Capítulo 26
Pasado y Presente
William Albert Andrey era admirado en la sociedad, su habilidad en los negocios, riqueza y forma diferente de ser lo separaban de los demás caballeros presentes, por no hablar de su físico, a pesar del torbellino emocional y de escándalos que su familia había pasado los últimos años él había sido lo suficientemente inteligente como para mantener la estabilidad de sus negocios y triplicar su fortuna, y eso era algo que los miembros del consejo Andrey no podían pasar por alto.
Mas de cinco año atrás.
El día que Cadice White Andrey dejó Chicago para irse a vivir con Grandchester y su novia el Consejo Andrey tembló, pensaron que William perdería la razón, que las acciones se irían en picada y que la fortuna familiar se vería disminuida, era un secreto a voces que William Albert Andrey estaba enamorado de su hija adoptiva, la Sra. Elroy Andrey ya había tomado los pasos necesarios para tomarla ella bajo su tutela y así darle la oportunidad a su sobrino de ser feliz. Y sin embargo ese día su mundo se cimbró.
Era primero de enero, la noche anterior los Andrey habían celebrado su tradicional fiesta de fin de año, todo había sido espectacular, y Elroy estaba segura que William le diría ese día que cuando él y Candy se perdieron de la fiesta por fin habían formalizado su relación…que equivocada había estado.
Elroy entró a la biblioteca después de tocar suavemente a la puerta y no obtener respuesta, lo vió de pie viendo la nieve caer a través de la ventana, guapo, fuerte, con el inconfundible porte de los Andrey y sin embargo no había euforia, ni felicidad, Elroy pudo percibir el humor sombrío y un cierto aire de derrota. ¿Sería que esa niña tonta se había hecho la interesante y le habría dicho que tenía que pensarlo?
- ¿William? -
- ¿Tía? –
- Esperaba verte como loco, eufórico, apurándome para que la boda fuera lo más pronto posible… -
- No habrá boda. –
- ¿Esa chiquilla insolente se ha atrevido a decirte que lo pensará? –
- No tía, no se lo pedí…-
- Pero William, tú la amas… ya está todo planeado…yo tomaré la custodia, la enseñaré a ser la futura señora Andrey, nos enfrentaremos al consejo si es necesario… esta familia ha sufrido demasiado ya por causa del honor mal entendido, no me importa el qué dirán…-
- Menos mal que no te importe el qué dirán tía- dijo Albert con un dejo de tristeza, - toma asiento tía, necesitamos hablar-
Elroy no podía creer lo que escuchaba, maldijo el momento en que le pareció buena idea invitar al hijo del duque de Grandchester y a su prometida.
- ¡Debes ir por ella, no sabe lo que hace William, el daño aún no está hecho, podremos decir que se fue de vacaciones, tráela de vuelta a la mansión, no puedes permitir que se convierta en su amante!
- No será su amante tía, el me lo juró, su relación con Susana seguirá porque ella está muy enferma, Candy lo ayudará a cuidar de ella, y así pueden estar juntos, conocerse más, pero él no se acercará a ella hasta que todo haya terminado. -
- ¿Y tú le creíste?, ¿acaso naciste ayer?- el rostro de Elroy mostraba toda su incredulidad.
- Tía le creo a ella, debiste ver su mirada cuando el entró en la habitación…
Fiesta de año nuevo en Lakewood.
Candy estaba hermosa, como de costumbre acompañaba Albert, ese año juntos había sido un sueño y, sin embargo, aunque descubrió que él era el príncipe de la colina había recuerdos que aún la perseguían, recordaba el último adiós en la escalera, Terry abrazando su cintura, sus lágrimas calientes empapando su cuello y mezclándose con las de ella. Cada vez que lo habían encontrado a lo largo de ese año en las diferentes reuniones sociales Candy no había dejado de notar que el aroma de su perfume la hacía perder la razón, su mirada rebelde la volvía loca, el roce de sus labios al besar su mano le producía escalofríos, pero él era de otra.
Albert observó su mirada perdida y de pronto no estaba tan seguro de lo que quería hacer, él la amaba, y quería pedirle que fuera su esposa, en el bolsillo de su saco estaba la caja de cuero antiguo que contenía el anillo de compromiso de los Andrey, pero sabía que su corazón aún sufría por él, y que topárselo a lo largo de este año no había sido coincidencia Terrence Grandchester no estaba listo para dejarla ir, y la envolvía. Sin embargo, él le daría una opción, la opción de ser su esposa, de pertenecer, nadie más podría lastimarla, ni humillarla y él estaba preparado para hacerla feliz. Pero al ver como su rostro se iluminaba cuando el entró al salón empujando la silla de ruedas su seguridad se derrumbó…
-Candy-
La profunda voz masculina la sacó de sus pensamientos.
Si, Albert. –
- Ven, tenemos que hablar. -
Elroy Andrey los observó desaparecer en el jardín con una leve sonrisa.
Aún lo amas…-
- Albert, no sé…
Hermosa, no es una pregunta, es una afirmación.
No sé qué hacer, muero por estar a su lado, me vuelve loca, y no puedo…-
-Vete con el-
- ¿Qué estás diciendo? ¿Y Susana?, ¿El honor de los Andrey?, ¿la tía abuela?
- Al diablo con el honor, Susana tiene los días contados, de la tía abuela me encargo yo…-
- Albert, él no me lo ha pedido. -
- A ti no, pero a mi si, nos vimos esta tarde, el quería que yo aprobara lo que quería proponerte, quiere que vivas con ellos, que le hagas compañía a Susana, y cuando ella no esté se casará contigo. -
Albert, pero yo…
No serás su amante, el juró respetarte, solo te quiere a su lado, los médicos le dan tres meses de vida a Susana…
Ella no sabía que pensar, era una locura, pero si al menos podía compartir el mismo espacio geográfico que el… su casa, quitarle la carga de Susana y estar con él, por otro lado, Albert se quedaría solo.
¿Y tú? –
- Candy, no serás feliz a mi lado mientras lo ames, si un día te das cuenta de que no es lo que tu pensabas puedes regresar.
Pero los tres meses de vida se convirtieron en tres años, Y Candy llegó a querer a Susana como a una hermana, sin darse cuenta el amor por Terry de los primeros meses no era el mismo, cuando Susana por fin murió en vez de casarse de inmediato acordaron un compromiso largo para honrar la memoria de Susana, y porque durante esos cinco años una pequeña parte de ella sufría cada vez que tenía que verlo al lado de Elizabeth, sin embargo, mientras el fuera feliz no importaba.
Candy sabía desde hace mucho que quería volver a su lado y sin embargo no iba a destruir un matrimonio por sus caprichos, ella había escogido su destino y ahora debía enfrentar las consecuencias, el día que lo descubrió en brazos de Sarah todo se vino abajo, estaba sola, había echado a perder su reputación, había perdido al amor de su vida, y ahora el hombre que ella pensaba era su futuro había encontrado el amor, ese día Candy se rompió en mil pedazos no porque amara a Terry sino porque el peso de sus errores caía en su totalidad sobre ella.
Fin del Flashback
Ahora una vez más Lakewood se encontraba exquisitamente engalanado, Albert se encargó de llevar a Candy ante cada una de las cabezas de las importantes familias reunidas en el jardín, sabía de sobra que muchos no estaban de acuerdo, que la juzgaban, pero también sabía que mientras ella estuviera a su lado no se atreverían a decir nada, al menos no de frente.
Los cinco miembros del consejo Andrey se lo tomaron con calma, William Albert Andrew ya no era un muchacho, tenía 30 años, los últimos 5 años había demostrado que sin importar en donde se encontrara emocionalmente, tenía una habilidad nata para los negocios, el qué dirán de la sociedad era lo de menos, ellos y sus familias cerrarían filas detrás de la pareja cual falange de guerra romana, y pobre de aquel que quisiera hacerles daño.
El consejo Andrey aceptaba a Candy como futura esposa del patriarca, sabían que la chica había sufrido mucho, sabían su historia, confiaban en que Elroy haría lo que les había prometido una vez, prepararla para tomar su lugar, el pseudo matrimonio de William había sido un desastre, y hora era importante pensar en el futuro heredero de los Andrey, y para eso Candy era perfecta, además ellos sabían algo que nadie más sabía aún, Candy nunca había sido mujer de Grandchester. ¡oh si! el consejo se había encargado de pagar mucho a la servidumbre de Terry para que los mantuvieran informados en ese aspecto.
Bradley Milton no les quitaba la vista de encima, tenía un arsenal de cuentos aún más sucios que los que se habían publicado ese día, estaba seguro que haría tambalear la casi inexistente reputación de Candy con cada sórdido detalle que Eliza le había dado, William Andrey tendría que repudiarla, si eso no fucionaba la fragilidad mental de la chica jugaba a su favor, sabía que si presionaba las teclas correctas podía desencadenar una crisis de la que nunca saldría, y si William Andrey no la repudiaba, al menos tendría que encerrarla en Lakewood con una dama de compañía para atenderla mientras Cany vagaba por el mundo de fantasía que la había protegido hasta hacía unos días.
La fiesta en Lakewood había sido todo un éxito, las páginas de sociales hablaban de ello, y por ese día no mencionaron nada más que halagos.
Al otro lado del Atlántico Elizabeth leía los diarios, no podía negar que Candys e veía hermosa en todas las fotos, esperaba que la chica le hubiese escuchado y que fuera lo suficientemente fuerte para soportar lo que venía, las fuentes de Richard y Elizabeth les habían informado lo que estaba por suceder, pero aún no sabían quién era el responsable, y no podían actuar.
Londres
Richard entró en la habitación, y la observó pensativa con el periódico en sus piernas.
¿qué piensas?
Ella sonrió al maravilloso hombre que tenía a su lado.
En Candy, espero que pueda ser feliz, debe encontrar su fortaleza, no puede siempre depender de las circunstancias.
Eso es cierto Elizabeth, pero tu sabes que su vida no ha sido fácil.
Esas son excusas Richard, se lo dije antes de venirme, si quiere ser feliz, debe creerse que es una Andrey, y debe recordar que uno de los hombres más poderosos la ama, si ella no se afirma en su identidad y se apoya en el amor de William jamás logrará ser feliz.-
¿Por qué te preocupa tanto?
Porque hay algo que me dejó pensando… ella me dijo que mientras estuvo delirando vio cosas que ella interpretó como mis recuerdos y sentimientos.
No podemos ignorar que son prácticamente idénticas, si no fuera por tu cabello oscuro.
Por eso mismo Richard, puede que tenga razón y la misma sangre corra por nuestras venas, y ella al ser más sensible se conectó a mis emociones… no lo sé, igual y es una fantasía, yo nunca he sentido nada extraño.
Pero tu aprendiste a ser fuerte, abrazaste la identidad de Elizabeth Lancaster y no te dejas vencer. ¿Quieres que investiguemos sobre Candy y tú?
No Richard, veremos cómo se dan las cosas.
Richard depositó un tierno beso en la frente de su esposa y le tendió la mano para que lo acompañara, debían ir a las oficinas a cerrar algunos tratos, y teniendo por mujer una experta en los negocios debía aprovecharse de ello, para así pasar el mayor tiempo posible a su lado.
Chicago.
Todo comenzó un día después de la fiesta, Albert no podía creer que existieran tantas fotos de Candy, la guerra mediática llevaba un mes, una historia más sórdida que la otra salía a la luz cada día, las acciones de los Andrey comenzaban a bajar un poco, pero eso no lo preocupaba.
Lo que lo hacía hervir en ira era la reacción de ella ante cada nueva noticia, tristemente como no recordaba mucho, sus verdaderos recuerdos se fundían con las historias y en verdad pensaba que era la peor de las personas. Tan solo la noche anterior se había quedado dormida en sus brazos llorando.
¿Cómo pude hacer todo eso Albert?
Candy, no creemos que hayas hecho nada de eso, creemos que son mentiras.
Pero, ¿y si es verdad? ¿Viste la cara de Susana en la foto de hoy? Ella lloraba mientras Terry y yo bailábamos como si nada en esa fiesta…
Candy, nunca sabremos porque lloraba Susana, puedo decirte que creo que al final ella no lo amaba, te quería a ti, tal vez lloraba de felicidad al verlos juntos.
Albert, ¿has sabido de Terry?
Esa era la pregunta que él había temido escuchar por un tiempo.
Si, ¿por qué?
Él debe saber la verdad de al menos algunas de estas cosas, quiero hablar con él.
Candy, hay algo que debes saber, Sarah…
Sarah y él están juntos.
Sí, pero no solo eso, ella está embarazada…
¿Cómo lo sabes? No puede tener más de unos dos meses…quizá tres…
Tiene cerca de seis meses…
Candy sintió un balde de agua fría, no amaba a Terry, pero odiaba haber sido tan ciega, como para no haberse dado cuenta tanto tiempo atrás que él no la amaba.
Bueno Albert, habrá que felicitarlos.
Candy… estás enojada.
Sí Albert, pero no porque esté embarazada, sino porque fui una estúpida, hemos perdido tanto tiempo por mi culpa, y al parecer me dediqué a hacer puras estupideces esos cinco años... Fui la mujer de un hombre que no dudó en cambiarme por otra.
Albert sentía de todo cada vez que ella mencionaba haber sido su mujer, no sabía que ella no recordaba, sino que lo asumía, y por otro lado la deseaba tanto, pero se había prometido no tocarla mientras no estuviera todo aclarado y pudiesen formar sus vidas.
Candy, ¿Qué quieres que hagamos? ¿Lo hago venir, vamos a Nueva York? ¿Lo secuestro y lo mando en una caja al fin del mundo?-Debajo de la broma Candy pudo percibir el tono de acero en la voz de Albert, el estaba definitivamente más que enojado.
¡Albert!
Ganas no me faltan, aún no he cumplido mi amenaza, el juró respetarte y hacerte feliz.
No importa, todo lo que no cumplió me regresó a tus brazos.
Tienes razón… si quieres hablar con él para tener paz mental tal vez lo mejor será viajar de incógnito a Nueva York, creo que será más fácil perdernos en la gran ciudad.
La tía abuela veía a Albert como si se hubiese vuelto loco.
¿Qué la llevaras a dónde? Bueno tu eres masoquista… la tienes en tus brazos, deja de dudarlo y cásate con ella, hazla tu mujer y borra de su memoria al patán ese.
Albert no podía creer lo que su tía le decía.
Tía…
Vamos Albert, ambos somos adultos, durante los últimos 5 años traté de ser paciente, más bien fui muy paciente, pero no me estoy haciendo más joven y quiero cargar al futuro heredero de los Andrey antes de morir. Candy no está embarazada que era algo de lo que teníamos que asegurarnos antes de que pudieras casarte con ella, han pasado tres meses, y estamos seguros de que no habrá consecuencias en ese sentido de su estadía con Granchester.
¿Y que de las demás consecuencias? Ella se atormenta con cada nueva historia, mentalmente sigue frágil.
Elroy Andrey dio un profundo suspiro. – William, esa chiquilla es fuerte, cualquier otro ya hubiese perdido la razón con todo lo que ha tenido que pasar. El investigador pronto nos dirá quién está pagando por las historias, y créeme que ni yo ni el consejo descansaremos hasta que esa persona esté tras las rejas.
Sí tía, pero aun así, si hablar con Terry le dará paz mental, debo llevarla con él.
¿Y si Grandchester ya se cansó del juguete actual y quiere a Candy de nuevo?
Ella me ama.
Ella esta inestable.
Tía…
William, escúchame bien, te amo, eres mi sobrino, y estoy de tu lado, pero por más brillante que seas en los negocios con Candy no eres brillante… ya la dejaste ir una vez, que tal si otra vez se te mete en la cabeza que Grandchester la hará feliz.
Tía no soy tan estúpido.
William, debo decirte algo, el consejo siempre la mantuvo vigilada, y están casi seguros de que ella nunca fue mujer de Terry.
¡Tía!
William, era necesario, deja que el consejo se lo diga.
Sería una vergüenza para ella saber que sus pasos eran vigilados.
A estas alturas del partido eso ya no importa, cada nueva noticia e historia es más descabellada.
Tía no te estoy pidiendo permiso, te comunico que Candy y yo iremos a Nueva York a ver a Terry para que ella pueda cerrar sus heridas y seguir adelante.
Está bien William, pero ten cuidado, quien sea que está pagando por las historias debe querer algo más que desprestigiar a Candy.
William se quedó pensando en lo que su tía había dicho, tenía razón había algo más detrás de cada historia, era como si un loco obsesionado con arruinar a Candy se estuviese divirtiendo.
En un Hotel de Chicago.
Bradley, debes ayudarme.
Eliza, mi amor, olvídalo, no importa lo que hagamos tu tío no la va a repudiar.
El consejo…
El consejo Andrey come de la mano de William Albert Andrey, no harán nada en su contra…
Entonces si ni mi tío ni el consejo se desharán de ella, tal vez…
¿Eliza, que estás tramando?
El enfoque ha sido incorrecto, es ella la que tiene que repudiar a William Albert Andrey. Una sonrisa siniestra iluminó su rostro.
Bradley estaba profundamente enamorado de ella, pero no podía evitar que un escalofrío le recorriera el cuerpo mientras trataba de imaginar que haría ahora Eliza Leegan con tal de destruir a Candice White Andrey.
Sentado en un café, Neil Leegan sonreía para sí mismo, si bien todo lo que se estaba publicando parecía no rendir frutos, Neil sabía que toda cosecha toma su tiempo, y estaba seguro de que Candy la estaba pasando muy mal, y eso, lo hacía feliz. No importaba lo que hubiese que pagar, seguiría dándole dinero a Eliza, pero debía mantenerse en las sombras, sabía que William Andrey no descansaría hasta encontrar al culpable, así que era muy conveniente que Eliza quisiera estar al frente de la operación.
