Para empezar, como siempre y para no variar, perdón por la tardanza. La primera quincena de agosto trabajaba de lunes a domingo y no hice nada y la segunda estaba de vacaciones y no hice ni el huevo, así que lo siento mucho. Además actualmente el personaje está una situación bastante difícil por lo que me cuesta un poco más escribir ya que tengo que tener muchas cosas en cuenta y aún así me dejo en el tintero algunas sin darme cuenta XD

Lo dicho, que espero que os guste el capítulo y que tengáis un poquito de paciencia conmigo, muchísimas gracias por leer. Nos leemos ^-^


-¡No me lo puedo creer!- Gritó Pansy desquiciada mientras corría por toda la casa vistiéndose y arreglándose. -¿Porqué siempre me toca correr el primer día de colegio?- Preguntó cogiendo una tostada al vuelo y sujetándola con la boca para poder ponerse el chaleco.

-Tu madre ha mandado a Hokky para hacer unos recados.- Le explicó el señor Parkinson sentado tranquilamente a la mesa y tomando un café humeante mientras leía el profeta sin mirar a su hija.

-¿No tiene suficientes elfos domésticos por toda la maldita casa que tiene que quitarme al mío?- Preguntó con enfado mordiendo por fin la tostada reblandecida y pensando mentalmente en qué diría la leona si le escuchase decir ésas palabras. Nada más empezar a salir con ella le había hecho pagar la cuota del P.E.D.D.O. aunque había sido lo suficientemente inteligente como para saber que no iba a estropear una de sus túnicas poniéndose la chapita y se la había ahorrado. -Me voy.- Gruñó dirigiéndose a la chimenea a la velocidad del rayo.

-¡Pansy!- Llamó su padre, ella se giró con la molestia pintada en el rostro. -Ten cuidado, cariño.-

-Sí, papá.- Contestó, apreciaba el detalle pero lo habría valorado todavía más si en lugar de decirlo mirando al periódico la hubiese mirado a ella a los ojos. Dando otro bocado presuroso a la tostada tomó un puñado de polvos flu con una mano y su baúl con la otra. -Amfen gnueve y tges cuajjtos nn Kinj's Gross.- Trató de pronunciar lo más claramente posible con la tostada en la boca.

Salió al bar tropezando y tosiendo con un elevado tono de rojo en la cara porque durante el viaje se le había atravesado el último bocado que le había dado a la tostada, que se había caído y perdido entre las llamas. Cuando alzó la vista vio a todo el mundo mirándola boquiabiertos. Apurada, quiso dar los buenos días y pedir disculpas educadamente para intentar borrar la primera mala impresión pero cuando abrió la boca para hablar no salió ningún sonido coherente, ni siquiera agradable de su boca.

-UUAAAAJJJJJ.- Gruñó entre toses. -GEEEEZZZZ. YYYAAJJJJ.- Cuando por fin logró sacarse el trozo de tostada de la tráquea, y escupirlo lo más disimuladamente posible en la mano, tenía los ojos anegados en lágrimas. Se las enjugó con la mano limpia, se incorporó y se disculpó ante su audiencia, puso su mejor cara de póker y salió al andén como si nada hubiese ocurrido. "Soy un espectáculo con patas." Pensó totalmente avergonzada. "Les he dado tema del que hablar y reírse durante un mes. Cuando mi padre se entere, que lo hará, me mata después de morirse de la risa."

Con el rostro pétreo examinó el andén pero ya no quedaba casi nadie bajo del tren, de modo que subió con presteza y empezó a buscar a los descerebrados de sus compañeros de casa y a su querido hermanito secreto.

Cuando por fin los encontró en un compartimento, entró dándole un fuerte tirón a la puerta con mayor acritud de la necesaria e inmediatamente escuchó las burlas del maldito niño desteñido.

-¿Un mal día Parkinson?- Se rió con la cabeza apoyada en el regazo de Davies que le mesaba el cabello y lo miraba con total devoción, algo que revolvió el estómago de la pobre Pansy.

-Un mal año.- Murmuró. -Además ahora tengo que volver a ver tu fea cara.- Esperaba que saltase como un energúmeno al sentirse insultado pero para su sorpresa se quedó allí mirándola con atención, con cierta chispa de rabia iluminándole los ojos pero nada en comparación a como solía ponerse.

-Ya veo que no has madurado nada.- Le contestó con desidia y con una tranquilidad que saltaba a la vista que era fingida.

-Como si tú lo hubieses hecho.- Le gruñó haciendo levitar el baúl y dejándolo en el portaequipajes.

-He tenido que hacerlo, algún día lo comprenderás, todos lo haréis. Yo, ahora tengo un propósito.- Contestó dándose importancia.

"No es más tonto porque no se entrena, prácticamente ha admitido que le han puesto la marca. ¿Cómo se puede ser tan idiota? ¿No entiende el significado de la palabra discreción? ¿Cómo puede ser este idiota familia mía?" Cansada ya del repelente de Malfoy, salió del compartimiento para dirigirse al de los prefectos, por fortuna el rubio había decidido abandonar su puesto aunque todavía no habían decidido quién lo sustituiría si es que iba a hacerlo alguien pero por lo menos mientras ejerciese su cargo de prefecta no tendría que estar cerca de aquel niñato consentido. De modo que por lo menos no tendría que compartir con él ese departamento, aunque todavía tendría que soportar al garrulo de Weasley.

Caminaba cabreada por el pasillo, empujando sin contemplaciones a todos los que se cruzaban con ella y dejando un montón de murmullos resentidos tras de sí. Abrió la puerta del vagón de prefectos de un tirón enfurecido y pudo ver cómo su pequeña leona salía disparada hacia su izquierda y caer al suelo al ir a abrir la puerta al mismo momento que ella.

-¡Aiiii!- Murmuró frotándose las lumbares.

Pansy no pudo evitar sonreír al verla caer de un modo tan gracioso, por lo que tuvo que transformar su sonrisa afectuosa y sincera en una horrorosa mueca de burla para que nadie se diese cuenta de que el muro de hielo y veneno había sido traspasado mucho tiempo atrás.

-Seguro que aunque seas una sangresucia si le preguntas al maquinista te deja sentarte en una silla.- Le escupió parada en el umbral de la puerta sin dejar a nadie entrar ni salir, con los brazos cruzados sobre el pecho y la mirada altiva.

-No me cabe duda, lo que me sorprende es que os dejen entrar a ti y a los de tu calaña.- Contestó desde el suelo con gesto molesto.

Pansy resopló ante su respuesta y se puso en jarras tratando de parecer amenazadora.

-Yo que tú no me pondría tan chula comelibros, no es bueno para tu salud.- Le respondió en un gruñido bajo haciendo como si le diese una patada en el pie pero sin tocarla, mientras empezaba a caminar para sentarse lo más alejada de los Gryffindor.

"Cómo odio tener que aparentar." Gruñó, dejándose caer en un asiento cerca de la ventana, alejada del resto de los prefectos pero con una buena vista de Hermione que, pese a que todavía no estaba en su asiento pudo adivinar que se sentaría junto a su ponzoñoso amigo Ron. Se recostó contra el cristal de la ventana para que le ayudase a refrescarse un poco. Los prefectos de último curso empezaron a repartir los pergaminos con sus obligaciones durante el viaje pero ella no les prestó la más mínima atención, de lo único que tenía ganas era de que el tiempo pasara volando y poder estar en el castillo en algún escondrijo junto a su castaña, sin decir nada, simplemente disfrutando de su compañía, sabiendo que estaba junto a ella, pudiendo oler su perfume, sentir su fragancia, rozar su suave piel...

-¡Parkinson!- Le gritaron prácticamente al oído, se había dormido. Se incorporó sin dar muestras de sobresalto, frente a ella estaba Weasley con su cara de macaco habitual y una sonrisa socarrona en la cara. -¿Dónde está tu amiguito el paliducho?-

-¿En serio te atreves a llamar paliducho a Malfoy?- Le espetó mirándolo de arriba abajo con desprecio, tratando de ocultar el susto que le había dado. -Eres prácticamente transparente, tío.- Desdeñó levantando la mirada para poder ver a su castaña por encima del hombro de la zarigüeya retrasada que, cuando se dio cuenta de su movimiento se irguió para bloquearle la vista, con cara de oler a pedo. -¿Qué quieres Weasley? ¿No tienes ojos? Malfoy no está y ni sé, ni me importa el porqué. Y a ti tampoco debería importarte, al fin y al cabo ahora ya no podrá abusar de su poder.-

-Ya, vas a tener mucho trabajo abusando de tu poder por los dos.- Gruñó dándose la vuelta y volviendo a su asiento.

-No quieras ser el primero en probarlo, Weasley.- Amenazó a su espalda mientras se marchaba, con la varita asida con rabia. Cuando el sesoseta se sentó pudo ver a Hermione mirándola con intensidad, no entendía qué le quería decir con la mirada así que se encogió de hombros y desvió la mirada. Por el rabillo del ojo pudo ver a la leona consternada dándole un puñetazo en el brazo a su amigo, Pansy se volvió a recostar contra el cristal para intentar retomar su pequeña siesta pero la rabieta que había cogido por culpa del pelirrojo se lo impidió.

Mientras les daban instrucciones y aclaraban los puntos a tratar Pansy sentía las miradas furtivas que le dirigía la castaña desde la otra punta del vagón. Cuando por fin les dejaron salir, fue al baño para refrescarse un poco y mientras estaba frente a la pica mirándose al espejo vio cómo la puerta se abría de un fuerte tirón y se volvía a cerrar a la velocidad del rayo dando paso a una espesa melena castaña y su sonrisa. Sin soltar el tirador de la puerta se abrazó a la morena enterrando su cara en el cuello de la Slytherin y respirando su fragancia profundamente.

-¿Qué haces aquí? Cualquiera puede haberte visto entrar mientras estaba yo y, la puerta estaba cerrada.- Le reclamó sin demasiada convicción mientras le devolvía el abrazo y le besaba el hombro.

-Todos los que te han visto entrar ya se habían ido y... he forzado la puerta.- Sonrió la Gryffindor. Levantó la mirada y le acarició el rostro con suavidad retirando unos pequeños mechones de cabello negro de delante de los verdes ojos que tanto adoraba. -¿Te encuentras bien, cariño?- Pansy asintió con la cabeza solazándose en la breve caricia de su castaña. -¿Seguro, mi amor? Tenías mala cara y te has dormido, he enviado a Ron a que te preguntase como estabas entre medias de la discusión pero no me ha hecho ni caso.- Resopló enfadada.

-Tu amigo tiene cara de culo de mandril.- Dijo simplemente Pansy, como si aquello lo explicara todo.

Riendo, Hermione se acercó y le dio un dulce y casto beso, al sentir el aliento de la Gryffindor en su boca la morena no pudo contenerse. La agarró con fuerza por la cadera y por la nuca, la pegó contra su cuerpo y profundizó el beso introduciendo su lengua en la boca de la castaña que no pudo resistirse y se dejó hacer. La aprisionó contra la puerta en una explosión de deseo y lujuria, bajando las manos a los botones del pantalón. Hermione sólo podía gemir y jadear en su boca mientras notaba cómo le desabrochaba los vaqueros con lo que encendía todavía más a la morena, la leona sintió cómo el cielo estallaba en mil pedazos al sentir la mano de Pansy introducirse dentro de su ropa interior estimulando su clítoris de un modo ansioso, hambriento. Con la otra mano levantó su camiseta y se introdujo bajo su sujetador apretando su pecho de un modo que casi llegaba a ser doloroso aunque era mucho más placentero. El orgasmo llegó casi enseguida, tras un largo verano de ausencia el simple hecho de que sentir a la Slytherin dentro de ella la hacía elevarse hasta el cielo.

Pansy notó cómo sus dedos se humedecían dentro de la castaña, sintió cómo su cuerpo se convulsionaba y se arqueaba contra el suyo y sintió el gemido que salió de lo más profundo de su alma. Cuando terminó y se relajó en sus brazos aprovechó para abrazarla y quedarse pegada a su cuerpo, aspirando su fragancia mientras su respiración se acompasaba.

"Llevaba meses deseando poder estar con ella y no me he podido contener." Se dijo a sí misma para tratar de justificarse. "Me siento mucho mejor." Se mintió.

-Eso... ha sido... intenso.- Jadeó entre sus brazos, la besó con dulzura y con suavidad. Hermione entendía que, tras aquel ataque de voluptuosa lujuria, se escondía una necesidad que iba mucho más allá del puro deseo físico. Algo pasaba y era consciente de que su novia no iba a pedirle ayuda del modo convencional, pero podía intuir el vacío que sentía aquella morena que la abrazaba con un gesto posesivo y mucho más agresivo de lo normal. Tendría que esperar a que Pansy estuviese dispuesta a abrirle su alma ya que no solía ser buena adivinando los sentimientos de los demás, aunque con ella era levemente más perceptiva, sabía que algo iba mal pero no podía imaginarse qué era.

Cuando se sintió preparada para afrontar de nuevo el mundo exterior se separó de Hermione, la ayudó a vestirse de nuevo y se arregló para poder salir del baño sin llamar la atención de nadie, le dio un suave beso en la mejilla y se marchó sin decir una palabra.

Pansy volvió a su compartimiento con mil ideas atravesando su saturado cerebro y se sentó junto a la ventana, echando previamente a Zabini de su sitio. Se dejó caer y apoyó la frente contra el frío cristal prestando atención a todo lo que se hablaba pero sin que lo pareciese, a partir de ahora no se iba a poder relajar en los ratos que estuviese rodeada de Slytherins. El carro de comida llegó y pasó sin que la morena se moviese lo más mínimo para alimentarse, no tenía ganas de nada, no quería tener que afrontar aquél curso que, aún antes de comenzar, ya sabía que se iba a convertir en una horrible pesadilla, no quería tener que ayudar y proteger a Malfoy, no quería fallar a su padre y por encima de todo no quería que nada ni nadie pudiese llegar a dañar a Hermione. Quería perderse en una isla desierta con la castaña a su lado en algún lugar paradisíaco donde no hubiese guerras mágicas, ni muertes y desapariciones, ni dolor e intrigas, solo ella y la pequeña y dulce leona.

"Pero nada de eso es posible." Se resignó paseando la mirada por el compartimento tratando de adivinar los pensamientos de sus compañeros, tal vez debería leerles la mente a todos ellos y así olvidarse de tantos problemas. Desentendiéndose visualmente de ellos pasó a mirar por la ventana, empezaba a anochecer por lo que no debían estar muy lejos del castillo. Al poco rato vieron llegar a Zabini por el cristal, había sido convocado por el nuevo profesor Slughorn a su despacho, abrió la puerta de un tirón pero cuando fue a cerrarla fue incapaz de lograrlo parecía como si la puerta se hubiese atascado.

-Pero, ¿qué demonios le pasa a ésta cosa?- Gruñó, intentando cerrar todavía más fuerte pero sin lograrlo.

De repente, la puerta se abrió con fuerza lanzando a Blaise sobre el regazo de Goyle que lo empujó quitándoselo de encima y cerrando la puerta de un golpe. Pansy pudo notar un movimiento extraño de algo que le pareció un pie, un segundo después pudo confirmar su primera impresión cuando sintió cómo le pisaban la mano derecha que tenía apoyada en el asiento vacío contiguo a ella, sin dejar que el asombro ni el dolor asomasen a su cara observó con disimulo a sus compañeros, excepto Malfoy ninguno parecía haberse dado cuenta de lo que acababa de pasar corriendo entre ellos y por la mirada extraña del joven rubio Pansy podría jurar que no sabía exactamente lo que había producido aquel movimiento, lo más probable era que sólo hubiese visto un borrón.

"¡Me cago en toda tu maldita estirpe Potter!" Lo maldijo mentalmente mientras disimuladamente recogía la mano, tanto para que Zabini pudiese sentarse como para poder cogérsela y tratar de mitigar un poco el dolor. "Espero que estés incómodo y te estés clavando todas las esquinas de mi baúl." Le deseó con toda la rabia de la que era capaz, que no era poca. "Ojalá se te duerman las piernas y te pegues un buen porrazo cuando vayas a bajar."

Estuvieron un buen rato discutiendo sobre qué había pasado dentro del departamento del profesor Slughorn, molestaron a Zabini sobre la chica Weasley y de nuevo Malfoy abrió su enorme y estúpida bocaza para presumir sobre la misión que había recibido del Señor Tenebroso. Incrédula ante tanta estupidez Pansy observó las reacciones de sus compañeros que parecían haberse quedado totalmente impresionados por las palabras del niñato engreído.

"¡Oh! Maldito estúpido si tú supieses todo lo que depende de ti, mequetrefe engreído, tendrías más cuidado con tus palabras." Lo reprendió mentalmente. "No tengo ni idea sobre qué clase de misión tienes pero todavía no la has comenzado y ya la estás poniendo en peligro con tus comentarios de alfeñique descerebrado necesitado de notoriedad."

Pronto llegaron a las inmediaciones de la escuela y comenzaron a ponerse las túnicas para entrar en el castillo, cuando bajó el baúl tuvo mucho cuidado de darle un golpe a Potter con la esquina lo más fuerte que pudo haciéndolo lanzar un gemido de dolor, inmediatamente se arrepintió al ver que Malfoy había notado algo extraño. Se demoró lo máximo que pudo pero el rubio no salía del departamento, se estaba tomando su tiempo. Cuando por fin estuvieron preparados los tres, Draco cedió el paso a Davies y a ella no le quedó más remedio que salir tras la otra chica, ya no tenía excusas para continuar dentro del compartimento.

Bajó del tren y observó a su alrededor, calibrando sus posibilidades sobre quién podría ayudarla a ella y al molesto niño de la cicatriz, por lo menos Pansy rogaba interiormente que se tratase de Potter o de Weasley y no de su chica. Ésa era una posibilidad que no había sopesado hasta aquél mismo momento por lo que cuando la vio junto a los dos Weasley, el bobo de Longbottom y Lunática Lovegood respiró con alivio. De repente vio a una inmensa mole paseando por el andén, llamando a los estudiantes de primer año y tomó una decisión.

Apuntó a Hagrid con su varita y con un hechizo mudo le mandó una imagen de Potter herido dentro del tren, inmediatamente que aquella idea azotaba su mente el guardabosques se paró en medio del andén, Pansy lo observaba con detenimiento y cuando salió corriendo en busca de Harry se relajó. Unos minutos después lo vio hablando con Nimphadora Tonks, por lo que se quedó completamente tranquila al saber que la joven auror se iba a encargar de buscar al niño que vivió.

Montó en uno de los carruajes tirados por Thestrals con el resto de sus compañeros, por suerte el rubio había salido hacia el castillo hacía un rato sólo con Davies y compartía el carro con Bultrode, Zabini, Greengrass, Crabbe y Goyle. La charla fue mucho más agradable y relajada de lo que habría sido estando el rubio presente entre ellos, cuando Pansy se dio cuenta de que iban inmediatamente detrás de Weasley convocó un puñado de piedras y se dedicó a apedrearlo desde lejos con el resto de los Slytherins, cada vez que una piedra golpeaba al pelirrojo se reía a carcajadas, las que golpeaban al resto de sus compañeros eran graciosas pero no tanto y, las que iban hacia Hermione las desviaba con un rápido hechizo murmurado.

-Vamos a hacerlo más difícil.- Dijo a sus supuestos amigos. -Pongamos de blanco al Weasley larguirucho. ¡Cien puntos por cada una que le dé!- Gritó riéndose y lanzando una piedra, consiguiendo así sus primeros cien puntos. Para cuando llegaron al castillo llevaba muchos más puntos que todos sus compañeros juntos.

Entraron todos juntos en el Gran Comedor dispuestos a disfrutar de la selección de los nuevos estudiantes, con las exageradas muestras de alegría y orgullo por cada niño que fuese asignado a la casa de Slytherin y el discurso del sombrero seleccionador que todos intuían ya de qué iba a tratar, la opulenta cena que les servirían inmediatamente después y el discurso un poco más ameno y alegre del profesor Dumbledore pese a que incluía temas serios entre las bromas y los comentarios más ligeros, si no comprendías la forma de hablar del director tal vez te pasasen por alto los asuntos verdaderamente importantes.

Durante la selección Pansy miró a su alrededor, comprobó que su leona estaba observando atentamente todo lo que ocurría a su alrededor "como siempre" pensó con media sonrisa. Hermione parecía estar bien, de modo que la morena no entendía qué era aquello que la estaba incomodando tanto. De pronto cayó en la cuenta de que, aunque se celebraban las incorporaciones, todo parecía forzado y simulado, casi como si todo el Gran Comedor se estuviese esforzando por mantener la normalidad dentro de un mundo que se desmoronaba a su alrededor. Tras lo gritos de júbilo de cada mesa se escondían miradas de miedo, por su propia seguridad, por las de sus familias, por miedo a la traición y a no saber de dónde podía venir, a lo que traería el mañana... Miedo, dentro del Gran Comedor se podía respirar el terror que sentían todos y cada uno de ellos, en todas las mesas sin excepción. Un escalofrío la recorrió de arriba a abajo, volvió a mirar a Hermione toda sonrisas al recibir a un nuevo estudiante en su mesa, por lo menos parecía que ella no sentía aquella sensación o por lo menos no reparaba en sus efectos aunque también pudo notar en ella ése mismo miedo.

"Tal vez se está acostumbrando a vivir con ésta sensación de desasosiego." Se dijo concentrándose en su plato. "Ellos no han estado aislados durante meses y han tenido tiempo para asumir el sentimiento de angustia. Pero ello no implica que no lo sientan, simplemente lo disimulan, o tal vez ni siquiera se dan cuenta de lo que pasa por sus cabezas."

Sintió su estómago revuelto, desde la charla con su padre parecía que le costaba tragar cada bocado cuando comenzase el festín iba a tener que esforzarse mucho para aparentar y comer con cierta normalidad. Durante la cena apareció Potter en el umbral de la puerta junto al profesor Snape, inmediatamente Pansy empezó a escuchar las risas de Malfoy al ver al chico moreno que prácticamente corría hacia su mesa, fingió prestar atención al rubio y reír de buena gana cuando terminó de explicar lo que había sucedido dentro del compartimento del tren, por lo menos se había contentado con darle un puñetazo e intentar que se lo llevasen de vuelta a Londres, podría haber sido peor. Mientras él había volado y se encontraba entre sus dos amigos, inmediatamente Hermione le limpió la cara de sangre con un hechizo y se pusieron a hablar en voz baja.

Cuando terminó el banquete el director se levantó y carraspeó para que se hiciese el silencio y comenzó su discurso quitando importancia a la herida de su mano, continuó con las advertencias de siempre y por fin el profesor Dumbledore lanzó la bomba del año, Snape por fin había logrado su puesto como profesor en Defensa contra las Artes Oscuras. Inmediatamente la mesa de Slytherin estalló en aplausos a los que se sumó Pansy de buen grado, sabía que su tutor siempre había ansiado aquel puesto y por fin lo había obtenido y a ella no le parecía una mala idea.

Tras todas las novedades estaba exhausta, de modo que abandonó el comedor con sus compañeros y se fue directa a su habitación, tenía muchas cosas en las que pensar y necesitaba estar a solas.