Ciento doce personas se encontraban en la cocina de la gran mansión Capitolina de la Presidenta Paylor, y previamente del Presidente Snow, en el momento de la explosión. Solo diez de esas ciento doce sobrevivieron. Treinta cocineros, ochenta y un mozos y Peeta se hallaban en el lugar mientras él, mi chico del pan, encendía la enorme vela de cumpleaños saboteada, la cual contenía siete cartuchos de dinamita en su interior. Todo el servicio, salvo la parte que logró aferrarse a la vida, murió instantáneamente, carbonizado cual papel con galena. Los supervivientes, se encuentran en este momento en estado crítico, con quemaduras casi imposibles de curar, incluso para los médicos del Capitolio, y ni siquiera se saben quiénes son, puesto que se encuentran inconscientes, en los brazos de Morfeo, a pocos pasos de caer bajo la influencia placida de Hades y Thanatos, irreconocibles, deformados…
He oído hablar a mi madre con Gale esta mañana, ellos aún creía que seguía dormida o, propiamente dicho, sedada. Gale le preguntaba a mi madre sobre mi estado de salud a lo que ella respondía que debieron volver a narcotizarme. Luego de que yo supiese de la explosión, caí en una depresión traumática- similar a la que tuvo mi madre en la muerte de mi padre- de la cual nadie podía sacarme, mi mente no reaccionaba y me congele en el único y feliz instante en el cual Peeta, la niña y yo nos encontrábamos riendo en la alfombra de casa, me congelé en el momento en el cual él llegaba a nuestro hogar, con aroma a canela y eneldo, y me besaba y la niña reía estrepitosamente al ver su rostro, me congelé en el momento de nuestra boda, en el instante en que fui suya por vez primera, en las ecografías del bebé, en sus manos mientras trabajaba o dibujaba, en sus caricias dulces y pasionales, en su risa confortable… Mi mente se detuvo en esos recuerdos que ya no podrían vivirse.
La única diferencia entre la depresión que una vez tuvo mi madre y la que tuve yo durante tres días, fue, aparte del tiempo, la agresividad. La mujer que me trajo al mundo solo se había quedado inmóvil, sin muestras de vida, mientras que yo gritaba, rompía todo a mí alrededor o simplemente lloraba y clamaba por Peeta. A los tres días, escuché el pequeño balbuceo de mi bebé, llamándome, anhelando mi presencia, y, entonces, reaccioné. Fue como si el gris se apartase de mi rostro y descubriese que no podía dejar a mi hija desamparada. Si bien mi madre, Effie e incluso Haymitch, la estaban cuidando, ella necesitaba de sus padres. Por lo menos de mí.
Haymitch me la había entregado con lentitud y casi se arrepintió en cuanto yo me quedé suspendida en un nuevo transe, silencioso y doloroso, por contemplar los ojos azules que le heredase el único hombre que supo ganarse mi corazón.
-¿Preciosa?- me había llamado, amagando con las manos para decidir si sacarme o no la niña.
-Estoy bien…- terminé por musitar yo en ese momento.
-Sabía que debía funcionar- hice una mueca sin dignarme a apartar mis ojos de los de mi hija- Que veas a la niña es lo mejor que puede pasarte en estos momentos. Los médicos decían que probablemente sería inútil, que estabas encerrada en tu propia mente y que no querrías salir de allí ni por tu bebé. – no le hice caso alguno, los doctores siempre toman malas decisiones en lo que respecta a mí.
-¿Hay novedades?- esa vez si posé los ojos sobre él. Haymitch se me había acercado y me pasó un brazo por los hombros.
-Escucha, Preciosa, Peeta fue quien encendió la vela ¿Entiendes eso?- asentí- los cartuchos explotaron a su lado. Dicen que es dinamita, pero se reconocer las armas de fogueo cuando las veo, eran perdigones, municiones listas para incinerar a todo ser vivo.
-Oí a Gale Decir que sobrevivieron diez personas.
-Sí. Están haciéndoles exámenes de ADN.
-Alegó que dos de esas personas fueron encontradas cerca del pastel.
-Es verdad.
-Haymitch- lo miré con determinación- Solo dime que puedo tener esperanzas. O mejor, dime que estará en casa jugando con nosotras…
-La esperanza es lo último que se pierde, dicen. Pero también es el peor enemigo de los hombres. Con esto intento decirte, que es casi improbable que haya sobrevivido. Habla con Effie, Annie, tu madre e incluso Johanna, ellas te llenarán de esperanzas. Yo solo te doy una caja de fósforos, que contiene mil unidades, de esas mil toma solo un cerillo, esa es la cantidad de esperanza que te ofrezco.
-¿Una en mil?
-Una en mil.
-Lo acepto.- por más que doliese, Haymitch siempre sería sincero conmigo.
-Vale- me acarició el cabello con un gesto paternal y me pareció que reprimía un sollozo - Lo siento mucho preciosa…- di vuelta mi rostro hacia mi bebé y me zafé de su abrazo.
-Yo lo siento más- susurré.
Ahora, han pasado dos semanas de todo eso, me encuentro amamantando a mi bebé, que no cesa de preguntar por su padre. Si bien cuando conoció a Gale pareció serle de su agrado, ahora llora cada vez que está cerca, y es que presiente que algo se lleva ese hombre entre manos. Los médicos, a sabiendas de nuestra antigua relación y situación, le aconsejaron que se acercase más a mí, que intentase brindarme consuelo, que así dejaría de sentir rápido la muerte de Peeta y me enfocaría solo en mi bebé y en lo que necesitaba: un nuevo padre. Cuando supe de esto, me mantuve apacible durante todo el día, hasta que llegó él, acompañado de la doctora, a visitarme, y me abalancé sobre ella diciéndole que yo no iba a querer a nadie más que no fuese Peeta Mellark, que no era su vida sino la mía y que no tenía ningún derecho a elegirme pareja así mi esposo viviera o no. La mujer, se retiró con toda la cara amoratada y a mí me sedaron por horas que me parecieron de tortura, pues me hallaba sumida en las pesadillas inacabables, esas de las cuales solo Peeta lograba sacarme. Logra sacarme, porque aún guardo mi fosforito de esperanza.
Hoy saldrán los exámenes de ADN, y no puedo esperar a verlos. Aunque una parte de mi siente miedo de que el nombre de mi chico del pan no aparezca en la lista que ya se redujo a siete personas, otra parte solo siente la necesidad de que esto se acabe de una vez, de que volvamos a ser felices.
Gale y Haymitch entran a la habitación despacio y me ven amamantando a la niña, que a pesar de tener un año sigue bebiendo de mi emulsión. Solo espero que eso no le afecte, sé que debo desmamarla cuanto antes, porque ya tiene casi todos sus dientes y me duele darle de comer, su mordida es atroz.
-Preciosa- me dice Haymitch y me hace un saludo militar.
-Hola…- musito, veo también a Gale, que trae las manos entrelazadas en la espalda- hola, Gale.
-Hola, Catnip.- mi hija termina de comer y me apresuro a cubrirme, le limpio la boquita y bordeo sus pestañas largas, cual las de su padre, esas pestañas que decoran sus ojos azul Mellark. Gale deja una sola mano en su espalda y luego acaricia con la otra la cabeza de mi hija, que levanta la mirada y lo contempla con el ceño fruncido antes de largarse a llorar. Mi amigo de antaño se aparta rápidamente y yo calmo a mi hija hasta que logro que se quede dormida. Cuando la cubro con su mantita, no puedo evitar pensar que la expresión placida de su rostro se asemeja a la de mi esposo mientras descansa o pinta. Últimamente no he visto nada de mí en ella, solo es capaz de recordarme que probablemente su padre esté muerto.
Dejamos la habitación, yo primera, para que sepan que sea lo que sea que quieran decirme deben decírmelo en un lugar donde no despierten al bebé.
Me siento en la mesa de caoba de la casa que nos asignó Paylor a mi hija, a mi madre, y a mí, mientras estuviésemos en el Capitolio.
-Bien… ¿Qué pasa?- Haymitch y Gale se miran y suspiran ante mi pregunta. Mi amigo de antaño saca la mano oculta tras su espalda y pone frente a mí un sobre color blanco con las siglas S.M.C, en letra pequeña sobre la parte inferior del papel. Sé lo que significan las iniciales: Sanatorio Médico del Capitolio. Los contemplo con los ojos abiertos y veo sus expresiones serias, me percato de que el sobre esta abierto, los vuelvo a mirar y nada ha cambiado en sus expresiones: el mismo atisbo vacío. Saco el papel fino que contiene el sobre y comienzo la lectura.
Rick Partner
Megan Lures
Feel Trask
Dan Greta
Paris Bellow
New Princes
Peeta Mellark.
Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark. Peeta Mellark…
-Tu fósforo no te defraudó, preciosa- tengo que taparme la boca para impedir que salgan esos horribles ruidos que hago cuando lloro, me abalanzo a los brazos de Haymitch y continúo ahogando mis sollozos en su hombro.
-Estás vivo…- susurro más para mí que para alguien más. -¡Estás vivo!- termino por gritar presa del llanto y la emoción. Haymitch, al cual creo que nunca he visto llorar antes, al menos no lo recuerdo, también ahoga su emoción en mis hombros. Está vivo, sano y salvo, bueno… tal como sucedió cuando lo rescataron de las garras de Snow, no creo que sea posible que esté sano, pero está a salvo, nuevamente conmigo, jamás se ha ido, eso es lo único que me importa. Todo lo que deseo es correr hacia él y besarlo y golpearlo por asustarme de ese modo, no quiero volver a perderlo nunca, no quiero sentir de nuevo ese vacío que me causa la desdicha de sus aparentes partidas. Tal como me ocurrió cuando lo secuestraron. Peeta, Peeta, Peeta, si supieras todo lo que me provocas con cada respiración, si supieras que, al igual que tu a mí, te seguiría rumbo al mismísimo infierno...
Peeta Mellark…. Estas vivo, seremos felices otra vez, te acompañaré en todo lo que necesites, como siempre, los dos juntos, rumbo a nuestro real.
-¿Cómo está?- les pregunto. Haymitch clava sus ojos en Gale y el interpelado comienza a hablar.
-Peeta presenta quemaduras de tercer grado- cierro los ojos y una lagrima huye de ellos- Este tipo de quemaduras implican destrucción completa de todo el espesor de la piel, incluyendo todos sus apéndices o anejos cutáneos, y afecta a la sensibilidad. Aparece una escara seca, blanquecina o negra que puede tener una marquesina como el del cuero seco o ser exudativo. El signo patognomónico es la trombosis venosa visible a través de la piel. Dejan siempre cicatriz en la zona y a veces requieren injertos cutáneos. Al estimar la profundidad de las quemaduras, debe recordarse que la lesión puede evolucionar durante las primeras 24 o 48 horas y que durante este periodo la presencia de edema hace extremadamente difícil tener la absoluta certeza sobre la profundidad real de la injuria; en estos casos, es útil la exploración al dolor por pinchazo (prueba del pinchazo). Además, la isquemia y la infección pueden transformar una quemadura superficial en una lesión más profunda de todo el espesor. Las cicatrices que dejan son irregulares con partes atróficas y otras hipertróficas o queloideas. Pueden ser origen de contracturas en las articulaciones y, muy ocasionalmente, ser la base de un carcinoma epidermoide muchos años tras su aparición. Puede ocasionar cáncer en la piel. Eso es lo que dicen los doctores, esas cosas le suceden a Peeta.
No sé en qué momento empecé a ser consolada nuevamente por Haymitch. Mi bello diente de león ha sido magullado, lo han arrancado de su césped y lo han dejado secarse al sol…
-Quiero verlo- mi voz ni siquiera se parece a un susurro.
-Katniss- Gale se me acerca y toma mi rostro entre sus manos, busca mis ojos pero le huyo e intento zafarme- No quieres verlo. No lo tolerarás. Yo no he podido tolerarlo…
-Tú eres tú, Gale- me suelto- no eres nadie en su vida. No lo entenderás… además deberías de saber que prefiero verlo demacrado y a punto de reestabilizarse a secuestrado y con odio hacia mí.
-Lo sé, pero…
-No voy a discutir esto contigo, es mi esposo, el padre de mi hija. Yo decido lo que hacer o no.
-¿Y el dolor de verlo de esa forma?
-Podré tolerarlo. Lo ayudaré. Saldremos adelante.
-Piensa esto, Katniss ¿Qué tal si su cerebro volvió a ser secuestrado con el terror de la explosión?- algo se apaga en mi interior, pero vuelvo a encender otro fosforito de esperanza.
-Jamás me olvidaría. No otra vez.- me volteo hacia mi mentor- Llévame.- le suplico y el asiente.
-Lo que desees, preciosa. – me giro hacia Gale nuevamente.
-No vengas si no quieres- hablo en tono hueco y despectivo- ¿Puedes avisarle a mi madre que la niña está durmiendo? Se está duchando, espérala a que salga.- Asiente en silencio.
Haymitch me pasa un brazo por los hombros y juntos nos vamos rumbo al hospital. Descendemos en ascensor, viendo al imponente Capitolio, en todo su esplendor, a través del cristal. Cuando llegamos a la planta baja, mi mentor me conduce por dos puertas vidriadas y fabulosas y nos adentramos a la sala principal, decorada rústicamente., pero con una tecnología impactante. Pasaron dos minutos antes de que toda la sala comenzase a vibrar- lo cual me sobresaltó- y cambiase a un estilo gótico. Haymitch y yo salimos a las coloridas calles del Capitolio, con sus edificios extravagantes y sus tonos chillones, su gente extraña y sus mascotas exóticas. Nos subimos a una limusina que nos aguardaba fuera e iniciamos nuestro recorrido. No me digno a mirar por las ventanas, tengo los ojos puestos en mis manos, y la mente enfocada en mi único objetivo: Peeta.
Cuando creo que han pasado veinte minutos, el automóvil se detiene y mi mentor abre la puerta, me ofrece la mano y la acepto con pulso tembloroso. Frente a nosotros, se alza el imponente hospital genético, el sitio donde pueden borrarte hasta las cicatrices del alma. La gente se agolpa a nuestro alrededor con sus preguntas, sus sentidos pésames y sus lágrimas, pero yo los rechazo a todos. Al final, los guardias de seguridad terminan oficiando de guarda espaldas. Atravesamos la puerta corrediza y blanca y tomamos un ascensor hasta el piso donde tratan las quemaduras. Todo es muy luminoso y blanco, limpio y cálido, acogedor para un lugar en donde se muere gente cada minuto. Cuando las puertas del elevador se abren, la gente clava sus quinqués en mí y a la enfermera a cargo de guiar a los visitantes en la búsqueda de los pacientes se le llenan los ojos de gotas saladas. Avanzo con determinación y le hago frente.
-busco a…
-Lo sé- me dice poniéndome una mano en la mejilla- pobre pareja trágica- comienza a sollozar.- No puedo autorizarte a pasar. Tendrás que hablar con la doctora.- intento ser fuerte pero sus palabras me hunden y comienzo marearme mientras se me nubla la vista.
-Entonces tráigala- exijo mientras me esfuerzo por mantener la compostura. La mujer retira su mano de mi rostro y asiente. Se marcha y vuelve al cabo de un momento con una mujer de igual estatura, piel y ojos. Parecen hermanas.
-Katniss Everdeen- me extiende la mano y su voz de muñeca de niña penetra por mis oídos- soy Shelley Bran
-Sra. Mellark, por favor.
-Lo siento- se disculpa, aunque tal vez esté utilizando doble sentido para transmitirme su pésame también. – Sra. Mellark… Peeta consta de un estado crítico. Hace un par de horas que ha despertado- mis ojos se clavan en los de ella y la miran con ilusión- Ha intentado hablar… pero le cuesta, lo primero que pidió fue un espejo- suspiro con temor.
-¿Cómo fue?- pregunta Haymitch por mí.
- Desastroso. – Responde- Comenzó a llorar y a balbucear que era un monstruo, que alejasen a su hija de él si se encontraba cerca porque no soportaría que la niña no lo reconociese y se asustase de él- bajo la mirada y sollozo.
-Necesito verlo- suplico.
-Sra. Mellark…-replica- lo tercero que nos pidió fue que tampoco la dejasen pasar a usted- abro los ojos como platos- teme lo que pueda pensar…
-¡Es un idiota!- estallo y todos me miran- ¡Lo amaré aunque se quede demacrado para siempre!
- y yo lo sé- Shelley pone sus brazos sobre mis hombros para tranquilizarme- pero debe entenderlo.
-No puedo, lo necesito, necesito que sepa que estoy con él.- La doctora Bran me estudia con la mirada y revisa su expediente.
-Estoy de tu lado- me dice- puede que acepte que no vea a su hija, pero tú debes hacerle saber que no lo dejarás diga lo que diga.- Agradezco mil veces a la mujer y luego me separo de Haymitch, el cual decide permanecer en la sala de espera, por temor a no poder soportar la horrible visión de alguien que es como su hijo. Una de las enfermeras me lleva hasta la habitación de mi chico del pan y me deja frente a la puerta. Mi mano tiembla ante el picaporte, pero lo impuso con determinación.
Y en este momento es donde mi mundo termina por caerse.
Mi bello chico del pan… sin su cabello, sin sus cejas y sus pestañas que solían enredarse, con la piel pálida chamuscada ya en carne viva, con costras blanquecinas, negras y moradas, con el dolor plasmado en su expresión. Quiero creer que no es él que me han señalado mal la habitación pero entonces abre los ojos, de ese azul inconfundible, y al contemplarme de pie junto a él sus faroles comienzan a humedecerse y desesperarse… niega débilmente con la cabeza e intenta moverse, lo retengo en su cama con toda la suavidad posible y beso sus labios resecos y ardorosos. Todo él tiembla de impotencia.
-N….o… que… ría…- se esfuerza por hablar y lo silencio con un chistido pero continúa- que… m...e vie… ses… así…- comienzo a llorar histérica y hundo mi cabeza en su almohada.
-Eres un idiota, Peeta Mellark… no me importa nada, en absoluto… - veo como sus lágrimas comienzan a descender y percibo como arden en sus heridas así que se las limpio con cuidado- ¿Tienes idea de lo que sentí cuando me dijeron que la explosión había sido en la cocina?- solloza- ¿Crees que me importa el hecho de que estés destruido? ¿Crees que podría importarme cuando todo este tiempo pensaba que te había perdido? – Sollozamos al mismo tiempo y acaricio el lugar donde antes iniciaba su cabello- Juntos, Peeta, Juntos.- asiente casi imperceptiblemente.
-Te… a…mo…- me rio con histeria y vuelvo a besarlo.
-Y yo a ti… más de lo que jamás podría amar alguien. – apoya su mano, en carne viva, sobre la mía y yo, en lugar de asquearme y apartarme como haría otro, se la beso con cuidado-Te ayudaré, Peeta, saldremos juntos de esto y, si es necesario, nos iremos de Panem- vuelve a asentir.
-se… rá… di…fi…cil. – pronuncia- Ca… si… no… me...dan… es… pe… ran… zas…-bordeo sus labios con mi dedo
- Peeta, eres mi diente de León. –Musito- Tu solo significas esperanza.
Actualización Rápida! ¿No? Básicamente tuve mucho tiempo libre y además no deseaba tenerlos destrozados, pensando que Peeta estaba muerto, por mucho tiempo. En fin, se que el conflicto es terriblemente triste, creo que lloré mientras escribía este capitulo. Pero bueno, la vida de un vencedor no es color de rosa y lo sabemos.
Gracias por todos sus hermosos comentarios, por su apoyo y por sus cariños. Yo también los y las adoro son unos seguidores increíbles. Me hacen emocionarme cada vez que leo sus palabras, realmente me agrada que acepten mi forma de escribir.
Heart of Marzipan! olvide decirte que me encanta que en todos tus comentarios siempre pongas una frase bonita en letra pequeña y delicada.
Bien, supongo que pueden seguir llorando, pero con un poco más de alegría porque todo esta mejorando para nuestro chico del pan. *se va a llorar por escribir algo tan doloroso*
Gracias x Comentar
Saludos
Aliniss
