Capitulo 26: Visita a Annúminas.

La tarde era fresca como cualquier dia de primavera y Arien aspiraba el perfume de las flores como si le fuera la vida en ello. Tras la comida, Glorfindel se había retirado a descansar y los demás habían vuelto a sus quehaceres diarios. Y como siempre, la doncella se había escapado para no tener que limpiar en el palacio.

Apoyada en la barandilla, contemplaba maravillada como el sol se ocultaba mientras las golondrinas revoloteaban de un lado a otro. Nunca se cansaba de contemplar el cielo.

Escuchó unos pasos que se acercaban por la galeria, por su ritmo y eco, eran de un hombre joven. Arien se incorporó para girarse hacia su izquierda, donde un muchacho acababa de aparecer.

- Hola- saludó ella.

- Ahbuenas tardes, dama Arien.

Ella sonrió. - Pensaba que ya te habrías marchado, Estelmo.

El joven mensajero negó agitando los rizos castaños de su cabeza.
- Me marcharé unas horas antes del alba.

Arien iba a responder pero se quedó en silencio al observar que el muchacho llevaba algo en su regazo, una manta vieja y oscura hecha un ovillo. ¿Qué estaría haciendo con algo así?

- ¿Qué es eso?- le preguntó.

- Yo- tartamudeó el muchacho.

- No estarás escondiendo algo ¿verdad? - inquirió ella encarnando una ceja.

- ¡No!- exclamó él- véalo usted misma.

Estelmo levantó con cuidado la manta por una de las puntas, descubriendo algo que la elda no se habría esperado.

- ¡Un gato!- exclamó Arien.

Sobre los brazos del mensajero, descansaba un pequeño gato negro que ronroneaba.

- ¡Que bonito! ¿Es tuyo?- dijo ella.

- Noexactamente.

Arien le dirigió una mirada curiosa.

- Lo encontré en el camino, es muy pequeño, parece que su madre lo abandonó. Me dio lástima asi que lo recogí y lo he llevado conmigo estos días.

- Entonces es tuyo- afirmó ella.

- No, yo no puedo cuidarlo, soy muy torpe y no tengo tiempopor eso

- ¿Por eso qué?

- Por esome gustaría que lo aceptara

- ¿Yo?

- Ssí. Estará mejor en sus manos que en las mías.

Arien sonrió y tomó al pequeño animal descubriendo que en la punta de la cola tenía una mancha blanca, una peculiaridad que lo hacía aún más bonito a sus ojos.

- ¿Es un regalo?- dijo ella, estrechando al gato entre sus brazos.

- Buenosupongo que sí.- dijo Estelmo, cuyas mejillas empezaban a tornarse rojas.

- Gracias, es precioso.- respondió Arien sonriendo.- ¿Tiene nombre?

- Nono le había puesto nombre.

- Entonces...veamos¡ah! ¡ya sé! te llamarás Fein - anunció ella con una sonrisa divertida.

- ¿Qué significa?- preguntó el muchacho.

- Significa blanco.

- Perosi es más negro que blanco- comentó Estelmo con extrañeza.

- Lo sé, ahí está la gracia.- sonrió ella.

El joven mensajero se echó a reír.

- Se me hace tarde, aun a mi pesar tengo que marcharme.

- Nos veremos pronto - dijo Arien- Adiós y gracias, cuidaré muy bien de Fein.

- Fein tiene mucha suerte de estar en vuestras manos, dama Arien.

Y tras una reverencia, Estelmo se alejó por la galería con una sonrisa de oreja a oreja.

- Te ama.

Arien se giró bruscamente al tiempo que Glorfindel salía tras la sombra de una columna en la que se había estado ocultando. Se preguntó cuanto tiempo llevaba allí.

- ¿Cómo dices?- dijo ella.

- El muchacho te ama.

- ¡¿Qué?!

El noldo de rubios cabellos se acercó unos pasos, negando con la cabeza.

- No quería creerlo peropor Elbereth, es tan evidente.

- No me gusta esta broma Glorfindel. - dijo Arien frunciendo el ceño.

- No es una broma, ¿no te has fijado en como te mira? Sus ojos brillan y se sonroja cada vez que le dirijes la palabra.

- Solo es un muchacho- respondió ella como si eso zanjara la cuestión.

- Quizás sí, o quizás no. Te sorprendería saber lo fuertes que son los sentimientos de los hombreso de los jóvenes.

- Pero yo notú sabes que yo no no podría.

- Lo sé, lo sé- dijo Glorfindel tomándola de la mano- Sé que amas demasiado a nuestro rey como para dejarle por un muchacho al que ni siquiera le ha crecido la barba.

- ¡Glorfindel!- exclamó ella con enfado.

- Solo quiero decirte que tengas cuidado, los jóvenes enamorados pueden llegar a hacer muchas estúpideces.

- Es un buen chico, siempre se ha portado muy bien conmigo.- le defendió Arien.

- Ya sé que se ha portado bien contigo, un poco más y te levantará un altar para adorarte.- respondió él- Puede llegar a ser un verdadero problema para ti, en serio.

- Glorfindel- le amenazó ella.

- Vale, haz lo que quieras, pero solo procura que Ereinion no se entere de esto, lo último que nos hace falta es un rey celoso.

- Ya deja de decir tonterías- exclamó Arien- el único que parece celoso eres tú.

El noldo rió divertido- Es posible.

En ese momento, el pequeño gato se puso a maullar, interrumpiendo la conversación.

- Creo que Fein tiene hambre- dijo Arien, acariciando al animal.

- Vamos a la cocina entonces- propuso Glorfindel.

Y ambos se encaminaron hacia la cocina por la silenciosa galería. Arien estaba segura de que su amigo se equivocaba, lo que le había dicho no le parecía posible. Ella no era tan especial como para eso.

*

- ¡Que hermosas!- exclamó, haciendo que su voz resonara por toda la llanura.

Arien se irguió sobre su caballo, para observar el paisaje con plenitud. Había olvidado cuan hermosa podía llegar a ser esa tierra.

Bajo sus pies, una alfombra de tomillo se perdía en la distancia, mientras los bosquecillos de robles salpicaban el ondulado paisaje. Las lejanas colinas, que presidían el horizonte, sostenían tres torres blancas como agujas de nácar sobre un tápiz verde. Y la más alta de todas, Elostirion, brillaba por su grandeza.

- Me alegro de que te gusten.

Aquella fue la respuesta del rey noldo ante las diversas exclamaciones de admiración de la elda.

- Son realmente impresionantes- comentó Arien- Imagino que Elendil te estará muy agradecido.

Ereinion soltó una risa divertida.- Lo está, no lo dudes. Me ofreció tantos tesoros a cambio que no habría podido meterlos en el palacio aunque hubiera echado a todos los que viven allí.

- Ahora entiendo por qué se empeñó tanto en que fueramos a Annúminas, es su forma de darte las gracias.

- Es posible- respondió él encogiendose de hombros.

- Señor- interrumpió uno de los soldados.

- Sí, ya no nos detendremos más, quédate tranquilo Eänar, llegaremos a tiempo.- dijo Gil-galad, quitándole las palabras de la boca al sorprendido guardia y provocando las risas del resto de la comitiva élfica.

- ¿Lo de leer el pensamiento es algo propio de la realeza noldo?- preguntó Arien en tono divertido.

Ereinion hizo un gesto pensativo y después sonrió.
- Quizás.


Cuando el pequeño séquito llegó finalmente a las puertas de Annúminas, éstas se abrieron de par en par, para recibirlos con todos los honores. El claro sonido de las trompetas se alzó desde todos los puntos de la muralla y los estandartes de colores se desplegaron en todas las esquinas. Las gentes los vitoreaban a su paso, provocando el desconcierto y sonrojo de no pocos elfos de la comitiva.

Elendil salió al encuentro del rey noldo por la calle principal de la ciudad, y lo abrazó como si fuera su hermano; para nadie pasaba desapercibida la gran amistad que unía a ambos reyes y eso era gran motivo felicidad.

Tras un poco de descanso y un abundante refrigerio, los invitados de Elendil fueron conducidos a una visita por la ciudad, que no dejaba de maravillarlos debido a sus grandes dimensiones.

- Por Elbereth, creo que si sigo mirando más arriba voy a marearme.

Aquel comentario provocó la risa de Elendil y de sus acompañantes.

Arien tenía la vista clavada en una cúpula que se elevaba a muchos metros sobre sus cabezas, y cuyas columnas la sorprendían por su enorme tamaño.

- No se parece a nada que yo haya visto hasta ahora- aseguró ella.

Ereinion sonrió. - Tiene la majestuosidad de las obras enanas, pero la esbeltez de las construcciones élficas.

- Sí, no hemos podido desprendernos de nuestras herencias- afirmó Elendil- así eran los grandes palacios de Númenorquizás más grandes y lujosos, pero su esencia es la misma. ¿Os gusta, mi señora?

Arien se giró hacia Elendil y le dedicó una sonrisa alegre.

- Sí, por supuesto. Pero¿me permitiríais una sugerencia?

- Por supuesto- sonrió él.

- Haced que pinten la cúpula del color de la noche y adornadlo con gemas blancas como si fueran estrellas, así tendreis un bello cielo para contemplar en cualquier momento y situación.

El rey de Arnor no pudo menos que reír.
- Una sugerencia muy propia de una noldo, si se me permite el comentario. Mas es una gran idea, una bella idea.

Ella sonrió feliz y continuó su paseo, admirando calles, plazas, patios, torres, fuentes, esculturas y frescos. Le gustaba mucho el lugar, pero tanta grandiosidad la abrumaba, incluso el palacio de Forlond al que siempre había considerado un tanto ostentoso, no era nada comparado con aquello.

- Son obras realizadas para perdurar en el tiempo.

Aquellas palabras la sobresaltaron, y al girarse descubrió a su lado a un hombre joven de delicados rasgos y triste sonrisa.

- ¡Estelmo!- exclamó.

Le dio un abrazo a modo de saludo y lo observó de arriba abajo, divertida.

- ¡Vaya! si casi no pareces tú, has cambiado mucho.

El joven, ataviado con el uniforme de la guardia personal de Elendil, sonrió ligeramente abochornado.

- Dice mi señor Elendil que cuanto mayores son tus responsabilidades más rápidamente creces.

- Entonces, tendré que decirle al señor de Arnor que es un aguafiestas que no deja disfrutar a sus súbditos de los dulces años de la niñez.- replicó Arien en tono divertido.

Escucharon a Elendil reír divertido no muy lejos de ellos, parecía evidente que había oído el comentario de la elda.

Estelmo hizo un gesto molesto que se esfumó rápidamente para volver a sonreír.

- ¿Cómo os encontráis, mi señora? ¿Qué tal el pequeño Fein?

- Estoy perfectamente, gracias, y Feinbueno, ya no es tan pequeño. De hecho, es una gran bola peluda, adorable, pero con demasiada tendencia a afilarse las uñas en las cortinas.

El joven soltó una risa divertida.

- Mi madre se desquicia con él.- continuó ella con una sonrisa - y mi buen rey se pasa los días aguantandose para no tirar por la ventana a mi "adorado felpudo con patas" como lo ha bautizado cariñosamente.

Ereinion levantó la cabeza en ese momento y le dirijió a Arien una mueca que le hacía constar que su opinión acerca del animal no había cambiado en absoluto. Ella solo se echó a reír.

Elendil, que se encontraba junto al rey noldo, observó a Estelmo intentando disimular el gesto incómodo que empezaba a formarse en su cara. Suspiró entonces, abatido por algo que sabía no podía cambiar, era mejor mantener entretenidos a sus invitados antes de que el ambiente pudiera volverse tenso.

- ¿Os gustaría visitar la torre?


La Torre de la Campana, como la llamaban los habitantes de Annúminas era curiosa.

Se situaba en la zona más alta de la ciudad, y sobre una pronunciada pendiente que daba directamente a la orilla del lago, en lo más alto de la misma habían colocado una gran campana de plata que funcionaba como alarma en caso de ataque, pero que, por suerte, no habían llegado a utilizar. Lo que más llamaba la atención eran las piedras con las que estaba construida, pues la mitad de la torre hacia abajo era gris y la otra mitad era de piedras de color blanco, como si se les hubieran acabado las piedras grises a mitad del trabajo. Pero eso no le quitaba belleza, al contrario, parecía realzarla.

Mas la singular torre tenía otro uso que no todos conocían. Pues Elendil, que encontraba el lugar de lo más acogedor, había colocado allí una de las palantir.

- ¿Os gustaría mirar?- dijo el rey de Arnor.

Gil-galad miró con desconfianza la esfera oscura.

- Es completamente seguro- añadió Elendil, sonriendo.

El rey noldo tras dirigir una mirada a los presentes, se inclinó hacia la piedra y clavó su mirada en ella.

Arien sintió como su piel se erizaba, Ereinion se había quedado inmóvil, ni siquiera parpadeaba, estaba allí clavado, como si luchara con algo que provenía del interior de la misteriosa esfera. Tras unos tensos minutos, finalmente el rey noldo, cerró los ojos y se separó lentamente del pilar en el que descansaba la palantir.

- Ha sidointeresante.- dijo tras unos segundos de silencio.

Elendil sonrió.
- Me gustaría colocar otra de las palantir en Elostirion, siento que cuanto más cerca está del mar, más lejos puedo ver.

- ¿Qué más deseas ver, que aquí no pueda mostrarte?- preguntó Gil-galad con curiosidad.

- La tierra dorada, amigo mío, el mar donde se hundió mi hogar y más allá.- dijo Elendil con un asomo de tristeza.

- Comprendo. Estaré encantado de que viajemos juntos hasta Emyn Beraid para que podamos comprobar juntos cuan lejos puedes ver.- sonrió el rey noldo.

- Que así sea.


Mientras descendían de la torre, el joven Estelmo se acercó a Arien con paso vacilante.

- Dama Arien¿puedo haceros una pregunta?

Ella sonrió amablemente.- Por supuesto.

- No he visto a ese caballero amigo vuestro, el de cabellos dorados y vestiduras de plata ¿no os ha acompañado?

- ¿Te refieres a Glorfindel?- dijo ella con curiosidad- Pues no, hace ya muchos días que marchó a Imladris, pues él está al servicio del señor Elrond. ¿Por qué?

- Ohes solo que la última vez que lo vi parecíaenfadado conmigo, y quería disculparme con él por si he hecho algo que lo ofendiera.

Arien sintió como su corazón daba un brinco, recordando las palabras que Glorfindel le había dirigido aquella tarde en la galeria. Aun seguía pensando que solo eran imaginaciones de Glorfindel.

- No estaba enfadado contigo, solo estaba un poco molesto y creo que ese día miraba mal a todo el mundo, quédate tranquilo. - dijo ella rápidamente.

Cualquiera que conociera un poco al príncipe de la Flor Dorada sabía perfectamente que no era su estilo pagar su enfado con malas miradas a los demás, pero como el joven Estelmo no lo sabía, no dijo nada más y se quedó más tranquilo. Arien suspiró, no quería que se enterara de lo que Glorfindel le había dicho acerca de él.


La cena resultó agradable y abundante, al grupo de elfos les resultaba impresionante la cantidad de comida, en comparación con ellos, que consumían los hombres. Por no hablar de lo graciosos que llegaban a ponerse algunos cuando se les iba la mano con el vino. Elendil parecía ligeramente avergonzado por el comportamiento de sus hombres, pero para el rey noldo aquella noche fue de las más divertidas de su vida, sobre todo porque él era el invitado y no tenía que preocuparse por nada.

La velada fue aderezada con algunas canciones y suaves melodías de arpas, hasta que pronto, los invitados empezaron a dar cabezadas en sus asientos y el rey dispuso que ya era hora de retirarse a descansar.

Gil-galad caminaba con Arien por el silencioso pasillo que los conducía a sus habitaciones, todo el castillo dormía en la penumbra, mientras ellos se demoraban con pasos cortos mientras hablaban.

- Vamos, cuéntame lo que viste- le insistió la noldo nuevamente.

Ereinion suspiró. - No fue exactamente ver. Fue más como si observara todo con la mente ¿comprendes?

Ella asintió.- Pero viste otras tierras ¿no?

- Síy vi algo que no me gustó nada, algo muy extraño en las tierras al este de Gondor.

- ¿Viste algo más?- inquirió ella, sin hacer caso al comentario.

- Sí.- afirmó él- No se lo dije a Elendil pero mi mente vagó por muchos lugares, incluso llegué hasta las costas de la Isla Solitaria.

- ¡¿De verdad?! - exclamó Arien con asombro.- pero él decía que desde aquí no podía ver más allá del mar.

- No sé, supongo que me gusta abarcar más que los demás soy el típico noldor.- sonrió.

- Que chiste más tonto- rió ella.

- No era un chiste- apuntó el rey.

Ambos se echaron a reír.

- Bien, ya hemos llegado- anunció Arien abriendo la puerta de su habitación.- Gracias por escoltarme, mi señor.

Él hizo una inclinación de cabeza y sonrió divertido.
- Fue un placer.

Arien había puesto un pie en la habitación, lista para una buena sesión de descanso, cuando soltó una exclamación de sorpresa. Ereinion, se asomó al interior con curiosidad y descubrió algo que le hizo dar un vuelco a su estómago.

Flores. Flores blancas, azules y amarillas. Estaban por todas partes, como si alguien hubiera querido convertir la habitación de la elda en un jardín. Pétalos sobre la cama, guirnaldas que pendían de las cortinas y los espejos, y coronas sobre las lámparas. Arien no cabía en sí de asombro, pero por su expresión, estaba encantada.

- ¿Has sido tú?- le preguntó a Ereinion.

Éste negó con la cabeza, mientras analizaba aún el interior.

- ¿Quién habrá sido?- se preguntó ella con curiosidad.

- Está bastante claro- dijo el rey noldo con una mueca.

Arien lo miró sin entender.

- El muchacho- dijo él- Estelmo no te ha quitado los ojos de encima desde que te vio, seguro que ha sido él.

- No digas tonterías, solo es un amigo.

- ¿Acaso crees que no tengo ojos?- dijo Ereinion, su cara empezaba a contraerse en un gesto de enfado.- Te hace regalos, te sigue a todas partes, te llena la habitación de flores ¿Qué se supone que he de pensar?

- ¡Por Elbereth pero si es un niño!- exclamó Arien.

- Pues bien que te diviertes a su lado aunque sea un niño- replicó el rey noldo.

- No estás pensando con claridad, así que procura calmarte. No sé qué os ha dado a todos con la misma tontería.

- Asi que Glorfindel tambien lo sabía ¿no? Por eso me dijo que mantuviera los ojos bien abiertos ¿Era por esto por lo que no aceptaste casarte conmigo? ¿Pensabas que podías cambiar de opinión?

- ¡No digas más estupideces! - bramó ella- Ya te lo expliqué una vez y me comprendiste perfectamente, ¿por qué sacas a relucir ese tema ahora?

- ¡Porque estoy preocupado!- exclamó Ereinion.- Si vas a fugarte con ese muchacho sé sincera al menos y dímelo.

Arien apretó los puños con fuerza y presa de la ira que le subía por todo el cuerpo, entró en su habitación y le cerró al rey noldo la puerta en las narices.

Para sorpresa de todos, a la mañana siguiente, Arien había desaparecido junto con su caballo y sus pertenencias, no había dejado mensaje alguno y la angustia llenó a Gil-galad al descubrir que no había vuelto a Lindon.

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Mmmmmmm....¿que puedo decir? esto me empieza a parecer un culebrón :P Aun asi espero que les guste porque lo he releido un millón de veces y me sigue pareciendo raro. Quizas es el estres...en fin. Espero poder poner pronto otro capitulo, ya sé que la cosa se pone mal en el peor momento, pero ¡es que yo soy asi de mala! XDDD

Weno como siempre les agradezco de corazón esos lindos reviews que me dejan ¡las quiero! y por supuesto que no pienso emparejar a Glorfindel, ya tiene bastante con todas nosotras locas por él ; )