DISCLAIMER: NARUTO Y SUS PERSONAJES © MASASHI KISHIMOTO
"Ventanas del alma" © SAKURA_TRC, 2013

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VENTANAS DEL ALMA
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Capítulo 26. 1ª Parte "HERMOSAS MUÑECAS"

Sakura entró sigilosamente al apartamento. Asegurándose que estuviera solo y rogando que Sasuke tardara en regresar del trabajo.

- Pareces una ladrona escabulléndote de ésta manera –la regañó Suki escondida a sus espaldas, como si alguien pudiera verla.

- Si algo te moleta, puedes irte Suki, no necesito tu ayuda para esto.

- No es eso, es que… ¿irnos sin decir nada?

- No hay nada que decir –sentenció Sakura recalcando su decisión con ambas manos cerradas en puño.

Suki negó con la cabeza y atravesó la puerta de la habitación. Sakura también entró, pero de la manera convencional. Miró el lugar y dejó salir todo su coraje en un resoplido.

- ¿No deberíamos esperar a que Sasuke regrese?

Sakura soltó un sonoro suspiro– Lo que menos quiero ahora es ver la cara de ese estúpido detective.

- Pero él se ha portado muy bien...

- ¡¿Bien?! ¡¿Viste lo que intentó hacerme?!

- Ese día fue un caos –Suki se paró frente a Sakura, analizándola, retándola con la mirada– ¿Dime que por un momento no pensaste en dejarlo continuar? ¿Mírame a los ojos y dime que no te sentiste viva aunque fuera por un segundo?

Sakura desvió la mirada hacia el suelo. Podía mentir y engañar a todos los demás, pero a Suki no. Suki podía leerla, ver a través de sus ojos y llegar hasta su alma. Para evitar el cuestionamiento, Sakura siguió sacando la ropa de los cajones y arrojándola a la maleta. Sin ocuparse de acomodarla, las prendas sólo eran arrojadas una tras otra.

- ¿Piensas quedarte? –preguntó Sakura echándose una mochila al hombro y jalando la maleta fuera de la habitación.

Suki soltó un suspiro, Sakura era demasiado testaruda y orgullosa. Jamás admitiría que sentía algo por Sasuke y de cierto modo cruel se alegraba por eso.

- ¿A dónde vamos a ir?

- A casa de la abuela.

- Pero ella dijo que te quedaras aquí, con Sasuke.

- Eso era antes de saber que el idiota ese era un pervertido.

- Eres una exagerada –gruñó Suki por lo bajo– ¿Cómo vamos a entrar?

Sakura sonrió triunfal– Siempre guardo una copia.

Con sus cosas empacadas y dejando atrás la vida que había iniciado, Sakura dejó todo para regresar a su vieja vida.

Una hora después, Sakura entraba por la puerta trasera a la vieja casona.

- Esto se ve un poco desolado sin la abuela y sin… nuestros amigos –acotó Suki viendo el patio llenó de hojas secas sin barrer y percibiendo el silencio que inundaba el lugar.

- Seguramente Emiko y los demás se fueron con la abuela a ver a Ebisoo-san.

- Mejor se hubieran quedado, además no había diferencia, Chiyo no los puede ver –Suki se sentía sola y quería conversar con alguien para que le diera un consejo sobre el comportamiento de Sakura.

- No seas tan quejumbrosa, ya estamos en casa que es lo importante –Sakura entró a la casa y echo un rápido vistazo. Adentro también era claro que nadie había estado ahí por varias semanas. Abrió la alacena y estaba vacía, solo unas cuantas latas de conservas, alimento que no le gustaba.

- Vamos a tener que ir al supermercado y abastecernos de comida –comentó Suki saliendo del frigorífico.

Sakura asintió con una mueca de cansancio. Con Sasuke siempre iban juntos y las compras no resultaban tan aburridas– Voy a dejar las maletas a mi cuarto y bajo en un momento –avisó la pelirrosa y se perdió por el pasillo.

Suki pudo notar que Sakura estaba ocultándole sus sentimientos. Nuevamente la chica volvía a estar sola y eso no era bueno para su autoestima. Se deprimía. Y lo que más temía Suki, era que Sakura se fuera a encerrar dentro de ella misma y no permitiría que nadie se acercara.

- ¿Qué voy a hacer? –se lamentó la fantasma mirando rumbo al pasillo.

Después de hacer las compras, Sakura se preparó para hacer el aseo. Había mucho polvo acumulado dentro de la casa y, fuera de ella, las hojas secas en el suelo formaban una alfombra que no permitía distinguir el pasto. Al pensar eso, Sakura se dio cuenta que el pasto seguramente estaría seco y marchito. Tendría que sacar la podadora y cortarlo, a ella le gustaba ver los jardines llenos de color y vida…

Vestida en pantaloncillos cortos de mezclilla y una playera de mangas cortas, se amarró el cabello, que ya le llegaba a los hombros y empezó su labor. Quitó todas las cortinas y las echó en la lavadora. Luego la ropa de su cama, sabanas, mantas y todo lo que la cubría; también las lavó y colgó al sol para guardarlas al anochecer. Continuó removiendo el polvo; paredes, muebles, ventanas, cualquier lugar en que se acumulara el polvo fue sacudido.

Rato después del anochecer, Sakura se tiró sobre el sofá. Sudando y agitada decidió tomar un respiro– Estoy muerta –expresó Sakura. Al ver la cara de Suki, la pelirrosa soltó una carcajada– Seguramente me veo como tú.

- Eso no es gracioso Sakura –regañó Suki cruzándose de brazos y con un puchero en el rostro– Te ves peor.

El contraataque de Suki provocó más risas en Sakura. Ambas chicas, se sentaron en el sofá, mirando al techo de la casa– Daría cualquier cosa porque todo regresara a ser como antes.

- ¿Cómo antes de que? –preguntó con malicia Suki, esperando que Sakura cayera en la trampa– ¿Antes de… Sasuke?

- No, antes de todo, antes de que esa maldita mujer se fuera y lo arruinara todo –Sakura puso un brazo sobre sus ojos, evitando que Suki la viera llorar.

Suki apretó los ojos devastada, acarició la cabeza de Sakura, tratando de reconfortarla. Pero eso era imposible, la tristeza que sentía Sakura nadie la podía borrar.

Llegada la noche Sakura preparó el baño, aunque ella acostumbraba bañarse en la mañana, había limpiado la casa y ahora ella se sentía sucia, sudorosa y muy pegajosa. El cabello lo tenía lleno de polvo y estaba completamente enredado. Era obvio que no se iba a acostar en las sabanas limpias que acababa de lavar en ese estado tan deplorable.

Se quitó la ropa y la arroja a una canasta para lavarla a la mañana siguiente temprano. Abrió la regadera y lavó su cuerpo con un jabón líquido que le encantaba usar y que había olvidado en la casa de Chiyo por la prisa con que había salido. En cuanto su cuerpo estuvo totalmente limpio, confirmó la temperatura de la tina y con un suspiro de relajación introdujo todo su cuerpo en el agua tibia, logrando que sus músculos se relajaran del arduo trabajo que había sido limpiar la casa.

Estaba tarareando una canción cuando un pequeño destello en su pecho llamó su atención. El regalo que le había hecho Sasuke aun pendía de su cuello. Metió la mano en el agua y sacó el colgante contemplando detenidamente la réplica en miniatura de la placa de Sasuke. Sintió una opresión en el pecho y apretó fuertemente el colgante sumergiéndose por completo en el agua. Cuando el dolor físico en el pecho fue mayor que el emocional, salió dando una enorme bocanada tratando de rehacerse del aire que sus pulmones le exigían.

Con una toalla amarrada a la cabeza y con su pijama puesta se tiró sobre la cama con los brazos extendidos y las piernas colgando de la orilla. El silencio en la casa era abrumador para ella, extendió el brazo y de debajo de la almohada sacó su viejo reproductor; se puso los audífonos y le dio play a la música. Sin saber porque, llevó su mano hasta su pecho donde el colgante descansaba sobre su piel desnuda, lo sacó de debajo de la camiseta y lo balanceó sobre su rostro.

En un último movimiento atrapó el colgante con su mano y lo apretó fuertemente dentro de su puño descansando su mano sobre su corazón. Cerró los ojos y siguió tarareando la canción que escuchaba en sus audífonos.

- Every night… We're all alone every night… My only hope is a light… That's shining from inside you… 'Cause we believe… In what we are you believe… In what we'll be in this dream… So I can stand beside you –murmuraba Sakura cantando la canción que retumbaba en sus oídos y se apoderaba de su cerebro y corazón– Mi única esperanza es la luz… La luz que brilla desde tu interior… Dame fuerzas… Así podre estar a tu lado

Sin aparecerse ante la pelirrosa, Suki pudo escuchar las palabras que recitaba Sakura una y otra vez, pero la voz y el sentimiento con que las pronunciaba eran dolorosos. Suki no podía descifrar a quien estaban dirigidas. Tenía miedo de preguntarle a Sakura y que ella no pudiera responder con sinceridad. Suki apretó ambos puños fuertemente, si hubiera estado viva se habría hecho daño, pero no lo estaba y eso empeoraba su forma de sentirse.

Cuando volvió su mirada hacia Sakura, ella se revolvía en la cama, tomándose el pecho y recogiendo sus piernas contra su pecho. Decidió desaparecer y dejar a su amiga sumida en su pena.

Sakura sintió que el pecho le dolía, su corazón estaba siendo oprimido por algo desconocido. Era tanto el dolor que encogió su cuerpo hasta quedar como un ovillo tratando de protegerse de lo que fuera que le estuviera pasando.

Los días pasaron, más tranquilos y sin otro ataque del inexplicable dolor. Como Sakura tenía vacaciones posteriores a la escuela de verano, cuando no estaba en la casa, estaba en su jardín acompañada siempre por Moegi que gustaba de ayudarla.

- Sakura… –la llamó Moegi preocupada al verla sentada en la banca como una muñeca de trapo, vieja y abandonada, con la vista perdida en el cielo. Era como si estuviera en un profundo trance mientras jugaba con el colgante en su cuello– Sakura… ¿Te encuentras bien? ¿Sakura? –Sakura no parecía escucharla, con miedo Moegi estiró una mano para tocarla por el hombro para tratar de despertarla.

En un rápido movimiento y con una mirada aterradoramente asesina, Sakura le lanzó una advertencia muda a Moegi. La adolescente retrocedió un par de pasos alejándose de la banca donde estaba sentada Sakura. Moegi apretó los ojos tratando de contener el llanto y cuando los abrió se encontró con el rostro preocupado de Sakura.

- ¿Sucede algo malo Moegi?

Moegi negó con la cabeza sin poder articular palabra alguna. Sentía su corazón palpitar desenfrenadamente, Sakura le había producido un miedo abrumador– Okaa-san… okaa-san quiere saber si te vas a quedar a comer.

Sakura se levantó de la banca y sacudió un poco sus pantalones– Dale las gracias a tu mamá de mi parte, pero dile que tengo algunas cosas que hacer en casa.

Moegi se sintió aliviada de que Sakura rechazara la invitación. Lo sucedido momentos antes la había asustado mucho.

Ese día, regresando del jardín, Sakura vio una camioneta blanca estacionada frente a la casa. Frunció el ceño. Los repartidores sabían que Chiyo estaba fuera y los suministros para el baño se habían quedado pendientes hasta su regreso. Escabulléndose por la parte trasera, Sakura entró al jardín y luego a la casa.

- Tengo una mal presentimiento Sakura –Suki se aferró al brazo de Sakura y trató de detenerla– Hay algo malo aquí.

Sakura rodó los ojos y entró a la cocina. Había trastos tirados por todos lados, los cuchillos de la cocina estaban clavados en los muebles y notó la figura de una mano ensangrentada en la pared.

Un grito de la voz de Chiyo inundó la casa.

Suki atravesó las paredes. En ese momento Sakura deseaba poder hacerlo también, corrió tan rápido que se resbaló al dar la vuelta en el pasillo que llegaba a la entrada principal. Suki regresó y trató de evitar que Sakura se pusiera de pie.

- ¡Hazte a un lado Suki! –gritó furiosa Sakura.

Cuando Suki tenía un sentimiento muy intenso podía manifestarse e interferir físicamente– ¡No Sakura! ¡No vayas! –Suki invadida por la desesperación, solo retrasaba el momento. Lamentablemente su fuerza no fue suficiente. Sakura se levantó y corrió a la entrada.

Sus ojos jade se abrieron desmesuradamente. Chiyo se encontraba en el suelo, recostada en un charco de sangre. Levantó la mirada y se encontró de frente con un hombre, una cabeza más alto que ella, cabello rojo y ojos cafés vacíos. Empuñaba un cuchillo en una mano y sonreía diabólicamente. Al ver a Sakura, ella podía jurar, que sus ojos se iluminaron llenos de algo parecido a la felicidad.

- ¡No puedo creerlo! Todo este tiempo la tuviste tu obaa-chan –dijo el hombre sonriendo tétricamente– ¡Eres tú! ¡Eres mi retoño!

- ¡Corre Sakura! –gritó Suki, pero Sakura estaba paralizada por el miedo.

- Pensé que nunca te volvería a ver –el hombre estiro la mano, Sakura cerró los ojos esperando lo peor y lo único que sintió fue una suave caricia en su mejilla– Mi hermosa muñequita.

- Aléjate de ella Sasori –balbuceó Chiyo desde el suelo jalando al hombre por el pantalón.

- Eres una vieja fuerte baa-chan –el pelirrojo borró la sonrisa de su rostro y pateo la mano de la mujer, se agachó junto a ella y empezó a jugar con el cuchillo– Pero ahora que encontré a mi pequeña no voy a permitir que nadie me la quite.

- No la toques –fue el grito de furia de Sakura, que aprovechó que Sasori estaba distraído y se abalanzó contra él, ambos rodaron por el suelo forcejando por el cuchillo. Pero Sasori era más fuerte y de un empujón la lanzó contra la pequeña mesita del recibidor, lejos de él y de Chiyo.

- ¿Es así como la has educado Chiyo-baachan? –preguntó Sasori levantando el rostro de la anciana del suelo jalándola por el cabello.

La mirada amenazante en los ojos de Sasori aterró a Sakura– ¡Detente! –gritó– Haré lo que tú quieras… lo que sea... pero déjala en paz.

Sasori sonrió sádicamente– Te quiero a ti – pronunció lentamente como sí dibujara las palabras una por una.

- Me iré contigo, pero por favor, ya no le hagas daño. Por favor –rogó Sakura con gruesas lágrimas corriendo por sus mejillas.

- Está bien –Sasori estiró la mano, invitando a Sakura a tomarla– Vámonos.

- ¡No Sakura! –rogó Chiyo tratando de detener a la chica.

Sakura tomó la mano del pelirrojo y con una última mirada se despidió de Chiyo.

- Antes de irnos déjame llamar a emergencias para que vengan por ella –pidió Sakura sin moverse de su lugar.

Los ojos de Sasori centellearon llenos de rabia– No.

- Te prometo que solo pediré una ambulancia –Sakura hipaba las palabras, el llanto y el miedo no le permitían hablar con claridad.

- No –Sakura estiró el brazo tratando de alcanzar el teléfono, pero Sasori la jaló fuertemente por el brazo y con la otra mano la tomó por el cuello apretando fuertemente– He dicho que no. ¿Entendiste?

Sakura asintió mirando el cuchillo muy cerca de su rostro, cuando Sasori la soltó sintió que algo caía de su cuello pero no le dio importancia. Apretó fuertemente los ojos para no ver el lamentable estado en que dejaba a la abuela y salió tomada de la mano de Sasori.

Suki se quedó con la abuela. En sus últimos momentos la mujer pudo verla y con una sonrisa apreció el rostro de Suki– Las dos caras de la misma moneda...

Suki lloró desvalida, la mujer que había cuidado a Sakura ahora estaba muerta. Y ella no había podido hacer nada.

Sakura no podía dejar de mirar atrás. Se preguntaba sí Chiyo estaría bien, sin imaginarse que la mujer había muerto se subió a la camioneta.

- Vamos a casa –dijo Sasori encendiendo el motor.

Anduvieron en el camino casi una hora. En completo silencio. El aire enviciado por el miedo de Sakura y el olor a sangre en la ropa de Sasori, provocaba nauseas en la chica.

- Necesito usar el baño –dijo Sakura en un murmullo.

- Aguanta, en 5 minutos llegamos a casa –avisó Sasori sin despegar la vista del camino.

Sakura veía a todos lados. Intentaba memorizar las calles por donde pasaban, pero se sentía mareada y confundida. Tenía que escapar, debía ayudar a Chiyo… tomó la manija y abrió la puerta, aunque Sasori manejaba por una vía rápida Sakura debía hacer lo posible por huir. El pelirrojo se dio cuenta de que Sakura intentaba saltar y la agarró del cabello jalándola fuertemente hacía atrás– ¿A dónde crees que vas?

- ¡Déjame ir! ¡Chiyo-baachan necesita mi ayuda!

- Ella está muerta y tú lo sabes –siseo Sasori pegando el rostro de Sakura al suyo.

Sakura dejó de forcejear al percibir un aroma conocido. Sasori exudaba el olor a muerte.

Tal y como dijo Sasori no tardaron en llegar a un pequeño suburbio no muy lejos de Tokyo. Casas sencillas con hermosos jardines y autos familiares estacionados en la acera. Un buen lugar que no imaginaba a quién tenía viviendo como vecino.

Desde el auto, Sasori abrió una puerta de garaje, y estacionó el auto dentro. Sakura espero hasta que Sasori le abrió la puerta de su lado y con una mano extendida le ayudó a bajar.

- ¿Dónde está el baño? –preguntó Sakura echando un rápido vistazo.

- Ven, por aquí –sin soltarla de la mano, Sasori le señaló el camino con la cabeza y la invitó a seguirlo.

Sakura no pudo negarse. Al entrar a la casa tuvo la sensación de conocerla. El acomodado de los muebles, la decoración, incluso el color de las paredes todo le parecía muy familiar.

- ¿Te gusta? Lo arreglé igual a nuestra vieja casa.

- Es un bonito lugar –admitió Sakura para no hacer enojar al pelirrojo.

- Hay un baño aquí – Sasori abrió una puerta y le mostró un sanitario– Arriba hay un baño completo, con tina y todo.

- Este estará bien –Sakura soltó la mano de Sasori y entró al baño. Cerró tras de sí, se recargó en la puerta y se deslizó lentamente hasta quedar sentada en el piso. Respiró profundo, abrazó sus piernas y hundió la cabeza entre sus rodillas. Sakura se convulsionaba por el llanto que intentaba ahogar, haber visto a Chiyo desangrándose le resultaba repulsivo y angustiante.

- ¿Estás bien? –Suki apareció de la nada justo frente a Sakura.

- Suki... –balbuceó Sakura levantando la cara roja por el llanto.

- Debemos irnos –la chica fantasma jaló a Sakura por el brazo, pero estaba tan pesada que no pudo levantarla– ¡¿Qué te sucede?!

- ¿Viste lo que le hizo a Chiyo? –preguntó Sakura con un hilillo de voz.

Suki rodó los ojos– Claro que lo vi, por eso te dije que corrieras. ¡Y no me hiciste caso!

- ¡Si hubiera corrido, la abuela Chiyo estaría muerta! –gritó Sakura.

- ¿Y de que sirvió? ¿Eh? ¿Dime? –gritó aún más fuerte Suki con tanta frialdad en su voz que incluso Sakura se sorprendió. La temperatura descendió y las cosas en el cuarto de baño comenzaron a tambalearse.

Las chicas se enfrentaron con la mirada– ¡No tengo otra muerta en mi consciencia!

- ¡Pues ahora la única muerte con la que cargarás es la tuya! –levantó más la voz Suki y el cesto de basura voló contra el espejo sobre el lavamanos.

Sakura y Suki se encogieron, para protegerse, tras el estruendo del golpe y la fragmentación del vidrio.

Unos ligeros golpes en la puerta las hicieron saltar cual gatitos asustados– ¿Te encuentras bien? – preguntó en una tenue voz Sasori desde el otro lado de la puerta.

Sakura abrió la puerta con la cabeza agachada, se hizo a un lado y le mostró a Sasori el espejo roto– Lo siento.

- No hay problema, es solo un espejo –con extrema gentileza tomó el rostro de Sakura y lo examinó detalladamente– Lo que me hubiera molestado es que se lastimara ese hermoso rostro –dijo tétricamente apretando cada vez más el amague, hundiendo los dedos en las mejillas de la chica. Al sentir dolor, Sakura manoteó para liberarse del agarre– Espero que de ahora en adelante no vuelvas a atentar contra ti misma.

Cuando finalmente Sasori la soltó, Sakura se sobó el área lastimada– Fue un accidente que no se repetirá.

- Así me gusta –la sonrisa volvió a los labios de Sasori– ¿Quieres cenar algo?

- No gracias.

- Te dejaré pensarlo un rato –advirtió Sasori– Ven, te mostraré tu habitación –del mismo modo que la había llevado al baño, Sasori invitó a Sakura a tomarlo de la mano, pero esta vez Sakura lo miró con desprecio y se adelantó a subir las escaleras.

Sasori sonrió arrogante y le siguió los pasos de cerca.

En el pasillo superior, Sasori se paró frente a una puerta pintada de verde pastel, con dos pequeños letreros colgando. Al abrir la puerta, Sakura se quedó con la boca abierta. El cuarto estaba arreglado para dos niñas. Una mitad era rosa y la otra morada. Sakura sintió que sus piernas perdían fuerza, si no hubiera estado agarrada del marco de la puerta, seguramente hubiera caído.

- ¿Por qué? –balbuceó Sakura.

- Es para conmemorar el pasado –Sasori tomó de la mano a Sakura y la arrastró afuera. Ella no podía dejar de ver la habitación– Este es para celebrar el futuro –una nueva habitación se abrió frente a Sakura.

Un dormitorio con la misma distribución que el otro, pero la diferencia era que el primero era para niñas, pequeñas niñas que jugaban con muñecas y a la hora del té. Ahora, la decoración iba más con una adolescente. Las muñecas habían desaparecido y habían sido reemplazadas por libros, revistas y cd's, aun en sus empaques. Las fotos de unicornios y cosas mágicas los reemplazaban posters de los cantantes de moda. La ropa de cama era más oscura de un lado que del otro.

- ¿Te gusta? Traté de imaginar cómo serían ustedes de grandes y creo que no lo hice tan mal.

Sakura no podía creer lo que veía, era como Sasori hubiera hurgado en su cabeza y construido la habitación de sus sueños– ¡Estás loco! –la pelirrosa trató de huir, pero Sasori la detuvo asiéndola del brazo.

- Tu lugar es aquí –Sasori zarandeó a Sakura violentamente atrayéndola cerca de él– Que tu madre las haya apartado de mi lado no quiere decir que me daría por vencido en encontrarlas.

- ¡No sé de qué me estás hablando! ¡Ni siquiera te conozco!

- Tal vez no me recuerdes, pero pronto lo harás –la mirada de Sasori se volvió aterradora– Y cuando encuentre a tu hermana…

- Yo no tengo hermanas –gruñó Sakura desafiando a Sasori con la mirada.

Sasori ensanchó su sonrisa, de un empujón tiró a Sakura dentro de la habitación y cerró con llave la puerta– Cuando esté lista la cena subiré a buscarte.

Sakura se tiró de espaldas, mirando el techo de la habitación– Blanco y negro. Vida y muerte…

- Debes buscar la forma de salir –rogó Suki flotando sobre Sakura.

- Mira a tu alrededor, estoy en una cárcel –señaló la pelirrosa sin despegar la vista del techo.

Suki miró a las ventanas, estaban cerradas, pero no había protección alguna– ¡Por aquí!

Sakura suspiró– ¿Crees que solo cerraría la puerta y dejaría las ventanas abiertas? –se incorporó lentamente y caminó hasta colocarse junto a Suki. Con el dedo recorrió el marco de la ventana– Está sellada.

Suki miró de cerca y se dio cuenta que Sakura estaba en lo correcto. La ventana estaba sellada, en realidad no había ventana. Solo era un marco con un cristal sumamente grueso– ¿Cómo saldremos?

- No tenemos que quedarnos las dos –sugirió sutilmente Sakura.

- ¡No voy a irme sin ti! –Suki tomó a Sakura por los hombros y la sacudió ligeramente– Debemos buscar la forma de huir. De avisarle a alguien que estás aquí.

- ¿Cómo? –preguntó Sakura con total calma– ¿Has visto algún teléfono? ¿Crees que dejará que alguien sepa que estoy aquí? Acéptalo Suki, hasta aquí llegue.

- ¡No! ¡No puedes darte por vencida tan fácilmente! ¡Tú no eres así Sakura! –Suki se hundía en la desesperación, mientras Sakura sonreía amargamente.

- Tómalo por el lado positivo –la pelirrosa levantó el rostro de Suki y la miró a los ojos– Estaremos juntas.

Suki se quitó la mano de Sakura de un manotazo y desapareció.

Sakura, más tranquila, revisó la habitación. En el armario había ropa, en la cómoda maquillaje y perfumes, en las cajoneras ropa interior y calcetines. Todo estaba listo para que dos chicas, con personalidades extremadamente opuestas, vivieran ahí.

Al final se dio por vencida y se sentó en el suelo, recargando su espalda en la cama y echando su cabeza sobre el colchón. Cerró los ojos y trató de imaginar la forma en la que moriría y solo una imagen vino a su mente– Sasuke…

El sonido del cerrojo abriéndose ni siquiera la perturbo– Es la hora de cenar.

- No tengo hambre –advirtió Sakura sin siquiera mirarlo. Sasori se acercó a Sakura y de un brusco movimiento la puso de pie– ¡Hey! ¡Me lastimas!

- Dije que es hora de la cena.

- Ya entendí –Sakura se soltó del agarre y caminó hacia el comedor seguida de Sasori.

Se sentaron a la mesa y Sasori agachó la cabeza ligeramente. Sakura entrecerró los ojos e inmediatamente comenzó a comer. Agarrando la comida con las manos, rellenándose la boca y dejando caer todo al suelo.

Sasori levantó la mirada y dio un golpe en la mesa– ¡¿Qué son esos modales?! ¿Qué tu madre y yo no te enseñamos cómo comportarte en la mesa?

- No sé a qué te refieres –dijo Sakura hablando con la boca llena de comida– Yo me eduqué sola. Nadie me enseñó.

- ¡Deja de decir tonterías! Tú eres mi hija.

- Lamento decir esto –Sakura seguía masticando la comida y hablando al mismo tiempo– pero no soy la persona que crees.

- Dejaré pasar tu falta de… modales por ésta noche –Sasori respiró hondo e intentó relajarse– Entiendo que estés un poco alterada por la manera en que te traje pero…

- ¿La manera en la que me trajiste? –gritó crispada Sakura– Casi matas a Chiyo, me trajiste con amenazas y me encierras en una jaula de cristal –levantando las manos exasperada– ¿Un poco alterada? Estoy MUY alterada, enojada, furiosa –pensó en decir asustada, pero no le daría el gusto– Me siento como un animal enjaulado.

- Con el tiempo, aprenderás que éste es tu lugar, TU HOGAR.

Sakura barrió la mesa con el brazo y aventó la loza al suelo. Todo se hizo añicos al caer– ¡Jamás! ¡Mi hogar es…! –pero Sakura no pudo decir cuál era su hogar, porque se daba cuenta que no lo tenía.

- Voy a salir –avisó el pelirrojo levantándose de la mesa– Espero que al regresar estés más tranquila.

Los ojos jades no perdieron de vista a Sasori. Caminaba tan altivo, tan lleno de confianza y sobre todo con una estúpida e impasible mueca. Corrió hasta la ventana y al tiempo que veía que la camioneta de Sasori salía, trataba de llamar la atención de la gente que caminaba por el frente de la casa. Pero nadie la escuchaba, ni siquiera la veían. Seguramente los vidrios estaban hechos para evitar cualquier contacto entre el exterior y el interior.

Tras unos minutos de batallar, vencida por el cansancio, se resignó y decidió ocuparse en algo más productivo. Buscar la forma de salir.

Aunque al entrar había analizado cada rincón que sus ojos habían podido ver, tenía que checar el resto de la casa. En la cocina había dos puertas, una era el garaje por donde habían entrado. La otra era una incógnita, igual podía caer en algo peor o simplemente confirmaría que no había forma de escapar.

Reuniendo todo el valor disponible en ese momento, que no era mucho, abrió la puerta y se encontró con unas escaleras. La oscuridad del lugar no le molestaba, así que se aventuró a bajar. Sakura se repetía mentalmente "¿Acaso puede haber algo peor que estar encerrada con un loco asesino?". Su respuesta no tardó en llegar, un sótano adaptado a algo similar a una sala de operaciones con una plancha, bases para sueros, una máquina que no podía reconocer e instrumental médico llenaba el lugar.

Había estanterías llenas de frascos, Sakura se acercó temiendo lo peor. El olor a formol y otros químicos inundaron su nariz. Los frascos estaban llenos de diferentes partes corporales mantenidas en formol para que no se echaran a perder y alejar el olor a carne en descomposición. Paseó la vista entre los contenedores y encontró manos, brazos completos, piernas hasta el muslo, incluso encontró una que otra cabeza.

Lo peor que pudo encontrar: un sitio impregnado con el olor y la presencia de la muerte. Cientos de muertes. Y una escena demasiado familiar. Esa marea de sensaciones nubló su visión. De un segundo a otro perdió el conocimiento.

Sintió sus ojos pesados y su visión nublada. No podía ver bien. De pronto vio a una pequeña niña, cabello rosado amarrado con un listón rojo y grandes ojos verdes. Corría feliz con una muñeca en las manos. ¿Acaso era ella?

- ¡Kaa-chan! ¡Kaa-chan! –la pequeña hablaba de una manera singular, Sakura lo atribuía a su corta edad.

La pequeña corría hacía una mujer con largo cabello blanco que le llegaba hasta la cintura, ojos verdes y una dulce sonrisa. La mujer estaba frente a las hornillas preparando tal vez la cena, al escuchar los estruendosos gritos de la pequeña se limpió las manos en un trozo de tela y se agachó hasta quedar a la altura de la pelirrosa– ¿Qué traes ahí?

- La hizo Tou-chan para mí –la pequeña mostraba una muñeca sujeta a unos hilos, los cuales podían mover las extremidades de la marioneta– ¿Verdad que es bonita?

- Si, es muy bonita –la mujer tomó la muñeca en sus manos y tras revisarla brevemente notó un enorme parecido con la niña que le sonreía encantada con su regalo.

- Gracias, Tou-chan –con una enorme sonrisa, la pequeña pelirrosa se abalanzó a las piernas de un hombre que Sakura no pudo distinguir plenamente, pero que podía ver sostenía a otra pequeña en sus brazos. Otra pelirrosa… ¿o acaso era una marioneta?

El frío suelo contra su piel, fue lo que la hizo despertar. Eso y la sensación de una opresión en su pecho, como si le costara trabajo respirar por un gran peso sobre su cuerpo. Su cuerpo comenzó a dar violentos espasmos. Las arcadas que convulsionaban su cuerpo la obligaron a devolver el poco contenido de su estómago. No había comido nada desde hacía horas y no podía creer que su estómago le exigiera sacar más. No fue hasta que vomito su propia saliva que se detuvo, la garganta le ardía, la boca le sabía asquerosa y el olor del formol se mezclaba con el de su propio vomito. Las ganas de vomitar regresaron, pero se contuvo, ya no había nada más que expulsar.

Parpadeó un par de veces, no podía creer lo que estaba viendo al principio lo atribuyó al mal estado en que se encontraba, pero para su mala fortuna todo era real. Tan real. Mucha gente la rodeaba, no había espacio libre en el sótano. La forma en la que la miraban era dolorosa y atemorizante; incredulidad, ira, miedo.

Con cautela se levantó, sin dejar de mirar a los que la rodeaban, limpiándose el rostro con el dorso de la mano. Ella sabía lo que eran. Esas personas ya no pertenecían a este plano. Eran almas atrapadas. Seguramente victimas de Sasori.

- ¿Crees que pueda vernos? –comentó un niño a una mujer a su lado, pensaba que Sakura no podía oírlo.

Sakura estaba muy impresionada. El chico no era mayor que ella. Y lo que más la sorprendió fue su hermosura, era como un ángel. Finos rasgos faciales, cabello rubio brillante, una delgada y estilizada silueta. Agitó la cabeza alejando sus pensamientos sobre la belleza del chico– Por supuesto que puedo verlos –se defendió Sakura– No hables de mí como si no estuviera presente.

- ¡Oh! Lo siento –se disculpó inmediatamente el chico– Pero… ¿Cómo es posible que puedas vernos?

- Confórmate con saber que puedo verte y escucharte PERFECTAMENTE –Sakura echó una rápida mirada, podía ver gente de una gran gama de edades. Desde niños, adolescentes y adultos jóvenes. TODOS, absolutamente todos con finas y delicadas características. Eran hermosos en una palabra. Apretó los ojos lamentándose lo que veía.

- Nunca antes había visto a una muñeca viva –señaló el chico.

Sakura frunció el ceño molesta– ¿Muñeca?

- Ella no va a ser una muñeca Nick, no es lo suficientemente hermosa para serlo –negó otro de los espíritus. Sentada en la plancha, con la pierna cruzada y arreglándose el cabello, una mujer de gran belleza barría de pies a cabeza a la pelirrosa. Humillándola y menospreciando su persona.

El chico miró de Sakura a la mujer y de la mujer a Sakura– Tal vez no sea tan bonita como tú, pero a mí me gusta.

- Agradezco tus halagos, pero podrías decirme a que te refieres con "muñeca" –Sakura sintió un escalofrió recorrerle la espalda– ¿Acaso Sasori ha abusado de todos ustedes?

- No se refiere a ese tipo de muñecas –habló mordaz la mujer desviando la mirada de Sakura y negando cansada con la cabeza ante la tonta propuesta de la pelirrosa.

Sakura recargó sus puños en la cadera con el ceño fruncido– Pues entonces explícate.

- Sasori nos secuestra, nos trae a su sótano para hacer experimentos, vacía nuestra sangre y nos mete un líquido extraño que preserva nuestro cuerpo –la mujer relataba todo con autentico odio en sus ojos, aunque además de eso, Sakura podía ver miedo y tristeza – Y ahora te trajo a ti y te muestra la casa como si fueras… su princesa o qué sé yo. Tal vez el chico tenga razón y Sasori piensa convertirte en su muñeca especial.

- Créeme, lo último que quiero ser es otra de las repulsivas muñecas de Sasori –Sakura fulminó con la mirada a la mujer y clavó la última estocada– Primero me mato, antes de que ese lunático me ponga un dedo encima.

- ¿Y porque no lo has hecho aún? –preguntó un hombre sentado en la escalera. Era casi tan hermoso como el niño, pero con una fisonomía más varonil.

Sakura se contrajo un poco. Muy en el fondo aún tenía la esperanza de que alguien la encontrara. Y por más que intentaba negárselo, esa esperanza estaba depositada en Sasuke.

- No voy a discutir con ustedes –Sakura pasó a través del hombre en la escalera y subió hasta la cocina. Cuando miró sobre su hombro, los fantasmas la seguían. Había abierto la caja de pandora espectral y ahora tenía que afrontar las consecuencias. Resignada miró el desastre que había hecho en el comedor. Con desgano buscó una escoba y toallas de papel, iba a limpiar su propia destrucción.

- Tienes delirio de servidumbre –señaló la mujer, ahora sentada sobre la estufa.

Sakura ignoró el comentario y siguió levantando los restos de los platos y vasos. El pequeño rubio trató de ayudarla, pero le era imposible materializarse para tocar las cosas. Sakura sonrió amable– Gracias – el chico agachó la cabeza triste. Sakura lo entendía, agachándose más que él, buscó su rostro– No te preocupes, aún es muy pronto para que puedas dominarlo.

- ¿Algún día podré hacerlo? –preguntó Nick con una deslumbrante sonrisa.

- Si, pero tienes que practicar –Sakura sonrió divertida– Aunque espero que no pases tanto tiempo aquí como para lograrlo.

- Hemos intentado irnos, pero nos es imposible abandonar la casa. ¿Cómo podríamos cambiar eso? –inquirió el, odiosamente, guapo hombre.

Para Sakura, de todos los fantasmas que había, los primeros con los que había interactuado le resultaban bastante molestos. Y debido a la forma en la que se veían, Sakura podía asegurar que eran de los últimos en haber muerto. Los demás estaban resignados a estar ahí.

- Puedo ayudarlos a marcharse –sugirió Sakura tirando la basura en el cesto.

- ¿Cómo? Si no puedes ayudarte ni a ti misma –el comentario de la mujer lastimó un poco a Sakura.

- Tal vez no pueda hacer nada por mí, pero por ustedes sí.

- ¿Sabes cómo funciona esto? –intervino el hombre– Permaneceremos en este plano hasta que nuestras almas encuentren el consuelo.

- Lo sé, pero mientras tanto, sus almas van a deteriorarse como las de ellos –señaló Sakura a la horda de espíritus que rondaba el sótano sin hacer nada más que caminar en círculos– ¿Quieren que eso les suceda?

Nick sacudió la cabeza aterrado y se abrazó a la mujer– ¡No quiero terminar como un alma-zombie!

- ¡Qué bien! Ahora lo has asustado –se quejó la mujer.

- Lamento confrontarlos con la realidad, pero deben hacerme caso.

- ¿Qué debemos hacer? –el hombre mostró un poco de interés.

- ¿Cómo se llaman? –fue lo primero que quiso saber Sakura– Mi nombre es Sakura.

El chico se limpió el rostro y con una pequeña sonrisa habló– Nick.

- Hotaru –se presentó la mujer.

Sakura volteó la mirada al hombre y con apatía contestó– Katsuo.

- Para que sus almas no se marchiten, pueden engancharse a la mía –empezó su explicación Sakura, pero al ver la cara de desconcierto de los tres, trató de ser más específica– A lo que me refiero es que se adhieran a mí, que mi alma sea una fuente de vida para que la suya no se debilite.

- ¡No! –el grito de Suki alarmó a todos– ¡No puedes hacer eso! –Suki sacudió a Sakura por los hombros– Si haces eso podrías morir.

- ¿Quién es ella? –Hotaru veía despectivamente a Suki, como si la chica fuera algo menos que una cucaracha.

- Digamos que es mí…

- Soy la que les impedirá acercarse a ella –advirtió Suki con una mirada aterradora interponiéndose entre Sakura y los tres fantasmas.

- ¿Podrías morir? –preguntó asustado Nick.

Sakura rodó los ojos– ¡Cálmate súper protectora! No va a pasar nada –dijo Sakura de manera tranquilizadora– Además ni que fuéramos a estar así por meses.

- ¿Y si pasa eso? ¿Qué si Sasori te tiene aquí encerrada por meses? ¿Eh? ¡Dime que vas a hacer! –la histeria de Suki iba creciendo.

- Pues ya seremos dos almas más atrapadas y podríamos adherirnos al alma de Sasori y lo podríamos matar lenta y dolorosamente –Suki pensó que era la contestación más tonta que podía dar Sakura.

La desaprobación de Suki se reflejó en un golpe de mano abierta contra su propia frente– A veces creo que eres demasiado estúpida para entender lo que haces.

Hotaru tomó a Nick y lo llevó de regreso al sótano. Katsuo las siguió para dejar solas a Suki y Sakura. Ellos no tenían cabida en esa discusión,

- No hay otra alternativa –contestó Sakura borrando los rastros de alegría simulada que mostraba frente a los otros fantasmas– Si no hago algo ellos quedarán atrapados aquí para siempre.

- Sabes que no hay seguridad de que te encuentren a tiempo.

- Lo sé, pero si muero con ellos atados a mí, por lo menos podré llevarlos conmigo.

- ¡No lo sabes! ¡No sabemos cómo serán las cosas cuando TÚ mueras!

- Haré un trato con el shinigami que venga –dijo Sakura tratando de mostrar un poco de esperanza– Seguramente será como el que conocí en el banco. Él dijo que las personas como yo somos especiales…

- Eso ya lo sabemos –reafirmó Suki enojada– Pero no sabemos que quieran hacer con tu alma.

- He ayudado a muchos, eso debe tener algún valor.

- ¿Y si no lo tiene? ¿Y si deciden llevarte con ellos y… y…?

Sakura comprendió el temor de Suki– No dejaré que nos separen. No otra vez.

- ¡Ya regresé! –se escuchó el grito desde la puerta frontal.

Suki desapareció fundiéndose con el cuerpo de Sakura. Sakura cerró los ojos y aspiró profundamente. Al abrir nuevamente sus orbes, uno de sus iris era más oscuro– ¿Por qué hiciste eso? –preguntó Sakura mentalmente a Suki.

- Porque ese tipo me da escalofríos.

- Si, pero…

- ¿Qué sucede? –por discutir con Suki, Sakura no se dio cuenta de la proximidad de Sasori hasta que escuchó su voz demasiado cerca de su oído– ¿En qué estás pensando?

Inmediatamente Sakura se echó para atrás huyendo del contacto– Nada, solo me quedé pensando en que…

- ¿Por qué tardaste tanto? –habló Suki a través de Sakura.

- Fui a comprarte algunas cosas –Sasori mostró bolsas con logotipos de tiendas de ropa– Ya que te mudaste aquí, creí conveniente que tuvieras algo de ropa linda.

Sakura extendió la mano para tomar la bolsa, luchando contra Suki porque ella se resistía a dejarla moverse– Gracias –gruñó molesta por el forcejeo con la invasora.

Sin proponérselo, Sakura se dio la media vuelta y se alejó unos pasos de Sasori.

- Antes de que te retires –advirtió Sasori– Debo decirte algunas reglas –Sakura lo miró impaciente por oír las estúpidas reglas y poder retirarse– Primero, no intentes abrir ninguna puerta al exterior; todas están bloqueadas.

- Aja –Sakura trataba de ser lo más irreverente posible, aunque no le costaba nada de trabajo, tal vez si acababa la paciencia de Sasori, éste la dejaría ir. Ridículas ilusiones.

- Segundo, no intentes llamar la atención de los vecinos o de cualquier persona que esté cerca de la casa –con una sádica sonrisa que provoco un vuelco al estómago de Sakura continuo– Podrías ponerlos en peligro, a ellos y a sus familias –las palabras fueron suficientes para desalentar a Sakura– Y por último, pero el más importante –lentamente se acercó hasta Sakura y jugueteo con uno de sus mechones rosas– Cuídate mucho, no desearía que algo malo le pasara a mi hermosa muñeca.

Sakura se estremeció.

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La gente solo ve el físico buscando la felicidad en la belleza,
belleza que no es eterna y se marchitará con el paso del tiempo.

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Muchísimas gracias por sus lindos RRs, si siguen así me volveré loca de la alegría al saber cuánto les está gustando esto. Saludos a todas ustedes hermosas personitas. ^-^