*LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON DE LA GRANDIOSA RUMIKO TAKAHASHI
**ESTA HISTORIA SE ENCUENTRA EN OTRA PÁGINA BAJO LA AUTORA KARY_0295, ES MI OTRA CUENTA, POR TANTO NO ES PLAGIO, DECIDÍ COMPARTIRLA EN ESTA PÁGINA TAMBIÉN.
Buena, buenas, ¿cómo les va? Espero que bien.
Me disculpo por el retraso, estuve algo ocupado con cosas de la U, pero aquí estoy.
Mi primer Lemon... no sean rudos al criticarlo xd
No olviden comentar.
CAPITULO 26
EMPAREJAMIENTO
Ajetreo, caos, y más, era lo que reinaba en el palacio, estaban decorando el castillo para la ceremonia tan esperada por todos, luego de tantos acontecimientos extraños.
- ¡Oh Kami! – Yuka estaba vuelta un mar de emociones - ¿Ya compraron los ingredientes para la gran cena? –
- Sí, Yuka, relájate – Yoko, trataba en vanamente calmar a la diosa de la perfección.
- ¿Segura? –
- Ya Yoko te lo confirmo, tienes que relajarte – Hayato hacía su aparición en el lugar, había buscado a la loba para ver cómo se encontraban luego del pequeño incidente de la noche anterior.
- Hayato… Sí, estoy bien, solo quiero que nada salga mal – agachaba la mirada.
- Nada saldrá mal, después de todo, los preparativos del castillo están en las mejores manos, las tuyas – le sonrió el dragón.
Yoko observaba la escena, pero no le parecía para nada tierna.
- Oye, ¿qué se traen ustedes dos? ¿Por qué Yuka está tan roja? – dijo mirando a su hermana adoptiva.
Hayato no se había dado cuenta, pero Yuka estaba tan colorada que podía deducir que no había olvidado lo de la noche anterior.
- Yuka, ¿puedo hablar contigo? – ignorando las preguntas de Yoko.
- ¿Eh? No, yo estoy… algo ocupada, Hayato – trató de salir de la cocina, pero Hayato se movió velozmente y se interpuso en su camino.
- ¿Debo insistir? – Yuka movió la cabeza en negativa – Bien, llevaremos algo de beber, por ejemplo esta jarra de jugo de cerezas – se quitó del camino y tomó la jarra y dos vasos – Yoko, si preguntan por ella, les dices que tenía que atender unos asuntos conmigo –
- ¿Qué asuntos? – Yoko tenía gesto de molestia - ¡Díganme! –
Hayato se acercó a ella y le dijo suavemente al oído.
- ¿Estás celosa, Yoko? –
- ¡¿Qué?! – Yoko se sonrojó.
- Sólo vamos a hablar, tranquilízate – Yuka sabía que a Yoko le agradaba mucho Hayato, demasiado para ser honestos y para ser muy joven – Ya regreso – salió de la cocina.
- Ya escuchaste, pronto te la devuelvo – salió el General tras su acompañante.
En el castillo habían muchos lugares en los que se podían pasar ratos aislados del resto del mundo, soliendo ser usados por los sirvientes en sus ratos libres, por ejemplo una especie de gazebo, un poco alejado del palacio.
- Recuerdo que de niña venía por aquí a jugar – Yuka conocía el lugar, además, allí fue donde tuvo su primer encuentro con el joven dragón.
- Sí, también recuerdo que casi te cortó la cabeza por andar metida donde no debías y sin avisar de tu presencia –
- ¡Era muy pequeña! No tenía mucho de haber llegado al palacio – hizo un puchero.
- Está bien, pero no vinimos a hablar de eso, veo que aún te sientes incómoda por lo que ocurrió anoche – era obvio, Yuka mantenía una distancia constante de un par de metros lejos del dragón – No soy un degenerado, Yuka – se sentó en uno de los escalones de la entrada del gazebo – Vamos, siéntate –
- De acuerdo –
- Dime, ¿estoy equivocado en cuanto a lo que te acabo de decir? –
- No – se acomodó un mechón de cabello rebelde – Eso fue algo muy extraño – miró hacia un lado.
Hayato soltó una leve risa, Yuka a pesar de su edad y fuerza, aún era muy inocente.
- Para mí también lo fue, porque no me percaté que estaba sucediendo, suelo controlarlo bastante bien – tomó los vasos y los llenó con jugo y le extendió uno a Yuka – Ten, bebe –
- ¿Qué dices? – Yuka competía con el líquido en su vaso, en cuanto a tonalidad.
- Sí, un hombre debe saber controlar ciertas cosas o al menos evitar que otros ojos no se percaten de tan bochornosa situación – bebió el jugo – Qué refrescante… - miró el vaso en sus manos.
- Así que te ha pasado antes… - susurró Yuka.
- Pues, sí, con mujeres muy hermosas – en ese instante recordó sus intenciones con Kagome, antes de enterarse que su amo estaba enamorado de esa Miko, sacudió la cabeza para despejar su mente – Pero, nunca las he tocado – sonrió.
Yuka sólo lo escuchaba, no entendía porque tenía que hablar con ella de esas cosas.
- Sólo te quiero recalcar mis disculpas, y que sepas, que no tenía ningún tipo de intención contigo – la joven no lo miraba, por lo que decidió tomarle el mentón y obligarla a mirarlo - ¿Me estás escuchando? –
- Sí… - los ojos de Yuka estaban cristalizados, el sentir el toque de Hayato en su rostro, le hizo recorrer una extraña sensación por su cuerpo y su pulso se aceleró.
Hayato lo notó de inmediato.
- ¿Qué te ocurre? ¿Te sientes mal? ¿Estás llorando? – el dragón estaba entrando en pánico, a diferencia de Sesshomaru, este no tenía tan desarrollado su sentido auditivo, tenía límites.
- Yo… - una lágrima se escapó de sus ojos – Me asusté… - soltó – Creí que tú… -
Hayato le impidió hablar colocando dos de sus dedos en sus labios.
- Jamás – se acercó aún más a ella, le pasó un brazo por sobre los hombros y la atrajo hacia él – Yo no te haría daño, menos de ese tipo – la abrazó y reposó su cabeza en la de ella para calmarla, la sentía temblar.
- Sé que no – susurró la joven más calmada, se sentía muy bien estar rodeada por los brazos de aquél imponente y bello ser… - Pero que cosas estoy pensando – se alejó un poco.
- ¿Mejor? – La chica asintió - ¿Estamos igual que antes? – Nuevamente asintió – ¿Te atreverías a darme sesiones de masajes dos veces a la semana? – Yuka arqueó una ceja – Tus manos parecen de diosa, tenía que preguntártelo, prometo que no ocurrirá lo de anoche –
- De acuerdo – Yuka tomó su vaso y bebió lo que quedaba de jugo – Debo regresar – se levantó.
Hayato hizo lo mismo, sólo que él se bebió todo lo que quedaba en la jarra.
- ¿Cuándo me atenderás? – preguntó refiriéndose a los masajes.
- Yo te avisaré – tomó la jarra y el vaso de Hayato y se retiró en dirección a la cocina.
En otra parte, cierto felino, maldecía lo asquerosamente cursi que había sido el dragón, así que dejó de observar el caldero por un rato.
- Debo controlar a ese dragón, pero ¿Cómo? – se había dedicado a buscar en sus pergaminos algún conjuro u otra cosa que le ayudara con tal fin.
De pronto desenrolló uno que se notaba muy gastado.
- Oh vaya, ¿Dónde te habías metido? – había dado con lo que buscaba, de inmediato comenzó a preparar el ritual.
En el jardín privado, el señor del Oeste y su futura esposa, comenzaba a despertarse, al ser tocados por los rayos de sol.
Kagome se revolvía, intentando dormir más.
- Ya es hora de levantarse, Miko – Sesshomaru la observaba divertido.
- No… - se giró dándole la espalda – Déjame seguir durmiendo –
Sólo sintió como fue levantada en el aire y de golpe sintió como su cuerpo fue sumergido de lleno en el que suponía debía el estanque privado del Lord.
- Maldito… - se puso en pie, completamente empapada – Sesshomaru – apartó sus cabellos del rostro - ¿Cómo te atreves? –
El demonio se había levantado con ánimo de hacerle bromas a la Miko.
- Tenemos que hacerle una visita a tu madre – se quitó la ropa y se metió en el agua – La dejamos preocupada la última vez – se sumergió y salió del otro lado de la alberca.
- Eso no te da derecho a despertarme así – se señaló a sí misma, mojada con todo y ropa.
- Ya no puedes hacer nada al respecto – comenzó a frotarse sus aceites por los brazos y pecho.
- Quizás, pero me las descontaré, algún día – Se deshizo de la ropa mojada e imitó a Lord, colocándose sus aceites.
Sesshomaru se le acercó sigilosamente y le ayudó a colocárselos mejor, frotando sus senos y espalda, desenredando su cabello.
De igual manera, le tocó a Kagome, ayudare a dar su baño matutino al youkai.
- No puedo esperar a mañana – susurró el youkai.
- Yo tampoco – Kagome le dio un beso en la mejilla – Listo, salgamos – Salió dándole la espalda al youkai, dejando ver su escultural forma, anchas caderas y pequeña cintura.
-* Grr… No sé cómo puedes resistir la tentación*-
- Hmph –
El demonio salió del agua tras la Miko, al igual que ella, tomó una toalla y se envolvió con ella.
Al pasar el umbral de la puerta que daba a su habitación, vio como Yuka estaba en el lugar junto con Kagome, entregándole una muda de ropa, pero al percatarse de la presencia de su amo, no pudo evitar sentir vergüenza, uno por estar allí y dos, verlo casi desnudo, de nuevo.
- Señor – hizo su típica reverencia – Kagome, me retiro – y desapareció.
- La asustaste – refunfuñó Kagome.
- Disculpa, esta es mi habitación, y ella sabe que nadie puede entrar sin mi autorización, a excepción de Kyosuke, tú y la fastidiosa de mi madre – se sentó al borde de su cama para ver como su adorada Miko se vestía.
- Eres un pervertido – decía mientras se colocaba las prendas del Kimono que le había llevado Yuka.
- Para nada, sólo estoy mirando –
- Por eso lo digo, ¿No puedes mirar hacia otro lado? –
- No – el demonio se acomodó en una sofá que estaba de frente a su cama, para apreciar a la mujer que ocupaba su corazón.
La puerta se abrió de golpe, Kyosuke venía con las manos ocupadas, y tampoco se inmutó en preguntar si podía pasar.
- Señor Sesshomaru, aquí le dejo sus ropas del día, también… - Kyosuke miró al frente y se topó con la imagen de Kagome a medio vestir, de a malas se acaba de colocar el sostén y llevaba puesta la parte inferior de su Kimono. - ¡Señorita! – Soltó todo y se dio la vuelta, rojo como tomate – No me di cuenta que estaba aquí – se maldijo y miró de reojo la sonrisa divertida de Sesshomaru – Señor, con todo el respeto, deje de burlarse de mí – hizo un puchero.
- Puedes retirarte, Kyosuke – fue lo único que atinó a decir.
- Sí – raudo y veloz, salió de la habitación, cerrando la puerta de un golpe.
- Bueno, creo que lo más adecuado será que me bañe y vista en mi habitación – se terminaba de vestir.
- Para nada, ellos tendrán que acostumbrarse a que estés en mi habitación – se levantó del sofá y acomodó el cabello de la Miko que había quedado dentro del Kimono – Señora del Oeste – le mordió el lóbulo de la oreja, haciéndola estremecer.
- Vamos ¿iremos con mi madre? – se giró para ver al demonio de frente.
- … - no respondió.
- ¿Qué ocurre? – lo miró extrañada.
- No iremos, ahora que lo pienso, no hay tiempo – miró hacia la puerta que se abría de golpe.
- Miko, es hora de nuestra charla más importante, andando – como apareció, así se fue.
- ¿Qué querrá Irasue? –
- Ve – Sesshomaru salió de la habitación – Si queda algo de tiempo, iremos a ver a Naomi – se dirigió a su despacho.
- De acuerdo – Kagome se fue en dirección opuesta a la del youkai, detrás de Irasue, quien caminaba grácilmente por los pasillos del palacio - ¿Tendré que actuar así? -
Kagome ya había deducido hacia donde se dirigían, había escuchado decir que Irasue era propietaria de otro jardín secreto, la verdad el castillo completo era todo un misterio, para empezar estaba entre las nubes y contaba con fuentes manantiales más fabulosas en su interior, pero bueno, los demonios de altas castas debían vivir rodeados de lujos.
Irasue dio un giro y se adentró en un pasillo un poco alejado del lugar donde se hospedaban el resto de los habitantes del palacio.
- Entra – le ordenó, al quedar a un lado de una gran puerta con detalles de oro.
No lo pensó dos veces y entró, maravillándose con la hermosa vista que se podía apreciar.
- Este lugar… - los ojos de Kagome brillaban.
- Hermoso, lo sé, sígueme – Irasue continuó su camino, hasta que llegó a un gazebo donde había una mesa con bocadillos y bebidas, la charla iba a ser larga, por lo visto.
Ambas mujeres se sentaron, y admiraron el paisaje en silencio un par de minutos.
- Kagome – la llamó la Inu con voz fría – La ceremonia será mañana, ¿crees estar lista? – tomó un bocadillo de una de las bandejas.
- Claro que lo estoy, ¿hay algo de lo que quiera advertirme? –
- Más allá de lo que ya sabes, no – se le quedó mirando fijamente – Sólo que si todo sale bien, espero que no pierdas el control de ti misma –
Kagome la miró con ojos de confusión - ¿A qué se refiere? –
- Existe la posibilidad de que tu alma sea corrompida y que actúes por impulso y con razón – buscó un ejemplo - ¿Recuerdas cuando Inuyasha se transformó en demonio completo al romperse su espada? –
- Claro que lo recuerdo – eso había sido un completo infierno - ¿Me pasará algo similar? –
- No lo sé, pero quiero que estés preparada para todo – tomó otro bocadillo pero esta vez Kagome la imitó –
- Ya veo, no tiene que preocuparse, estoy más que lista – le sonrió de lado.
- Eso espero –
Continuaron hablando de temas que incluían su nuevo papel como Señora del Oeste, además de las posibles reuniones que debería atender, y las ocasiones en las que debiese quedar al mando del palacio, cuando su hijo tuviera que participar en asuntos más importantes.
En una de las celdas del palacio, una miko de barro, casi había retornado a su aspecto habitual, además de que estaba más fuerte que durante su estadía como prisionera de Shigoku.
- Prefiero ser este tipo de prisionera… - miraba por la ventana – Es mejor estar aislada del mundo donde ya no pertenezco… Kagome, ¿qué esperas para acabar conmigo? –
En ese instante, Hayato, pasaba de guardia por las celdas, y aquella sensación que recorría a Kagome, atravesó el cuerpo de la otra miko de golpe.
- ¿Qué? – Se sentó de golpe y esperó a que aquella presencia se mostrara, en silencio – No puede ser, ¿Cómo entró? – el dragón se asomó en la celda.
- Señorita Kikyo, veo que se ha recuperado – los ojos de Hayato aún tenían aquel tono naranja en el fondo, lo que alertó a la miko.
- Sí, estoy mejor, gracias General – lo miró fijamente a los ojos, la presencia de Shigoku era bastante potente y provenía del dragón - ¿Y usted como ha estado? –
- ¿Eh? Bueno, he tenido un par de molestias, pero fuera de eso todo en orden, no por nada soy el general del ejército del Señor Sesshomaru – inflaba su pecho en señales de orgullo.
- O está actuando, o no sabe que Shigoku lo está manipulando… - sonrió – Me consta, ahora necesito descansar, gusto en saludarlo – se recostó nuevamente y cerró los ojos – Kagome, ¿será posible que no te hayas dado cuenta? Aunque, creo que no te has topado con este tipo de sujetos… -
Kagome había superado a Kikyo en muchos de sus poderes, pero por razones de edad, Kikyo había atravesado por mayores experiencias que Kagome.
La charla de Kagome e Irasue, se había extendido hasta horas de la tarde, tiempo en el que la joven miko, había retornado a la parte principal del castillo.
Fue directo al despacho de Sesshomaru, para saber si podrían ir a ver a su madre, aunque fueran unas horas, además la ceremonia sería de noche, al día siguiente.
Continuó caminando, pero se topó con Inuyasha.
- Kagome – el joven hanyou caminó hacia ella como si fuera su presa – Hablemos –
De golpe Kagome elevó su campo de protección, no estaba dispuesta a entrar en contacto físico con él, luego de saber sus verdaderas intenciones.
- Ya veo – Inuyasha desenvainó a colmillo de acero – Si, así lo quieres, ¡Akai Tessaiga! – blandía su espada para romper el campo de fuerza de la miko.
Kagome asombrada por los límites a los que estaba llegando Inuyasha, tiñó sus ojos de rosa, y en un chasquido de dedos, Inuyasha sintió como algo en su interior se destrozaba, cayendo de rodillas antes de completar su ataque.
- ¿Qué me has hecho? – El joven hanyou se apretaba el pecho con todas sus fuerzas - ¡Dime! –
- ¿Recuerdas que posees una cicatriz interna en tu pecho? – Kagome bajaba la guardia – pues, la única manera de sellarla, fue usando mi poder espiritual en ti, es decir, yo puedo quitar ese sello cuando me plazca, lo que implicaría tu dolorosa muerte – Los ojos de Kagome, retornaban a su chocolate habitual.
Inuyasha no podía creer lo que decía, aquella mujer, actuaba completamente diferente a la Kagome que solía conocer, era más astuta y fría, todas sus acciones tenían una razón muy calculada.
- Entonces, tú… - Inuyasha trató de hacer memoria en los momentos que tuvo contacto con la miko – El día que me atravesaste con tu espada, tú… - la miró incrédulo.
La miko sonrió – Creías que podía solo perdonarte y seguir como si nada, yo también tenía intenciones ocultas, Inuyasha, ese día solo interrumpí mi sello por breves segundos, segundos en los que te desmayaste y perdiste tus poderes en consecuencia de mi ataque - se agachó a la altura del hanyou – Yo, puedo deshacerme de ti cuando quiera, ¿entendiste? – le frotó los cabellos y se fue dejándolo en el suelo.
Hayato había presenciado parte del acontecimiento y el asombro no lo dejaba ni respirar, esperó a que Kagome se alejara lo suficiente para ver el estado del hanyou, quien seguía en el suelo.
- Inuyasha – Hayato se le acercó y le tocó la espalda - ¿Te encuentras bien? –
- Ella… dejó de amarme, incluso, es capaz de matarme – los ojos del hanyou estaban perdidos en un punto del suelo –
- Con el debido respeto, usted se lo buscó – lo levantó del suelo y lo dejó en su habitación.
Por otro lado, Kagome llegó al despacho del Lord, y entró de golpe.
- ¡Estoy harta! – firmó ambas manos de golpe en el escritorio del demonio, liberando descargas de su poder en consecuencia de su enojo – Estuve a punto de matarlo – miró de reojo a Jaken en el suelo, quien se retorcía de dolor - ¿Qué le pasa? –
- Simple, estás por purificarlo – Sesshomaru le respondió como si fuera la cosa más normal del mundo.
- Oh, lo lamento – se calmó y vio como el sapo recuperaba el aliento – Puedes irte, Jaken –
El sapo se levantó con dificultad y salió del lugar.
- Inuyasha, tiene que ver en esto, ¿verdad? – observó a la miko enfurecida.
- Es un estúpido, debí matarlo de una buena vez… - Kagome desviaba la mirada del youkai.
- Piensa bien las cosas – Sesshomaru se levantó de su asiento, rodeo el escritorio y tomó las manos de la miko – Sé que Inuyasha es un imbécil, pero luego de la ceremonia, no podrá hacer nada – agarró las manos de ella con una mano con la otra acarició su rostro – Vamos con Naomi -
- De acuerdo – Kagome se relajó – ¿Debo llevar algo? –
- No – en cuestión de segundos, fueron rodeados por una luz y transportados al pozo.
- Ahora comprendo cómo es que llegabas a lugares tan lejanos en poco tiempo –
- Hmph –
Se adentraron en el pozo y al salir del otro lado, ya había anochecido.
- Vaya, llegamos a dormir – sonrió Kagome.
- Hmph -
En el castillo, Hayato había ingresado en sus aposentos, había tenido un día un poco entretenido, pero era suficiente, debía descansar.
Se quitó su armadura, quedando solo con unos pantalones cortos, debía tomar un baño, por lo menos había pasado el día sin dolores de cabeza o ya se había acostumbrado a ellos.
Se relajó en un baño con agua tibia y aceites aromatizados, lo único que le hacía falta eran los masajes de cierta integrante de un clan de lobos, para terminar el día de la mejor forma posible.
Luego de una media hora, salió del agua, se amarró una toalla a la cadera y se dirigió a buscar ropa limpia y fresca para dormir.
Apenas logró colocarse algo similar a unos bóxer y alguien tocó a su puerta, ya era muy tarde, dudaba que Yuka pasara tan tarde, así que tomó una daga y la ocultó tras su espalda.
- Adelante – Estaba recostado a una mesa.
- ¿Hayato? – Yoko, era su visitante.
- ¿Yoko? ¿Qué demonios haces aquí tan tarde? – Disimuladamente dejó la daga a un lado - ¿Qué se te ofrece? – buscó unas camisetas que Kagome le regaló en alguna ocasión, eran frescas y cómodas.
- Bueno, yo… - entró corriendo y se lanzó sobre hayato – Yo no quiero que tú y Yuka sean novios – la niña prácticamente estaba llorando.
- ¿De qué hablas? Yuka y yo no somos nada de eso – trató de apartarla de él.
- Ustedes se fueron juntos hoy y luego Yuka llegó muy distraída – la pequeña sollozaba.
- Yoko, tú no debes preocuparte de esas cosas – la verdad no entendía nada – En todo caso, pienso que de ser así, eso no es asunto tuyo – le levantó el mentón para que lo mirara - ¿Entiendes? –
- Yuka sabe que tú me agradas mucho – tenía pequeñas lagrimillas en sus ojos.
- Eso me consta, pero tú eres muy joven y no sabes de que estas hablando – trataba de hacerla entrar en razón – Yo soy un completo anciano al lado tuyo – en eso tenía razón.
- Pero, pero… - Hayato le puso un dedo en los pequeños labios de la joven.
- Espera digamos… unos ¿25 años más?... Y luego me dirás que pasó en ese tiempo – Yoko tenía la apariencia de una niña de 8 años, pero en realidad tenía unos 20 años humanos – Eres bonita Yoko, verás que cualquier caballero se enamorará de ti, yo no puedo, recuerda que soy un anciano de 60 años humanos, además tu padre me volaría la cabeza si llegara a tocarte – le sonrió a la joven – Es más, yo calificaré a todos los pretendientes que tengas, para que te topes con uno que tenga cualidades parecidas a las mías, pero de tu edad, ¿Te parece? –
La niña asintió y más calmada se bajó del regazo de Hayato.
- Discúlpeme – apenada por su comportamiento.
- Todos pasamos por esto, Yoko, tranquila, ahora regresa a tu habitación, tu padre debe andar buscándote – le ordenó a la joven, quien rauda se despidió y se fue.
- Vaya, este día no pudo ser más entretenido… - sonrió el dragón – Así que Yuka, andaba distraída… - Ese pensamiento le causaba algo de alegría pero a la vez lo perturbaba un poco, su amo lo mataría si se atrevía a tocar a Yuka, cosa que hasta ahora le pasaba por su cabeza.
Hayato acomodó sus cosas para el día siguiente, sabía que su amo había salido con su prometida en horas de la tarde, por lo que también debía estar al tanto de las cosas en el palacio.
Del otro lado del pozo, una pequeña celebración se estaba dando en casa de los Higurashi.
- Mi hija, se va a casar al fin – los ojos de Naomi brillaban más que nunca – Pronto seré abuela –
- ¡Mamá! – Kagome se había ruborizado por completo, después de todo, no sabía si lograría soportar la ceremonia youkai…
- Claro, muchos cachorros… - Sesshomaru disfrutaba jugarle bromas a la Miko, pero en el fondo era lo que él realmente quería, y deseaba con todo su ser.
- ¡Sesshomaru! – lo que le faltaba, el youkai tenía ánimos de bromear.
- Hermana, creo que lo mejor será que te acostumbres – Sota intervenía sabiamente – Ya quiero ver cómo serán mis sobrinos – le sonrió a la Miko.
- ¿Podemos hablar de otra cosa? Que no tenga nada que ver con cachorros… - miraba de reojo al sonriente youkai a su lado.
- Pues, ya compré todo lo que me pidieron, para la boda humana – la madre de Kagome cambiaba muy rápido su personalidad – Incluyendo aquella lujosa residencia que me pediste, Sesshomaru – miró con ojos de complicidad a su yerno.
- Hmph –
- ¿Residencia lujosa? – Kagome no sabía de qué hablaban.
- Debemos estar preparados – fue su única explicación.
Olvidaron aquel tema y continuaron disfrutando la velada, su última noche de soltería, luego de pasada medianoche, todos se retiraron a dormir.
- Sesshomaru – Kagome ya se había bañado y vestido con ropa para dormir - ¿Alguna vez pensaste en esta posibilidad? –
Sesshomaru estaba recostado en la ventana, admirando el cielo nocturno, pero sabía a qué se refería Kagome.
- Siempre tuve un gran desprecio hacia los humanos – se giró para verla – La primera vez que te vi, me pareciste peculiar, pero al fin y al cabo, una humana sin ninguna gracia – se acercó a la miko – luego en nuestros diferentes encuentros, supe que tú eras un factor importante en el grupo de Inuyasha – la tomó suavemente por el cuello – Luego tu aroma comenzó a entrometerse en mi vida, y más aún cuando tomaste a Rin entre tus brazos, aquella vez que el inútil de Naraku la secuestró, Rin tenía tu esencia en su ropa, no era desagradable, y además ella me recordaba a ti – lamió el rostro de la miko.
- Sesshomaru… -
- Luego el día en que te rescaté de aquellas basuras, dentro del cuerpo de Naraku, tu compañía a solas, fue muy placentera, aunque hablaste de más en aquel momento, supe que tenías algo especial, pero el imbécil de Inuyasha no lo apreciaba como debía – rodeó la cintura de la miko con su brazos – Luego pasaron los años y noté tu madurez en todos los sentidos, y sentía la necesidad de estar contigo a solas, cada vez que podía – miró a los ojos a la mujer – Pero jamás intervendría para que dejaras a Inuyasha por mí, si te casabas con él, no lo impediría, pero las cosas actuaron a mi favor – se acercó a los labios de la miko – Y no dejaré que nadie ni nada te aleje de mí – sello sus labios con el beso más excitante y anheloso que pudo hasta quedarse sin aire – Eso quiere decir, que sí, pensé en la posibilidad de hacer mi vida contigo – le besó la frente.
- Amor mío – rodeo al demonio con sus brazos como si se fuera a desvanecer – Prométeme que siempre estaremos juntos-
- Lo prometo – ambos se tumbaron en la cama, abrazados y en poco tiempo, quedaron dormidos.
A la mañana siguiente, Naomi les había preparado un espléndido desayuno, comieron en familia y luego, la pareja se despidió, pues tenían asuntos que atender en la época feudal.
- Sesshomaru – Kagome saltaba del pozo - ¿Podemos visitar a los chicos antes de ir al palacio? –
- Hmph –
Tomaron dirección hacia la aldea, al llegar allí, los aldeanos saludaron con gran alegría a la Miko, quien hacía mucho que no veían, entregándole regalos en el proceso.
Al irse acercando a la cabaña, pudo apreciar como Sango y Miroku conversaban entretenidamente, tomados de la mano.
Kagome le dio una mirada a Sesshomaru, que este respondió, tenían el mismo pensamiento.
- Hola, Sango, Miroku – Kagome los tomó por sorpresa.
- Kagome – dijeron los dos, levemente sonrojados y soltando su agarre.
- ¿Cómo han estado? – les sonrió la joven Miko, mientras les entregaba los regalos de los aldeanos a Miroku.
- Muy bien diría yo – comentó Sesshomaru, mirando fijamente a Miroku – Espero que respetes todas las leyes de una relación, que creo que no son muy diferentes a las leyes youkai – Sesshomaru estaba serio.
- Yo… Claro que las respeto, me parece que ya sabe que le pedí la mano a Sango – Miroku trataba de mirarlo fijamente, pero los orbes dorados del youkai eran muy penetrantes.
- Hmph –
- Felicidades Sango – su amiga le dio un abrazo - ¿Qué dijo Kohaku de esto? –
- Yo ya me lo esperaba – el aludido acababa de llegar de recoger leña – Cierto ¿Señor Sesshomaru? –
- Hmph – miró a Sango – En la noche será nuestro emparejamiento, por si desean asistir –
- Claro que iremos – afirmó Kohaku.
- Bien, nos vemos en la noche – Sesshomaru rodeó a Kagome con sus brazos y convertidos en una esfera de luz, se dirigieron al castillo.
El revoloteo en el palacio, era único, ya estaban a horas de la ceremonia, y la pareja no regresaba.
- ¡Ahí vienen! – alertó un guardia.
- ¡Ya era hora! – refunfuñó Yuka.
No dejaron que terminaran de arribar, cuando Yuka, Yoko y Hiromi; llevaban a rastras a Kagome, para comenzar a arreglarla.
Algo similar pasó con Sesshomaru, sólo que Kyosuke fue más cuidadoso, y Hayato también estaba algo alterado por la hora en que se dignaban en aparecer, Señores del Oeste o no, tenían que cumplir con sus obligaciones a tiempo.
- Señor, dese prisa – Kyosuke caminaba o corría delante de su amo, tenía que prepararlo para la ceremonia.
- Hmph – Sesshomaru caminaba despacio, hasta que sintió como alguien lo empujaba por la espalda - ¿Qué crees que estás haciendo? –
- Jugándome mi cabeza, Señor, debe darse prisa, solo faltan un par de horas para que empiece el protocolo, así que si me permite – continuaba empujándolo por la espalda para que acelerara el paso.
Tal como lo habían predicho, demoraron mucho en arreglar a la pareja.
Los habitantes del castillo habían realizado sus labores desde temprano para poder estar tranquilos durante la ceremonia, hasta Inuyasha se había vestido para la ocasión, un atuendo similar al de Sesshomaru, refunfuñó cuando lo vio, pero a las finales se lo puso, tenía los detalles en color morado, pantalón color morado, con la imagen de la media luna en la espalda y le habían amarrado en cabello en una cola alta; se suponía era el atuendo de la familia del palacio de la Luna.
Todos estaban en sus asientos, Miroku, Sango y Kohaku, habían llegado con sus mejores ropas, Rin y los demás chicos estaban en sus lugares, a excepción de Yuka, que permanecía con Kagome, dándole los últimos retoques.
Comenzaron los músicos con el sonido de una marcha característica de este tipo de celebraciones youkai.
Salió del lado izquierdo del gran salón, Sesshomaru Taisho, con su atuendo sin armadura, con detalles en color oro que hacían juego con sus ojos, y una cola alta, al igual que Inuyasha.
Todos observaban en silencio, como su amo se dirigía al lugar donde estaba el anciano que dirigiría el emparejamiento.
- No puedo creerlo – Yoko estaba entusiasmada – El amo finalmente se casará – sonreía.
Hayato se limitaba a ver, buscaba con la mirada a Yuka, pero no la encontraba, así que tomó asiento.
La melodía cambió, Kagome hacía su aparición del otro lado del salón, todos se pusieron de pie, y la reverenciaron mientras caminaba hacia el lugar donde estaban el anciano y Sesshomaru.
Su vestido tenía detalles en rojo y dorado, que hacían perfecto juego con el de Sesshomaru.
Al llegar al centro, todos se sentaron, humanos y youkais.
- Como todos saben, el heredero de las Tierras del Oeste, Sesshomaru Taisho, ha decidido emparejarse con la señorita Kagome Higurashi, la Miko más poderosa de nuestros tiempos – miró a la multitud – Si alguno de ustedes, tiene alguna razón por la cual esta ceremonia no deba continuar que lo diga ahora – las miradas cayeron sobre Inuyasha.
- ¡Keh! No tengo nada que decir, dejen de mirarme así – miró hacia el suelo.
- La ceremonia youkai, va a empezar, pues la luna ya se encuentra en su punto más alto – todos miraron al cielo, luna llena, hermosa noche – Señor Sesshomaru, nos dirá usted, que tipo de emparejamiento, realizara en frente de nosotros, sus súbditos –
- ¿Tipo de emparejamiento? – Kagome estaba nerviosa.
- Intercambio de sangre e imposición de la marca – miró a Kagome.
- De acuerdo – el anciano, tomó una pequeña daga que estaba sobre la mesa y colocó dos copas frente a ellos – El corte debe ser en forma de media luna – declaró el anciano.
- Dame tu mano izquierda – ordenó el youkai – dolerá un poco – la colocó sobre la copa en frente a ella e hizo el corte perfecto del símbolo de su familia, dejando derramar la sangre en la copa, luego tomó una venda y la colocó en la mano de la Miko – Tu turno –
Todos veían sorprendidos como el amo trataba con delicadeza a la joven a su lado.
- De acuerdo – Kagome tomó la daga e imitó a Sesshomaru, tenía buen pulso, así que ella también pudo hacer la media luna en la mano de su esposo, dejándole sangrar en su copa - ¿Puedo sanarlo? – le preguntó al anciano.
- No hasta que termine la ceremonia – el hombre tomó ambas copas, dijo unas cuantas cosas inentendibles por algunos y las intercambió de dueño – deben tomar la copa con la mano donde esté la cortada y beber la sangre de su pareja al mismo tiempo, pero antes – el viejo hizo traer tres botellas – vida, salud y felicidad – vertió un poco de cada botella en las copas, dijo otro par de palabras y el líquido se tornó de un tono azul – Esto es muy bueno – alegre, permitió que ambos tomaran cada uno su copa – Recuerden, al mismo tiempo –
Ambos asintieron, tomaron las copas con sus manos izquierdas y miraron al público.
- Yo, Sesshomaru Taisho, Señor de las Tierras del Oeste, prometo, cuidar y amar, a Kagome Higurashi, por el resto de mi vida, hasta que deje que de respirar – miró a Kagome, indicándole que debía decir algo.
- Yo, Kagome Higurashi, Miko de la Perla de Shikon, juro, amar y cuidar a Sesshomaru Taisho, por el resto de mis días, hasta que la muerte me separe de él – miró al demonio, y como si de telepatía se tratara, ambos bebieron el contenido de sus copas al mismo tiempo, sin dejar nada, mostrándosela al anciano, quien sonrió a la pareja.
- Ahora, permítanme – colocó sus manos en el pecho de ambos, dijo un par de palabras y de pronto Kagome se sintió mareada, pero firme, al igual que Sesshomaru - ¿Desean descansar? – el anciano se percató de que estaban algo afectados.
- No – dijo él.
- No – dijo ella.
- Continuamos – les indicó que tomaran asiento, y les habló al público para darle unos minutos a que cada uno se acostumbrara a la sangre del otro en su interior.
-* Vaya… está potente… me siento muy mareado, quién lo diría, hasta su sangre puede matarnos* -
- Hay que acostumbrarse – Era cierto, sintió algo de mareo, pues la sangre de Kagome, era muy pura, en el sentido espiritual – Ya se me está pasando el efecto… - miró a la miko, quien ya se mostraba más tranquila - ¿Estás bien? –
- ¿Eh? Sí, ya me pasó el mareo – le sonrió al demonio.
- Ahora viene la parte difícil – miró al frente.
- Se procede ahora con el acto de la marca de emparejamiento – miró a la pareja, quienes lucían mejor – De pie, por favor –
Ambos obedecieron.
- Ahora, Señor Sesshomaru, debe proceder a marcar a la Señorita Kagome como su esposa –
- Hmph –
Sesshomaru se acercó a la joven y apartó la parte de su atuendo que cubría su hombro izquierdo, sentía como Kagome temblaba un poco ante su toque.
- Estarás bien – primero pasó su lengua por al área que sería víctima de sus colmillos, con algo de disimulo - ¿Lista? – no la dejó responder cuando encajó sus colmillos en esa zona y de a poco Kagome sintió como el Taisho dejaba correr su veneno a través de la herida, era un líquido muy caliente, que le causaba algo de incomodidad.
- ¿Qué les está haciendo? – Rin observaba aterrada la escena.
- Le está colocando la marca, eso quiere decir que ella le pertenece solo a él, nadie puede tocarla, ningún otro macho, y si lo hace, esa pobre alma se irá de este mundo – Inuyasha lo había explicado tan tranquilamente que no parecía él, pero nadie le dijo nada.
Sesshomaru soltó su mordida y lamió con cuidado la herida que había dejado, observando detenidamente la reacción la miko.
- Ahora es turno de la señorita – indicó el anciano.
- ¿Cómo dice? – Apenas dijo en un susurro la miko – Yo no tengo colmillos –
- Debe marcar al amo como suyo, señorita – dijo en voz baja el anciano – al menos una marca notable en estos momentos que luego puede reafirmar si gusta –
- Bueno – Kagome imitó la manera en que Sesshomaru había quitado la ropa que le estorbaba de su hombro – Aquí voy – Kagome aseguró bien el lugar donde mordería, y se le ocurrió algo para dejarlo bien marcado – Dolerá… - apretó la mordida y en el proceso dejó fluir una descarga de energía espiritual, que le hizo apretar los dientes al youkai.
- Auch…- esa frase se les escapó a Hayato, al sentir el poder de la miko fluir alrededor de su amo y aún más en el área afectada – Creo que emparejarse con una mujer del tipo sagrado no es nada sano – hubo un par de risillas ante el comentario del dragón.
Kagome soltó al demonio y vio que lo había marcado notablemente, tenía la piel lastimada y sus pequeños colmillos humanos, había logrado incrustarse en la carne del lord.
- Bien, con esto ha finalizado el ritual de emparejamiento – tomó a la joven por la mano lastimada – Kagome Higurashi de Taisho – tomó al lord por su mano lastimada – Sesshomaru Taisho – unió ambas palmas lastimadas – Ahora son oficialmente, los Señores de Las Tierras del Oeste, Señor y Señora – soltó sus manos y las reverenció, siendo imitado por el resto de los presentes.
- Larga vida a los Señores del Oeste – vociferaban los sirvientes.
- Ahora la fiesta puede continuar – anunció el Lord, que ya tenía otros planes.
- Disfruten de la celebración – se despidió Kagome, siendo tomada en brazos por Sesshomaru y desapareciendo del lugar.
Al llegar a la habitación, Kagome se quedó dudosa.
- ¿Dónde estamos? –
- En la habitación de los Señores del Oeste, la más grande de todo el castillo – la depositó en una cama que hacía honor a lo que decía.
- Es enorme –
- Todo aquí lo es – le susurró al oído haciendo que se estremeciera - ¿Un baño? ¿Algo de comer? – no quería parecer desesperado.
- Un baño estaría bien – le sonrió, mientras se quitaba las prendas que llevaba encima y las colocaba en una esquina de la cama.
- Muy bien – el Taisho también se quitaba las prendas de ropa, se sentía incómodo, al tiempo que soltaba su larga melena.
Desapareciendo tras una imponente puerta, Kagome acariciaba el lugar donde tenía la marca, estaba caliente y le dolía un poco, se preguntaba si realmente Sesshomaru, le había inyectado su veneno.
El youkai regresó, y le ayudó a terminar de quitarse la ropa, dejándole completamente desnuda y llevándosela en brazos al baño.
Era un lugar unas tres veces más grande que el baño personal del Taisho, hermoso y lujoso, a Kagome se le vino un extraño pensamiento, si el lugar era así de grande, ¿Irasue y su esposo habitaban en su verdadera forma en ese lugar? Entonces la cama… sacudió la cabeza, era algo perturbador.
- ¿Qué piensas? – Sesshomaru la notó ida, mientras la metía al agua.
- No es nada, sólo que tus padres… - se sonrojó.
- Ellos no cabían aquí, creo que te consta, después de todo, estuviste en la tumba de mi padre –
Eso era cierto.
- Bueno, entonces me das unos masajes, me duele un poco la marca –
- Kagome, no te he inyectado mi veneno por completo –
- ¿Por qué no? –
- Temí que te desplomaras, por eso decidí dejarlo para un momento más íntimo – acarició la mejilla de la joven - ¿Molesta? –
- Para nada, te lo agradezco –
- Hmph – Sesshomaru comenzó a enjabonar a la Miko por los hombros, brazos y pechos.
Ella sólo se relajaba, dejándose consentir por el demonio tras suyo, quien poco a poco, se aventuraba a enjabonarle la parte baja de su abdomen y piernas.
- Kagome – le susurraba al oído, poco a poco se acercaba más a la entrepierna de la mujer, quien esta vez no se resistía.
Primero pasó la pastilla de jabón sobre su zona íntima, mientras ella recostaba su cabeza en el pecho del demonio, dejando a la vista la marca de su mordida.
Dejó de lado el jabón y procedió a acariciar con sus dedos, suavemente aquella entrada que tanto deseaba, tenía que ser cuidadoso para no herirla con sus garras, cosa que le incomodaba, pues deseaba tocarla con mayor libertad.
- Te ayudo con eso – Kagome sacó del agua ambas manos del demonio e hizo que sus garras desaparecieran, solo eso – Ahora puedes tocarme mejor - soltó las manos del demonio para que continuara su trabajo.
Sesshomaru sintió la pequeña protuberancia en esa zona, y le causó curiosidad saber qué ocurriría si la masajeaba en círculos, proceso en el cual notaba como Kagome comenzaba a retorcerse en su lugar, no se detuvo allí, pasaba su dedo medio en línea recta, hacia adelante y atrás, acariciando la zona íntima de Kagome, cuando encontró una pequeña abertura, en la que no dudó en introducir su dedo.
- Mmmm… - fue la respuesta de Kagome a la intromisión del Lord en su cavidad.
Kagome tomó la mano del Lord e hizo que lentamente, sacara y volviera a introducirlo en el pequeño espacio, habiéndole tomado el ritmo, Kagome soltó la mano del demonio para que lo hiciera solo, ante cada entrada, Kagome se arqueaba aún más.
- Salgamos – le susurró al demonio, quien obedeció y la sacó del agua, no antes secándola un poco para no mojar las sábanas demasiado.
Kagome decidió caminar por su cuenta, pero antes de llegar, a la cama, fue asaltada por el demonio y arrinconada contra una de las pilastras del lugar, el youkai le besaba el cuello fervientemente a la vez que apoyaba su virilidad en la parte trasera de la mujer, para que sintiera su excitación.
- Mujer, serás mía – le dio vuelta para tenerla frente a frente, y la besó apasionadamente, mientras acariciaba la pequeña protuberancia entre las piernas de la Miko, ahogando sus gemidos con sus labios.
Velozmente la tomó y la recostó en la cama, la miró por unos segundos, toda sonrojada y con sus ojos brillosos.
- Sessho – ella tocaba tímidamente el pecho del youkai – Eres hermoso –
- La única hermosa, eres tú – Sesshomaru posó su mano en uno de los pechos de Kagome, sintiendo como su pezón se comenzaba a endurecer ante el tacto.
Sin soportarlo más, con su boca aprisionó el otro seno de la mujer, degustándose con él, sintiendo el sabor de la piel de su esposa, mientras ésta gemía por el atrevimiento del demonio.
Paso de darle atención de un seno al otro, se sentía extasiado, su mujer sabía demasiado bien.
Pero a Kagome no le parecía que la única que recibiera atención, fuese ella, así que con su fuerza, colocó a youkai con la espalda sobre la cama.
- Mi turno – y comenzó a besarlo por el cuello, dejando pequeñas mordidas por el cuello, bajando por su pecho y su bien contorneado abdomen, llegando a su parte baja – Estás ansioso – dijo mientras tomaba la gran erección del demonio en sus manos, frotándolo de arriba abajo, a la vez que el youkai ronroneaba.
- Miko – su voz era ronca por la excitación.
Sin aviso, Kagome pasó su lengua por la punta de su miembro, aquella tibia sensación hizo estremecer al lord, pero su sorpresa fue aún mayor, cuando ella introdujo su virilidad en su pequeña boca.
- Mmm…. – el demonio se mordió la mano para ahogar un gemido.
La Miko continuó, su miembro salía y entraba de la boca de la mujer a ritmo lento, que luego fue aumentando, al punto que sentía que se iba a venir, pero no lo permitiría, así que movió a la mujer y la colocó de vuelta a donde estaba en un principio.
Imitó los movimientos de la mujer, solo que al llegar a su parte baja, separó la piel que cubría su pequeña entrada, y allí colocó su lengua, moviéndola en círculos, a la vez que acariciaba la pequeña protuberancia que había encontrado durante su baño.
A diferencia de él, Kagome no pudo ahogar su gemido, haciéndole sentir orgulloso al demonios, pues estaba haciendo bien su trabajo, la mujer se arqueaba e incluso hacía algo de presión para que Sesshomaru introdujera su lengua más profundo, razón por la que decide cambiar por sus dedos, repitiendo los movimientos que ella misma le había enseñado, se atrevió a introducir dos dedos en vez de uno, cosa que al parecer, fue la mejor decisión que pudo haber tomado.
Sintió como un líquido caliente, comenzaba a emerger de la zona íntima de Kagome.
- Oh, querida, te has mojado – dijo y luego paso su lengua, probando el sabor de su amada – Kagome, ya no lo soporto – el lord comenzó a subir de nuevo, dando besos a su paso, llegando a la boca de la mujer, besándola y acariciando sus senos, a la vez que frotaba su virilidad contra la entrada de Kagome.
- Sesshomaru… - apenas podía respirar, se encontraba en un estado de excitación total.
-*Shhh*- la bestia también quería tener su participación -*Relájate* - se colocó sobre la mujer, abriendo las piernas en respuesta a él - * Perfecto*- tomó el rostro de la joven con ambas manos y comenzó a besarla más intensamente, mientras continuaba frotando su miembro, abriéndose paso de a poco en la pequeña entrada -* Ka… go… me…* - lentamente comenzó a introducirse en el interior de la Miko, cuyos gemidos eran ahogados por los besos del youkai, en el proceso salía y entraba cada vez más profundo.
Fue así hasta que se topó con el sello de la inocencia de la joven Miko, en el cual hizo un poco de presión y logró pasarlo.
Una pequeña lágrima, se escapó de los ojos de la joven.
- El dolor pasará rápido – Se mantuvo estático mientras ella se acostumbraba a su intromisión en su ser.
No se atrevía a adentrarse por completo en ella, así que se movía lentamente, hasta donde había sentido la barrera, adelante, atrás, adelante, atrás, con un ritmo sin prisa, miró a la Miko a los ojos, los tenía cerrados, sus mejillas enrojecidas, disfrutando su vaivén.
- Dime, ¿Te gusta? – le susurró al oído.
- S…Sí – Apenas podía responderle.
- A mí me fascina – de pronto, comenzó a moverse más rápido – Kagome, te amo –
- Y yo… tam…bien… te…. A… mo – hablaba entrecortado, debido a las embestidas del youkai.
- ¿Quieres descansar? – el demonio se detuvo para que le respondiera.
Ella abrió los ojos, estaban oscurecidos, y sedientos por más, en un giro, ella quedó sobre el demonio.
- No, no quiero descansar – se acomodó sobre su miembro, haciendo que entrara por completo en ella – ¡Agh! – Se llevó la mano a la boca y se mordió un dedo – Es muy grande – casi podía sentirlo en la parte baja de su vientre.
Pero ignorando aquello, comenzó a moverse sobre el youkai, quien se sentía como un rey, por la visión de la Miko, su Miko, dándole placer.
- No sé qué es lo que estoy haciendo – Kagome se movía arriba y abajo sobre el youkai.
- Yo tampoco, pero me gusta – la tomó por las caderas y le ayudó a llevar un ritmo más rápido.
- Sesshomaru, me estoy viniendo – era bochornoso, pero era la realidad, sentía como su interior explotaba con el ingresar del miembro del Lord.
Por otro lado el sintió aquel líquido tibio en su pene, después de todo él era el causante.
- Kagome, quiero colocar mi marca real en ti – la sentó en la cama – Colócate espaldas a mí y de rodillas – la mujer obedeció.
Sesshomaru apartaba el cabello del lugar de la marca, aún estaba rojo, pero necesitaba marcarla complemente, se posicionó y penetró a Kagome desde atrás.
La tomaba por las caderas y la embestía con fuerza, la Miko apenas podía respirar.
Cuando sentía que estaba por acabar, hizo que Kagome se levantara un poco, clavando sus colmillos en su herida nuevamente a la vez que se dejaba ir dentro de ella.
La sensación del veneno y de Sesshomaru acabando dentro de ella, fueron a tal punto que casi se desmaya, era mucho para ella, pero se sentía feliz.
- Miko – la abrazó por la espalda, y le lamió el lugar de su mordida - ¿Estás bien? –
- Estoy bien, sólo un poco cansada, discúlpame – se giró para verlo, pero al salir el miembro de su interior, la semilla de Sesshomaru se escurría por su piernas.
- Primero te limpiaré y dormiremos – la tomó en brazos y la llevo al baño, dándole una lavada rápida con agua caliente y llevándola de regreso a la cama – Listo, descansa –
- Sesshomaru – le tomó la cara con ambas manos – te amo – perdió la conciencia.
-*No era para menos… grrr…* - la bestia también se encontraba agotada.
- Hmph –
Sesshomaru la acomodó y arropó, colocándose él a un lado de ella, se encontraba exhausto, pero al igual que ella, se sentía completo, Kagome era lo que le hacía falta, era lo que necesitaba en su vida.
