Capítulo 25: Inquietudes
(Metal)
Un hombre alto y fornido con una espada guardada en su cinto izquierdo, caminaba con una seguridad aterradora por un amplio pasillo que parecía no tener fin. Tardó varios minutos para alcanzar una puerta blanca de doble hoja que se alzaba al final del camino entre unas paredes violetas. Dos centinelas detalladamente vestidos con sus trajes de batalla, que custodiaban el lugar, le franquearon el paso retirando mecánicamente las picas que mantenían cruzadas en aspa. Y sin más continuaron rígidos como los hierros de sus armas.
El hombre no se dignó a saludar siquiera, decidido empujó la madera y entró dejando manchas de barro en el pulido suelo por el roce de sus gruesas botas.
La sala aparecía solitaria. Sin inmutarse avanzó despacio en aquel salón cuadrado que brillaba como un espectacular espejo que refulgía a la luz de dos gigantescos ventanales abiertos en el lado opuesto de la puerta. Entre el deslumbrante revestimiento, sujetos y dirigidos por las junturas de las planchas, enredaderas de varias plantas exóticas trepaban hasta la techumbre, verdeando el lugar.
En las esquinas, a manera de guardianes nocturnos, cuatro estatuas de soldados de ébano oscuro y de casi dos metros de altura, con lanzas y escudos opacaban con su presencia las demás cosas que adornaban la hermosa estancia. Los brazos articulados de los soldados, cada uno con la pierna derecha ligeramente avanzada y el agrietamento y deterioro generalizado denotaban que eran piezas de gran antigüedad.
El resto del mobiliario lo integraba una larga mesa con varios papiros extendidos, un sillón trono y tres taburetes. Habían sido dispuestos a corta distancia de los ventanales. Desde el asiento principal se disfrutaba de una relajante visión del lago Elyon.
La espléndida mesa, con los pies engastados en zuecos de oro, presentaba unas patas finamente labradas con grupos de jeroglíficos: La lengua de los dioses, representaban los signos de la vida que habitaron en la vieja Mimir. Los taburetes con patas blancas estaban rematadas por garras de felinos. Entre las finas varillas de madera dorada que fortalecían dichas patas se distinguían el símbolo de la creación y la destrucción de la tierra: Una esfera partida a la mitad por una especie de hoz que surgía del exterior. Una mitad del círculo esta pintado de color blanco níveo y otra de un sobrío color humo.
Los asientos cóncavos, se hallaban aliviados con mullidos almohadones de plumas de ganso.
El hombre se aproximó al sillón-trono. Aparecía ensamblado en un taburete con patas cruzadas y esculpidas en forma de cabezas de águilas y leones. La totalidad de la madera era un resplandeciente y lujurioso derroche de oro, marfil, pasta de vidrio, diminutas gemas y tierra barnizada de turquesa y lapislázuli. Y en lo alto del resplado delicadamente curveado, ahí se permitían leer los nombres de los poderosos y siete grandes dioses creadores, cultivadores de la frágil Mimir: Odla, Lathia, Sibel, Reivaj, Elia, Horth e Ikah.
Un ser que vestía una larga capa negra, se cubría el rostro y que andaba descalzo irrumpió abruptamente el lugar. Su presencia fue detectada por el visitante sin ningún problema.
- Ya te estabas tardando - Susurró el hombre que mantenía su vista entre el nombre del dios del Valor y en el de la Dualidad.
El recién llegado levantó el brazo derecho con desgana y con la cabeza cubierta gacha sobre el pavimiento fue a sentarse en el trono. Sin mirar tan siquiera a Calik Ugishi, dejó escuchar su voz atona que entraron con fuerza por los oídos del shinobi:
- Dejaste escapar a esos niñatos
El ninja enrojeció por un momento. Atusó con sequedad los cabellos rubios que le caían sobre la frente y resoplando como una ballena le maldijo entre dientes:
- No seas estúpidamente ingenuo, sabes bien que aún no era tiempo –
- Desperdiciaste una valiosa oportunidad de encontrarte de una vez y cara a cara con ese "talismán", Ugishi
- Eh, tranquilo- masculló Calik ya relajándose después de aspirar unos minutos el aire perfumado a jerez que embriagaba el lugar - No hay prisa. La verdad tú fallaste, aunque me alegro porque estuviste a punto de echar a perder todo por tu engorrosa reputación. En sí fue divertido ver la tetra que armaste¿No lo disfrutaste?
- Odio tu patética despreocupación – Bramó el encapuchado - Me hiciste utilizar la fuerza de los soldados de Keel para nada
- ¡Ah¿Qué eran soldados de verdad? Creí que era una de tus fabulosas ilusiones
- ¿Sabes que es lo que diría su alteza real el gran Aghamen si se llega a enterar de que se movilizaron tropas keelianas para arrestar a ocho patéticos chiquillos que jugueteaban inocentemente por este pueblucho?
- Aghamen lo sabe todo, así lo dispuso: Una risible comedia del cual sólo nos daría la visión de cómo andan las cosas
- ¿Y?-
El shinobi se quedó callado por unos breves segundos antes de responder.
- Aún esta débil para tales expectativas…- Suspiró cerrando sus ojos azules - No me queda más remedio que provocarle de todas maneras
- Los demás que iban con esa persona - Intervinó el otro sujeto - También han resultado demasiado interesantes…
- Dices que son interesantes pero¿Porqué demonios no destrozaste a ese solapador de la tal hechicera asesina esa que enfrentaste hace ya días?- Balbuceó el ninja rodeando la mesa para después permanecer de pie al lado de su interlocutor – Medea creo recordar que se llamaba la ciega esa…
- Eso no te interesa
- ¡Uy! - rió – Entonces también andabas diviertiéndote en grande – Después se puso serio -Tanto que dejaste que ese guiñapo se quedara con el fragmento de Oth…
- Puede ser…- El que estaba sentado en el trono lanzó una risa extasiada - Bueno, bueno, siendo que ha sido interesante este experimento tuyo, deberías ponerte a investigar algo sobre esa bola de palurdos inmediatemente
- En esas ando. He convocado a ciertos seres para que indaguen – Ambos rieron. En eso el shinobi volteó hacia el techo – Y uno de ellos acaba de llegar-
El escenario cambió de repente, del cuerpo del shinobi salió una multitud de luces lilas que se esparcieron por toda la sala. Las paredes y los pisos de plata, los ventanales y todo el mobiliario desaparecieron. En su lugar se presentó la imagen de un círculo de agua verduzca, en cuyo centro yacía un tronco con espinas saliendo del mismo. Alrededor le circundaba tierra negruzca y de carácter bruto. Un olor acre, similar a la muerte asfixiaba aquel diminuto limbo sepultando el delicioso aroma a licor de antaño. La oscuridad reinó, sólo unas luces provenientes de la imagen del encapuchado que estaba antes sentado en el trono daba una tenua luz y visibilidad.
Un chasquido se escuchó arriba de las cabezas de los dos sujetos.
- Tantos días sin verte, gran Chrysos- Abrió la boca el ninja saludando la sombra de alguien que se separó de la oscuridad que ahora recorría el recinto.
- Calik Ugishi, líder del clan de los ninjas de la niebla - Él que le respondía se encontraba levitando en el aire - ¿Para que me has llamado?
- Primero respóndeme tú¿Qué dice el cañón que vigila las arenas doradas del desierto bendito de Halom?
- Te conozco, Ugishi, no te interesa para nada saber que pasa en el noreste -Dijo incrédulo y curioso. Vio que el ninja tenía la ropa llena de sangre: - ¿A cuántos has descuartizado hoy?
El ninja sonrió con esa mirada asesina.
- Calma, para destrozar a alguien no se necesita siempre de la fuerza bruta- Dijo después sin rodeos y apuntilló:- Al grano, requiero…es decir…- Corrigió al mirar al otro encapuchado que se hallaba a sus espaldas completamente de pie y quien le hizo una señal con sus manos huesudas -… Requerimos cierta información
- Mmmmm-
La figura posó sus enormes y finas garras puntiagudas sobre las ramas del voluminoso tronco cubiertas de espinas sin temor a lastimarse.
- Se supone que tú eres el encargado de recolectar los secretos más recónditos del seno de Mimir
- Eso hago - el shinobi se sentó apacible a las orillas del espejo. Sacó una shuriken de entre sus dedos y a manera de juego comenzaba a picar la tierra con la estrella.
- ¿De qué o quién quieren saber? - preguntó ahora mirando al otro hombre o mujer. Chrysos era un híbrido poderoso. No se podían apreciar bien sus formas por que el manto negro del lugar lo impedía.
El shinobi dejó de picotear el suelo, adelántandose a que el otro encapuchado respondiera.
- Es de un niño de constitución escuálida, un tal Torom Derdim
- ¿Derdim?
- Veo que te suena
- Creo que es un chico mercenario de profesión, de gran prestigio a pesar de su corta edad -
- ¿Mercenario¡anda ya! – Se burló incrédulo Calik – No parece más que un simple mocoso debilucho, bueno eso me han dicho y algo si he visto…
- El mercenario a quién se le solicitó de sus servicios – Intervinó ahora el de la voz dual - Omino…le tiene manía, por algo será
- Eso suena estúpido
- ¿Habláis del cazarrecompensas de nombre Omino?- Cortó el híbrido con asco – Ese maldito que busca limpiar Mimir de alguien como yo
- Me sería un honor en verle, mira que ni lo conozco- Se carcajeó el shinobi al escucharle - ¡Vaya!, no creo que ese tipo sea alguien tan importante como para que llegue a atemorizarte, Chrysos
- Porque tú no eres como yo, shinobi. Que igual yo trató de controlar que los de tu especie no se multipliquen, por eso viajo tanto por los azules cielos
El encapuchado con la voz dual rió al mencionar la clase de diversión que tenía el híbrido de mirada dorada.
- Ajá, tú extraña afición de aniquilar y devorar humanos
- Sólo han existido dos humanos a quienes no he podido arrancarles los ojos y chuparle esas jugosas vísceras - comentó el híbrido.
- ¿Ah sí? - Calik se cruzó de brazos divertido ante tal conversación- ¿Quiénes te han dejado con esas ganas tremendas?-
- No finjas demencia, Ugishi. Bien sabes que me muero por despedazarte - Chasqueó la rojiza lengua ansioso - Aunque se me hacía más tentador y apetitoso ese otro bocado llamado…-
- Lo sé - Le interrumpió bruscamente el ninja contemplándolo ahora con expresión molesta y aventándole el shuriken que dio de lleno entre las patas del otro - Tienes una lengua muy ponzoñosa, Chrysos
Por un momento se quedaron observando curiosamente uno al otro. El híbrido degolló el silencio.
- ¿Le has encontrado? –
-Siempre ha sabido dónde está- Contestó el encapuchado en lugar del shinobi ante la lujuriosa curiosidad de Chrysos.
- ¡Magnífico!- Lanzó un grito lleno de éxtasis. Volteó a ver a Calik casi con los ojos en blanco por la emoción - Dime ¿dónde está?, quiero deleitarme con ese delicioso y pequeño manjar…
No acabó de decir de lo bien y lo grande que se la pasaría con suculento delicatessen porque sintió la presión en su frente de una punta saliente de una hoja azulada. El ninja había saltado desde su lugar y estaba parado delante de él, posado en una sola pierna igualmente sobre las espinas.
- Cierra el pico - Calik empuñaba su Aquila amenazando el cerebro del susodicho. En tono de advertencia le amenazó: - No intentes siquiera en acercártele si no quieres que te extraiga ese pedazo de masa viscosa que ni siquiera te ayuda a pensar.
- No te prometo nada - El híbrido lanzó una gutural carcajada ante la insolencia del shinobi y se defendió como pudo - Mi instinto animal me obliga a hacer las cosas sin pensar
- Anda ya lo sé -
- Si tú deseas lo mismo…- Musitó con tono de provocación -Quieres que esa persona muera….
- Aún no es tiempo. Así que abstente de pensarlo tan siquiera -
- Soberbia, mi pecado favorito- Bramó malicioso el encapuchado ante las palabras del líder ninja.
El shinobi guardó su katana y se echó a un lado la tela que le cubría gran parte de la cara. Su rostro blanco bronceado se presentó acompañado por esos ojos azules con fondo rojizo. Una nariz recta y los labios gruesos le hacían juego a su aspecto confiado.
- ¿Qué hay de Derdim entonces? - inquirió Calik después de tomar aliento y echándose para atrás – Sólo sé su nombre porque me han llegado ciertos rumores como te he dicho y de vista le conozco solamente…-
- ¿Porqué te interesa tanto ese mercenario? - Chrysos viéndose liberado de la presión del arma se acurrucó en su propio cuerpo que emitía un leve resplandor de oro viejo - ¿Quieres elevar esas estúpidas cosas tuyas que llamas chakras, cierto? Creí que sólo querías las de...tú sabes -
- Las quiero. Y del asunto del mercenario ese, pronto lo sabrás -
- De acuerdo. Buscaré información entre mis hermanos. Puedes irme a ver ya sabes donde en tres días -
- Tshhh, demasiado tiempo - el ninja torció el gesto. Tres días se le hacían una eternidad. Él estaba acostumbrado a obtener lo que quería cuanto antes.
- Pero valdrá la pena, obtendrán todo lo que quieran saber -
Calik murmuró aparentemente resignado, aunque no lo estaba totalmente en el fondo:
- Está bien, no me queda otra… Aprovechando ya que estás aquí, también quiero que busques algo de todos los demás que están formando a ese dichoso grupillo -
- De cada uno - Enfatizó el encapuchado.
- Vaya, casi no piden nada…pero para eso necesito algo a cambio- el híbrido hablaba con cierto deseo de algo y mirándo primero a Calik para detenerse sobre la silueta del otro misterioso sujeto comentó: - Tú sabes -
- El toma y daca - El hombre o mujer fastidiado inquirió algo aunque ya sabía la respuesta -¿Qué quieres?-
- Comida…carne fresca –
Calik se rascó la cabeza incrédulo.
- ¿Y los que te habíamos traído la última vez, esos niños de Keel? –
- Me los he acabado -
- No te duran ni un pijo. Esa maldita gula ojalá te maté algún día… ¡Mierda!, esta bien que te traigan más – El shinobi se bajó de las duras ramas y comenzó a caminar por el agua sin hundirse, usando su inigualable hijutsu.
- Hey, Ugishi, cuando cumplas con tus propósitos…- Le llamó el híbrido antes de que se alejará para recordarle un pendiente que yacía entre ellos desde ya hace mucho tiempo. Calik, altivo no se giró para verle, no necesitaba hacerlo.
- Si ya sé, te daré la satisfacción de pelear a muerte –
- Contigo, con los tuyos… -
- Hecho, veremos si lo logras -susurró con una sonrisa bailándole en los labios- Híbridos…hasta los más fuertes están locos de atar -
Chrysos, alcanzó a escuchar la afirmación del shinobi que había dicho para sí.
- ¿Qué acaso odias a los híbridos, Ugishi?- Carraspeó - ¿Es qué tu alma esta tan contaminada por tener ese sentir? -
- Nunca he odiado a nadie, Chrysos, ni siquiera a ti-
- ¿A no?-
- No -
- ¡Por Hel, la gran diosa de la muerte!, no me digas que ahora eres un hombre de alma pura - Bramó triunfante como si hubiese ocurrido un milagro.
Calik movió la cabeza de un lado a otro negando.
- Chrysos, Chrysos, no lo entenderías porque sólo tú vives para imponer una ley salvaje que rige a los de tu clase, aunque admito que los humanos también tenemos ese instinto de revancha con quién nos hace daño –
- Dime¿Ni siquiera la odias¿A esa quién salvaste y deseas con todas tus fuerzas desaparecer?-
- Recuerda que no me une ningún lazo de sangre ni nada a ella, y aunque así fuese, debe morir después de que todo termine. No la odio, pero sólo quiero que sucumba ante el filo de mi katana, que dé su último suspiro cuando mis manos le resquebrajen el cuello –
- Si no la odias¿porqué tanto énfasis en querer darle muerte?
El líder de los ninjas no respondió a la cuestión del otro encapuchado.
"Debe pagar por su estúpida traición"
El híbrido cansado se incorporó y clavó sus garras sobre las espinas, asiendo con fuerza el tronco que ocupaba.
- Esa niña debe ser un ente lleno de profundas emociones que oculta en la sombra de su alma. Si tan sólo llega a experimentar tan sólo un poco de "un cierto sentimiento" y si con quién lo llegué a sentir es mutuo y fuerte, Ugishi…será tu fin…
- Antes de que eso ocurra, entonces le haré sentir rencor hacia mi y yo haré con ella lo mismo, sólo así evitaré que mis planes…"nuestros planes" se vengan abajo. Aunque dudo que lo haga, por su condición tirana y asquerosa siempre estará sola. Los vientos están a favor de mi lado caótico -
- Shinobi, no olvides que hasta el más tirano, ama a su manera - dijo el encapuchado mientras que el híbrido desaparecía en dirección al cielo dejando caer una pluma brillante sobre el hombro del pensativo rubio.
El paisaje en un dos por tres volvió a regresar a ser esa lujosa y extravagante sala.
"Si, por supuesto. Y eso puede salvarte o matarte, a ti…y no me conviene que te ocurra lo primero, Onee-san…"
- Entonces sigamos con lo nuestro. No podemos permitir fallar ya desde el principio.- Remató el de la voz dual – Mientras tanto, que nuestros alíados persigan sin piedad a esos chiquillos en esa búsqueda que apenas ha comenzado-
- No dejes que se apoderen de los fragmentos esos, por lo menos así de fácil -
- Descuida, Calik-Sama. Aunque tú también debes cooperar-
- Lo sé –
El rubio dio tres palmadas sonoras, al terminar de chocar las palmas de sus grandes manos varias figuras amorfas entraron por los ventanales como una exhalación y sin pérdida de tiempo se arrodillaron ante los pies de los dos personajes.
- Si es verdad lo que dijo Chrysos en primera instancia de que ese chiquillo Derdim es un "mercenario", entonces puede que me ayude a controlar a mi desconfiada hermana adoptiva, ya que es un peligro para la "sociedad" y puede serlo para él y para la gente que aprecie – Se dirigió a las sombras – Todos los mercenarios de este mundo tienen precio. No necesariamente tiene que ser oro o piedras preciosas. De ustedes depende ofrecerle a cambio en bandeja de plata lo que ese niñato esta buscando con tanta ansia. Asi que háganselo entender por las buenas o en determinado caso…por las malas -
Las siluetas se inclinaron con sumisión. Sólo desaparecieron cuando el líder ninja emitió una última orden en ese ajetreado día:
- ¡Id pues! -
- Aún no entiendo – Comentó con dejo de duda el encapuchado después de ver que las siluetas se fusionaban con las paredes espejeantes – Tengo la misma duda que el híbrido alado ese¿Qué rayos quieres del tal Torom Derdim? Has dictado una orden contra o a favor de él sin ni siquiera conocerle –
- Usó algo llamado Umbra de Oblivio y eso quiere decir que está en búsqueda del Alpha y el Omega de su propio hechizo…Pasado y futuro… - Susurró de repente Calik con la mirada perdida como si estuviese en trance –… A la vez poderosa y frágil inminente fuerza: oscura y luz interna…al igual que un traficante de esperanza… Miedo, Recelo, Egocentricidad …todos a la par siguen el mismo camino que recorre Tyra-chan…-
- ¿Qué demonios dices ahora?-
- Nada – Corrigió el shinobi al adoptar de nuevo esa postura de antaño que le caracterizaba -¿ Y tú que harás? -
El hombre o mujer le lanzó una mirada que el ninja supo captar como venenosa a pesar de no ver más allá de la capucha que le cubría el rostro desconocido.
- Llamaré también de nueva cuenta a ese cazarrecompensas que se muere por beber más poder y tal vez otras razas quieran cooperar voluntariamente…
Calik se alejó no sin antes darle un largo trago a una copa de vino espeso que se hallaba en la mesa de fina madera.
- Elfos, angelis, ciclopes, delphins, minotauros, ababols… Llama a los que se te vengan en gana hasta los muertos si quieres. En cuanto al Omino ese, quiero verle por si acaso ese mocoso Derdim no coopera y resulté ser un estorbo. Siendo asi que ese famoso asesino haga lo que quiera, que aplaste a cualquiera. No importa que también ella sea su víctima…pero que no olvide que su vida me pertenece…sólo a mí…
