XXVI.

En los días que siguieron, Ginny empezó a visitar con más frecuencia a su madre. Por más que se había esforzado en mantener su matrimonio como cosa privada y de dos, era inútil. Terminaban con sendos tormentones encima en los que, quienes les lanzaban los salvavidas, eran siempre su madre y sus hermanos. Sería malagradecida y tonta si quisiera continuar con esa postura. Tener a su madre al lado era siempre una bendición. Las mamás siempre saben… saben siempre lo que nosotros no.

Ginny tenía tantas cosas en la cabeza que casi todos los días tenía dolor de cabeza. Ya no quería pensar en nada. Seguro que la mitad de las veces que pensaba demasiado, alucinaba. Ron por el contrario, cansado y harto de tanto trabajo demandante, llegaba a casa con ganas de relajarse y distraerse. Una noche el chico empezó a acariciarla buscando intimidad poco después de que ambos estaban en la cama.

–No, Ron. Hoy no. – lo alejó.

–¿Por qué?

–No tengo ganas. – dijo simplemente la chica.

–¿Y ahora qué te duele?... – preguntó irónico el chico sin saber que acertaba.

–Es que… me siento rara, y me duelen los pechos como si me fuera a bajar. – Respondió angustiada.

–¿Y te va a bajar?

–Es que no sé;- y se giró hacia él con renovado interés. –El sanador me dijo que iba a tardar pero no me dijo cuánto. Y la verdad que no tengo ni idea.

–Pues si tú no sabes, yo menos. Deberías ir a preguntarle.

–Nop, esperaré unos días a ver qué pasa.

–Mh. – musitó desanimado el chico.

Ginny tenía ya un par de días, esquiva y quejosa de dolores de cabeza o malestares, y esa respuesta de esperar reacciones de su organismo ante las molestias que le aquejaban, no le dieron buen pronóstico a su marido. Desafortunadamente con el pasar de algunos días más las cosas no mejoraron y Ron empezaba a tener sospechas desafortunadas. Muy parecidas a las de Ginny.

Ron insistió entonces, en que debía visitar al sanador para preguntarle su condición y esta vez se ofreció a acompañarla. Aunque pareciera absurdo, a pesar de que el sexo había sido parte de su reconciliación y de un reencuentro más completo como pareja, no habían pensado realmente en las consecuencias. Consecuencias que ahora les asustaban un poco a ambos. Y no estaban perdidos.

–Es muy probable que esté embarazada de nuevo. – Dijo con aspecto serio el sanador después de hablar con los chicos. Ellos voltearon a verse reservadamente. –Después de un aborto la matriz queda tan limpia y preparada que, suele suceder… Y no es lo más óptimo, de hecho no es recomendable, sin embargo, si así fuera, podemos empezar a fortalecerla y es seguro que necesitará de muchos cuidados y que será un embarazo de alto riesgo.

Los chicos ya lo temían individualmente, y en ese momento no sabían si esa era una buena noticia o no. Eso ponía en serio riesgo a Ginny,

–Por ahora, no puedo confirmar su condición, pero me gustaría verla en unos días para sentirme más seguro y preparar algunas pruebas. Por lo pronto, yo les aconsejaría, sobre todo a usted señora, que se mantuviera muy relajada; ambos, no se preocupen. Y a usted Ron, le voy a dar la responsabilidad de que su esposa tome diariamente sin falta la siguiente solución. Esto la fortalecerá y la preparará para el nuevo embarazo.

Ron se mantuvo atento y serio, muy serio. Esta vez no le gustaba nada la idea de que Ginny estuviera embarazada. No bajo esas condiciones. Ginny por su parte decidió tomar al toro por los cuernos; si las cosas iban a ser así, tenía que ponerse fuerte desde ya. Esta vez no iba a volverse loca como en el embarazo anterior, tenía que ser inteligente; ser prudente y valiente en justa medida.

–Ron, quiero que no hablemos de esto con nadie. – le comentó Ginny a Ron en cuanto volvieron a casa.

El chico se quedó mirándola por un momento pensando en diversas cosas. No estaba seguro.

–Por favor. – pidió de nuevo. –Ni mamá, ni a Bill, ni a Percy o George y mucho menos al Delegado o alguien del Ministerio. No nos han confirmado nada y esto puede ser una falsa alarma.

–No creo que sea falsa alarma Ginny, y no me gusta que no esté contigo mamá.

–Aunque el embarazo se confirme no quiere decir que tengo que estar acompañada hasta para ir al baño.

–Pues no hace mucho en el baño te diste tremenda caída… ¿escuchaste la parte donde dijo: embarazo de alto riesgo?

Ginny respiró profundo haciendo un gran esfuerzo por entenderse con Ron. Las cosas apenas comenzaban y había que empezar por cultivar la comunicación y la paciencia.

–Si lo escuché, y eso significa reposo y cuidados, y estoy de acuerdo. De verdad. Estaré en cama mientras sea necesario, pero no quiero que exageremos.

–Es que no voy a estar tranquilo. – Se lamentó el chico. Ron, siempre el mismo; tan sobreprotector como celoso. Nadie lo sabía como ella.

–Son sólo 5 días. No va a pasar nada. Me voy a portar SÚPER bien. Me bañaré sólo cuando tú estés. ¿De acuerdo?

Ron no estaba de acuerdo. Pensar en un embarazo de alto riesgo, con Ginny sola en casa y conociéndola como la conocía… le hacía pensar mil cosas. El chico cerró los ojos y trato de confiar en ella. A la primera señal de alerta rompería la promesa y la acusaría con su madre y todos los chicos. Le respondió apenas con una mueca.

En esos días, ambos se esforzaron por cumplir sus promesas. Ginny, a pesar de lo que pudiera pensar Ron, se había llevado suficiente susto con el anterior embarazo como para ponerse caprichosa. Trató de estar relajada y se dejó consentir un poco por la cama. Lo cual no le había costado mayor trabajo, esta vez, pasar el día sobre la cama no le parecía tan mala idea, en los últimos días le había encontrado un lado muy atractivo.

Él por su parte cumplió estrictamente con su horario del Ministerio y regresaba a casa más puntualmente que nunca. Estaba realmente intranquilo hasta llegar a casa. Actitud que Percy rápidamente advirtió, pero el chico cumplió la promesa hecha.

Pasados los cinco días, Ron avisó de nuevo que llegaría tarde, y acompañó a Ginny a la cita con el médico, realmente estaba interesado en ir. Los chicos estuvieron atentos durante las pruebas y comentarios del médico pues empezaban a sentir un poco de preocupación y nerviosismo, ya podía sentir la respuesta del sanador en el ambiente.

El médico inspiró profundamente. –Pues… efectivamente, están esperando un bebé.

–¿Uno? ¿sólo uno? – preguntó ansioso Ron.

–Me parece que sí, no hay elementos para pensar en otro embarazo doble… y qué bueno.

–Pero… todo bien, ¿verdad doctor? –preguntó Ginny tratando de tranquilizarse y tranquilizar a Ron.

–Sí, las cosas están bien por ahora, pero de cualquier manera no queremos sorpresas. Mantendremos todos los cuidados. Seguiremos con la solución Oppidi Arsx para fortalecerla y… evitar el sexo durante este primer trimestre. Sexo o… cualquier tipo de práctica que pudiera provocar una irritación o una infección. Sería terrible en estos momentos.

–Si, claro. – respondió Ginny asintiendo con certeza.

–Por lo demás pueden hacer su vida normal, sin excesos. Nada de subirse a la escoba, ni hacer deportes de impacto. Solamente caminar y no en exceso, ¿de acuerdo?

–No habrá problema doctor. – terminó Ginny sonriente.

En aquella mañana, era Ginny quien iba sonriente de regreso a casa, era Ginny quien se sentía alegre y satisfecha… Y Ron quien se mostraba alicaído, quien estaba preocupado y confundido a cerca de su próxima paternidad. De pronto le había nacido una lapida de acero sobre los hombros.

Ella lo notó, pero creía saber la causa de su actitud y no podía reprochárselo, tenía miedo seguramente, todo lo sucedido le causaba inquietud y angustia, pero ella estaba dispuesta a que las cosas fueran diferentes. Sentía que podía controlar mejor sus hormonas y que podrían sobrevivir ese embarazo juntos.

–¿Qué pasa Ron? – inició la chica cuando entraban juntos a la Hura.

Pero Ron sólo movió la cabeza. –Nada. Tengo que irme. Cuídate.

–Iré con mamá, y le diré.

–Allá te veo entonces. – terminó el chico asintiendo suavemente y con un parpadeo muy lento.

Ginny más tarde, una vez preparada mentalmente fue con su madre y le contó la buena nueva. Molly se mostró sorprendida, pues al igual que Bill en su momento, pensaba que sería difícil una reconciliación tan completa entre los chicos después de lo sucedido. Se alegró por ello pero también pensó en la seriedad que ello implicaba. Ginny, inteligentemente, también le comentó sobre lo serio que se mantenía Ron al respecto. Su madre era una mujer sabía y valiente, y sabría tranquilizarlo con su seguridad, mostrándose fuerte y segura ante sus hijos. Ginny sabía que tenía el sólido apoyo de su madre en la que confiaba ciegamente.

Los demás miembros de la familia, al enterarse; antes de lograr fingir una felicitación, mostraban una rápida expresión de sorpresa y preocupación, que intentaban suavizar mostrando su apoyo a los chicos. Ginny podía ver todo como si estuviera tras de una vitrina. Las expresiones de sus hermanos, lo que mostraban y lo que trataban de ocultar. Que corazones tan grandes había en su familia. Temían por ella, pero la verdad es que esta vez ella no tenía miedo.

Los días siguientes fueron transcurriendo con calma y reservas, todo iba caminando poco a poco en la vida de los chicos. Molly tenía visitas cortas pero constantes a Ginny, quien se estaba tomando las cosas con bastante calma.

Ron por su parte, aunque trataba de adaptarse a la situación, Ginny ocupaba la mitad de su mente y la otra mitad se perdía en temores y malos recuerdos. No podía evitar estar cargado de tensiones que le tuvieron con tortícolis por más de una semana. Pero cuando llegaba a casa y veía a Ginny tumbada en la cama dormida o simplemente leyendo un libro o el periódico, sus inquietudes disminuían un poco. Ella se esforzaba, se portaba bien como lo había prometido.

Una noche, Ron llegaba tarde a casa después de un día lleno de reportes sobre hechizos absurdos, proferidos por una familia que vacacionaba por primera vez en un medio muggle. Al entrar a la habitación la vio, atravesada, abarcando toda la cama, con la misma desfachatez que tenía cuando de niña era capaz de sacar a ambos padres de su cama conyugal. Dormía como si tuviera 3 años. Ron rodó los ojos, en los últimos días Ginny podía pasarse el día así. La chica lo presintió de pronto y abrió los ojos un poco para después contorsionarse estirándose mientras le sonreía.

–Buenos días… - espetó Ron alzando las cejas inconforme.

–Hola… ¿y mamá? ¿Te dio de cenar? – preguntó la chica aún en la cama.

–¿Mamá? Estabas sola cuando entré.

–¡Caramba! Pero si estábamos platicando…

–Entonces no soy al único que dejas hablando solo…

–Qué pena, sí la escuchaba pero, se me cerraban los ojos. – dijo la chica sentándose. –¿Ya cenaste? Vamos.

–Déjalo, no tengo hambre. Comí algo por ahí… -dijo el chico sentándose en la cama para quitarse los zapatos. Ginny se acercó a él.

–Te ves cansado.

–Me siento harto, no sabes qué día. Necesito un baño…

Ginny se recargó en su hombro y le dio una suave palmada en la espalda para motivarlo.

–Sip, relájate.

–¿Vamos? Acompáñame. –pidió.

La chica se giró con extrañeza y lo miró confusa. Él sujetó su mano.

–Despabílate, tienes todo el día soñolienta. A ti también te hace falta un baño. –Pero Ginny seguía mirándolo como si le hubiera dicho una indecencia. –No voy a hacer nada, sólo quiero que me acompañes.

–Pero ya sabes que…

–No tenemos prohibido bañarnos juntos. ¿O me dirás que no?

Err… está bien. –respondió dubitativa.

Ron se desvistió y empezó a preparar la ducha mientras ella se desnudaba unos pasos tras él, y entraron juntos a la regadera. Una vez dentro, se observaron frente a frente y se sonrieron. Hacía semanas que no estaban juntos, desnudos, en algún tipo de intimidad. Bañarse no era como tener sexo, pero lo acercaba a ella, a saciar un poco sus necesidades. Tenía tantos deseos de verla desnuda, de tocarla… de abrazarla y sentir su cuerpo caliente pegado al suyo…

En aquél baño reparador se consintieron uno al otro, y Ron pudo saciar ese abrazo que tanto añoraba de ella; mientras que ella, sin esperarlo encontró un refugio lleno de paz que estuvo al borde de hacerla caer en brazos de Morfeo de nuevo. Al salir de la regadera, sus cuerpos estilaban gruesas gotas de agua. Ginny exprimió sus cabellos dejándolos caer sobre su pecho, entonces él se acercó y los retiró de su piel poniendo sus manos sobre ella.

Aquella acción de Ron la puso nerviosa pero se mantuvo observándolo solamente mientras él curioseaba en su cuerpo. Curiosidad que rápidamente se volvieron caricias, lo cual Ginny había estado tratando de evitar desde el inicio de su embarazo. No podían darse el lujo de tontear y arriesgarse a otro aborto, sería terrible no solo para su salud sino para su situación en general. Ella comprendía que Ron se había portado muy bien en las últimas semanas, pero aún faltaban algunas para cumplir el primer trimestre indicado por el sanador.

La chica estaba tratando de encontrar valor y forma de detenerlo cuando el mismo chico rompió sus cavilaciones con su voz en medio del silencio húmedo del cuarto de baño.

–¿Ya no te duelen?

–Hay días que mucho y otros que poco… Err… Ron…

–Te ves diferente… - continuó mientras seguía tocándola. Ginny interpuso sus manos entre las de él y las alejó. Él la miró ofendido. –¿Por qué no me dejas tocarte?

–Ron no te confundas ni hagas que me confunda… primero propones un baño diciendo que no pasará nada y luego quieres lo demás

–Bueno, ¿Qué quieres? ¿Que no te toque, que no te desee…?

–Mira yo te entiendo, sé que tienes mucho sin sexo y que seguro, pues… tienes ganas, pero tú sabes lo delicado que es todo esto, no podemos arriesgarnos. Estoy segura de que lo puedes solucionar tú solo.

–¿Yo sólo? Te necesito a ti.

–Necesitas sexo, y yo no te lo puedo dar, y lo sabes. Si me quieres engañar de nuevo… esta vez lo comprenderé…

–¿QUEÉ? ¡Estás loca Ginny! ¿Por quién me tomas, por un mandril? Yo también puedo entender que no puedas o quieras… pero no sólo necesito sexo, también te necesito a ti, necesito tu tiempo y tu cariño; tus caricias. Tu embarazo no tiene nada que ver con que siempre estés a 2 metros de mí.

Ginny suspiró y envolviéndose en una toalla se sentó sobre el sanitario.

–No es esa mi intención, lo siento. Es que tengo miedo. Sé que extrañas el sexo y yo pensé…

–No nada más extraño el sexo, te extraño a ti. Extraño el sexo contigo, pero hay más formas de estar juntos. –Ginny lo miró apenada. –No tengo por qué engañarte, quítate eso de la cabeza. No quiero estar con otra, quiero estar contigo. Tú eres mi mujer… la que hace que mi cuerpo se caliente al verte desnuda.

La chica sonrió, de pronto su mente se había abierto y llegaron a su cabeza nuevas posibilidades. Cómo no derretirse con aquella mirada de ojos azules que le decía "Hazlo…". Por qué no.

Con la misma sonrisa le tomó los genitales en sus manos y empezó a acariciarlo. Él estaba complacido. No había motivos reales para que ella le negara caricias, había exagerado y ahora lo notaba. Aunque también era cierto que en las semanas anteriores no se sentía deseosa de su cuerpo; pero ese momento, bien preparado por la regadera, le permitía disfrutar de él también.

Poco después, ella empezó a felarlo suavemente y sin prisas, mientras él trataba de desahogar su deseo desenredándole el cabello con sus dedos una y otra vez. La piel del chico estaba erizada y el corazón le latía en carrera veloz, tenía tanto tiempo con deseos… que a medida que ella volvía más intensa su caricia él sujetaba con más vehemencia una coleta tras su nuca. Ella sabía lo que él quería, y podía dárselo, a medida que se aceraba al clímax, ella succionaba con más fuerza.

–Ooh… Hoo-hoo… me estoy viniendo…

Susurró el chico al tiempo que arrancaba la toalla del cuerpo de Ginny, quien seguía sentada en el sanitario, y sujetándola del cabello aún, le vació su carga sobre los pechos inflamados.

La confianza y la cercanía que sentían se manifestaba cada vez más claramente. Los chicos se comunicaban mejor y hablaban de lo que se sentían aunque a ciencia cierta era difícil reconocer cuáles eran sus sentimientos. Sólo sabían que estaban cerca, que estaban juntos y que desde hacía unos meses compartían algo más que la cama.


N/A: Comienza la escalada de nuevo en el embarazo, pero bajo diferentes circunstancias. Aún así, nunca se sabe lo que nos depara un embarazo…

Soy un ser perverso, lo tengo escrito desde hace semanas y no lo había posteado por falta de tiempo. Lo siento, miiiiillll! Pero fue horrible, perdí mi trabajo y hasta que no tuvo otro, no tuve cabeza para nada. Sorry.