Mis lectores ¿Cómo les va? Como siempre, temas. Está Esta vez son dos, ya saben qué hacer. La señal como siempre es un *. Los temas son Wherever You Will Go de The Calling y Castle of Glass de Linkin Park.
—Pensé que nunca me visitarías, niña
—Quiero hablar contigo, Fausto*
—Claro que quieres hacerlo. Yo también quiero hablar contigo, tengo una propuesta que sé que te interesará.
Erza abrió sus ojos de par en par, una súbita e irrefrenable furia consumió su ser. Su sentido del deber se activó y enseguida todos sus sentidos se pusieron en estado de alerta. Su percepción del paso del tiempo estaba desactualizado ¿Cuánto tiempo habrá pasado desde que entró en la Cámara de Regeneración? No importaba, debía hacer valer el tiempo transcurrido. No era díficil suponer que el proyecto del Dragón Negro no estaba completo aún, de así serlo Edolas ya estaría en llamas. Sin perder más tiempo rompió los arneses que la sujetaban a la cama, contuvo su respiración y se quitó la mascarilla de oxígeno, al estar flotando en el líquido curativo tuvo que nadar hasta la parte más cercana del cristal de seguridad. Puso su mano zurda contra el vidrio como apoyo, enseguida recogió su puño derecho y lo impactó contra el vidrio con enorme fuerza, por supuesto el cristal de apreciable grosor no se inmutó. Siguió otro golpe, luego otro, y otro, y otro, el material no cedió de buenas a primeras pero la persistencia y gigantesca fuerza física de la mujer hizo mella a los minutos, más sin embargo el líquido de color amarillento palido se combinó con un rojo brillante que brotaba del puño de la mujer de cabello escarlata. Ignorando por completo la molestia en sus nudillos y dedos continuó golpeando hasta que se fisuro el cristal. Cambió de mano para golpear con su zurda, esta vez no hubo falta tanto ensañamiento, el cristal cedió tras unos pocos golpes y se quebró el tanque, derramándose todo el líquido y Erza con ello. Arrancó de su cuerpo el equipo para expulsión de deshechos. Tapó su desnudez con unos harapos raidos que cubrían una consola de control, sus ropas no estaban a la vista, ni su lanza.
—¿Qué clase de propuesta...?
—La más importante que has recibido, y el honor más grande que puede obtener un soldado de Edolas.
Inspeccionó la habitación, ya la había visto cuando la construían pero no prestó suficiente atención en ese momento. Tras unos cuantos minutos encontró la fuente de poder del artefacto, una gran lacrima con múltiples cables que partían hacia diversos aparatos. Arrancó los cables y los reconectó de manera que se sobrecargaran los aparatos al variar la entrada de energía que debían recibir. Abrió la puerta y salió, no había llegado a la mitad del pasillo cuando explotaron los aparatos dentro de la habitación que enseguida se engulló en fuego.
—Generala Erza ¿¡Qué sucedió allí dentro!?— exclamó un soldado que estaba apostado vigilando el área.
No hubo respuesta, ella continuó su camino mientras que el lugar se llenaba de guardias tratando de apagar el incendio.
Caminó unos minutos más, su objetivo era Sugarboy quien probablemente sea el que esté en posesión de la Ten Commandments.
—Aún no puedo creer cómo el Rey August derrotó tan fácilmente al Rey Ichigo.
—Se veía que él ya estaba herido, ¿No notaste cómo cojeaba?
—No, no ví la pelea entera shhh shhh— acalló el soldado a su compañero al notar a la mujer de cabello escarlata.
La Knightwalker se detuvo frente a ambos quienes de inmediato se preocuparon por esto. Los miró con su ceño muy fruncido, su mirada era como la de un depredador observando potenciales presas.
—¿Sobre qué hablaban?— cuestionó en un tono pausado pero inmpasible.
—So-sobre el duelo por la corona, Generala.
— ¿Cuando sucedió?
—Apenas ahorita, ha pasado como una hora.
—Quizás menos— agregó el otro soldado.
La mujer apretó su dentadura y sus puños, tomó a uno de los jóvenes por su coraza y lo acercó a su rostro.
— ¿Sabes dónde está el General Sugarboy?
—N-no lo sé.
Giró su intensa mirada hacia el otro, no tuvo que preguntar nada.
—Creo que debe estar en las barracas, todos los altos mandos fueron puestos en descanso después del discurso de victoria del Rey August.
La lancera soltó al muchacho y aceleró su paso para llegar con premura al rubio.
Sobo sus sienes con su pulgar e índice derechos. Una fuerte migraña la aquejaba, a pesar del tiempo que duró en la Cámara de Regeneración, su cuerpo no sanó por completo, además de que había riesgos por el uso muy prolongado, no estaba perfeccionado el artefacto curativo. Uno de tales riesgos es el desgaste celular causado por los químicos que forzaban la multiplicación de células para regenerar los tejidos dañados, y en el caso de ella que tenía daños internos en sus órganos, el desgaste también los afectaba.
—¿Me juras tu lealtad?
—Le juro mi lealtad, mi Señor.
—Cuando llegue el momento espero que me demuestres que así es. Primero lo quebraremos, romperemos su corazón y su mente, su voluntad cederá después.
Erza llegó al lugar, las barracas no estaban lejos del área médica del castillo, dos niveles más abajo nada más.
Al ingresar fue directo a las barracas de los oficiales y a la recámara de Sugarboy, tumbó la puerta de una patada.
El hombre rubio estaba sentado en su cama, sus codos reposando en sus muslos y su cabeza en sus manos. Alzó su vista para mirar a la guerrera.
— ¿No puedes tocar la puerta? Hmmm
—¿Dónde está mi lanza?
El hombre suspiró y se levantó, tomó el arma de un stand para armas de asta que había en una esquina de su habitación. La lanzó hacia la mujer y ésta la atrapó.
—Te veo muy motivada ¿Qué piensas hacer?— preguntó mientras la seguía afuera.
— ¿Dónde lo tienen?
—Murió.
Erza se detuvo frente a su propia habitación, estaba completamente arruinada, había sangre por todos lados. Aún así ingresó en busca de algo.
—No estoy de ánimo para tus bromas estúpidas.
—Nunca lo estás— dijo dándose la vuelta y recostandose de la pared de afuera.—Debe estar en este momento en camino a las mazmorras, de vuelta a la bóveda en la que extraen su poder. Escuché que le iban a inducir un coma para que fuera más fácil terminar de extraer el poder que le queda.
Erza que estaba de rodillas en el suelo frente a un baúl cuvierto de polvo y rocas de la explosión que ella misma suscitó en la habitación, se mantuvo pensativa, su mirada desenfocada.
—Sabía que no habías cambiado, siempre serás el mismo monstruo de siempre.
—El Rey quiere tu corazón y el de tu hermana.
—Tu Rey es Ichigo, no quien quiera que sea ese sujeto.
—Lo sé.
—Hazme lo que quieras a mí... Pero... Al menos deja ir a Lisanna, si existe algo bueno en tu interior... Deja a mi hermana ir... Por favor, ya me quitaron a mi hermanito... Al hombre que amaba y a mi gremio... Por favor, Erza.
*Cerró sus ojos y aspiró aire para soltar un largo suspiro, alzó su vista hacia arriba por unos segundos. Contempló sus decisiones y su vida, sus ideales de defender a Edolas a todo costo y... Pensó en la Cazadora de Hadas y en Erza Knightwalker... ¿Había algo que las diferenciaba? ¿Ese título de verdad era la totalidad de su persona como muchos creían? ¿O... Sólo era un título que enmascaraba a la mujer que había tras de él? Había llegado un momento en su vida en el que de verdad creía que sólo había la Fairy Hunter y nada más, Erza Knightwalker sólo era una forma en la que los demás la llamaban formalmente... Pero ya había comenzado a desligarse de esa idea, comenzaba a pensar que había más de sí misma además de la Cazadora de Hadas... Ahora esa línea se había vuelto difusa y difícil de percibir.
Abrió el baúl, había ropa y algunas piezas de armadura. Comenzó a vestirse, se colocó ropa interior negra. Usó unas pantimedias azul marino que llegaban hasta la mitad de los muslos, encima botas negras de material rugoso como cuero curtido, las botas llegaban hasta arriba de las rodillas pero quedaban más abajo que las pantimedias. Encima de las botas puso unas piezas de armadura plateada reminiscentes a grebas, éstas cubrían la parte superior de los pies y las espinillas e iban ajustadas con hebillas a las parte posterior de las botas. Se colocó una camisa acolchada de lona endurecida con salmuera y un proceso alquímico que le confería protección mágica, las mangas tenían tiras de cuero para ceñirlas de manera que no molestaran al maniobrar su lanza. Sugarboy la ayudó a colocarse la brigantina que estaba en el baúl. Ella extendió sus brazos para permitir que entren en la prenda de protección. La brigantina era negra, una combinación de cuero, lona y lino en el interior para que las pequeñas placas de metal quedaran entre dos capas de tela y no rosaran con la camisa interior. Los remaches que unían las placas de metal con el resto de materiales tenían una cubierta de un color similar al del latón, se ajustaba con seis correas de cuero en el frente, Sugarboy se encargó de tal trabajo como si de un escudero se tratase.
— ¿Qué es lo que realmente piensas hacer, Erza?
— preguntó mientras seguía amarrando y ajustando bien la brigantina.
—Lo que sólo yo debo hacer.
— ¿Sabes? A pesar de que nos conocemos de toda la vida, siento que no nos conocemos en lo absoluto. Últimamente ya no te conozco, Erza. Pero te voy a decir algo—se detuvo para tomar una escarcela de láminas de metal y cuero unidas por remaches—Lo que sea que pienses hacer es una causa perdida. Edolas ha perdido contra "ese" hombre... El Orange King perdió contra él... Ya no hay nada por hacer.
—Aún hay algo que puedo hacer, y tú también puedes si dejaras de actuar como una niñita asustada. También te desconozco en ese aspecto, Sugarboy.
—No lo niego, sí me da miedo. Nunca he sentido tanto temor hacia alguien... No sé si considerarlo "alguien" sea lo correcto o si debería llamarlo como "algo".
La mujer supo que era verdad lo que decía, podía ver el temor en sus ojos. Sabía que Sugarboy no era un hombre fácilmente impresionable y muy díficil de atemorizar.
La escarcela quedó ajustada a la brigantina. La peli-escarlata se puso guanteleted de cuero que cubrían por completo sus antebrazos, tenían como protección pequeñas láminas de metal seccionadas que cubrían sus falanges, nudillos, muñecas y láminas apiladas una sobre otra en los antebrazos, esto para brindarle protección sin sacrificar movimiento. No era tan flexible como sus atuendos pasados pero tenía entendido que era una reliquia antigua y brindaba buena protección sin limitar demasiado su movilidad.
— ¿Dónde está en este momento?
—Después del discurso nos ordenó que volviéramos a las barracas ya que él iba a reposar en sus aposentos, la pelea lo fatigo mucho.
Agarró el asta de la Ten Commandments y dejó reposar la cabeza de la lanza en su hombro para salir de la habitación.
—Bien, no volveré a tener una oportunidad así, llegó la hora. Si quieres sigue aquí aterrado y deja morir a Edolas y su esperanza.
—Erza, como tu camarada general, hazme caso. No vas a lograr nada más que te maten, no sé lo que pretendes pero si tus acciones han sido debido a lo que me estoy imaginando, sólo vas a cavar tu propia tumba.
La mujer salió y se dirigió a las habitaciones de sus hombres, comenzó a golpear puerta por puerta mientras caminaba por el pasillo.
Soldados comenzaron a salir, estos siendo miembros de la segunda división de guerra mágica y jinetes de Legion.
—Mi Señora, pensábamos que estaba bajo tratamiento por sus heridas.
—El reposo ya terminó, es hora de volver a cazar.
— ¿Cuáles son sus órdenes, Generala?
El tímpano de Knightwalker fue presa de un intenso zumbido, el dolor de cabeza se estaba intensificando.
—¿Por qué?
—Porque debo proteger a la única persona sin la que puedo seguir viviendo.
— ¿Generala Erza?
La guerrera sacó su mente de esos recuerdos y se enfocó en el presente. Miró a su subordinado extendiendole un pañuelo. Sintió un líquido caliente sobre su labio superior, tomó el pañuelo y limpió el área y sus orificios nasales. Al mirar el pañuelo éste estaba empapado con sangre.
Soltó la tela y dejó que cayera al suelo para darse la vuelta y marchar.
—Preparen sus Legions, los veré en los calabozos.
—¡A SUS ÓRDENES, GENERALA ERZA!— exclamaron el pelotón de soldados.
—Erza.
La peli-escarlata se giró al oír la femenina voz.
—Coco...
La chica se aproximó a ella y le extendió su bufanda negra. Ella observó la pieza de indumentaria por unos segundos para luego tomarla y enrollarla en su cuello.
—Ve con ellos, te mantendrán segura.
La jovencita asintió y retrocedió unos pasos. La Knightwalker caminó hacia una ventana que había al final del pasillo, quitó los pestillos y la abrió para luego arrojarse através de ella.
—¿Este es otro de tus juegos? ¿De verdad nos vas a dejar ir así sin más?
—No, no más juegos. Y no te dejaré ir así como así, no podrán dar dos pasos sin que las maten a ustedes y a mí. Hay un remanente de la Guardia Real que todavía le es fiel, haré que las saquen de la ciudad por un medio seguro.
—Si no le dices te va a odiar, de verdad va a pensar que-
—No importa, es mejor así... No puedo engañar a todo mundo sin engañarlo a él primero.
—Piensa bien lo que estás haciendo, si sobrevives todos te odiarán
—Ya lo hacen... No es como si me importe mucho lo que piensen de mí... Además, no planeo volver de esta misión, será mi última y más importante de todas.
—...—¿Por qué haces esto por nosotros?
—No lo hago por ti o por tu hermana, lo hago por él. Ustedes son importantes para él... Y tú puedes darle algo que yo jamás podré.
Caía en picada, sujetó su lanza contra su pecho con ambas manos, juntó sus piernas para tener una forma más aerodinámica. Iba contando mentalmente los niveles del castillo a medida que iba descendiendo. Cuando calculó que ya estaba a un par de niveles de los calabozos se encogió en una posición fetal y dio unas cuantas volteretas para reacomodar su cuerpo. Enterró su lanza en el muro exterior de la fortaleza para frenar su caída, pequeños trozos de piedra se desprendían a medida que el arma rompía el muro, usó sus pies para ayudarse a desacelerar. Una vez detuvo su caída afincó bien sus pies y re-equipó su lanza en su forma Explosion e hizo explotar la pared. Al ser derribado su único sostén cayó de nuevo pero logró sostenerse con una mano del borde del muro roto. Se levantó e ingresó al lugar.
— ¿Qué..? ¿Qué rayos pasó? ¿General Erza?— preguntó un absorto soldado que estaba haciendo rondín en el área.
Ella lo ignoró y sencillamente giró su lanza aún en su forma explosiva y dió un firme toque con la cabeza contra el suelo que cedió de inmediato ante la magia detonante. Cayó al piso inferior y sostuvo el asta del arma en la misma posición de manera que la Ten Commandments tocó el suelo antes de que sus pies lo hicieran, la lanza teniendo el mismo efecto que en el nivel anterior. Ahora extendió su lanza a un lado y encogió sus rodillas y usó su mano libre para ayudar a sus pies en el aterrizaje.
Al enderezarse inspeccionó el calabozo, podía escuchar múltiples voces en el lugar que usualmente era muy callado excepto por cuando habían prisioneros, y esas voces no sonaban a lamentos de dolor. Concluyó que la seguridad se había triplicado y no era para menos dada la persona que estaban custodiando.
Aceleró más su paso a la fuente de las voces, no tardó en encontrar oposición. Soldados de alto rango, conocidos suyos, pudo ver a algunos que fueron subalternos en su división.
—General, supondré que no tiene idea por haber estado en recuperación pero aclaro que no tiene autorización para ingresar a esta área por el momento. El Rey dio orden de que nadie ingrese a este nivel del castillo durante la duración de la operación. Por favor, debe retirarse del área.
Todos los ojos que no eran pocos en ese corredor que daba hacia las celdas estaban puestos sobre ella. Expectantes y ansiosos por su siguiente acción que esperaban no fuera hostil.
—Yo protegeré tus espaldas mientras tú protejas las mías, ¿Trato?
La peli-escarlata bajó la cabeza un momento, mirando hacia el piso. Su mirada se tornó pérdida por unos segundos, y si no fuera porque el soldado conocía desde hace años el carácter de la fría guerrera juraría haber notado un dejo de melancolía o tristeza en su mirada. Su expresión se volvió a enseriar y a tornar inmpasible, a pesar de ello esbozó una leve sonrisa de medio lado. Sonrisa llena de seguridad, como la que hace alguien que está certero de que todos sus problemas se van a solucionar. Alzó su vista para mirar al sujeto que tenía enfrente, él naturalmente comenzó a sospechar de las intenciones de ella.
Extendió su mano como barrera para detenerla.
—General, cómo le dije, debe-
Antes de poder terminar su frase, Erza lo tomó por su muñeca con su zurda y torció su brazo, haciendo que instintivamente se encogiera y tratara de liberar su extremidad. Aún teniéndolo inmovilizado deslizó el asta de su lanza en su mano para acercarla más a la cabeza explosiva de forma que fuera más fácil maniobrarla. Golpeó con la punta al hombre en el pecho, enseguida la lanza liberó su energía e hizo estallar su cuerpo en pedazos de carne y huesos que quedaron extendidos por todo el pasillo. Miró por unos segundos el brazo cercenado que aún tenía en su mano, lo arrojó atrás de sí y comenzó a caminar lenta y pausadamente.
Los demás entraron en pánico ante la simple idea de tener que pelear contra Erza.
Bajó el arma hacia un lado suyo y la sostuvo por el medio del asta, giró la lanza un par de veces en su mano hasta que detuvo los giros tomando la parte más cercana a la cabeza con su zurda.
Afirmó su agarre, separó y plantó bien sus pies.
—SILFARION—rugió con fiereza activando su lanza de velocidad.
Dio un acelerón por el pasillo con el inmenso aumento de agilidad y rapidez que le dio su arma. Les fue imposible a los soldados prevenir o siquiera detectar los ataques de alta velocidad sino hasta que ella se detuvo y patinó por el piso unos metros mientas se frenaba. Una cortina de polvo se levantó por el paso que transitó y todos los soldados que habían desde el punto en el que comenzó hasta en el que terminó su trayecto se desplomaron, despedazados por los ataques.
Continuó su rumbo en búsqueda de su objetivo. Más soldados comenzaron a llegar de todas direcciones, cubrieron ambos lados del pasillo. Erza regresó su lanza a su forma standard de cuatro cabezas dentadas apuntando hacia dentro.
Uno de los soldados que estaba escondido entre las sombras del lugar salió de su escondite al notar la oportuna distracción de ella, agarró el asta del arma tratando de arrebatarsela. Knightwalker sujetó su Ten Commandments con firmeza, a pesar de la emboscada fue imposible arrancar de su mano derecha la lanza que ya parecía parte de ella. En un agraciado pero eficiente movimiento puso la parte trasera de su pierna detrás de la de su agresor, flexionó su rodilla de manera que ambas piernas quedaran enganchadas por las partes posteriores de la rodilla. Al mover su pierna hacia atrás le quitó balance a su oponente, a partir de allí tuvo control total de su enemigo a quien empujó con el asta de la lanza demoníaca puesta contra su coraza y arrojó al suelo de inmediato. Al caer el susodicho liberó su agarre y quedó desprotegido del modo cañón de la Ten Commandments que tenía justo frente a sus narices. Por unas milésima de segundos sintió el calor del cañón en su rostro antes de que éste desapareciera en su totalidad por el haz de luz destructiva.
Tronó su cuello en señal de que ya iba a luchar enserio.
— ¿Eso es todo lo que tienen? Son una vergüenza para la Armada Real de Edolas, si se supone que son lo mejor que puede producir está nación entonces su protección está puesta en las manos equivocadas. Apuesto que a un mago de Fairy Tail le iría mejor que a ustedes, al menos ellos podían dar una pelea cuando se lo proponían— al decir eso, una sonrisa sádica invadió su rostro.
Se giró de manera que ambas vías del corredor quedaron a sus lados, así tenía visión de los movimientos de sus enemigos. Los militares avanzaron a paso de guerra, gritando a todo pulmón, haciendo uso de todas las agallas que tenían.
—VENGAN ENTONCES, SEAN VALIENTES Y TENGAN UNA MUERTE HONORABLE— vociferó en sintonía con los clamores de guerra.
Erza re-equipó su lanza en su versión doble, Blue Crimson. La de fuego en su diestra y la de hielo en su zurda. Agitó la ardiente arma hacia los que avanzaban hacia ella a su derecha e hizo lo mismo con la gélida lanza en contra de los que tenía a su izquierda. Los gritos de guerra fueron reemplazados por gemidos de dolor de soldados con sus extremidades congeladas o con púas de hielo atravesando su cuerpo en algún lugar, mientras que del otro lado del pasillo sólo habían lamentos de sufrimiento y olor a carne quemándose. Saltó y dio una leve voltereta en el aire para turnar sus armas en la dirección contraria a la que había usado cada lanza hace un momento, antes de tocar el suelo disparó una onda helada a los hombres que caminaban prendidos en llamas, el frío se convirtió en vapor al hacer contacto con las llamas pero apenas estas cedieron todos terminaron congelados. De igual manera cuando la ráfaga ardiente de Crimson golpeó a los enemigos congelados el hielo se evaporó y estos comenzaron a arder.
Volvió a retomar su rumbo, ya estaba cerca. Pasó por la celda en la que había sido aprisionada cuando Fausto fue derrotado, se detuvo y tan sólo miró esa minúscula celda de tres paredes y barrotes. Allí fue cuando tomó esa desición que cambiaría su vida para siempre. Esa pequeña celda representaba su percepción de las cosas, de Edolas, de los humanos, de las emociones, de la libertad de pensar y sentir. Esa celda era donde siempre estuvo encerrada y ese día se le ofreció la llave y decidió salir.
Posó su mano por los barrotes, acarició el viejo y metal.
Sacó su mente de sus pensamientos al sentir un empujón en su pecho, un cuchillo tratando futilmente de penetrar la armadura. Al mirar a quien sostenía el instrumento reconoció al Verdugo, al despreciable amo y señor de estos sucios calabozos.
—Asqueroso gusano— habló la peli-escarlata apretando la mano que empuñaba el puñal.
— ¡Traidora! El Rey August regresó para salvar a Edolas ¿Así es como lo agradeces?
—Mi lealtad no está con mitos de glorias pasadas y tú no vivirás lo suficiente para celebrar su retorno.
Enseguida empujó la mano que sujetaba el cuchillo, el Verdugo forcejeo sin gran éxito contra la superior capacidad física de la guerrera. Le dio un puñetazo en la cara, esto no hizo mucho más que irritarla aún más. El corpulento hombre que escondía sus deformidades debajo de su vestimenta comenzó a gruñir de dolor al sentir el frío metal penetrar su abdomen poco a poco.
—Es una lástima que mi tiempo es finito y que mi misión es demasiado importante o yo misma te enseñaría qué es la verdadera tortura— susurró a su oído mientras daba el último empujón y terminaba de hacer que se apuñale a sí mismo.
El Verdugo sostuvo la mano zurda de Erza con su mano libre y se inclinó más hacia ella.
—Gritó como un niño cuando lo torturé— musitó, seguido de una cruel sonrisa llena de satisfacción.
Knightwalker abrió ampliamente sus ojos, su expresión se llenó de furia incontenible. Soltó la mano del hombre y encogió esa misma zurda para luego pegarle un puñetazo al pomo del cuchillo haciendo que el guardamano y toda la empuñadura penetre su hasta su estómago. El dolor que sobrevino fue descrito con un inmenso alarido.
Enseguida sostuvo la nuca del Verdugo con su zurda y lo atrajo hacia sí misma para estampar su rostro contra su rodilla que quebró su nariz. El hombre retrocedió, unos pasos, su mano derecha todavía en el cuchillo que lo apuñalaba y la izquierda en su cara sangrante.
Con el contrapeso de la Ten Commandments golpeó su pie, quebrandolo, a eso le siguió un puñetazo con toda la fuerza que le permitía su musculatura. Golpe que, de inmediato quebró la mandíbula del Verdugo en cuatro partes. Éste cayó de rodillas, gimoteando de angustia.
Erza lo miró con frialdad y apuntó su lanza hacia él.
—Mel Force— pronunció usando la onda de vacío que producía dicha lanza y despedazado al despreciable sujeto en su totalidad.
Un gran dolor le sobrevino, su boca se llenó de un sabor metálico y escupió una gran cantidad de sangre. Se sostuvo de una pared por un momento, su migraña intensificandose más.
No descansó por mucho, no tenía tiempo para ello. Aceleró su paso y tras unos pocos minutos se encontró con lo que buscaba, había un grupo de soldados trasnportando lo que parecía ser una cápsula de cristal que se elevaba unos treinta centímetros sobre el suelo como si estuviera repeliendo el piso. No había que ser un genio para concluir quién estaba dentro del artefacto. Parecían dirigirse a la bóveda de contención.
Erza corrió hacia el grupo de cinco soldados, atravesó a uno con su lanza en su forma standard, lo alzó sobre el piso y luego lo arrojó contra otro de los guardias, saltó y se deslizó sobre el cristal de la cápsula para patear a otro de los hombres en el pecho y conectar un puñetazo en su cara que lo noqueó al instante. Se giró, uno de los sujetos agitó su espada y clavó el filo en el hombro de la peli-escarlata, la armadura detuvo el arma sin mucha dificultad. Ella tomó el brazo dominante del soldado que era el mismo que sostenía la espada. Con su mano diestra sujetó la parte interna de su muñeca para fijarlo. Encogió su izquierda y soltó un terrible codazo que conectó directo en el codo del sujeto, tras la enorme fuerza aplicada este se dobló en la dirección contraria. Está de más decir que el grito retumbó através de todo el calabozo. La espada cayó al suelo al ser liberada. A pesar de esto aún no lo soltó, siguió sujetándolo por la muñeca de su ahora dislocado brazo. Avanzó hacia delante, hacia el otro guardia quien tenía una lanza, el susodicho no dudó en atravesar a su propio compañero para llegar a Erza. La guerrera aprovechó la oportunidad que se le presentó cuando el arma de asta quedó atrapada en el torso del moribundo soldado, soltó su muñeca y lo empujó hacia un lado, arrebatando de las manos del otro la lanza. El soldado alzó sus manos en señal de rendición y empezó a retroceder poco a poco, La Knightwalker dio dos pasos lo suficientemente largos como para acortar la distancia entre ambos y lo tomó por su cabeza con ambas manos, su izquierda la pasó tras de su nuca y sostuvo su sien y con la derecha sujetó la parte trasera de su cabeza. Así en esa posición empujó su frente contra el cristal que apesar de parecer delgado tenía un espesor considerable. La retorcida idea de la mujer era romper el cristal de la cápsula usando el cráneo de su enemigo, por desgracia su cabeza cedió primero y tras unos cuantos golpes sus sesos se desparramaron por el cristal de contención.
Suspiró decepcionada de que su idea no rindió fruto, en eso miró al último que quedaba con vida, al que le había arrojado a su compañero empalado. Soltó el cadáver aún caliente que tenía en sus manos y caminó a un lado de la cápsula para quedar frente a frente con el guardia. Su interés se había alzado al ver que éste tuvo el valor de levantar y empuñar la Ten Commandments.
—Hoh... ¿Te crees digno de sostener mi lanza demoníaca?
—Ah-ahora estás desarmada, yo t-tengo tu magia. No me vas a poder derrotar.
—Sería muy arrogante de tu parte pensar que eres el único que ha querido usar mi propia arma contra mí. Y sería muy tonto de ti creer que no he pensado en que eso podría llegar a pasar algún día. Verás, la Ten Commandments es una lanza muy orgullosa y sólo responde a su dueña. Responde a mis pensamientos cuando la sostengo.
—Pero no la estás sosteniendo, en este momento la tengo yo— profirió el aterrado guardia.
—También responde por comandos de voz.
— ¿Eh?
—Silfarion— dijo, activando la forma de alta velocidad del arma.
El soldado sin querer y sin tener experiencia alguna manejando un arma similar, y por supuesto sin los reflejos adecuados para reaccionar al aumento súbito de su velocidad y agilidad aceleró en línea recta. La lancera se hizo a un lado para darle paso y éste se estrelló contra la pared. El impacto fracturó múltiples huesos en su cuerpo y éste tan solo quedó desparramado en el suelo, sangrante y destrozado, soltando lastimeros quejidos de dolor. La peli-escarlata ni se tomó la molestia de rematarlo.
Recuperó su arma y dirigió su atención a la cápsula. Se notaba que estaba fría a simple vista. Al mirar su interior lo pudo ver por fin, estaba lastimado, repleto de heridas. Su cara estaba llena de hematomas, su brillante cabello naranja estaba manchado con sangre. Aún estando inconsciente ese ceño fruncido no escapaba de su rostro, ese detalle le hizo esbozar una leve sonrisa. Puso su mano sobre el cristal y lo siguió observando durante unos segundos más.
—¿Cómo puedo ser guardaespaldas de alguien que no puede ser herido? De alguien que es invencible.
—Todos pueden ser heridos, niña. Tal vez no su carne, pero su alma, su espíritu puede ser quebrantado. Tú muy bien sabes eso, tales tácticas son tu especialidad.
—Ya no recuerdo la última vez que me llamaste niña... Han pasado muchos años.
—Hace mucho no te considero una niña, o por lo menos así me demostraste... ¿Qué edad tenías catorce, quince?
—Doce.
—Ah, entonces sí te acuerdas heh heh
—Sólo fue una manera de decir
—¿Aún lo recuerdas bien, verdad? El momento en el que te dejé de llamar niña y te comenzaron a llamar Fairy Hunter.
—Sí... Lo recuerdo perfectamente.
— ¿Recuerdas toda esa lealtad absoluta que tenías hacia Edolas? ¿Hacia la causa?
—...—
—*Pues eso es lo que él necesita de ti en este momento, nada más que lealtad pura
Se paró encima de la cápsula y giró su lanza, la alzó sobre su cabeza y la dejó descender hasta impactar contra el cristal. El frío escapó del artefacto al quebrarse la barrera y perdió su estabilidad por ende cayendo al suelo, se sacudió un poco pero ella pudo mantener el equilibrio.
Erza lo miró mientras recordaba su primer encuentro con él, su primera lucha... Lo mucho que lo despreciaba por derrotarla y humillarla...Lo mucho que lo admiraba por ser tan poderoso... Y lo mucho que le atraía por ello.
Su distracción fue tal que no notó el cañón mágico que le apuntaban a quemarropa sino hasta que fue disparado y para entonces le fue imposible quitarse de la línea de fuego, y aunque pudiera hacerlo tampoco se habría quitado prefiriendo recibir el impacto ella que dejar a su protegido ser afectado por el ataque.
El disparo le dio directo en la espalda y la mandó disparada contra un muro, frenó el impacto con sus brazos y piernas para luego caer al suelo. Soltó un quejido de dolor, sus nerviosos estaban demasiado sensibles haciendo que las sensaciones se intensificaran más. Su armadura paró el ataque mas sin embargo era un cañón mágico de alta potencia, no era cualquier cosa. Había un agujero en el material exterior de la brigantina y las placas de metal en el interior ardían al rojo vivo, se veían unos caracteres similares a runas, estos siendo la magia defensiva que tenía la armadura.
Se apoyó del mismo muro con el que impactó y se puso en pie. Se giró, su rostro demostrando su enorme ira.
—Gravity CORE— exclamó re-equipando su lanza y arrojando de la punta un gran orbe gravitacional que atrajo a la fuerza al soldado hacia su centro, aplastandolo.
El orbe siguió avanzando hasta abrir un gigantesco agujero en ese nivel de los calabozos. Ya no había marcha atrás, debía apurarse, la destrucción a tan gran escala que generó iba a alertar a todos en el castillo de que algo raro estaba sucediendo.
Se aproximó a la cápsula nuevamente, parecía estar inconsciente pero notó cierto movimiento en sus párpados. Posó con delicadeza su diestra en su mejilla.
—Eres un idiota confiado...— musitó suavemente.
—Generala, ya estamos listos para recibir más instrucciones... Rayos... No se contuvo en esta ¿Eh?— comentó un soldado que sobrevolaba fuera del recién hecho agujero sobre un Legion.
Erza lo sacó del artefacto en el que lo transportaban y lo cargó en sus brazos. El soldado que montaba el Legion se acercó más e ingresó al lugar.*
—Ya no recibirán más instrucciones de mi parte. A partir de ahora están bajo las órdenes del Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de Edolas y legítimo Rey, Ichigo Kurosaki. Manténgalo con vida al costo que sea necesario, yo les compraré tiempo para que escapen.
El soldado estaba absorto ante lo que escuchaba, tanto que no sabía o no podía articular en palabras lo que estaba pasando por su cabeza.
—Van a llevarlo a Nueva Extalia. Si sigue inconsciente para cuando lleguen entonces van a recibir sus órdenes del Elder de la Orden del Dragón, Fausto.
— ¿Fa-Fausto? ¿El antiguo Rey Fausto?
La peli-escarlata se aproximó al militar y le extendió al muchacho, éste lo cargó. Ya se podían escuchar pasos de las multitudes que bajaban a revisar el tumulto generado por su rescate.
—ME HAN SERVIDO BIEN TODOS ESTOS AÑOS, ESTOY ORGULLOSA DE HABER SERVIDO A EDOLAS A SU LADO— exclamó la mujer a viva voz hacia todos los soldados que observaban desde afuera.
—Generela ¿DE QUÉ HABLA? ¿NO VA A VENIR CON NOSOTROS?— respondió uno de los hombres.
—No, adiós, mis camaradas. Los veré del otro lado...
Todos los soldados se alzaron y se pusieron firmes, dándole un último saludo a su temida y respetada General de División, incluso Coco lo hizo también, llorando a moco suelto como una niña.
—Ya váyanse.
—Sí, mi Señora. Fue un honor haberle servido.
Ella asintió y se dio la vuelta, preparándose para la batalla.
—E-Erza...—escuchó venir detrás de sí.
Sus ojos se abrieron de par en par y se giró lentamente. Se acercó al soldado y al lastimado Shinigami que cargaba. Sus ojos estaban entreabiertos, su mirada era demasiado débil para ser la de alguien que estaba recuperando la consciencia así que concluyó que lo más seguro es que estuviera murmurando dormido.
Sin esperarlo él extendió su mano y agarró su bufanda con mucha fuerza.
—Er...za...
Ella al ver que no podría hacerlo soltar la bufanda y sin deseos de forzarlo para no lastimarlo más, se la quitó. Aún así él no soltó la bufanda.
Knightwalker se acercó a su rostro y besó sus labios, no con pasión ni romance sino con tristeza y remordimiento, con la inexperiencia de dar su primer beso al primer y único hombre que ha amado. Y con ello se apartó de él, esa era su despedida... Mejor así, si tuviera que dar explicaciones sería más doloroso.
Asintió a su subordinado y este corrió hacia su Legion en donde con ayuda de otros dos soldados más montaron al muchacho y partieron.
Erza re-equipó su lanza en su forma Mel Force, sin esperar preguntas o mediaciones atacó a los soldados que acababan de llegar.
Aplastó horda tras horda de enemigos, usó nueve de las diez formas de su lanza para tal tarea. Se empapó en la sangre de sus oponentes, sus ojos reflejaban una fiereza como ninguna otra.
—¿De verdad lo amas tanto? Sabía que tenías sentimientos por él pero... No hasta este punto...
—No... Lo amo más. Pero esos sentimientos no van a ser correspondidos, no necesitan serlo, con haberme dejado estar a su lado es suficiente.
—EXPLOSION.
El lugar se sacudió por la explosión, el piso comenzó a derribarse. Tuvo que buscar suelo más firme.
Su respiración se había agitado, seguían llegando enemigos sin parar, ya había pasado un tiempo desde que partieron, por lo menos se habrán alejado lo suficiente para no dejar rastro si los intentaban seguir.
El castillo comenzó a temblar estrepitosamente. El aire se tornó denso y frío.
—ERZAAAA— se escuchó retumbar por todo el lugar.
La profunda y mecanizada voz hizo eco a la par de los pequeños sismos producidos por presión espiritual.
Erza aspiró aire por su boca y lo suspiró por su nariz. Sostuvo su lanza a un lado y dejó el contrapeso reposar en el suelo. El arma se iluminó, una gran cantidad de energía mágica comenzó a ser expelida por la Ten Commandments que tomó su forma más poderosa, la de la lanza sagrada Ravelt.
— ¿Entonces? ¿Te interesa la propuesta?
—No necesito un título nuevo o unirme a una deshecha orden para dar mi vida por mi Rey, también lo habría hecho por ti.
—Lo sé, pero necesito saber que cuento contigo. Hace falta un agente que trabaje desde adentro, y estamos cortos de personal
—Sí, acepto.
El Dragón Negro se plantó frente a ella con su intimidante porte.
—Sabía que eras una traidora, sospechaba de que podrías traicionarme también pero nunca esperé que tuvieras las agallas para hacerlo de verdad
—Para ser un traidor debes ser leal a algo en primer lugar.
—¿Dónde?
—No lo sabrás de mi boca y no hay amenaza o tortura que me haga hablar. No puedes estar en todos lados, no lo vas a poder encontrar.
El Castillo retumbó con más fuerzas, pequeñas rocas y polvo caían del techo a consecuencia de esto. Knightwalker se puso en guardia, su lanza liberó una gran cantidad de magia.
—Por un momento pensé que podrías ver la verdad y estar de mi lado.
Ella no respondió, tan solo cerró sus ojos. Su consciencia estaba en calma, su mente tranquila con sus desiciones y su corazón dichoso de poder morir como una guerrera.
Avanzó con Ravelt en sus manos, estaba despidiendo una gran cantidad de energía. El Dragón Negro se lanzó hacia ella apuntando a su cuello con sus garras.
—No me arrepiento de nada, hice lo que tuve que hacer... Mi única lamentación es no poder seguir a tu lado, si la opción quedara en mis manos te seguiría a donde fueras... Pero no podemos tener todo lo que queremos... Gracias por todo...y adiós, Ichigo...
Con esto concluye el arco de "La traición" del Protector de las Hadas. Este capítulo es mi despedida para mi personaje favorito de este fic. Estuve mucho tiempo pensando cómo se iba a desarrollar esta parte de la historia pero creo que estoy satisfecho en cómo quedó. Por lo general nunca comparto mis pensamientos al escribir por este medio pero creo que era necesario por lo mucho que me encariñé con Erza Knightwalker. Siendo sincero nunca pretendí que ella se volviera tan importante en la historia pero la cosas fueron en esa dirección y tan sólo seguí la corriente para ver a donde me llevaba y me llevó aquí. Publicaré un par de caps de Even a Devil May Love y ha no nos leeremos más hasta el próximo año. Felices navidades y año nuevo, mi gente. Se les quiere.
