Capitulo N°24
—La cirugía de Alice es mañana.
La Dra. Pritchard asintió. —¿Estás nerviosa?
Asentí, mi estómago revuelto. —Su cirujano tiene grandes reconocimientos y está realmente seguro de que es bastante sencilla para una cirugía cerebral, pero estoy todavía preocupada.
—Eso es natural.
Exhalé lentamente, la exhalación se convirtió en una pequeña sonrisa. — Estoy reservando un vuelo a Virginia a finales de enero. Estaré volando hacia allá después de las dos semanas de recuperación de Alice en casa.
Las cejas de la Dra. Pritchard golpearon la línea del cabello. —¿Oh? ¿Qué motivó esto?
La valentía de Alice y de Edward siguiendo adelante.
—Edward conoció a alguien, como yo quería. Pero Alice es realmente la que me dio el coraje. Ha sido realmente valiente sobre todo y estábamos sentadas hablando anoche, y allí estaba con esta enorme cirugía delante de ella y estaba preocupada por mí, preocupada de que si no empiezo a hacerle frente a mi pasado, nunca mejorará.
La Dra. Pritchard me dio una sonrisa triste. —¿Alice te convenció en una conversación para hacer lo que yo he intentado conseguir durante casi seis meses?
—Supongo que necesitabas ser diagnosticada con algo aterrador y ser realmente valiente al respecto, así yo me sentiría como la peor clase de cobarde.
—Necesitaré añadir eso a mi repertorio.
Me reí, esa risa apagada en un silencio tenso. —Estoy asustada —admití finalmente—. Tengo cosas almacenadas de mi familia. Voy a visitar sus tumbas y quizá finalmente hacer algo respecto a todas esas cosas.
—Nunca me dijiste que mantenías todas sus cosas.
—Sí. Lo puse en el depósito y actuaba como si no existieran.
—Este es un paso realmente bueno el que estás tomando, Bella.
—Sí. Espero que sí.
Ahora frunció el ceño. —¿Edward conoció a alguien?
Ignoré el dolor —Es lo que yo quería.
—Bella, sé que tú misma dijiste eso, pero aún así, no puede ser fácil verlo con alguien nuevo tan pronto. Especialmente después de que te persiguiera y prometiera que no iba a darse por vencido.
—Simplemente me da la razón. Él no me ama.
—¿Y está definitivamente viendo esta nueva mujer? ¿No hay ningún malentendido?
—No, según Alice.
—Entonces un viaje a Virginia podría ser exactamente lo que necesitas en este momento.
—Oh, no es un viaje. —Sacudo mi cabeza—. Bueno, es y no es. Estoy pensando en mudarme de nuevo permanentemente una vez que sepa que Alice va a estar bien. Voy a comparar precios cuando llegue allí, volver a Edimburgo y arreglar mis asuntos…
La Dra. Pritchard agitó su cabeza —No lo entiendo. ¿Pensé que Edimburgo era tu casa? ¿Pensé que Alice era tu familia?
—Alice es mi familia. Siempre lo será. —Sonreí con tristeza—. No puedo verlo con alguien más —admití—. Él me estaba advirtiendo, lo se. Usted, Alice, él. Todos ustedes me estaban advirtiendo sobre eso. ¿Cree que no sé que ahuyentarlo es irracional? —Me encontré a mí misma levantando la voz—. Sé que es irracional. Pero no puedo evitarlo, es como si alguien más estuviera dentro de mí, empujándolo lejos porque estaba tan aterrorizada de perderlo.
—Bella —La voz de la buena doctora era suave, tranquilizadora—, irracional, sí, pero es comprensible. Sufriste una gran pérdida de niña. Edward sabe exactamente lo que estabas haciendo. Es por eso que él no se daba por vencido.
—Se dio por vencido ante el primer par de piernas largas que llegaron.
—¿Esa es la verdad de por qué te vas?
—Sé que sueno como una loca. En un minuto estoy firme en que no quiero estar con él, y tan pronto como me entero de que está con otra persona, pierdo los estribos. La cosa es que nada ha cambiado. Excepto que ahora no quiero estar con él, porque está claro que no me ama como yo lo amo. Siempre ha sido la emoción de la caza con él.
—Bien, tendría que tener a Edward y hablar con él para tener una opinión sobre eso, creo que necesitas hablar con él. Necesitas decirle esto antes de irte a Virginia, o siempre te preguntarás, Bella. ¿Sabes qué es más aterrador que tomar un riesgo y perder?
Sacudí mi cabeza.
—El arrepentimiento, Bella. El arrepentimiento le hace cosas terribles a una persona.
Todos nosotros fuimos al hospital para Alice. Incluso Nessie y Seth.
Cuando llegaron para llevarla hacia abajo para la cirugía se turnaron a tranquilizarla. Por último, Jasper le dio un dulce largo beso que habría derretido el corazón del más anti romántico. Apestaba que algo tan importante como una cirugía cerebral le hubiera hecho finalmente subirse al plato, pero la vida es así a veces. Algunos de nosotros necesitamos una rápida patada en el trasero.
Nos sentamos en una sala de espera a pesar que los médicos nos dijeron que probablemente deberíamos ir a casa y volver en un par de horas. Ninguno de nosotros quería irse. Me senté junto a Esme, Nessie en mi otro lado. Carlisle se sentó en la habitación, viendo jugar a Seth en su Nintendo en silencio. Edward se sentó al otro lado de Carlisle con Jasper a su derecha. Apenas hablamos. Busqué café para todos y refresco para los niños. Llevé a Nessie a la caza de unos bocadillos y traté de preguntarle sobre el último libro que estaba leyendo, pero ninguna de las dos lo estaba siguiendo. Seth fue el único que comió todo su sándwich, mientras que el resto de nosotros apenas lo mordisqueamos, nuestros estómagos demasiados llenos de nervios para dejar espacio para nada más.
¿Sabías que el tiempo se detiene en la sala de espera de un hospital? No es broma. Sólo se detiene. Miras al reloj y dice doce y uno, miras de nuevo en lo que se siente como una hora y son sólo las malditas doce y dos.
Alice me había pintado las uñas anoche cuando necesitaba algo qué hacer para apartar su mente de la cirugía. En el momento en que el cirujano salió horas más tarde, me había picado hasta el último pedazo de esmalte de uñas.
Nos lanzamos de nuestros pies cuando el Dr. Dunham finalmente entró en la sala de espera. Nos sonrió, con un aspecto cansado, pero perfectamente sereno.
—Todo ha ido realmente bien. Hemos removido toda la masa y han enviado los tumores para la biopsia. Alice ha sido llevada al ala postoperación pero va a pasar un poco de tiempo antes de que ella salga de la anestesia. Sé que han estado aquí todo el día, así que les sugiero que vayan a casa por unas horas y regresen en las horas de visita de esta noche.
Esme negó con su cabeza, con los ojos brillantes por la preocupación. — Queremos volver a verla.
—Solo denle un poco de tiempo —replicó el Dr. Dunham amablemente—. Le prometo que está bien. Pueden regresar esta noche. Les advierto ahora, que ella probablemente seguirá estando muy mareada, y el lado derecho de su rostro está hinchado un poco mas por la cirugía. Eso es perfectamente normal.
Apreté el brazo de Esme. —Vamos. Vamos a ir a buscarles a los niños algo de cena y volvemos mas tarde.
—Sí, mamá, tengo hambre —se quejó en voz baja Seth.
No fue hasta que nos íbamos del hospital y Edward se acercó lentamente a mi lado para atraerme a un abrazo, que me di cuenta de que por una vez en Dios sabe cuánto tiempo no había pensado en mi drama con él. Sólo había estado pensado en Alice.
Tan pronto me tocó me acordé de Isla y me tensé.
Él lo sintió, su torneado cuerpo contra el mío. —¿Isabella? —preguntó inquisitivamente.
No podía mirarlo. Me encogí fuera de su control aprovechando su sorpresa, y me apresuré para alcanzar a Nessie.
Esa noche la enfermera nos llevó al ala post-operación y nos permitió entrar a ver Alice. Las cortinas estaban corridas a su alrededor, y Esme y Carlisle estaban delante de mí que así no la vi al principio. Cuando la saludaron tranquilamente y dieron un paso atrás me estremecí.
No esperaba sentir tanto miedo.
El Dr. Dunham tenía razón, su cabeza estaba bastante hinchada y deforme del lado derecho, los ojos todavía vidriosos por la anestesia. Vendas blancas acolchadas estaban envueltas apretadas alrededor de su cabeza y sentí que mi estómago se revolvía al pensar en el hecho de que ese día su cerebro había sido cortado.
Me dio un atisbo de una sonrisa ladeada. —Bella —Su voz era ronca, apenas audible.
Quería correr. Lo sé. Eso es horrible. Pero quería huir de esta parte. Las personas que terminan en el hospital nunca habían concluido bien en mi vida y verla allí, tan vulnerable, tan agotada, solo me recordó lo cerca que estuvimos a perderla.
Sentí una mano apretar la mía y giré mi cabeza para ver a Nessie mirándome. Se veía tan pálida como me sentía, y sus dedos temblaban entre los míos. Estaba demasiado asustada. Le sonreí tranquilizadoramente, esperando que se le quitara. —Alice está bien. Vamos. —Jalé su mano y la arrastré conmigo al lado de la cama de Alice.
Me acerqué hacia la mano que Alice había estirado para su mamá, y deslicé la mía en ella, sintiendo alivio y amor mientras me daba un apretón suave. —¿Estoy bonita? —preguntó con un poco de arrastre, y me reí suavemente.
—Siempre, cariño.
Sus ojos se posaron en Nessie. —Estoy bien—susurró.
—¿Estás segura? —Nessie se apretó cerca de la cama, sus ojos asustados pegados a la cabeza vendada de Alice.
—Mmmhmm.
Todavía estaba cansada. No deberíamos quedarnos mucho tiempo.
Suavemente alejé a Nessie para que Edward y Jasper pudieran acercarse con Seth. Seth pensó que lucía genial, por supuesto. Una vez que Edward saludó, Jasper no dejo el lado de Alice.
Sus ojos comenzaros a revolotear cerrándose.
—Deberíamos dejarla descansar —ordenó Carlisle en voz baja—. Vamos a volver mañana.
—Ali —murmuró Edward, y sus ojos revolotearon de nuevo abiertos—. Nos vamos. Volveremos mañana.
—Está bien.
Jasper cogió una silla del lado de la habitación y lo puso al lado de su cama. —Me voy a quedar.
Asentimos, realmente no queríamos discutir con su determinada mandíbula apretada.
Con suaves despedidas los dejamos, Edward y yo los seguíamos desde atrás mientras caminamos en una niebla solemne a través del hospital.
—Ella se veía pequeñita —observó Edward con voz ronca—. No esperaba que luciera tan mal.
—La inflamación bajara.
Me lanzó una cuidadosa mirada. —¿Estás bien?
—Estoy bien.
—No te ves bien.
—Ha sido un día agotador.
Paramos en… en realidad no sabía dónde. El hospital era un poco confuso con un montón de pequeños estacionamientos y entradas diferentes y barricadas amarillas. No sabía dónde diablos estaba. Estábamos parados en una entrada de todos modos, y Esme suspiró. —¿Los dos van a conseguir un taxi?
El coche de Carlisle no era lo suficientemente grande como para que todos consiguieran un viaje en este. Me habían llevado pero Jasper y Edward habían conseguido un taxi. Supuse que sería grosero sugerir que Edward cogiera un taxi y que a mí me llevaran.
—Voy conseguir un taxi. Edward, debes que ir con ellos.
Él sonrió a sabiendas. —Vamos a coger juntos un taxi.
Mierda.
A regañadientes dejé ir a la familia de Alice, y esperé a que Edward llamara a un taxi. Luego me coloqué en las puertas de entrada, manteniendo la mirada hacia el frente.
Olí su colonia cuando él se apretó contra mi espalda. Me moví incómoda, tratando de tapar el hecho de que a pesar de que había arrancado las sábanas de mi cama, todavía no las había lavado porque todavía podía oler a Edward sobre ellas. Realmente era esa clase de chica.
—¿Quieres decirme por qué estoy recibiendo el tratamiento del silencio? — preguntó con brusquedad, su cálido aliento en mi oído.
Me encogí de hombros, alejándome. Su voz tenía un efecto en mi cuerpo y yo no quería que lo supiera.
—Estoy hablando contigo.
—Apenas.
—Tengo muchas cosas en la mente.
—¿Quieres hablar de ello?
—¿Cuándo he querido hablar de ello?
Sentí la calidez calentándose a medida que se acercaba más, su mano deslizándose por mi cadera. —Solías hablarme, Isabella. No pretendas que no.
Al ver el familiar taxi negro de la ciudad doblar la esquina hacia nuestra parte del edificio, me alejé rápidamente. —El taxi está aquí. — Y partí hacia allí.
Cuando nos acomodamos en el taxi podía sentir que estaba molesto. También lo conocía lo suficientemente bien como para saber que iba a intentar hablar conmigo al respecto incluso si eso significaba seguirme a mi casa. Le di al taxista la dirección de Rose en Leith.
Edward me lanzó una mirada.
Me encogí de hombros. —Me pidió venir.
Después de algunas preguntas tontas y unas pocas respuestas de una palabra de mi parte, Edward se rindió, pero no antes de enviarme una letal mirada de advertencia de "esto no ha terminado".
Salí hacia el departamento de Rose sin un adiós y vi como el taxi se alejaba. Llamé para asegurarme de que ella estaba en casa, y subí a su apartamento y pasé casi toda la noche allí.
Evitar a Edward necesitó de habilidad. Bueno, no sólo implicó no pasar ningún tiempo en el apartamento. También significó conseguir un taxi sola para visitar Alice. Todos los días sin falta Edward me enviaba un texto preguntando si quería que llevara el taxi a mi casa para buscarme durante el horario de visita en el hospital. Le envié un amable "No, gracias" de regreso cada vez. Las horas de visitas estaban centradas en Alice así que estaba segura allí. Tenía una habitación privada, estaba aburrida hasta la locura y desesperada por ir a casa, pero tenía una semana entera aquí. La hinchazón estaba bajando cada día más, pero me di cuenta de que estaba agotada. Dejó que todos nosotros, y por todos me refiero a Esme, charlara alrededor de ella, sonriendo y escuchando. Afortunadamente, no llegaba a ver la parte triste, cuando sus ojos inevitablemente se ponían todos llorosos mientras la dejábamos. No llegaba a ver esa parte porque siempre me iba antes que todos los demás. Vi no sólo las preguntas en los ojos de Alice cuando hacía esto, sino que en todos los demás también. Traté de compensarla por esto llevando un regalo tonto cada vez que la visitaba, pero sabía que ella se estaba muriendo por preguntarme qué estaba mal.
No estuve sorprendida en absoluto de que Edward no me persiguiera al salir de allí. Él había pasado página, así que no necesitaba saber por qué lo estaba evitando.
O eso pensaba yo.
Pasé con Rose la víspera de año nuevo. Recibí una llamada de Kate.
Mensajes de texto de Craig, Alistair, Jasper, Esme, Carlisle y los niños.
Recibí un mensaje de texto de Edward.
Feliz año nuevo, Isabella. Espero que sea un buen año para ti. X
¿Quién sabia que un mensaje de texto podría ser tan desgarrador? Un mensaje de texto de regreso... espera...
Para ti también.
Sí, lo hice. Hice eso. Soy una idiota.
Cuando comencé a tomar distancia del apartamento, nadar en una piscina diferente y evitando el gimnasio que compartíamos, creo Edward comenzó a darse cuenta de que sabía sobre Isla.
Cuatro días de la recuperación de Alice en el hospital y solo unos pocos días antes de que regresara a casa, recibí otro mensaje de texto de Edward.
Realmente tenemos que hablar. He ido un par de veces al apartamento, pero nunca estas dentro. ¿Podemos encontrarnos? X
Yo no le escribí de regreso. Obviamente, quería hablarme de su nueva gerente.
No importaba si no respondía el mensaje de texto. El destino ya tenía planes para reunirnos. Dos días después del mensaje de texto, estaba esquivando el apartamento y almorzando en el Grassmarket. Iba a dirigirme a lo largo de George IV Bridge hacia la ruta Forrest donde estaba esta pequeña tienda cursi que Alice amaba. Vendían estos paraguas que eran como sombrillas anticuadas y ella había estado hablando sobre comprar una, pero nunca lo hizo. Así que la iba a comprar para ella como un pequeño regalo por su regreso al apartamento el día siguiente.
Acababa de terminar mi almuerzo y había salido hacia el Grassmarket, tratando de meter mi cartera de nuevo en mi bolso cuando escuché:
—¿Isabella?
Mi cabeza se levanto y mi corazón hizo esta cosa donde palpitaba tan fuerte que se desenganchaba solo de mi pecho y caía en picada hacia la boca de mi estómago. Edward estaba de pie frente a mí, y a su lado estaba esta impresionante rubia alta. Llevaba una falda lápiz y una chaqueta de traje estilo victoriano, zapatos sexy de tacón de aguja, con el rubio cabello largo perfectamente alborotado, y su maquillaje era tan perfecto como su rostro.
¿Era ella de verdad?
La odie al instante.
—Edward —murmuré, mis ojos volando en cualquier lugar y hacia todas partes para evitar su mirada.
Debo mencionar que estaba usando mis jeans desgastados en la rodilla, una andrajosa camiseta que anunciaba una famosa cerveza, y mi pelo estaba en su habitual nudo en mi cabeza. No llevaba maquillaje.
Me veía como el infierno.
Yo realmente había hecho su elección fácil.
—Te mandé un mensaje de texto —dijo en un tono severo. Mis ojos volaron a los suyos con eso.
—Lo sé.
Su mandíbula se apretó.
Isla aclaró su garganta y trató de relajarse, aunque su mirada penetrante no dejaba la mía cuando él dijo:
—Isla, esta es Isabella. Isabella, esta es Isla, la nueva manager de Fire.
Con mis mejores habilidades de actuación sonreí cortésmente y le tendí la mano para que la sacudiera. Me sonrió con curiosidad. —He escuchado hablar mucho sobre usted —le dije de manera significativa.
El cuerpo de Edward se congeló con eso y le envié una sonrisa amarga, mis ojos enviando su propio mensaje, Sí, sé todo sobre ella, idiota.
Isla se volvió hacia Edward con una inclinación atractiva y excepcionalmente coqueta en la boca.
—¿Le has estado hablando a las personas acerca de mí?
Él no respondió. Estaba demasiado ocupado matándome con los ojos. — Isla, ¿Puedes darnos un minuto, por favor?
Uh oh.
Y luego un milagro ocurre. Bon Jovi salvó el día. Había reajustado mi tono de llamada.
"SHOT THROUGH THE HEART, AND YOU'RE TOO BLAME, YOU GIVE LOVE A BAD NAME (Tiro directo al corazón y es tu culpa tú le das una mala reputación al amor)".
Sí, no me había sentido sutil ese día.
Edward arqueo una ceja por eso, con una sonrisa estúpidamente divertida curvando sus labios mientras sacaba mi celular. Kate. Gracias a Dios.
—Tengo que tomar esto. Te veo más tarde.
Su sonrisa se convirtió rápidamente en una mirada asesina.
—Isab…
—Kate —respondí con fingida alegría, dando un pequeño saludo de adiós a Isla, uno que devolvió distraídamente.
Kate resopló. —Suenas extraña.
Me apresuré pasando los pubs en dirección a la vía Candlemaker, un acceso directo al puente y la ruta Forrest.
—No te di un regalo de navidad suficientemente bueno, ¿Sabes eso?
—Uh, ¿Por qué?
—Debido a que acabas de salvar mi culo. Te enviaré algo pequeño como muestra de agradecimiento.
—Ooh, Chocolate, por favor.
—Hecho.
Dejé que me hablara sobre todo y nada durante diez minutos en un intento desesperado por calmar el dolor insoportable en el pecho al ver a Edward. No duró mucho. Fui a casa, me acurruqué con la sábana sucia que olía a él y lloré durante tres horas, hasta que finalmente tuve el coraje para tirarla en la lavadora.
