Candy se quedó un momento sin palabras.
- Este día ha sido sin lugar a dudas, uno de los más complejos que he vivido –y la estrechó-. No sé que haría si no estuvieras a mi lado en este momento. Si yo no supiera que me amas del modo que lo haces, quizá no lo hubiera podido sobrellevar como lo he hecho. Han sido demasiadas emociones, sobre todo lo que descubrí sobre Meredith, me siento responsable de ella de alguna manera.
- Albert… tú.. ¿no sería acaso que la querías? –le preguntó con temor.
- De la única persona que me he enamorado ha sido de ti –le dijo con voz suave, inclinando la cabeza para mirarla a los ojos-. Ella era una muchacha alegre que se convirtió en mi amiga y me dijo en algún momento que yo le interesaba, así que creí que podía llegar a tratarla para pensar en algo más serio. Ahora sé que no hubiera logrado desterrarte de mi corazón aunque ella hubiese sido algo más, yo ya sentía algo más profundo por ti, pero supongo que inconscientemente me aterraba la idea de que fueses tan joven.
- Me lo has dicho varias veces y no alcanzo a entender como no me había dado cuenta..
- Ni yo a ciencia cierta.
- Y cuando te fuiste a África…
- Creí que Terry te haría feliz..
- Nunca pensaste que la vida tendría tantos cambios preparados para nuestras vidas…
- Y nunca pensé confiar en la amistad de nadie más, así que fue una sorpresa que confiara en él como parte de tu felicidad.
- Creo que nos equivocamos bastante, pero la vida nos ha traído aquí de nuevo. Como si hubiera sido necesario pasar por eso para entender lo que realmente sentimos.
- Lo sé, aunque fue un proceso demasiado doloroso, angustiante y desesperante al mismo tiempo. No podía vivir sin ti. Me estaba volviendo loco.
- George me dijo que estabas casi al borde del colapso… -y recapacitó- Vamos, necesitas dormir, necesitas descansar. Anoche.. –y se iba ruborizando mientras trataba de escapar de su abrazo para que se dirigieran a las escaleras- no dormiste casi nada...
- Anoche fue la noche más maravillosa de mi vida porque la mujer que amo me dijo que me amaba –dijo, evitando que ella se apartara demasiado, tomándola de la cintura y elevándola sin dificultad en el aire, haciendo que ella abriera sus ojos de la sorpresa mientras trataba de apoyarse en los hombros de Albert. Miraba la expresión de amor en la cara de él y eso le produjo un regocijo imposible de ocultar pese al rubor de sus mejillas. Albert continuó, sin poder ocultar la emoción en su voz-. Porque pude demostrarle la inmensidad de mis sentimientos por ella y que no puedo vivir sin estar a su lado.
Albert la depositó en el suelo con suavidad, con las manos de Candy todavía sobre sus hombros, y se inclinó a ella para unir los labios a los suyos.
Fue un beso tierno, pausado. Un beso que les hizo perder la noción de todo lo que les rodeaba conforme ella entreabría sus labios.
Sus manos se aferraron a su cuello tal como había hecho el día anterior y un torbellino de recuerdos, sensaciones y emociones le inundaron.
No supo ninguno cuanto tiempo duraron besándose, pero cuando el beso comenzó a tornarse más apasionado, Albert se obligó a sí mismo a la cordura. Quería estar con ella, pero lo haría cuando ella fuese su esposa, o por lo menos haría todo lo humanamente posible. Tenía el sabor de su piel tan presente, la calidez de su interior, la suavidad.. que no podía negar que le estaba costando toda su fuerza de voluntad terminar ese beso y no ceder a la necesidad de ir más allá.
Candy estaba con los ojos cerrados, ruborizada, sus labios de un rojo intenso y la respiración irregular. Albert la abrazó con ternura y esperó que sus propios latidos se normalizaran en ese abrazo. También sentía su cuerpo agotado, así que cuando ella suspiró, se atrevió a hablar.
- Vamos, ahora será mejor que te deje a la puerta de tu habitación y descanses. Prometo que mañana desayunaré contigo antes de ir a investigar lo del ministro.
Ella asintió, dejando que Albert la guiara por las escaleras, y la dejase a la puerta de su alcoba. Él tomó su mano y besó el dorso con suavidad. Si le daba otro beso en los labios, por muy casto que pareciese, iba a claudicar.
- Buenas noches. Que duermas bien.
- Tú igual, mi vida… tú igual.
Candy entró en su habitación, sintiendo las palabras de Albert no sólo en su mente, sino en su piel. Decirle de esa manera era algo tan poco común en la sociedad, que no dejaba de ser maravilloso escucharlo. Se quedó dormida después de un breve tiempo y la mañana sintió legar con rapidez.
Se levantó para darse un baño y cambiarse a toda prisa, bajando las escaleras casi canturreando una melodía sencilla. Al llegar al comedor, la mirada de Archie se topó con la suya.
- Buen día..
- Buenos días… ¿Y Albert?
- No ha bajado al comedor.
- ¿No habrá salido a algún lado?
- Disculpen señoritos, el señor Andley se encuentra en cama todavía –dijo el ama de llaves-. La mucama fue hace un momento debido a que pensaba que ya había salido de su habitación, tal como es costumbre y como no tenía el pestillo, abrió la puerta y lo encontró dormido.
- ¿Dormido? Eso no es normal.. Albert siempre se levanta muy temprano.
- Quizá se durmió algo tarde señorita Andley, suele quedarse en la biblioteca hasta muy entrada la noche.
Candy giró sobre sus talones y salió del comedor ante la mirada atónita de Archie. Apenas si tuvo tiempo de verla subir la escalera y dirigirse a la habitación de su tío, cuando él salía del comedor. Candy era muy veloz.
Cierto que Albert era un hombre joven bastante fuerte, pero para Archie no era oculto que no lo había visto en la mejor de las circunstancias y más si tomaba en cuenta lo adolorido que él mismo había despertado esa mañana. Apenas entonces pudo darse cuenta de lo agotador que había sido la pelea entre ambos y eso que él había escapado en cuanto cenaron para tratar de reponerse lo mejor que le fuera posible. No imaginaba en qué estado se encontraba su tío, pero lo que sí sabía era que desde que llegaron y lo vieron en el hospital al lado de su padre, Albert lucía mas delgado y aparentemente parecía más agotado que de costumbre.
Esperó Archie recargado en el marco de la entrada al comedor cuando escuchó el grito de Candy.
La observó casi de inmediato salir a la puerta, pálida.
- Archie, llamen a un médico. Parece ser que Albert está enfermo!
Candy regresó a la habitación enseguida. La figura de Albert en la cama, con la pijama a rayas que él poseía empapada de sudor al igual que su cara y cabello le alarmó. Al tocarlo, pudo darse cuenta de que la temperatura no parecía muy elevada y no respondía a su llamado como si estuviera inconsciente.
Sintió la sangre irse a los pies en un instante, así que rogando que el estado de Albert no fuese muy malo, comenzó a palpar el pulso mientras le hablaba con suavidad, tratando de contener el tono angustiado de la voz y tocando después suavemente su frente.
Albert entreabrió los ojos y gimió, mientras ella se quedó casi petrificada.
- Dios…. –musitó, tratando de fijar la vista en algún punto, sintiendo la mano de Candy sobre su piel-. Candy..
- Estabas quejándote mientras dormías y aunque te hablaba no despertabas. ¿Cómo no has dicho que te sentías mal?
- Me quedé dormido casi en cuanto me acosté. No desperté en toda la noche –dijo casi arrastrando las palabras-. Pero estoy bien… estaré bien…
- He mandado llamar al médico.. ¿qué es lo que sientes?
- ¿Honestamente? Que un tren me ha pasado por encima.
- Albert!
Él soltó una risa débil.
- Siento lo mismo que sentía cuando me he resfriado, con la diferencia que no me duele la garganta ni tampoco la cabeza. El cuerpo lo siento agotado espantosamente, pero se pasará pronto.. deja que me dé un buen baño y enseguida un desayuno y ya estaré en perfectas condiciones.
- El darse de golpes bajo la lluvia ha sido la causa! no dejaré de reprocharles a Archie y a ti el que hubieran hecho una cosa semejante.
- No ha sido culpa de ello.. duermo poco, como mal, me agoto demasiado. Seguro que esto ha sido consecuencia más de ello que de haberme puesto a pelear bajo la lluvia. No quiero que te preocupes. Estaré bien –insistió.
- Eso lo dirá el médico en cuanto te vea.
- ¿Y a quien han llamado?
- No lo sé.. le dije a Archie que lo hiciera. Quizá ha llamado a alguien del hospital. Honestamente, lo ignoro.
- Fabbri vive cerca de aquí. El ama de llaves lo conoce y seguramente le ha mandado llamar –dijo desapasionadamente.
- Algo tienes tú con el Dr. Fabbri, ¿no es verdad? ¿Ha hecho algo malo?
- Lo hablaremos luego –dijo, no queriendo recordar las miradas que el médico le hizo a Candy, aunque sabía que el galeno no era una amenaza entre ambos, sabía que la forma de mirarla era de un interés evidente que podía suscitar incomodidades en el futuro. Quizá no se considerase celoso, aunque realmente sí se había comportado de ese modo casi desde que se encontraron, apenas hacía unos días.
Que situación tan paradójica. Tanto tiempo enamorado de ella y sabiéndola el blanco del afecto de muchos jóvenes, y ahora venía a ponerse celoso!
La gran diferencia era que en aquel momento, su papel era el de un amigo comprensivo y ahora, ella no era su amiga. Era su novia.
Novia.. Candy, su novia… pero si no se lo había pedido!
No. Albert había dicho que no la quería como novia, la quería como esposa, aunque honestamente, no podía considerarla simplemente una novia, ella había sido más que eso: su mujer.
Ahora, tener la amenaza de Fabbri cerca le era muy incómodo y mal momento para decir que la relación entre ellos era amorosa cuando el médico tenía lazos afectivos con su hermana y su cuñado, quienes seguramente habrán dicho que él era el tutor legal de Candy. Maldijo para sus adentros sin poder evitarlo, deseando con todas sus fuerzas que George llegara a Londres con los papeles de adopción invalidados. Albert quiso incorporarse pero Candy no se lo permitió.
La espera por el médico no fue muy larga. Efectivamente, la residencia donde Fabbri vivía quedaba a un par de calles de la casona, así que fue la opción evidente del ama de llaves cuando Archie le informó de la necesidad de un médico.
Fabbri lucía una camisa de color azul, sus pantalones eran grises, del mismo modo que el saco, el cual a todas luces tomó con prisa, y traía un maletín de médico en la mano. Rápidamente se hizo cargo de la situación, haciendo preguntas de modo profesional tal como había hecho a Candy el día en que sufrió el desmayo, mientras auscultaba al rubio tranquilamente. Albert las contestaba apenas notándose la incomodidad de tener que responder a ellas, pero al parecer a Fabbri esto no lo afectó en nada.
A pesar de su condición de enfermera y de que el grado de intimidad entre ella y Albert había roto todo límite, Candy no pudo menos que ruborizarse al volver a tener frente a ella la figura de él con la parte superior del pijama abierto.
Sabía que antes lo había visto sin camisa (especialmente cuando arriesgó su vida por ella el día que Dongo escapó de sus cuidadores y estuvo a punto de atacarle), pero la experiencia era mucho más intima en este momento debido a lo que habían compartido.
Alexander revisó el pulso de Albert, verificó la temperatura, inspeccionó su garganta con un suave masaje externo y le pidió que abriera la boca para corroborar que en su faringe no hubiera ninguna rojez o protuberancia blanquecina, enarcando la ceja cuando Candy le dijo que había estado bajo la lluvia el día anterior por un tiempo que no supo definir.
- ¿Es consciente de que tiene magulladuras en varias partes del cuerpo? Tiene el inicio de varios cardenales en el torso, en el hombro.. por lo que veo también una leve inflamación en una parte de la cara, pero más que nada la mandíbula y el mentón. ¿Siente mucho dolor?
- No me duele específicamente nada a menos que se refiera a presionar los moretones. Lo que siento es agotamiento.
- ¿Es que se ha inmiscuido en alguna pelea o ha sufrido una caída aparatosa?
Albert se le quedó mirando unos segundos, incómodo por tener que revelar la razón de los moretes. No eran dolorosos como parecían serlo, pero la duda estaba impresa en el rostro del galeno.
- Una pelea, pero no ha sido motivo de cuidado. Supongo que todo el causante de mi malestar es que tenía demasiadas noches sin dormir adecuadamente y no darme tiempo para siquiera descansar. Apenas me recosté anoche y me quedé dormido. Candy se ha preocupado y eso es lo que ha ocasionado que se le haya mandado llamar.
- Es probable que esté sujeto a demasiado trabajo o actividades y eso le esté produciendo semejante cansancio, pero también puede ser que se trate de un resfrío y no lo debe tratar con ligereza. Un par de días de reposo, tomando líquidos y manteniendo un nivel de humedad en la habitación adecuado y…
- No. No puedo quedarme en cama. Tengo demasiadas ocupaciones como para dejarlas a la deriva.
- Mire señor Andley, no espero que se sienta cómodo con mi opinión, pero es mejor que se tome un par de días de descanso. Si aparece algún síntoma de resfrío como es que comience a estornudar o a subir la temperatura, me llama; pero si no, y se comienza a sentir mejor, podrá levantarse y seguir con su vida normal. ¿Desde hace cuanto tiempo que no duerme un mínimo de 8 horas por la noche?
- Nunca suelo dormir tanto. No tengo tiempo..
- Pues deberá hacerse del tiempo. Es muy joven para tener este grado de agotamiento. Quizá es debido a que se está alimentando mal también. Recuerde que el organismo es una pieza de ingeniería muy precisa. Al primer engrane mal ajustado, comienza a dar problemas y eso afecta a toda la maquinaria.
- Le agradezco Fabbri, sus consejos y atenciones –dijo, aunque no había asomo de gratitud en sus palabras, sino que mas bien parecía una expresión educada de su parte, mera formalidad, cosa muy extraña en Albert-. Diré en mi defensa que mis horas de sueño han sido mínimas desde que Bruce fue hospitalizado, y que como él ya se encuentra en muy buen estado, espero que no haya necesidad de quedarme despierto tantas horas.
- Bien, entonces procure descansar el día de hoy por lo menos. Retírese la ropa húmeda y manténgase hidratado para evitar sorpresas más adelante. Voy a hacerle algunas recomendaciones y en caso de presentar molestias por los golpes, un remedio que encontrará en alguna farmacia o droguería.
Alexander iba a extender una receta y se quedó inmóvil un par de segundos antes de voltear a ver a Albert.
- ¿Bruce se encuentra en casa? Me gustaría saber qué tal se encuentra esta mañana.
- Mi cuñado se encuentra en el hotel en este momento. Necesitaba recoger sus cosas.
- ¿Marcha de Londres? –preguntó observando por un segundo a Candy y de ahí fijó su vista en Albert. Ella se quedó estática unos momentos.
- No.. –rumió Albert sin querer decir más datos, dándose perfecta cuenta de la mirada de Fabbri para con Candy y la misma no le gustó.
- El señor Cornwell y su esposa vivirán en la casona en tanto solucionan unos asuntos pendientes –respondió Candy y un leve brillo pudo advertirse por un breve instante en los ojos oscuros del doctor, aunque aparentó desenfado, volviendo a la receta que tenía que llenar. Escribió algunas cosas antes de proseguir.
- Será bueno que me informe que tal se siente de vez en cuando. Quizá también sea bueno que me visite o por el contrario tendré que molestarlo yo con mis intromisiones –y se incorporó con la receta en mano y acercándose a Albert-. Su cuñado es muy amigo de mis padres y yo con el tiempo le he ido tomando mucho aprecio. Mi padre no me perdonaría que no estuviese al tanto de su salud.
- Lo entiendo. Le aseguro que Bruce estará en contacto con usted diariamente si es necesario –le dijo, observándolo a los ojos-. De mi cuenta corre.
- Del mismo modo, si necesita mis servicios, no dude en llamarme. Hoy no laboro en el hospital, me deben varios días debido a que he trabajado en días libres. Mañana le visitaré nuevamente para ver qué tal va su condición.
- Se toma muchas molestias por nosotros.
- Si no fuera el afecto por Bruce y la atención a que usted es hermano de Evelyn, de cualquier manera mi profesión me exigiría estar al pendiente. Es mi vocación. Para quienes laboramos en alguna rama de la salud, es mucho más que un asunto de intereses. Nos tomamos la salud de las personas como algo prioritario y eso supongo que la señorita Andley también lo entiende debido a que es enfermera. No es como trabajar de nueve a seis en cualquier otro lado.
La mirada de ambos hombres se sostuvo un tiempo que a Candy le pareció interminable, hasta que con nerviosismo, ella carraspeó. Al momento, Alexander volteó a ver a la rubia, concediéndole una sonrisa que hubiera debilitado las rodillas de cualquier otra dama, pero que en Candy fue casi innecesaria, la misma, sonrió levemente para de inmediato dirigir la mirada a Albert, y se acercó, para auxiliarle.
- ¿Te busco otra pijama?
La mirada de Albert, que se había tornado álgida al ver la sonrisa de Fabbri, cambió al encontrarse con la de Candy. Ella le traía paz y fue suficiente ver su expresión de interés total en él para que Albert no pudiera reprimir una sonrisa que llenó su rostro e iluminó sus ojos azules, eclipsando todo para Candy que no fuese su mirada.
- No es necesario. Me levantaré a buscar algo cómodo. No estoy acostumbrado a estar en ropa de cama todo el día y no prometo que voy a dormir ni a estar recostado todo el rato. De hecho requiero darme un baño, no creo que eso esté contraindicado. ¿No es así, doctor?
Alexander se contuvo de hacer una mueca y asintió.
- Sólo procure no enfriarse o salir para evitar cambios de temperatura. Hay que descartar que sea resfrío primero.
- Perfecto! -sonrió Candy mirando a Albert-. Entonces por lo menos vas a dejar de preocuparte por el día de hoy del trabajo y de las obligaciones que siempre te agobian. Voy a ordenar que suban tu desayuno y después me voy a hacer cargo personalmente de tu bienestar. Así que quiero que esperes a que te prepare el baño ¿Hecho?
- Pero Candy, cualquiera del servicio podría preparar el baño.
- Nunca me sentiré segura si no lo hago yo. No te resistas a mis atenciones que soy una profesional. Tengo a la mano el título que lo demuestra.
- Ya he sido testigo de ese título. No hace falta recordarlo.
- ¿Será como cuando estabas internado en el Santa Juana o no me darás guerra con el asunto de comer bien?
- Comeré todo lo que me digas. No tendrás queja de mi parte.
Albert sonrió ampliamente, mirándose el brillo divertido de sus ojos como si el médico no fuese testigo de esa interacción tan poco usual.
Alexander perdió toda sonrisa conforme fue testigo de la forma de mirarse de ambos, del diálogo que a pesar de ser sobre algo que podía ser común, la forma íntima de mirarse y de dirigirse uno al otro le hizo sentirse como un estorbo, presintiendo nuevamente que el lazo que unía a los rubios no era uno que se considerara muy filial. Si solamente hacía falta que entrelazaran las manos, pero aunque no lo hicieran, el ambiente había cambiado e incluso él lo pudo percibir.
Candy se dirigió a él, con una sonrisa amable.
- Muchas gracias Dr. Fabbri. Yo me haré cargo de Albert si me da las indicaciones pertinentes.
- Creo que con lo que le he escrito en la receta y lo que le he dicho es suficiente, y le recuerdo que pueden llamarme Alexander -dijo secamente-. En todo caso, he de retirarme –dijo, extendiendo la receta a Albert y tensando la mandíbula a pesar de que estaba haciendo un gran esfuerzo en sonar cordial.
El rubio lo miró a su vez. Por primera vez desde que Candy había estado presente entre ellos, volvió a verlo con el gesto cordial y desenfadado, tal y como lo había apreciado durante los días que su cuñado había estado al cuidado suyo.
De hecho, Albert recayó en el hecho que antes de notar el interés del galeno por Candy, el mismo le había parecido una persona agradable. Lo que podían hacer los celos! Y vaya que sí había sentido celos! tal pensamiento le avergonzó, pero evitó manifestarlo. Ya era suficiente los malos ratos que había tenido que pasar.
De modo violento Alexander se excusó y salió de la habitación, despidiéndose de un Albert y una Candy estupefactos. Ni siquiera le dio la mano a Albert, simplemente hizo una venia y salió disparado de la habitación. Sin embargo, después de bajar las escaleras y cruzar la puerta de salida a la calle, Archie que estaba a unos metros de la misma por un lado del salón y que lo había visto bajar las escaleras con un gesto furibundo, le dio alcance y llamó su atención.
El muchacho no pudo reprimir el deseo de preguntarle a Fabbri más que como se encontraba Albert, el motivo por el que el galeno estaba malhumorado, pero no sabía de qué manera abordarlo.
- ¿Cómo se encuentra mi tío?
- Estará bien –dijo, apenas pudiendo ocultar su desagrado-. Requiere que descanse y duerma un poco pues se encuentra agotado. ¿A qué hora vendrá tu padre a la casa? Quiero saber qué tal ha pasado la noche.
- Ignoro la hora, pero supongo que será hoy en el transcurso del día.
- Dile por favor que espero tener noticias suyas.
- Doctor.. –le llamó Archie, ante lo cual Alexander le miró a los ojos-. ¿Le han pagado la consulta?
- No suelo hacer visitas a domicilio. Digamos que esto ha sido una visita al pariente de un amigo. Ese tipo de servicios son favores más que otra cosa.
- De cualquier manera, no puede ser que no haya un modo de corresponder a ese detalle.
- ¿Qué es lo que deseas Archibald? -le preguntó casi con fastidio.
Archie cerró la puerta de la entrada a la casona y se encaminó al lugar donde Alexander se encontraba, casi con un pie en el primer escalón de la entrada.
- Usted… Tú, estás interesado en Candy. ¿No es así?
Alexander soltó una risa pero la misma no sonó genuina.
- ¿Preocupado por algo? ¿Acaso formas parte de esa maraña extraña que acabo de ver hace un momento?
- ¿Qué maraña?
- La forma en que tu tío y la muchacha que creí era tu prima, se estaban tratando.
Archie se quedó mudo al ver cómo Alexander hablaba con visible desprecio. Apenas se repuso para contestarle.
- Son amigos desde que ella tenía 13.
- Igual que tú, ¿no es cierto? Pero a ti no te mira de la forma en que lo mira a él. Pude darme cuenta de eso.
- ¿Qué sabes tú de nosotros?
- Por lo que veo, no sé nada, pero no soy estúpido y seguramente hay más de lo que me han dicho sobre el lazo que les une a la señorita Andley.
- Ella es extremadamente importante para nosotros.
- Ya me ha dicho ella que no es tu prima, ni sobrina del señor Andley.
- Efectivamente, Candy no es sobrina de Albert. Mi familia la acogió pues ella estaba desamparada, pero no existe un lazo sanguíneo ni legal –presumió Archie. Rogaba que George pudiera hacer el trabajo que Albert le había confiado de invalidar todo pues Albert se lo había dicho.
La expresión de Alexander se endureció más, si eso era posible. Ya ella le había dicho eso, así que su mente empezó a atar cabos.
- ¿Por qué has salido ayer del hospital como un basilisco, Archibald? –Alexander caminó hacia el muchacho un paso, pero Archie no se amilanó.
- No entiendo a qué viene que preguntes eso.
- El primer día, cuando te he encontrado como un guardián salvador de la señorita Candy, parecías un novio celoso. De hecho, parecía que estabas intimidado por mi cercanía con ella. Le plantaste un beso agarrándola de la cara con ambas manos. Creí honestamente que podía ser que fuese tu novia, pero tu madre se refirió a ella como su sobrina. Ya sé que no lo es realmente, y me haces pensar que tus reacciones corresponden a alguien que siente mucho más que afecto por ella.
- Estás invirtiendo las cosas.
- No estoy invirtiendo nada, solo estoy poniendo en claro cuales son los hechos. Ayer, después de dar de alta a tu padre, estuve un piso abajo del que él ocupaba y estuve charlando con un colega cerca de las escaleras. Vi tu cara desencajada cuando estabas bajando. Me sorprendió verte de esa manera, pero cuando iba de regreso a la habitación de uno de los enfermos, tanto tu tío como ella bajaron también silenciosamente, y aunque no les vi por mucho tiempo, pude percibir el gesto de ambos y el hecho de que ellos bajaran relajadamente a diferencia de ti, fue lo que me pareció inusual; sin embargo, preferí hacerlo a un lado, hasta hace un momento cuando me he dado cuenta que no es algo esporádico. Ellos parecen tener algo y hoy lo que he visto me lo reafirma. -e hizo una pausa. Podía estar malinterpretando las cosas, pero prefirió arriesgarse-. La mirada que vi en ti fue una mirada que solamente la pueden causar los celos. Tú no le tienes un afecto fraternal.
- Mi afecto por Candy no tiene nada de reprochable.
- Déjame que difiera. Ella, no es tu prima, entonces, tampoco es familia de los Andley. Por lo tanto, como tú dices, tampoco existe un vínculo con tu tío y eso les deja con ventaja de tener un romance, ¿no es así? Romance que tampoco es de tu agrado y eso es lo que te puso tan molesto. ¿Me equivoco acaso? Reconozco un arrebato de celos cuando lo veo, precisamente he salido de tu casa debido a uno.
- Estás queriendo decir entonces, que ella sí te interesa –evadió Archie. No se sentía cómodo externando lo que él sentía, todavía.
Alexander exhaló el aire con fuerza y luego aspiró, tratando de poner en orden sus pensamientos.
- No debería, es una jovencita tal como tú, pero no me la he podido quitar de la cabeza desde que la conocí y no sé exactamente lo que siento por ella, pero sí sé que no me agrada verla con tu tío de esa manera. No voy a actuar como un energúmeno falto de clase, armando una escena y lamento que tengamos que hablar de esto en este modo, porque no es algo digno de caballeros. Debo marcharme –y se meció el cabello, como si le causara mucho desasosiego haber hablado de más-. Olvida todo lo que te he dicho. Olvida que.. rayos, olvida todo!
En ese momento, el ama de llaves abrió la puerta. Traía en su mano el abrigo del médico y también su sombrero, cosas que había dejado en sus manos cuando ingresó a la casona de la familia Andley. Los tomó y forzó una sonrisa a la mujer y la misma se excusó, para ingresar de nuevo al lugar y dejando a Alexander y a Archie solos.
Ambos se miraron en tanto el médico se ponía el abrigo y el moderno sombrero el cual por cierto, le quedaba de maravilla, pero después de eso, se dio la media vuelta para seguir su trayecto por los escalones cuando Archie le tomó con fuerza del brazo, haciendo que el médico le mirara con expresión de contenido enojo.
- ¿Eso que has dicho representa que intentarás dejar a Candy en paz?
- No sé qué haré Archibald. Eso es quizá lo peor de todo –y maldijo en silencio para después volver a mirar al muchacho a los ojos-. Dile a tu padre que hoy no iré al hospital, estaré en mi casa todo el día y quizá también mañana a menos que se presente una emergencia.
Archie vio al galeno salir de la propiedad y subir a toda prisa a su coche, el cual era también una muestra de que el médico no era alguien desprovisto de dinero. El coche era lujoso y moderno, lo mismo que el sector donde vivía. Lo sabía pues había recorrido esas calles una y otra vez cuando estuvo paseando el día anterior y, el ama de llaves al referirse a él, le dijo que su residencia estaba a dos calles de ahí. Todas las propiedades de ese sector eran impresionantes y había algunas que aunque no eran muy grandes, eran de una belleza estructural exquisita. Se preguntó en cual de todas esas propiedades vivía él, pero por el entendido de lo que su padre le había comentado, el joven médico era hijo de personajes importantes y al parecer su abuelo era un hombre muy poderoso. El lugar donde vivía no debía ser menos.
Sin embargo, Archie no sabía que ese vehículo no era usado por Alexander comúnmente. Lo tenía, sí, como regalo de su padre. Lo usaba muy pocas veces, pues nunca quiso que en el hospital lo vieran como un tipo adinerado y el asunto del dinero que él poseía era algo que solamente conocían el director del hospital y el coordinador. Uno era el responsable de los asuntos de índole médica y el otro trataba mayormente lo que tuviera que ver con lo legal y económico que trascendiera del mismo. Una mancuerna muy bien formada. El Dr. Jason Broderick era amigo de sus padres y Sir Wilbert Daniels había sido también socio.
De hecho, la hija menor del Dr. Broderick siempre fue contemplada como una posible candidata para ingresar a la familia de los Fabbri, pero Alexander siempre evitó mostrar que estuviera de acuerdo, y evitaba todo tipo de acercamiento pues la había conocido desde que la chica tenía 14 y le había parecido que la diferencia de edad (de ocho años), era demasiada. Quien lo diría ahora, si la joven Candice era también ocho años menor, según le dijo el día que sucedió el desmayo!
Juegos del destino… un destino muy extraño.
Albert estuvo en aparente reposo ese día jueves y también el viernes, a pesar de que se resistía a quedarse en cama. Estuvo al pendiente de algunos asuntos de la oficina pues mandó pedir a su secretaria unos papeles, pero Candy insistía en que dejara de trabajar tanto. Alexander no fue a visitarlo, aunque se hizo cargo de que otro de sus colegas les visitase. Al parecer, habían transladado a una cantidad considerable de heridos del frente de batalla y había sido requerido en el hospital al día siguiente.
Y para Albert, que aunque no se alegraba del hecho que hubiesen más heridos y bajas debido a la guerra, el hecho de no tener a Fabbri cerca le produjo descanso, sin saber exactamente si eso hablaba muy bien de él o no.
Él solamente tenía pensamientos y ojos para Candy. La notaba exultante, rebosaba vida y se notaba feliz, y eso también fue notorio para el señor Cornwell en cuanto llegó a la casona, no sólo para Evelyn y Archie, quienes admiraron la dedicación que la ojiverde le brindaba a Albert.
Solamente Archie se notaba a veces introspectivo, pero la determinación de Evelyn de salir de tiendas ese día, permitió que el joven cambiara un poco de actitud. De hecho, mientras más se acercaba la hora de salir, su humor iba mejorando.
No era solo que le gustara vestir bien, sino el hecho de que su madre fuera su acompañante en algo que antes hacía solo, y eso le levantaba un poco más el ánimo. Pocos habían entendido durante su vida lo que era la clase y el buen gusto al nivel que él lo tomaba en cuenta y su madre era una de las pocas personas que lograba comprender esa faceta suya y estar al nivel que él estaba (bien, ella podía exagerar con las compras, pero solamente si las cosas realmente valían la pena).
El viernes después de mediodía, pese a las protestas de Candy, salieron de compras los tres. Fue un verdadero torbellino, ir de un lado a otro, medirse zapatos, vestidos y quedarse muda ante el desenvolvimiento de Evelyn al comprar joyas. Ella le decía que no era que no poseyera unas realmente preciosas, sino que nunca eran demasiadas.
Los diamantes, en especial los que esa tarde fueron a ver, eran para dejar mudo a cualquiera, y Evelyn no se detuvo en ordenar un par de gargantillas con aretes a juego sino que también escogió una pulsera rodeada de ellos a juego con un broche para el cabello, adornados ambos también con zafiros. El juego combinaba perfectamente con uno de los vestidos escogidos para Candy, pero ella no recayó en ello. El azul intenso no era su color favorito, aunque si era sincera, cuando Albert le había besado en el hospital, sus ojos se habían oscurecido mucho, casi llegando a ese tono y eso fue lo que hizo que modificara su decisión de comprarlo, no sólo el hecho de que al medírselo, la figura que el espejo le reflejó fue soberbia, como si fuese otra persona.
Archie también compró bastante ropa, pero su debilidad fueron los zapatos. Mirándose en la vitrina de un aparador recayó en su cabello y dudó bastante si era necesario recortarlo. Lo tenía demasiado largo y la imagen no le agradó mucho. Se preguntaba si era hora de cambiar radicalmente su forma de peinarse. Llevaba el cabello largo desde que tenía memoria, así que quizá era hora ya de un cambio.
Él mismo había admirado como la melena larga de Albert había cambiado por un cabello recortado y ese cambio le había favorecido mucho. Quizá era hora de dejar en el pasado no sólo los recuerdos dolorosos, sino la apariencia de un muchacho para poder reflejar la que sus casi 19 años le podía aportar; sin embargo dudó al recordar al joven Elliot, con su cabello corto, todo el tiempo embadurnado con sabe Dios qué cosa para poder tenerlo a raya, y recayó también en la manera en que el muchacho se puso el sombrero al salir de la casona un par de días antes. Fabbri también usaba sombrero y estaba seguro de que en Londres era algo muy común, así como lo era en Chicago.
O dejaba de usar el cabello largo o renunciaba al gusto de usar los sombreros de moda, porque ambos no lucían muy bien según el reflejo del espejo cuando se midió un par de ellos.
Sonrió levemente. Prefirió entonces recortarse el cabello como algunos caballeros lo portaban en el club. Esperaba que con semejante cambio la imagen no resultara desagradable, pero era solamente cabello y el mismo siempre le había crecido rápidamente. Si el cambio no le favorecía, dejaría que creciera de nuevo.
Lo que Archie no esperaba al salir de la barbería era que se le quedarían mirando con asombro. Candy y Evelyn tenían una gran sonrisa solo por mirarlo. Apenas podían creer que lo veían con el cabello corto. Si antes su atractivo era mucho, ahora era arrebatador, la manera de que ellas lo estaban observando le hizo sonrojar un poco.
- ¿Qué te has hecho? No has tenido el cabello corto desde que eras un bebé de brazos! -dijo Evelyn jubilosa, acercándose y tocando los mechones cortos que ahora se sentían como seda entre sus dedos-. Luces estupendamente! Tu padre quedará muy impresionado cuando te vea!
Archie solamente se encogió de hombros sonriendo a su vez, y tocando de nuevo el cabello de donde su madre le había acariciado procurando con ello peinarlo. Era una sensación distinta, pero parecía que era lo que necesitaba pues se sentía extrañamente, bastante bien. Podía decirse que esa mañana se había caracterizado por su buen humor, pero el hecho de cortarse el cabello lo había mejorado.
- Era necesario. Mañana iremos a una fiesta y no podía presentarme a ella con el cabello tan largo. Si no me convence el cambio, lo dejaré crecer de nuevo.
- No harás tal cosa -dijo Evelyn-. Si pudieras ver a través de mis ojos no lo harías. Y sabes que tengo muy buen gusto.
- Querido Archie, esa noche impresionarás a muchos.
No supo Archie el por qué cuando Candy le dijo eso, unos ojos violetas surgieron en su mente, pero él sacudió su cabeza tratando de ignorarlo.
- Creo que ambas exageran, pero lo dejaré pasar. Ahora, queridas damas, necesito saber si ya han vaciado todas las tiendas porque estoy agotado!
- Desfallecemos de hambre y dudaba en regresar a casa o comer en algún restaurant, pero con esa pinta que tienes, creo que iremos al mejor restaurant de la ciudad.
- ¿La cena en un lugar atestado, estando tan cansado como estoy, madre? Si vamos a un restaurant nos dejarán esperando hasta que la comida esté lista y eso sin contar lo que tardemos en comer y honestamente no me siento con fuerza para eso.
- Está bien. Regresemos a casa y así cada uno podrá descansar antes de la cena, pero mañana que vayamos a la fiesta me permitirás presentarte con los amigos que encuentre en ella. No sé quienes viven todavía en Londres y tengo esperanza de encontrar a alguno allí. Ustedes dos serán una pareja muy impactante. Menos mal que mi hermano ha recibido más pases para asistir. Todavía no me puedo recuperar de la pena que me producía el no tener los pases suficientes.
- Madre.. -dudó Archie-. Candy no irá como mi pareja. Ella irá con Albert.
Evelyn se quedó observando a Candy un momento con los ojos entrecerrados.
- ¿Va a presentarte como su heredera?
- No -intervino Archie cuando se dio cuenta que su amiga no encontraba qué responderle-. Aunque eso no es algo que deba decir yo, quizá debas hablar con Albert.
Evelyn frunció el ceño quedándose en un silencio para nada común. El silencio de la joven y la duda de su hijo le habían hecho sentirse incómoda. Tendría que hablar con William, o como ellos le decían, con Albert.
Amigos y amigas, aquí el capítulo 26. Antes que otra cosa, muchas gracias por seguir leyendo.
Me siento muy agradecida por cada una de ustedes y por seguir mis historias. Para mis amigos de Facebook, una disculpa. Debido a situaciones que no puedo detallar en este momento, he dado de baja mi cuenta. Estaré en contacto por medio de fanfiction por el momento. No ha sido por nada malo, eso si quiero puntualizar y el tiempo que dure inactiva todavía no lo tengo determinado, pero quiero que sepan que los tengo en mi corazón y me llena de alegría que sigan al pendiente también con sus mensajes y sus reviews.
Lo que puedo decirles es que estoy pasando por cosas buenas pero que han consumido mi tiempo, sin embargo sigo escribiendo y les esperan más capítulos.
Gracias: CandyFan72, Azukrita, LizvetArdray, Clau Ardley, Lukyta, yuukychan, Josie, Erika de Andrew, ashura21, Amigocha, lady susi, Guest, Friditas, MDArley, liovana, Maryel Tonks, Lissette LN, Elluz, emilia y Nadia M Andrew, por sus preciosos reviews y también a quienes me felicitaron por mi cumpleaños, que fue esta semana, muchas gracias! ! ! ! !
Quisiera en este momento poder contestar a cada review, pero espero que en el próximo capítulo me sea posible.
Solamente quiero decirles, ya para finalizar, que les mando un gran abrazo y todo mi cariño desde mi México querido. Gracias por permanecer conmigo.
*AnaEdith*
