recurrir a tanto, pero debía hacerlo. Tendría que hacer uso de sus capacidades de informática, de deducción, y de investigación para encontrar, al menos, a alguno de sus padres biológicos. Era necesario y doloroso, no sabía si quería desenterrar algo que ya estaba completamente podrido.
Hacerlo, implicaba comenzar a hacerse preguntas que había decidido dejar en el olvido como ¿Por qué la dieron en adopción en primer lugar? ¿Por qué no intentaron criarla? ¿Sería ella la típica hija de una madre drogadicta o descuidada? ¿Qué la llevó a tomar ésa decisión?
Siempre había recibido el apoyo de sus padres adoptivos y eso la satisfacía. Sin embargo, la abierta mente de doctora de su madre ya le había acostumbrado a la idea de que supiera su origen y la verdad. Por eso creció de aquél modo. Tendría que ser buena, paciente, agradecida y superarse. Por eso las horas en vela leyendo y estudiando, por eso las clases y los cursos extras. No demostraría jamás que adoptarla había sido un desperdicio ni mucho menos un error.
Se sintió lo bastante dueña de sí misma para controlar aquella situación. Claro, cuando las vacaciones terminaron y regresó a ver a Taiki todo se removió. Él le dirigía miradas fugaces y significativas… ella, simplemente no podía olvidarlo.
Sin recibir información del centro de adopción al que había conseguido que su madre le contara le habían adoptado, Amy salió de la biblioteca con resignación. Un día más sin saber. Un día menos que le quedaba…
Su auto−horror fue interrumpido. El profesor que más estimaba estaba frente a ella, nunca escuchó su nombre, pero él se quejó de andarle llamando varias veces desde el otro salón. Entraron a su despacho y el profesor le sonrió con satisfacción.
—Tengo una buena noticia para ti, Mizuno—informó entregándole cinco expedientes. Ella miró los archivos sin comprender. —Cinco aceptaciones de cinco. Sin duda eres una prodigio.
Ella abrió la boca con impresión.
—¡Oh, Dios mío! ¿Es… es en serio? —preguntó Amy tapándose la boca con una de sus manos—No es posible, yo…
—Podrás ir a dónde quieras, chica —le aseguró el profesor.
—¡Oh, profesor Woodward! Esto es… más…más de lo que hubiera podido esperar jamás.
—Si consigues entrar al grupo interactivo, tendrás la beca. ¡Toda la universidad pagada y con carrera prestigiada! Hasta podrías irte al extranjero. Créeme, Amy, la pérdida de ése concurso no será nada en comparación. Esta es la oportunidad que has estado esperando.
—Dígame cuando empiezo. ¿Qué debo hacer, con quién tengo que trabajar?
—Es un compañero de tu generación. La verdad no me ha llegado el dato, pero te aseguro que no tendrás problemas, tiene excelentes referencias…
—¿Así? Bueno, ¡Haré lo que sea! ¡En serio!
—¿Estás segura… Amy?
Ella se giró con brusquedad, levantándose de la silla súbitamente. Permaneció ahí, muda de asombro. Quiso sentarse de nuevo pero no lo logró. Ahí, con una mirada tranquila y una sonrisa educada, estaba Taiki.
—¡Ah, llegó! Mira Mizuno, éste… bueno, parece que ya se conocen. Bueno, en realidad les deseo mucha suerte a los dos, es un proyecto complicado, pero les aseguro que…
Parecía que Amy acabara de taparse los oídos con algodón. No solamente no escuchaba nada, tenía meses de no enfrentarse a Taiki de aquella forma. Había esquivado los pasillos pertinentes y las clases, había dejado apagado el radio para no oír las noticias, ni la televisión. Todo fue en vano: la realidad no le hacía justicia. Todo volvió a estar como antes. Incluso pretendió aprenderse un par de diálogos para cuando fuese el cumpleaños de Mina o de Seiya, muy en el futuro, donde seguramente tendría que estar y encontrarse. "Gusto en verte. ¿Me alcanzas ése vasito…gracias"
Tonterías. Ahí estaba él, mirándola fijamente y sólo pudo perderse en la profundidad de sus ojos castaños.
—¿Va a aceptar, verdad Mizuno? —preguntó el profesor encarando una ceja, al ver que ella permanecía atontada.
—Yo…
—¡Me lo dice luego! Ahora he de retirarme, no es sano estar tanto tiempo metido en el trabajo…
Comenzó a hablarle a los dos del tráfico y de lo que tardaría en llegar a su casa si le agarraba un chubasco. Desapareció sin que se diera cuenta. Amy, temerosa, empezó a tomar sus cosas una a una, tirando en el proceso varias papeletas y libros. Ni siquiera se fijó cuando, una mano se posó sobre la suya.
—Amy…
—Suéltame.
Sonó a una petición. Él no se movió…Amy ya sentía como la sangre se agolpaba con violencia en sus mejillas, metiéndola en un duelo de emociones. La voz de él era como siempre, tranquila y pausada. Y sin embargo, no le brindó serenidad.
—No te pierdas la oportunidad de tu vida, al menos no por odiarme.
Ella esbozó una mueca involuntaria.
—¿Odiarte?
—Es lo… menos que merezco después de lo que te hice—aventuró él. El silencio se hizo tan tenso, que casi era insoportable tomar el aire.
—No te odio, Taiki… —soltó ella con la vista fija en el escritorio. —Sólo…
Tras unos eternos segundos, ella tomó aire y dijo con todas sus fuerzas:
—Sólo no lo he superado.
Taiki, que continuaba con el pulso acelerado por haber logrado tocar su piel, trató de clamarse.
—Amy—dijo él, porque ella parecía dispuesta a marcharse en cualquier momento—¿No podrías… sólo dejarme estar cerca de ti? No te pediría nada, te lo juro. Sólo no me niegues el hablarte y el estar cerca de ti. Por favor.
Se miraron a los ojos por segunda vez. Por segunda vez en tanto tiempo. Ella percibió el corazón desbordársele del pecho y se sintió mucho más viva que nunca. Incluso más que cuando se unió a sus queridas amigas. La amistad era algo maravilloso, pero sencillamente nunca había dejado de querer a Taiki. Cerró los ojos con pesar.
—Lo intentaré.
Él sonrió con tal fuerza que creyó desencajársele la mandíbula. No lo pensó dos veces, y la abrazó con fuerza. Escuchó un sonido de sorpresa de ella en el oído pero luego, con gran felicidad, sintió una mano posarse sobre su espalda.
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Pero uno no puede huir de las personas para siempre, sobre todo, si ésa persona te ama. La persona propiamente dicha era la misma Serena, que había experimentado una extraña sensación de vacío en aquellos días. Era como si una pieza le faltara a su cuerpo, podía caminar, hablar, estudiar… y sin embargo no estaba bien del todo. No funcionaba correctamente como antes. Seiya había decidido salir sin ella aquél fin de semana, no había nada de malo. Sonrió irónicamente para sí misma. De todos modos Seiya no era su propiedad.
Aquella semana se enteró de lo que al parecer, todo mundo disfrutaba ocultar.
Se mojó la cara después de aquella clase de deportes, en la que había sudado horriblemente por ser mucho menos atlética que el resto de las chicas. Dejó la varita de bambú que la profesora de biología le había dado a cuidar como proyecto durante un mes sobre una de las bancas. Iba a tomar su botella de agua cuando dos muchachas, que eran parte del equipo de animadoras de la escuela, entraron en los vestidores. Ella les divisó por el espejo y comenzó a ponerse los zapatos antes de que la vieran. Siempre se incomodaba cuando estaba cerca del grupo de amigas de Mya.
Las dos estaban de espaldas, comenzaron a sacar sus estuches de maquillaje, y una de ellas empezó a reírse con ganas.
—¿Viste la cara que puso? —inquirió, para después echarse el pelo hacia atrás —. Mya no lo notó, pero yo vi a Seiya muy nervioso.
¿Seiya?
Serena se detuvo en seco. Acababa de oír un nombre que no podría ser mucha coincidencia en una misma oración. Sin duda estaban hablando del Seiya que ella conocía y de la Mya que tanto deseaba no conocer. Miró nuevamente por el espejo, ahora hablaban más bajo, pero perfectamente claro por ser un lugar vacío y hueco.
—¡Qué valiente fue Mya! Vaya, sí que es mi heroína. ¿Cuándo haremos otra de ésas fiestas?
—¡Lo sé, yo también quiero besarme con el chico que me gusta!
Gimió. No sólo tenía mala suerte, seguía buscándola. ¿Besarse? ¿De qué estaban hablando? Serena sabía perfectamente que no la habían visto entrar, ella misma las había divisado muy lejos haciendo sus estúpidas porras y ella ya había salido de la clase de deportes, venía del laboratorio porque se le había olvidado la varita de bambú. Además, ella misma había estado en ése mismo lugar con Mina cotilleando sobre lo que decían las chicas que entraban, reflejadas en el espejo de un ángulo continuo, era imposible que supieran de su existencia.
Con aquella deducción no pudo más que encogérsele el estómago: no estaban mintiendo.
—¡Qué emoción me dio al verlos! ¿Viste como el chico la ha evitado todo éste rato? ¡Está avergonzadísimo!
—Eso es buena señal —apuntó la otra al cotilleo —. No hay más que esperar, y él terminará con Tsukino.
Hicieron una mueca de complicidad y se apuraron a salir. Serena se quedó inmóvil con la vara de bambú en las manos. Ya estaba rota. La agonía y furia de sus celos se desquitaron con su proyecto, no le importó. Estaba demasiado confundida.
—¿Por qué? —musitó para ella misma. No podía ser, Seiya no le haría eso jamás. Algo había pasado… ése día seguro estaba resfriadísimo y se había tomado una botella completa de jarabe para la gripe. Sí. Cualquier cosa…
Pero él había dicho que irían a un evento de la disquera. Había mentido. Torció el gesto y se le descompuso. No confiaba en ella lo suficiente, al parecer. Además… él no se mostraba acongojado, ya había pasado una semana desde que había escuchado que el equipo de fútbol haría una fiesta privada. No lo relacionó. Estaba tan abstraída en su mundo inconforme que no lo imaginó.
Después de la impresión, se sintió triste con aquél sentimiento de inseguridad que le había perseguido últimamente.
Estúpido folleto para la universidad. Todo había comenzado con eso… ¿De verdad? ¿De verdad un folleto inútil y fastidioso te arruina la vida? No. Sabía dónde estaba el problema. En su infinita incapacidad para aceptarse ella misma, y con ello todo lo que le rodeaba. La náusea diminuta de inquietud había crecido, considerablemente. Y no cambió cuando Seiya le alcanzó en las áreas verdes del Colegio. Las clases habían terminado.
Él le sonrió de lado, y ella le alcanzó apenas le reconoció.
—¿Ya nos vamos? —preguntó Serena recogiendo sus cosas.
—Vamos a charlar… primero.
Aquella respuesta no mejoró ninguna de las expectativas de Serena. Seiya se giró con rapidez para que no pudiese verle el rostro con detenimiento. Ésa actitud evidenció de nuevo que algo no andaba muy bien. Él trató de acompasar su intranquila respiración cuando llegaron a la azotea. Aquél lugar les gustaba mucho a los dos. Por supuesto que ahora, carecía completamente de sensaciones placenteras.
Serena decidió romper el silencio. Seiya parecía estar encontrando las palabras adecuadas tronándose una y otra vez los dedos, y eso le desesperó. Mejor hacérselo más fácil.
—¿Y bien? —preguntó ella con un hilo de voz —. ¿Es cierto?
Seiya se mojó los labios y se recargó sobre el barandal. Afuera, el sol ya se estaba ocultando dejando matices anaranjados y cálidos sobre los rostros de ambos. Suspiró.
—Tu silencio es revelador… —murmuró Serena.
Seiya se giró de inmediato.
—Bombón, no es lo que piensas. Sólo… fue algo que pasó—explicó él acercándose con lentitud. Ella siguió inmóvil, como una estatua. Serena esbozó una débil sonrisa.
—No estoy enojada, si es lo que piensas, Seiya—dijo Serena. Y era verdad, no estaba molesta. No lo culpaba de haberle mentido ni tampoco de besar a Mya. Sólo le preocupaba el por qué. El por qué una vez más, nunca sería lo suficientemente buena para lograr que una persona que amaba se quedara a su lado.
—Si lo estuvieras, eso está bien —aceptó Seiya —. Nada debe ser perfecto, Bombón. Pero quisiera… que supieras…
La princesa se giró hacia el horizonte. Allá, los altos edificios no tenían la respuesta, pero tenía miedo de leer en los ojos de Seiya lo que ella tanto temía.
—Está bien, Seiya. Tú me has pasado muchas cosas… no te culparía si te enamoraras de Mya.
Seiya frunció el ceño con molestia. Algo se quebró dentro de él, y liberó toda la inconformidad que siempre había sentido desde que la conoció.
—¿Por qué piensas que me he enamorado de ella? ¡¿Por qué siempre tienes que intentar separarnos?
—No lo hago, Seiya. Tú decidiste besar a ésa chica por alguna razón, no soy quién para juzgarte—argumentó Serena, aunque ya sentía los ojos húmedos —tal vez… deberías darte un tiempo para pensar las cosas.
—¿Pensar? ¿Pensar en qué? —preguntó él golpeadamente—. ¡Yo quiero estar contigo!
—Y Mya contigo —completó ella.
Seiya resopló. Eran amigos. Él y Mya… no. ¿Por qué seguirse engañando? Si Mya fuera su amiga, bromearía con ella sobre estupideces, le molestaría como molesta a Mina y a Lita, le contaría sus confidencias… nada de eso pasaba ahí. ¿Entonces, qué tenían?
—Esto no nos llevará a nada, en serio —dijo Seiya con nerviosismo.
A partir de ése momento, las cosas se quedaron más tensas y resentidas. Serena quiso deshacerse de ése sentimiento de celos y malestar, y no lo logró. No podía reclamarle nada a él, cuando ella misma no había sido sincera con lo de Darien. ¿Qué pensaría de saber que él la buscaba mediante mensajes y llamadas prácticamente todos los días?
—Voy a casa, mejor hablamos luego.
—De acuerdo.
Serena levantó la vista. Seiya sí parecía enfadado ahora. Había cruzado los brazos y no pretendía consolarla ni disculparse. Y había una razón:
—No te importa ¿verdad? —espetó él con disgusto.
—¿A qué te refieres? ¿Quieres que te haga un escándalo como Mina lo hacía con Yaten?
Él bufó.
—No se trata de éso. No quiero que haya secretos entre nosotros. ¿No puedes decirme algo, lo que sea?
—Lo siento, Seiya. Pero no tengo nada qué decir —se encogió ella de hombros.
La princesa levantó su mochila.
—Bombón, no te vayas… —pidió él, cediendo, e ignorando por un momento las extrañas cosquillas que sentía en el estómago, viendo la evidente distancia que reflejaban los ojos de Serena.
Pero Serena no quiso verlo más, cada vez que lo hacía, desde que se había enterado del supuesto rumor, no podía evitar visualizarlos juntos. Tan hermosos, tan agradables. Tan diferentes…
Y se marchó, bajando las escaleras a paso muy lento porque siempre solía tropezarse. Seiya no lo sabía, pero Serena bajó más despacio de lo normal porque la vista la tenía nublada en demasía.
Cuando llegó a su casa, tirando una a una la maleta de deportes y la mochila, se sentó sobre su cama. Ya visualizaba la figurita de Luna que se movía desde el otro lado de la habitación, pero no se atrevió a preguntarle nada. Lo único que necesitaba ahora era que Mya desapareciera.
Pero, ¿qué estaba pensando? ¿Cómo podía ser tan egoísta cuando ella misma se tardó tanto tiempo en aclarar sus sentimientos por Seiya? No soportaba el perder la única cosa buena que tenía en la vida.
Tras un rato sin atreverse a encender la luz, el reflejo de unas luces de afuera iluminó su cuarto. Afuera, el coche de Seiya estaba estacionado. Una mejoría pareció recorrerla de los pies a la cabeza. Él quería hablar de nuevo, las luces estaban apagadas y seguramente él pensaría que ya estaba acostada. O que no había llegado a su casa, a saber…
Pudo encender la lámpara. Estaba cerca su mano y… no. La retiró con molestia y se echó las sábanas sobre ella.
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Notas:
Heme aquí, apenada y emocionada al mismo tiempo. Para quienes no lo hayan notado, el fic está siendo editado porque contenía muchos errores de puntuación y gramática. Un beso y un saludo muy especial a las siguientes personitas, las cuales, sin ellas, ésta historia no sería lo que es:
Thaliztar, MarianneAusten, Vannity Kou, pininamoon, Athenn, tudulceesperanza, Astalina, 4 ever sailor moon, FrutillaConLecheCondensada, Diiva, Lucky Star, Bansheeyris, sereyandrew301, MariZa 02, Jenny Anderson, blanka, are85, Ttaioi, Aly Kou, Bogita, diana200, Monichan, Selqit, lili, hikariadi, , Oizuma, luzdeluna19, Ashamed Kawaii, Antonella Diaz, peluches0901, siamoon, Selenney, LESVAL, neoreynaserena, Javiera Paz Madrid Diaz, Miriamelle, nancytta, Eniun, Loly Kou, Sheory, Nande-chan, silvikou, LoveSeiya, laurayuli, Andrea Rosa, NeoAntares21, JOHA, miki1920, serenalucy, Seiya-Moon, Akane23, Gaby Tsuki Kou, Mika, Kupia, drixx, Selene-silk, Shiru-Chiba, Karen Lupita, Bellatrix, Ginsei, nash, MIKARU-CHAN, Clau Palacios, Patty Ramirez de Chiba, paty garcia, Hehra, Dianis. Etc.
Guau, eran bastantes. Aún así hay gente que me lee y no deja comentarios y no sé quienes son, XD pero en realidad quiero agradecer a TODAS las personas que se han tomado la molestia de invertir su tiempo en las cosas que escribo. Sé que a muchos no les gustarán las parejas, mi narración, o la trama porque varias cosas pueden parecer clichés o sosos. Créanme que todo lo hago con dedicación, pero siéntanse libres de decir lo que sea. Estoy para recibir de todo, los (a)s estimo muchísimo.
besos miles,
Kay
