Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.
Los personajes, salvo alguna excepción de OCs, no me pertenecen.
La historia se inspira en el anime y las live actions, por lo se toman escenas, diálogos o semejantes de ello.
Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora.
A pesar de seguir ciertas partes de la trama original, la he variado en varias ocasiones para amoldarla a mi historia.
Capítulo 26
El intenso jadeo de aquel hombre no cesaba, inundando los oídos de Nanako mientras esta luchaba porque su cuerpo se relajase, evitando que las fuertes envestidas de aquel extraño no desgarrasen su interior, rezando a la par porque todo aquello terminara rápido.
La joven cerraba sus ojos con fuerza tratando de no vislumbrar el rostro de aquel lacayo de Shishio mientras trataba de evadirse de lo que sucedía a su alrededor. Sobre todo luchaba por no escuchar el lamento desgarrador de Kaoru, sus gritos y lágrimas que suplicaban clemencia, y a la vez maldecían.
A Nanako aquello le recordó a su más tierna infancia; A las primeras veces en que su tío abusó de ella y pudo descubrir la crudeza del mundo, donde las súplicas nunca eran escuchadas.
Al abrir los ojos de nuevo, la mujer contempló a su tío en vez de al líder de la banda de mercenarios, y no pudo evitar dar un respingo, sintiendo como el miedo crecía en su interior a pasos agigantados.
Nanako luchó por zafarse desesperadamente, batallando por derribar al hombre de encima de ella, pero no lo consiguió. La violencia con la que él la penetraba era cada vez más grande, al igual que el asco y la impotencia mientras que la sujetaba de las muñecas contra el suelo de la que fue su antigua casa.
-Eres tan bonita, Nanako. –Le susurró el hombre a escasos centímetros de su rostro, como tantas veces atrás había hecho, haciendo que a la morena se le llenasen los ojos de lágrimas, fruto de la desesperación y el dolor que sentía.
Segundos después, una nueva escena asaltó a la muchacha, quien sorprendida se dio cuenta de que había vuelto a ser aquella niña solitaria y triste, que preparaba la comida en aquella casa lóbrega, cuando escuchó al hombre acercarse hasta su posición.
Sin mediar palabra con Nanako, su tío la agarró con brusquedad de un brazo, girándola para tenerla frente a él mientras se desnudaba de cintura para abajo, haciéndolo después con la niña.
-Por favor, no lo hagáis. Aún me duele mucho. –Suplicó la chiquilla mientras sus ojos se tornaban vidriosos y el hombre la ignoraba, introduciendo su miembro violentamente en ella, una y otra vez.
-Da gracias a que soy considerado y me corro fuera para evitar que te quedes preñada, niña.
-Por favor, parad. –Sollozaba lamentando enormemente que sus padres hubieran dejado aquel mundo, abandonándola ante aquel destino oscuro del que no podía escapar, mientras en su mente compungida por el dolor resonaba la misma frase de siempre: Algún día vengaré sus muertes y mataré al que me condenó a este infierno. Lo juro.
De repente, Nanako se incorporó sobresaltada en su futón, notando como su corazón latía con velocidad y sus ojos se encontraban bañados en lágrimas. Lágrimas que no podía retener ni parar, ante aquella horrible pesadilla.
La morena salió rauda de la habitación que compartía con Kaoru para no despertarla con su agitada respiración ni sollozos, frutos de la penitencia que sufría desde el día de la violación en el bosque, en forma de pesadillas de aquel estilo, pensamientos y noches en vela que hacían que recayera en sus días más oscuros y sufridos.
La morena salió a la entrada de la casa donde el anochecer iba disipándose con la entrada del alba, pensando en cuándo llegaría el día en que aquellos terrores nocturnos huirían, junto con los pensamientos y miedos que aquellos abusos habían causado en ella. Al saber que la respuesta probablemente sería que nunca, no pudo evitar continuar llorando, sintiendo aquel nudo en su interior, el vacío y la rabia que la consumían.
Estaba enfadada y triste. La desesperación pocas veces le ganaba la partida, pero aquella no era una de esas veces, con lo que se derrumbó inevitablemente dejándose caer al suelo, frente a la puerta de la cabaña sin dejar de llorar preguntándose el por qué de todo lo sucedido.
-Nanako, ¿qué te ocurre? He escuchado la puerta y ruidos, no sabía que eras tú –Escuchó de pronto tras de sí la voz de Kenshin, quien se agachó a su lado con algo de miedo al hallarla de esa forma.
-Es él, él otra vez… -Logró murmurar sin detener su llanto, fijando sus ojos oscuros en los del hombre, quien no entendía más que aquello era grave.
-¿Quién? ¿Qué ha pasado? ¿Alguien te ha hecho daño?
-¡Debí matarlo mucho antes! ¡Debí haberme suicidado antes de dejar que continuara haciéndome eso! ¡Ahora no puedo escapar de todo aquello, no puedo! ¡Necesito que alguien me ayude, no quiero seguir recordando!
El pelirrojo cambió su semblante al descubrir que hablaba de su tío, e intuir que habría vuelto a soñar con aquello o algo relacionado, pero no pudo evitar sentirse horrible y desconcertado al vislumbrarla tan nerviosa y fuera de sí, con lo que al no hallar consuelo posible en palabras vacías, el ex–samurái rodeó a la mujer con sus brazos, estrechándola contra su pecho de forma firme para hacerla sentir que no estaba sola; No lo estaría en adelante.
-Escúchame, Nanako. Lo que hiciste fue lo correcto, quitarte del medio no hubiera valido más que para que él siguiera haciendo lo mismo con otras niñas. Gracias a tu valor salvaste a otros. Saldrás de todo esto, ya se ha acabado. Nunca más estarás sola, nosotros te ayudaremos. No tendrás que hacerlo nunca más.
-No es algo que se pueda elegir. Los hombres sólo lo hacen, y a veces no puedes impedirlo. –Susurró contradiciendo su última frase, aún con la cabeza hundida en el pecho del chico.
Kenshin la alejó suavemente para poder mirarla a los ojos con un rostro serio y solemne.
-Te prometo que no dejaré que nadie vuelva a tocarte sin tu consentimiento. Si me dejas protegerte, nadie nunca más volverá a propasarse. Te doy mi palabra.
La morena contempló la sinceridad en el interior de sus orbes y se sintió automáticamente más relajada, aparcando a un lado la ansiedad de las pesadillas, que fue sustituida justo después por aquel sentimiento extraño que se creaba en su ser hacía aquel hombre, al recordar que aquella escena era muy parecida a la de su sueño. Sin poder evitarlo, su subconsciente volvió a al carga como en aquella experiencia onírica, comenzando a susurrarle que lo besara, y que le gustaba.
Nanako se sonrojó ante el recuerdo, controlándose para no mirarlo a los ojos, ni centrarse en sus labios. Debía evitar aquello a toda costa y centrarse en las palabras, ignorando la rapidez del latir de su corazón, pero al serle tan difícil alejar su mirada del chico, la mujer lo abrazó, perdiendo la mirada en los árboles de la lejanía.
-Gracias, Kenshin. –Articuló con vergüenza, rogando porque no se hubiera percatado de su rubor, sintiendo como él correspondía su abrazo con suavidad para no tirar sin querer de la larga melena suelta de la chica que cubría su espalda.
-No tienes que agradecérmelo. Te lo debo.
Nanako asintió recatada volviendo a mirarlo. Él dibujó una tenue sonrisa.
-¿Estás bien? ¿Necesitas hablar sobre algo?
-No, de veras . Estoy mucho mejor. Sólo ha sido un momento de flaqueza por lo acumulado en estos días.
-Me alegro, pero sabes que si me necesitas, estaré aquí.
El joven se despidió con una nueva sonrisa, esta vez tierna y cómplice, para después abandonar el lugar adentrándose en la casa.
La guerrera suspiró con alivio al encontrarse sola por fin, meditando sobre lo sucedido en aquella última parte ¿Qué narices la estaba pasando? ¿En serio Kenshin Himura estaba comenzando a gustarle? Ante aquella posibilidad no sintió si no ganas de abofetearse hasta el cansancio, puesto que aquello no podía ser más contradictorio, ni más problemático.
Por el bien de todos, y sobre todo del de Kaoru, espero que esto sólo sea una tontería pasajera ¡Tú deberías odiar a ese hombre, joder! –Se dijo interiormente, para después continuar hablándose de forma mental-. Ahora hay cosas más importantes en las que centrarse, y otras cuestiones que necesitan una respuesta, como la de la tal Tomoe. Debo averiguar más sobre ella.
Con aquella idea en su cabeza la joven se levantó del suelo, dispuesta a preparar las preguntas que debía realizar para hacerse con las respuestas, y concluir si de veras ese nombre le sonaba porque realmente había conocido de alguna manera a esa mujer.
Nanako se adentró en la casa pensando que Hiko no tardaría mucho en despertar, y así podría abordarlo a él primero, con discreción para que el hombre de la cicatriz no se enterase de su investigación, puesto que podría molestarse al encontrarla revolviendo los escombros de una dolorosa historia, en la que ella ni siquiera tenía que ver.
Gracias por leer!
