Hola Otro nuevo capítulo, no sé cómo voy a actualizar estás semanas porque estoy fatal con los exámenes y además tengo a punto el final del Leviatán pero prometo esforzarme.
1 duda* ¿Queréis más escenas explicitas?
Me preguntaron qué cuantos capítulos va a tener el fic, bueno no creo que queden más de diez, no quiero alargar la cosa mucho.
Y al Guest que dijo que el fic era solo pezberry no lo creo, sí adoro a Santana y participa mucho pero en mi opinión la escena del coche era necesaria para saber que la ocurría a Rach, además Santana va a ayudar mucho en toda la trama así que… De todas formas intentaré juntar más a las chicas.
Ya sabéis los reviews no funcionan nada, y podríais alegrarme mi fatídica semana de exámenes ;) Gracias por los del capítulo anterior.
Gracias por leer.
Capitulo 26: Proposición
Sonreí cuando comprobé el asalto a llamadas que me había hecho Quinn. Se me había consumido la batería nada más salir de su casa aquella mañana, porque con la ajetreada noche que habíamos pasado se me había olvidado por completo cargarla. Antes yo solía ser previsora.
Había llegado a casa, y después de desear a San toda la suerte del mundo en su cita con Britt, me apresuré a conectar mi iphone al cargador para poder encenderlo. No tener noticias de Quinn me estaba matando, porque aunque la charla con San me había debilitado emocionalmente un poquito no quería dejar que aquello amargase las buenas noticias. Estaba deseando saber si a ella la había ido tan satisfactoriamente como a mí. Cuando el móvil se encendió la pantalla se vio asaltada por la notificación de las treinta y siete llamadas perdidas que me había realizado la chica del pelo rosa.
Me gratificó, pero no pude ocultar mi preocupación. Primero porque a lo mejor su insistencia había sido porque no la habían aceptado y necesitaba apoyo, y la segunda porque al ver que no la contestaba llegase a pensar que no me importaba o algo por el estilo. Cuando cogí con avidez el móvil entre mis manos para poder llamarla sin más dilación, un nuevo mensaje volvió a irrumpir en la pantalla.
'Te acabo de ver entrar al portal. Te estoy esperando abajo, no tardes, tengo unas ganas inhumanas de verte -Q.'
Sonreí como una estúpida, con tanta intensidad que llegué a sentir mis mejillas doloridas. No me importó nada más, arranqué literalmente el iphone del conector, conformándome con el diecinueve por ciento de batería que había conseguido, y salí de casa corriendo, sin olvidarme de coger en paquete que había dejado sobre la mesa.
Avisté el coche aparcado en la segunda fila de la acera de enfrente, y me acerqué intentando fingir que los cuatro tramos de escaleras que había bajado corriendo, porque no me veía capaz de esperar al ascensor, no habían afectado. Corrí hacia ella, ignorando que un taxi estuvo a punto de atropellarme y el conductor sacó la cabeza por la ventanilla para dedicarme una sarta de insultos que no había escuchado en mi vida. También me dio igual.
Estuve a punto de arrancar la puerta por la violencia con la que la abrí, pero de todas formas me dio igual, porque esa chica que me había vuelto loca me esperaba en el interior con una sonrisa radiante. Sentí sus brazos rodear mi cuello con necesidad antes de mi cuerpo se sentase al completo en el asiento. Y yo lo correspondí. El paquete estuvo a punto de peligrar en mis manos, y era frágil, pero me dio igual.
- ¿Cómo te ha ido? Por favor dime que bien, estaba muriéndome porque no me contestabas - se separó para darme un efímero beso en los labios que me dejó una ferviente sensación en todo el cuerpo, para después atravesarme con su intensa mirada verde.
- Han... Han firmado - informé soltando una pequeña carcajada de euforia que no fue nada en comparación con la que soltó ella al escucharme.
Me cogió de la mano y me arrastró para que me desplazase hasta su sitio y quedase a horcajadas sobre ella. Se inclinó para dejarme un beso en la mejilla y me abrazó de nuevo.
- Eso es increíble Rach... Sabía que pasaría ¿Ves? ¡Las cosas están empezando a salir bien! - dio otro grito de júbilo, y en un pequeño lapso de tiempo me acució la culpabilidad por no contarle la verdad, pero es que estaba tan feliz... Sacudí mi cabeza para ahuyentar los miedos.
- Tenías razón, cielo. - busqué sus manos para entrelazarlas con las mías sin romper ni un segundo el vínculo visual en el que nos habíamos sumido. - ¿Eso quiere decir que esos tipos han valorado tu talento? Porque como no sea así puedo pegarles una paliza o algo por el estilo - bromeé.
Ella volvió a reír. Nunca la había visto tan feliz, tenía la ilusión de una niña pequeña. En sus ojos parecía haberse esfumado esa sombra de dolor que había acarreado en los últimos años, y fue como si mi objetivo se hubiese cumplido y contemplar en primer plano a Quinn irradiando felicidad me convirtiese en la espectadora más afortunada de la galaxia.
- Déjame las cosas duras a mí ¿vale? No quiero corromperte - musitó jugueteando con mi pelo -. Además no va a ser necesario, porque les he dejado sin habla. Creo que uno se ha enamorado de mí y todo.
- Le comprendo completamente - aseguré acercándome peligrosamente a sus labios, pero no lo podía evitar, había una fuerza invisible que siempre terminaba llevándome al mismo sitio - me alegro de estar a tu lado ahora que tus sueños se están haciendo realidad.
- ¿Alex? - abrí la puerta asomándome al interior de la habitación y descubriendo el cuerpo de la niña encogido sobre su cama y cubierto por un montón de mantas. - ¿Estás bien? - pregunté alarmada al ver que no respondía a mis llamadas.
- Lex, cariño, ¿qué haces dormida a estas horas? - cuestionó con dulzura Rachel a mis espaldas, adelantándome para acercarse a su hermana y dejándome una caricia en la espalda cuando pasó a mi altura.
La pequeña Lex ronroneó, y se revolvió entre las sábanas. Segundos después, cuando Rachel se sentó en el borde de la cama, la niña desenterró su cara de la almohada y frotándose los ojos con sus puños soltó un sonoro y cómico bostezo. No pude evitar rememorar la imagen de Rachel dormida, y me enterneció, provocando que mis ganas de volver a despertar a su lado aumentasen exponencialmente. Además de ser consciente de que quería a esa niña mucho más de lo que me creía capaz.
Alex abrió solo uno de sus ojos y observó a su hermana, después me descubrió a mí y su sonrisa se incrementó.
- Es que me aburría muchísimo... Ya no quiero ni dibujar... - explicó con desgana.
- Por eso estamos aquí Lex - comenté sonriéndole y acariciándole el pelo. Su pelo me fascinaba, era idéntico al de Rach, con esos tonos castaños y chocolates que se entramaban a la perfección, con la única excepción que la niña lo tenía ondulado. Tenía unos tirabuzones naturales que la dotaban de un aspecto angelical.
Me senté juntó a Rachel, que me dejó un divertido beso en la mejilla, a la vez que Lex nos observaba con una pícara sonrisa.
- Ya no vas a tener que pasar mucho tiempo más aquí, cariño - murmuró Rachel con suavidad - dentro de nada saldrás de aquí. Hay que empezar a hacer planes ¿eh Lex?
- ¿En... En serio...? - balbució la niña sin dar crédito a la noticia. - ¿Es verdad Quinn? - buscó mi confirmación.
- No bromearíamos con eso, cielo - afirmé.
- ¡Qué bien! - celebró elevando los brazos eufórica, a pesar de su debilidad la niña había dibujado una sonrisa radiante desde que finalmente había creído a su hermana - Cuando te decía que esto no estaba tan mal, era mentira Rach. Sé que no está bien mentir pero no quería que te sintieses mal...- Ya lo sé, cielo, no te preocupes.- Pero mentir está mal... Tú me lo dijiste... - insistió Alex, y Rachel adoptó una mueca que no supe cómo interpretar.
- Pero a veces mentimos para no hacer daño a la gente que queremos - me lanzó una fugaz mirada que me alarmó, pero me obligué a creer que solo era casualidad y solo necesitaba mi apoyo en sus explicaciones -. Eso no está mal Lex, tú no me queríasdecir que odiabas esto para que no me disgustase ¿cierto? - la pequeña morena dio una cabezada de asentimiento -. Pues no pasa nada, lo importante es que vas a salir de aquí.
La habitación se sumió en un extraño e inesperado silencio. Rachel fijó su vista en las sábanas verdes de la cama, mientras Lex me miraba interrogante. Decidí que era el momento de actuar, primero porque nunca había sido una persona paciente y llevaba desde que la había visto entrar en mi coche deseando hacerlo y después porque estimé que un día tan perfecto como aquel no podía volverse incómodo.
- Rach... - rompí el silencio, y ambas fijaron sus miradas de curiosidad en mí. Rachel tenía un brillo preocupante en la mirada - ¿Estás bien?
- Sí, es solo que no me lo puedo creer aún, llevo muchísimo tiempo anhelando sacar a mi hermana de aquí - se justificó. - ¿Qué querías?
- Tengo que ir un momento al baño ¿me disculpáis?
Las dos asintieron con una coordinación asombrosa, aunque Rachel tenía el ceño fruncido mientras lo hacía. Yo no me demoré más y salí de la habitación rumbo a mi coche.
Regresé un par de minutos después, sin poder evitar revolverme el pelo con nerviosismo antes de entrar de nuevo en la habitación 212. Alex se había sentado en las piernas de Rachel y las dos estaban jugueteando con sus manos hasta que escucharon el sonido de la puerta y levantaron la mirada hacia mí a la par.
Lex soltó uno de sus habituales grititos de emoción y se revolvió inquieta entre los brazos de su hermana.
- ¿Vas a cantar? - me preguntó haciendo referencia a mi guitarra, que yo me estaba descolgando de la espalda.
Rachel me cuestionó con la mirada, pero pude ver en sus labios un atisbo de sonrisa y eso me animó para seguir adelante. Abrí la funda con parsimonia, porque no podía evitar que me divirtiera ver a la hermanas Berry bajo aquel grado de expectación. Y cuando finalmente estuve preparada me senté en el borde de la cama, a una distancia prudencial de ella para poder moverme con facilidad y rompí mi mutismo:
- No voy a cantar cualquier cosa, voy a dedicarle una canción a tu hermana - le comuniqué a Lex que abrió la boca con dramatismo y giró su cuello en un ángulo imposible para mirar a Rachel.
Ella abrió la boca para decir algo, pero cuando notó que ya había empezado a tocar los primeros acordes, la cerró de nuevo, limitándose a mirarme con adoración.
Te tengo tan cerca que no tengo miedo
De que nos sorprenda el invierno
Dormidas junto a tu balcón.Me cuelo, por cada uno de tus huecos
Hasta donde lleguen mis dedos
Como tocando una canción.Y al rozarte noto que no necesito más...
Que yo te tengo aquí
dormida en el salón
Escuchando tu respiración, no hay nada mejor
No hay nada mejor que tú, cuando hay poca luz, dejando a un lado la preocupación
No hay nada mejor, no hay nada mejor tú.
Acabé la canción, y abrí los ojos. Los había cerrado desde el primer estribillo.
Rachel me observaba con los ojos vidriosos, con una mirada tan penetrante que me sentía desnuda ante ella. Y puede que era lo que había pretendido con aquella canción, desnudarme como comienzo de lo que iba a seguir. Volvió a hacer un amago de hablar, pero yo la detuve con un ademán de mi mano. De todas formas no creo que hubiese sido capaz de emitir ningún sonido, estaba demasiado emocionada. Incluso Alex estaba reteniendo uno de sus entusiastas comentarios y tan solo lanzaba miradas intermitentes a su hermana y a mí.
- Teníamos una conversación pendiente - hice alusión a nuestra despedida antes de que Santana se la llevase en su coche, ella hizo una mueca como si estuviese poniendo todo su empeño en recordarlo- y me parecía conveniente esperar a que Alex estuviera con nosotras. Hay que hacer las cosas como es debido - bromeé mientras me sacaba la guitarra de encima -. Alex Berry ¿me das tu consentimiento para que le pida a tu hermana que sea mi novia?Creo que la niña estuvo a punto de desmayarse. Fue como si nunca nadie la hubiera atribuido una tarea tan importante. Como si esa responsabilidad la desbordase. Se quedó unos segundos callada, sumida en silencio, con la boca entreabierta. Llegué a temer que me diera una negativa. Pero después, cuando ya comenzaba a preocuparme se levantó del regazo de Rachel, fue como una especie de milagro porque Lex llevaba meses sin ser capaz de incorporarse por sí misma, y me abrazó. Eso desestalibilizó mi estado anímico. Puede que me conmoviese demasiado.
- Sí, por favor Quinn, pídeselo - me susurró con tono suplicante.
La dejé un beso en la cabeza y me atreví a Rachel por primera vez desde que había revelado mis intenciones. Todo mi cuerpo se estremeció.
- Rachel Barbra Berry ¿Quieres ser mi novia? - logré pronunciar con torpeza.
Y puede que su reacción me torturase más que la de la niña. Rachel tan solo se quedó estática, sin parpadear, con su vista clavada en mí. Instantes después una lágrima se le escapó, y comenzó a descender por su mejilla trazando un serpenteante y brillante surco en su piel.
Rompí la distancia que podía separarnos y se la limpié con mi pulgar antes de que pudiese llegar a su barbilla.
- Puedes decirme que no si no estás preparada, de veras, pero no llores - musité.
- Lloro porque soy muy feliz - murmuró después de unos segundos - porque ser tu chica es lo que más es anhelado desde que vi. Y porque ahora mismo, contigo y con Lex soy la persona más feliz del mundo. No necesito más.- ¿Eso es un sí? - inquirí enarcando mi ceja mientras dibujaba poco a poco una sonrisa radiante.
- Eso es un gracias por aparecer en mi vida, y quiero pasar el resto de ella contigo.
