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- Capítulo XXVI -

La gran cantidad de magia se sentía en todas partes, se miraron un poco alarmados por lo que estaba sucediendo en aquel momento. Una batalla, de la cual no eran participantes, era lo que mantenía sus personas en alerta, estaban preocupados por los estragos que podía provocar y sobre quienes eran los protagonistas en ella. Algo en su interior les indicaba que no era cualquier hecho aislado, sostuvieron la mirada unos segundos y entonces el último estruendo les provocó un escalofrío. Ella tembló como si en cualquier momento pudiera quebrarse, llevó sus brazos a su cuerpo intentando cubrir aquel malestar que la estaba agobiando. No entendía, pero algo en su pecho se estrujo, y de pronto, se desplomó frente a los ojos del castaño.

Una oscuridad inundó todo, tal como sucedía en la mayoría de sus sueños, no podía distinguir más allá de su propia mano. Recordó la ocasión en la que atrapó a Oscuridad y Luz, sin embargo, no estaba luchando contra una carta, y mucho menos podía usar alguna. ¿Era un sueño? Siguió avanzando por aquella penumbra, si estaba en aquel lugar era porque necesitaba ver algo de importancia. Continuó el recorrido hasta que logró escuchar unas voces que discutían, una de ellas logró identificarla de la última batalla, respiró profundo y siguió hasta quedar lo más cerca para escuchar con claridad la conversación.

-¡No soy estúpido! ¡¿A quién quieres engañar?!- La risa que soltó el sujeto frente a él lo desconcertó, no sabía si se estaba burlando de él o simplemente era un desquiciado. -¿Dónde está mi padre?

-No desesperes, ¿sabes? Debes confiar un poco más en mi. Yo soy su protector, yo les ayudaré a llegar al poder, recuérdalo.

-Eso no es lo que he preguntado.- Rebató. -¿Debo tener cuidado de ti?- Lo retó haciendo que el sujeto se levantará a prisa de su lugar y lo sostuviera contra la pared mostrando la perfecta daga. -¿En serio? ¿Piensas matarme?

-¿Debería? No me tomes por estúpido. Debes tener más cuidado de a quién tomas por enemigo. No deberías hacer caso a las palabras de un Li, ¿no se supone que es tu enemigo?

-En una guerra, todo mundo puede ser enemigo por eso existen los traidores.

-¡Que peculiar! Debo recordarte quién es el traidor aquí.- La Risa del joven Chen se escuchó en todo el lugar, era irónico que le echara en cara su traición hacia el consejo, debía tener cuidado con el sujeto. Aún no lograba descifrar de qué manera les iba a entregar el poder. -¿Te parece gracioso?

-Bastante. Supongo que por eso trabajas solo, tienes miedo que te den la espalda en cualquier momento. Eres alguien astuto, una vez traidor, siempre traidor, ¿no?- Lo retó con sus palabras. –Pero, ¿sabes? La traición se da cuando uno no recibe lo acordado, así que deberías tenerlo en cuenta; si no obtenemos el poder que le prometiste a mi padre, considérate hombre muerto.- Con todas sus fuerzas empujó al sujeto para liberarse de aquella prisión. Conocía la situación y los riesgos, inclusive se encontraba preocupado por su padre. No quería creer que ya no existiera más en este plano, pero las palabras de Li martillaban en su cabeza. Si algo debía reconocer, era que Li no soltaba las palabras sin una razón.

-Dalo por hecho, siempre y cuando no falles con tu misión.

-Tenlo por seguro.

Su ser se congeló en aquel lugar, miraba a las personas pero ya no podía escuchar nada. La bruma comenzó de nueva cuenta y todo se oscureció, tenía miedo, de aquel que no deja que ninguno de tus músculos funcionen. Se sentía alguien insignificante en aquel vacío, su ánimo iba decayendo, entonces una voz se escuchó desde su interior «No debes tener miedo, estamos contigo. Por favor confía un poco más. Todo va a estar bien» Sí, todo iba a estar bien, aún tenía que liberar las cartas. Ellas confiaban en que todo resultaría bien, tal como hace años. «Gracias» Sintió una energía que se estaba haciendo familiar, era tan cálida para ella, y entonces la siguió porque sabía a quién pertenecía, era él.

Abrió los ojos y observó al joven, se encontraba un poco agitado por la situación. En una de sus manos sostenía el talismán y con la otra sujetaba con fuerza sus manos donde se encontraba el talismán que le pertenecía, ese era el vínculo. Exhaló cuando la vio abrir los ojos, y aflojó el agarre. Se asustó cuando desfalleció frente a él, pero de inmediato entendió que se trataba de otro de sus viajes. Un temor lo embargó y pronto realizó aquel conjuro para llamarla, no deseaba que tuviera aquellas proyecciones en momentos como esos. No sabía lo que podía llegar a suceder y eso le crispaba los nervios. La abrazó con más fuerza, como si de esa manera podía impedir que se fuera de nuevo.

-¿Estás bien?- Cuestionó mientras tocaba su frente, quería asegurarse que no estuviera débil. La castaña asintió y observó el talismán. -¿Qué sucedió?

-Estaba en un lugar oscuro, al inicio no podía ver nada. Syaoran…

-Continua, no omitas nada.

-Yong Zhu, estoy segura que era su voz, aunque no podía verlos bien, estoy segura que se trataba de él.- Aún sosteniendo sus manos, ella le relataba cada detalle de lo que había logrado ver, necesitaba sentir la fuerza de él para continuar, no lo pensó dos veces y apoyó su cabeza en su pecho. –Syaoran, ¿qué va a suceder? Tengo un mal presentimiento.

-No podría asegurar nada, pero definitivamente no podemos bajar la guardia.- Quería darle otras palabras y afirmar que todo iba a estar bien, pero sería mentir acerca de los hechos. Acarició el brazo de ella en una especie de consuelo, tenía que protegerla.

-Syaoran…

Un toque a la puerta anunció la presencia de alguien provocando que ambos jóvenes se separaran avergonzados. Syaoran se acercó a la puerta e intercambio algunas palabras con la persona que estaban detrás de la misma, llevó su mano al cabello y lo estrujó. La joven pudo distinguir que no eran buenas las noticias que estaba recibiendo. Lo vio cerrar la puerta y quedarse de espalda, algo en su interior le decía que era más de lo que había imaginado. Se acercó a él y jaló su chaqueta para llamar su atención.

-¡Maldición! Esto no puede estar pasando.- La fuerza que estaba creando en sus puños podían mostrar lo mal que encontraba. –Debe ser una mentira.

-¿Qué sucede?- Interrogó preocupada.

-Necesito unos segundos, necesito pensar… Ryu…-Estaba hablando más con él, trataba de darle un orden a la información que tenía en mente, y antes de decir alguna palabra, debía confirmar los hechos, sobre todo porque tenía a la castaña a su lado.

Tomó su celular y marcó unos números, estaba demasiado alterado, necesitaba respuestas. Se desesperó cuando nadie contestaba sus llamadas, ¿qué había pasado? Todo era una confusión. Nuevamente la puerta se abrió anunciando la presencia de su prima, se encontraba en un estado alterado y sin dudarlo se arrojó a los brazos de la castaña que seguía de pie en aquel lugar, aún sin comprender qué era lo que sucedía.

-¿Meiling?- Llamó su primo mientras trataba de separarla de su compañera.

-¡Hay un gran alboroto, están todos paranoicos!- Respondió la joven, se notaba en su rostro la consternación por lo que se acababa de enterar, tanto, que las palabras no salían de sus labios. La miró una vez más y sus lágrimas comenzaron a hacer acto de presencia. -Syaoran…

-¿Tiene que ver con los Xue?- Asintió sin voltear a verlo, seguía llorando en el regazo de su amiga, sabía que debía mantener el control pero le era algo imposible.

-Meiling, calma.- Consoló la antigua card captor.

-¡Oh, Sakura! ¿Por qué tiene que pasar esto?- Lanzaba con reproche, tenía demasiado miedo, las cosas se estaban complicando demasiado. Temía que todo acabara en cualquier momento sin previo aviso.

-¿Meiling, es cierto, lo que han dicho?- Indagó el castaño, mientras trataba de calmarla.

-Estaba en el consejo cuando se dio todo el evento, ¡hubo un gran escándalo! ¡Por Dios! ¿Cómo puede estar pasando esto? Se supone que estaba bien, que tenían seguridad.

-Cálmate y dime qué pasó.

-¡Está muerto! ¡Lo han matado!- Las palabras que salían de su prima le confirmaba las noticias recibidas, un frío recorrió su cuerpo, era un mal presagio. Escuchó la puerta abrirse y en ella aparecieron sus dos amigos. Sus rostros reflejaban que la información de Meiling era completamente cierta, no pudo más y golpeó la mesa que tenía enfrente sobresaltado a los presentes.

-¡Maldición! ¿Cómo pasó? ¿Alguien me puede explicar? Ryu, se supone que los tenían vigilados, ¿Qué ha sucedido?

-Cálmate. No tengo palabras para explicar lo que ha sucedido, sin embargo, es algo que ha quedado fuera de nuestras manos.

-¿Cómo? ¡Te pedí que lo vigilaras! ¡Era tu única responsabilidad!

-Syaoran, tranquilo.- La voz del inglés se escuchó en la sala para tratar de poner un orden, al menos quería calmar las cosas hasta revelar la otra parte de la noticia que recaí en su amiga castaña. –Estuve cerca del incidente, fui de los primeros en llegar a la escena, y quien dio aviso al consejo. Fue un atentado. Sabían que estaba en ese lugar, sabían que estaba acompañado y que sólo tenían una oportunidad.

Syaoran no podía creer tal información, ¿qué era lo que estaba pasando? Habían eliminado a uno de los miembros más valiosos, sin importarles las consecuencias que traería un delito de esa magnitud para quien estuviera detrás de ello. Apretó aún más los puños, estaba molesto, quería descargar su impotencia ante tal situación. Su mirada llena de furia se posó en el joven Oshiro, le estaba reprochando tal descuido, ¿cómo era posible que lo hubiera perdido de vista? Necesitaba respuestas.

-Se nos escapó.- Declaró el joven. –Cuando lo vigilábamos hubo un gran revuelo en las instalaciones del consejo y tuvimos que interceder, todo estaba fuera de control. No dudo que el incidente haya sido planeado, puedo decir que no tengo duda de ello. Crearon una distracción para que el señor Xue escapará y no lo pudiéramos seguir.- La mirada de Syaoran aún le recriminaba el hecho, no eran suficientes aquellas palabras, debía apresurarse y explicar la situación. –La señorita Yang causó un alboroto cuando se le intentó detener para cuestionarle acerca de la desaparición de su prometido. Fue en ese momento que perdimos rastro del anciano, después sucedió el ataque afuera de la ciudad, no nos tomó mucho tiempo llegar al lugar. Pero… hay algo que tengo que decir…- Su voz comenzó a sonar dura, y dirigió su vista a la castaña que seguía en el sillón aún con Meiling en brazos. No iba a cargar con toda la responsabilidad, quizás había sido su descuido pero ella estaba implicada en todo. –Señorita Kinomoto, ¿qué asunto era tan importante entre su padre y el señor Xue? Tanto, que tuvieron que irse de un lugar con seguridad. ¿Hay algo que nos quiera decir? O, ¿tenemos que sospechar de usted?

-¡Ryu!- Syaoran se interpuso entre ambos, estaba molesto. –Deja de suponer cosas.

-¿Le pasó algo a mi papá? ¿Qué pasa? ¿Syaoran, Eriol?- Su rostro reflejaba la angustia que crecía en su interior, no estaba entendiendo a lo que se refería el joven Oshiro. –Syaoran… ¿Qué le pasó a mi papá?- Jaló nuevamente de la chaqueta de él para llamar su atención, aquel temor que tenía horas antes estaba comenzando apoderarse nuevamente de ella. Miró a su otro amigo, no le dirigian la mirada, vio de nuevo al joven, podía sentir la acusación en su mirada, ¿qué estaba pasando? Las lágrimas comenzaron a salir de su rostro nuevamente, no podía pasarle nada a su padre, si algo le sucedía, ella tendría la culpa por ser tan descuidada con su magia.

-Sakura, tu padre está bien.- Habló el inglés. La abrazó para calmar sus emociones, sabía cuán importante era para ella su familia. –El señor Xue lo ha salvado.

-Pero…

-Está en el hospital del consejo, lo han llevado de urgencia, pero ha salido bien librado. Así que no debe preocuparse tanto, tienes una suerte impresionante.- El tono de su voz dejaba ver su resentimiento hacia la joven. Él la estaba culpando por haber fallado en su misión, porque desde que había entrado por completo al asunto, todo se estaba complicando, y parecía que a nadie le importaba dar la vida por el bienestar de ella. Aunque al inicio le había agradado molestar a su amigo, hoy detestaba que fuera tan condescendiente con ella y todo lo que la rodeaba. No podía evitarlo, algo le decía que iba a terminar mal. –Parece que todos prefieren morir antes de que te suceda algo.

-¡Ryu!- La voz de Syaoran se escuchó potente en el lugar, le había molestado su comentario. -¡Cierra la boca!

-No estoy diciendo algo equivocado.

-No permitiré que le hables así.

- O, ¿qué?- Lo retó. -¿Sabes que tu título de líder pende de un hilo? ¿No?- La expresión de Syaoran no la pudo descifrar, nunca antes había estado tan molesto con él como en ese momento. –Los ancianos del clan están furiosos por tu imprudencia, mira que salvar a una niña en lugar de prevalecer tu vida.- No lo vio venir; recordó que Syaoran a veces no podía controlar sus actos cuando el coraje lo dominaba. Lo tenía contra la pared, una de sus manos lo sujetaba por el cuello de la camisa y la otra amenazaba con darle un golpe directo al rostro, ¡por Dios! Si que lo tenía perdido, rió por la ironía de las cosas. -¿Ahora me vas a golpear?

-Parece que lo deseas, y la verdad, te lo estas ganando a pulso.

-¡Basta! ¡Los dos!- Meiling se había alterado y ahora ella era quien iba a tomar el control. Odiaba la situación tanto como ellos, pero no podían hacer nada. Miró a su amiga que estaba siendo consolada por Eriol, esos dos eran unas cabezas duras. –No es momento para estar buscando culpables. Syaoran, yo estaba en el consejo cuando sucedió el altercado con Xia He, así que no es culpa de Ryu que el anciano Xue escapara.- Espetó a su favor. –Sin embargo, Ryu, no puedes culpar a Sakura de tu descuido. No tienes derecho a expresarte de esa forma tan cruel con ella. No se comporten como unos idiotas, suficientes problemas tenemos con lo que ha sucedido, como para que agregen esto.- Aún tenía el rostro lloroso, se podían dar cuenta que las lágrimas querían salir otra vez. –Suéltalo.

-Como quieras.

-Vaya jefe que tengo.- Susurró pero su amigo lo escuchó y le lanzó una mirada de cólera. –Te falta mucha fuerza para ser líder del clan, y pensar que el anciano deseaba que fueras líder del consejo, es una fortuna que te haya dejado fuera.

-¡¿Quieres callarte Ryu?!- Volvió a interceder la joven. –Es suficiente, o ¿acaso estás molesto por tu ineptitud que ahora te desquitas con él? Deberías calmarte y ver que también tienes áreas que mejorar, mira que Syaoran se la ha pasado resolviendo todos los asuntos que dejaste por preferir tu diversión.

-¡Bah! Pequeñeces. Lo mio no se compara con la testarudez de Syaoran. No digan que no se los dije, ella nos traerá demasiados problemas.- Señaló a la castaña con desdén. –Señorita Kinomoto, si valora la vida de los que la rodean, debería alejarse de ellos. No pienso ser indulgente si algo le pasa a Syaoran.

¿Era esa una amenaza? Lo miró y pudo ver en sus ojos la preocupación que sentía por el castaño. Volvió a ocultar su rostro en el pecho de su amigo, ella lo sabía, estaba consciente que les causaba demasiados problemas, por esa razón había decidido volver a usar la magia. Pensó en el joven, ella no deseaba que algo le sucediera, ya había experimentado esa sensación, ¿pero, alejarse era lo correcto? Todos sus seres queridos estaban en peligro por su culpa, ¡incluso su padre! Tenía que hacer algo, debía buscar una respuesta, pero lo único que cruzaba por su mente era el salir corriendo de aquel lugar. El miedo la estaba invadiendo otra vez y la hacía dudar si era correcta la decisión de permanecer con ellos.

-Ni lo pienses.- Escuchó la voz del inglés. –Ryu, sólo buscaba como descargar su frustración y fuiste el blanco perfecto.

-Tiene razón. Es mi culpa.

-No. Lo que yo haga no es responsabilidad de nadie, sólo a mí me corresponde.- Syaoran la miraba con dureza. -Olvida lo que ha dicho Ryu, te prohibo cometer cualquier estupidez, como huir.- Le dio una última mirada y salió de la habitación azotando la puerta, Meiling se acercó y la tomó por el brazo, estaba con la vista fija en la puerta, sentía un poco de lástima por ella, a su querido primo a veces se le olvidaba que no debía desquitarse con lo demás.

-Syaoran es un tonto, no mide sus palabras.

-¿Pueden llevarme con mi padre?- Ignoró el comentario de la morena, las palabras del joven seguían resonando en su cabeza y su mirada taladraba dentro de su mente, ¿tan predecible era? Ella apenas lo había imaginado cuando sus amigos ya le estaban diciendo que no lo hiciera. Limpió sus lágrimas y se dejó guiar por el inglés, necesitaba ver a su padre.

Deseaba un momento de paz, por eso se había dirigido a su oficina después de despedirse de Eriol. Se sentía pésimo por dejar que se quedará con la responsabilidad de acompañar a la card captor. Sin embargo, su cabeza amenazaba con explotar, entendía la situación y lo que se avecinaba no era de su agrado. Tenía que hablar lo más pronto con Shen Xu, necesitaba saber cómo iban a proceder. Aún le era difícil aceptar el hecho de que el anciano Xue hubiera sido asesinado, la rabia e impotencia lo estaba consumiendo, debía mantenerse tranquilo, lo sabía, pero le era muy complicado, ¡era su maestro! Durante el último año le había brindado su apoyo en todo, le había enseñado mucho, y a pesar de su personalidad, era alguien que admiraba. Estaba odiando toda la situación, cuando sentía que avanzaba un poco, el destino era cruel y lo hacía retroceder dos pasos, ¡vaya ironía! Llevó sus manos a su rostro y comenzó a frotarlo de pura frustración, sentía la necesidad de gritar.

-El consejo pide tu presencia.- No se percató cuando Ryu ingresó a su oficina hasta que tosió y comenzó hablar para llamar su atención. Seguía con las manos en su rostro, el dolor era tan agudo, ¡maldita jaqueca! ¿Acaso no podía tener un segundo de tranquilidad?- ¿Me estás escuchando Syaoran?

-Claro y fuerte.- Se quejó. –Iré en cuanto hable con Shen Xu.

-Oye…-Miró al castaño, tenía que advertirle, eran como hermanos, si Eriol no estaba de su lado al menos él tenía que intentar razonar con el testarudo de su jefe. -¿Vas en serio con esa niña?- Espero algunos segundos mientras Syaoran no hacía ningún movimiento, aún seguía molesto, lo sabía, él también lo estaba pero tenía que ceder un poco. -¿No vas a responder?

-Creo que ya he sido claro con respecto a mis decisiones, así que te pediré de favor que no te metas en asuntos que no te competen.- Retiró las manos de su rostro y comenzó a ver los papeles que le habían entregado, tenía demasiadas cosas que hacer con los últimos hechos. Miró por el rabillo a su asistente, le desesperaba que siguiera con la mirada fija en él. -¿Piensas quedarte en ese lugar todo el día? ¿No tienes nada qué hacer?

-No me has dado órdenes, ¿qué debo de hacer su grandísimo emperador?- Ironizó mientras hacía media reverencia.

-Déjate de estupideces y haz tu trabajo.

-Si sigues así, esa niña te matará. ¿Sabes? Ella no me desagradaba, pero ahora me molesta demasiado. Logró que tu imprudencia floreciera, al grado de perder la razón. Crees que no me doy cuenta, pero prefieres sacrificar tu vida a cambio de la suya, ¿piensas que sea la correcto? ¿Entiendes las consecuencias que afrontaríamos al perderte? No lo sabes, o quizás sí, pero no te importa. Syaoran, mi deber es protegerte. Desde que nací fui educado para eso, y aunque sea parte de mi trabajo, un deber; te cubro la espalda porque realmente eres como mi hermano. Así que por favor, ten un mejor juicio, suficiente tengo con los ancianos queriendo quitarte el título de líder.

-Agradezco tu preocupación.- Entendía el punto de su superior, lo entendía, pero parecía que nadie lograba comprender el suyo. Él no podía dejar que algo le pasara, sin ella, no podía seguir y prefería mil veces renunciar a todo antes que desapareciera de su vida. –Sin embargo, he tomado una decisión. Sí tengo la oportunidad la tomaré, así que ve mejorando ese carácter con ella.

-Sigues siendo un malcriado. Sólo no me pidas llamarla señora Li.

-Ryu…

-Me retiro antes de que te enfades de nuevo y quieras golpearme.- Salió de la habitación y emprendió camino, tendría que seguir su rol de niñera. Estaba anhelando un buen trago en esos momentos, si no lo hacía se ahogaría de tantos problemas que los rodeaban.

Bastaba con entrar al hospital para sentir el escrutinio de la gente, y no era muy diferente a la sala donde se encontraba. Una gran cantidad de personas iba y venía mientras ella esperaba que la dejaran ver a su padre, ¡tan sólo estaba a una puerta de ella! Le parecía que era tan difícil de alcanzar. Quería estar tranquila, a pesar de que Eriol le había confirmado que se encontraba bien, no iba a descansar hasta que pudiera abrazarlo de nuevo. No podía comprender qué clase de información les podría proporcionar su padre para no dejarla estar con él, desde que había llegado miembros del consejo se encontraban interrogándolo, ¿qué pasaba? Suspiró cuando Tomoyo llegó a su lado, fue entonces que pudo desahogarse por completo en sus brazos. Cada palabra que le había dicho el joven Oshiro resonaban en su cabeza, ella era la principal culpable de los últimos hechos, se sentía la peor persona del mundo.

-Sakura… Despierta…- Llamó gentilmente su prima, no reconoció el lugar donde se encontraba, entonces pudo ver que alguien salía de aquella habitación. –Era Li, ha venido para avisarnos que ya puedes ver a tu padre.

-¿Qué pasó? ¿Dónde estamos?- Echó un vistazo rápido al lugar, era una habitación algo pequeña pero cómoda, la risa traviesa de su prima la trajo de nuevo a la realidad.

-El joven Li consiguió está habitación. Es todo un caballero rescatando a su princesa, en cuanto te vio dormida no lo dudo dos veces y te trajo hasta aquí. ¡Ay!, hubiera deseado poder grabar ese momento tan lindo.

-¡Tomoyo, qué dices!- La velocidad con la que latía su corazón le iba a causar un infarto. Amaba demasiado a su amiga, pero le abochornaba todos esos comentarios que hacía. Sacudió su cabeza, no era momento para pensar en esas cosas. -¿Cómo está papá?

-Touya y el joven Yukito se encuentran con él.

-¡¿Yukito está aquí?! ¿Cuánto tiempo me dormí? ¿Qué hora es?

-Tranquila, sólo fueron un par de horas.

-¡¿Qué?! No puede ser posible, tengo que ver a papá.- ¡¿Cómo era posible que se quedara dormida?! ¡Su padre estaba mal! Se sentía la peor hija del mundo, tomó sus cosas y rápidamente acomodó su ropa que se encontraba arrugada, vio la hora en su celular, ¡por Dios! Ya era otro día, ¿en qué momento? Definitivamente, ella, Kinomoto Sakura era una mala hija. Apresuró el paso y siguió a su prima hasta que llegaron a la sala donde anteriormente esperaba poder ver a su padre, su hermano y Yukito se encontraban en ella, no dudo en ir a su lado y dejarse abrazar por el joven.

-Tranquila, todo va a estar bien.- Aseguró mientras acariciaba su cabello como una pequeña niña. –Tu padre se encuentra bien, te está esperando.

-Gracias. Me da mucho gusto verte, tengo demasiadas cosas que contarte Yukito.

-No te preocupes, primero ve con tu padre, después podremos hablar con tranquilidad.- Asintió, tenía una mezcla de sentimientos, por un lado el ver a Yukito le daba mucha alegría, pero por otro sabía que sólo existía una razón para que él regresara: la batalla estaba próxima.

Tocó una vez antes de entrar, aunque todo mundo le dijera que su padre se encontraba bien, para ella no era agradable saber que se estaba en un hospital. Escuchó una voz que reconoció al instante, su amigo se encontraba con él. Abrió lentamente e ingresó para obtener una mejor imagen de la escena, su padre le regalaba una sonrisa y Syaoran se encontraba con los brazos cruzados en uno de los sillones de la habitación.

-¿Papá?- Lo llamó por fin. Después de tantas horas por fin lo tenía frente a ella. Se apresuró a abrazarlo, estaba feliz de verlo con vida, sano y salvo. Las lágrimas corrían por sus mejillas como si limpiaran todo aquel temor que la había dominado. -¡Papá!

-Mi pequeña, estoy bien. No tienes por qué llorar.

-¡Tenía tanto miedo! Toda la noche estuve esperando poder verte y no me lo permitían. Papá…-Su padre la consoló un poco, aún tenía que hablar con ella. Miró al joven quien se disponía a retirarse, sin embargo, necesitaba que él estuviera presente. Entendía que el joven sería un gran apoyo para la información que le revelaría a su hija.

-Joven Li, ¿podría quedarse?

-¿Está seguro?

-Por favor.

-¿Sucede algo?- Cuestionó confundida. -Papá, ¿estás bien?- Su rostro reflejaba cierta culpabilidad.

-Hija, lamento lo que ha pasado.- Sujetó la mejilla de su pequeña, necesitaba explicarle demasiadas cosas, pero no deseaba abrumarla con tanta información.

-No, yo lo lamento tanto. Esto ha sido mi culpa, he sido tan descuidada que ustedes han sido perjudicados.- Su voz salía atropellada, el nudo se había formado en su garganta y no la dejaba hablar con tranquilidad. -Papá, ¡lo siento mucho!

-Mi pequeña, no debes de lamentarte, al contrario, soy yo quien debe disculparse por todo lo que les ha sucedido a ustedes. Soy el causante de todos sus males. Tengo que ser honesto contigo…- Suspiró y agarró con fuerza sus manos. –Siempre me pregunté por qué Touya tenía la habilidad para ver espíritus, supuse en un principio que era un don especial y único, fue un completo error. Un pensamiento demasiado ingenuo, y lo descubrí hasta que comenzaste a experimentar con aquel libro que se encontraba en la biblioteca.- La mirada de su hija mostraba su sorpresa ante sus palabras. -Al principio me preocupé demasiado, pero pude darme cuenta que tu hermano siempre velaba por ti. Aunque querían mantenerlo en secreto, estaba tranquilo porque tenias personas que ayudaban en tu labor. Comencé a investigar un poco con colegas acerca de aquel libro, fue entonces que apareció el nombre del clan Li en mi investigación y cuando el joven Li apareció, no tuve duda de que era parte del mismo.

-No comprendo, ¿Syaoran?- El rostro de su amigo le daba a entender que debía seguir escuchando, aún no era momento para las preguntas. Regresó la vista a su padre, podía notar el sentimiento de culpa en sus ojos. -¿Papá?

-Sakura, durante todo ese tiempo estuve investigando acerca de Clow Reed. Después de que te convirtieras en la nueva dueña de las cartas y que el joven Li regresara a su natal Hong Kong, pensé que todo había terminado. Nuevamente cometí el error de ser ingenuo.- Acarició su rostro, necesitaba contarle esa parte de la historia, aunque ella no le gustara recordarla. –Cuando perdiste comunicación con Li, temí por ti, no sabía qué hacer. Te estabas consumiendo, eras como un cuerpo sin vida, no era normal lo que sucedía. Decidí buscar una solución y fue cuando la señorita Mizuki apareció, ella me enseño a usar mis nuevos poderes. Debo ser honesto contigo, tus poderes no los sellaste tú, fue algo que yo hice, Mizuki me enseño como hacerlo.- El rostro de su hija estaba lleno de sorpresa por todo lo que él iba revelando, esperaba que entendiera sus razones para hacer las cosas. –Aunque no tengo un nivel alto de magia, pude lograrlo y con ello fuiste regresando a ser como eras antes. Estabas a salvo.

-Cuando comencé a trabajar con el anciano Xue, él me citó en la cafetería donde trabajabas. Me pidió seguirte, él había notado el débil sello de tu padre, fue por eso que llamaste su atención; un débil sello con magia de Clow te protegía.

-Pero…No entiendo. Si mis poderes estaban sellados, ¿cómo es posible que tuviera aquellos sueños?- Miraba a Syaoran, podía ser distraída pero sabía cómo funcionaba la magia.

-Eso se debe a que el sello se fue debilitando en el último año.- Respondió su padre. –Tu magia viene de Clow y el joven Li es descendiente de él, era algo inevitable.

-¿Eh?- Observó de nuevo a su compañero que tosió un poco para aclarar su garganta, se notaba incómodo.

-Hace un año me instalé en Japón, era lógico que el sello se debilitara conforme más cercanía tuviéramos. La magia se atrae.- Aclaró. –Nuestra magia tiene la misma base, ¿recuerdas cuando apareció la maestra Mizuki en Tomoeda? Eres vulnerable a que tu magia sienta atracción por otra igual.- Un rojo adorno el rostro de la antigua card captor. –Mi magia es lo suficientemente fuerte para romper tu sello, aun sin proponérmelo.

-El joven Li tiene razón, era algo natural. Al inicio me preocupe, pero cuando descubrí que Li se encontraba en Tokyo, entendí todo. Sakura, no podemos ignorar nuestro origen, lamento demasiado no darme cuenta de ello antes, quizás hubiera podido ayudar en algo. Sin embargo, no podemos hacer nada más que enfrentar lo que se avecina.

-Papá…

-El señor Xue, me encontró en aquel lugar y comenzamos a hablar, de la profecía, de nuestro papel en ella… En ningún momento fue algo que planeáramos, simplemente sucedió.- Nunca había visto a su padre en esa condición, ella lo amaba demasiado y sabía que no era su culpa, aun cuando los acusaban de ello. –El salvó mi vida, siempre estaré agradecido por ello. Por favor, joven Li, si hay algo en lo que le pueda ser de ayuda, no dude en pedírmelo. El sacrificio del señor Xue no puede ser en vano.

-Gracias. Tomaré su palabra. Creo que es momento que me retire, necesita descansar y aún tengo pendientes por resolver.- Estaba cansado, había sido un día muy largo y aún no podía hablar con Shen Xu, eso le preocupaba demasiado. Observó a la castaña, ahora, más que nunca, deseaba protegerla. Necesitaba tener la seguridad que ella estaría bien, debía apresurar las cosas y mejorar aquella técnica, antes de que empeoraran las cosas. –Sakura, te espero afuera.- No espero respuesta y salió de la habitación.

-Es un gran muchacho.- Sonrió cuando su hija no despegaba la vista de la puerta, ¡como deseaba que ambos pudieran ser más sinceros consigo mismos! –Y también muy apuesto, ¿verdad?

-Sí… ¿eh? ¡Papá! ¡Qué cosas dices!

-Mi pequeña, te conozco mejor que nadie, y aunque no te atrevas a decirme, sé que tu corazón tiene un dueño. No desaproveches la oportunidad que te han dado y ve tras tu felicidad.

-¡Ay! Esto es demasiado embarazoso.- Cubrió su rostro con ambas manos, ¿tan obvia era? Debía controlarse, no era momento para pensar en aquellas cosas, después tendría la oportunidad de hacerlo. -Papá, gracias por todo. Por contarme, sé que es difícil, inclusive es un poco extraño. Nunca te quise ocultar las cosas, pero era demasiado raro. El que apareciera Syaoran, después de todos estos años, me ayudó a comprender las cosas de una mejor manera. Te prometo no darme por vencida, y dar lo mejor de mi para protegerlos.

-Esa es mi hija. Pero no olvides tu felicidad, recuerda que quiero unos hermosos nietos.

-¡Papá!

Debía agradecerle a Shen Xu por lo que su padre había hecho, no quería sentirse bien cuando sabía que el señor Xue ya no se encontraba con ellos. Aún recordaba todas esas veces que llegaba a la cafetería y platicaba con él, siempre admiró la alegría que lo rodeaba, rápidamente le había tomado cariño, recordaba cada uno de los consejos que le daba, aún sin saber que lo necesitaba. Todo se había complicado, más de lo que ya estaba. Incluso su hermano había estado de acuerdo en que no podía quedarse sola en casa durante esos días, ¿la solución? Ir al departamento de Syaoran, ya que estaba preparado para dar protección a personas mágicas, tal como en su tiempo lo fue la casa de Eriol en Tomoeda.

Aún estaba oscuro, y el frío que entraba por la ventana hacía temblar su cuerpo. No podía dormir, por eso observaba al joven buscar algunas cosas en su oficina. ¿Era tan obvia? Ya no importaba, todo mundo parecía leer sus sentimientos, ¿él lo sabría? O, quizás ¿lo ignoraba? Cerró los ojos, necesitaba tener una señal de su parte, quería creer que no estaba sola en esto, no quería estarlo. Y como si sus plegarias fuesen escuchadas, abrió los ojos y se encontró con los de él; color ámbar único.

-Si tienes sueño debes ir a descansar, no creo que el sofá sea muy cómodo.

-No puedo. Tengo demasiadas cosas en la cabeza y me es imposible conciliar el sueño. Además, tú también debes descansar algo, aún no estás recuperado al cien.

-Lo haré cuando regrese a la mansión, sólo vine por unas cosas.

-Syaoran, no es bueno que manejes si estás agotado. Quédate.- No se dio cuenta de cómo sonaba aquella petición hasta que vio el rostro de él, ¡por Dios! ¿Siempre tenía que cometer errores? –Eh…eh… No, espera, no me malentiendas. Lo que quiero decir, es que…me sentiré más tranquila si te quedas. Podrías tener un accidente si te quedas dormido mientras manejas.- No esperó la reacción del joven y soltó un grito cuando la tomó entre sus brazos para alzarla, llevándola hasta su recámara. -¡¿Qué haces?! ¡Suéltame! ¡Syaoran!- Gritó de nuevo cuando la dejó caer sobre la cama; y su corazón se aceleró al notar un brillo diferente en sus ojos acompañando la típica sonrisa de su rostro. Parecía que el tiempo se había detenido y sólo era capaz de escuchar el retumbar de su corazón, sentía el calor en su rostro. Se acercaba poco a poco, estaba segura que algo iba a pasar, pero no sabía qué esperar, Syaoran era un misterio para ella. Su instinto la hizo cerrar los ojos, esperando el acercamiento anhelado pero fue su sorpresa sentir cómo era golpeada por un almohadón. -¡¿Eh?!

-Duérmete. Será un día largo y es mejor que descanses.

-¿Eh?- ¡Había jugado con ella! Se sentía un poco molesta, un poco decepcionada por su acción. Tomó su camisa para detenerlo antes de que se marchara, por alguna razón necesitaba su presencia.

-¿Qué sucede ahora?

-No te vayas.- Suspiró y sujetó con más fuerza la prenda. Deseaba que se quedara con ella, era algo que no podía controlar, y con el suceso de su padre, tenía que hacer caso a esa sensación que se apoderaba de su ser. -Tengo miedo… Al menos hasta que amanezca, quédate.

-¿Sabes? Eres muy curiosa.- Reconoció mientras volteaba a verla nuevamente. –Estaré en el sofá de la sala.

-No es necesario que duermas en la sala, yo lo haré. Tú necesitas descansar, así que dormirás aquí.- Sentó en la cama al castaño mientras ella se disponía a levantarse e irse. Syaoran era de las personas que siempre actuaba de manera correcta y aunque pareciera entenderlo, siempre la sorprendía con sus actitudes, tal como lo hacía en ese momento al no dejarla marchar.

-Creo que ni tú vas a ceder, ni yo lo haré, así que durmamos los dos.- Dijo sin verla a la cara. –Es lo suficiente grande para que cada quien duerma de un lado.

¿Era la señal que buscaba? No estaba segura, pero era consciente de que estaba en la misma cama con él, aunque le diera la espalda, era su figura la que se encontraba a su lado. No había podido rechazar aquella invitación porque sabía que de no hacerlo así, seguirían discutiendo sobre quién debía descansar en la comodidad. No era la primera vez que dormía con él, aún estaba presente el recuerdo de la anterior ocasión, ¿existía algo como el destino? ¿Esto era algo de eso? Deseaba que ese momento permaneciera por siempre, la tranquilidad de saberlo a su lado era un sentimiento que la hacía creer en que todo iba a estar bien, era una sensación llena de esperanza.

La luz calaba en su rostro, y el sonido de gente fuera de la recámara lo había despertado, de inmediato recordó que había pasado, volteó buscando a la castaña que durmió con él pero ya no se encontraba en su lugar, supuso era la causante del escándalo en el exterior. Debía ser algo tarde, verificó en su celular la hora y se percató de las llamadas perdidas, estaba perdido. Rápidamente tomó un baño y se incorporó junto con la castaña que se encontraba la cocina, una ilusión cruzó por su mente; deseaba demasiado compartir su vida con ella. Tenía unas inmensas ganas de ir y abrazarla, fundirse en ella en el acto, sin embargo, debía dejar aquellos deseos para después.

-¿Quieres desayunar? Preparé algo sencillo, no tienes muchas cosas.

-Debo recordarte que ha pasado un tiempo desde que estoy recluido.- Echó un pedazo de pan a su boca, estaba exhausto, a pesar de haber descansado seguía agotado. -Deseo tanto quedarme aquí, sin toda la vigilancia.

-Quédate. No, espera…¡ah! ¿Por qué siempre tengo que decir estas cosas?- La última frase fue más un susurro para ella. –Tienes una habitación extra, podríamos usarla.

-Definitivamente eres todo un caso, si no cuidas tus palabras pueden malentenderse. Quizás hasta podría aprovecharme de ti y no habría vuelta atrás.- La expresión en el rostro de la castaña dejaba ver su asombro, ¿había escuchado bien? ¿Cómo debía interpretar eso? Un golpe en su frente la hizo regresar a la realidad. –Deja de pensar, hay que apurarnos. Tenemos que ir a la mansión, Shen Xu nos espera.

Durante todo el trayecto se había limitado a contestar lo que el castaño cuestionaba, su mente estaba en otro lado, junto con su corazón. Tenía emociones encontradas, demasiadas cosas sucedieron en las últimas horas para comprenderlas. Habían quedado en reunirse en la mansión Li, todos se encontraban consternados por los hechos, ella misma no sabía cómo reaccionar con exactitud. Aquel sueño volvía a su mente, trataba de recordar lo más que podía, cada palabra era importante, en esos momentos les podría dar la ventaja ante el enemigo.

-Creer en el corazón.- Mencionó el anciano. –Querida, ¿sabes a lo que se refiere? Para poder ganar tenemos que creer en lo que nos dicta nuestro corazón. No podemos dudar de él.

-¿A qué se refiere? ¿No sería algo descuidado? Entiendo que hay que confiar entre nosotros, lo entiendo, pero no podemos guiarnos solamente por un presentimiento.

-No querida, no entiendes. Creer en el corazón, es creer en lo que tu has vivido. Tú conoces a las personas, sabes cuando alguien realmente no es sincero, y aunque te aferres a tu lógica, tu corazón te lo dice, las respuestas están aquí.- Señaló el lado izquierdo de su pecho. –Sabes con exactitud quien es la persona más importante para ti, pero no quieres creer en ello. Así es con muchas cosas que han pasado, algo te decía que debías seguir. Sin embargo, no tienes la suficiente confianza para creer en tu corazón. No lo reprimas, no dejes que el temor te domine.

Eriol miraba a la impaciente Meiling caminar de un lado a otro, no quería revelar la información hasta que estuvieran todos reunidos, por eso les había insistido desde muy temprano que se reunieran. Se levantó del sillón donde se encontraba para ir y detener a su amiga antes de que hiciera un hoyo en el piso. Afortunadamente la puerta se abrió y dejó ver al chino que ingresaba en la habitación. Se notaba algo preocupado, lo siguió hasta que se dejó caer en el sofá.

-¿Y Sakura?- Preguntó la joven. -¿Dónde está?

-En mi habitación.- Tomó aire y continuó con la explicación. –Se quedó dormida, está bien, creo que no ha descansado lo suficiente. Todo esto nos está agotando demasiado.- Miró a ambos y sonrió para darles tranquilidad. -¿Y bien? ¿Por qué la urgencia Mei?

-Shen Xu está con tía Ieran, así que les adelantaré la información. Lo que les voy a decir aún no es oficial, pero es un hecho.

-Meiling, deja de crear tanto suspenso y dilo. Yo también tengo información importante.

-Pues tendrás que esperar Ryu, es más importante lo que tengo que decir.

-No lo creo.

-¡Ya basta! Meiling, habla de una vez.- Pidió su primo.

-Sé quién es el candidato del señor Xue.- Todos la miraron expectantes, guardaron silencio y comenzaron a mirarse entre ellos. –Hoy temprano fui al consejo, con todo el alboroto que tienen, al señor Park se le ha salido revelar tal información antes del anunció que se dará hoy por la tarde. Hitomi me lo ha contado pensando que nosotros estábamos al tanto de ello, tuve que seguir el juego para que me diera más datos.

-¡Vamos, ya dilo! Omite todas esas partes.- Apresuró Ryu. -¿Quién es?

-Shen Xu.- Soltó sin rodeos, directo y claro; observó los rostros de los jóvenes que se encontraban en la habitación, todos habían terminado con su misma expresión, sorpresa y al final una sonrisa. -¿Verdad que no lo imaginaban? Al final, el anciano lo ha ocultado muy bien.

-Tenía mis sospechas, inclusive estaba lo había descartado de la lista, pero algo me decía que no podía borrar su nombre.- Comentó Eriol, aún con la sonrisa en su rostro. –Meiling, ¿estás segura?

-Completamente.

-Syaoran, ¿qué opinas?

-Lógico, no existe nadie que cumpla con todos los requerimientos del consejo. Eran poco los nombres y ninguno tenía un amplio conocimiento.

-Jefe, ¿qué harás? Todo este tiempo ellos nos han ocultado algo de suma importancia, ¿no crees que merecemos una explicación?

-Necesito hablar con él, aún hay cosas que no me quedan claras.

-¿Tiene que ver el padre de Sakura?- Eriol esperó la respuesta de su amigo, pero estaba sumergido en sus pensamientos. –Supongo que tendremos que esperar a que termine la reunión con tu madre. Ryu, ¿ha sucedido algo con el señor Xue?

-Aún no entregan el cuerpo.- Respondió la chica. –Han estado negándole a Shen Xu el acceso, posiblemente sea por la noche que se lleven a cabo lo honores.

-Lo que dice Meiling es correcto, los ancianos quieren que sea en el consejo. Esos viejos no dejan de fastidiar con sus protocolos. Shen Xu sólo ha podido verlo una vez, son unos insensibles.

Cuando era un joven y le mencionaron que su entrenamiento no era sólo para ser líder de su clan, sino para aspirar a ser un día jefe del consejo, en primera instancia, había odiado la idea. Veía aquellas tareas como un trabajo que no deseaba realizar, se negaba a la resolución que tenían sus superiores porque era duro y difícil, pero al ser el único Li, varón, tenía el deber de llevarlo a cabo, quisiera o no. Era una eterna lucha contra un sistema tan rígido y cuadrado, del cual, ya no le encontraba sentido existir. Tuvo que pasar por mucho para poder encontrar una razón a todo ese entrenamiento y estudios que lo obligaban a llevar; él quería cambiar todas esas leyes antiguas. No era un proceso fácil, ni algo rápido, pero ahora tenía la seguridad del porqué el señor Xue había dimitido su apoyo hacia él. Shen Xu era la persona perfecta para iniciar el cambio, si tenía que ser sincero, debía admitir que a él aún le faltaba demasiada experiencia para obtener un papel tan importante; necesitaban alguien con un porte como el de él. Alguien que no fuera especialista en combate, porque ganarle a una horda de viejos con mentalidades cuadradas requería de otras habilidades; alguien que tuviera el don de la palabra mediante hechos y lógica. El anciano lo había salvado de nueva cuenta, le ayudó a escapar de esa responsabilidad que aún no deseaba, y debía agradecerle a su manera.

-Joven Li.- Llamó una joven de la servidumbre. -Su madre desea verlo. El señor Xue se encuentra con ella.

-Gracias, enseguida voy.- Miró a sus amigos y sonrió nuevamente. -Todo va a estar bien.

Eriol sonrió al entender el mensaje de su amigo, había usado la frase que caracterizaba a su amiga, era un hecho que estaba confiando plenamente en los actos de la familia Xue, y si él lo hacía, no tenía por qué dudar. Tenían que creer ciegamente y siguiendo lo que su corazón les dictaba, esa era la principal línea de la profecía.

-Bien, creo que tendré que irte adelantando los hechos Eriol. Quizás puedas ayudarme con la información que encontré.

-Oh, eso suena que es algo interesante. Es apropiado que avancemos en esto mientras nuestro amigo resuelve temas de alianzas.

-¿No se les apetece algo?- Interrumpió la morena, aún seguía en la habitación. -Iré por algo de comer, detesto todo este ambiente hace que me dé escalofríos.

-No es necesario, estamos bien, así que si deseas puedes ir a ocuparte en tus cosas.- Sugirió el más grande de ellos, sin darse cuenta de que había herido a la chica.

-Eres un grosero, todavía que les doy información de suma importancia, te atreves a tratarme de esa forma. ¡Bah! Olviden que les ofrecí algo.

Azotó la puerta al salir de la habitación, estaba molesta, muy molesta, esos hombres no valoraban su arduo trabajo por conseguirles información de primera. Quizá no tenía grandes poderes como ellos, pero contaba con habilidades de las cuales carecían, eran unos tontos, ¿acaso existe alguna escuela donde los hicieran descerebrados? Bufó para liberar la tensión que se acumulaba en su cuerpo, era estrés que iba acumulando por los últimos sucesos, el cual no la dejaba descansar con tranquilidad. Se detuvo cuando escuchó ruidos en una de las habitaciones, y recordó quién se encontraba en tal lugar, al menos podría divertirse un poco.

-Vaya, hasta que despierta la bella durmiente.- Sorprendió a la castaña observando con gran atención las fotos que se encontraban en la recámara de su primo. Eran tan obvios sus sentimientos. En su intento por dejar las cosas había tirado algunos de los libros que se encontraban sobre el escritorio.

-¡Meiling! Me espantaste.

-Bueno, solo pasaba por aquí y escuché ruido.- Siguió caminando hasta quedar a su lado mientras le ayudaba a acomodar las cosas. –¿Sabes? Syaoran no es de tener fotos, pero estás que ves aquí, son las más preciadas para él. Aunque tiene un escondite, cree que no lo sé, pero es imposible que me oculté ese tipo de cosas, siempre termino descubriendo la verdad.

-Mieling, ¿puedo preguntarte algo?- Asintió, la veía dudar, así que la animó tomándola de las manos. Su amiga suspiró para darse valor, supuso a dónde se dirigían aquellas dudas. -¿La amaba demasiado?

-Como no tienes idea, creo que ya sabes parte de la historia. Pero, es algo que ha quedado en el pasado porque ahora estás tú. Fuiste la única que pudo derrotarme, Xia He no era contrincante, ella sólo aprovechó la ocasión. Aunque mi primo la haya amado demasiado, no se compara a lo que tienen ustedes.

-¿Crees que pueda perdonarme por dejar de lado todo? Entiendo que estaba fuera de nuestro alcance, pero yo aún me reprocho demasiado, para alguien como él, es más difícil.

-"La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado." Me gusta demasiado pensar en ello. Syaoran, aunque no lo parezca, no es tan rencoroso con las personas, su nobleza no lo permite. Sin embargo, tú le brindaste todos aquellos momentos buenos, hiciste que él creyera en sí, en qué podía hacer un cambio. Sakura, piensa en ese sentimiento, tómalo y no lo dejes escapar.

-Meiling, tú también has encontrado a tu persona especial, ¿cierto?

-Tenía una, hace tiempo.- Desvió la mirada y suspiró. Recordó al que era su prometido, todos aquellos momentos que compartieron. Aún lo amaba, no tenía duda, pero existía aquella persona que aparecía en su mente constantemente. Sacudió un poco la cabeza para alejar aquellos pensamientos. -No estoy segura de qué es esto que siento, pero mi corazón está cómodo. A veces pienso que estoy traicionando su memoria, sin embargo, él ya no está conmigo y debo seguir. Así que...dejaré fluir la sensación, quizás es lo que necesita mi corazón.

-Me impresiona lo madura que te has vuelto. Sigo siendo una niña a su lado, Tomoyo y tú han crecido demasiado. Creo que lo único que me queda es aferrarme a este sentimiento, tal como lo dices, no dejar escapar la oportunidad.

-Así se habla.- Le daba gusto que la castaña por fin pudiera hablar de sus sentimientos con ella, al menos alguien en esa casa confiaba en ella. -Bien, ahora, vamos a comer algo. Tu hermano y Tsukishiro no deben de tardar, al parecer darán de alta a tu padre mañana.

-¿En serio? ¡Que alivio! Me siento como una mala hija, estando cómodamente aquí mientras mi padre sigue en el hospital.

-Es por seguridad, al menos hasta que el nuevo departamento quede listo con los sellos de protección es mejor que sigas a nuestro lado.- Sonrió pícaramente al recordar algo, no iba a dejar pasar la oportunidad de embromar a la castaña. -¡Oh! Casi lo olvido.- Se acercó y susurró en su oído. –El otro día encontré una foto tuya en el celular de Syaoran, lo que me causa curiosidad es saber cómo mi primo tiene una foto tan reciente.

-¡¿Qué?! ¿Estás bromeando, verdad?

-Para nada.

Salió riendo de la habitación, al menos ya estaba de mejor humor. Sakura siempre seguiría siendo una persona tan fácil de molestar, por eso le agradaba demasiado. Estaba feliz de encontrarla nuevamente, justo en el momento indicado para ellos. Algún día le daría las gracias por aparecer en sus vidas, porque había ganado una gran amiga en ella, sólo esperaba que las cosas no se complicaran demasiado y pudieran aspirar a un gran futuro.

-Meiling… Gracias.

Sí, había ganado una gran amiga.

- Notas -

Hoy me he retrasado por algunos días. Sin embargo, ya está aquí y espero sea de su gusto. He visto errores que tengo en el pasado capítulo, recuerden que se modificaran en la versión final que estoy preparando. También he estado dibujando escenas de los capítulos anteriores y algunas otras, aunque no me salen a la perfección, lo estoy intentando. Tengo un omake que ya quiero publicar, ¡pero aún no es posible! Quiero que estos dos castaños ya estén juntos. Hasta me siento un poco presionada por terminarlo de una vez, pero no quiero tampoco apresurar las cosas, debo controlar está ansiedad jejeje.

Sin más por el momento, gracias por leer.