Los novios se encontraban sentados juntos en una cafetería.
Habían quedado de acuerdo en no visitar los lugares que sus compañeros frecuentaban. Porque si querían tener una relación en secreto, debían tener ciertos cuidados.
Porque gracias a su relación secreta se perdían de los deliciosos pasteles pertenecientes a la panadería de Marinette. Eran como probar el cielo.
—Por lo menos el café de aquí es bueno —intentó ver el lado positivo Luka.
—Sabes que no me permiten beber café.
—Deberías. Es algo delicioso.
Había música en vivo, pero al menos era agradable. Estaban disfrutando de su cita.
Aunque Luka aún se encontraba algo anonadado de que su novio fuera Chat Noir.
—¿Es difícil trabajar con ella? —preguntó con código, no podía revelar demasiado.
Adrien agradeció sonriente el gesto.
—Ella es muy mandona, cree que debo hacer todo lo que dice. Pero de todas formas, somos un equipo. Eso es lo que importa.
—¿Han tenido batallas muy difíciles?
—Creo que una de las peores batallas fue con la nadadora, Ondine. Ella quería que todo París se inundara, quería ser la Reina Sirena.
Luka no se había visto afectado debido a que de por sí vivía en el agua, gracias a las locas ideas de su madre. Aparentemente, por esa ocasión se salvaron.
—¿Tuvieron que respirar bajo el agua, nadar y todo eso?
—Tuvimos aletas y todo lo necesario, fue excepcional.
Luka suspiró con admiración. Ser un superhéroe sí que tenía sus ventajas, aunque también sonaba algo aterrador.
—¿Y han tenido momentos incómodos también?
—Una vez para romper un hechizo, Ladybug tuvo que besarme en los labios...
Se detuvo, pero fue demasiado tarde. El rostro de Luka cambió. Se veía serio, bastante enojado.
¿Por qué se había molestado tanto?
—Luka, no te enojes. No te conocía en ese entonces.
Luka se enderezó en su asiento, aún serio.
—¿Y te gustó?
—¿Perdón?
—El beso.
Incómodo.
—La verdad es que ni siquiera lo recuerdo.
—Intentas hacer que me sienta bien, no hagas eso.
—¡Es que no te miento! Cuando caes bajo el hechizo de un akuma después no recuerdas absolutamente nada de lo que hiciste. Es un horrible dolor de cabeza.
Luka no sabía del tema, nunca le tocó pasar por una akumatización.
—Debe ser horrible pasar por algo así. No ser consciente de lo que haces —la voz del mayor tembló un momento.
—Te prometo que jamás te pasará, yo te cuidaré —Adrien instintivamente acariciaba los nudillos de su novio.
Luka observó el rostro de su novio. Tan infantil, tan tierno, tan inocente. Sus labios eran tan delgados, tan bellos, tan sabrosos.
Solo quería besarlo, demostrar lo mucho que lo amaba.
—¿Y si nos besamos? —las caricias se detuvieron.
—¿Qué?
—Que deberíamos basarnos.
¿En serio amaba tanto a Luka como para besar sus labios?
Con él aprendió a ser valiente. Con él pasó momentos muy tiernos y divertidos. Él lo escuchó sin criticarlo. Incluso sabía su secreto.
Claro que lo amaba.
Ambos se fueron acercando hasta que quedaron frente al otro (con la mesa de por medio), cerraron sus ojos y unieron sus labios en un tierno y esperado beso.
Fue un beso torpe, corto, pero hermoso.
Ambos lo anhelaban.
Sus corazones saltaban, nerviosos. Estaban dichosos.
Lo que no sabían era que... habían cometido el peor error posible, porque algunas personas habían reconocido a Adrien y habían tomado fotografías de su beso.
