¡Hola!
Estoy de vacaciones (¡fiestaaaa!) así que subo más a menudo.
Gracias a laina-1994, Mery Vedder y Mede Nott por los reviews del capítulo anterior.
Y ahora, vuelvo al presente y os traigo el siguiente capítulo.
Mentira
It's the moment of truth
and the moment to lie,
the momento to live
and the moment to die.
The moment to fight, the moment to fight.
To fight, to fight, to fight.
Thirty Seconds To Mars-This is War
-Pues yo sigo sin entenderlo. Es un coñazo.
-Ellie, en serio, no es tan difícil-replica Fred con un suspiro, exasperado. Coge su pluma y hace un círculo en la parte que está mal-. ¡Pero esto es una burrada!-exclama cuando lo ve.
Eleonora lo fulmina con la mirada. No le sienta muy bien no llevar razón.
-Ya lo sé. Por eso te he preguntado, idiota, porque no me sale.
Fred suspira de nuevo.
-Mira, no es tan difícil. Sólo tienes que cambiar el Conraizado cuando llegas aquí, y luego…
Están en la biblioteca. Baste decir que Eleonora, harta de que no le salga ninguna actividad, ha estado a un tris de quemar sus deberes de Aritmancia, y Fred, sintiéndose increíblemente superior al ser, por una vez, el que entiende los ejercicios, ha optado por echarle una mano.
-¡Ah! Vale, y luego pasas el siete al otro lado, ¿no?
Fred asiente y la observa mientras sigue haciendo el ejercicio. Sonríe cuando la ve resoplar para apartarse un mechón de pelo negro de la cara. Realmente es graciosa cuando estudia, con la frente arrugada en una mueca de concentración, su melena negra tras las orejas y la pequeña mata de cabello rebelde partiendo en dos su rostro. Tras unos segundos, se compadece de ella y le aparta el mechón, sujetándoselo con una horquilla sobre la cabeza.
Entonces algo le da un pequeño y doloroso pellizco en el brazo. Fred da un respingo y se gira, y frunce el ceño al ver una lechuza parda posada sobre la mesa, con un rollo de pergamino atado a la pata.
-¡Oh! ¿Es para mí?-le pregunta Fred. La lechuza le responde con un suave ulular y levanta la pata donde tiene la carta, y el muchacho le desata el pergamino antes de acariciarle el plumaje en forma de agradecimiento. Cuando el ave echa a volar para salir a través de una de las altas ventanas de la biblioteca, Fred desenrolla la nota.
Fred:
Me tienen secuestrada en la Casa de los Gritos. He averiguado que el martes por la noche no estarán. Ayúdame.
Doo–San.
Varios sentimientos contradictorios se agolpan en el interior de Fred cuando termina de leer la carta. Primero, la felicidad porque Rox está viva (no le cabe la menor duda de que ésa es la letra de su hermana); luego, la angustia por lo que le pueda estar pasando (porque su escritura es temblorosa y está emborronada con lágrimas); después, el enfado consigo mismo por tenerla tan cerca y no haber podido hacer nada en los diez días que lleva secuestrada, y finalmente la determinación de ir a por ella y liberarla de las garras de esos asquerosos.
-¿Qué es eso?-pregunta Eleonora con curiosidad, levantando la vista de los deberes de Aritmancia.
-Mira-dice Fred poniéndole la carta bajo las narices.
La expresión de Ellie pasa de atención a felicidad, pasando por sorpresa e incredulidad. Se tapa la boca con las manos, sonriendo, y ahoga un chillido excitado.
-¡Eso significa que está viva!-exclama con alegría.
Fred asiente y sonríe también.
-Ven-le dice a Ellie, tomándola de la mano y sacándola de la biblioteca. La guía hasta un aula vacía y cierra la puerta tras ellos-. Voy a ir-anuncia.
Los ojos de Eleonora se oscurecen mientras niega con la cabeza rápidamente.
-No vas a hacer nada. Vas a enseñar esto a los aurores, y ellos se encargarán-replica con firmeza.
-¡Es mi hermana!-protesta Fred.
-¡Es tu vida!-exclama Eleonora imitando su tono de voz, aunque la preocupación que hace temblar su voz estropea un poco el efecto-. Fred, por tu madre, aunque sea sólo por una vez, piensa con la cabeza. Sabes que los aurores están más preparados que tú para…
-Vale, tienes razón-la corta Fred-. Se lo diré a mi tío Ron.
Eleonora se queda momentáneamente sin habla.
-¿En serio?-pregunta, incapaz de creerse la facilidad casi insultante con que lo ha convencido.
-Sí, tienes razón; probablemente ellos lo harán mejor-replica Fred en un tono increíblemente calmado, asintiendo-. Sería una tontería.
Eleonora sonríe y le da un beso en los labios. Quizá después de todo Fred sí tenga capacidad de madurar, piensa mientras nota sus brazos alrededor de su cintura.
Es una mentira.
Pero, en serio… ¿Alguien se lo ha creído?
Fred sale de la sala común cuando queda una media hora para el entrenamiento de quidditch, diciéndole a Ellie que le apetece dar un paseo por tierra antes de hacerlo por aire. De momento, parece que su novia se lo ha creído. No es que a Fred le guste mentirle, pero sabe que Eleonora jamás le permitiría ir solo en busca de su hermana. Además, tiene poco tiempo. Ha asegurado a Ellie que había hablado con su tío Ron, y apenas faltan varios minutos para que ella lo encuentre en el vestíbulo charlando con Lucy animadamente, sin intención alguna de ir a la Casa de los Gritos a por Roxanne.
Sin embargo, cuando está pasando junto a la entrada del campo de quidditch, un rayo de luz aterriza a pocos centímetros de él, provocando que la hierba se chamusque a su alrededor. Fred se gira en redondo y descubre a Eleonora, que baja por la ligera pendiente a todo correr con la varita encendida. Y se da cuenta de que no ha logrado engañarla. Sin embargo, todavía tiene una oportunidad, su plan B, aunque no sea el que más le guste.
-¿Me puedes decir dónde diantres vas?-exige saber la muchacha, deteniéndose a escasos dos metros de él.
-Nunca pensé que serías el prototipo de novia pulpo-replica Fred, y sus ojos brillan al ver el efecto que provocan sus palabras en Ellie.
-¡No lo soy!-protesta ella, furiosa-. ¡Pero no pienso dejar que seas tan estúpido como para…!
-¿Para ir a dar unas vueltas al campo antes de que empiece el entrenamiento?-la corta Fred, alegrándose de que ella lo haya alcanzado justo en la puerta del estadio. Tiene la excusa perfecta, y además la satisfacción de ver cómo reacciona su novia al darse cuenta de que está equivocada (o al creer que está equivocada), es algo a lo que no está muy acostumbrado.
-¿Ibas…? ¿En serio ibas al campo?
-Pues claro-replica Fred, fingiendo sentirse ofendido-. ¿Qué pensabas?
-Pues que ibas a… a…-Eleonora señala con la cabeza hacia el sauce boxeador.
Fred sonríe y se acerca a ella.
-Pues claro que no, tonta. Te lo he dicho, ¿recuerdas?-y le planta un beso en los labios. Una punzada de tristeza le hiere el corazón al notar el impulso de apartarse que al principio invade a la muchacha.
Eleonora se separa de él y se muerde el labio inferior.
-Vale, creía que seguías siendo un inmaduro-admite.
Fred ríe. Qué bien me conoce.
-¿Te apetece volar conmigo?-propone. Eleonora asiente, y él la toma de la mano para guiarla hasta el armario de los vestuarios donde se guardan las escobas. Sin embargo, cuando Eleonora se acerca a coger la suya, Fred saca la varita rápidamente y exclama-: ¡Incárcero!
Unas cuerdas negras salen de la punta de su varita y se enroscan alrededor de Eleonora, haciéndola perder el equilibrio. Fred la sujeta antes de que caiga al suelo.
-¡Fred! ¿De qué va esto? ¡Suéltame! ¡Fred!-exclama, revolviéndose furiosa. El muchacho la mete en el armario de las escobas-. ¡No tiene gracia! ¡Desátame ahora mismo o te arrepentirás!-vocifera.
-Lo siento, Ellie-dice él. Se desata la corbata roja y amarilla y la utiliza de mordaza. Cuando tiene la mano cerca de ella, sin embargo, la muchacha le asesta un doloroso mordisco-. ¡Ay!
-Fred, sé lo que vas a hacer y…-Fred la amordaza, y el resto de la frase se convierte en un conjunto de bufidos ininteligibles. Eleonora lo mira con súplica, pero no por ella, sino por él. Sabe que nada bueno puede salir de que su novio vaya por su cuenta a intentar liberar a Roxanne.
-Los demás llegarán rápido-dice él, y Ellie lee en sus ojos que ya se arrepiente de haberla atado y amordazado en el armario de las escobas-. Sólo tienes que hacer un poco de ruido. Te veo después, para que termines de comerte mi mano-agrega, y le muestra la herida que ella le acaba de hacer en el dorso-. Hasta luego-y cierra la puerta, dejando a Eleonora a oscuras.
Una lágrima baja por su mejilla, dándose cuenta del peligro que corre Fred.
¡Imbécil, imbécil, imbécil! ¡En cuanto vuelva a verlo se va a enterar! ¡Y como le pase algo, lo mataré yo misma!
Dan ha dejado de intentar hacer los deberes. De todas formas, le es imposible concentrarse sin el habitual parloteo de Roxanne y sus interrupciones para quejarse de todos los profesores. Nunca se había dado cuenta de ello hasta ahora. Empieza a comprender el refrán.
Sigue dándole vueltas a lo que descubrió el otro día. No sabe exactamente por qué no se lo ha dicho a nadie; quizá porque teme que su memoria le haya jugado una mala pasada. Y sabe que un paso en la dirección equivocada supone alejarse de encontrar a Roxanne.
Sin embargo, en esos momentos la angustia por no poder hacer nada sin Rox es tan grande que necesita sentirse útil de alguna forma, contárselo a alguien. De modo que se levanta y sale resueltamente de la sala común de Slytherin, aunque sin perder su caminar elegante por un segundo. De todas formas… ¿Qué más da, un segundo más que menos?
Fred está temblando cuando llega al pie del sauce boxeador. Se muerde el labio, y se pregunta por enésima vez en los diez minutos que le ha llevado llegar hasta ahí si Ellie le perdonará algún día lo que acaba de hacerle. Seguramente no, piensa, y no puede culparla. Se imagina la situación a la inversa y se sorprende casi odiándola por dejarlo al margen de todo. Pero es por Rox. Por su hermana.
Observa el nudo del árbol. Aunque nunca ha utilizado ese pasadizo, sabe cómo hacer que el sauce no intente matarlo, ya que sus primos se lo han explicado. Recuerda lo que le contó Lucy sobre cómo le pareció que había alguien además de ella, Ben y Jackie en la casa, y se pregunta si quien tiene secuestrada a su hermana estaba ahí ya entonces.
Hace levitar una rama, que retuerce el nudo. Inmediatamente, las ramas del árbol se quedan quietas. Como Fred no está seguro de cuánto dura el efecto, decide darse prisa, y en menos de doce segundos entra con decisión en el pasadizo.
Ben baja silbando al campo de quidditch. Aún queda un cuarto de hora para el entrenamiento, pero acaba de ocurrírsele una idea genial para una nueva táctica y necesita escribirla en la pizarra antes de que se le olvide. Espera que todos colaboren, porque incluso a él le parece un poco liosa.
Sin embargo, en cuanto entra en los vestuarios escucha unos golpes en el armario de las escobas. Ben frunce el ceño y saca la varita, preguntándose cómo diablos habrá llegado un boggart hasta ahí. El sábado no estaba. Pero cuando abre la puerta, en lugar de encontrarse con su hermana y Lucy muertas, descubre a Eleonora, atada, amordazada y con lágrimas bajando por sus mejillas, con aspecto de estar al borde de un ataque de nervios.
-¡Eleonora!-exclama él, y le quita la mordaza de la boca. En cuanto lo hace, una sarta de improperios e insultos emanan de lo más hondo de la muchacha.
-… imbécil, irresponsable, insensible, capullo, juro que se va a enterar, idiota…
-Eleonora-la interrumpe él-. ¿Qué pasa?
-¿Que qué pasa? ¡Que qué pasa!-exclama ella-. ¡Desátame, Ben! Lo mataré, se va a enterar como me llamo Eleonora Black, por estúpido, cabezón…
-¿A quién?-pregunta Ben mientras la desata, aunque cree saber la respuesta. Sólo hay una persona capaz de poner a su compañera de los nervios de esa forma.
-¡A FRED!-y Ben termina de romper las cuerdas. Eleonora sale del armario a gatas y se pone en pie-. ¡Ha recibido una nota de su hermana que decía que está en la Casa de los Gritos y se le ha ocurrido ir a él solito! ¡Es imbécil!
Ben palidece.
-Tenemos que impedírselo.
-Tenemos que avisar a los aurores-replica Eleonora-. Vale, díselo tú. Yo voy a matar a Fred.
-No te ofendas-replica Ben, cogiéndola del brazo antes de que salga-pero creo que si hay que detenerlo tengo yo más fuerza que tú, así que…
Eleonora le dirige una mirada de súplica.
-Date prisa-y echa a correr hacia el castillo.
Ben se dirige a toda velocidad hacia el sauce boxeador, que está inmóvil. Le duele el costado del flato cuando llega, pero ver que Fred no está ahí y, por tanto, ya ha entrado al pasadizo, le da fuerzas nacidas del miedo. Es algo así como cuando su hermana se puso enferma en Navidad, solo que en esta ocasión sí puede hacer algo.
Sin perder ni un segundo, Ben entra en el pasadizo.
Fred ha encendido su varita para ver algo, pero lo cierto es que aun así está aterrado. Teme que algo salga de la oscuridad y lo engulla. Agudiza el oído, pero todo lo que oye son los crujidos de la vieja estructura. Se pregunta cómo eso puede soportar su peso, el de Rox y el de sus secuestradores.
Registra el piso inferior, pero no encuentra nada ni a nadie. Entonces un mal presentimiento se adueña de su mente, pero intenta alejarlo. Decide subir las escaleras, intentando convencerse de que ahí habrá más luz y estará Roxanne, pero algo le dice que no. Fred lo ignora lo mejor que puede.
Está en el quinto escalón cuando oye un crujido proveniente del piso superior. Aguanta la respiración, evitando caer en la cada vez mayor tentación de llamar a su hermana, y tras unos segundos se aventura a seguir subiendo, pero de repente la imagen de Ellie enfadada con él le llega con claridad. No es nada sensato seguir, y continuar supone acercarse a lo desconocido, pero no le queda otra.
Justo cuando llega al final de las escaleras escucha unos pesados pasos en el piso inferior. Sabe que no se lo está imaginando, y también sabe que el desconocido no sabe que él está arriba, porque los pasos parecen hacer círculos. Sin embargo, no tarda en oír un crujido que indica, sin lugar a dudas, que el desconocido está subiendo las escaleras. Y entra en la primera habitación que encuentra, sin importarle hacer ruido.
El color se esfuma de su cara cuando descubre que ya está ocupada.
Ellie tiene razón. Soy imbécil.
Ben escucha los pasos que suben las escaleras y se muerde el labio, indeciso. Debe de ser Fred. Pero…. ¿y si no? Logrando encontrar el valor Gryffindor que tiene en algún lado, y después de respirar hondo, se aventura a subir.
El primer escalón cruje de forma horrible cuando pone el pie sobre él. Ben oye un correteo en el piso superior, y supone que Fred no sabe que es él, por no hablar del terror irracional que le causa la ausencia de luz. Contiene el impulso de llamarlo y sigue avanzando.
Escucha entonces un barullo de varias voces, entre las que reconoce la de su mejor amigo. Olvidando sus reticencias, Ben sube los escalones que le quedan de tres en tres y se detiene ante la puerta de la que viene el tumulto. Alza la varita, preparado para atacar, pero antes de que pueda hacerlo, un grito de Fred se corta abruptamente y se escucha un estampido. Ben abre la puerta de una patada una milésima de segundo más tarde.
Acierta a ver a un hombre con un inmóvil y palidísimo Fred en brazos desapareciéndose, pero no le distingue la cara. Entonces gira la cabeza y ve a un segundo hombre. Antes de que pueda hacer nada, sin embargo, un hechizo aturdidor le acierta en el pecho.
Fred es imbécil, es lo último que es consciente de pensar, cuando sus ojos se fijan en la mancha de sangre que hay en el suelo.
Ron sigue leyendo y releyendo la nota que le acaba de dar Daniel Nott. Recuerda que su sobrino siempre se ha quejado de él, pero no puede creer que sea Paul McLaggen quien ha secuestrado a Roxanne y casi asesinado a Dan. Aunque, con la enorme simpatía que le inspira el padre del muchacho (insértese ironía aquí), en el fondo no le extraña.
A su lado, Lucy intenta leer la nota con curiosidad, mientras Ron la aparta de sus ojos metomentodos. Sin embargo, ver a una muchacha de pelo negro corriendo hacia él como si le fuese la vida en ello hace que se olvide de ocultársela, y ni siquiera se inmuta ante la exclamación ahogada de su sobrina cuando al fin logra leerla.
-¡Señor…Weasley!-exclama la muchacha-. Tiene que… venir-logra decir, respirando agitadamente-. Fred… la casa…
-¿Qué pasa, Eleonora?-la pregunta la hace Lucy, pero en cuanto oye el nombre de su sobrino, Ron se preocupa.
Pero la muchacha no parece tener tiempo para explicárselo. Lo agarra del brazo sin delicadeza alguna y tira de él.
-¡El sauce boxeador!-exclama, cuando finalmente Ron echa a correr tras ella, comprendiendo que debe de ser algo grave, seguido por Lucy y Dan-. ¡Fred recibió…nota…Rox…decía que…! ¡Que estaba en…Casa…Gritos!
Ron acelera hasta adelantar a Eleonora, aunque lo cierto es que es muy veloz. Tras él, Lucy mantiene el ritmo a duras penas, mientras que la mirada de Dan, que va en último lugar, da a entender que se siente la persona más lenta del mundo.
Se detienen antes de estar al alcance de las ramas del sauce boxeador; Ron recuerda su aventura con Harry y Hermione en su tercer año en ese lugar, y rápidamente inmoviliza el árbol sin ninguna dificultad. Se mete el primero en el túnel, sorprendido por lo pequeño que se ha vuelto en todos estos años, seguido por Eleonora, Dan y Lucy.
Justo cuando Dan está ayudando a Lucy a ponerse en pie tras salir del túnel, se escucha un golpe en el piso superior de la casa, seguido por un estruendo. Ron sube las escaleras a toda velocidad, con la varita en alto. Sin embargo, lo único que encuentra es a un muchacho en el suelo, con los ojos cerrados y su varita tirada a unos centímetros de su mano.
-¡Ben!-exclama Lucy, asustada, y se arrodilla junto al muchacho. Empieza a zarandearlo-. Ben… venga, despierta…
Eleonora, en cambio, pasa por encima de las piernas de Ben y asoma la cabeza en todas las habitaciones. Ron adivina lo que pasa cuando la muchacha sale de la última con los ojos llenos de lágrimas.
-¡No está! ¡F-Fred no está!
George me va a matar.
Dan se muerde el labio. En el suelo, Lucy, que está abrazada a Ben, suelta un débil sollozo. Entonces el muchacho abre los ojos.
-¿Lu?-ella asiente, las lágrimas bajando por su cara. Eleonora se deja caer al suelo y se queda mirando al infinito, con expresión ausente. Ben la mira-. Fred…-empieza-. Eleonora, lo siento-se disculpa. La muchacha no reacciona-. Se lo han llevado. Había dos.
-¿Conocías a alguno?-pregunta Ron rápidamente.
Ben niega con la cabeza; no obstante, dice:
-A uno de ellos lo vi en el periódico.
Eleonora clava sus ojos, que están de un verde pálido, en él.
-¿Quién era?-inquiere Ron.
Ben se refugia en el hombro de Lucy y cierra los ojos antes de responder, pese a que Ron cree conocer la respuesta. Sólo se le ocurre el nombre de una persona que sea capaz de desear causar tanto dolor a George y Angelina. Al hablar, Ben no hace sino confirmar sus sospechas:
-Christian Davis.
Notas de la autora: Taaan, ta-ta-ta, ta-ta-ta, ta-ta-taaan, ta-taan, ta-taan, ta-taaaan. Me moría de ganas de subir este capítulo desde que lo escribí; personalmente estoy satisfecha con cómo me ha quedado.
Punto uno: Eleonora, Fred y Ben piensan igual que yo. En este sentido, Fred es total y absolutamente imbécil.
Punto dos: Ay, pobre George. Se ve que conservar Freds no es lo suyo (vale, el chiste es un poco cruel, pero si no lo decía me daba algo).
Punto tres: No tengo la más remota idea de en qué consiste la Aritmancia, pero siempre he creído que está relacionada con las matemáticas.
Dicho esto, podéis matarme por Internet. No opondré resistencia.
