Disclaimer: El Copyright y la Marca Registrada de todo lo referente a Harry Potter, es propiedad de la escritora J.K. Rowling.

Dedicatoria: A Jackie-RiverPlate. Porque es una de las lectoras más monas que se pueden encontrar, porque es más dulce que el chocolate y porque a pesar de que nos conocemos de hace poco tiempo, yo la quiero mucho. Gracias por todo tu apoyo, linda.


Húmedo.

Son las once y media de la noche y sales por una de las puertas secretas del castillo. El frío aire de invierno te golpea en la cara y haciendo un enorme esfuerzo para no dar vuelta atrás e irte a refugiar a tu cálida cama que te espera, caminas lentamente con las manos en los bolsillos y te dedicas a mirar el pasto húmedo que está bajo tus pies.

Levantas la vista un poco y te encuentras con aquella luna llena que ya se ha convertido en tu compañera, pues es la única que sabe aquel secreto que tú y tu amante se han encargado de guardar celosamente. Llegas a la roca grande que está en la orilla del lago y tomas asiento, como siempre. Juntas tus pálidas manos para frotarlas y así darte un poco de calor, pues estás seguro de que si no lo haces, al día siguiente podrían encontrarte hecho hielo.

Al día siguiente.

Porque nadie, absolutamente nadie sale del castillo pasadas las nueve de la noche, pues son las reglas del colegio. Y aunque sabes que existen algunos rebeldes a quienes les encantaría romperlas, también sabes que no lo harán, pues el pánico que la guerra provoca, les impide, sin que ellos se den cuenta, el desafiar una norma como esa.

Y como si hubiera leído tu pensamiento, llega tu acompañante y tomándote de la mano, se sienta a tu lado.

-Sabes que nadie va a venir-te dice en un susurro apenas audible-Sabes que ninguna persona saldrá de ese castillo en la noche mientras ya-sabes-quién siga allá afuera.

Tú asientes con la cabeza y levantas la vista para clavarla en ella. Te gusta mirar sus ojos castaños, sobretodo cuando la luz blanquecina de la luna se refleja en ellos. Te gusta colocar los mechones de su cabello detrás de sus orejas cuando accidentalmente se le resbalan en la cara. Y te gusta cuando su mano busca ansiosamente la tuya y sus dedos se entrelazan como si ya estuvieran moldeados para hacerlo.

Casi sin darte cuenta, ya estás embelesado de nuevo sin despegar la vista de Hermione. Y cuando ves esa sonrisa que la hace lucir tan linda, piensas que tal vez el arriesgarse a salir del castillo a esas horas, verdaderamente vale la pena. Porque en esos pocos minutos que están juntos, pueden abrazarse, besarse y quitarse aquellas máscaras que llevan puestas todos los días. Pueden demostrarse su amor sin temor a los prejuicios, a los miedos, a nada.

Después de algunos momentos en los que ninguno habla, ella rompe el silencio.

-Draco…

-¿Si?

-Te quiero.

En cuanto terminas de escuchar esas dos simples palabras, un escalofrío te recorre la espalda. Y es que te resulta inconcebible que un "Te quiero" salido de sus labios te resulte tan encantador y tan honesto. Porque aun después de todos esos meses, no terminas de entender el porqué ella está contigo…aunque, de igual forma, tampoco terminas de entender el porqué tú estás con ella.

La observas y le acaricias la mejilla.

-Yo también.

Aunque tienes fama de ser un mentiroso, ella sabe perfectamente que aquella frase está llena de sinceridad, porque a veces no se necesita decir cuanto se quiere a alguien, pues las acciones hablan por sí solas. Y vaya que lo hacen.

De repente, casi sin darte cuenta, ya tienes a la castaña entre tus brazos. Le acaricias levemente la espalda con tus frías manos y no puedes evitar una sonrisa de satisfacción cuando sientes cómo su cuerpo tiembla con tu simple contacto. Le besas el hombro, el mentón, las mejillas…y con dolorosa lentitud, te acercas a sus labios que ya buscan ansiosamente los tuyos.

Y así corren los minutos

Vuelan, nadan…se pierden. Cuando menos piensas, ya es hora de irte.

En el momento en que se levantan de la roca para regresar a la escuela, no puedes evitar sonreír con nostalgia. Porque te das cuenta de que sus encuentros nocturnos realmente parecen sacados de un cuento de hadas, pues ambos tienen que regresar a la escuela exactamente a las doce de la noche.

Si por ustedes fuera, se quedarían ahí toda la madrugada hasta el amanecer, pero el hecho de que Voldemort este rondando por ahí, obliga a la directora McGonagall a poner una protección mágica muy fuerte exactamente a las doce con quince minutos.

Mientras caminan hacia el castillo lentamente, giras tu cabeza hacia la izquierda y te encuentras a Hermione con la cabeza agachada y con algunas lágrimas cayendo de sus ojos. Tomas su mano entre la tuya y entrelazan sus dedos sin decir palabra alguna; pues no hace falta, ya que ambos saben lo que significa: una despedida más, como la de cada noche.

Y justamente cuando llegan a la puerta secreta que está en el ala oeste, se miran de forma fija unos segundos y se dan un breve beso para después separarse. Dan una media vuelta y se dan la espalda mutuamente, pues sus salas comunes están en lados opuestos.

Dan un paso. Y otro más. Y otro.

Y cuando cada uno camina hacia su dormitorio, las máscaras -esas que llevan todos los días- vuelven a su lugar.

Como cada noche.


N/A: Tengo un problema social; llevaba escrita más de la mitad de la viñeta con un tema totalmente diferente y ahora en la noche que abrí el documento para escribir, me puse a leer y no me gustó. Así que borré todo y empecé de nuevo. Y salió esto.

Ya sé que últimamente mis viñetas han sido de puro angst romántico pero es lo que sale, aunque les adelanto que ya tengo la idea para la siguiente y será de humor. Tal vez este capítulo suene un poco repetitivo con la trilogía de los encuentros en los pasillos, pero no lo es. Léanla profundamente y se darán cuenta.

Mil gracias por los más de 400 reviews, ¡no lo puedo creer! Y gracias por seguir aquí aunque me tarde siglos en actualizar.

Atte. Bianca