Lamentablemente, la mayoría de los personajes no me pertenecen. Solo la historia y Johann me pertenecen.

Epilogo.

No sé de dónde sacan energías los niños para pasar todo el día saltando de un lado a otro, gritando y haciendo travesuras. Que yo recuerde, yo no era así. Tal vez un poco.

Llevaba todo el día siguiéndolo por el zoológico, me dolía la rodilla y estaba cansado. Pero todo sea por el pequeño bandido que tenía delante.

— ¡papi, mira! ¡Es enorme! —exclamó Johann señalando la jirafa que estaba frente a nosotros.

—Si —le sonreí observándola.

Estar en el Lincoln Park Zoo me traía gratos recuerdos de mi infancia. Me la pasaba metido aquí en vacaciones y mi nana siempre me preguntaba cuando me aburriría. Era mi lugar favorito en todo Chicago. Y lo seguía siendo.

Siempre que venía me llevaba un animal de felpa, tenía prácticamente todo el zoológico en estos. Como siempre mi madre se encargó de amargar mi vida y en ese entonces botó todos y cada uno de mis peluches.

— ¿puedo tocarla?

— ¿ves que este en la granja de contacto? —pregunté como respuesta.

—no…

—Entonces no puedes —le sonreí.

Johann soltó un quejido de disgusto y se cruzó de brazos enfurruñado, lo cual no fue por mucho tiempo ya que el cuidador de la jirafa apareció con un balde lleno de zanahorias diciendo que los niños podían dárselas. ¿Qué hizo el maduro de mi hijo? Me sacó la lengua y corrió hacia el cuidador. Si fuera hijo mío no se pareciera tanto, creo recordar varias oportunidades que le hice así a Sonia cuando yo salía ganando.

—tendrás que decirle a tu padre que te suba a sus hombros. Eres muy pequeño para alimentar a la jirafa —escuché al cuidador decirle a Johann.

Me acerqué bajo la triste mirada de Johann, quien me miraba como cachorro bajo la lluvia. Esa carita no era para convencerme de subirse a mis hombros, esa carita era porque sabía que me dolía la maldita rodilla y no podría subirlo. O eso creía él.

—Ven aquí, enano —le dije extendiéndole mi mano derecha. Con tristeza la tomó y se acercó a mí.

Soltó un gritito de sorpresa cuando lo alcé con ambas manos para llevarlo a mis hombros. Trastabillé un poco pero Bella me sostuvo por la cintura para estabilizarme.

—Gracias —le dice dándole un beso en la mejilla.

El cuidador le tendió una zanahoria a Johann y él, emocionado, se la tendió a la jirafa quien la envolvió con la lengua y la llevó al interior de su boca.

Johann rió nervioso cuando la jirafa le tocó los dedos con los labios.

—ya, papi. Bájame —pidió.

— ¿estás seguro?

—mmm… si…

— ¿le podría dar otra zanahoria a mi hijo, por favor? —le pregunté al cuidador, amablemente asintió y le entregó dos más a Johann.

— ¿estás bien? —me susurró Bella al oído.

—podría estar mejor, pero sí —le contesté.

Cuando bajé a Johann de mi hombro, él insistió en ir a sentarnos un rato.

Una vez sentados, insistió en comprar con su mamá algo de tomar mientras yo los esperaba sentado, podía verlo vigilándome mientras esperaban a ser atendidos en el kiosco.

Sí, cuando esté anciano, Johann seguía cuidándome así, trataría lo más posible de no incordiarle la vida y ser un manso corderito.

Siempre estaba pendiente de si me dolía la rodilla o si me sentía mal. Hacia un mes me había dado un cólico terrible y le dio un susto a mi padre cuando lo llamó hecho un mar de lágrimas diciendo que me estaba muriendo. Culpo de eso al maldito gato que se murió de un ataque justamente cuando lo traía de la escuela. Me imagino que me retorcía igual que el endemoniado gato y por eso pensó que me iba a morir.

Y si se preguntan dónde estaba Bella ese día. Pues, ella estaba con las chicas, celebrando que, por fin, Emmett le había pedido matrimonio a Rosalie.

Johann de por si era atento a nosotros y desde ese día era, hasta cierto punto, insoportable.

¡Y con solo 5 años!

—papi, aquí está tu agua —dijo Johann subiéndose a mi pierna derecha.

—Gracias, hijo —dije besando su cabello—. ¿Vamos para al acuario ahora o estas cansado?

—Mmm… ¿no te duele mucho la rodilla?

—hijo, es tú día. Si quieres ir al acuario, vamos al acuario. De mamá es quien deberíamos preocuparnos pero le alquilamos una silla de ruedas para llevarla y todo resuelto —dije abrazándolo.

—me alquilas una silla de ruedas y te dejo como el otro día en la cocina de papá ¿recuerdas? —reclamó Bella alzando una ceja.

Me estremecí, como no acordarme. Fue el segundo dolor más horrible que he tenido en la vida. El primero se lo ganó el maldito cólico.

— ¿Cómo dejaste a papi el otro día, mami?

Bella se ruborizo por la pregunta. Y fui yo quien se encargó de ponerla más en ridículo contándole a Johann lo que había hecho su madre.

— ¡mami! ¡Eso no se hace! —Chilló Johann—. ¿Y si me dejabas sin hermanitos?

— ¡Johann! —exclamé por lo sutil que había sido el niño y él optó por llevarse las manos a la boca entre sorprendido por sus propias palabras y divertido.

Y sí, a su muy temprana edad tuvimos que explicarle de donde venían los bebés. No nos creyó ninguna de las sutiles formas que utilizamos y no nos dejó tranquilos hasta que le dijimos (a groso modo) sobre el origen de los bebes.

¡El bandido hizo sonrojar a Esme cuando le dijo que no quería excusas sobre cigüeñas, abejitas y todo eso!

A cada uno nos toco nuestro pedacito de vergüenza.

Me dolía la rodilla… apenas podía afincar la pierna.

— ¿estás bien? —me susurró Bella a mi lado mientras Johann iba delante de nosotros observando todo a su alrededor.

—si… solo que ha sido un duro día ¿y tú? ¿No estás cansada? —le pregunté acariciando su vientre de cuatro meses y medio.

—Estoy bien —me sonrió—, y tu pequeña está más que feliz. Al parecer tendremos otra adoradora de los animales.

Me reí con ella y le di un beso en la mejilla antes de prestarle atención a nuestro hijo.

Caminamos tranquilamente por el acuario observando los peces.

Decir que Johann estaba contento era poco. Estaba eufórico, extasiado.

Esta noche no me dejaría dormir, estaba seguro que hablaría hasta quedarse afónico y aun así seguiría.

El teléfono de Bella sonó con el tono Psicosis, haciendo que ambos rodáramos los ojos pero por situaciones diferentes.

—otra vez cambiaste el tono de llamada de Jacob —me reclamó—. Entiendo que lo odies, yo tampoco lo quiero pero no tienes permitido tomar mi teléfono y ponerle esos tonos de películas de terror para cuando él llama.

Después de la breve reprimenda contestó el teléfono con los labios fruncidos.

Jacob había sido un verdadero dolor de cabeza. Bella tenía que pelear la manutención de Johann cada mes. Pero el muy imbécil criticaba todo lo que Bella hacia por el niño. "esa escuela no es adecuada para él", "está muy delgado", "que no puedes comprarle ropa, parece un mendigo".

Exigía sus horas de visita y los días que podía pasar con él. Pero cuando lo tenía no hacía más que tratarlo con desinterés.

Más de una vez tuve que arrullar a Johann y secar sus lágrimas. Y más de una vez le dejé un ojo morado al perro ese.

A pesar de su corta edad, Johann entendía que su padre no lo quería y ya comenzaba a hacerse inmune a sus desplantes.

A pesar de su corta edad, Johann sabía que su madre lo amaba y puedo decir que incluso más que a mí, lo cual no me molestaba. ¿Cómo? Si yo lo amaba más que a Bella.

Ese pequeño era nuestro mundo y ahora tendría una hermanita que lo adoraría, como también la íbamos a adorar a ella.

Johann me llamaba "papi" o "papá" la mayoría de las veces y "padrino" o "Edward" cuando estaba molesto conmigo. Y cada vez que me llamaba "papi" mi pecho se hinchaba de orgullo.

—Hola —escuché la voz de mi pequeño, tenía el teléfono de Bella pegado al oído y el ceño fruncido—. Gracias. Sí, estamos en el acuario y también fuimos al zoológico —hizo una pausa mientras escuchaba—. Sí, papi me lo dio antes de salir de casa del abuelo Eddie. Si, si me gusto. Es solo que… es idéntico al que me regalaste en navidad… —dijo con voz queda—. Mami me regaló un libro y papi el juego que quería, además me dijo que iríamos a donde quisiera —hizo otra pausa—. ¿No podemos ir a otro lugar? no me gustan los payasos y tampoco la comida de caza —su frente se arrugó, y yo que creía que sería imposible—. Por favor… —rogó haciendo un puchero. Su miraba se posó en la mía con esa carita de cachorrito bajo la lluvia—. Papi, habla con él y dile que no me gusta el restaurante donde me quiere llevar…

¡Dios! Johann estaba a punto de llorar ¡y en su cumpleaños!

—Perro —gruñí a modo de amable saludo.

—Cojo —me responde el muy maldito.

—al menos con operación y terapia me recupero. Tú, en cambio, ni lavándote el cerebro —le respondí—. Ahora, ¿es que no puedes entender que a Johann no le gusta ese restaurante de mala muerte donde lo llevas? Le tiene miedo a esos horrorosos payasos que tienen allí y la última vez que lo llevaste allí amaneció con una infección estomacal que lo tuvo vomitando todo el día, pero puede que no lo recuerdes porque ni te apareciste si quiera para saber cómo estaba, ni siquiera respondiste el mensaje que Bella te escribió diciendo que tuvimos que llevarlo al hospital.

—pues eso es lo que puedo pagar dado que casi todo mi sueldo se va en engordar tu billetera.

—te puedo hacer un trabajo detallado de lo que entra en la cuenta de Johann y lo que sale, con facturas y todo, para que veas que ese dinero se toca solo para algo de Johann. Además, no necesito tu dinero le he dicho a Bella montones de veces que no necesitamos nada tuyo pero la abogada insiste en que debes contribuir con el niño —dije molesto.

—dile al mocoso que pasaré buscándolo el sábado temprano.

—pues tendrás que esperar porque estaremos aquí dos semanas más —me alejé de Bella y Johann—. Mira Jacob, ambos sabemos que no quieres a Johann, incluso el niño lo sabe. Todo esto lo haces para molestar a Bella y porque tu padre si quiere al niño, por eso es que lo buscas, porque tu padre te obliga.

—claro que no me quiere, al mocoso le gustan las cosas caras que ustedes le dan. Si yo le doy algo lo desprecia porque no vale cientos de dólares.

—no seas estúpido, Jacob. Johann aprecia todo lo que se le regala pero también tiene un límite. ¿Cómo es posible que le des un regalo tan espantoso y que para colmo le des uno idéntico para su cumpleaños? En ningún momento te dijo que no le gustaba, Johann es tan bueno que te dijo que le gustaba incluso cuando les tiene pánico a los payasos —estaba tan molesto. Ese maldito zoquete no hacía más que arruinarle el día a mi hijo—. Hazle el favor, Jacob, de prestarle un poco de atención, que es lo único que él pide. ¿Crees que es bonito que tu padre te ignore? ¿Crees que será fácil resarcirte de tu error cuando él esté grande y no quiera saber nada de ti?

—lo que haga con mi hijo no es tu problema.

—claro que sí es mi problema porque aunque no sea de sangre también es mi hijo —exclamé—. Mira Jacob si lo que te duele es gastar tu mísero dinero, mañana te transferiré para que lleves a Johann a donde quiera y te quedas con el sobrante. No voy a permitir que Johann vuelva a enfermar porque lo lleves a ese antro de mala muerte.

—Yo no necesito tus limosnas —y sin más me cortó.

Expulsé todo el aire de mis pulmones y me dirigí a donde Bella y Johann me esperaban.

— ¿Por qué esa cara, hijo? —le pregunté alborotando sus cabellos castaños.

—Jake no me va a llevar a ese horrible lugar a comer ¿verdad?

—no, no lo hará. Y si lo hace le patearé el trasero —le guiñé un ojo a lo que él soltó una risita.

Seguimos recorriendo el acuario, viendo los peces y riéndonos con las ocurrencias de Johann quien estaba en plan de imitar a los peces que veía. Algo me decía que tendríamos un maratón de películas de animales donde las más relevantes serian "Buscando a Nemo" y "Madagascar" esta noche.

Me encantaba verlo fascinado por las exhibiciones, como se le iluminaban los ojos cuando veía algún pez que reconocía.

— ¡papi, mira cuantos Nemos! —exclamó—. Los de este lado se llaman Marlin Jr. Y los de aquel lado, Coral Jr.

Sí, se sabe la película de memoria. Por consiguiente, yo también.

De los peces pasamos los mamíferos marinos, mis favoritos eran las orcas y las focas. Pero a Johann le llamaron la atención los pingüinos.

—ellos son las únicas aves que no vuelan ¿lo sabías? —le pregunté observando a los pingüinos andar.

—Papi, los avestruces y los kiwis tampoco vuelan —dijo Johann rodando los ojos.

— ¿de verdad? —me hice el sorprendido—. Espera, ¿kiwi no es la fruta que mamá te da de desayuno?

Johann y Bella rieron divertidos.

Saliendo del Lincoln Park, Johann nos arrastró hasta la tienda de souvenirs para que le compráramos un (sí, claro) recuerdo de su visita al zoo y el acuario.

No puedo decir si mi hijo estuvo más emocionado por lo que vio en el zoológico y acuario o por todo lo que había en la tienda.

Johann corría de un lugar a otro tomando muñecos de felpa y soltando el anterior. Cada vez que veía uno que le sorprendía chillaba y nos llamaba para que lo viéramos.

La dependiente nos miraba divertida mientras seguíamos a Johann por todo el local.

A la hora de pagar Bella abrió exageradamente los ojos al ver el monto y Johann me miró avergonzado.

—papi, te juro que no voy a pedirte más juguetes hasta navidad —murmuró.

—es tu cumpleaños, campeón. No te preocupes por eso —le sonreí antes de pasarle la tarjeta de crédito a la dependiente.

Sabía que no iba a pedirme juguetes por un tiempo. Era igual que su madre.

Después de pagar nos dirigimos al apartamento de mi padre donde nos esperaba una fiesta sorpresa. Si no fuera por Johann, me hubiera ido a la cama de una vez. Estaba cansado y la rodilla me dolía a horrores.

Según mi tío podían operarme la rodilla para reparar el daño. Pero desde el pequeño accidente con la asistente de mi madre le había agarrado un poco de aversión a las anestesias. No era lo mismo pero no quería arriesgarme.

Bajé todas las bolsas de peluches y aunque Johann me pidió algunas para ayudarme, me negué asegurándole que estaba bien y que podía con todo.

Tomamos el ascensor y una vez en el piso la puerta se abrió para mostrarnos una imagen muy peculiar.

Mis tíos, mis primos y mi padre tenían orejas de animales, al igual que lo niños de los vecinos que habíamos invitado.

El apartamento parecía una jungla, llena de plantas de plástico y naturales. Habían movido el termostato para que estuviera cálido e incluso el ambiente estaba húmedo. También escuchaba al maldito perico chillando por algún lado de la estancia.

— ¡sorpresa! —exclamaron todos.

La reacción de Johann fue digna de grabar, abrió los ojos a más no poder para luego gritar de emoción y abrazar a mi padre.

— ¡gracias! —dijo emocionado mientras iba a abrazar mis tíos.

Tía Esme le colocó unas orejas de león y su gorrito de cumpleañero. Decir que estaba emocionado era poco.

Cuando se fue con los vecinos a jugar mis tíos y mi padre se acercaron a nosotros.

—largo día ¿no? —comentó mi padre con una sonrisa.

—Larguísima —exclamó Bella.

— ¿Por qué no vas a descansar un rato? —Le pregunté apretando su mano—. No te preocupes por nada. Todo está resuelto y prometo llamarte para los juegos y la torta.

—pero…

—Cariño, es mejor que descanses un rato, por el bebé —dijo mi tío poniendo una mano en el vientre de mi esposa.

—Está bien —soltó resignada—. Tú también deberías venir —agregó viéndome.

—Nah… estoy bien —le sonreí—. Ve a descansar.

Después de darle un beso en la frente, Bella se dirigió hacia nuestra habitación.

Mis primos me dieron un coctel y todos nos fuimos a sentar en los muebles de la sala. Alice no paraba de tomar fotos, creo que se estaba tomando su carrera de fotógrafo muy enserio.

—No sabes lo que nos costó armar todo esto —dijo Emmett alzando las manos para abarcarlo todo.

— ¡sí! No sabes lo difícil que fue mover a Emmett para que nos viniera a ayudar, él creía que con la jungla se acomodaría sola —protestó Alice—. Estoy exhausta, pero valió la pena.

—gracias por todo su trabajo, chicos. Trabajaron mucho —les sonreí.

—bueno, todo sea por Johann ¿no? —sonrió Rosalie.

Seguimos charlando y riendo de las anécdotas que contaban. Debido a que estaban en la universidad no podíamos vernos mucho pero la fiesta de Johann y navidad eran fechas que no se eludían y todos nos reuníamos donde fuera que Bella, Johann y yo nos encontráramos.

Habíamos comprado un pequeño apartamento para los tres, en Seattle, cerca de la universidad. Estábamos planeando mudarnos a otro para cuando Bella diera a luz, ya habíamos hecho el negocio y estábamos esperando que las habitaciones estuvieran listas para mudarnos.

Mi padre nos había ayudado a pagar el nuevo apartamento y una vez que vendiéramos el nuestro le pagaríamos. No queríamos pero había tenido un gran problema con las flores de la tienda y mientras solucionaba mi padre decidió ayudarme.

Cuando no estábamos en Seattle, podíamos estar bien sea en Forks o en Chicago. Las visitas a Chicago eran más por trabajo que por esparcimiento, ya que por lo general estaba allí asistiendo a las reuniones legales de la empresa de mi padre donde hacía practicas de las cuales hacía informes y los entregaba para créditos extra. Mi padre se burlaba diciendo nunca me había visto estudiando tanto.

Además a veces surgían problemas en las floristerías que necesitaban de mi asistencia. Tenía encargados sensacionales pero no todo podían resolverlo ellos.

Más tarde, Bella apareció bañada y vestida con ropa cómoda, lista para ayudar a Esme con los niños y mandarme a que tomara un baño.

— ¡ay, primo! ¡Eres un sometido! —Se burló Emmett—. Te dejas mandar por tu mujercita que no te llega a la barbilla.

—amor, no hables mucho que no hay mas sometido que tú —le sonrió Rosalie con maldad.

Me reí de él y me dirigí al baño cojeando. Estar sentado en el sofá solo me había engarrotado la rodilla izquierda haciendo que me doliera aun más de lo que ya me dolía.

Después de una ducha, me vestí con algo cómodo y salí para reunirme con mi esposa, quien les llevaba refrescos a los niños, le ayudé y una vez listos nos sentamos en un sofá.

Johann se arrojó sobre mí con fuerza y comenzó a hacerme cosquillas. Era muy normal en él estas muestras de cariño, cualquiera que nos viera diría que nos estábamos peleando pero solo era un juego. Logré tomarle las manos con una de las mías y con la otra comencé mi contraataque con mas cosquillas.

— ¡no! —río mientras pataleaba—. ¡Me rindo! ¡Me rindo!

—no te escuché, hijo ¿Qué dijiste?

— ¡no más, papi! ¡No más! —gritó entre risas.

¿Cómo se acaba una batalla de cosquillas como esta? Fácil. Johann me dio un puntapié en la rodilla que me hizo ver estrellas.

Olviden el maldito cólico, los golpes en la rodilla eran el dolor más fuerte que había recibido en mi vida.

— ¡papi! Perdón, no quise golpearte. Lo siento —lloriqueo Johann.

—Está bien, hijo. No es nada —dije con una sonrisa forzada—. Ve a jugar con tus amigos, de verdad, no es nada.

—Mmm... Está bien —digo con un puchero y salió corriendo hacia sus amigos.

Me dejé caer de lado en el sofá con un quejido.

— ¿alguien puede ser tal amable de traerme un analgésico fuerte? Siento como si me hubiera partido un hueso.

—no puedes tomar analgésicos habiendo bebido alcohol —dijo mi tío apenado.

—Mátenme —lloriqueé. Sentía una terrible punzada en la rodilla.

—sigue bebiendo, así se te olvida el dolor —rió mi padre.

El alcohol no quitaba o disminuía el dolor, pero por lo menos me distraía del dolor de la rodilla.

Después que los niños se fueran y Johann se fuera a dormir, nosotros nos quedamos hablando (y bebiendo) un rato más.

Bella comenzó a acariciar mi cabello, la suave caricia estaba haciendo que me quedara dormido.

—amor, vamos a dormir —me susurró Bella.

—mmm... —gruñí—. Aquí estoy bien.

—no, aquí no estás bien. Estás incomodo y más tarde parecerás un viejo gruñón con problemas de artritis —dijo Bella halándome de un brazo.

—no... Déjame aquí.

Mis amigos estaban igual que yo. Tirados en los sofás vueltos nada y casi dormidos.

Como no íbamos a estar así si nos habíamos bebido todas las botellas que había en el apartamento. Si no me daba un coma etílico ahora no me daría nunca.

—vamos, hijo.

— ¡no...! —exclamé metiéndome mas en el sofá.

Al final, me llevaron a rastras hasta mi habitación. Estaba realmente ebrio, más ebrio de lo que nunca en mi vida había estado.

—Buenas noches, mi amado borrachito —escuché que dijo Bella antes de sumirme en la inconsciencia.

La resaca fue terrible, y el dolor en la rodilla aun más pero nada de eso importaba, solo importaba que mi hijo estuviera feliz.

¡Hola! ¿Cómo están?

¿Qué les puedo decir? Llegamos al final de esta historia.

Espero que les haya gustado el capitulo y la historia como tal.

Amé a este Edward tanto como amé al de Detalles Ignorados y que se acabe me genera sentimientos encontrados.

Quiero agradecer a cada todos por sus comentarios tanto aquí como en Facebook.

También quiero agradecer a mi mejor amiga Babi Cullen, quien a pesar de estar tan lejos, siempre está al alcance de un mensaje.

Recuerden, que estaremos en contacto por mi grupo en Facebook: fanfics jnnfmrz.

Y comenzaré a escribir el outtake, así que pronto estaré de regreso.

Saludos.

Jnnfmrz