Los personajes de Bleach pertenecen a Tite Kubo.

La historia es una adaptación del libro Drácula de Bram Stoker.

ADVERTENCIAS: Contiene OoC. AU.


EL PRÍNCIPE DE LA NOCHE

.

.

Capítulo XXVI.- El final de la travesía. Parte II.

5 de noviembre.

Urahara retiró la tapa del sepulcro.

Y ahí estaba ella, con su piel morena y cabello morado, dormida, tan radiantemente hermosa, tan exquisitamente voluptuosa.

Era su esposa, su amada esposa, y él tenía que asesinarla, como lo había hecho con las otras, como lo había hecho con Orihime.

Y aquellas muertes fueron difíciles, pero el imaginar repitiendo aquella acción tan horrorosa en la mujer amada lo estremeció y llenó de pavor.

Y a pesar del terrible hedor y de lo que sabía que era, el simple hecho de verla tendida ahí, lo conmovió.

Se quedó fascinado viendo su belleza, perdiéndose en los recuerdos de los viejos tiempos. Y sin ser consiente, el sueño lo empezó a invadir, paralizando sus facultades y entorpeciendo su alma.

Pero entonces, cuando las fuerzas le faltaron, el lamento doloroso de Rukia llegó a su cabeza haciéndolo despertar. Recordó porque estaba ahí: para salvar a Rukia, para evitar que otras personas sufrieran lo que ellos.

―Lo siento querida Yoruichi. ―mencionó acariciando el cabello de la mujer. ―pero tengo que hacerlo, sé que también estarías de acuerdo.

El recuerdo de su esposa viva le dio el valor que necesitaba, tomó la estaca y el mazo, colocó la punta de la estaca en el corazón de la mujer morena y de un golpe fuerte la incrustó en ella.

El cuerpo se retorció y chilló, y el sintió mucho dolor, pero el alivio llegó a él cuando vio paz reflejada en el rostro moreno. Recordándose que estaba haciendo lo correcto procedió a cortar la cabeza, con el mismo resultado: el cuerpo se convirtió en polvo.

Culminada su tarea se dejó caer al suelo y entonces lloró por el amor perdido.

.

.

Rukia ya estaba despierta cuando Urahara ingresó al círculo, vio su semblante triste y lo comprendió todo.

Se levantó y en silencio lo abrazó por un largo rato.

―Has sufrido mucho. ―mencionó ella soltándolo. ―pero fue lo correcto.

Urahara asintió sonriéndole vagamente.

Luego se pusieron en marcha. Viajarían hacia el este para encontrarse con los demás.

IOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOI

Su andar fue lento pues los copos de nieve seguían cayendo y el piso estaba casi cubierto por aquella capa blanca.

Apenas habían recorrido kilómetro y medio cuando escucharon ruidos de cascos de caballos, se acercaron a un cúmulo de piedras para observar el camino que se extendía kilómetros abajo.

―¡Son ellos! ―exclamó Rukia algo asustada.

Desde la altura en la que se encontraban les era posible ver el río que avanzaba formando meandros, y no muy lejos avanzaba un grupo de hombres montados a caballo, que se apresuraban todo lo que podían. En medio de ellos llevaban una carreta, un vehículo largo que se bamboleaba de un lado a otro, como la cola de un perro, cuando pasaba sobre alguna desigualdad del terreno. Comprendieron por sus ropas que debía tratarse de cíngaros.

Sobre la carreta había una gran caja cuadrada, y Rukia sintió que su corazón comenzaba a latir fuertemente debido a que presentía que el fin estaba cercano. La noche se iba acercando ya, y sabía perfectamente que, a la puesta del sol, la cosa que estaba encerrada en aquella caja podría salir y, tomando alguna de las formas que estaban en su poder, eludir la persecución.

―Se acercan rápidamente, fustigando los caballos y avanzando tan velozmente como el camino se lo permite.— Urahara hizo una pausa y, un instante después, continuó, con voz hueca.— Se están apresurando a causa de que está cerca la puesta del sol. Es posible que lleguemos demasiado tarde. ―comentó preocupado, pues sus amigos no se veían por ningún lado.

Observaron cerca de cinco minutos como los cíngaros avanzaban hacia ellos. Y cuando la preocupación iba en aumento, vieron al primer grupo detrás de ellos.

Tres jinetes a gran velocidad se acercaban por el sur y pronto se les unieron los otros tres procedentes del norte.

—Están convergiendo todos. —dijo Urahara emocionado.— Cuando llegue el momento, tendremos gitanos por todos lados.

El rubio sacó de su maleta una daga blanca y una pistola de pequeño calibre, y se las entregó a Rukia.

―Debes tener algo con que protegerte en caso de que alguien se acerque. ―mencionó y Rukia asintió.

Luego sacó una espada y se la guardó entre las ropas.

―¿Qué piensas hacer? ―preguntó ella con intriga.

―Debo ir a ayudarlos, son superados en número, y si el anochecer llega antes de que destruyan al conde quiero estar ahí para enfrentarlo. Pero tú debes quedarte aquí. ―le indicó.

Rukia asintió y luego el rubio corrió perdiéndose entre los árboles colina abajo.

Cada instante que pasaba parecía una eternidad para Rukia. El viento se hizo de pronto más fuerte y la nieve caía con furia, girando sobre ella sin descanso. Necesitó cubrirse tras las rocas.

Esos quince minutos que pasaron así fueron de constante agonía, pues no sabía que estaba pasando. Afortunadamente el viento disminuyó su furia y la nieve también dejó de caer, al parecer las nubes cargadas se alejaron con el aire.

De nuevo Rukia se asomó por las rocas, le resultó extraño ver que los perseguidos no se percataran de que eran perseguidos, o que no se preocuparan en absoluto de ello. Sin embargo, parecían apresurarse cada vez más, mientras el sol descendía sobre las cumbres de las montañas.

.

.

—¡Alto! ―repentinamente gritaron Ichigo y Chad al mismo tiempo.

Y aunque los cíngaros no comprendían la lengua, aquellas palabras fueron dichas con tanta pasión y en un tono tan resuelto que instintivamente tiraron de las riendas deteniéndose.

De pronto se vieron rodeados por Ichigo, Ishida y Yumichika de un lado e Ikkaku, Isshin y Chad por el otro.

Un hombre de cabello negro y ojos verdes, que iba en la carreta, se puso de pie.

—¡No dejen que llegue al conde. —ordenó y saltó de la carreta. —Tú quédate aquí. —le indicó al hombre de cabello azul que ya se había puesto de pie.

Ambos hombres fueron los primeros en sacar pistolas, los hombres bajo su mando entonces también echaron mano de las armas que disponían, cuchillos o pistolas.

Ichigo y los demás se vieron en la necesidad también de apuntarles con el arma con una mano mientras con la otra sujetaban las riendas del caballo. Los únicos que parecían disfrutar aquello eran Ikkaku y Yumichika que tenían una gran sonrisa de satisfacción.

—El que derribe más cíngaros gana. —expresó Ikkaku y con un rápido movimiento lanzó su cabello hacia el frente comenzando así la pelea.

A una orden del hombre de ojos verdes algunos hombres se aglutinaron alrededor de la carreta, los restantes salieron al encuentro de sus adversarios.

El ruido de cascos de los caballos, los gritos de batalla y el resonar de las balas cruzando de un lado a otro eran enmarcados por el sol a punto de esconderse tras las montañas.

Ichigo se abría paso intentando llegar al conde cuando una bala hirió a su caballo, el cual reparó y lo tiró al suelo. Estaba por pararse cuando frente a él apareció un cíngaro a pie, apuntándole con su arma.

Lo que pasó después fue muy rápido, un ruido de bala, una exclamación de dolor y la pistola del cíngaro cayendo al piso.

Cuando salió de su asombro Ichigo se puso de pie y volteó hacia la derecha, Chad todavía mantenía la pistola alzada. Se dio cuenta a tiempo de que estaba en problemas y logró herir al hombre en la mano.

Intercambiaron un asentimiento de cabeza y siguieron en su lucha.

Aunque herido, el cíngaro lo atacó con los puños, Ichigo lo esquivó y luego le asestó dos golpes, dejándolo inconsciente.

Los valientes hombres luchaban con determinación, no les importaban las armas que les apuntaban o los cuchillos que esgrimían los cíngaros. Se abrían paso entre ellos resueltos a terminar su tarea antes del ocaso.

Los Cíngaros poco a poco fueron mermando en cantidad por quedar inconscientes o heridos de las piernas. Ichigo y los demás acordaron que no matarían de no ser necesario, pues ellos sólo estaban bajo el dominio de Byakuya por terror más que por convicción.

Uryu fue el primero en abrirse paso hasta la carreta, tenía heridas superficiales por cuchillo en brazos y piernas. Pero al acercarse fue repelido por una patada en el pecho del hombre de cabello azul. Este enseguida se bajó de un brinco para atacarlo.

El de lentes intentó dispararle, pero con un rápido movimiento fue desarmado.

—Estúpidos mortales. —mencionó el de cabello azul. —creen estar a nuestra altura. —señaló con despreció mientras lo tomaba del cuello.

Fue entonces cuando Uryu se dio cuenta que era un No-muerto, así que con esfuerzo sacó de entre sus ropas el crucifijo que Urahara les había dado.

Al sentirlo el vampiro lo soltó y tuvo que retroceder hasta chocar contra la carreta, en ese momento Ichigo, que ya estaba sobre la carreta le cortó el cuello con su daga.

El hombre se quejó del dolor y cayó al suelo, la herida no cerraba por el material especial con el que estaba hecha el arma.

Yumichika se acercó y aprovechó para terminar de cercenarle la cabeza. A diferencia de con las vampiresas, su cuerpo no se desintegró.

Mientras los demás seguían sometiendo a los cíngaros, Ichigo arremetió con fuerza con la daga en uno de los extremos del cofre, Chad también se subió y atacó otro extremo.

—¡Chad! —exclamó preocupado el chico de cabello naranja, pues fue consciente de que si amigo sangraba de un costado.

Se había abierto paso entre los cíngaros pero resultó herido por un cuchillo.

—Esto no es nada. —mencionó llevándose una mano a la herida, la cual se manchó del líquido rojo. —Una herida así no me matará, sigamos. —indicó al tiempo que volvía a acometer contra la caja.

Ichigo lo vio con admiración por su fortaleza y valentía, y correspondiéndole siguió con su trabajo.

Bajo el esfuerzo de los dos hombres, la tapa comenzó a ceder y los clavos salieron con un chirrido seco. Finalmente, la tapa de la caja cayó a un lado.

Para entonces los cíngaros estaban ya sometidos bajo el dominio de los demás, quienes los mantenían rodeados y apuntándoles. Isshin tenía una herida de bala en el brazo izquierdo, Ikkaku, Yumichika y Uryu estaban golpeados y con heridas de cuchillo.

El sol estaba casi escondido ya entre las cimas de las montañas y las sombras de todo el grupo se proyectaban sobre la tierra. El conde estaba tendido en la caja, sobre la tierra, parte de la cual había sido derramada sobre él a causa de la violencia con que la caja había caído de la carreta. Estaba profundamente pálido, como una imagen de cera, sus ojos cerrados y una expresión siniestra.

Ichigo alzó su daga dispuesto a cortar su garganta, pero apenas y había alzado el brazo sintió que tiraban de él hacía atrás.

El hombre de ojos verdes había logrado eludir a los demás y llegar hasta él, con el choque del suelo Ichigo perdió la daga, así que estaba indefenso contra el No-muerto que tenía enfrente.

Chad fue el primero en reaccionar y se abalanzó contra el conde intentando clavarle el cuchillo en el corazón, pero al momento de que esta estaba por tocarlo, su mano fue detenida por la mano de Byakuya.

Sus ojos se abrieron mostrando unos brillantes ojos rojos. Chad se estremeció por el susto. Pero pronto la expresión de odio del conde se convirtió en una de triunfo.

En el horizonte el sol se había ocultado.

Byakuya se sentó sin soltar su agarre, Chad fue consiente entonces de la gran fuerza de aquel ser.

Soltó un quejido de dolor pues el conde ejercía tanta presión que estaba por fracturarle la muñeca. Después todo pasó tan rápido que todos se limitaron a mirar estáticos.

Byakuya jaló hacia sí a Chad y aprisionándolo de la nuca, le mordió el cuello, después lo soltó el cuerpo grande y moreno cayó al suelo, rebotando.

—¡Chad! —gritaron aterrados sus amigos. El primero en correr hacia él fue Uryu.

Los cíngaros se persignaron aterrados y como pudieron comenzaron a huir del lugar.

El de ojos verdes sonrió altanero y dejó crecer sus colmillos viendo a Ichigo, dio un paso hacia adelante dispuesto a atacar, pero su cabeza fue cortada de pronto y rodó por el suelo.

Ichigo no se había preocupado pues había visto a Urahara acercarse.

—He llegado tarde. —mencionó el rubio viendo como el conde bajaba de la carreta.

—Siempre llegas tarde Kisuke Urahara. —le respondió con arrogancia Byakuya.

Urahara sabía que se refería a que no descubrió a tiempo lo que le sucedía a su esposa ni a Orihime para salvarlas. Se enfureció pero no dejó que su mente se nublara, necesitaba estar en sus cinco sentidos para enfrentar a su enemigo.

Pero Uryu no pensó así. Viendo a su amigo tendido y sangrando de ambas heridas, lo invadió el recuerdo de Orihime.

—¡Monstruo, te mataré! —gritó enfurecido abalanzándose contra él con su daga en mano.

—Uryu espera. —gritó Ichigo pero no fue suficiente para hacer recapacitar al de lentes.

El joven intentó herir con la daga al vampiro, quien aprendió de su encuentro anterior que sus heridas podrían llegar a ser mortales, por lo que esquivó los ataques haciéndose de un lado a otro.

Yumichika e Ikkaku también se aproximaron contagiados por Uryu.

Byakuya podía fácilmente convertirse en murciélago y escapar. Pero esta vez se dejó llevar por la soberbia y su rencilla personal con Ichigo y Urahara.

No le fue difícil tomar del cuello a Uryu, luego a Yumichika e Ikkaku y después de zarandearlos un poco aventarlos lejos. Por los lastimados ya no pudieron levantarse, aunque no quedaron inconscientes.

Isshin ni siquiera intentó nada, con la herida de su brazo sabía que no había mucho por hacer.

La visibilidad ya era muy pobre para los ojos humanos, pues el cielo ya estaba tornándose negro. El frío había aumentado pero no nevaba.

Urahara caminó hacia Byakuya con su espada en mano, el conde levantó un cuchillo de un cíngaro.

Ambos comenzaron un duelo con las armas.

Urahara asestaba los golpes con toda su fuerza, pero Byakuya las repelía sin esfuerzo. Ichigo no se atrevía a interferir.

El hombre de cabello negro además de contar con aquella temible fuerza, poseía las habilidades de lucha de su vida como príncipe y comandante de su ejército.

—Aplaudo tu valentía. —mencionó Byakuya mientras atajaba un golpe de la espada de Urahara. —pero es inútil ante mí. —dijo golpeando la espada con su cuchillo.

Esta vez aplicó más fuerza y logró desarmar al rubio y lo tomó del cuello, alzándolo.

Urahara intentaba zafarse pero Byakuya era demasiado fuerte.

Ichigo recogió la daga que había tirado y corrió hacia ellos, logrando solamente herirlo en un brazo. Pero como Byakuya pensaba la herida le provocó dolor y ardor.

Retrocedió un poco y vio a Ichigo fijamente.

—Kurosaki Ichigo ¿así es como tratas a los viejos amigos? —preguntó con burla.

—Nunca fuimos amigos. —expresó el chico de ojos avellana. —mataste a mis amigos, a Orihime y pretendes volver a Rukia como tú, por eso morirás en mis manos. —declaró.

La neblina comenzó a envolver a Byakuya y entonces se transformó en un enorme lobo negro. Corrió enseguida hacia Ichigo y saltó hacia su cuello. El chico sólo se cubrió con los brazos en cruz.

El peso del animal lo hizo caer al suelo. Sólo se escuchaban los quejidos de Ichigo y el gruñido del animal.

—Ichigo. —Isshin corrió hacia ellos con el crucifijo en mano.

Byakuya al sentirlo retrocedió lentamente sin darles la espalda.

Urahara ya se había puesto de pie y también se acercó a Ichigo. Afortunadamente el lobo no logró su cometido y el cuello del chico estaba intacto, pero tenía mordidas en los brazos.

—¡Maldición! —escupió Urahara con coraje. Estaban indefensos y sin planes.

Todos estaban heridos y aunque podrían acorralarlo con los crucifijos él podría huir convirtiéndose en murciélago y aunque no podría regresar a su castillo, porque además de destruir las tumbas también había colocado una masilla de ostias en las puertas, podía esconderse en cualquier sitio de Hueco Mundo.

—¡Rukia! —exclamó Isshin sorprendido.

Urahara e Ichigo miraron hacia un costado.

Ahí estaba Rukia parada, usando sólo un vestido, a merced del frío. Y Urahara se reprochó el no haberla dejado dentro del círculo de protección.

Byakuya fijó sus ojos de lobo en ella y la chica no apartó la mirada. Volvió a transformarse a su forma humana.

—¡Ven conmigo Rukia! —la llamó extendiendo su mano derecha. —Te lo dije una vez, nuestro destino es estar juntos, no te resistas.

Sin decir palabra ella comenzó a caminar hacia él. Con dificultad Ichigo, quien se encontraba arrodillado, la detuvo del brazo.

Ella lo miró y se libró de su agarre con un movimiento brusco.

Él se quedó en shock por un momento, el semblante de la chica era de desprecio, pero sus ojos mostraban el más profundo dolor.

Y lo comprendió, ella lo estaba haciendo para protegerlos.

Rukia llegó hasta el conde y colocó su mano sobre la de él.

Byakuya sonrió y se acercó a ella para después inclinarse para besarla, y cuando sus labios rozaron los de ella, abrió los ojos por la sorpresa, sintiendo como algo metálico perforaba su pecho.

Se separó un poco para ver a Rukia sosteniendo la empuñadura de la daga blanca hundida en su cuerpo.

Miró su rostro mientras retrocedía tambaleándose. Ella no lo miraba con odio ni repulsión, sino con compasión y tristeza.

No supo si fue el arma incrustada en su corazón, o aquella mirada de la chica, pero perdiendo fuerzas cayó de rodillas al suelo. Y mientras lo hacía aquel bello rostro se trasformó, y no eran más ojos violetas, sino unos brillantes ojos azules que lo miraban con amor, y aquel níveo rostro le dedicaba una cálida sonrisa.

—Hi..Hisana. —susurró levantando su mano con intenciones de volver a tocar el rostro de su amada esposa muerta.

Pero no logró hacerlo.

Ichigo al ver a su esposa caminar hacia aquel ser, hizo uso de las fuerzas que le quedaban, se levantó, tomó la espada de Urahara y caminó hacia ellos.

Y antes de que ese hombre volviera a tocar a su mujer, cortó su cabeza.

Rukia ahogó un grito de terror llevando ambas manos a su boca. Frente a ella el cuerpo del conde se convirtió en polvo, mismo que la brisa nocturna esparció por el aire.

El conde Byakuya Kuchiki había muerto por fin, librando al mundo de una terrible amenaza.

Ichigo dejó caer la espada y se acercó a Rukia, se abrazaron con fuerza y después se separaron para fundirse en un breve beso, pues recordaron a su amigo caído.

Cuando ellos llegaron con Chad, ya Uryu lo tenía sostenido entre sus brazos. Rukia se arrodilló junto a él, viéndolo con angustia.

Chad alzó una mano temblorosa y tomó la mano de la mujer.

—No me veas así. —pidió. —estoy feliz de haber podido ayudar en algo. Vale la pena morir por los amigos. —sonrió con dificultad y señaló la piel del pecho de Rukia, en la cual ya no se veía aquella marca roja que el crucifijo había dejado.

Rukia comenzó a llorar.

Y con amargo pesar vieron como su valiente amigo murió con una sonrisa y en silencio.

IOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOI

Siete años después. Castillo del conde Kuchiki.

Rukia e Ichigo caminaban de la mano mientras recorrían el interior del imponente castillo que seguía erigido en la cima de la colina. Hacía varios años que el gobierno lo expropió por no haber dueños y lo convirtió en un museo.

Ahora era de los lugares más visitados de Las Noches. Y en torno a él y a su dueño corrían muchos rumores.

La pareja se detuvo frente a una pintura del príncipe Kuchiki luchando contra un ejército enemigo.

—Es increíble lo que pasamos. —comentó Rukia. —fueron días de terror.

—Sí. —respondió Ichigo. —pero valen la pena por la felicidad que tenemos ahora. —sonrió y luego besó a su esposa.

—¡Aich, que asco! —una vocecita los interrumpió. —¿Por qué siempre estás besando a mamá?

Rukia e Ichigo rieron ante el comentario de su hijo de seis años, con cabello naranja y ojos violetas. Se parecía mucho a su padre, salvo que él sonreía mucho más.

—Chad, lo entenderás cuando seas grande. —respondió Ichigo revolviéndole el cabello. Le habían nombrado así en honor a su fallecido amigo.

—Tío Uryu también me contesta eso cuando lo veo besando a la tía Yoshino. —reprochó el niño inflando las mejillas.

Los padres volvieron a reír y tomaron a su hijo de la mano.

—Vamos a alcanzar a tu abuelito. —mencionó Rukia mientras empezaban a caminar.

Ese año los cuatro integrantes de la familia decidieron viajar a Hueco Mundo para recorrerlo y verlo con otros ojos. Luego visitarían a Urahara, quien también había acogido al pequeño Chad como su nieto y lo visitaba frecuentemente.

Yumichika e Ikkaku aunque al principio se unieron a ellos por trabajo terminaron siendo parte de su íntimo círculo de amigos, y también lo adoptaron como sobrino.

Y aunque Ichigo y Rukia se habían enfrentado a cosas espeluznantes, que las personas no creerían, el tener a su hijo con ellos hacía que esos recuerdos fueran menos dolorosos y que todo valiera la pena.

Y algún día el pequeño Chad sabría de lo valerosa y maravillosa que fue su madre, y de que su padre amó tanto a su madre que se atrevió a todo por ella, incluso a enfrentarse al temido príncipe de la noche.

FIN


Después de tres años y medio por fin pude concluir esta historia. Les agradezco mucho a todos el que se tomaran el tiempo para comentarla y/o leerla, en especial a Don Cocono, Natsumivat, FrikiHimeChan, Inverse L. Reena, ScarrieS.

También les agradezco su paciencia antes mis constantes retrasos de actualización.

Espero que este final les haya gustado, pues si leyeron el libro sabrán lo que he cambiado.

Y como es el capítulo final les agradecería que dejaran un comentario sobre que les pareció la historia.

Saludos…