CAPÍTULO 25 La llegada de la prensa.
Los preparativos para la llegada de la prensa se prolongaron durante todo el día siguiente y cuando Harry y Draco se fueron a hablar con los Weasley aún dejaron a Narcissa y los demás ultimando detalles. Ron y Hermione se habían trasladado con sus dos hijos a la Madriguera para estar más protegidos de un posible ataque de los mortífagos. Bill y Charlie también habían aplazado el regreso a Francia y a Rumanía, donde residían habitualmente, para quedarse a ayudar.
Eran ya las cuatro de la tarde, así que los pillaron a casi todos en casa. Faltaban Fleur y Angelina Johnson, que era la novia de George, que se habían llevado a Londres a todos los niños de la familia. George, además, estaba aún trabajando en su tienda. Percy, por otro lado, vivía en su propia casa desde que se había casado con Penelope Clearwater, así que no tuvieron que preocuparse por él. Arthur usó la red Flú para avisar a George y a Remus Lupin y quince minutos después ya estaban todos reunidos en el comedor.
Draco, que se encontraba bastante incómodo en plena Madriguera, sacó el recuerdo de Snape de su recipiente y les permitió verlo. Cuando terminó, todos los Weasley estaban impresionados; Remus, además, sonreía.
-Es fantástico-le dijo a Draco-. Tonks y yo hemos encontrado pruebas que apoyan la existencia de un segundo espía, pero esto es definitivo.
Harry miró a Remus y a Arthur con una ligera inquietud.
-¿No lo rechazarán? ¿No dirán que es una falsificación?
-Oh, lo examinarán con lupa, por supuesto, pero es auténtico, así que no hay nada que temer-dijo Arthur-. ¿Qué vais a hacer? ¿Hablar con Scrigmeour?
-No, nosotros no.-Entonces Harry les contó el plan de Draco, sin entrar demasiado en detalles respecto a qué iban a contarle a la periodista y les dijo lo que necesitaba de cada uno-. Si aceptáis y algo sale mal, acabaréis convertidos también en fugitivos.
Los Weasley se miraron unos a otros.
-Es un riesgo que debemos correr, Harry.
George soltó una risilla irónica.
-¿Os imagináis a Percy si se entera de que toda su familia está de pronto perseguida por los aurores?
Todos, excepto Draco, se echaron a reir.
-Esperemos no llegar a ese punto-dijo Remus-. El hecho de que Robards no mencionara a Scrigmeour es bastante alentador; no creo que esté implicado. Y no parece que la conspiración incluya a un número importante de miembros del Wizengamot.
-No podemos estar seguros-replicó Draco-. Al fin y al cabo, fueron ellos quienes condenaron a Harry al beso del dementor, ¿no?
-No, creo que si el plan de Robards hubiera contado con más apoyo en el ministerio, lo habrían enfocado de otro modo.-insistió Lupin.
-Ya veremos cómo reacciona-dijo Harry-. Hasta entonces, démosle una oportunidad.
Al día siguiente, a la una de la tarde, Harry y Draco se Aparecieron en la Casa de los Gritos, en Hogsmeade. Cuando oyeron ruidos de pasos se cubrieron a toda prisa con la Capa de Invisibilidad y unos segundos después vieron entrar a Ron y a Hermione con Lavender Brown, otra antigua compañera de clase de Gryffindor. La joven periodista parecía bastante intrigada.
-Bueno, ya hemos llegado. ¿Qué queríais enseñarme?
-Se trata de Gawain Robards-dijo Ron-. Lavender, necesito que uses la Legeremancia conmigo.
Ella lo miró casi con compasión.
-¿Estás seguro? No soy muy buena.
-Lo soportaré. Venga, hazlo.
Lavender asintió, sacó su varita y comenzó el hechizo. Harry observó, casi sin respirar, cómo sus ojos se iban abriendo más y más a medida que veía la confesión de Robards a través de los recuerdos de Ron. Cuando rompió el hechizo, el auror estaba pálido y algo mareado y Lavender, al borde de la apoplejía por culpa de la emoción.
-Oh, Merlín... Oh, Merlín… ¿Qué es todo esto?
-¿Por qué no se lo explicas tú mismo, Harry?
Harry y Draco salieron de debajo de la Capa de Invisibilidad, dándole a Lavender un susto considerable.
-¡Harry! Y... y Malfoy.
Draco alzó una ceja.
-Me encanta cómo se les congela la sonrisa en el rostro cuando me ven.
Ahora Lavender parecía desconfiar un poco, como si temiera que, a pesar de lo que había visto, pudieran estar tendiéndole en una trampa.
-¿Qué... qué está pasando aquí?
-Necesitamos que veas otra cosa.
Entonces Draco le enseñó de nuevo el recuerdo conservado de Snape y después Hermione permitió que usara la Legeremancia también con ella para que pudiera ver los dos recuerdos que tenía de la misma conversación con Harry. Cuando terminaron, Lavender estaba boquiabierta.
-No puedo creerlo... Todo este tiempo...-musitó, mirando a Draco-. Esto va a ser la historia más grande desde la segunda caída de Voldemort. Espero que me lo hayáis contado para que escriba la noticia, porque francamente, no sé si voy a poder controlarme.
-De eso se trata, de que lo escribas-le aseguró Harry.
-Dime, Brown, ¿te gustaría ver con tus propios ojos el escondite de los supuestos Renegados?-preguntó Draco, con la misma sonrisa que la serpiente del Paraíso habría usado para ofrecer manzanas.
-¿Lo dices en serio?-exclamó Lavender.
-Completamente. La única condición es que hagas un Juramento Inquebrantable prometiendo que no escribirás nada ni contarás nada que ayude a localizarnos.
Harry pensó que si Draco le hubiera pedido la vida de su primogénito a cambio, Lavender se la habría dado y recordó haber leído en algún sitio que un buen periodista daba hasta el alma por una buena exclusiva. Antes de darse cuenta estaba ejerciendo de Testigo y sellando con su varita el Juramento que Lavender le hacía a Draco.
-Cuando querais-dijo ella, poniéndose en pie.
-Nosotros nos vamos-avisó Ron.
Sólo quedaba una cosa por hacer. Draco se acercó a él y le murmuró al oído la localización del monasterio para que pudiera acudir allí si necesitaba un escondite. Después, los dos amigos de Harry se marcharon. Draco sujetó a Lavender firmemente del brazo y se Desapareció con ella. Harry les siguió un segundo después.
Había visto cómo escondían los mejores muebles que Narcissa había salvado de la mansión y cómo ella y Draco revisaban la ropa y el aspecto de todos. Había escuchado cómo repartían instrucciones y cómo ensayaban sus frases. Y aun así, Harry no había comprendido hasta qué punto iba a ver, ni más ni menos, una obra de teatro.
"Hasta los pequeños", pensó, alucinado. Draco llevó a Lavender al aula en la que se impartían las clases y allí estaban todos, sentaditos en sus sitios con expresión de no haber roto un plato en su vida, mirando a Lavender con los ojos muy abiertos y asustados. Casi se traicionó a sí mismo cuando Altair, tan angelical y dulce como la inocencia misma, le preguntó a Lavender con su mejor voz Disney por qué les odiaba todo el mundo. A la pobre periodista se le llenaron los ojos de lágrimas y Harry tuvo que recordarse una y otra vez que no estaban haciendo eso para burlarse de nadie.
-Pensaba que sólo estabais... los que huísteis de Voldemort aquel día.
-No. A lo largo de estos nueve años hemos dado cobijo a todos los Slytherin que lo necesitaban.-Draco no pretendía parecer demasiado sentimental; hablaba con el punto exacto de amargura-. Hay gente que escapó de los orfanatos de la posguerra y otros que se vieron perseguidos por culpa de sus parientes.
Lavender habló prácticamente con todos y los refugiados iban contando sus historias cambiando el tono impersonal o desafiante con el que Harry les había oído hablar siempre del tema por un registro mucho más emotivo. Eran Slytherin, y a los Slytherin no les gustaba nada dar pena... a no ser que fuera a resultarles útil; entonces, había que reconocerlo, les salía francamente bien. La mitad de las mujeres lloraron delante de Lavender; incluso Narcissa dejó que sus ojos se llenaran de lágrimas al contarle cuánto había sufrido durante los meses que Draco había estado en Azkaban o durante la reciente enfermedad de Altair. Pero el hecho era que llevaban nueve años allí escondidos, hostigados por el ministerio y por los mortífagos, y el corazón de Gryffindor de Lavender Brown reconoció inmediatamente la injusticia real que ello suponía.
-La gente tiene que saber esto. Después de todo lo que habéis pasado, aún fuisteis capaces de ir a ayudar a Harry...
-Sabíamos que él nunca podría haber hecho algo tan horrible-mintió Draco, con absoluta convicción-. En cuanto oímos lo que había pasado comprendimos que debían de haberle tendido una trampa.
Ella miró a Harry.
-Para ti también tuvo que ser terrible. Yo nunca creí del todo que hubieras sido tú, ¿sabes? No parecías esa clase de persona.
-Fue duro, pero por suerte, Draco y los demás acudieron al rescate.
Las gemelas llegaron corriendo por el pasillo.
-Draco, van a servir la cena ya.
Él esbozó una sonrisa.
-Vale, gracias.-Miró a Lavender con la expresión que uno esperaría exactamente de un Malfoy en una circunstancia ignominiosa-. Me temo que no es gran cosa, pero nos encantará compartir nuestra cena contigo.
Lavender estaba lejos de querer abandonar ya la mejor historia de su vida sólo por una cena en condiciones y los acompañó al comedor. Aquella noche, Harry tenía que sentarse en el lugar de Blaise, junto a Draco, quien ya le había explicado sin la menor vergüenza, que eso causaría mejor impresión que verlo en su sitio de siempre. Lavender ocupó la silla de la esquina, junto a Daphne, así que Harry y Draco tenían por fin ocasión de cuchichear fuera de su alcance.
-Tú la conoces mejor que yo. ¿Crees que nos la estamos ganando?
-Sí... Pero no sé cómo me he prestado a esto-añadió, un poco abochornado-. No hace falta adornar nada, Draco.
-Tonterías. Hay que saber vender bien las historias, incluso las que son verdad.-Dio un suspiro al ver aparecer la cena en el plato-. Ojalá hubiéramos podido fingir que no tenemos elfos domésticos... Habría quedado verdaderamente conmovedor.
-Lo dudo. La mayor parte de la gente no tiene elfos domésticos; no creo que eso les hubiera roto el corazón.
Por suerte, Draco y Narcissa no se habían atrevido a llegar tan lejos; pensaban que era una mentira que podía ser detectada fácilmente y que acabaría perjudicándolos. Pero sí habían rebajado bastante la calidad de la cena. Por supuesto, eso quería decir que en lugar de tres guarniciones distintas sólo había una y que la cantidad de salchichas estaba racionada a tres por persona, pero eso bastó para dejar al pobre Vince, aún deprimido por lo de Greg, al borde de las lágrimas. El propio Harry tuvo que admitir que se habría comido gustosamente un par de salchichas más y eso que Draco le pasó una de las suyas.
Después de cenar tan austeramente, Harry observó a Lavender y no vio ni una sola señal de que sospechara que aquello era una auténtica bufonada. Bien mirado, le hacía a uno preguntarse si habrían hecho lo mismo con él en algún momento. Pero no, se consoló, ninguna obra de teatro como aquella podía durar tres meses y pico.
La periodista aún se quedó un rato más hablando con ellos. Quería recoger las historias personales de todos. Siempre había sido una romántica, se quedó especialmente emocionada cuando oyó a Erin, la chica de Ravenclaw, defendiendo a su novio y a la gente del monasterio.
-¿Crees que deberíamos decirle que estamos liados?-le dijo Draco a Harry, sin quitarle el ojo de encima a Lavender.
-¡Draco!...-protestó Harry, disgustado.
-¿Qué?
-¿Lo estás diciendo en serio?
-Si va a ayudarnos...
-Vete a la mierda.
-No es como si me hubiera liado contigo para ganarme el favor del público, no te pongas así.-Lo miró de reojo-. ¿Piensas mantenerme en secreto hasta que atrapemos a todos los mortífagos del mundo? Porque no me gustaría tener que volver a dejarte en ridículo delante de todos para meterte un poco de sentido común en la cabeza.
Harry le sonrió con falsa dulzura.
-¿Es tu manera de decirme que quieres que lo hagamos público, mi amor?
-Pfffff...
Eran casi las once de la noche cuando Lavender decidió que tenía que volver ya a su casa y ponerse a escribir como una loca. Harry le preguntó si estaba segura de que le permitirían publicar el artículo en el periódico. Al fin y al cabo, el Profeta casi siempre estaba al servicio del Ministerio de Magia.
-Lo publicarán aunque tenga que hacerle la Imperius al director para convencerlo, eso te lo aseguro. Os agradezco mucho que hayáis pensado en mí para contar vuestra historia, en serio.
-Para eso están los amigos.
-Os prometo que no os defraudaré. La gente tiene que saberlo todo: el doble juego de Robards, el peligro de la Puerta de Estigia, el pacto de Moody y el profesor Snape... Todo.
Harry y Draco la acompañaron hasta el exterior y se despidieron de ella. Harry pensaba que Draco iba a estar eufórico, pero pronto comprendió que había subestimado de nuevo su cautela. Aunque estuviera seguro de haberse ganado a Lavender, no tenía intenciones de cantar victoria antes de tiempo. Su discurso triunfalista ante los Slytherin era simple política.
-Pero vamos por el buen camino-insistió Harry.
Draco le dedicó un ruidito escéptico, pero había un brillo nuevo en sus ojos y se mostró mucho más entusiasmado cuando volvieron al comedor con los demás. En cuanto Narcissa se aseguró de que Lavender ya se había ido, llamó a los elfos y mandó que sirvieran chocolate caliente y montones de bizcochos para compensar la cena. Todos tenían hambre. Harry, desterrado de nuevo en su esquina-y aquello empezaba a molestarle ya un poco, aunque la culpa era de Narcissa y de Blaise, no de Draco-observó con aire absorto cómo uno de los bizcochos se reblandecía en chocolate antes de metérselo en la boca.
-¿De verdad crees que salir de aquí es cuestión de días?-le preguntó Daphne.
-Eso espero.-Ella se quedó callada, como si estuviera tratando de asimilarlo-. Debe de ser raro pensarlo, ¿no?
-Parece demasiado bueno para ser verdad.-Hizo un gesto de pena-. Sólo siento que Greg muriera tan cerca del final, ¿entiendes lo que quiero decir?
-Claro.
Pero el ambiente que se respiraba era bastante festivo. Los niños que aún estaban levantados, casi todos excepto los bebés, estaban excitados por los cambios y las alteraciones de aquel día y, además, habían entendido lo suficiente como para preguntar constantemente si de verdad iban a poder ir a todas partes cuando quisieran. Hablando con Altair, Harry se dio cuenta de que no deseaban, en cambio, abandonar el monasterio. Era el único hogar que habían conocido y no querían ni oir hablar de dejar de vivir con sus amigos. Los adultos se mostraban algo más moderados, pero Harry sabía reconocer la esperanza.
Miró a Draco, que estaba charlando con Vince y Theo, y el corazón le aleteó en el pecho. Se sentía como si no hubiera estado enamorado hasta entonces, como si cada milímetro que le separaba de él doliera. Y antes de darse cuenta ya estaba a su lado, pasándole amistosamente el brazo por los hombros. Theo sonrió al verlos.
-Y lo que nos vamos a reir cuando tus fans se enteren de que ahora juegas en el otro equipo.
-Lo superarán-dijo, mirando a Draco con lo que sabía que eran ojos de cordero degollado.
-Soy irresistible, ¿qué puedo decir? No es culpa mía si vuelvo gays a los Chicos-que-vivieron.
-No me volviste gay, presumido-replicó Harry, aunque aquello Draco ya lo sabía.
Por toda respuesta, Draco sujetó la barbilla con los dedos y lo atrajo hacia sí para besarlo, un gesto que no solía hacer delante de los demás.
-Pero sí soy irresistible.
-Un poco-admitió, sintiendo una ligera presión en sus pantalones.
Draco sonrió y miró a sus amigos.
-Nosotros nos vamos a ir a dormir ya. Ha sido un día tan largo y estamos tan cansados...
Theo sonrió del mismo modo.
-Sí, Daphne y yo también estamos muy cansados, creo yo.
Aquella noche, Draco parecía haber olvidado sus reparos a dejarse ver en actitud cariñosa y eso quería decir que Harry recorrió los últimos metros que le separaban de su dormitorio con él a horcajadas. En cuanto lo tumbó en la cama empezó a desvestirlo con rapidez fruto de la práctica, anhelando ver cuanto antes su piel cremosa. Draco también le estaba quitando la ropa, restregándose de aquel modo que volvía loco por completo a Harry antes incluso de quedar desnudos. Los dos se sentían dominantes aquella noche; Draco se sabía unos cuantos trucos para reducirlo a puro deseo, pero Harry los evitó todos y usó su mayor fuerza física para imponerse.
-Es mi turno, cariño-susurró, deslizando dentro de él dos dedos embadurnados de lubricante. De los rojos labios de Draco escapó un gemido de placer-. Además, lo estás deseando, ¿no es verdad?
-Te... te aprovechas... de que eres... más fuerte-protestó Draco, como pudo.
-Es mi turno-repitió Harry, consciente de que la erección de Draco invalidaba del todo sus protestas-. Es mi turno de follarte hasta que no puedas andar derecho.
-Te has vuelto... tan marrano...-dijo, consiguiendo fingir orgullo maternal en medio de sus gemidos.
Pero a Harry se le acabaron las marranadas cuando entró dentro de él, porque le quería, sencillamente le quería, y empezó a murmurárselo una y otra vez mientras le besaba en la boca, en la frente sudorosa, en el cuello. Draco no dijo nada excepto algún "sí, sí", sólo se estremecía y soltaba pequeños gritos bajo sus embestidas. Los dos se corrieron a la vez y Harry se desplomó en sus brazos. No le importó haber recibido el silencio como respuesta. Sentía la mano de Draco acariciando su pelo indomable y su corazón latiendo tan rápido como el suyo. Cuando una ligera corriente de aire enfrió el sudor de su espalda, causándole un escalofrío, Draco lo cubrió con la sábana y las mantas. Sus silencios, después de todo, siempre habían sido muy elocuentes.
Al día siguiente, el monasterio estaba sumido en una atmósfera de expectación. Todos se preguntaban si Lavender había concluido su artículo con tiempo para ser incluido en el ejemplar de aquel día y si el editor del periódico le permitiría publicarlo y, además, Draco ya les había advertido de que Ron Weasley podía aparecer en cualquier momento solicitando asilo. Harry sabía además que Arthur, Molly y McGonagall iban a intentar hablar con Scrigmeour en cuanto Lavender confirmara que el artículo estaba a punto de salir a la calle; esperaban que sus testimonios fueran suficientes para corroborar la información de la periodista.
Todo eso quería decir, además, que el ambiente estaba un tanto crispado a causa de los nervios. Adrian y Connor discutieron, hubo un cruce de amenazas de muerte entre Pollux y Reuben Summers, Draco le ladró un par de veces, desaparecida momentáneamente toda la dulzura del día anterior, y Harry llegó a ver al elfo de los Nott dándose cabezazos contra una pared, aunque no logró que le dijera quién le había obligado a castigarse. Si no tenían noticias pronto, iban a estallar.
Harry estaba practicando hechizos de Transformaciones con Daphne cuando oyó un poco de barullo y se acercaron a ver qué pasaba. Enseguida se enteró de que Ron había llegado ya. Alguien había ido a avisar a Draco, que en ese momento estaba dando clases de Pociones, así que Harry se fue a buscar a su amigo directamente. Ron estaba acercándose al edificio a paso rápido, acompañado por Vince, y llevaba una mochila al hombro.
-¡Harry! Harry, tenemos que hablar.
Algo había ido mal, bastaba con mirarlo a la cara. Harry sintió un pequeño peso en el estómago y vio cómo Vince, Daphne y otras personas que también habían ido a recibir a Ron adoptaban expresiones preocupadas.
-Ven, vamos a buscar a Draco y a los demás-dijo, sujetándole del brazo.
Diez minutos después, Ron estaba en el despacho de Draco con éste, Blaise, Narcissa y Harry les contaba lo sucedido.
-Los mortífagos atacaron anoche un hospital muggle y mataron a quince personas antes de que pudieran llegar los aurores.
-¿Qué?-exclamó Harry, consternado-. ¿Por qué? ¿Cuándo?
-Sobre las tres de la mañana. Fue todo muy rápido. Shacklebolt formaba parte de grupo; cuando llegaron, los mortífagos ya se habían ido y la policía muggle estaba allí. El ministerio ha tenido que enviar un batallón entero de expertos en desmemorización y dicen que Scrigmeour estuvo reunido tres horas con el primer ministro muggle.
-Pero... ¿por qué?-repitió Harry-. ¿Qué podía interesarles de ese hospital?
-No seas necio, Harry-exclamó Narcissa, impaciente.
Draco echaba chispas por los ojos.
-Tiene que haber relación. ¿Cómo han podido saberlo? ¿Creéis que tienen a alguien infiltrado también allí?
Harry intercambió una mirada con Ron y casi le consoló ver que su amigo tampoco estaba enterándose de la conversación.
-Draco, ¿qué está pasando?
-Esto no puede ser una coincidencia. Los mortífagos debían de saber que ese artículo iba a salir y han hecho esa masacre para impedirlo. Weasley, ¿qué venía hoy en El Profeta? ¿Por qué estás aquí? ¿Qué ha pasado con Lavender? ¿Has hablado con ella?
Ron asintió.
-El jefe de Lavender iba a publicar el artículo, pero se echó para atrás cuando les avisaron de lo del hospital. Le dijo que debía contarle a Scrimgeour todo lo que sabía sobre vosotros. Lavender se negó y su jefe fue por su cuenta. Gracias a Merlín, Shacklebolt era uno de los aurores que escuchó su confesión; me avisó y pudimos escapar. Lavender, Hermione y los niños están ahora mismo en Hogwarts, con McGonagall. Sé que mis padres aún tienen intención de hablar con Scrigmeour, pero ahora mismo el ministerio está patas arriba y no sé si tendrán ocasión de hacerlo antes de que envíen a los aurores a por ellos.
-¿Quién es ahora el jefe de los aurores?
-Han confirmado a Dawlish.
Harry puso mala cara. Dawlish era un buen agente, pero demasiado expeditivo, de los que tendía a disparar primero y preguntar después. Su lealtad hacia Scrigmeour era incuestionable; el ministro debía saber ahora, ya sin lugar a dudas, que no podía confiar en todos sus aurores.
-Las cosas no han salido como esperábamos, pero no todo está perdido-dijo Draco, hablando despacio, como si estuviera meditando sobre lo que estaba diciendo-. Scrigmeour ya conoce nuestra versión de los hechos y los testimonios de Lavender y de los Weasley sólo pueden confirmarlo. Y cuando la gente sepa que los Weasley están defendiendo a Harry, después de lo que pasó con su mujer, empezarán a dudar.
-Hemos de hablar con Pansy y los demás para que empiecen a escampar rumores sobre el artículo de Lavender Brown-dijo Narcissa.
-Sí, por supuesto.
-¿Qué pasa con Remus y Tonks?-le preguntó Harry a Ron-. ¿Sabes algo de ellos?
-No, pero es probable que también quieran interrogarlos. Si las cosas se ponen feas, irán a Hogwarts.
-McGonagall debería intentar convocar al Wizengamot para examinar la posible amenaza de la Puerta de Estigia-dijo Draco-. Scrigmeour puede pensar que la historia de Lavender es una invención, pero no pueden hacer oídos sordos a una amenaza como la Puerta, al menos, no sin una reunión. Deberíamos ir a Hogwarts a hablar con ella.
-De acuerdo-asintió Harry.
Si Draco había incluido sólo a Ron en el hechizo del Fidelius era porque, en el plan original, se suponía que él era el único que podía tener problemas graves con los aurores debido a su participación en el secuestro de Robards, que Hermione sería llamada a declarar por un Scrigmeour mucho más receptivo a la verdad. Pero tal y como habían salido las cosas, era posible que Hermione estuviera corriendo el mismo peligro que Ron, y éste le dijo a Draco que quería que ella y los niños se ocultaran también en el monasterio. Draco asintió y llamó a su elfina para que empezara a preparar dos habitaciones.
-Dipsy siempre obedece a la familia, pero sólo hay una cama libre, amo.
-No importa-dijo Ron-, podemos apañárnoslas.
Harry lo vio perfectamente. Vio cómo los ojos de Draco chispeaban con vieja malicia, cómo miraba a Ron, cómo lo miraba después a él y cómo se mordía la lengua con decisión-y harto pesar-para no soltar la pulla que había acudido automáticamente a su imaginación.
Pero dio igual; Narcissa no tenía esos reparos.
-Qué suerte que los Weasley estéis tan acostumbrados al hacinamiento.
Mientras Ron enrojecía por el insulto, Blaise soltó un pequeño resoplido burlón y Draco se puso casi tan rojo como Ron evitando reirse.
-Madre, sé cortés con nuestros invitados-dijo, como pudo-. Harry, podrías dejarles tu cuarto un par de días, si quieres.
Harry asintió secamente mientras le lanzaba una mirada de disgusto a Narcissa, pero Ron, que seguía enfadado, hizo un movimiento negativo con la cabeza.
-Creo que prefiero irme yo a Hogwarts.
-Ron, no le hagas caso. Aquí estáis más seguros.
-No-dijo, terco-. Además, si nos quedamos con tu habitación, ¿dónde vas a dormir tú?
-Con su novio-soltó Blaise, inmediatamente.
Ron hizo una mueca de extrañeza.
-¿Qué?
-Jódete, Blaise-dijeron a coro Harry y Draco.
-¿Qué?-volvió a exclamar Ron, mirándolos a ambos.
Harry dio un suspiro.
-Iremos a Hogwarts después del almuerzo, ¿de acuerdo?-dijo, dirigiéndose a Draco. Después se giró hacia Ron, que seguía boquiabierto y, peor aún, tenía una pincelada acusadora en los ojos-. Tú y yo nos vamos a dar una vuelta.
Unos minutos más tarde, Harry había llevado a Ron a su dormitorio, lo había sentado en su cama y le había hecho un rápido resumen de la situación.
-Vale... Vale, necesito un momento.-Harry arqueó las cejas, pero se lo concedió-. No, necesitaría varios años para asimilarlo.
-Ron, no seas gilipollas...
-Joder, Harry, ponte en mi lugar. ¿Cómo puedes haberte enrollado con él?
-Draco ya no...
-¡No puedo creer siquiera que quieras tocarlo! ¿Necesito recordarte todas las cosas que nos ha hecho?
-Puedes hacer la lista, si te apetece. No olvides añadir al final que evitó que los dementores me convirtieran en un saco de carne vacío o que trabajó para la Orden o, simplemente, que él también me quiere.
-Oh, él te quiere-dijo, sarcástico-. Apuesto a que sí.
Después de enterarse de la masacre del hospital, de saber que el plan no había salido como querían y de aguantar a Narcissa, Harry realmente no estaba de muy buen humor y soltó lo primero que se le pasó por la cabeza.
-El hecho de que tu hermana no me quisiera no significa que nadie pueda quererme.
En cuanto lo dijo, se arrepintió. Aquel era un tema que iba a doler durante demasiado tiempo y sacarlo a colación en mitad de una pelea no ayudaría a que las heridas cicatrizaran.
-Yo no lo decía por eso-farfulló Ron, otra vez colorado.
Harry cerró un momento los ojos.
-Ya lo sé. He dicho una estupidez, lo siento.
-Ya sé que ella no debería...
Se quedó callado, como si le avergonzara continuar.
-Ron, no culpo a Ginny por tener un amante. No es que me parezca bien, pero yo tampoco estaba enamorado de ella, así que eso... Bueno, comparado con todo lo que pasó después, eso fue lo de menos. Y tú no deberías sentirte responsable de lo que hizo. Es sólo que... todos estamos un poco nerviosos y no ayuda que hables así de Draco. Le quiero, Ron, lo digo en serio. Me importa muchísimo.
Ron meneó negativamente la cabeza, pero luego suspiró como si estuviera haciendo un esfuerzo sobrehumano por sonar razonable.
-Está bien... Tienes razón, no debería haber reaccionado así. Me ha pillado desprevenido. Pero, ¿cómo sabes que no... que no estás confundiendo las cosas? Piénsalo, él te salvó, y aquí supongo que no tienes donde elegir y...
-No es agradecimiento-le aseguró, recordando que Remus le había dicho algo parecido-. Y no es que no tenga donde elegir. Es que quiero estar con él. Ron, Draco no es como tú crees que es. No sé, a lo mejor ahora que estáis aquí os podréis dar cuenta de cómo es realmente y... y lo entenderéis.
Ron dio otro suspiro.
-Está bien-aceptó, sonando sincero-. No sería justo no darle una oportunidad.
Harry sonrió.
-Gracias.
-Al menos puedo seguir teniéndole manía a su madre, ¿no? Dime que no se ha convertido también en la madre que nunca tuviste o algo así y que en realidad es una bellísima persona.
Harry hizo una mueca.
-No, no. No sabría qué decirte sobre Narcissa. Pero si quieres un consejo, no le hagas caso si se pone borde. Ni a ella ni a nadie. Lo que mejor funciona con ellos es poner cara de aburrimiento y mandarlos a la mierda.
Ron asintió y miró a Harry con curiosidad.
-¿Qué opina la Reina de Hielo de que te hayas liado con su hijito querido?
Harry se encogió de hombros.
-No parece que le importe mucho. Ella y yo... no nos llevamos muy bien, pero tampoco nos odiamos. Y no se mete. Si le ha dicho algo a Draco, y supongo que lo hizo en su momento, yo no me he enterado.
Ron se quedó pensativo.
-Lucius Malfoy debe de estar revolviéndose en su tumba.
Harry sonrió.
-Sí. ¿No es genial?
Harry no volvió a ver a Draco hasta que llegó el momento de ir a Hogwarts.
-¿Cómo está tu amigo Ron? ¿Ha sobrevivido a la impresión?
-Más o menos. Ahora ya sabe lo que hay. Y hablando de amigos, tu amigo Blaise...
-Mi amigo Blaise está profundamente arrepentido de todo lo que ha hecho y dicho en las últimas semanas, puedes creerme.
Draco tenía un brillo maquiavélico en los ojos que Harry conocía bien.
-¿Qué le has hecho?
-Blaise necesita aprender a ser más sensible, más... considerado, ¿no crees? He pensado que debía entrar en contacto con su lado femenino y buscar en él la...
-¿Qué le has hecho?-insistió Harry.
Draco sonrió ferozmente.
-Le he puesto tetas. Una talla cien por lo menos.
-¿Qué?-Harry estalló en carcajadas-. ¡No puede ser!¡Ese hechizo no existe!
-Me duele profundamente tu desconfianza. ¿Recuerdas a alguna chica de Slytherin que no tuviera una delantera aceptable? Es casi el mejor hechizo de Pansy.
Harry miró hacia el monasterio, lamentando no poder volver y tratar de verlo con sus propios ojos, pero Draco le dijo que se había encerrado en su habitación y que debía de estar como loco intentando deshacer el hechizo. Aún se estaba riendo cuando se Aparecieron en Hogsmeade, cerca del pasadizo secreto que llevaba al colegio. Usaron el mismo método que la última vez y consiguieron entrar con la misma facilidad. Aquella tarde había más movimiento en los pasillos, pero se mantuvieron bien ocultos debajo de la Capa y localizaron rápidamente a la profesora McGonagall gracias al Mapa del Merodeador. Después se fueron con ella a por Hermione y sus dos hijos, que estaban alojados, curiosamente, en una de las dos habitaciones reservadas a los prefectos jefes de Slytherin. Lavender ocupaba la otra, pero en ese momento la encontraron allí también. Si a Draco le molestó ver a dos Gryffindor allí, no dijo nada, pero Harry sí se dio cuenta de cómo miraba a su alrededor. De no haber sido por Voldemort, probablemente aquel habría sido su dormitorio en séptimo.
McGonagall ya les había dado varias noticias. Aquella misma tarde se iba a reunir con Scrigmeour y Lavender iba a ir con ella. Los Weasley estaban temporalmente ocultos en casa de los Longbottom, aunque Molly y Arthur estaban dispuestos a acompañar a McGonagall también. Remus y Tonks habían hablado con los periodistas de El Quisquilloso y Corazón de Bruja, los otros dos medios de comunicación mágicos, y les habían contado todo lo que sabían sobre Harry, Draco, los verdaderos Renegados y la Puerta de Estigia; después se habían sentado a esperar tranquilamente a que los aurores les detuvieran.
-¿Por qué han hecho eso?-exclamó Harry, preocupado.
-Para contarles esa historia a los aurores también-contestó Hermione.
-La única manera de que esto salga bien es que sea imposible ignorar nuestra historia-añadió Draco.
-No te preocupes, Harry, no estarán allí mucho tiempo.
Harry seguía inquieto por la suerte de sus amigos, pero no podía hacer demasiado por ayudarles hasta que a él y a Draco les llegara el momento de declarar ante el Wizengamot. Intentando apartarlo de su cabeza, observó cómo Draco le daba a Hermione y a sus hijos la dirección exacta del monasterio. Los dos niños eran demasiado pequeños para entender lo que le decían-el mayor, que se llamaba Harry, como su tío, tenía sólo dos años y medio; el otro, Brian, apenas diez meses-, pero el gesto de Draco bastaba para que el hechizo Fidelius ya no ejerciera poder sobre ellos. Ahora podrían ser llevados al monasterio.
-Cuando termine la reunión con Scrigmeour os mandaré una lechuza-dijo la directora-; llevará una cinta roja en una de las patas, para que sepáis que viene de Hogwarts.
-De acuerdo. Suerte con Scrigmeour.
Los cinco Desaparecieron de allí.
-¡Es un monasterio!-exclamó Hermione, ahora que lo veía sin el Confundus de Draco.
Nada más entrar vieron a Reuben Summers y Draco le encargó que avisara a su madre y a Ron. Luego llamó a Dipsy y le dio las bolsas.
-Enséñale a la señora Weasley sus habitaciones y ayúdala a instalarse.
-Sí, amo.
-Espera, os acompañaré-se ofreció Harry-. Habla tú con Blaise y con tu madre.
Draco frunció ligeramente el ceño, pero no dijo nada y se marchó. Harry echó a andar con Hermione, que no paraba de mirar a su alrededor, intentando confrontar lo que veía con lo que recordaba.
-Este sitio se parece un poco a Hogwarts, con estas paredes de piedra y estos pasillos.
Él tenía la cabeza en otro sitio.
-Hermione... hay algo que debes saber. Ron ya lo sabe y... Remus dice que tú lo sospechas.-Ella lo miró con curiosidad-. Es sobre Draco y yo.
Hermione se detuvo, ni mucho menos tan sorprendida como Ron.
-Ah... Vaya, me preguntaba si me había empezado a volver loca.
Harry, que tenía la esperanza de que la primera reacción de Hermione fuera mejor que la de Ron, sonrió un poco.
-No.
Ella no le devolvió la sonrisa, aunque no parecía disgustada, sólo pensativa.
-No sé qué le ves-dijo al fin-. No me parece que sea la persona que necesitas... Pero si me dices que estás a gusto con él...
-Estoy mejor que eso.
-Entonces... bueno, me alegro por ti.
Su tono no delataba demasiado entusiasmo.
-No suenas muy sincera.
-Es porque no lo entiendo, Harry. Pero eso no significa que no vaya a apoyarte; ya te he fallado una vez y no quiero volver a hacerlo.
Aun sabiendo que quería tranquilizarlo, a Harry le entristeció que el episodio de Azkaban hubiera vuelto a salir a relucir.
-Hermione... tenemos que dejar eso atrás. Todos. Si alguna vez pensáis que estoy siendo un idiota o que estoy metiendo la pata, quiero que me lo digáis, no que os calléis pensando que me lo debéis o algo así.
-Con el tiempo-prometió ella-. Ya sabes que me encanta organizarle la vida a la gente.
Si las circunstancias hubieran sido otras, Harry habría pasado un buen rato viendo cómo sus amigos daban sus primeros pasos en aquella comunidad de Slytherin. Cuando vieron a sus ex compañeros de clase se mantuvieron instintivamente alejados de ellos y pegados a Harry; era lo que estaban acostumbrados a hacer, lo que siempre habían hecho en Hogwarts. Los Slytherin también se mantuvieron apartados, pero Pollux fue a saludar a Hermione en cuanto la vio y los niños los observaban desde lejos con mal disimulada curiosidad.
-Lavender me ha dicho que Altair Malfoy es hermano de Draco, no hijo suyo.
-Eso habría sido un poco difícil, sabiendo ahora lo que sabemos de Draco-replicó Ron, sin asomo de burla.
-Sí, es su hermano. Lucius dejó embarazada a Narcissa cuando escapó de la cárcel y se reunió con los mortífagos.
-Pues para follar en el cuartel de los mortífagos ya hace falta tener ganas de follar-dijo Ron, casi con admiración.
-Ronald, no hables así delante de los niños-protestó Hermione.
Al cabo de un rato, Draco entró en el comedor con Daphne y Theo y los tres se acercaron a donde estaban Harry, Ron y Hermione. Draco les preguntó educadamente si habían podido instalarse a su gusto y dejó enseguida que la parlanchina y sociable Daphne tendiera puentes entre Slytherin y Gryffindor.
-¿Ya has hablado con tu madre y con Blaise?-le preguntó Harry a Draco, en voz baja.
-He hablado con mi madre. Blaise sigue encerrado en su habitación.
Harry soltó una risita.
-¿Aún tiene...?-Hizo un gesto con las manos.
-Las más bonitas del monasterio-aseguró, con una sonrisa burlona.
-¿Qué ha dicho tu madre?
-Oh, seguramente piensa que las de ella están mejor.
Harry volvió a reirse.
-No me refería a eso.
-Ah, ya...-Se encogió de hombros-. No es que podamos hacer mucho hasta que McGonagall nos cuente lo que ha pasado con Scrigmeour o llegue Pansy con noticias.
-Esperar es un asco-decidió Harry, con un suspiro.
La hora de la cena les proporcionó cierta distracción. Blaise apareció por fin, junto a Narcissa y Victor, y Draco le dijo a Harry por lo bajo que su madre debía de haberlo ayudado a deshacer el hechizo para no inquietar al pequeño, pues los niños andaban un poco nerviosos desde la llegada de Lavender. Harry ocupó su sitio junto a Daphne pensando que aquello era una idiotez: si no iba a poder hablar con Draco durante la cena, prefería estar sentado con Ron y Hermione, que habían sido instalados en una de las mesas laterales. Aunque estaban cerca de Pollux y su madre, parecían un poco perdidos y miraban frecuentemente en su dirección. Harry se dijo que hablaría con Draco y se sentaría con ellos mientras estuvieran allí.
Estaban a punto de tomar el postre cuando las personas que se encontraban más cerca de la puerta parecieron escuchar algo que les puso nerviosos y uno de ellos se levantó para ir rápidamente a hablar con Draco. Harry asomó la cabeza para ver qué pasaba y vio que Draco lo miraba con una expresión impaciente antes de ponerse en pie.
-Abrid la puerta-dijo, en voz alta.
Tras un segundo de vacilación, Reuben Summers se puso en pie e hizo lo que Draco pedía. Nada más hacerlo, una lechuza entró volando en el comedor. La gente observó su vuelo con expresión tensa y Harry se dio cuenta de que la mayoría de niños se pegaban a sus madres. Pero la lechuza se dirigió directamente a él y llevaba una cinta roja en la pata.
-Harry, no...-dijo Daphne, en un hilo de voz.
Él recordó que el padre de ella había asesinado a su madre a través de una carta.
-No te preocupes, Daphne. ¿Ves la cinta? Es de la profesora McGonagall.
Draco no quería leer la carta en medio del comedor. Narcissa, Blaise, Ron y Hermione fueron con ellos al despacho de Draco, y una vez allí, Harry la abrió y empezó a leerla en voz alta.
"Harry,
he tenido algunos problemas con Scrigmeour. He de reconocer que no se ha mostrado nada dispuesto a escuchar lo que tenía que decirle, especialmente al darse cuenta de que estaba apoyando la historia de la señorita Brown. Me temo que el asesinato de Robards y la masacre del hospital le ha vuelto totalmente irracional. Pero no está todo perdido. He hablado con los Longbotton, Griselda Marchbanks, Tiberius Ogden, Amelia Bones y otros miembros del Wizengamot y he conseguido convencerlos de que era vital una reunión de urgencia para hablar de la amenaza de la Puerta de Estigia. El Tribunal se reúne mañana a las dos de la tarde y confío en que entonces podamos contar toda nuestra historia. Molly, Arthur y la joven Lavender también vendrán, pero mi consejo es que vosotros sigáis escondidos hasta que estemos seguros de que realmente van a escucharnos.
Os enviaré una lechuza cuando acabe la sesión del Wizengamot marcada del mismo modo.
Con mis mejores deseos para todos
Minerva McGonagall "
Harry terminó y miró a los demás. Estaban un poco decepcionados, pero era más por el nuevo retraso que porque fuera una noticia realmente mala. Scrigmeour estaría en esa reunión con el Wizengamot, y eso quería decir, en todo caso, que aún habría más testigos de la declaración de McGonagall, Lavender y los Weasley.
-Entonces esperaremos hasta mañana-dijo Narcissa, de mala gana.
A mitad noche, cuando todo el mundo dormía, llegó Pansy. Estaba pálida, cansada y muy hambrienta, y aquella vez la reunión se celebró en la amplia cocina, donde se comió una ración de pastel de pollo antes de ser capaz de empezar a hablar. Blaise, sentado junto a ella, la observaba con tal alivio que Harry le perdonó unas cuantas cosas.
-Me han tenido todo el día en las oficinas-dijo al fin-. Creo que el ministerio no estaba tan alborotado desde la segunda caída de Voldemort.
-¿Qué te han preguntado?
-Lo de siempre y algo más. Merlín, he tomado tanta veritaserum que no voy a poder decir mentiras hasta el 2050. Querían saber si sabía dónde estábais, si había hablado con vosotros, con los Weasley, con el profesor Lupin y tu prima o con McGonagall, si había participado en el asesinato de Robards, si sabía que ibais a asesinarlo, si sabía quién iba a ser vuestra próxima víctima, si había oído hablar de la Puerta de Estigia...
Draco sonrió al escuchar esto último y Harry supo enseguida por qué: su versión estaba circulando ya dentro del ministerio.
-¿Han podido sonsacarte algo sobre el monasterio?
Ella hizo una mueca.
-Nada.
-Entonces, ¿es verdad?-intervino Ron, sorprendido. Él y Hermione también habían sido despertados para enterarse de los últimos acontecimientos-. ¿Tú también puedes resistir la veritaserum?
-Eso no es asunto tuyo, Weasley-respondió Pansy, secamente, empezando a atacar un plato de sopa que el elfo de los McAllistair le había puesto delante.
-¿Cómo van los rumores?-preguntó Narcissa-. ¿Has podido enterarte de algo?
-Sólo he podido hablar con la señora Flint y con la hermana de Pritchard, pero me han dicho que han oído de todo. La rueda de prensa del profesor Lupin y tu sobrina ha ayudado bastante a contrarrestar el testimonio de la mujer de Robards y la masacre del hospital, que obviamente también se os ha adjudicado. Yo diría que la gente está muy confundida, aunque aún ganan los que creen que sois culpables. De hecho, hay quien está seguro de que Harry se ha convertido en un Señor Tenebroso.
Harry hizo una mueca de dolor. ¿Señor Tenebroso?¿De verdad lo creían capaz de convertirse en lo que más odiaba?
-Pero mucho más guapo que Voldemort, Harry, no te preocupes-dijo Draco, como si le hubiera leído el pensamiento y quisiera quitarle hierro al asunto-. Bueno, esto ya se acerca más a lo que esperábamos conseguir. Si Rodolphus y sus perros consiguen quedarse quietecitos un par de días y no cargarnos con ningún muerto más, puede que consigamos salir bien de esta.
Al día siguiente, Harry se sentó a desayunar con Ron, Hermione y los dos niños.
-Aquí se come mejor de lo que Lavender me había contado-dijo ella, terminándose la última tostada.
-Hum...-Harry aún se sentía un poco incómodo con aquel asunto-. Digamos que... lo presentamos todo bajo la peor luz posible.
Sus amigos lo miraron con asombro.
-¿Fingisteis estar pasando hambre?
-¿Para dar pena?-añadió Ron.
-Draco pensó que ayudaría.
Hermione meneó la cabeza.
-Créeme, Harry, no hacen falta adornos. Esto da asco. Da asco y está mal y tendríamos que haber protestado cuando todo pasó.
-No podíamos saber que Malfoy había hecho un pacto con Moody-dijo Ron, en un tono que hizo que Harry sospechara que ya habían hablado de eso.
-No, pero sí teníamos la obligación de saber que las purgas estaban mal. Hay tantos precedentes en el mundo muggle...Una cosa es condenar por encubrimiento a quien se lo merece y otra cosa es esto. La justicia mágica es una vergüenza, Ron. Piensa en Sirius, en Hagrid, en el propio Harry. Y piensa en toda la gente que ha esquivado condenas merecidas, como Lucius Malfoy en la primera guerra o Dolores Umbridge, por mandar a los dementores a por Harry aquel verano.
La conmoción había dominado a Harry en sus primeras semanas en el monasterio y había pasado de estar sorprendido a considerarlo una injusticia, pero nunca se había parado a pensar qué había hecho él durante las purgas. La respuesta, por supuesto, era nada. El héroe había desaparecido después de la guerra, dejando a un cansado veterano que quería tener una vida propia, tan normal como la de cualquier otro chico de su edad. Y aunque una parte de él no había estado de acuerdo con las acciones del ministerio, otra parte de él, la parte de él herida por la guerra, se había dicho que arrancar el mal de raíz era una buena idea.
Algo avergonzado de sí mismo, observó a Draco, que también estaba acabando de desayunar. Aquel era el mal que se había alegrado de ver arrancado de raíz. Y si no hubiera sido por él, la mayoría de las personas que estaban allí con ellos habrían muerto o no habrían llegado a nacer; los Slytherin habían tenido que recurrir a sus propios héroes porque nadie más había salido en su defensa.
Pero un escozor en la cadera interrumpió sus pensamientos. Harry se llevó la mano a la zona y palpó el bulto de la moneda encantada con el Proteus. Rápidamente la sacó del bolsillo y leyó que les citaban para aquella tarde a las dos en la Casa de los Gritos.
-Tiene que ser de Remus-dijo Harry, animado-. Eso significa que lo han soltado.
Draco había recibido el mismo aviso y también lo consideró una buena señal, aunque no descartó la posibilidad de que Remus, y quizás Tonks, hubieran huido de la custodia de los aurores y estuvieran buscando refugio en el monasterio.
-Vamos a tener que abrir una cadena de escondites, si esto sigue así-le comentó a Harry, antes de irse al aula a impartir su clase de Pociones.
Hermione también tenía cosas que hacer, ya que las madres del monasterio habían decidido que el recelo que sentían hacia los desconocidos no debía hacerlas olvidar que podían disponer de los servicios una medimaga profesional, así que estaba en la enfermería atendiendo síntomas insignificantes: las pociones de Draco y Narcissa mantenían a la gente con buena salud. Ron y Harry pasaron la mañana cuidando de los niños y charlando sobre sus compañeros de trabajo, intentando adivinar quién podía creerles y quién no.
Después del almuerzo, Harry y Draco se prepararon para ir a reunirse con Lupin. Se Aparecieron directamente en la Casa de los Aullidos. Como era un poco pronto, se sentaron a esperarle. Los dos llevaban las varitas en la mano, pero estaban bastante tranquilos, tanto que después de unos minutos, Draco se levantó de su silla y se sentó a horcajadas sobre las piernas de Harry, cuyo cuerpo se encendió ante su proximidad.
-Ahora que están tus amigos no me haces caso-protestó.
Era sólo una excusa y los dos lo sabían, así que Harry sonrió como si lo lamentara.
-Oh, pobrecito... Déjame compensarte.
Entonces le puso la mano en la nuca y lo acercó a él para besarlo lentamente, tomándose su tiempo. Besar a Draco era una experiencia que debía saborearse sin prisas. Tenía esos labios pequeños, llenos e insolentes que requerían media docena de mordisquitos y esa lengua diabólica a la que mimar... Cuando se detuvo, lo hizo porque estaba a punto de empezar a quitarle la ropa y no era cuestión de causarle a Remus un trauma. Entonces Draco le acarició el pelo.
-Si te digo una cosa, ¿prometes no reirte?
-Prometido.
-Echo de menos tus horribles gafas.
Harry no se echó a reir, pero sonrió de oreja a oreja.
-¿De verdad? Creía que las odiabas.
-Eso pensaba yo. Pero... no sé...parecías tan formalito con ellas...
-En abril tengo que renovar el hechizo o deberé volver a llevarlas-le explicó, planteándose seriamente hacer lo segundo en vista de aquella noticia.
-Si al final todo esto sale bien, ¿volverás a ser auror?
-No lo he pensado-dijo, considerando la idea-. Me gusta ser auror, pero se me hace un poco rara la idea de volver a trabajar con los mismos que me frieron a conjuros cuando pasó lo de Ginny. ¿Y tú? ¿Qué te gustaría hacer?
Draco se encogió de hombros y regresó a su silla.
-No necesito trabajar en nada, tengo dinero de sobra. Pero lo que sí haría, por supuesto, sería sacarme los ÉXTASIS. No quiero ser el primer Malfoy en nosecuantas generaciones que no consigue acabar los estudios sin una muerte prematura como excusa.
-No creo que vayas a tener muchos problemas con DAO o Pociones. Y de todos modos, que no necesites trabajar no quiere decir que no te apetezca hacer algo aunque sólo sea para entretenerte, ¿no?
-Oh, bueno... Supongo que tendré que reparar la mansión y ocuparme de la disminuida fortuna familiar. Esos cabrones del ministerio nos han dejado pelados como We... ratas.
A Harry no le pasó desapercibido el desliz, pero lo dejó correr.
-Quince millones de galeones no es estar pelados como ratas-dijo, pues ya sabía de cuánto dinero disponían.
-Para los estándares de los Malfoy, es prácticamente la indigencia.
Parecía estar de broma y Harry estuvo a punto de seguirla y llamarle pijo y meterse con los "estándares de los Malfoy", pero se lo pensó mejor; bien mirado, no le hacía ninguna gracia.
-Remus se retrasa.
Draco le giró la muñeca para ver su reloj.
-Sólo son las dos y diez-dijo, sin darle demasiada importancia.
-Espero que no le haya pasado nada.
Pero los minutos seguían pasando y no había señal de Lupin. Harry empezó a preocuparse; aquel retraso sólo podía significar que algo estaba reteniendo a su amigo y ese algo no podía ser bueno.
-Uno de nosotros debería volver al monasterio y ver si allí saben algo nuevo de Lupin.
-¿Cómo podrían saberlo?-dijo Draco.
-No lo sé, tal vez ya haya llegado la lechuza de Minerva y allí hable de Remus.
Draco pensó unos segundos y asintió.
-Está bien, iré yo.-Le dio un beso rápido en los labios-. No tardo.
Harry le miró mientras se preparaba para Desaparecerse, pero Draco siguió allí un segundo, dos segundos... Y sus ojos grises se tiñeron de angustia.
-¿Qué pasa?-preguntó Harry.
-No puedo Desaparecerme. Harry, rápido, inténtalo tú.
Y lo intentó, pero no podía. El corazón empezó a latirle con fuerza.
-Es un hechizo anti-Desaparición. ¿Crees que han sido los aurores?
Pero nada más decirlo, supo que no era posible. Los aurores ya habrían intentado capturarlos.
-Oh, Merlín...-dijo Draco, abriendo mucho los ojos-. Es una trampa, Harry. ¡Tenemos que volver al monasterio!
María, hola! Claro que quieren dar penita, jeje. Aunque como dice Hermione, la dan aunque no quieran darla.
Lireve, hola, guapa. Pues a mí me gusta más Slasheaven, la verdad. No sé si supera a Ffnet en calidad, pero al menos ahí me ahorro los Het, que en el fandom HP no me gustan demasiado, y a todas las Mary Sues. En cuanto al pensadero de Snape, tú piensa que Harry y Draco van lanzando contrahechizos de defensa todo el rato, por algo será, jeje. Al fic le quedan unos pocos capis más, cinco, si no me equivoco.
Einx, saluditos. Tenía ganas de sacar un poquito a Sev, jaja. Aunque ahora ya no sé si al Snape canon le importaron alguna vez sus alumnos de Slytherin. Ya has visto lo que ha pasado con el plan. Y por supuesto que lo de la Puerta de Estigia está por ver. Y muy pronto, además.
Havi, hola, me alegra que el fic te haya enganchado. Si no hay imprevistos, actualizo los miércoles y los domingos.
Drakitap, hola, guapa. A mí también me apetecía mucho escribir esas escenas en Hogwarts, la verdad. Y sí, el recuerdo de Snape es lo que necesitaban para probar que Draco había sido espía y que habían hecho un pacto con Moody. Ahora ya has visto que lo del artículo ha salido regular, pero no porque no hayan sido capaces de "vender" la imagen que querían. Muchas gracias por todo. ¿Cómo no voy a ser amable con gente que es tan amable conmigo? Besitos y hasta el domingo.
