Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.

Leer bajo tu responsabilidad.

Gracias a Lily Perozo, la autora por permitirme adaptar su historia, sin ella esto no fuera sido posible.

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Capítulo No. 25

Después algunas horas de solitaria carretera entraban a la ciudad de Oklahoma donde harían una parada de unas tres horas, para descansar un poco, almorzar, darse un baño, llenar el tanque y seguir.

Ya Edward se había resignado a quedarse en moteles de carretera y no le preguntaba a Bella, simplemente llegaba y bajaba con el equipaje de mano.

Primera vez en su vida que pasaba tanto tiempo compartiendo con una mujer, estaba con ella día y noche, conversaban por horas y horas de cualquier tontería porque escarbar en el pasado no estaba permitido, unas veces ella dormía mientras él manejaba y otras era Bella quien conducía debido a las exigencias y aunque Edward se sintiese cansado no podía pegar un ojo, sólo admiraba el camino o perdía su mirada en el perfil femenino, sintiéndose feliz, pleno, sin preocupaciones, le había dado una pausa a sus demonios, los había encerrado al menos por el tiempo que durara el viaje, ya después retomaría su venganza.

Discutían, imposible no hacerlo cuando sus puntos de vistas siempre eran tan distintos sobre todo en los gustos musicales, con la misma frecuencia en que estaban en desacuerdo tenían relaciones sexuales y ponían tierra de por medio a esas pequeñas molestias.

Bella era menos intransigente que Edward y buscaba soluciones a sus desacuerdos, como crear una lista de reproducción con los gustos musicales de ambos, el tener una instalación de iPod en el clásico ayudó en demasía porque sería realmente complicado crear una lista de reproducción en un cassette ¡Bendita tecnología!

En ese momento el tema Bitter Sweet Sinfony les amenizaba el viaje y Bella aprovechó la oportunidad para hacer muecas con su cara, ayudada por sus manos, captando con esto la atención de Edward que iba con la mirada en el camino. Él al verla soltó una carcajada y llevó su mano a la cabeza de Bella obligándola a bajarla, casi se la enterraba en el suelo del auto.

—Te ves tan ridícula como Reese Witherspoon —sin poder dejar de carcajearse.

—Mejor me los ahorro al fin y al cabo no eres Ryan Phillippe, ya quisieras —dijo cruzándose de brazos y fingiendo molestia.

—Bueno ya, solo me estaba jugando un poco. —tratando de enmendar el error.

—Ya te dije que no eres Ryan Phillippe y no estoy jugando… mejor me voy al asiento trasero —señaló incorporándose y con la precaución que requería por estar el auto en marcha se pasó a su lugar de retiro, el que siempre ocupaba cuando se molestaba.

—Ya estamos por llegar y si sigues con tus niñerías, me voy a reservar una habitación individual. —mirándola a través del retrovisor.

—Te tocará dormir en el mueble, porque un caballero no dejaría a una dama dormir en el suelo.

— ¡Dale con los caballeros! —exclamó de manera exagerada—. Soy del siglo XXI si quieres a un caballero busca una brecha en el tiempo, dudo que te guste alguno porque realmente no eran como te los presentan en las series de BBC… ¡Estarás jodida! Cuando te veas rodeada de panzones que no se la alcanzan a ver y con un aliento a Diablo… pero para que no digas que soy tan desgraciado te dejaría dormir bajo mi cuerpo, tú decides.

—Lo permitiría con la única condición de que estés desnudo, de lo contrario prefiero quedarme en el auto, así me asfixie con el monóxido de carbono.

—En ese caso esta noche nos rentamos una individual, tal vez debería hacerlo con el resto de moteles que nos quedan… Ahora ven aquí. —le pidió tendiéndole la mano, al tiempo que reducía un poco la velocidad.

Bella le agarró la mano y una vez más se pasó al asiento del copiloto, al sentarse Edward se llevó el agarré a los labios y le depositó varios besos en la palma.

—Te gusta discutir conmigo.

—Solo me entretiene —acotó sonriendo y amordazándolo juguetonamente.

Después de unos minutos llegaron al Motel Skyliner y Bella bajó en medio de brincos, como si fuese una niña realmente emocionada al saber que se hospedaría en uno de los moteles más famosos de Estados Unidos, por la cantidad de veces que ha salido en películas.

—Edward trae la cámara quiero una fotografía en el letrero. —parándose al lado de la gran valla de luces de neón.

Al brasileño le encantaba verla tan emocionada y no podía negarle ningún pedido, ella estaba viviendo uno de sus sueños. Se decidió por la cámara profesional, ya que la polaroid era más apropiada para otros momentos.

—Te ves muy bien tras el lente… —le dijo antes de tomar la primera foto, de tres que ella quiso en el letrero.

Unas personas llegaban al auto de al lado y Bella no perdió la oportunidad para pedirles el favor, ya que quería fotografías con Edward, el padre de familia amablemente se ofreció. Supuso que no saldría muy bien en esa imagen cuando Edward la tomó por sorpresa y la cargó capturando el momento de su asombro.

Agradecieron la colaboración del hombre y se dirigieron al interior del motel donde reservaron una habitación matrimonial, necesitaban descansar esas dos horas y una cama individual no era la mejor idea para hacerlo.

Les tocó una habitación con papel tapiz floreado en beige y rosa viejo, que hacía juego con las sábanas y cortinas, el lugar se encontraba limpio y ordenado, la cama era amplia y cómoda, se dieron un baño y antes de dormir Edward activo el despertador para no dormir más de dos horas.

Era normal que cayeran rendidos, conducir por horas y horas los agotaba, pero se tomaban el tiempo necesario para descansar y no exponerse en la carretera, tal vez si contaran con un poco más de tiempo, se quedarían al menos un día en cada lugar que llegaban y así conocer un poco más, pero Edward debía regresar a sus labores en la fiscalía, adelantar la vacaciones no había sido suficiente.

El molesto ruido del despertador resonó en la habitación despertándolos abruptamente y en un acto reflejo Edward lo silenció.

—Ve tu primero, te tardas más que yo en el baño —dijo con voz ronca por el sueño y se volvió de medio lado dándole la espalda a Bella para dormir al menos unos minutos más.

Ella no dijo nada, solo se incorporó sentándose en la cama se estiraba tratando de desperezarse, antes de ponerse de pie le dedicó una mirada por encima de su hombro al chico dormido a su espalda y frenó los impulsos, por besarle los hombros, Edward era un cúmulo de debilidades, él se había convertido en una especie de droga de la cual no podía cortar la dependencia.

Dejó libre un suspiro y se fue al baño, dedicándose el tiempo necesario, decidió hacerse dos trenzas una a cada lado al mejor estilo de Pipi Calzas largas aunque su cabello llegaba por debajo de sus senos, le daba un toque virginal. No pudo evitar reírse ante el espejo al ver el resultado.

Al salir del baño con unos pantalones vaqueros a las caderas y una camiseta ajustada en color rojo, su mirada fue atrapada por Edward que aún seguía rendido, había cambiado la posición y ahora se encontraba boca abajo.

Involuntariamente se mordió el labio inferior al quedarse engancha en el culo del chico, sus impulsos arrebatados le ganaron la partida y como una niña traviesa se encaminó con cuidado y subió a la cama, con precaución jaló la sábana la cual se amarraba a la cintura, una de las grandes ventajas de dormir desnudo era que no tenía que retirar tanta tela estorbosa.

Las nalgas al descubierto solo la incitaban de manera desmedida por lo que con sus manos cayó sobre estas y las apretó con fuerza así como se prendió con sus dientes de una, despertándolo de manera sobresaltada.

— ¡Bella! ¡Mierda! —exclamó ante el asombro y la presión en el culo—. Suelta… suelta. —le pedía y ella no lo soltaba, con esto solo arrancándole carcajadas que eran interrumpidas por jadeos de dolor.

—Tienes un culo provocativo. —mimando la mordedura a besos, para después incorporarse y sentarse a ahorcajadas.

Edward aprovechó y estiró uno de sus brazos hacia atrás, rodeándole la cintura la lanzó en la cama y en un movimiento veloz la cubrió con su cuerpo.

—Tu culo también es provocativo… lo quiero para mí. —lanzó la propuesta mordiéndose el labio inferior ante las ganas, lo que hizo que Bella tragará en seco—. ¿Me lo darás? —preguntó como un niño que pide de buenas maneras un regalo, tratando de convencer con una mirada angelical a la madre.

— ¡No! Estás loco —respondió casi inmediatamente, sintiéndose de pronto sumamente nerviosa.

— ¿Te da miedo? —posando con lentitud sus labios sobre los de Bella.

—No… Bueno sí, claro que sí. —sin poder retenerle la mirada—. Debe ser doloroso.

—Podemos ir poco a poco, no será a la primera, puedo ser un caballero con eso… Di que sí mi Lolita. —agarrándole una trenza.

— ¿Lolita? Espero que por tus pelotas las cuales tengo a un toque de mi rodilla izquierda no sea la zorrita.

Edward bajó una de sus manos y le sostuvo la pierna evitándole algún movimiento.

—Lastimosamente no conozco otra Lolita. —dándole un beso en la frente—. Ahora si me voy a bañar, se nos hace tarde. —saltando de la cama con una destreza que congeló cualquier movimiento en Bella, sin embargo salió del lecho y corrió, pero Edward fue más rápido y se encerró en el baño.

— ¡Eres un cobarde! —al verificar que le había puesto seguro a la puerta.

—Solo que aprecio mis pelotas, me han hecho muy feliz hasta el momento. —le hizo saber entrando a la ducha.

—Sino es porque a mí también me hacen feliz, no te perdonaría que me compararas con la Lolita.

—Espero llegar a mis 40 para cumplir esa fantasía, pero si quieres cumplírmela antes de tiempo no me molestaré… Seguro te verías muy bien acostada en la grama, leyendo, mientras los dispensadores de agua del jardín te bañan.

—Mejor llega a los 40 y te buscas a tu Lolita ¡viejo verde!… Por cierto antes de irnos debemos pasar por una tienda, tengo que comprar ropa interior y cuando lleguemos a Amarillo ir a una lavandería porque ya no tenemos casi ropa limpia.

—Si nos hubiésemos quedado en buenos hoteles no tendrías ropa sucia y ni de mierda voy a lavar, nunca en mi vida lo he hecho. —elevando un poco la voz para que lo escuchara.

—Siempre hay una primera vez para todo fiscal. —imitando el tono de voz de Edward.

—Por ahí no paso, prefiero dejar la sucia y comprar, pero no voy a lavar —dijo determinante.

—Bueno, está bien… —emulando como si estuviese de acuerdo y se encaminó para después susurrarse a ella misma—. Eso lo veremos.


Espero que les haya gustado el capitulo.

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