Traducción de la historia 'The secret's in the telling'

De Sakuri

Por supuesto, los personajes, etc, etc, etc no son míos, sino de JKRowling

Capítulo 26: Nuevas perspectivas

Draco intentó cancelar la reunión del ED, cuando notó que su Galleon brillaba, sobre la repisa de la chimenea. Pero, entonces; Potter tuvo que presentarse y lanzarle esa mirada –confundida, implorante, decepcionada-, y sintió que cedía, obligado a obedecer de la misma manera trastornante que ya empezaba a reconocer.

Por eso, otra vez, se hallaba parado y refunfuñando frente a una audiencia para nada impresionada, mientras Potter parloteaba sobre algún hechizo. Draco decidió que no sabía por qué él era necesario allí, excepto para que Potter se hiciera ver y fanfarroneara. Bien podía imaginarse que el Gryffindor supiera perfectamente lo que le hacía y lo usara para sacar ventaja. Honestamente, le sorprendía que hubiese lugar para los demás en esta habitación, con el enorme ego del idiota tomando todo el espacio...

Pero, suspiró y negó con la cabeza para sí mismo. Sin importar lo frustrado que se sintiera, el sentido común le decía que era demasiado poco característico de Potter, eso de sacar ventaja de alguien de esa manera.

Aún así, le dolía. ¿¡Había alguien que no tuviera algún tipo de poder sobre él, en este momento?

-¿Draco?

Se sobresaltó, dándose cuenta -con un leve sentimiento de vergüenza- que el Gryffindor había estado tratando, en vano, de llamar su atención por algún tiempo; y ahora lo miraba con las cejas levantadas.

-¿Qué?- Espetó, ignorando su lapsus.

Potter parpadeó, pero no hizo ningún comentario sobre su respuesta hostil. Se acercó, para conservar la privacidad. Draco vió que el Griffindor ya había asignado las tareas al resto del ED.

-¿Te pasa algo?

El Slytherin hizo una mueca desdeñosa. -¡Ay, perdón! ¿No estoy mostrando mi brillante entusiasmo por estar aquí? ¿O es que, por una vez, te sorprende que no esté abanicándome después de cada una de tus jodidas palabras?

Los ojos verdes se enfriaron con rapidez. -Bueno, es verdad que estás comportándote como un completo idiota. ¡Mas que de costumbre!

-Ah, vete a la mierda. ¿Qué mierda se supone que debería estar haciendo para que terminemos con esto?

-¿Fue algo que yo hice?- Demandó Potter. Y aunque sonó enojado, como Draco no lo había oído nunca, mantuvo la voz baja, siseante, tratando de que, la temporariamente distraída audiencia, no los oyera.

Abrió la boca con media docena de réplicas arteras en la punta de la lengua, pero se obligó a callarse y a cerrar los ojos. En su cabeza, el Slytherin contó silenciosamente hasta diez, haciendo un esfuerzo por controlar su temperamento (algo raro en él). Cuando alcanzó un estado similar a la calma, se encontró con esa mirada verde. -Después de que terminemos aquí, necesito hablar contigo-. Las palabras amenazaron con ahogarlo, con inundarlo y disgregarlo en la nada, pero él no las dejó.

El enojo del Gryffindor se extinguió. Frunció el ceño, perplejo. No, Draco se dio cuenta, exasperado, de que el ceño fruncido mostraba preocupación. Él no quería ni preocupación ni lástima, pero eso sólo iba a aumentar, indudablemente, cuando Potter escuchara lo que tenía que decirle. Pero eso podía esperar...

-¿Hay alguna razón por la que yo estoy aquí, o es que sólo quieres tener a alguien con quien hablar?- Draco arrastró las palabras, señalando el final de la irritante conversación; al menos por ahora.

Harry suspiró, visiblemente inseguro; negó con la cabeza y pareció ceder, señalando vagamente a los otros ocupantes de la habitación.

-Haz lo que haces siempre: que se caguen en la patas de miedo...(1)

Hermione miró a su alrededor y encontró cerca a Luna. Sonrió y caminó hacia ella, eligiéndola como una compañera aceptable, en ausencia de Ron. Antes de que pudiera decir nada, alguien se cruzó en su camino. Ella no había hablado mucho con Cho -como amiga-, y le sorprendió levemente que la chica mayor se acercara más y le preguntara con su agradable acento norteño. -¿Puedo hablarte?-. Sin decir más, la buscadora de Ravenclaw giró, con un movimiento de su largo cabello oscuro, llamándola con urgencia por sobre el hombro. Hermione la siguió de mala gana, hasta el límite de la sala, fuera del alcance de los oídos de los demás. Cho se volvió hacia ella con los ojos oscuros agrandados por la preocupación.

-¿Qué pasa?- Preguntó la Gryffindor, frunciendo el ceño con ansiedad.

-Yo...yo no estoy segura… Bueno, pensé que nadie me creería ...verás…- Comenzó Cho, mirando a un lado y evitando los ojos de Hermione. -Pero ahora, con él aquí, todo el tiempo y Harry confiando en él

-¿Qué nadie creería qué?- Hermione casi no podía mantener la impaciencia fuera de su voz, pero la chica de Ravenclaw no pareció notarlo.

-Fue durante el partido de quiddich, cuando perdí la snitch. Me pasó porque vi algo, y creo...pienso

La Gryffindor se quedó helada, dándose cuenta, demasiado tarde para detener a Cho para que no diga lo que dijo a continuación.

-Creo que le pasa algo malo a Malfoy-. Se dio vuelta y lanzó una mirada furtiva al Slytherin en cuestión, que en ese momento estaba, a su vez, lanzándole una mirada furiosa con ojos entrecerrados a la espalda de Harry. -Algo provocado por...magia peligrosa-. Continuó Cho, inconsciente de la expresión de pánico de la otra chica. -Cuando se enojó conmigo, en el partido, fue… horrible. ¡Sus ojos…!

Hermione extendió la mano y le tomó una muñeca, con más fuerza de la que pretendía. -¿Has hablado de esto con alguien más?

Cho negó con la cabeza, intentando liberarse y fallando. -N-no. Como te dije, pensé que nadie me creería. Pero no pude quedarme sin hacer nada, no cuando podría lastimar Harry. Por eso te busqué a ti. Tú...tú sabes que no estoy mintiendo, ¿no?

La Gryffindor se obligó a asentir. -Muy bien. Yo...voy a...hablar con Harry. Por favor, escúchame, no digas nada a nadie más. Si Malfoy escucha que sabemos algo…

Cho asintió rápidamente, luciendo aliviada porque la responsabilidad estaba ahora sobre otros hombros.

Hermione sintió que la burbuja de temor que se había estado inflando en su interior, finalmente explotaba: era inevitable la controntación con Harry y Malfoy, tendría que hablar con ambos sobre lo que había visto la noche de luna llena; mucho antes de lo que hubiese querido.

La clase terminó y la sala se vació. Hermione se preparó para lo que vendría. Harry y Malfoy, una vez más, se habían quedado atrás para discutir lo que sea que discutieran estos días, y aún no la habían visto. La discusión pareció llegar a su fín, y ninguno lucía contento, exactamente. Draco hablaba lentamente, con la mirada severa cuando captó el movimiento por el rabillo del ojo.

-¿Qué es lo que quieres, Granger?- Espetó, malhumorado, al verla. -¿No puedes enfrentar sola el largo y difícil camino de vuelta a la torre de Gryffindor?

Tal vez porque él raramente le prestaba atención a la bruja, excepto para pelear con ella, Draco falló en notar la ansiedad que exudaba. Sin embargo, Harry lo vio; y casi instantáneamente, con una sensación inexplicablemente intuitiva, vio la culpa, los nervios y la mirada reveladora que la bruja le lanzó al Slytherin. El estómago se le tornó helado. -¿Qué es lo que hiciste?

Eso fue lo único necesario para que ella perdiera la poca compostura que le quedaba. -¡Harry, lo siento! No creí…¡Bueno, no sabía qué pensar! Y cuando tú te escapabas de mi, de esa manera...

Harry se halló parándose delante del confundido rubio, sin molestarse en ocultar la ansiedad creciente que, él sabía, en cualquier momento podía convertirse en ira.

Ella continuó, con su voz cada vez más rápida y nerviosa. –Y justo, tú habías dejado tu capa allí... Yo te conozco, sé que hubieras hecho lo mismo... aunque no lo estoy usando como excusa... Entonces, yo…yo te seguí…

-Ay, Dios...- Ese fue Draco, con voz débil y temerosa, mientras lentamente cerraba los ojos y apoyaba la espalda contra la pared.

Harry sólo la miraba fijamente.

-¡Lo siento!- Dijo, nuevamente, conmovida. –Yo ví...bueno, supongo que ya sabes lo que ví...pero no he dicho ni una palabra...Pero, ahora...hay más...

-¡¿Qué más podría haber?- Demandó Harry, incrédulo. ¿Cómo pudo?, Harry quería gritarle, pero las palabras no le parecían suficientes.

Hermione negó con la cabeza, impotente.-Cho sabe que pasa algo.

A Harry se le ocurrió preguntar cómo ella podría saber algo si nadie había dicho nada...pero, por supuesto...Dumbledore les había advertido, ¿O no? Todo el secreto del mundo no protegería a Draco si él no era cuidadoso. –El partido...

La bruja asintió y ambos miraron al Slytherin, para observar su reacción.

Por un rato, un largo rato, Draco la miró fijo, mientras ella se mordía el labio, nerviosa. ¿Cómo podía saber algo? ¿Cómo pudo Chang…?

¡¿Cómo pudo ser tan estúpido?

Esto era…literalmente…demasiado grande hasta para pensarlo. Él sabía, sabía, que muy pronto, las consecuencias de lo que Granger estaba diciendo, le golpearían entre los ojos y lo más probable es que él quede destruído. Muy pronto, las consecuencias de su propio descuido volverían a tomarse venganza. Pero, en este momento, le parecían imposibles de vislumbrar. No, dijo su mente, simplemente. No había –no podía haber-, dos personas en las que él no confiaba, que poseyeran su secreto, su reputación, su vida. No era posible; ya era bastante malo que lo hicieran Dumbledore, Lupin, Potter –y hasta Severus, hasta cierto punto–, pero no Granger. No la jodida sangre sucia.

¡Tampoco la ex de Potter! No, eso era demasiado amargo, demasiado doloroso como para, siquiera, pensarlo.

La solidez de la pared contra su espalda le ofreció un mínimo consuelo, porque sus pensamientos se tornaron caóticos y se deslizó, hasta sentarse, mareado y distante, con una mano enredada en el cabello y la otra apoyada contra el frío piso embaldosado, buscando estabilidad.

-Draco…- Un segundo después, Harry estaba arrodillado a su lado, sin tener idea de qué era lo que hacía, sólo actuaba por instinto. El rubio reaccionó violentamente cuando le tocó el hombro y se rehusó a levantar la cabeza. -Vamos, nosotros...nosotros arreglaremos esto, vamos, levántate...

-¡No te atrevas a decir ni una palabra más, Potter!- Su voz sonó espantosa, hasta para sus propios oídos; ronca, chillona, quebrada. Aún así, no levantó la vista, pareció retraerse más en su pequeño y defensivo montoncito. -¡Cállate, cállate! ¡Si me dices que haga una sola cosa más…!

-No voy a...–

-¡Vete a la mierda!- Maldijo; pero una pequeñísima vocecita le decía que éste era Harry, él era la persona que corría con él durante las noches de luna llena; el que sólo un momento atrás lo había llamado por su nombre como si fuese la cosa más natural. Era Harry, arrodillado, intentando ayudarlo. Pero, nada de eso le importó y lo empujó, gruñendo furioso. El Gryffindor, con la guardia baja, cayó hacia atrás, sobre su trasero. Los ojos verdes parpadearon asombrados y Granger lanzó un gritito y se cubrió la boca con la mano, patéticamente.

Draco sintió que el lobo se levantaba en su interior, y lo dejó, mostrando los colmillos. -¿Al menos, sabes lo que estás haciendo, Potter? Juro por Merlin que si lo sabes...- Sacudió la cabeza en una advertencia muda.

-¿Qué?

-Cada vez que me dices que haga algo...¡ joder, yo tengo que hacerlo!- Admitirlo lo dejó jadeando; desvió la mirada hacia sus propias manos pálidas que asían con fuerza la tela de sus pantalones.

El otro chico pareció congelarse lentamente, a medida que su enojo menguaba. -¿De qué estás hablando?

Draco hizo una mueca de desdén, pero sólo fue una fachada, sin verdadera malicia, todos lo entendieron así. -El hechizo de Dumbledore-. Espetó, eventualmente, lleno de amargura. -Es como un jodido Imperius o algo así. Sólo...sólo cállate.

El proceso de pensamiento de Potter se mostró claramente en la cara; en cualquier otro momento, el Slytherin se hubiese burlado: vio su confusión, como una nube, mutando hacia negación; y luego, los cambios fueron más rápidos, una ira espeluznante, ultraje, su característico sentimiento de justicia, y finalmente, un extraño agotamiento que llevó a Draco a parpadear, alelado.

Se preguntó si el Gryffindor creía que mentía, o si simplemente estaba cansado de ser arrastrado en la órbita de los problemas que se centraban en él.

Hermione negó con la cabeza, llamando la atención sobre su persona, con el agudo movimiento. -Dumbledore… No, seguramente no..., él no lo haría...

-Lo hizo, Granger-. Draco trató de insertarle filo a su tono, pero le salió tan cansado y derrotado como la breve expresión del rostro de Potter. -Verás, no recuerdo haber hecho otro juramento, últimamente, que pueda convertirme en el jodido esclavo de Potter.

Ambos Gryffindor se tensaron ante la frase, la expresión resignada de Harry retrocedió y fue reemplazada por semejante brillo febril en los ojos verdes que el rubio se inclinó hacia atrás, apretándose lo más posible contra la porción de pared -la sintió sólida y segura-.

-Dra...Mal...- Harry se interrumpió, obviamente inseguro. -¿Por qué no me lo dijiste?- Replicó, eventualmente.

-Yo...yo me dí cuenta hace un par de días.

-¿Estás seguro?

Los ojos grises centellaron. -Sí-. Afirmó. -Hubo ciertas cosas que no hubiese hecho, ni hubiese querido hacer en circunstancias normales, pero como tú me dijiste que las haga...

Al parecer, el Gryffindor supo inmediatamente a qué se refería, a juzgar por el color que abruptamente le subió a las mejillas; pero junto a la vergüenza, apareció una mirada cargada de culpa que el Slytherin no esperaba. -¡Ay, Dios mío, Draco! Pensé...Jamás hubiese...si...-

-Sí, está bien-. Lo cortó el rubio, lanzando una mirada sugestiva en dirección a Hermione, cuya presencia parecía haber sido olvidada por su compañero de Gryffindor. -De verdad, olvídalo, Potter-. Suspiró, resistiéndose a la necesidad de volver a pasarse los dedos por el cabello, una costumbre de cuando se ponía nervioso y que nunca había podido dominar. -Ataquemos de a una, cada ridícula crisis...

Enderezándose -lo más posible, sentado en el suelo, manchado con el gris del miedo y la preocupació-, levantó la barbilla con todo el orgullo Malfoy que fue capaz de juntar y dijo, mirando directamente a Granger. -¿Y bueno, que quieres para quedarte callada sobre...-Hizo un gesto vago, abarcativo, -...todo esto?

Por un rato, ella lo miró fijo, incrédula. El estómago de Draco se hundía mientras esperaba el sermón inevitable sobre que era demasiado poco ético dejar que un hombre lobo sin registrar anduviese vagando por el castillo, y sobre la obligación de honor que ella tenía de reportarlo. Ja, tendría que dejarla ir a quejarse a Dumbledore, y que descubriera el desastre en el que se había metido sola, porque él ya sabía la verdad...

-¡Ahh, no seas tan melodramático!- Lo regañó, exasperada y poniendo los ojos en blanco; recobrando algo de su usual carácter cuando trataba con él.

Draco frunció el ceño, sin comprender.

-Lo he sabido desde hace días, ¿o no?- Siguió Hermione. -Y ya te dije que no le he dicho nada a nadie.

-Sí, pero...

-Y no lo hará-. Interrumpió Harry. No había olvidado su enojo, pero ella era confiable. Más tarde discutirían, pero ahora, evidentemente no era el momento.

Draco no protestó cuando el Gryffindor se movió y se sentó a su lado y ambos se apoyaron contra la pared, mirando sin ver hacia adelante. Y la situación se tornó aún más extraña cuando Granger tomó su lugar junto a Harry, y los tres parecieron casi aliados -lo que era demasiado absurdo hasta para contemplarlo-, pero el Slytherin estaba demasiado cansado como para protestar, sólo se quedó allí, sentado placenteramente con la novedad de dejar que estos dos antiguos enemigos sistematizaran su actual estado de caos.

Harry asentía lentamente para sí mismo. -Muy bien. Entonces, supongo que tendré que acostumbrarme a preguntarte cosas, en vez de decirte nada ni remotamente parecido a una orden. Mmm, ¿está bien?

Draco suspiró suavemente y cerró los ojos. -Eso espero-. Respondió, sinceramente.

-Entonces, sólo nos resta Cho-. Murmuró Granger.

A su lado, el Slytherin casi pudo sentir cómo el aura de Harry se enfriaba. -No-. Respondió, en un tono apenas audible. -No sólo ella.

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No ayudó en nada a menguar la sensación de furia de Harry, cuando debió estar parado en la entrada de la gárgola, recitando cada uno de los nombres de dulces existentes bajo el sol durante, por lo menos, veinte minutos, antes de dar finalmente con la correcta contraseña y proceder a subir la escalera caracol como una tromba hacia la oficina del Director. Con cada paso, su humor se oscurecía más.

Se había convertido en algo verdaderamente frustrante, tratar de convencer al Slytherin de que hiciera algo, aunque se tratara de la tarea más usual y pequeña. Les había tomado una innecesaria cantidad de tiempo y esfuerzo, a él y a Hermione, persuadir a Draco de que regrese a sus habitaciones y los deje ocuparse de Cho. El hombre lobo parecía determinado a ir contra cualquier cosa que Harry dijera, aunque sólo fuera para probarse a sí mismo o a ellos, que podía hacerlo. Y ahora que Harry sabía sobre su propio indeseado poder sobre el otro, estaba decidido a no usarlo -aunque emplearlo les hubiese acortado la discusión unos quince minutos-.

A pesar de lo conveniente que pudiera ser la obediencia de Draco, Harry sabía que, de ahora en adelante, no podría pedírsela. Aunque intencionalemente no había hecho nada malo, se sentía sucio y cruel.

La advertencia cuidadosamente expresada por el Slytherin, aún resonaba horríblemente en su cabeza. Esa mañana...la mañana que habían despertado juntos -en una situación que Harry se había acostumbrado a vivir y que hasta ya no le parecía extraña-, aparentemente a Draco sí le había parecido rara...Draco, no había querido quedarse, pero Harry se lo había ordenado; por supuesto, tuvo que obedecerle...El recuerdo se había arruinado para Harry; y lo que había sido algo placentero, ahora estaba ensombrecido por la culpa y el disgusto...había sido placentero...consolador, diría, hasta un recuerdo atesorado, si era generoso. En su mente, el recuerdo del incidente había quedado registrado como un silencioso acuerdo, como una tregua, con la posibilidad de miles de cosas diferentes detrás.

Aparentemente, no había sido así.

No se molestó en golpear. Al entrar a la oficina, Dumbledore lo miró sorprendido, haciendo una pausa en su trabajo. -¿Harry? ¿Pasa algo, hijo mío?

-¿Cómo pudo hacerlo?- La acusación salió de él, mientras cruzaba a grandes trancos la habitación y se paraba delante del escritorio del Director, mirando furioso al anciano. Fawks lanzó un sonido nervioso y agudo y se movió en su poste.

Dumbledore apoyó la pluma lentamente y frunció el ceño, juntando sus cejas plateadas con preocupación. -Me temo que no tengo la menor idea de a qué te refieres, Harry.

Los ojos verdes centellaron, como un recordatorio de la ira demostrada en esa misma habitación al final del quinto año. -Su hechizo; el que usted puso en Draco para segurarse de que permanezca leal.

-¿Qué pasa con él?

Harry sacudió la cabeza, sorprendido. -¡Señor! ¿¡Cómo...? Usted no puede...¿¡Cómo puede hacerle eso a él!

-Tenía la impresión de que tú conocías los términos del acuerdo que tenemos el señor Malfoy y yo. Parecías aceptarlos, antes.

-¡Yo no me di cuenta de que eso significaba convertirlo en...en...¡No sabía que lo obligaba a hacer lo que fuera que yo le pidiera!

Repentinamente, Dumbledore lo miró con agudeza, y se puso rígido en su silla. -El acuerdo que hemos hecho no establece nada parecido, Harry. Yo simplemente le pedí que aceptara unas cuantas cosas, como ser parte del ED. ¿Realmente crees que yo pondría a un alumno bajo el completo control de otro?

El Gryffindor dudó, pero recordó su enojo. -Entonces, ¿por qué está sucediendo esto? ¡Yo ni me había dado cuenta, hasta que él me lo dijo, más temprano! ¿Qué hubiese pasado si no él no hubiese dicho nada y yo le pedía que hiciera algo estúpido?

El Director se levantó de su asiento, se apoyó en el escritorio y estiró una mano para aferrar el hombro del chico, con sorpresiva fuerza. -Te aseguro, una vez más, que lo que estás describiendo no tiene nada que ver con mi hechizo. No es la primera vez que he hecho un acuerdo de ese tipo, y no tuvo consecuencias como esa. Si el señor Malfoy sólo hubiese venido a preguntarme, se lo hubiese explicado...

-Él no confía en usted-. Respondió Harry, llanamente, luciendo bastante desconfiado él mismo. -¿Y si no fue usted, quién es el causante?

-Sólo puedo decir, honestamente, que no lo sé, hijo mío. Suena como una variación del Imperius. me pregunto si no será el resultado de otra maldición creativa de Lucius Malfoy…

-¿El papá de Draco? ¿Y por qué haría eso?

El Director siguió como si no hubiese oído, hablando para sí mismo, mientras retomaba su asiento y comenzaba a revolver los cajones del escritorio. -Tal vez como una manera de separar a su hijo de ti. Por supuesto, él sabe que Draco no querría permanecer con un individuo con semejante poder sobre él... O, aún más simple, ésta podría ser una manera de castigarlo...

Los ojos verdes se abrieron bien grandes, incrédulos. -¿No podría sólo guardarse su dinero?

-Ah, me imagino que todo acceso al dinero familiar ya le ha sido cortado. Lucius es un hombre duro que tenía planeada una vida para su hijo. Que ahora Draco vaya contra todo lo que su padre cree, es una cachetada para él-. Finalmente, sacó una carta arrugada del último cajón y la apoyó sobre el escritorio. -Unos meses atrás, Lucius escribió, informándole a Draco que iba a ser marcado. Eso fue lo que apuró nuestro acuerdo. He estado interceptando sus cartas desde entonces, y unas cuantas contenían hechizos de variada severidad-.

El Gryffindor negó, con incredulidad. -Cuando dijo...no creí...

-Comprende que sólo es una teoría. Me parece dudoso que Lucius Malfoy se las haya arreglado para pasarme a mi y a las barreras del colegio, pero es algo para pensar...Por supuesto, voy a investigar otras posibilidades. Harry…- Hizo una pausa y miró seriamente al chico. -Le prometí mi protección a Draco Malfoy, y hablé en serio.

Harry asintió, titubeante. Sí, podía creerlo. El problema es que ahora le quedaba una pregunta muy grande: ¿qué otra mierda podría estar causando la compulsión?

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(1) 'Cagarse en las patas' era una de las poquísimas expresiones groseras que usaba mi padre. ¡Iba justo! y me hizo reír, así que la usé, nomás.