Prompt: Y. Tears.
Fandom: Final Fantasy VI (Square Enix)
Personajes: Kefka Palazzo, Terra Branford
+ Todos los movimientos correctos +
Ella ni siquiera lo cuestionó sino que asintiendo, dejó a un lado su libro cerrándolo cuidadosamente previo abandono de su asiento. Yo le dediqué una sonrisa por ello, orgulloso más que satisfecho e ignorante de cuanto se había forzado por ocultar lo que la removía por dentro. Cuando se lo proponía podía resultar igual de indiferente que Celes, anulando toda manifestación física de ello. Nada que no fuese exigido a todo soldado.
Caminamos en silencio, el único sonido repitiéndose durante nuestro avance era el producido por la suela de nuestro calzado contra el suelo, amortiguado por el grueso material rojizo de las zonas alfombradas en los pasillos del Castillo. Cada uno entretenido meramente por sus propios pensamientos.
¿Me gustaba la idea? No ¿Quería hacerlo? Tampoco pero eso no bastaba para avivar un fuerte arrepentimiento o arrepentimiento de alguna manera.
Llegando hasta el elevador, el soldado que lo custodiaba realizó el saludo reglamentario irguiéndose, gesto de muestra de respeto a superiores y apartándose nos permitió pasar al interior. Siendo el último en adentrarse lo que nos obligó a movernos por el cuadrado espacio hasta la otra punta, el muchacho cerró la puerta que al instante de ser puesto en funcionamiento fue envuelta por un vallado de metal.
Fue que a medida que ascendíamos esa frágil quietud se quebró. Su voz saliendo más alta de lo habitual, girando su cabeza a un lado y luego al otro sin cesar a medida que sus ojos se abrían fijándose en cuanto nos rodeaba como si fuese incapaz de reconocer su alrededor, respirando con dificultad.
-¿Algo va mal? Mi querida Terra. -Pregunté observante de su estado de pánico que nuestro compañero de trayecto, observándola y de seguro frunciendo el ceño bajo su casco. A pesar del tono ligeramente socarrón, tomando sus pálidas manos cerradas fuertemente colocadas contra su pecho, una bajo la otra.
-Subimos... -Repitió. - ...Cuando deberíamos estar bajando. -
Asentí sonriente pues así era. A esas alturas era inútil negar lo evidente, además me gustaba observar como esa incomodidad crecía adueñándose de su cuerpo.
-Por supuesto muñeca, oh ¿tenías otro lugar en mente acaso? -Jugué a las preguntas aunque tras casi una vida yendo y viniendo del Castillo Imperial a las instalaciones donde los laboratorios se concentraban, ambos sabíamos por intuición que toda experimentación, por leve que fuese tenía lugar allí, apartados del resto de departamentos militares, los más principales ocupando el edificio en el todavía nos encontrábamos.
-Los laboratorios... -Dijo bajando la voz al mismo tiempo que descendía su cabeza. Nunca tenía la entereza suficiente para referirse al lugar más temido y odiado de todo el Imperio cuya recurrente visita revivía la retorcida realidad oculta bajo la acogida en mi hogar, la formación bajo mi tutela y tantas otras capas por encima.
Unas carcajadas brotaron de mis separados labios, al principio suaves y distanciadas que poco a poco aumentaron en sonoridad y velocidad, deleitándome habiendo obtenido justo lo que deseaba, mayor tensión mas por muy consciente que fuese de cada detalle en componer el trayecto, en esa ocasión se equivocaba de destino. Liberando uno de sus puños, sosteniendo su rostro por debajo del mentón con los largos y blancos dedos que ésta poseía la levanté hasta que sus ojos volvieron a encontrarse con los míos, rizos dorados despejándolo impulsados hacía atrás siguiendo el movimiento, el brillo apreciable en sus ojos se asimilaba al que anuncia un derrame de lagrimas.
-Me parece que no será necesario, he elegido un lugar más adecuado. -Le comuniqué acercándome a su oído tras arrugar la frente imitando la suya. -Respira hondo, mi querida Terra, ya queda menos para llegar a nuestro destino. -Agregué en voz alta, medio cantarina también apartándome para retomar la posición que había abandonado durante esa leve agitación.
Tras manifestar su preocupación siendo rápidamente aliviada con la propia palabra de Terra, alcanzada finalmente la planta que yo tenía en mente, salimos sin decir palabra. Tuvimos que atravesar gran parte pues mi oficina estaba en la zona más alejada como correspondía a los oficiales de mayor rango y aprecio del Emperador.
Desde mi posición cerrada tras de mí la puerta observé como Terra avanzaba recelosa por la ya conocida habitación, sus ojos no cesaban de fijarse en cualquier objeto cercano debido a su estado de alerta activado. Cruzándome de brazos la seguí con la mirada aguardando a que se sentase en la silla posicionada frente a mi escritorio, el mueble que ocupaba gran parte del centro pero sabía que hasta no sentirse cien por cien segura su caminata sería lenta, cuidadosa en cada paso, observando el asiento y tocando la madera del respaldo por la parte no cubierta de tela a fin de convencerse de que su aspecto inofensivo no la engañaba cual animalito en un entorno desconocido. En ningún momento desconfió de una de las cajas elaborada en madera y pintada a mano en la que había depositado el artefacto que saqué de un cajón una vez se sentó en la silla, situándome frente a ella.
-Mi querida brujita, el momento de dejarlo todo en mis manos ha llegado. -Enuncié aclarándome la garganta, enfatizando con teatralidad las palabras de mayor importancia. Las dedos de la mano contraría a la que la sostenía levantado la plana tapa para exhibir la fina pieza circular reluciendo sobre el paño carmesí bajo ésta. -Pues con la colocación de esta corona, yo, tu superior y Lord Kefka, tomaré la responsabilidad de toda acción proveniente de ti. -
Sus finas cejas se elevaron mientras miraba como dejaba sobre la mesa la caja para tomar con ambas manos la ciara dorada y me aproximaba a ella. Su cabeza inconscientemente echándose hacía atrás.
-Recuerda, ya no tendrás que preocuparte de nada, a cambio sólo tendrás que confiar en mi como hasta ahora. -Agregué para aplacarla a lo que ella hizo descender el brazo cuyo puño apretaba contra su pecho. Sus ojos entornándose al mismo tiempo que sus labios eran apretados hasta que asintió, relajándose lo suficiente para hacer posible sin forcejeos la colocación del artilugio. -Buena chica. -Aprecié su rendición retirando mis dedos a medida que el objeto quedaba perfectamente amoldado a su frente sin haberse llevado ninguno de los ondulados mechones de Terra. Con un colorido pañuelo de seda limpié las lagrimas que habían quedado a mitad del camino por la bajada de su rostro, no hubo ni un sutil estremecer hasta pasado un buen rato. ¿Debo agregar gracias al chasquido de mis propios dedos? Lo que apoyado contra mi escritorio provocó en mi cierta excitación.
