Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.
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Capítulo No. 25
— ¡Apártate de mi camino! —sonidos de disparos retumbaron y luces parpadeantes iluminaron la habitación.
— ¿Estás loco? ¡Estás perdido Edward! —el chasquido de un arma al recargarse los dejó a los dos en silencio.
Edward maldijo, esquivó el avatar de Jasper y se escondió en un edificio abandonado, el miserable de su primo últimamente tenía mucho más tiempo para practicar, y aquel día hacía gala de ello pues le estaba pateando el culo en la PlayStation.
El celular de Jasper vibró entre sus piernas y él detuvo el juego para contestar.
— ¿Por qué te detienes? —Edward guardó silencio en cuanto vio el móvil en sus manos.
Una fotografía que él no había puesto allí, le mostraba a Alice de perfil recostada en el borde de un estanque besando a un delfín que emergía del agua. De inmediato se levantó temiendo que Edward pudiera ver de quién se trataba.
— ¿Qué haces? —increpó Edward extrañado con su actitud.
—Es importante. —gesticuló Jasper, nunca antes había necesitado contestar ninguna llamada en privado.
—Hola —atendió al salir del cuarto de juegos—. ¿Cómo estás?
—Bien, gracias —respondió Alice—. ¿Te molesta que haya llamado?
—Claro que no —le dijo Jasper con energía, la última semana después de su visita al acuario, se habían frecuentado casi todos los días en las mañanas en el Central Park. Seguía teniendo aquella necesidad de verla, ella lo hacía sonreír con las cosas más simples.
Sin embargo, el viernes mientras se habían acostado en el prado cerca de la tienda de recuerdos del parque, al intentar protegerse del sol, Alice se había cubierto los ojos con el antebrazo, y el dorso de su muñeca había quedado vuelto hacia arriba. Entre incontables pulseras adolescentes, había visto con total claridad una cicatriz vertical que sólo podía significar una cosa.
Tal vez a eso se refería Edward cuando le había advertido que ella ya tenía suficientes problemas, Alice habría atentado contra su vida, y él claramente no quería ser un problema más, no quería hacerle daño. Debía alejarse de ella, pero su egoísta necesidad de tenerla cerca le impedía hacer lo que sabía que era lo correcto.
— ¿Estás seguro que no te molesta? —preguntó Alice de nuevo luego de la pequeña pausa.
—Claro que no Alice, me encanta que me llames. —suspiró Jasper alejando las recriminaciones de su consciencia, pero no mentía, le encantaba que lo hiciera.
—Creí que estarías durmiendo, mañana es lunes de nuevo —le dijo con un exagerado hastío en la voz.
—Es poco más de las nueve, no soy gallina para irme a dormir a las ocho —contestó Jasper sonriendo.
Alice se rio de buena gana.
— ¿Te interrumpí?
—No, estaba… —no pensaba admitir que estaba jugando—. Estaba viendo una película.
— ¿De veras? ¿Qué película?
¡Mierda!
—Una que de seguro no te gustará, una película de acción.
—Me encantan las películas de acción, pensarás que prefiero los dramas románticos, pero no es así.
—Eso es un buen dato.
Alice sonrió.
— ¿Vas mañana al Central Park?
—Claro que sí, quiero verte —aseveró Jasper—. Además de lo del ejercicio y eso.
— ¿En serio? —una enorme sonrisa iluminó el rostro de Alice, se giró en su cama poniéndose boca abajo, jugueteando con sus piernas—. No te creo.
—En serio —murmuró Jasper también sonriendo—. Tengo muchas ganas de verte.
—Ya quiero que sea mañana —dijo Alice cerrando los ojos con fuerza, como preparándose para recibir un golpe.
—Yo también.
—Bien, vete a descansar —habló ella emocionada—. Te mando un beso enorme.
— ¿Cómo es que me mandas a descansar? Yo quiero seguir hablando contigo.
Alice se rió.
—Yo también, pero no quiero molestarte, mañana debes volver a la oficina.
—No soy un bebé, ni tengo cien años como para estar preocupándome por las horas de sueño —bromeó fingiéndose enojado.
—Por supuesto que no, pero estoy segura que tu película te está esperando.
Jasper se giró y vio a Edward, que sentado en el sofá, lo miraba con el ceño fruncido.
—Bueno sí, Edward está esperándome.
—Ok, nos vemos mañana, te mando otro beso.
—Mmm, ya tengo dos entonces —susurró Jasper—. Yo te mando los que quieras, y ponlos donde se te antoje.
Alice se quedó con la boca abierta, sorprendida, nerviosa y encantada con su insinuación, había sido como si de hecho la hubiera besado en decenas de lugares prohibidos a la vez.
—Hasta mañana. —se despidió ella intentado ocultar la exaltación en su voz.
—Hasta mañana.
En la sala de juegos, Edward levantó las manos en señal de exasperación.
Jasper aún tenía el celular en la mano.
—Estoy atendiendo un asunto de la oficina.
— ¿Tú? ¿A esta hora?
—Sí… —vaciló—. La cagué con unos informes, alguien me está ayudando con eso, así que le pago horas extra, lo necesito solucionado mañana a primera hora.
—Ven rápido que necesito darte la paliza que te mereces.
Jasper se rio y buscó la foto de Alice entre sus archivos, y no se encontró con una sola, había una carpeta entera con más de una docena de fotos. Debió de haber transferido varias de las imágenes desde su propio móvil, en su mayoría aquellas en las que aparecían los dos, junto a las focas, los pingüinos, las morsas y los delfines. No estaba seguro cuánto ella había visto de sus archivos, esperaba que nada, aún tenía incontables fotografías de sus amantes desnudas, de él riendo desnudo con ellas, y otras aún con más acción y mucho más escandalosas. Seleccionó todas las imágenes de sus antiguas amantes y las eliminó sin pensárselo dos veces antes de entrar de nuevo en la sala de juegos.
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