Capítulo 26: Los nueve y el paso del tiempo

Flash back

Ithilwen aún estaba intentando asimilar todo lo que acababa de escuchar. Las cosas por las que había pasado ese chico… eran mucho para alguien tan joven; y sin contar el hecho de que parecía no haberle contado todo, como si él se hubiese callado algunas cosas que no quería mencionar.

Lo más increíble era que a pesar de todo él era muy humilde y modesto; pues todo el rato había estado mencionando que obtuvo la ayuda de algún amigo, sobre todo de Hermione Granger Ron Weasley. Aunque le resultaba raro la cara que ponía cada vez que los mencionaba… bueno, más que la cara era su mirada, ya que las veces que los había mencionado, que no habían sido pocas, sus ojos se habían oscurecido y habían reflejado cierto dolor. Casi diría que él se sentía ahora mismo como si ellos le hubieran dado la espalda.

Cuando acabó de contar su historia (o al menos una parte de ella) ella pudo comprender porque sus ojos mostraban tanta madurez. Ese chiquillo se había visto obligado a madurar antes de tiempo para sobrevivir. Se fijó en la expresión de dolor, soledad y tristeza que portaban.

- Perdiste a alguien recientemente, ¿me equivoco?

Harry la miró sorprendido.

- ¿Cómo lo sabes?

- Tus ojos me lo dicen. Veo en ellos la misma soledad y el mismo dolor que hubo en los míos cuando a mi padre le llegó su hora.

Harry se quedó en silencio un momento antes de volver a hablar.

- En junio, cuando fui al Ministerio y Voldemort fue descubierto por los aurores… murió mi padrino. Ese que dije antes que Hermione y yo rescatamos en mi tercer año… Voldemort me indujo un falso recuerdo a través de la conexión que compartimos en la que lo había capturado y yo fui tan tonto como para creerlo. Al ir allí caí en una trampa y él vino a rescatarme junto con los demás. Murió en el intento… -le cayeron un par de lágrimas al recordarlo-. Fue mi culpa.

- No. No fue tu culpa. Él era lo último que tenías relacionado con tus padres según me has dicho… La última familia que te quedaba. No había forma de que no hubieras ido. Si yo hubiese estado en tu lugar habría actuado de la misma manera…

- ¿En serio?

- Sí… Habría ido, aunque seguramente hubiera sido más discreta. No puedes evaluar tus acciones pasadas con la información que posees ahora. Lo que te tienes que preguntar es: ¿en aquel entonces y sabiendo lo que sabías te arrepientes de lo que hiciste? Olvida lo que ocurrió después. Imagínate que ahora mismo te informan de que han secuestrado a uno de tus amigos. ¿Irías a rescatarlo? ¿Y si sólo fuese una trampa? ¿Pero y si no lo fuese? ¿Te arriesgarías sin tener más datos? No sabemos que nos depara el futuro, tan sólo podemos aprender de nuestros errores e intentar hacerlo lo mejor posible.

Se quedaron ambos en silencio de nuevo, mientras Harry masticaba sus palabras. Después asintió.

- Tienes razón. Es por eso que ahora me estoy entrenando, para no cometer los mismos errores y no depender otra vez de otros para salir vivo de una situación. Es por eso que busqué a alguien que me ensañara a sobrevivir.

- ¿Y encontraste a alguien?

- Sí, a Berengar. Él es el que me ha ayudado a mejorar tanto en poco tiempo, el que me ha traído aquí.

- Berengar… -murmuró Ithilwen pensativa-. He oído hablar un poco de él a mi padre en una ocasión. Me había mencionado que los pocos elfos que lo conocían lo admiraban por su determinación de viajar en busca de nuevas cosas que aprender. Pocos lo conocen, sólo alguno de los consejeros más importantes. Lo único que sé es que es bastante viejo, incluso para un elfo.

- Bastante –concordó Harry-. Me dijo que le gustaba vagar por el mundo aprendiendo cosas y buscando gente que mereciera compartir sus conocimientos –en su cabeza se repitió las últimas palabras de Ithilwen y le surgió una duda-. ¿Dijiste que era bastante viejo incluso para un elfo? ¿Qué quieres decir con ello?

- Los elfos somos muy longevos, aunque no inmortales –explicó-. Normalmente vivimos entre 400 y 500 primaveras, aunque no es una medida muy fiable para nosotros. Hay casos de algunos que llegaron a las 600 e incluso a las 700. Por eso la edad no nos importa mucho. Se podría decir que nuestra edad viene determinada por nuestro nivel de madurez.

- ¿Cómo es eso? –preguntó Harry intrigado y olvidándose del triste tema del que había estado hablando, tal y como era la intención de Ithilwen.

- Una vez que alcanzamos la madurez nuestros cuerpos cambian muy lentamente, y sólo según nuestro nivel de madurez. El mayor número de cambios suceden en nuestra juventud, pero es algo más lento que si lo comparas con un niño humano. Un elfo después de nacer crece lentamente más o menos hasta sus 15 o 16 primaveras. Puedes llamar a esa etapa su infancia, que para los humanos abarca normalmente sus primeras 10. A esa edad normalmente su mente ha madurado ya lo suficiente como para que su cuerpo empiece a desarrollarse por completo, es decir, pasar de niño a adulto.

- La pubertad –resumió Harry-. Supongo que dura hasta los 13 o 14 años en nosotros…

- Más o menos. En nuestro caso suele ser hasta las 21 o 22 primaveras. A partir de entonces entramos en lo que llamamos "etapa de fertilidad".

- ¿A qué te refieres?

- Las elfas no somos tan fértiles como las mujeres humanas. De hecho es muy raro que una elfa quede embarazada. Durante unas diez primaveras nuestro cuerpo se encuentra en su mayor época de fertilidad. Ocurre lo mismo con las humanas, en el momento en que sus cuerpos alcanzan la madurez es la época en la que más fértiles son.

- Yo… yo apenas sé sobre esas cosas –murmuró Harry algo sonrojado por el tema, lo que hizo sonreír a Ithilwen por lo tierno que el pelinegro se veía.

- Aún así son pocas las elfas que deciden tener hijos durante esa época. La mayoría prefiere encontrar primero a su pareja; y como no es común encontrar a tu alma gemela tan pronto lo normal es realizar más adelante algún ritual de fertilidad para aumentar las posibilidades.

Harry no dijo nada. Aún seguía algo sonrojado por el tema.

- En el caso de los elfos sucede algo parecido. Tampoco son tan fértiles como vosotros los humanos, pero al contrario que nosotras ellos tienen más de una época de fertilidad, aunque la más fuerte es la primera.

- Y… ¿y qué pasa después de esa etapa?

- Pues no mucho más. A partir de entonces nuestros cuerpos apenas cambian. Para vosotros nos veríamos como personas de veinte o veinte y pocos.

- Eh… ¿y tú…? ¿Tú cuántos años tienes? –preguntó Harry titubeando un poco, pero entonces se sonrojó otra vez y rápidamente añadió-. No, no respondas. Siento la pregunta, no quería ser indiscreto.

Ithilwen escondió una pequeña risa.

- Tengo 24 primaveras. Para un humano eso es equivalente a tener 16 o 17 años… Más o menos tu edad. Ahora yo estaría en esa etapa de "fertilidad".

Ante esas palabras Harry se sonrojó aún más, lo que provocó la ligera risa de la elfa. A ella esa imagen le resultaba muy tierna, y estaba provocando que la calidez que había sentido antes aumentara; unida a unas mariposas en el estómago…

Fin flash back

Para alivio de Harry por fin llegó la noche. Con Hermione en la sala de Menesteres no había podido entrenar seriamente, así que había tenido que irse con ella poco después.

Cuando se encontraron con el pelirrojo, éste prácticamente se le pegó como una lapa. Parecía haber decidido acaparar su compañía, así que después de rechazar (un poco groseramente a opinión de Harry) estar con Hermione, se pasó el día relatándole una y otra vez los detalles de su cita con Hermione en un intento de ver sus celos.

Efectivamente Harry sintió celos, pero los ocultó tan bien que Ron se frustró al creer que al pelinegro realmente le daba igual si salía con Hermione o no; y estaba empezando a preguntarse si no le gustaría entonces alguna otra chica…

Pero gracias a Dios Harry pudo descansar del pelirrojo un rato después de comer, cuando de vuelta a la sala común Luna los interceptó, consiguió "secuestrarlo" y llevárselo al bosque para que viera sus progresos en su adiestramiento.

La verdad es que estaba sorprendido de lo en serio que ella se lo estaba tomando. Su esfuerzo superaba con creces al del año pasado con el ED.

Pero no se lo mencionó, simplemente intentó darle más caña. Hasta ahora sólo hacían ejercicio, y cuando empezara a acostumbrarse al ritmo esperado él le daría las primeras prendas que John le había dado, las de 25 kg, para que las llevara en todo momento por debajo de su propia ropa.

Al igual que habían hecho con él, estaba intentaba mejorar la agilidad y los reflejos de la rubia. Cuando ella pudiera realizar todos estos ejercicios mucho más fácilmente podría pasar a cosas más avanzadas. Pero aún faltaba para ello ya que tampoco podía dedicarle tanto tiempo a esto como le había dedicado él en su momento; pero al menos esto era algo que Luna podía practicar sola, dejando a Harry la mayor parte de su tiempo libre.

Esa noche Berengar no fue a entrenar con él, por lo que Harry supuso que o aún no había vuelto o estaba ocupado con alguna otra cosa.

Llegó el lunes, y el único acontecimiento de importancia sucedió a la hora del desayuno.

Como se estaba haciendo costumbre, eran Harry y Hermione los únicos de su curso que estaban levantados y desayunando. Ron siempre se levantaba casi en el último minuto y luego le reclamaba a Harry por no haberlo despertado. Él simplemente ya se había cansado de ello e ignoraba el comentario, cosa que parecía no molestar a Ron al estar más preocupado por el desayuno…

Pero bueno, esa mañana pasó algo peculiar. Como todos los días Harry se sirvió un poco de zumo, pero al beberlo sintió un dolor en la garganta; exactamente igual al que sentía cada vez que tomaba una poción tóxica, pero esta vez el dolor era mucho más leve.

Antes de poder pensar en ello entró Ginny en el gran Comedor. Y Harry sintió de repente cierta atracción hacia ella. Poca, pero definitivamente más de la normal (siendo normal = ninguna). Por supuesto él no era tonto y ató cabos: Alguien le había echado en el zumo una poción de amor. Lo que le resultaba curioso era que su efecto fuera tan mínimo que le permitiera darse cuenta. ¿Lo normal no sería sentir una atracción mucho mayor? Apenas se sentía tentado de girarse a ver a la pelirroja…

Aunque claro, quizás una poción de amor era una especie de veneno que afectaba al cuerpo de una forma específica… y él ahora era resistente a los venenos. Probablemente por eso había sentido parte del dolor que siempre sentía cada vez que ingería alguna poción tóxica.

¿Quién había sido el autor? ¿Ginny? No, ella había llegado más tarde; y era imposible que le hubiese pedido a Hermione que lo hiciera ella porque no había perdido de vista el zumo desde que lo pidió. Después de todo era él el único que bebía zumo de naranja… Tuvo que venir así desde las cocinas, y para que los elfos hicieran eso tuvo que ordenárselo…

Miró de reojo a la mesa alta, dónde Dumbledore estaba mirando hacia él. Por supuesto. Tenía que haberlo previsto. Cogió el vaso y se bebió el resto del zumo, provocando que el director sonriera y volviera a mirar hacia otro lado. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Dejarlo estar? No… el efecto podría acumularse con otras que le pondrían para asegurarse… ¿Debía comprobar entonces a partir de ahora todo lo que comiera o bebiera? Pero eso haría que Dumbledore le prestara aún más atención al no beber la poción como él quería. ¡Maldita sea! Tendría que seguir bebiéndola durante el tiempo que se la dieran. ¿Pero cómo haría entonces para no caer ante su efecto?

La solución no tardó en llegar. Durante el verano había estado practicando Pociones y haciendo antídotos contra pociones de amor, ¿no? Era el momento de comprobar si de verdad funcionaban…

Y si quería mantener un perfil bajo ante el director tendría que fingir cierto interés ante la pelirroja… Se giró hacia ella y observó como ella lo estaba mirando, y al ver que él también la miraba le lanzó una sonrisa coqueta. Desvió la vista de nuevo. Vale, podría fingir cierto "interés", pero sin pasarse. No le interesaba para nada esa pequeña presumida y celosa que a su entender sólo estaba detrás de él por interés o por obsesión.

Al acabar de desayunar volvió rápidamente a su habitación, donde cogió una de sus propias pociones y la ingirió. Para su alivio notó como efectivamente cualquier efecto que había tenido en él lo que sea que le hubieran dado desaparecía, incluyendo esa atracción por la pelirroja. ¡Uf, menos mal!

El resto del día pasó más o menos rápido, clases, un rato con sus "amigos" y ratos libres que utilizó para meditar y recargar las pilas. Por la noche fue a la Cámara Secreta y para su alivio (y al mismo tiempo su confusión) Berengar ya estaba allí.

- ¿Cómo bajaste a la Cámara? –preguntó curioso, puesto que Berengar no sabía hablar pársel.

- Yo no necesito saber hablar pársel para entrar –explicó con un amago de sonrisa-. Después de todo tengo mis trucos. Mi único problema anteriormente es que no conocía la ubicación de la entrada.

- … de acuerdo. ¿Entonces pudiste encontrar a los otros?

- Sí, y aunque resultaron ser algo cabezotas conseguí convencerlos para que se marcharan a Ávalon. ¿Tienes ahí ese pergamino que dijiste que menciona a los Mastercrow?

- Eh… sí, espera –cogió la mochila y sacó de ella la hoja de pergamino-. Toma.

Berengar lo examinó, y sus ojos se abrieron como platos de la sorpresa que se llevó.

- ¡Las pócimas de Valpantiel! ¡Se creían perdidas!

- ¿Valpantiel?

- Fue una elfa muy anterior a mi época, de hace unos 20.000 años. Fue la primera que realizó un viaje mental a otro mundo. Gracias a lo que aprendió en su viaje consiguió crear estas pócimas.

- ¿Viaje mental? ¿Cómo el que hice al tomar la Vista de Espanto?

- Sí. De hecho la Vista de Espanto es una de las primeras que creó. El resto son mucho más peligrosas y muchos murieron al tomarlas sin estar lo suficientemente preparados; por eso ella las clasificó para usarse en diversos niveles de entrenamiento. Vista de Espanto fue la más usada, pues es la que exige mucho menos por así decirlo. Digamos que es la de nivel básico y para aprendices. Ese es el motivo por la que es la única que aún perdura hasta hoy.

- ¿Sólo esa?

- Sí, es la única de la que aún se tienen registros… Aunque bueno, a lo largo de mi vida yo conseguí encontrar viejas partes de otras dos… ¡pero aquí aparecen mucho mejor explicadas! –miró a Harry antes de decir sinceramente-. Eres alguien muy afortunado, Harry.

- Gracias… ¿Sería entonces bueno prepararlas?

- En un futuro quizás. Pero ahora es demasiado pronto para ti. De hecho cada poción traer la recomendación del poder o habilidades que se aconseja tener antes de poder tomarlas… ¿Quieres que te traduzca el pergamino?

- ¿No te molesta?

- Para nada. Has sido tú el que posee las recetas, por lo tanto tienes derecho a entender lo que pone.

- De acuerdo. Gracias.

- Y de paso… ¿te importaría que preparara una de ellas para mí? –preguntó con un tono que a Harry le parecía el de un niño pequeño que está escribiendo la carta a los reyes magos (o a santa Claus)-. Sería una gran oportunidad para aprender nuevas cosas.

- Claro –respondió Harry.

- ¡Estupendo! –exclamó entusiasta antes de calmarse un poco y volver a su seriedad habitual-. Bueno, ¿tú que tal vas con los otros pergaminos?

- Es cierto… -sacó de la mochila la receta de la poción del lobisome que Luna había traducido y se la dio-. Al parecer para localizar los otros cristales necesito la ayuda de un lobisome, y para ello he encontrado esta poción; pero los ingredientes no los conozco. Me preguntaba si podrías ayudarme con ello.

Berengar cogió el nuevo pergamino y lo examinó.

- Son nombres muy antiguos… No te preocupes, yo me encargo de conseguirlos y hacer la poción. Con suerte la tendrás lista antes de Navidad. Comprenderás que después de lo que ha ocurrido deberás concentrarte aún más en el entrenamiento. Ya has perdido una mano, la próxima vez puede ser la vida.

Harry asintió seriamente antes de ponerse manos a la obra.

Empezó el siguiente paso del entrenamiento. Ahora que el pelinegro había conseguido realizar con éxito la proyección astral; la siguiente tarea, tal y como le había explicado anteriormente Berengar, era alimentarla con su propia magia para que dejase de ser una proyección y se convirtiese en una copia independiente suya.

Durante los siguientes días esa fue su máxima prioridad. De hecho Berengar dejó de enseñarle cualquier otra cosa y le obligó a concentrarse en esa tarea. Lo único que podía (y debía) hacer Harry por su cuenta era más ejercicio físico pues era lo único que nunca debía dejar de hacer. Y esos eran los únicos momentos en los que Harry aprovechaba de entrenar al mismo tiempo a Luna.

Pero por lo menos Berengar había tenido razón en una cosa. La poción 'Vista de Espanto' le estaba ayudando mucho en su tarea. Cada vez era capaz de sentir con mayor fuerza el entorno del lugar dónde estaba su cada-vez-menos proyección.

Ahora los únicos momentos en los que él podía seguir estudiando, aprendiendo y desarrollando sus habilidades mágicas eran durante las clases de DCAO, la cual seguía siendo bastante popular entre la mayoría.

Una de las más interesantes ocurrió cuando una de las chicas de Ravenclaw le hizo la pregunta cuya respuesta muchos estaban deseando saber, por mucho que lo negaran.

- Profesor. ¿Cuántos años tiene?

Esta chica en concreto era una de las que tenían un pequeño enamoramiento por el profesor Wermint, ya que era bastante atractivo a pesar de ser mayor. Berengar la miró a los ojos e intuyó el porqué de la pregunta.

- Depende.

Esa respuesta confundió a todos sus alumnos.

- ¿A qué se refiere? –preguntó otro alumno incapaz de estar callado debido a la enorme curiosidad que sentía.

- ¿Sabéis que todos tenemos tres edades distintas que nos definen? Cada uno de vosotros tiene una edad física, una edad mental y una edad mágica; cada una referente a una parte importante e indispensable de todos nosotros: Nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestra magia. Decidme, ¿alguno de vosotros ha leído algo sobre este tema?

Muy pocos alzaron la mano, pero entre ellos (por supuesto) Hermione.

- ¿Qué sabe usted, señorita Granger?

- Las tres edades están muy relacionadas. La edad mental es la que indica el nivel de madurez de una persona y puede aumentar o retroceder según el ambiente en el que viva. La edad corporal obviamente es la del cuerpo, que varía según los cambios que sufre el cuerpo. No sólo el crecimiento y envejecimiento naturales, también con el uso de pociones de rejuvenecimiento o de envejecimiento u hechizos que mantenga el cuerpo joven; aunque ninguno dura eternamente. La edad mágica es la única que se podría decir que es la verdadera edad de uno.

- Correcto –afirmó Berengar-. Pero se le olvida de una cosa muy importante que afecta a nuestros cuerpos. Y es nuestra propia magia. Nuestra magia, sin la intervención de pociones u hechizos, puede acelerar u ralentizar el envejecimiento natural según nuestras edades mágica y mental. Por ejemplo: ¿cuál creéis que es la edad de la señorita Granger?

Todos miraron hacia ella, que se sonrojó por la repentina atención.

- Hermione tiene 16 años –respondió Ron celoso de la atención que ella estaba recibiendo.

- Mentira –corrigió Harry rápidamente-. Tiene 17.

- Comprobémoslo. ¡Ages magicum!

Un rayo salió de su varita y entró en el pecho de Hermione. Unos segundos más tarde volvió a salir y encima de su cabeza apareció en letras verdes: 17.

- Tal y como ha dicho el señor Potter la señorita Granger tiene 17 años –dijo provocando que Ron mirara enfadado a Harry por haberle corregido y por llevar razón-. Este es el hechizo que en el Ministerio utilizan para comprobar la edad de todos los menores de edad. Sólo indica la edad mágica y es imposible de engañar. Ahora bien, ¿queréis saber su edad corporal?

Muchos asintieron curiosos.

- ¡Ages di corpus!

Otro rayo salió de su varita e hizo exactamente lo mismo de antes, sólo que ahora el color era dorado. El número que apareció ahora sobre su cabeza fue el 16.

- Como aún sois adolescentes muchos de vosotros aún estáis creciendo, sobre todo los que tienen o han tenido un desarrollo tardío. Me atrevería a afirmar que la señorita Granger se encuentra entre ese grupo. Seguramente en unos meses la edad de su cuerpo será la misma o ligeramente superior a su edad mágica –hizo una pequeña pausa para que todos asimilaran lo que estaba diciendo-. ¿Queréis saber su edad mental?

No esperó a que respondieran y lanzó un último hechizo.

- ¡Da ages mentallis!

El último rayo, ahora azul, salió de su varita. El número resultante no pareció sorprender a nadie: 21.

- Esto demuestra que la señorita Granger es bastante madura para su edad. ¿Algún otro voluntario?

Un par de personas levantaron la mano y Berengar les lanzó los hechizos, determinando que sus tres edades eran prácticamente las mismas, siendo la mental un poco más baja que las otras (cof-cof-inmaduros-cof-cof). Por último una de las chicas de Ravenclaw preguntó por Harry.

- ¿Quieres saber la edad de Potter?

- Sí. Este año parece mucho mayor que el año pasado y tengo curiosidad…

Todos miraron ahora a Harry, quién se sintió ligeramente incómodo.

Berengar le lanzó el primer hechizo, y como todos esperaban su edad mágica marcaba 16 años. La primera sorpresa llegó cuando como edad del cuerpo apareció 19.

- ¿Lo veis? Este es un ejemplo de lo que he dicho antes. La propia magia del señor Potter ha acelerado su crecimiento y como resultado se ve como un muchacho de 19 años en vez de uno de 16.

Todas las chicas del aula pensaron que con razón Harry se veía tan atractivo, su cuerpo estaba un par de años más crecido y desarrollado que el de sus compañeros. Y todas lo vieron con miradas algo lujuriosas.

Hermione, al captar esas miradas hacia el inocente de su amigo, no pudo evitar sentirse celosa.

- ¿Y cuál creéis que es su edad mental?

Nadie se atrevió a responder, excepto Ron que murmuró por lo bajo: "5 años, por supuesto. Después de todo es un niño rico y malcriado que siempre quiere tener razón…". Pero claro, a eso no se le llama respuesta.

Berengar no se hizo derogar y lanzó el último hechizo.

- ¡Da ages mentallis!

El rayo azul salió de su varita y como con los demás entró en el pecho del alumno en cuestión. El número resultante ocasionó que todos abrieran la boca un poco sorprendidos: 24.

- Curioso… el señor Potter tiene una madurez superior a la normal a su edad. Seguramente es debido a los problemas que ha tenido que enfrentar a tan temprana edad.

Todos se quedaron en silencio mirando a Harry, quien no estaba muy a gusto ante toda esa atención. Pero gracias a Dios Ron, incapaz de soportar por más tiempo que le prestaran a Harry tanta atención, intentó desviar la atención.

- Profesor, usted aún no respondió la pregunta. ¿Cuántos años tiene?

- Supongo que mi cuerpo rondará por los treinta y tantos, y mi mente creo que últimamente la siento un poco anciana. Con respecto a mi edad mágica… no sabría decirlo con seguridad.

- ¿Por qué?

- Lanzadme el hechizo y lo comprobareis.

Hicieron lo que pidió y el resultado dejó a todos atónitos: DESCONOCIDO.

- Este hechizo lo que hace es comparar el núcleo mágico de la persona con la edad del propio hechizo. Este hechizo fue inventado hace poco más de 200 años, y yo soy un poco más viejo que eso.

- ¿Cuánto más viejo? –preguntó Selene con el ceño fruncido.

- Lo suficiente como para decir que desde mi punto de vista vuestro director me parece tan niño como vosotros.

Dejó la cosa ahí, pero rápidamente las habladurías se extendieron por el colegio. Pronto los rumores decían que el profesor Wermint había sido un buen amigo de Nícolas Flamel y él le había regalado suficientes piedras filosofales como para poder vivir mucho tiempo.

Claro está que los profesores no creyeron esos rumores. ¿Un hombre mayor al propio profesor Dumbledore? Pocos podían considerarse mayores que el director y los únicos que en verdad lo superaban eran Nícolas Flamel y su esposa.

Aún así Dumbledore se quedó muy pensativo con esos rumores. Después de todo todos los rumores tienen algo de verdad…

Otro acontecimiento de importancia durante los días fue la carta de Ithilwen. En ella le explicaba, tal y como le había pedido Harry, la historia de los nueve.

"Hace mucho tiempo, cuando la raza humana aún estaba aprendiendo a andar; los elfos éramos la raza más poderosa y numerosa que había por aquel entonces. Pero la envidia y la discordia reinaban entre nosotros, pues nuestro pasatiempo favorito era la guerra contra nosotros mismos. Éramos una raza joven e inmadura.

Pero como en todas partes había algunos que sólo querían vivir en paz. Eran felices con el estudio de la naturaleza, el trabajo diario, el desarrollo de la magia de aquel entonces y muchas otras cosas; y no querían tener que ver con la guerra si no era necesario. De entre todos surgió un grupo de 9 elfos que después de hablarlo por mucho tiempo decidieron hacer algo.

Visitaron aldea por aldea, pueblo por pueblo en busca de más como ellos que sólo quisieran vivir en paz. Reunieron a unos pocos, sobre todo mujeres y niños; y se marcharon a los bosques.

Allí formaron una nueva aldea dónde durante un tiempo consiguieron vivir en paz; pero pronto los otros clanes les declararon la guerra, enfadados por el hecho de que les hubieran quitado a algunos de los suyos. Los buscaron y los atacaron, provocando más muertes y que tuviesen que huir para salvar a los más pequeños.

Los nueve líderes, tristes, sabían que los otros clanes no les dejarían vivir en paz. Estaban desesperados y no sabían qué hacer, pues por mucho que meditaran buscando una respuesta esta no aparecía.

Pero un día la más vinculada con la naturaleza de ellos nueve logró hallar el verdadero vínculo con la naturaleza, y se hizo uno con ella temporalmente. Ésta, viendo la pureza del corazón de la joven elfa y escuchando sus súplicas le prometió su ayuda. Al salir del trance fue corriendo a contarles al resto lo que le había ocurrido y ellos, aunque algo incrédulos al principio, le hicieron caso por la genuina sinceridad y alegría que emanaban sus palabras.

Bajo sus órdenes hicieron el primer ritual de la historia. No se sabe en qué consistió, pues nunca se lo dijeron a nadie, ni siquiera a sus descendientes; pero les otorgó un gran don. Aunque cada uno vio aumentado su propia magia esto no fue nada comparado al poder que adquirieron conjuntamente. La naturaleza les había otorgado un poder especial a cada uno. Por separado no era nada especial, pero al estar cerca de alguno de los otros sus poderes aumentaban enormemente. Cuantos más de ellos, más poderosos se volvían individualmente. Los nueve juntos eran prácticamente invencibles.

Con ese nuevo poder partieron a la lucha, pues no les quedaba más remedio. Combatieron procurando atacar sólo a aquellos que les deseaban algún mal, sobre todo a los líderes de los clanes que los querían ver muertos. No querían dañar a nadie más si no era necesario.

Los supervivientes al principio estaban llenos de miedo por ese poder, pero después les suplicaron que se convirtieran en sus nuevos líderes y los dirigieran en la guerra hacia la victoria. Los nueve se negaron y respondieron que sólo querían vivir en paz. Que sólo lucharían para defender a los suyos si alguien les declaraba la guerra.

Muchos de ellos, temerosos del poder que poseían, quisieron seguirles para no tener que enfrentarse nunca a ellos. Pero ellos tampoco quisieron eso. No querían que trajeran sus ansias de guerra no saciadas con ellos por mucho que se refrenasen por miedo.

Ante esto, algunos les pidieron que a cambio de ser considerados neutrales se encargaran de la educación de sus hijos. Las razones por las que lo pidieron era para "mantenerlos ocupados" y de paso que sus propios hijos adquirieran parte de ese gran poder.

Después de meditarlo los nueve aceptaron con dos condiciones. La primera sería que sólo aceptarían a aquellos que tuvieran tres años, ni mayores ni más jóvenes. La segunda sería que no lo podrían volver a verlos hasta que fueran considerados adultos.

Así se generó un pacto y los nueves volvieron felices a los bosques. A partir de entonces todos los jóvenes elfos que cumplían 3 años abandonaban sus hogares para irse al pueblo de los nueve mientras que sus padres seguían jugando a la guerra. Llegó un momento en que eran tantos los niños elfos que los nueve decidieron que era el momento de separarse. Cada uno escogió a un grupo de jóvenes y partieron a distintas ubicaciones. Así se fundaron nueve nuevos clanes. Al principio era como una especie de escuela. Todos los niños nuevos debían viajar a la primera aldea que fundaron los nueve (y la única cuya ubicación era conocida) y desde allí se les enviaba a junto de un maestro u otro según sus habilidades.

Pasó el tiempo lentamente, y mientras que los clanes de los nueve aumentaban de tamaño, los restantes que había disminuían por culpa de las constantes guerras que no querían detener. Claro está que llegó el momento en que comprobaron que sus propios números eran alarmantes y no podrían continuar luchando mucho tiempo más sin más gente. Por lo que buscaron a sus hijos con la esperanza de que trajeran con ellos aquel poder desplegado hacía ya tanto tiempo atrás. Pero ellos habían sido educados para rechazar la guerra. Sus metas eran entrenar para luchas deportivas entre ellos; buscar conocimiento, armonía y sabiduría; investigar y desarrollar cualquier cosa que quisieran, como la magia, el cuidado de las plantas, la medicina, música, arte… Por lo tanto cuando sus padres los buscaron ellos los rechazaron. Todos los que acababan su aprendizaje básico, eran declarados adultos y se les daba la opción de volver a sus hogares preferían quedarse y asentarse definitivamente en uno de los 10 clanes de los nueve. Eran felices allí.

Claro está que sus padres no se lo tomaron bien y en su rabia los atacaron. Pero si algo era seguro es que el aprendizaje al que habían sido sometidos sus hijos había sido más largo y más estricto que el de ellos, por lo que eran más fuertes y pudieron rechazarlos sin problemas.

Los pocos elfos que quedaban que no formaban parte de los nueve habían sido condenados por culpa de esto a la extinción; el número de ellos era demasiado pequeño y al ser tan poco fértiles les era prácticamente imposible concebir suficientes hijos nuevos a los que criar ellos mismos y poder continuar con sus costumbres y su estilo de vida.

El resultado fue que al cabo de un tiempo ya sólo quedaban en el mundo los diez clanes de los nueve.

Con respecto a ese poder que los nueve poseían, nunca desapareció. Lo estudiaron y aprendieron a aprovecharlo para mejorar sus propias habilidades. Cuando tuvieron hijos sintieron en ellos no poseían ningún poder especial. Al parecer no lo habían heredado. Pero cuando a uno de ellos (los padres) le llegó su hora, su hijo pareció adquirir el poder que su padre había poseído. El resto supuso que al morir su esencia pasaba a sus descendientes.

Por lo tanto si alguna vez alguno de los descendientes de los nueve llegaba a morir sin haber tenido hijos, uno de los otros descendientes podría absorber la esencia de ese descendiente y pasársela a otro de sus hijos (uno que no estuviera destinado a recibir ya la esencia del padre). De ese modo siempre habría nueve de ellos para protegernos en caso de necesidad."

Después de leer esto Harry entendió la razón por la que Berengar estaba tan preocupado por la muerte de los nueve. Si el Rolbragt robaba la esencia de todos ellos… según esta historia su poder sería inimaginable.

Se acercaba diciembre rápidamente y Dumbledore estaba entre disgustado y contento.

Por un lado estaba contento porque había observado como Harry empezaba a mirar más a la pequeña Weasley. Eso estaba bien, las pociones estaban haciendo efecto y provocando que el interés del joven por la pelirroja aumentara. De hecho ya había empezado a dejar de preocuparse por Harry y les había ordenado a los elfos que todas las mañanas le dieran más poción mezclada en su zumo sin necesidad de informarle a él. Ya no necesitaba prestar atención a ello.

Por otro lado estaba disgustado por Gabriel y por Voldemort. Gabriel parecía haber desaparecido del mapa. Lo único que había averiguado sobre él había sido por la breve nota que éste le había enviado a Remus diciendo que estaba bien y que le contactaría cuando pudiese. ¿Dónde diablos se había metido? Fuera el que fuera el lugar debía estar muy bien protegido y oculto para que ni aurores, ni mortífagos ni la Orden lo encontraran. Si Gabriel había sido el que puso esas protecciones sería un aliado aún más útil de lo que pensaba…

Y Voldemort… le preocupaba demasiado lo tranquilo que estaba. Su instinto le decía que estaba él esperando a la caída de Fudge para causar el mayor caos posible… ¿Cómo prevenirlo?

Otra preocupación se le unió a las que ya tenía cuando en la última semana de diciembre tuvo otra charla con el ED.

- ¿Harry no se ha apuntado todavía al torneo? –preguntó Dumbledore.

- No. Después de hablar sobre ello dijo que no quería.

Esa frase alarmó a Dumbledore.

- ¿Cómo que no? ¿No lo convencisteis?

- Lo intentamos –explicó Ron enfurruñado por el hecho de que ahora Harry nunca le hacía caso-, pero es muy terco. Dijo que sólo se apuntaría si participaban también los profesores.

El director abrió los ojos sorprendido, pero luego sonrió por la inteligencia del muchacho. Quería que le resultara lo más duro posible.

- Apuntadlo de todas maneras. Una vez que se escribe un nombre en las listas es obligatorio participar.

Y ellos, claro está, hicieron lo que les pidió; o al menos lo intentaron. Decenas de veces escribieron su nombre en la lista pero este desaparecía siempre. Lo intentaron incluso con las listas de las otras salas comunes (menos la de Slytherin claro está), pero el resultado era el mismo. Así que la semana siguiente volvieron a reunirse con el director derrotados.

- ¿Cómo es eso? –preguntó Dumbledore en apariencia calmado pero por dentro incrédulo.

- Por mucho que lo apuntamos en la lista su nombre desaparecía una y otra vez. Lo intentamos apuntar en las listas de Ravenclaw y Hufflepuff, pero el resultado era idéntico.

- … muy bien. No os preocupéis más por ello. Me encargaré de apuntarlo yo en una de las listas que les dieron a los profesores.

Y tal y como dijo lo intentó, pero se quedó de piedra al obtener el mismo resultado que el ED le había descrito.

Draco estaba furioso. Desde que había empezado el curso Potter lo estaba ignorando completamente. Y eso, de todo lo que le había hecho hasta el momento era lo que más rabia le daba. ¿Cómo ese estúpido se atrevía a ignorarle? A él, un Malfoy, una de las pocas familias que quedaban de sangre limpia.

Se había pasado las últimas semanas buscándolo e insultándolo todo lo posible, pero nada de lo que dijera parecía afectarle. No era capaz de obtener esa satisfacción, que era lo que más había disfrutado durante los años anteriores y se estaba desesperando.

Ni siquiera molestar e insultar a la sangresucia Granger le reportaba satisfacción. Si no estaba Potter cerca para enfadarse por ello y defenderla no tenía gracia. ¿Después de todo qué le importaba a él, un Malfoy, una sangresucia? Quién merecía humillación era el cararrajada, ella no merecía su atención siquiera.

Pero lo que más le molestaba era que ese maldito ya no tuviera clase de pociones. En esa clase siempre había disfrutado de como el profesor Snape lo humillaba y lo castigaba sin razón. Pero ahora eso se había acabado desde que Potter había abandonado la clase.

Había incluso enviado varias cartas a su padre quejándose de esa falta de atención que estaba sufriendo para que él la corrigiese de alguna manera; pero curiosamente no había recibido ninguna respuesta. Suponía que el señor Oscuro lo tenía ocupado en algo, pero esperaba recibir una respuesta pronto. No podía seguir más tiempo siendo ignorado de tal manera.

Lo que él no sabía era que el profesor Snape estaba teniendo pensamientos parecidos a los suyos.

También odiaba que Potter hubiera abandonado sus clases, pues aunque no quisiera admitirlo había estado muy contento de aceptarlo este año y el siguiente con tal de poder seguir molestándolo.

Porque quizás había jurado ayudar a proteger al hijo de Lily Evans, pero eso no significaba que no pudiera hacerle la vida imposible al hijo de James Potter. Y eso había hecho los últimos seis años, hacer de su vida un infierno. Había sido su pasatiempo favorito, molestarle, insultarle y que él no pudiera defenderse por ser él un profesor.

Que placer había encontrado en ello. Una manera de desahogarse de todo lo que le había hecho su padre. Le había resultado siempre muy fácil hacerlo por lo débil que era la mente del joven. Sabía que sus defensas mentales eran tan débiles por culpa de todos los maltratos que había recibido el chico de joven, pero le daba igual. ¡Qué mejor castigo para James Potter que el sufrimiento de su hijo!

Al principio había empezado por el parecido que tenía el muchacho con su padre; pero a medida que pasaba el tiempo se había enfurecido más con él por justamente no ser como su padre. Odiaba que no se portara mal y no poder tener razones para castigarle. Así que había descargado ese odio en él para hacerle sufrir más.

Pero este año todo había cambiado. Ya casi nunca lo veía y cuando lo hacía no era capaz de molestarlo. Se había fijado en que parecía estar evitando todo lo posible encontrarse con él o con el joven Malfoy. ¿Pero desde cuándo un Potter rehuía el enfrentamiento con un Slytherin? Ni siquiera él, por muy bien que se portara, había sido capaz de no enfrentarse al inmaduro de Draco. ¿Así que desde cuándo era lo suficientemente maduro como para no dejarse molestar por ellos?

Y por encima de todo, ¿cómo había adquirido esas defensas que había encontrado cuando realizaba en él su legeremancia pasiva? Él había pasado el año anterior asegurándose de que no las tuviera, dándole indicaciones incorrectas para que tardara mucho más tiempo de lo normal en conseguirlas. ¿Cómo diablos entonces las había adquirido?

Había ido a preguntarle al director sobre ello, pero él le había respondido que Sirius le había regalado un libro antes de su muerte para que practicara en verano y que según Harry contenía los pasos básicos necesarios para aprender, y que sin ellos se necesitaba muchísimo más tiempo. ¡Maldito fuera ese asqueroso chucho! Con esas malditas bases Potter podía defenderse decentemente de su legeremancia pasiva. Ahora la única manera que tenía de pasar por esas defensas y leer su mente era con un ataque directo y con varita, pero no podía ser tan directo.

Tenía que prestarle más atención a partir de ahora, y quizás hacer más guardias para encontrárselo. Ese mocoso parecía estar teniendo una temporada libre de problemas, pues en ninguno de los que habían sucedido hasta el momento había estado él cerca. Tendría que buscar algo para castigarle y poder pasar más tiempo atormentándole.

Harry y Hermione estaban, como todas las mañanas, desayunando los dos solos (es decir, sin Ron) en el Gran Comedor. Ron no llegaría hasta que faltaran diez minutos para las clases.

Cuando Harry estaba acabando de desayunar aparecieron las lechuzas con el correo. No les prestó atención hasta que una se acercó hacia ellos. Entonces se fijó y la reconoció.

- Hermione, creo que tienes correo –dijo señalándosela.

Hermione alzó la vista de su desayuno y observó a la lechuza. Enseguida la reconoció como la que había elegido para enviarle un mensaje a Gabriel. Desató la carta y la leyó:

Querida Hermione,

En primer lugar siento el retraso. Últimamente me es imposible enviar correo sin levantar sospechas, pues debo estar la mayor parte del tiempo disfrazado para no ser reconocido. No quiero ser encontrado o descubierto porque eso me daría más problemas de los que ya tengo.

Debo decir que no tienes nada de qué disculparte. Siento haber sido tan grosero con mis palabras, pero el dolor que sentía en aquel momento no me dejó pensar racionalmente. Sé que tienes parte de culpa por lo que ocurrió, pero yo no te guardo rencor alguno. Tú no sabías lo que iba a pasar cuando actuaste, y lo que ocurrió después fue mi elección, no la tuya.

No puedo decir que sepa o entienda bien como te sientes, pero creo que Potter es quien mejor te puede comprender con lo ocurrido. Por lo que me dijeron Remus y él durante el verano, él se puso (sin querer) en peligro y su padrino fue a salvarlo, acabando muerto.

Esta situación es parecida. Tú, al igual que Harry entonces, te pusiste en peligro; ambos por causas nobles. Yo entonces decidí protegerte al igual que el padrino de Potter decidió ir a protegerlo. La consecuencia fue que él acabó muerto, y yo herido.

Para responder a tu pregunta te diré que he conseguido recuperar la mano. No ha sido fácil por culpa de un veneno que tenía la hoja; pero han conseguido hacerme una nueva que va bastante bien.

No sé qué más decirte, ya que no te conozco lo suficiente como para saber qué palabras decir o no. Además hasta ahora me has dado la impresión de que te caigo mal, así que seguramente preferirás que te deje en paz.

Saludos:

Gabriel.

P.D: Preferiría que no mencionaras a nadie que recibiste esta carta y menos a ese pelirrojo amigo tuyo. No sé que tiene contra mí, pues cada vez que nos encontrarnos parece mirarme con puro odio.

Hermione se quedó pensando tras leer la carta. No se le había ocurrido que esta experiencia había sido parecida a la que sufrió Harry. Ahora estaba empezando a comprender verdaderamente cómo se había sentido el pelinegro.

Harry observó su cara pensativa. Al parecer le había dado algo en qué pensar. Sonrió mientras se levantaba. Era hora de tomar el antídoto diario.

- ¿A dónde vas? –preguntó Ginny que últimamente siempre intentaba estar cerca de Harry. De hecho se había aprendido de memoria a qué hora comía para poder coincidir siempre con él.

- Al baño –le respondió forzando una ligera sonrisa antes de girarse hacia la peli-castaña-. Hermione, nos vemos en clase.

Y antes de que alguna de las dos dijese algo más se fue lo más rápido posible. Estaba cansándose de que Ginny le acechara tanto. Debía de estar interpretando incorrectamente las miradas y sonrisas "amigables" que le dedicaba para mantener al director contento.

Aún así no pudo evitar sonreír ante el recuerdo de la cara que ella ponía cada vez que decía que había quedado con Luna. Esa niña tenía que aprender a disimular.

- Pero mirad a quién tenemos aquí –exclamó a sus espaldas una voz demasiado conocida por lo mucho que la escuchaba últimamente-; es Potty, el cadáver andante.

Harry no se molestó ni en dirigirle a Malfoy una mirada. Siguió su camino hacia el baño. Pero Malfoy y sus acompañantes lo siguieron.

- ¿Qué pasa? ¿Se siente sólo carrajada ahora que la sangresucia y el zanahoria están juntos y lo están dejando de lado?

Draco empezó a molestarse al seguir siendo ignorado, como se estaba haciendo costumbre. Cogió la varita para hechizarle por la espalda pero antes de que pudiera Harry se había metido en un baño.

- ¿Ahora te escondes, Potter?

Harry bufó cansado más que molesto y se metió en uno de los WC. Se tomó el antídoto del día y se puso en modo meditación-sensorial. Sintió a los Slytherins esperándole en la puerta. Después de estar tanto tiempo molestándole creía que se merecían una pequeña lección. ¡Qué pena que no estuvieran aquí Fred y George! Así podría pedirles a ellos que los utilizaran como sujetos de bromas. ¿Pero de verdad los necesitaba a ellos para vengarse? Después de todo él era el hijo de un merodeador…

Cogió unos pocos de polvos de Lylian y después de mirar en el mapa del Merodeador se apareció en el baño de otro piso. Tenía algunas cosas en las que pensar.

El acontecimiento más esperado durante todo Noviembre era el primer partido de quidditch. Para alivio de los Gryffindors a ellos no les tocaba jugar en primer lugar este año, pues su equipo aún no estaba preparado para ello. Con Harry en el equipo quizás, pero sin él ninguno tenía muchas esperanzas de ganar la copa este año.

Así que el primer partido era entre Slytherin y Hufflepuff el último sábado del mes, y por supuesto los Gryffindors habían volcado todo su apoyo en estos últimos.

Harry se sentía aliviado de haber dejado el quidditch, pues por mucho que le gustara volar todo aquel estrés era demasiado. Ahora se encontraba bastante relajado y podía utilizar ese tiempo libre para seguir con su entrenamiento. Y lo mejor de todo era que como Ginny estaba en el equipo, durante los entrenamientos lo dejaba en paz.

Casualmente el día anterior al citado partido Harry consiguió por fin tener éxito en su entrenamiento. Abrió los ojos sintiéndose mucho más débil y cansado de lo normal, pero desde el otro lado de la cámara observó lo que parecía una copia de sí mismo que también lo estaba mirando con curiosidad.

- ¿He tenido éxito? –preguntó confuso. No sabía exactamente cómo se tenía que sentir cuando lo consiguiera.

- Eso parece –respondió su copia-. ¿Te sientes tan cansado y débil como yo?

- La verdad es que sí. ¿Será esto a lo que se refería Berengar con lo de dividir y compartir la magia?

- Puede ser. Pero hasta la noche no podré preguntárselo… o no podremos… ¿Debo utilizar singular o plural?

- Como quieras… de todas formas si esto ha funcionado yo soy tú y viceversa, por lo que no me vas a ofender. Lo único que pido es que no actúes como esos pesados espejos mágicos que siempre se empeñan en criticar mi pelo.

- Concuerdo completamente en eso.

Ambos soltaron una carcajada.

- Es curioso… Creo haber sentido tu alegría cuando nos reímos.

El otro Harry asintió.

- Yo también sentí algo parecido. ¿Quizás es eso a lo que se refirió Berengar con aquello de que estamos conectados pero ahora somos más independientes?

- Sí, puede que tengas razón. Pero estar demasiado conectados sería una desventaja porque nos costaría mucho actuar individualmente.

- Pero si la conexión fuese nula tendríamos problemas para percibir cuando el otro está en problemas.

- Tienes razón. Debemos preguntarle a Berengar por ello.

Ambos se quedaron en silencio, hasta que uno de ellos de repente sonrió.

- ¿Por qué sonríes?

- Estaba pensando que a lo mejor esto es lo que se siente al tener un hermano gemelo. Es algo que me encantaría.

El otro Harry también sonrió. Entendía perfectamente ese sentimiento. Estaría bien poder actuar como si fueran hermanos, aunque fueran dos partes de un todo.


No he escrito todo lo que me gustaría, pero he decidido subiros el siguiente capítulo; sobre todo porque ya le hice tantas modificaciones que no le encuentro más defectos (xD)

Por ahora he de deciros que el tiempo que pasé estudiando en vez de escribiendo no fue en vano. De las notas que me han dado las he aprobado todas. ¡Incluso saqué Matrícula en una! Fue una muy agradable sorpresa.

No sois pocos los que teneis comentarios sobre Hermione, en un sentido u otro. Me alegra saber que no os deja indiferentes la historia. Pero prefiero no hacer comentarios sobre ello. La propia historia lo explicará. ¿Pero por qué es malo que Harry babee por ella? Eso demuestra que después de todo es un adolescente normal, por muy maduro que sea.

Y sí, lo más probable es que haya secuela. Esta historia sólo dura hasta que termina el sexto año. Y alguno de los detalles que he ido escribiendo formarán mas bien parte de la trama de esa secuela.

Algunos me decís que habeis empezado a releer la historia de nuevo desde el principio y habeis encontrado detalles que habíais pasado por alto... Es bueno que lo hagais, pues he ido dejando ciertos detalles por ahí que aunque parezcan insignificantes al principio... Habrá que esperar a que se desarrolle más la historia.

Por ahora no me apetece decir nada sobre esas líneas que le han salido en el brazo a nuestro querido Harry, sólo que son consecuencia indirecta de la pelea contra Akron.

Ahora os hago una pregunta que llevo queriendo hacer durante varios capítulos pero siempre me olvido de ponerla. ¿Qué os parece los títulos de los capítulos? ¿Les pegan según el contenido? ¿Y el título de la historia? ¿Hay alguno que creais que debería tener otro? ¿Cuál y por qué?

Bueno, no se me ocurre más que decir, así que me despido y hasta la próxima. Con suerte publicaré dentro de un par de semanas. (Si os portais bien a lo mejor en una)

Si os ha gustado comentad, y si no, también.