Por alguna razón dedico este cap. a mi padre, no sé cada que lo leo pienso en él.

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...

"Aquel que es demasiado precavido

realiza muy poco en la vida".

XXV

Enfado y precipitación.

Draco se despertó con la sensación de haber tenido pesadillas. Le escocían los ojos, tenía mal sabor de boca y se sentía entumido hasta al cerebro. Maldijo cuando intentó atravesar la habitación para ir al baño y casi se cayó. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para alistarse y bajar al comedor. El día anterior le parecía muy lejano y bastante malo. Mientras se miraba al espejo y miraba sus extrañas marcas, la idea de ser un animago lo asaltó de pronto y tan rudamente que apartó cualquier idea y pensamiento sobre aquello, sin embargo no era un animago, era algo más. Para llegar a ser un animago se tenía que estudiar y él no había estudiado para convertirse en un dragón. Suspiró resignado y cansado. La imagen del comedor abarrotado no se le antojaba para nada.

- Draco. – Él giró el rostro saliendo de sus pensamientos. Hermione le dedicó una sonrisa. Harry y Ron venían tras ella. - Esperen – Los detuvo antes de entrar al comedor. Hermione se adelantó. – Lo pensé anoche, no tienen varita y apuesto a que ninguno de ustedes ha pensado en cómo solucionar ese problema.

- Eerr… no Hermione. – Dijo Ron. Hermione sonrió a medias.

- Mirad. – Y extendió tres varitas hacia ellos.

- ¿Dónde las conseguiste? – Preguntó Harry.

- No son reales, ayer pensé que sería bueno que al menos tuvieran una réplica falsa de sus varitas. ¿No querrán ir por ahí haciendo magia sin una varita?

- Gracias amor. – Dijo Draco y le plantó un beso.

- Huy sí, amorcito. – Canturreó Ron. Luego entraron al comedor.

Probaron bocado y escucharon atentamente la lectura del Profeta de Hermione.

"… el edificio muggle sufrió grabes daños debido a la colición de un dragón que en la noche atacó al museo muggle Victoria and Albert en Londres. Encargados del Ministerio han logrado la reconstrucción total del edificio y de todas las obras de arte muggle que se vieron afectadas por el percance. Afortunadamente no hubo ningún afectado, el departamento de desmorisadores se ha hecho cargo del guardia, que alcanzó a salir del edificio antes de que se derrumbara, y de otras cuatro personas, incluyendo agentes policiacos. Hasta ahora especialistas en Magizoología no han dado con el especimen de dragón. "

- ¡Rayos! – Dijo Ron. – Esto está muy mal.

- Sí. – Dijo Hermione, dobló el periódico a la mitad y tomó su tostada.

- Al menos Dumbledore nos ha cubierto, como dijo que haría. – Dijo Harry.

- Sí, pero eso no me gusta. Anoche dijo que él no podía hacer nada en cuanto a lo de la muerte de ministro. El que Dumbledore no diga nada… me parece, no sé, es como si él también mintiera, y después de lo que pasó en el Ministerio.

- Él debe de tener sus razones, Hermione, Dumbledore es lo mejor que tiene Hogwarts, y sinceramente, también el Ministerio. – Dijo Harry.

- Sí. – Dijo Draco. – Además, si las cosas no fueran bien, dentro de lo que cabe, él sería el primero en intentar cambiarlo.

- Sí, tienes razón. ¿Has hablado con Goyle? – Preguntó Hermione a Draco. Él Slytherin se encogió en el asiento y luego habló.

- Sí… Anoche tuvimos una larga plática. Millei le había contado todo, como suponíamos, y también le pidió guardar silencio. Le he preguntado por que ayer vi a su padre y… bueno, él me ha dicho que él y su madre también lo han dejado, bueno, el caso es que la orden también los tiene protegidos. El mismo Lupin se ha hecho cargo de eso…

- Pobre… - Dijo Hermione.

Draco no dejó de pensar toda la mañana en lo que había sucedido el día anterior. Se había imaginado que sería devastador decirle al señor Crow lo que le había sucedido a Millei, pero su lamento fue corto. Draco supuso que era mejor ponerse en acción que tumbarse a llorar. En eso Harry también tenía razón. Dumbledore ya sabía todo, pero ahora tenían que encontrar a Millei y liberarla.

Te odio

Has caído muy bajo Draco.

¡Te arrepentirás Malfoy! ¡Te arrepentirás de haber olvidado quien eres!

Y dejar de pensar en las palabras de su padre, las de Blaise, le quemaban el alma. Él le odiaba, le odiaba y no podía dejar de sentirse mal por eso, de sentirse mal por las palabras de Blaise, aunque supiera que estaba haciendo lo correcto. Tal vez, si encontraba la manera, le salvaría al él, era su padre, y eso era más fuerte que todo lo demás. Aunque muy en el fondo supiera que no era verdad.

Antes de tomar la comida se dirigieron a la enfermería. Tonks estaba ahí.

- Hola Harry, Draco, que bueno es verlos a todos. – Dijo Tonks cuando vio entrar a toda la comitiva.

- ¿Cómo te encuentras? – Preguntó Hermione.

- Mucho mejor… creo. – Dijo.

- ¿Dónde estabas Dora? – Preguntó Harry. Tonks suspiró contrariada.

- Con quien-tú-sabes, pero no me pregunten dónde, por que no lo recuerdo. Ojo loco no tarda en llegar, Dumbledore quiere que me ayude a recordar, probablemente los mortifagos quisieron borrarme la memoria o algo así.

- ¿Crees que podrás decirnos dónde está Voldemort? – Preguntó Harry. Tonks se encogió de hombros.

- Tal vez.

- Tienes que intentarlo Dora. – Dijo Ron. – Millei debe de estar allí.

- Lo sé, la vi llegar, por eso salí de ahí. Hace pocos días que comenzaba a liberarme de la maldición imperio, pero cuando se dieron cuenta intentaron detenerme… Pobre Sammy, primero Vera y ahora Millei… - Terminó en un lamento.

- ¿Te refieres a Samantha Otto? – Preguntó Draco.

- ¿Hay alguien aquí que se llamé igual que yo? – Draco giró la vista. La profesora Otto entraba a la habitación. – Ya llegó Moody y te quiere ver a solas. – Dijo y miró a los cuatro. – Ustedes vengan conmigo.

- Hasta luego Tonks. – Dijo Hermione.

- Buena suerte. – Dijo Harry. Luego salieron caminando tras la profesora Otto. Entraron a su oficina. Draco esperaba que explotara con ellos, que les recriminará lo que el señor Crow no había hecho.

- No sé por qué confié en que todo saldría bien. – Dijo. – Creo que el error fue mío… - Todos se sorprendieron al escuchar eso. – Debí haber hablado contigo desde un principio… - Dijo a Harry.

- Profesora, creo que eso ya no tiene importancia. – Dijo Harry.

- Aún no termino. – Cortó. – Dumbledore dijo que no se detendrían, supongo que tenía razón. La magia que en estos momentos poseen, deben saber, que es una herencia de mi familia, un legado que tiene su origen en la era medieval. Esta historia no la cuenta el libro, el libro sólo habla de la esencia y los hechizos, y de quienes pueden aspirar a poseerla, de cierta forma. ¿Quién de ustedes puede entenderlo? – Preguntó abiertamente.

- Yo. – Dijo Ron.

- ¿Traes el libro?

- Sí, siempre… -Dijo y lo sacó del bolsillo.

- ¿Has leído los nombres de los tres magos?

- Sí, uno es un Griffindor.

- El único hijo de Godric Griffindor… el otro era Hikaru Hi, el venía desde el oriente. Yo soy descendiente de Eliot Otto, somos de Salem. Los tres se conocieron en Grecia, eran grandes estudiosos de esa época.

- ¿Y por qué no se sabe nada de ellos? No hay nada de ellos en los libros de historia. – Preguntó Hermione. La profesora Otto la miró seria.

- Eso es por que no hay otro documento que hable de ellos que no sea el libro que tu amigo tiene en las manos. – Contestó.

- Y el libro no puede leerse completamente, de hecho se interpreta, así que no puede reescribirse. – Agregó Ron, aliviado de no ser el único en pensar esas fumadas.

- La urna, el libro y la historia en sí es herencia, se han pasado de generación en generación. Sólo así podemos saber que mi antepasado y los otros dos magos crearon la triada de las grandes bestias. Reunieron la magia del majestuoso fénix de oriente, el dragón plata de Europa, una especie ya extinta, y el noble unicornio de América, pero sólo quedamos, hasta la fecha, los Otto.

- Entonces ¿Cómo sabe Voldemort de la urna? – Preguntó Harry.

- Por que la urna y la historia viajó de lugar a lugar, hay quienes la creen, quienes no y quienes la buscan, no siempre ha estado en Salem, sobre todo cuando se dio la casería de brujas. Mis antepasados tuvieron que esconderla de manos ambiciosas, como Voldemort, él estudió en este colegio, debió de haberse enterado de algún medio, siempre lo hay, es parte del ciclo… Cuando su reino comenzó a ganar poder viajó a mi país, buscando la triada y se encontró con mi hermana, Vera, la madre de Millei. La asesinó a ella y a otros más, pero no consiguió nada, la guardiana del libro es la única que puede hacer que el libro seleccione, cómo los seleccionó a ustedes. Y cuando Voldemort la mató el ciclo aun no había terminado y se interrumpió. – La profesora Otto rió sinceramente. – Pero de nada le habría servido. Ya los saben ustedes, jamás habría logrado poseer alguna esencia, ya han visto cómo selecciona el libro, para él, en su condición, hubiera sido imposible ser seleccionado y hubiera muerto por su ambición.

- ¿Entonces usted pensó en mí? – Preguntó Harry.

- No yo, Dumbledore, el libro hace el resto, es curioso cómo funciona… - La puerta se abrió. Todos se vieron desconectados.

- Dumbledore quiere verla, en su despacho. – Dijo Minerva McGonagall.

- Creo que es todo lo que debían saber. – Dijo la profesora Otto y se lanzó a la puerta. Los cuatro se quedaron de pie, mirándose y pensando en lo que les había dicho la profesora.

Durante la noche Draco tampoco podía dejar de pensar en lo que les había sucedido. Balanceó entre los dedos la varita falsa, ¿Dónde había quedado la suya? Se había desintegrado, ahora formaba parte de él. Esa magia formaba parte de él. Aun no sabía que sentir, no había cambios, no al menos que los notara. No escupía fuego cuando abría la boca, ni humo por la nariz, y su voz no era una serie de gruñidos. ¿Entonces que era ese extraño sentimiento? ¿Era el echo de saberse cambiado? ¿De saber que contenía ese misterio dentro de su cuerpo? No había dolor cuando su cuerpo se transformó, su conciencia no había desaparecido, sin embargo, aquel cuerpo no obedecía muy bien a sus movimientos, ¿Era por que aun no estaba acostumbrado? ¿Cuánto tiempo pasaría en ese estado? Alguien toco a la puerta. Draco dejó la varita en el buró y abrió la puerta. Era Snape.

- Alístate, iremos por la señorita Crow. – Draco lo miró un segundo y se puso la primera capa que encontró dentro del baúl.

Harry estaba de pie frente a la ventana, la noche era fresca y hermosa, no más hermosa que ella, ni la rosa en su mano era más hermosa que ella. Ahí la había citado, ella se acercó y Harry no supo cómo comenzar.

- ¿Sucede algo Harry? – preguntó nerviosa. Harry le sonrió y le entregó una rosa. - ¿Y esto?

- Shh… - La acalló Harry. Era más fácil si ella hablaba, pero tenía que ser el que dijera… - Ginny… yo – Que alguien sofocara los latidos de su corazón o acabarían por apagar su voz. – Hace mucho tiempo que yo… siento esto… - ¡Por Merlín!, que no le clavara los ojos así o acabaría como un idiota.

- ¿Harry? – Preguntó la pelirroja ansiosa.

- Te amo Ginny, ¿Quieres ser mi novia? – Ella lo miró estupefacta por un momento. ¿Y si ella no sentía lo mismo por él? ¡Que tonto había sido! Pero ella sonrió.

- Yo siempre te he amado Harry Potter. – Y se besaron, el primero de muchos besos a lo largo de su vida. Se escuchó un carraspeó. Los dos se separaron inmediatamente. La profesora McGonagall estaba en la sala común.

- Buenas noches señor Potter, señorita Weasley. – Los rostros de los dos jóvenes estaban rojos de vergüenza. ¿Tenían que haber empezado así? – Serían tan amables de ir a llamar a la señorita Granger y al joven Weasley, por favor. –Ellos asintieron y subieron las escaleras, nerviosos y sonrientes, dejando atrás a una ruborizada McGonagall.

- ¿Hermione? – Preguntó la pelirroja cuando entró a la habitación de la castaña.

- ¿Sí? – preguntó Hermione frente a la sonrisa de la chica.

- ¡Harry me pidió que seamos novios! – Parvati y Lavander dijeron "¡¿Qué?!" al unísono y Ginny se tiró a los brazos de Hermione en un feliz abrazo.

- ¡Grandioso! – Una buena noticia en ese mar del caos. Al fin se había animado Harry.

- Por cierto, abajo esta la profesora McGonagall, dice que quiere verte. – Hermione asintió.

- Vamos… ¿Oye se lo has dicho a…

- ¿Ron?, sal de ahí, McGonagall te busca. – Dijo Harry al pelirrojo que estaba tumbado en su cama.

- ¿A mí? ¿Para qué? – Preguntó asustado el pelirrojo. Harry levantó los hombros, se sentía culpable, culpable pero feliz.

- Preparen sus cosas, iremos por la señorita Crow. – Dijo McGonagall.

- ¿Ya saben dónde está? – Preguntó Harry. Minerva asintió.

- Los veré en el despacho… a ustedes tres.

- ¡Pero profesora!

- Nada, señorita Weasley, y le es mejor no comentar nada con sus demás compañeros. – Dijo y salió por el retrato.

- ¡Harry! – Clamó la pequeña de los Weasley.

Harry negó y alcanzó a Ron escaleras arriba. Ron tomó la varita y luego la dejó, se puso la capa. Miró el libro sobre la cama, lo abrió, buscó una hoja y sin pensarlo dos veces la arrancó. El papel desapareció de sus manos, como había previsto.

- Vamos. – Dijo Harry, corrieron a bajo, ignorando a Seamus, Neville y Dean.

- ¡No es justo!

- Lo sentimos Ginny. Tienes que prometerme que no intentaras ir, ¿De acuerdo? – Dijo Harry.

- Sí, eso, lo que dice Harry. – Dijo Ron extrañado por la manera en que se miraban. Ginny lloró de impotencia. El trió dorado caminó hacia el retrato.

- ¡Harry! – Gritó la chica y se lanzó a sus labios. - ¿Tienes que prometerme que regresaras? ¡Júramelo!

- ¿Qué es esto? – Preguntó Ron asombrado, Hermione lo tiró de un codo.

- Te lo juro Ginny, regresare, Te amo. – La besó.

- Te amo. – Y el retrato se cerró. Era un juramento, regresaría aunque fuera para verla una ultima vez.

- ¿Qué tienes tú con mi hermana? – Gritó Ron a Harry en pleno pasillo.

- ¡Ron no grites! – Pidió Hermione.

- ¡Quiero que este me diga qué diablos hace besando a mi hermana!

- ¡Ron! – Volvió a clamar Hermione.

- Somos novios. – Contestó Harry, dando zancadas y sin mirar a Ron.

- ¿Qué qué…? – Dijo Ron y se quedó callado, mirando a Harry y dando zancadas a su lado, con Hermione trotando tras ellos. - ¿Desde cuando? – Preguntó Ron. Harry no quería hablar de eso en ese preciso momento, pero Ron no lo iba a dejar. Sino se hubiera animado a hacerlo… y todo por Draco, había visto como había llorado Hermione por él, cuando creyeron que había muerto y él no quería que algo así sucediera, que muriera y Ginny nunca supiera sus sentimientos de su propia boca. - ¿Desde cuándo?

- Desde hoy… - Dijo con voz estrangulada. No miraría a Ron por ningún motivo, bufada a su lado, ¿Y si lo golpeaba? ¿Qué importaba? ¿Ya estaba con ella? Eso era lo que importaba. Pero no, Harry quería su aprobación, quería su consentimiento, quería que Ron estuviera feliz por ellos. Por que era su mejor amigo, su hermano, su familia y ella era su vida. Ron tampoco articulaba palabra. Doblaron la esquina, ahí estaba el despacho.

- ¡Draco! – Gritó Hermione, desesperada. El rubio venía tras ellos. La chica acudió a él con ojos suplicantes.

- ¿Qué sucede? – Preguntó el chico. Ron miraba furioso a Harry y el ojiverde rehuía de su mirada.

- Adentro par de mocosos. – Dijo Snape. Tragaron saliva y subieron en silencio por las escaleras en forma de caracol.

- Creo que aquí está bien. – Dijo Draco.

- Perfecto. – Bufó Ron. Ahora era Harry el que lo miraba incrédulo. Pero no sería un inmaduro en ese momento. Caminó otros pasos más por el bosque prohibido y se transformó. Aleteó sobre sus cabezas. Draco se resistió un poco, no le gustaba que Hermione lo mirara así. Se trasformó, se arrodilló y extendió una ala para que los dos treparan. Hermione le sonrió fascinada, se acercó a su rostro y lo acarició, sus ojos grises no habían cambiado por completo. – Ya basta de morreos. – Draco giró el rostro y lanzó humo por las fosas nasales. Ron rodó los ojos. – Bien, pues creo que entonces puedo seguirlos por tierra.

- Olvídalo, no pienso bajar por ti si se atraviesa un rió. – Dijo Draco. Hermione trepó y luego Ron que la sujetó por la cintura. – No intentes propasarte Weasley, ahora es mía. – Ron gruño.

- Ya. – Dijo Hermione molesta. Draco se alzó en vuelo. Sobre las densas nubes volaban Lupin y Dumbledore. A lo lejos.

- Por allá. – Dijo Harry y los siguieron en vuelo.

- Estoy nerviosa…

- Todo saldrá bien, ¿De acuerdo? – Dijo Draco.

Hermione no pudo evitar pensar en lo fatídico que podía resultar todo. No entendía aun por que Dumbledore los quería tanto a los tres. Desde su punto de vista, Harry, Ron y Draco aun eran inexpertos ante el poder que les había sido conferido. Ron ni siquiera se había transformado. Tenía miedo por Draco, no era que le molestara su condición, era fascinante, increíble y hasta hermoso, pero no podía dejar de temer… de preocuparse y mucho. Y por otro lado el haber aceptado la negociación con Voldemort, negociación que no podían cumplir.

- ¿Estas cansado? – Le preguntó, llevaban volando alrededor de dos horas.

- No. – Le contestó Draco.

-¡¿Y tú Harry?! – El ave fénix dio una pirueta en el aire y retrocedió para escucharlos. - ¿Estas cansado?

- Por supuesto que no.

- Pues yo sí, gracias Hermione. – Dijo Ron, molesto a su espalda. Hermione giró la vista y con ella matándolo.

- Que lastima… - Dijo sin ninguna emoción en la voz. Le repateaba que Ron se pusiera así, tal vez había sido la peor manera de saberlo, pero tampoco había sido culpa de Harry. Habían sido las circunstancias. Hermione sintió un movimiento repentino y brusco.

- Perdón – Dijo Draco –, Están bajando. – Harry iba en picada, tras Lupin y Dumbledore. Draco sobrevoló lo más lento que pudo, a Hermione no le gustaban las alturas y las velocidades. Un grupo de personas estaban espaciadas abajo. Buscó un lugar vació y aterrizó no mejor que la ultima vez. Ron estuvo a punto de caer, pero Draco alzó un ala y le pegó en la cabeza, luego resbaló por ésta, seguido de Hermione. – Lo siento. – Dijo de nueva cuenta.

La orden estaba ahí, en pleno, su madre, su tía, hasta Goyle. Mirándolos, mirándolo a él bajo la luz de las antorchas y varitas encendidas. Era un alivio que su piel plata no se tornara a rojo.

- ¡Magnifico! – Dijo Moody adelantando un pie. – ¡Magnifico! – Llegó hasta él. – ¡Éste es, posiblemente, el único Dragón que se deja montar por su propia voluntad! – Y le soltó unas palmadas a los costados. Draco no pudo evitar arrojar humo por las fosas nasales y el humo le dio en plena cara a Moody. Todos rieron. Draco quería quemarlo, pero el pobre hombre ya estaba tosiendo.

- No le veo la gracia. – Dijo una voz arrogante. Una persona encapuchada se acercó a ellos. Un mortifago. Se descubrió el rostro y Blaise Zabini dijo – Eres una bestia Draco. – Moody caminó enojado hasta él, olfateándolo y riñéndolo. – Calma – Dijo el chico con sorna. –, traigo un mensaje del Lord. – ¿Cómo era posible? Se suponía que no sabía del ataque. – Quiere que Snape sepa que no tendrá clemencia con él, ni con ninguno de vosotros.

- Jamás creí que estuvieras tú también implicado – Dijo Snape, indignado.

- Sucio traidor. – Siseó Blaise.

- No me faltes al respecto, soy tu profesor.

- ¡Lo eras!

- Severus… - Calmó Dumbledore, y miró tranquilamente a Blaise. - ¿Hay algo más? – Zabini comenzó a soltar una risilla nerviosa, que se fue incrementando.

- Sí – se encaminó hasta Ron. – Tú me debes una comadreja. - Y dicho esto le lanzó un cruciatus.

El cuerpo del pelirrojo se lanzó hacia atrás, y antes de que alguien hiciera algo por detener a Blaise, regresó como un blanco unicornio y lo pateó. Blaise gritó, cayó y la tierra se comenzó a quebrar bajo sus pies. Draco intentó elevarse en el aire, pero no pudo. Perdió el vuelo y su peso hizo que la tierra se precipitara sin remedió como caen las arenas movedizas. Escupió fuego y sacudió la cola arrastrando a Blaise. Lo último que supo fue que era otra vez él y que ya no había luz.

...

...

Nos queda uno, y algo más. Esta pobre escritora espera sus RR.

Ailad.