Capítulo 26.- "Rechazo"
Tres días habían pasado desde que Nashira comenzó su semana laboral en La Academia Ninja. Kazumi no había regresado a casa todavía, pues seguía a la espera de que Kakashi hiciera oficial el matrimonio. El Hokage no se tomó mucho tiempo para verla, sólo la saludaba cuando se encontraban ocasionalmente en el pasillo de la Torre o en las horas de comida.
Cada vez que Kakashi entraba al edificio, veía con pena el cubículo vacío donde antes estuvo su asistente. De nueva cuenta Shikamaru se estuvo haciendo cargo del trabajo.
Kakashi volvía derrotado a su oficina, se dejaba caer sobre el asiento y pegaba su mejilla a la superficie del escritorio mirando con cansancio y aburrimiento hacia cualquier parte.
—Me voy a volver loco.
Cerraba sus ojos y recordaba momentos con la mujer de cabello azul, si hubiera sabido que terminaría así de enamorado, jamás hubiera desaprovechado el tiempo que estuvieron juntos. Ya habían transcurrido tres largos e infernales días sin verla y odiaba la sensación matutina de tener que levantarse a trabajar sabiendo que ella no estaría allí para molestarlo o insultarlo.
Por su lado, Nashira estaba ocupada acomodando registros de estudiantes que presentarían el examen de graduación, Iruka estaba agradecido con Kakashi por haberle recomendado a una asistente tan productiva. Ella rara vez hablaba de su trabajo con el Hokage, pero siempre se refería a él como un hombre ejemplar.
La mujer terminó con un puñado de hojas y tomó otro, luego vio el apellido de un estudiante en particular logrando captar toda su atención.
«Isao Kurosawa»
En la fotografía se observaba a un joven muchacho de doce años con el cabello color café y los ojos grises. Sin duda alguna se trataba del hijo de Keito, el hermano mayor del pequeño recién ingresado Kuroyi; Nashira pensó que el menor se parecía más a su padre ya que éste tenía los ojos color miel como él.
—Nashira.
Ella dejó de ver las hojas y miró hacia arriba encontrándose con Iruka.
—Director, ¿en qué puedo ayudarlo?
Iruka sonrió amablemente.
—Es tu hora de comida.
Nashira miró hacia el reloj que colgaba en la pared y se sorprendió, estaba tan concentrada con su trabajo que el tiempo se le fue demasiado rápido.
—Es cierto, qué despistada soy.
—Debo decir que estás haciendo un buen trabajo, definitivamente necesitábamos ayuda con tanto papeleo de por medio.
—Me satisface saber que estoy siendo de utilidad.
Se puso sobre sus pies y tomó su bolso.
—Por favor, adelante. Nos veremos aquí en una hora —dijo Iruka y se marchó.
Nashira caminó hacia el comedor de la academia, pero al asomarse miró demasiados profesores ninjas y se sintió intimidada así que decidió que comería en el patio de la escuela.
Se sentó en una jardinera de cemento con vista al bosque, el frío de la superficie la hizo estremecer pero pronto olvidó la sensación. Sacó su caja de almuerzo y se le quedó mirando, su tía lo había preparado mientras tenían la conversación prohibida en la que la tía Madoka le cuestionaba si ella y el Hokage habían cruzado la línea aquella noche. A Nashira le costó trabajo convencer a la anciana de que no pasó nada.
A unos treinta metros de distancia, Nashira vio cómo un profesor enseñaba a sus alumnos a combatir cuerpo a cuerpo y sin quererlo se imaginó a un Kakashi pequeño aprendiendo a luchar. La fotografía que vio en la casa de éste, le había servido para guardar la memoria de un niño de cabellos grises.
—Debió ser muy lindo.
Mordió una bola de arroz y continuó observando, aunque sus ojos estaban puestos sobre aquellos niños, su mente divagaba trayendo consigo sucesos que alguna vez la hicieron feliz cuando era pequeña.
El día avanzó con aparente calma, no había mucho ruido en las oficinas de administración en comparación con el resto del edificio, los estudiantes no solían merodear por la sala de maestros ni la oficina del director.
La jornada laboral finalizó y todos comenzaron a ir a casa, Nashira salió de la academia y tomó una vereda distinta hacia el hogar de su tía. El camino estaba demasiado solitario para ser de día todavía, pero no le dio mucha importancia hasta que dos hombres relativamente sospechosos, salieron de un lado del trayecto incorporándose al camino y empezaron a seguirla.
Su corazón latió con fuerza en el momento que sintió el peligro acercarse; uno de los sujetos le agarró el brazo y le estiró el bolso queriendo quitárselo, Nashira se aferró al tirante del accesorio para evitarlo; el otro hombre la rodeó con sus brazos impidiendo que pudiera moverse y le cubrió la boca para que no gritara.
Poniendo toda la fuerza que tenía, se zarandeó queriendo liberarse y dobló su rodilla para pegarle en la entrepierna al tipo que no la soltaba, sin embargo, falló.
—¡Debes cooperar si no quieres salir lastimada!
La desesperación le estaba invadiendo y mantenía una lucha constante para no rendirse, a pesar de que tenía miedo.
Cuando pensó que no podría hacer nada y que sólo le quedaba resignarse, el tipo que la sometía con sus brazos aflojó el agarre y terminó en el suelo inconsciente. Luego, el hombre frente a ella y que le había arrebatado el bolso, miró asustado hacia un lado y ni siquiera tuvo tiempo de gritar debido a que un par de golpes lo sofocaron y se desmayó.
Nashira agarró el bolso y lo abrazó y vio en dirección opuesta para conocer a su salvador, el descubrimiento fue asombroso, un muchacho delgado y alto con gruesas cejas y una llamativa vestimenta verde la había ayudado de esos criminales. Detrás de éste, se encontraba el hombre en la silla de ruedas.
—Qué bueno que he llegado a tiempo —dijo el joven y sonrió con amplitud casi provocando un destello con sus blanca dentadura—. Es usted amiga de Guy sensei ¿verdad?
Guy se aproximó y puso su mano sobre uno de los costados de su discípulo.
—Buen trabajo, Lee.
—Gracias por ayudarme —Nashira tomó las manos del moreno y lo miró con sus ojos brillantes—. De verdad muchas gracias.
Lee se sonrojó y sus cejas temblaron por la emoción. Sus labios se movían hacia arriba y abajo como si anhelara expresar algo pero no podía, estaba muy conmovido.
—Es mi discípulo Rock Lee —presentó Guy—, un chico extraordinario.
—No soy mejor que usted, sensei.
—Pensé que eran padre e hijo —confesó Nashira—, me disculpo.
—Bueno... Técnicamente Lee es como un hijo para mí, así que no deberías disculparte.
—Creí que Konoha sería más tranquila pero veo que me equivoqué, la verdad es que estaba aterrada.
Guy y Lee se miraron y asintieron con un movimiento de sus cabezas. Luego regresaron la vista a la mujer.
—Señorita, usted no es ninja ¿verdad?
Nashira negó.
—Como buen amigo del Sexto Hokage, me gustaría poder ayudarte —Guy levantó su pulgar—. Lee y yo somos excelentes en el combate de cuerpo a cuerpo y defensa personal así que podemos enseñarte algunos movimientos.
—De ese modo, usted ya no tendría por qué preocuparse por asaltantes. Los derrotaría en un santiamén.
Nashira arrugó la frente y se aclaró la garganta.
—Bueno... Suena fantástico pero no tengo mucho dinero para pagar clases de defensa personal.
Guy rió estruendosamente.
—No necesitas pagarnos, lo haremos por mero gusto.
—Guy sensei se caracteriza por ser un hombre amable con todo el mundo —explicó Lee.
—Sólo di que sí y comenzaremos, no lo pienses tanto muchacha, esto puede ser beneficioso para ti.
Nashira pensó en qué tanto podría cambiar su vida si aprendía de ambos varones. Se cruzó de brazos y se imaginó a sí misma como una mujer fuerte, no tanto como un ninja pero sí lo suficiente para alguien de su mismo nivel.
—Está bien —les miró con determinación—. Cuento con ustedes.
(...)
La tarde había caído y Kakashi sólo pudo ver por la ventana que el día fue demasiado largo pues, viendo el reloj, ya eran casi las ocho. Se despojó de su túnica y se puso el chaleco táctico. Estaba guardando en su mochila unos pergaminos cuando escuchó dos golpecitos en la puerta, su mirada viajó hasta la entrada para localizar una Kazumi tímida que le miraba con sus brillantes iris azules mientras su mano se apoyaba sobre la madera de la puerta entreabierta.
—Kazumi, ¿qué ocurre?
—¿Ya se va a casa?
Kakashi continuó metiendo papeles en su mochila.
—Sí, ya se pasó mi hora de salida.
—Estaba pensando... ¿Por qué no cenamos juntos? —Kakashi se detuvo al oír la propuesta— Quiero decir, si usted quiere enamorarse de mí ¿cómo podría lograrlo si no me ha tratado? Sería un buen momento para conocernos.
Kazumi abandonó su posición y caminó hacia el interior quedándose quieta frente al escritorio.
—¿Qué opina?
Kakashi tragó saliva y miró el mapa extendido en la mesa, lo enroscó para guardarlo y luego volteó con la mujer.
—De acuerdo.
Ella sonrió.
—¿Podemos ordenar algo y comer en la habitación? —Preguntó Kazumi.
—Si así lo deseas, así será.
(...)
La habitación asignada a la hija del Señor Feudal, era un cuarto amplio de la Torre del Hokage. Tenía una pequeña sala de estar, un baño, y discretamente apartado, una sección donde ella podía descansar. Koharu anticipó todo para la llegada de la muchacha intentando brindarle el mejor trato posible y confiando que Kakashi pronto la tomaría como esposa.
Kakashi no estaba especialmente emocionado por compartir un momento a solas con ella, mas la mujer estaba sonriendo todo el tiempo.
Acomodó los platos en la mesita y él se le quedó mirando sin decir nada, logró captar el mensaje que estaba enviándole: Que ella sería una buena esposa.
Se esmeraba mucho en complacer al Hokage y siempre tenía esa mueca en sus labios para él; muy por el contrario Nashira le había mostrado sus facetas de dolor, tristeza y alegría. A su antigua asistente realmente no le importaba compartir aquellas cosas con él.
—Kazumi —finalmente se decidió a hablar, ella estaba sirviendo la bebida—... ¿No prefieres estar en un lugar donde alguien se encargue de atender tus necesidades? Eres la hija del Señor Feudal, estoy seguro que antes de estar aquí, has vivido en comodidades.
—¿Es una indirecta para decirme que me vaya?
Kakashi movió sus manos en el aire.
—No se trata de eso, verás... Yo soy un hombre muy ocupado y aburrido, no creo que puedas ser feliz con alguien así. Debe haber muchos hombres de prestigio que estés enamorados de ti.
Ella se sentó un lado de Kakashi.
—No me importan los demás, mi corazón sólo le pertenece a usted.
—Pero ¿cómo podrías quererme si no me conoces lo suficiente? Puede ser que hay algo de mí que probablemente no te gustará si lo descubres.
La mano de Kazumi se posicionó sobre la del Hokage y suavemente la acarició.
—Dudo mucho que haya algo que no me guste de usted. ¿A caso no hay nada que le guste de mí?
Ella lo miró con intensidad y Kakashi no se pudo mover, se quedó perdido en los bonitos ojos de la mujer.
—La apariencia física no lo es todo.
—Yo seré una buena esposa y me encargaré de que usted sea feliz siempre. Voy a renunciar a mi herencia para vivir una vida de tranquilidad y amor a su lado ¿eso no es suficiente?
Kakashi permaneció en silencio.
—Creo... Creo que usted es del tipo que necesita un empujoncito para avanzar, así que si no le molesta...
Antes de poder reaccionar, Kazumi le bajó con cuidado la máscara y besó sus labios. Una estremecedora sensación fría le corrió por todo el cuerpo, aunque aquel beso no duró más de cinco segundos, el tiempo fue suficiente para hacerlo sentir que sus huesos se habían congelado.
Era diferente, la percepción de aquel suave y corto ósculo tenía una diferencia desabrida y abismal cuando recordaba los besos con Nashira. A pesar de que Kazumi se había sonrojado y estaba evitando su mirada, Kakashi no podía decir nada para destruir esa atmósfera de vacío que se había formado.
—Lo lamento —dijo ella con tono de arrepentimiento—. Me he dejado llevar por mis impulsos, de verdad lo siento —se arrodilló y Kakashi reaccionó para levantarla del suelo.
—Basta, no hagas esto.
—Le he faltado al respeto y no debí —sus cejas estaban fruncidas y Kakashi vio en ella una expresión de dolor—. Pero usted no sabe lo que se siente querer besar a la persona que le gusta y no poder hacerlo.
«Te equivocas Kazumi.»
—Vamos, no te sientas mal. Mejor vamos a cenar ¿sí?
—¿Está molesto conmigo?
—No, no. No te mentiré, me has tomado por sorpresa pero no es el fin del mundo ¿eh?
Kakashi tomó su vaso y empezó a beber de golpe, Kazumi se encogió de hombros y apoyó sus manos en su regazo.
—Ése fue mi primer beso —reveló y Kakashi casi se ahoga con el líquido—. Yo quería que fuera con la persona que amo.
Kakashi lentamente giró el rostro y vio las mejillas rosadas de la mujer, ella se mordía el labio inferior y se veía muy avergonzada. Sin quererlo pensó en Nashira y la imaginó con la misma reacción cuando besó a Keito, tan tímida y feliz.
Sintió un ardor en el estómago al crear en su mente la historia que vivió su ex asistente con el shinobi. Keito engañó a Nashira logrando que ella se enamorara de él y después simplemente la abandonó. Él y Keito no serían muy distintos si seguía estando con Kazumi mientras pensaba en Nashira.
La noche no sería tan corta como deseaba, luego de la cena, se retiró a su casa mientras pateaba las piedras que se encontraba en el camino. Se sentía miserable.
Tras una espantosa velada intentando conciliar el sueño, Kakashi llegó a su oficina muy temprano por la mañana con dos notables ojeras y una mirada de odio rotundo por la vida.
Se dejó caer en su silla y suspiró resignado al aburrimiento rutinario, miró con recelo el reloj y bufó.
Vio debajo de su escritorio para recoger un bolígrafo y entonces la memoria de una asistente escondida entre sus piernas y el mueble fue la causante de su vacío existencial. Cada cosa le recordaba a ella y simplemente se estaba volviendo loco al no poder verla.
Apretó el bolígrafo con molestia y a punto de lanzarlo se quedó con la mano en el aire cuando Shikamaru entró a la oficina con un portapapeles en la mano.
—Señor tengo los temas pendientes a tratar. Usted me indicará qué día quiere que los programe.
Kakashi echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.
—Dímelos.
—Reunión con los constructores del sector B de la aldea, revisar los contratos de energía, revisión de gastos de la Academia Ninja así como la preparación de los exámenes para genin —Kakashi enderezó la cabeza—, e inspección al hospital de Konoha.
—Hoy iré a revisar los gastos de la academia. Las demás cosas anótalas para el resto de la semana, excepto el sábado, no quiero hacer mucho ese día. O mejor, pospón lo que falta para el lunes entrante.
—Ah... Sí señor —Shikamaru escribió en el papel—. Aunque bueno... Shizune pensaba que hoy iría usted a ver lo del control de medicinas.
—No puedo —Kakashi se levantó y se acomodó el chaleco—, acabo de recordar que los exámenes genin están cerca y que Iruka necesita que veamos lo de los gastos del material y esas cosas.
Shikamaru parpadeó y escondió una sonrisa burlona, sus cejas se levantaron con esfuerzo visible como si eso impidiera que la risa se le escapara.
—¿Qué? —Kakashi le miró.
—Nada —respondió—. Entonces hoy irá a revisar lo de la academia. ¿A qué hora lo programo?
—No hace falta, me iré ahora mismo.
—Sí, señor.
—Probablemente me tardaré —dijo Kakashi y Shikamaru apretó los labios y escondió el rostro tras el portapapeles.
—Sí, como diga. Tómese su tiempo.
—La verdad sí, estas juntas requieren atención ¿verdad? —Kakashi movía la cabeza queriendo creerse su mentira.
—Por supuesto.
—Si los consejeros preguntan por mí, diles que estoy ocupado. No entres en muchos detalles, no eres empleado de ellos así que no tienes por qué darles explicaciones.
—Claro.
Kakashi no dijo más y ambos salieron de la oficina, luego cada quien se fue por su lado. Con aparente discreción y tranquilidad, el Hokage salió del edificio y caminó con lentitud por la banqueta. Una vez que estuvo lejos de la torre, apresuró el paso y brincó a las ramas de los árboles y techos para llegar pronto a la academia.
Se detuvo, se acomodó el cabello y entró. Llevaba sus manos en los bolsillos del pantalón y paseaba por los pasillos como si no sintiera emoción alguna. Los ninjas que se lo topaban, lo saludaban respetuosamente y él sólo atinaba a alzar una mano y sonreír sin mucho interés.
Llegó entonces a la recepción y sus oscuros ojos vieron la melena azulada de una asistente ocupada rellenando unos formularios sin prestar atención. Sin quererlo, el Sexto estaba sonriendo como un tonto enamorado al ver a su amada.
Con cada paso que daba sentía que el corazón se le saldría por el pecho y le resultaba más fácil controlar el chakra de su cuerpo que su nerviosismo.
—Buenos días, señorita —saludó, Nashira no había levantado la vista todavía.
—Buenos días, ¿en qué puedo ayudarlo? —Miró y se quedó pasmada, Kakashi sonrió para ella.
—Vine a tratar un asunto con el director.
Nashira se puso colorada y quiso disimularlo.
—Él ahora está hablando con un profesor, si gusta puede esperar cinco minutos —su voz quería temblar. Ver a Kakashi de nuevo la hizo remover todos esos sentimientos que parecían haberse calmado en esos días.
—Bien, lo esperaré entonces.
Kakashi se sentó en una de las sillas de espera y se hizo tonto mirando los cuadros que colgaban en la pared. A Nashira le llegó el aroma de su perfume y se llevó una mano a la frente para apoyarla mientras terminaba de escribir, pero no podía concentrarse sabiendo que el Hokage estaba sentado frente a ella, quizás mirándola.
Odiaba el silencio espantoso que aparecía para incomodarlos. Miles de dudas le llegaron a la cabeza como: ¿Kakashi también pensaba en ella? ¿La extrañaba? ¿Qué tanto había pasado desde que ambos se distanciaron?
Nashira oyó el sonido de la puerta y giró la cabeza para ver a un profesor salir, un rubio de sonrisa contagiosa que le saludaba muy animado todas las mañanas. Los niños de la academia lo querían mucho.
—¡Kakashi sensei! —Exclamó el joven con alegría— Qué sorpresa verlo por aquí, creí que odiaba este lugar.
Kakashi se sobó el puente de la nariz.
—Naruto, ¿cómo te está yendo aquí?
—Estoy dando lo mejor de mí, sensei.
Kakashi volteó con Nashira y ella recordó que él quería hablar con Iruka. Dejó el bolígrafo en el escritorio y apoyó ambas manos sobre éste para levantarse, al momento, hizo gestos de dolor y se aguantó un quejido durante su acción de ponerse de pie. Reacción que Kakashi no pasó desapercibida.
La vio caminar con lentitud como si estuviera sufriendo y se preocupó, se preguntó qué le había sucedido a Nashira que parecía dolorida.
La mujer entró a la oficina de Iruka para avisarle de la visita del Sexto y éste le pidió que por favor lo dejara pasar. Con la misma lentitud volvió a su lugar para permitir el acceso. Naruto ya se había ido y Kakashi estaba de pie mirándola con esos ojos de incertidumbre.
—Pase.
—Nashira ¿estás bien? —Se acercó y le cuestionó casi queriéndola tomar por los hombros.
—Sí, lo estoy.
—¿Te duele algo? ¿Te sientes mal?
—Sólo es dolor muscular —manifestó—, he estado haciendo ejercicio.
Kakashi sintió alivio pero también le surgió la incógnita por saber a qué se debía el interés por ejercitarse.
—Está bien que ejercites de vez en cuando, sólo procura no sobreesforzarte —dijo con apacibilidad.
—Estaré bien, después de todo el maestro Guy sabe lo que hace.
Kakashi tembló y abrió mucho sus ojos.
—¡¿Gu-GUY?! ¡¿Guy te está entrenando?! —La tomó por los hombros y Nashira se avergonzó cuando vio que una profesora que pasaba, se les quedó mirando.
—Kakashi —susurró regañándolo y apartó sus manos—, no hagas esto ¿quieres que la gente piense mal de nosotros? ¡Tú eres el Hokage!
Kakashi sacudió la cabeza.
—Nashira, Guy es demasiado exigente, ¡es mucho para alguien como tú que no es ninja!
Al fondo se escuchó la voz de Iruka.
—¿Está todo bien, Nashira?
La mujer y su antiguo jefe se dedicaron una fuerte mirada, ella de reproche y Kakashi de incredulidad.
—Hablemos de esto más tarde.
—Kakashi, no podemos tener tanto acercamiento, esto afectará la reputación de ambos. Así que por favor, dedícate a lo tuyo.
—Ya te dije que lo hablaremos.
Entrando a la oficina, Kakashi cerró la puerta detrás de sí y Nashira volvió a su asiento donde al flexionar las rodillas, el músculo de sus muslos se tensó provocándole dolor incluso por hacer algo tan sencillo.
La reunión del Hokage y el director llevaba más de media hora, Nashira miraba constantemente la puerta echa un manojo de nervios. Kakashi era poco discreto y temía que las demás personas se dieran cuenta que ambos eran cercanos; quería evitar a toda costa tener que pasar por el mismo dolor y vergüenza que alguna vez experimentó cuando no podía esconder la cabeza de las miradas burlonas y despectivas a su alrededor.
Vio la hora y aunque odiaba lo que estaba a punto de hacer, se puso de pie y al igual que otros de sus compañeros, salió para disfrutar de su hora de comida. Intuyó que Kakashi al salir y no verla, se iría.
Bajar cada escalón fue una tortura, así que lo más pronto que sus piernas le permitieron para acabar rápido con el malestar.
A punto de terminar, escuchó que un niño se quejaba y vio cómo tres estudiantes de aproximadamente once años, estaban pegándole a un pequeñito que se cubría la cara con sus brazos y las lágrimas mojaban sus mejillas. Abrumada por lo que estaba presenciando, hizo a un lado su dolor y corrió para separarlos.
—¡Ustedes! ¡Déjenlo en paz!
Los niños al verla se espantaron y salieron corriendo, pero alcanzó a tomar a uno del cuello de la camisa obligándolo a detenerse.
—¿A dónde crees que vas? ¡¿Por qué le hicieron esto?!
—¡No fue mi idea! ¡Fue Yato!
—¡Tú también le estabas pegando!
—¡Suélteme! ¡Suélteme!
Nashira vio al niño que estaba en el suelo con sus ojitos mojados y sus rodillas raspadas.
«Kuroyi»
Sintió ira por verlo llorar y apretó el agarre de la prenda en su mano, giró al menor y lo volteó por la fuerza.
—Mira lo que tú y tus amigos hicieron —lo forzó a mirar a Kuroyi—, ¿crees que está bien que se aprovechen de un niño?
El estudiante logró zafarse del agarre de Nashira y salió corriendo, su escaso pero valioso conocimiento de habilidades ninja lo libraron del sermón y Nashira maldijo en su interior por no poder evitarlo.
Se puso de cuclillas para revisar a Kuroyi, y con sus manos le limpió la cara, el niño sólo tenía espasmos a causa de haber llorado y miraba a la mujer con timidez.
—Qué desgraciados ¿por qué te hicieron esto?
Observó las gotas de sangre en las rodillas del menor y de su bolso sacó un pañuelo limpio para quitar la sangre antes de que resbalara.
—Porque soy débil —dijo Kuroyi.
—¿Débil? Tú no eres débil, apenas eres un niño. Pero vas a crecer y serás un hombre muy fuerte.
—¿Cómo el Hokage? —Preguntó emocionado, Nashira lo observó sintiendo ternura.
—Sí, como el Hokage —le sonrió.
—Señorita, es usted muy bonita —Nashira se sorprendió, vio los ojos miel del pequeño que eran muy parecidos a los de su padre, pero esa mirada era inocencia pura—. Cuando crezca, a parte de ser como el Hokage, quiero una novia como usted.
—Pues si quieres una novia como yo, entonces tienes que ser muy valiente —ella lo ayudó a ponerse de pie.
—¿Entonces a usted no le gustan los cobardes?
Nashira rió ante el comentario.
—No, me gustan los hombres fuertes y valientes. No tiene nada de malo llorar, lo malo es sentirse derrotado sin haber luchado.
Kakashi observaba desde la escalera y prestaba atención a cada interacción entre ambos. Veía cómo Nashira trataba de levantar el ánimo del pequeño y lo motivaba a ser mejor; a pesar de que ella sabía que era el hijo de su antiguo amor, la madurez y sensatez de la mujer eran admirables. Ella era amable con todos y eso era un aspecto que le encantaba.
Decidió que sería bueno aparecer en la escena y bajó el resto de los escalones para acercarse. El niño al verlo se emocionó.
—¡Hokage!
Nashira volteó.
—Parece que tenemos que reportar a estos estudiantes —expresó—, y a ti hay que llevarte a la enfermería.
—Yo lo llevaré —se ofreció Nashira.
—Déjamelo a mí, tú estás dolorida por culpa de Guy así que me haré cargo.
Kakashi le dio la mano al niño y el pequeño no dudó en tomarla.
—Por favor, no te vayas. Volveré pronto, necesito hablar contigo —pidió y ella sólo aceptó moviendo su cabeza.
—Vamos, hay que curarte esas rodillas.
El niño volteó con Nashira.
—Señorita, mi nombre es Kuroyi Kurosawa ¿cuál es el suyo?
Ella tuvo un flashback del momento en que Keito se presentó.
—Nashira —contestó—. Sólo llámame así.
El sonrió y le dijo adiós con su mano, luego caminó lejos con Kakashi. Nashira respiró hondo y se sentó en una silla de plástico en el pasillo para esperar al Hokage.
(...)
—Qué bueno que no te has ido.
Kakashi regresó más rápido de lo que creyó y se sentó a su lado. Por fortuna, el lugar en el que estaban no tenía mucho movimiento de personas, así que nadie les vería.
Hablaron en voz baja para evitar ser oídos.
—¿Y de qué quieres hablar?
Kakashi se cruzó de brazos.
—De tu entrenamiento con Guy.
—¿Qué tiene de malo? Él es un buen maestro.
—No dudo de su capacidad, sino que él es muy exigente. ¿Sabes cuántas flexiones de brazos solía poner a realizar a su alumno? ¡Más de doscientas! Tú no tienes tal condición, quizás esté exagerando contigo.
—Estoy lastimada porque no suelo hacer estos ejercicios, pronto me acostumbraré. Además, puede que resulte extraño pero fue divertido.
Kakashi levantó las cejas con preocupación.
—¿Qué te está enseñando a hacer? ¿Por qué de repente?
—Porque ayer casi me asaltan dos sujetos, su alumno Lee me ayudó y entonces me ofrecieron enseñarme algo de defensa personal.
—¡¿Qué!? ¡¿Te asaltaron?! ¿Quiénes fueron? ¡Ahora mismo los buscaré!
—Cálmate, ya los han llevado a la comisaría así que no hay de qué preocuparse.
Kakashi arrugó la frente y miró con molestia hacia el horizonte.
—Debí enseñarte yo, quizás si no hubiera perdido el tiempo en tratar de entender a las mujeres.
—Oye, no es una pérdida de tiempo. Has aprendido a lidiar con algunas de ellas, ¿ya ves? Traes vuelta loca a la hija de un hombre poderoso.
El Hokage deshizo el amarre de sus brazos y vio las manos de Nashira, las tenía quietas en el regazo y con su mano izquierda las tocó. Ella tembló por la acción y notó cómo la gran mano de su ex jefe las atrapaba.
—¿Qué haces?
—Están frías —dijo él.
—Pu-pues sí, hace frío.
Kakashi volteó a verla sin soltarla. Estando a escasos centímetros de distancia el uno del otro y sin decirse nada, Nashira tragó saliva por la tensión. Kakashi sintió que ese tipo de sentimiento era el que lo llenaba más que cualquier cosa.
—Suéltame —pidió ella con suave voz—, si alguien nos ve, lo malinterpretará.
Pero él no obedeció y continuó mirándola. Especialmente se enfocó en sus labios y los miró con deseo al recordar la sensación de tenerlos entre sus propios labios.
—Kakashi —susurró ella queriendo hacerlo reaccionar—. Kakashi ¿me oyes?
Él fingió no oírla y su rostro se movió hasta el de la mujer sin darle tiempo de detenerlo. Juntó sus labios con los de ella y aunque la capa de tela de su máscara impedía que se encontraran directamente, todavía pudo sentir el tacto delicado de su boca.
Nashira hubiera deseado cerrar sus ojos para concentrarse en la calidez de las comisuras de los labios del Hokage, pero estaba estupefacta por la repentina maniobra y paralizada por el miedo de que los vieran.
Kakashi había presionado fuerte su boca y después se separó para rozar su nariz, ella sintió cosquillas en su vientre bajo y sus mejillas ardían.
—¿Por qué haces esto? Tú y yo ya terminamos el entrenamiento.
Sonó más como un argumento lleno de dolor que como una pregunta normal. Kakashi se incorporó y miró al suelo.
—Lo siento —dijo.
—¿Por qué? —Insistió— Dime por qué te vuelves de pronto tan cariñoso conmigo. A ti te gusta Kazumi, no deberías hacerme esto.
—No debería —aceptó—. Me he dejado llevar por la tentación, discúlpame.
Nashira frunció el ceño y alzó su mano para empujar a Kakashi del brazo, él volteó sorprendido y vio sus ojos, había algo en ellos que jamás había observado. Estaba enojada y sus labios casi parecían un puchero.
—¿Nashira?
Ella se levantó.
—Vete ya si terminaste con tus deberes —le dio la espalda, Kakashi también se levantó.
—¿Qué pasa? ¿Estás enojada? Lo siento, no debí hacer esto, yo-
—Sólo vete Kakashi —ella evitó mirarlo—, dedícate a hacer feliz a Kazumi y si quieres ceder a la tentación, entonces recurre a la que será tu mujer.
No le dio oportunidad de decir algo más y salió del edificio, Kakashi se arrepintió de sus actos y palabras. Nashira estaba en lo cierto, ellos dos no tenían más motivos para estar cerca y por primera vez, sintió el rechazo de una mujer.
Volvió a la torre, caminando despacio sin querer llegar. Su vida regresaría a la aburrida normalidad y no estaba preparado para ello. Su mirada se había vuelto triste y repudiaba el sufrimiento que nacía en su interior. Esa expresión en los ojos de Nashira jamás se le olvidaría.
Todavía andaba para llegar a su destino cuando un hombre lo detuvo.
—¿Sexto Hokage?
Kakashi prestó atención, era un hombre al que nunca había visto pero portaba un uniforme con un símbolo del país de la Tierra.
—Qué fortuna, lo he encontrado antes de ocuparse en sus asuntos.
—Disculpa ¿quién eres?
—Soy Mazao, mensajero del Señor Feudal del país de la Tierra. Tengo una carta para usted de parte de mi señor.
Hizo una reverencia y le entregó el papel. Kakashi tomó el sobre y lo abrió con cuidado quitando el sello. Sacó una hoja y la desdobló para leerla mentalmente.
«Sexto Hokage, Kakashi Hatake.
Es un placer poder escribirle este mensaje y contactar con usted. Sirva mi carta para informarle que estoy ansioso por tratar temas de carácter personal con el líder de Konoha.
Me he enterado que mi hija Kazumi será su futura esposa y eso me complace demasiado. De tal modo que me atrevo a solicitarle una reunión en sus aposentos para hablar acerca del matrimonio y definir una fecha concreta para dicha celebración.
Quedaré en la espera de su amable respuesta.
Masahiro Igarashi, Señor Feudal del País de la Tierra.»
Kakashi cerró los ojos y respiró profundo para luego volver la vista al cielo. Sintió cómo su vida se había quedado sin opciones y su libertad formaba parte de un juego de ricos y poderosos.
