El siguiente será MEJOR.
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Capítulo 26
Se sentía como una maldita psicópata; pasaba como 30 veces al día frente a la casa de Regina y todas las tardes aparcaba frente a la puerta del colegio para verla recoger a Henry.
En el mes que llevaba en Storybrooke, había recuperado su puesto de sheriff, pero como todo estaba tranquilo hasta el aburrimiento, no hacía otra cosa que obsesionarse con Regina.
A la semana de haber vuelto le había mandado un mensaje pidiéndole llevar al niño a la escuela todas las mañanas. En parte lo hizo esperando que le dijese que no, para así poder ir a hablar con ella, pero la muy jodida le contestó con un "Ok". Ese día su móvil sufrió uno de sus golpes más tremendos.
Y es que se moría por hablar con ella. Sabía que Regina no estaba dispuesta porque cualquier cosa que tuviese que decirle se lo transmitía a través de Henry.
Respecto al alcoholismo temporal que parecía haber sufrido, estaba mejor. Le había sonsacado a su hijo cuáles eran las bebidas que la morena tenía en su casa y parecía que ahora le había dado por los refrescos Light. Eso sí… el tabaco parecía no abandonarlo.
Hoy era la sexta vez que desviaba su ruta hacia la mansión blanca y todavía no la había visto salir. Se sabía la rutina de Regina mejor que la suya; salía de casa sobre las 10, pasaba por Granny's a por un café, iba a la tienda, compraba toda la prensa y lo necesario para la casa, después volvía hasta la hora de recoger a Henry. Regina llevaba una vida sumamente aburrida.
Vale, la suya tampoco era el colmo de la diversión. Quitando las tardes y los fines de semana que pasaba con Henry, no hacía otra cosa que hacer de sheriff en un pueblo que era un auténtico peñazo. Además, ni siquiera la dejaban hacer de guardia en la prisión mágica de Cora, cosa que no llegaba a entender, pero según Mary Margaret la mujer tenía gran interés en saber de ella, por eso no querían que se acercase.
Aparcó frente a Granny's. Era hora de su desayuno, el cual procuraba que no coincidiese con el de Regina, no porque no quisiese encontrársela, sino porque no quería alimentar los diferentes rumores que circulaban sobre ellas. "Tan amigas que eran y mira…" , esa frase la había escuchado en multitud de ocasiones.
-Hola, Ruby- saludó sentándose en su taburete de siempre.
-¿Qué tal la mañana?- le sonrió la chica.
-No sé ni porqué preguntas…- apoyó la cabeza sobre la mano. Ruby se encogió de hombros mientras le colocaba su chocolate y su bollo delante.
-¿Quieres que salgamos este fin de semana?
-El sábado tengo a Henry y le he prometido que iríamos de acampada.- bebió un sorbo de su taza.-¿Quieres venir?
-No, porque falta poco para la luna llena y allí como que trastorno un poco- A veces se le olvidaba lo especialita que era su amiga.
-Desde luego, no sé como me aburro tanto en un sitio como este- le pegó un gran mordisco a su dulce. Esta semana tomaba donuts, la que viene ya elegiría otra cosa. Cuando sonó la puerta se volvió esperando que fuese su padre, que la acompañaba muchas mañanas. Casi se atraganta cuando vio a Regina. Pero si no era su hora habitual…
Pasó por detrás de ella y ni la saludó.
-Café solo – oyó que le decía a la camarera. La miró de reojo y le pareció que estaba imponente, siempre lo estaba, pero ese vestido negro acompañado de la chaqueta granate era uno de los conjuntos que más la favorecían. Se desconcentró un poco al recordar que ese vestido llevaba la parte de la espalda bastante baja. Cuando notó que los ojos oscuros se posaban en ella, se centró nuevamente en su desayuno.
-Sheriff,- tragó con dificultad al oírla dirigiéndose hacia ella y más cuando notó que se había situado a su lado- tengo entendido que piensa llevar a Henry de acampada.
-S…sí- Si es que estaba ahí, a 10 centímetros de ella, mirándola con esos ojos…No la dejaba hablar sin parecer una imbécil.
-Pues procure informarse acerca del mejor lugar para hacer tal cosa, porque hay zonas del bosque bastante peligrosas.- Se volvió y la miró desafiante. O sea, no le dirigía la palabra nunca y ahora lo hacía para tacharla, en cierta manera, de irresponsable.
-Descuida.- Le dijo secamente mientras Regina recogía su café y dejaba el dinero sobre la barra.
-Y-se inclinó un poco hacia ella- deje de vigilarme porque me está comenzando a dar escalofríos.- Después se marchó dejándola a ella totalmente petrificada.
-Lleva razón- le dijo Ruby.
-¿En qué?- Se terminó el bollo de un bocado.
-En que das un poco de miedo con eso de perseguirla.
-Sólo me aseguro de que esté bien.- Estaba un poco indignada. ¿En qué mundo caperucita le daba la razón a la bruja?
-Ya Emma, pero tú misma me has reconocido que pasas varias veces al día frente a su casa. Que está bien que te preocupes, porque te importa y todos sabemos que se ha pasado unos meses un poco descentrada,- Era vox populi el coqueteo de Regina con la bebida, pero ella desde luego no había confirmado esos rumores, no quería perjudicarla de ningún modo- pero si quieres saber cómo está lo mejor es que le preguntes, no que la sigas.
-Por favor, Ruby, sabes que me detesta…además tú mejor que nadie sabes porqué. ¿Cómo pretendes que vaya a decirle algo?
-Creo que estás obsesionada con Regina. El hecho de que te dejase claro nada más volver que no quiere saber nada de ti, te está trastornando. Tienes que seguir adelante…- sonrió de medio lado a su amiga. Sabía que debía superar a la morena, pero es que era difícil…Se había pasado seis meses queriéndola y odiándola a la vez, pero es que al volver y verla tan desamparada se había esfumado eso de odiarla. Ahora sólo la quería, aunque sabía que debía olvidarse de ella, Regina estaba demasiado dolida como para perdonarla. Además, por muchos sentimientos que tuviese por ella no tenía demasiado claro si quería tener una relación, la cual se iba a tornar demasiado seria estando Henry de por medio.
[…]
¿Cómo demonios se hacía fuego con dos piedras? Henry se había empeñado, pero a ella le parecía mucho más práctico utilizar las cerillas que llevaba en el bolsillo.
-Llevo media hora así, chico, y es una estupidez- dijo mientras se levantaba.
-Bueno…usa las cerillas.- el niño se sentó encima de un tronco mientras ella prendía la madera que había colocado.-¿Podemos ir al río antes de que anochezca?
-¿A qué?- alzó la cabeza. Ya que había conseguido instalar el campamento lo único que quería era sentarse a comer nubes y beber chocolate.
-Pues a pescar.
-Henry, - le miró de medio lado- pero si no tenemos cañas ni nada.
-Yo sí- corrió hacia la tienda y sacó una mochila con una mini caña de pescar.- Mamá me la compró.- Genial, no le apetecía ni un huevo.
-Anda vamos…-el río estaba al lado así que tampoco es que se tuviesen que mover mucho, pero es que hacía frío y el calor del fuego le llamaba más la atención.
Se colocaron en la orilla y un emocionado Henry se puso en plan pescador profesional. Ella no entendía mucho, pero sin cebo dudaba que pescara lo más mínimo.
-Mamá, le ha puesto un encantamiento atrapa peces- Eso era hacer trampa.
En 15 minutos el niño ya llevaba tres peces de bastante tamaño.
-¡Este es grande!- gritó de repente mientras tiraba hacia fuera.- Sujeta tú que yo no puedo.
-Pero…¡yo no sé!
-Toma- No se esperaba que Henry le tirase así la caña, así que sin saber cómo se vio metida de lleno en el río hasta las rodillas. Al intentar salir se cayó de espaldas lo que le hizo que se mojase totalmente y el agua estaba helada.
-Bueno...- el pequeño sólo miraba como su caña se alejaba río abajo mientras ella intentaba salir del agua a trompicones- ya tenemos suficientes peces para la cena.
-Cógelos y vamos que me congelo- corrió hasta ponerse delante del fuego, estaba helada. Y lo peor es que no había traído ropa para cambiarse.
-Tienes una pinta horrible- comentó el chico riendo. - ¿Puedo ponerlos en la parrilla?- preguntó refiriéndose al pescado.
-Sí…sí- estaba tiritando. Se arrebujó en su chaqueta mojada y se concentró en no morir de hipotermia. Tras unos minutos de silencio mientras Henry vigilaba la cena, oyó unos pasos tras ella. Se levantó y se volvió alarmada. Regina caminaba hacia ellos.
-¡Mamá! ¿Qué haces aquí?- el niño corrió hacia la morena.
-Te has olvidado esto- le extendió el jarabe que el chico seguía tomando para el resfriado que había tenido hacía una semana. Cosa que, raramente, Regina había decidido poner en manos de los médicos en vez de utilizar la magia.-¿Qué le ha pasado, señorita Swan?- preguntó fijándose en sus ropas mojadas.
-Se ha caído al río mientras intentaba pescar. ¡Mira todo lo que he cogido!- señaló el fuego donde se estaba cocinando su captura.
-¡Vaya desastre!- comentó la morena- Que no se te olvide tomártelo- le señaló a Henry la medicina.
-No…
Regina se dio la vuelta dispuesta a marcharse por donde había venido.
-¡Regina!-la llamó, lo que hizo que la morena se volviese ligeramente sorprendida-¿Pu…puedes secarme?- No se lo pediría si no estuviese tiritando como una posesa. La mujer alzó la ceja a modo de respuesta- Por favor…-puso su mejor cara de cachorrito.
-Está bien- se colocó frente a ella y suspiró antes de pasar las manos a escasos centímetros de su cuerpo. Volvía a sentir sus extremidades al notar que estas entraban en calor con la magia de Regina. Mientras duró el secado, se sintió en cierta manera conectada de nuevo con la otra mujer, siempre le había pasado cuando hacían magia. Aunque ella ya no tenía sí que sentía como algo se removía en su interior con la de Regina.
-Gracias- dijo cuando la morena se separó.
-Mamá ¿quieres quedarte a cenar?- preguntó Henry haciendo que las dos lo mirasen sorprendidas.
-No sé si es buena idea- A pesar de esa respuesta, Emma supo que a la morena le apetecía. La conocía muy bien en algunos aspectos.
-A mí no me importa- intervino para intentar convencerla. Quizás pudiesen hablar y mejorar un poco su relación.
-Vale- Pensaba que costaría más que aceptase. Estaría aburrida…
La cena fue tensa. Eran casi todo silencios, de vez en cuando interrumpidos por Henry. Cuando acabaron el niño corrió hacia un tronco caído que había a escasos metros y se puso a construir una especie de fuerte.
-Ten cuidado- le gritó Regina. Tras un rato de tensión silenciosa, ésta se levantó- Será mejor que me vaya.
-Ha sido agradable- Emma también se levantó y sonrió con nerviosismo. No quería que se marchara pero no sabía como retenerla.
-No, no lo ha sido.
-Pero podríamos intentar hacer de vez en cuando estas cosas y…-se metió las manos en los bolsillos con nerviosismo- así llevarnos mejor.
-Creía que le había quedado claro que yo no quiero ser su amiga- Ese gesto de desdén que tenía Regina dibujado en la cara la estaba poniendo aún más nerviosa.
-¿Ni por Henry lo intentarías?- lo preguntó suavemente.
-No- se dio la vuelta y se puso a andar rápidamente. Corrió detrás de ella porque había visto algo en sus ojos que no sabía muy bien que había significado. Le interrumpió el paso.
-¿Por qué no quieres intentarlo?- se encontró unos ojos acuosos frente a ella.
-Porque yo no puedo ser tu amiga.- Y tras esto Regina desapareció en una nube morada.
Se quedó ahí, parada en mitad del bosque, con la certeza de que la morena también la quería, pero también supo que ésta tenía el corazón tan roto, que no sabía si alguna vez podría ser reparado.
Con todo el miedo que le daba por Henry ¿estaría ella misma dispuesta a curarlo? Buscó la respuesta en su interior y enseguida la obtuvo.
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