*Soul Eater no me pertenece
*Capítulo 25 'UNA PETICIÓN'
Era una mañana soleada y Kid caminaba en dirección a la casa de Marie-sensei. Vestía con sus pantalones y zapatos lustrados pero esta vez llevaba una camiseta de color gris. No era de costumbre verle así de expuesto, entre los días soleados y los nublados, él prefería más el frío; su piel lograba adaptarse a ese clima con mayor facilidad.
Llevaba un pequeño presente para Jumbiie: unos chocolates con relleno de frutilla. No la veía desde hace tres días y le urgía estar con ella. Ahora podía sentir ese apego.
Recordaba cuando tenía quince años y Crona unos cinco meses de embarazo. Imaginaban juntos los momentos que vivirían con su bebé después de nacer.
-¿Hagamos una apuesta, Kid?- le dijo Crona con una mirada desafiante. Kid tenía en sus manos un barquillo de helado y en su boca saboreaba su helado. Esperó digerirlo para luego responderle.
-¿Apuesta? ¿De qué sería?- Crona no era de apostar. No era lo suyo. Siempre perdía. Esta vez debía de estar segura de que ganaría como para proponerlo.
-Apuesto a que la primera palabra de mi niña será: mamá.- Kid se atoró y tosió su helado. Las probabilidades de que la primera palabra de un bebé sea mamá y así tal cual, eran bajísimas. Crona buscaba perder. Pero por otro lado no sabía qué decir ni como reaccionar. Aquello le cayó de improviso y no sabía si seguirle el juego o no. Él nunca le importó ni pensó siquiera en las primeras palabras de su futuro hijo. De hecho aún estaba procesando que su novia estaba embarazada y que iba a tener un hijo ilegitimo.
-En primera, ¿cómo estás tan segura de que es una niña?- Aquello también era un tema para discutir.
-Yo soy la embarazada. Nosotras sentimos...- aseguró ella. Kid le explicó que para los shinigamis tener una niña por hija era poco probable. Siempre se ha visto a varones y por lo mismo él sentía que el bebé que venía en camino lo era.
-A mi no me importa. Nadie me lo puede asegurar. y bien, ¿apuestas?
Kid lo meditó.
-¿Y qué está en juego?- prefirió seguirle el juego.
-Si su primera palabra es mamá, tú deberás hacer todas mis tareas, informes y hasta pasarme las repuestas de los examenes de la clase de matemáticas por todo el semestre que viene después del nacimiento de nuestra hija.- concluyó sobándose su pequeña barriga de embarazada como si aquello que ella pedía fuera por el bien del bebé.
Kid sonrió de lado. Fue bastante astuta al pedir aquello. Matemáticas era una de las clases que más le acomplejaba a Crona.
-Está bien. Y si su primera palabra es papá, tú deberás hacerme las tareas y los informes de las clases de Stein y hasta mis deberes administrativos de Shibusen.- añadió Kid a lo que Crona quedó con la boca abierta.
-Pero tú pides más que yo...
-¿Quieres apostar, o no?- Kid sabía que resultaría victorioso. Las clases de Stein era otra de las materias en las que Crona reprobaba. Podría ser su padre, pero él era muy parejo con sus alumnos y no hacía diferencias.
-De acuerdo. Anda preparándote porque ésta vez yo seré quien gane.
Kid reía solo en las calles al recordar esos pequeños momentos que compartía con Crona. Ya recordarlo no le causaba tristeza como antes. Tenía a su pequeña hija y, aunque ella no lo supiera, para él era bastante reconfortante tenerla cerca suyo. Kid sentía ya que era lo único que tenía y lo que atesoraba.
Soñaba e imaginaba ya el momento en que decidiera decirle la verdad. Se ponía en el escenario de que a ella no le molestara los hechos y reaccionara de la mejor forma posible. Kid al fin podría decirle ''hija'', saldrían juntos más seguido y tal vez hasta la invitaría a vivir con él a su mansión y estar juntos hasta el fin de los tiempos, aunque eso fuera poco en realidad.
Pero lo más importante, que Jumbiie, su pequeña Jumbiie ya no le llamara más por su nombre. Sino que le dijera papá.
Aquello le dio escalofríos que le recorrió su cuerpo entero. De pies a cabeza. Era algo que anhelaba, pero no dejaba de pensar que sería muy extraño.
Llegó al ante jardín de la casa de Stein y tocó la puerta. Luego esperó con sus manos detrás de su espalda tarareando una canción hasta que Marie abrió la puerta.
-Buenos días, Kid.- Le saludó animosa la mujer que pudo haber sido su suegra.
-Muy buenos días, Marie-san.- Marie se hizo a un lado para dejarlo pasar y le preparó un café de grano como a él le gustaba. Se dirigieron al living y tomaron asiento.
-¿Cómo han estado las cosas en Shibusen?-preguntó ella.
Kid dio un sorbo de su café y respondió.
-Todo bien. La lista de los nuevos estudiantes que ingresarán el próximo año es bastante grande. Hoy en día los jóvenes se están preocupando más por la tranquilidad y seguridad del mundo. -Explicó.
-Eso me parece muy bien.- Sonrió.
Kid le preguntó por Jumbiie a lo que Marie le respondió que se encontraba perfectamente en su cuarto.
-Está leyendo un libro.- Le explicó.-Pero sube a verla. Se pondrá contenta al verte.
Kid subió las escaleras y al llegar a la puerta de su habitación cerró los ojos y respiró profundamente. Pudo percibir su alma, su pequeña y joven alma. Su pulso estaba tranquilo y hasta pudo sentir su respiración pausada y con normalidad. Eso sí, percibió que su alma estaba ya más débil.
Tocó la puerta y espero que ella respondiera para poder entrar.
-Kid!- se sobresaltó.
-¿Cómo estás, pequeña?-le preguntó mientras se sentaba en la orilla de la cama y acariciaba sus cabellos.
-Bien~ estaba leyendo uno de los libros que me regalaste hace un tiempo.- Le explicó lenta y pausadamente puesto que el sólo hecho de modular, le cansaba.
-Si quieres, puedes escribirme en el cuaderno que te regalé.-Le sonrió mientras volvía a acariciar sus cabellos.
-Kid.
Pensó Jumbiie.
-¿Sucede algo?- preguntó Kid un tanto preocupado a lo que rápidamente Jumbiie negó con la cabeza y le dedicó una sonrisa. Luego se acomodó y buscó ese cuaderno en uno de sus cajones cerca de su cama. Ella escribió:
''-¿Cuánto tiempo tienes para mi hoy?''
Kid sonrió y le respondió.
-Tengo todo el día, querida. ¿Hay algo que te gustaría hacer?
Jumbiie asintió emocionada y luego empezó a escribir en su cuaderno nuevamente. Al finalizar lo volteó y Kid lo leyó.
-¿De veras está bien, Marie-san?- Le preguntó Kid mientras ella ordenaba los platos en la cocina.
-Sí, Kid. Puedes llevártela a tu casa. Si eso es lo que ella quiere.-Le sonrió.
-Muchas gracias.
-Iré a vestirla para que salgan. ¿Podrías prepararme la silla?- Kid asintió y Marie subió las escaleras para arreglar a Jumbiie.
Le pareció fuera de lo común que Jumbiie le pidiera estar en su casa pero él lo tomó con calma. Incluso se emocionó al pensar en prepararle un platillo para almorzar. Esa sería la primera vez en que él le cocinaría a un niño y pensar en que le cocinaría por primera vez a su hija le llenó de gozo.
-Podría ser interesante.- pensó.
