Capítulo 25: Un amargo reencuentro

Tras un tiempo caminando, llegaron al edificio de la enfermería. Kaileena llevaba ya un buen rato dormida. Por suerte, no había nadie allí, ni humanos ni criaturas de Arena. Por el momento estarían a salvo.

Malik dejó a Kaileena sobre una camilla y se apresuró a asegurarse que no hubiese nadie escondido por los alrededores. Farah comprobó los armarios y estantes. Había medicinas de sobra.

Se acercó con vendas y ungüentos a Kaileena, que ya había despertado, y comenzó a sanar sus heridas. La Emperatriz tuvo que admitir que, aunque la odiaba por lo ocurrido, Farah era buena persona. Era la primera en ayudar a alguien, fuese quien fuese, sin importarle su pasado.

- Tenéis suerte, vuestras heridas cicatrizan muy rápido. – Le dijo mientras le vendaba la muñeca.
- Será por las Arenas. – Respondió ella. Se la veía cansada.
- Quizás. – Tras terminar con el brazo de Kaileena, le recogió el pelo para dejar su rostro al descubierto y así poder sanar las heridas que tenía allí. – Os han dejado la cara desfigurada …
- El mayor daño está por dentro … Creedme. – Le dijo, pensando en Cyrus.
- Supongo que no vinisteis a Babilonia con estas expectativas ...
- No. Cyrus me prometió muchas cosas. No es esto lo que entendí por "empezar una nueva vida". –Suspiró.- Me dijo que se aseguraría de que nadie me hiciera daño jamás …
- Él dice que vos planeabais traicionarle y matarle.
- ¡¿Matarle? ¿Sin mis poderes? Por favor, Princesa Farah, no me hagáis reír. – Kaileena se alteró. – Sin mis poderes no puedo hacer daño alguno. No sé vivir sin ellos. Sin mi magia, soy …
- ¿Humana?
- Sí … - Afirmó ella, bajando la cabeza. – Es en lo que me estoy convirtiendo. No quiero ser humana, no pertenezco a este mundo. Jamás podría vivir entre humanos, no soy como vosotros.
- ¿Seguro que no sois como nosotros? ¿Ni un poco? – Le preguntó, levantando una ceja.
- ¿Qué queréis decir? – Preguntó extrañada.
- Cuando os hacen daño, ¿sentís dolor?
- Sí … Todo el mundo siente dolor.
- Bien, ¿alguna vez habéis cometido algún error?
- Venir aquí fue un error … - Suspiró ella.
- Ajá … ¿Y qué pasó por vuestra mente cuando Cyrus os quitó el Medallón para ponérmelo a mí? ¿Qué sentisteis?
- ¡¿Qué? – Aquella pregunta la pilló totalmente desprevenida.
- Estabais tensa. Lo sé. Vi que aquello os hirió. Responded pues a mi pregunta. ¿Qué sentisteis?
- Rabia, ira, impotencia … - Kaileena comenzó a recordar todo lo ocurrido hasta aquella horrible noche, y finalmente, confesó reprimiendo las lágrimas. – Celos …
- ¿Celos? – Repitió Farah, quien se había olido algo por lo que Cyrus había dicho de ella. Se sentó a su lado y colocó su mano sobre su hombro. - ¿Es por lo que pienso que es?
- Pensad lo que queráis, ya no importa. Él ha tomado su decisión y no hay marcha atrás.
- No hay marcha atrás si así lo queréis, Kaileena. Si realmente pensáis que está equivocado respecto a vos, hablad con él.
- ¿Realmente pensáis que hablará conmigo estando vos en medio? – Los ojos de Kaileena reflejaban su dolor. Muchas lágrimas querían escapar, una por cada golpe recibido, y otras muchas por la traición de Cyrus.
- ¿Cuánto tiempo lleváis reprimiendo vuestros sentimientos, Emperatriz? – Kaileena no le respondió, sólo la miró extrañada. – No podréis estar así siempre. Tarde o temprano acabaréis por explotar.
- Pensaba que era un ser cruel y sin sentimientos. – Le dijo con un leve tono de sarcasmo.
- Cruel no lo sé. Pero estáis demostrado tener más sentimientos de los que había llegado a pensar. – Aquello provocó una leve sonrisa en Kaileena. – Los Dioses sólo os diferenciáis de nosotros en que poseéis la vida eterna, algo que muchos mortales ansían.
- ¿Lo ansiáis vos?
- No. ¿Para qué? ¿Para ver morir a todos mis seres queridos? No … Prefiero tener una vida corta y morir rodeada de la gente a quien aprecio a tener que vivir eternamente sola.

Ambas se quedaron en silencio, Kaileena asimilando las palabras de Farah, y ella viendo cómo reaccionaba lentamente.

- Bueno, será mejor que termine de curaros esas heridas antes de que se pongan peor. – Le dijo y se puso de nuevo manos a la obra. No tardó en sanar los cortes del rostro de Kaileena.
- ¿Por qué hacéis esto? – Le preguntó cuando vio que estaba terminando.
- ¿Hacer el qué?
- Compadeceros de mí. Deberíais odiarme. Las leyendas no dicen mentiras. He matado a muchos inocentes.
- No me importa el pasado que hayáis tenido, por oscuro que sea. Lo que cuenta para mí es quien sois ahora.

Kaileena no sabía si Farah lo hacía a conciencia o era así siempre, pero lo cierto era que le daba ánimos para seguir. Ignoraba las palabras que Cyrus había pronunciado sobre Kaileena. Desde niña, soñaba con conocer a la Emperatriz del Tiempo, y ahora que la tenía delante poco importaban las Leyendas. Quizás sólo necesitaba alguien que creyese en ella para poder ser una persona diferente.

Malik interrumpió aquella conversación más propia de amigas que de enemigas tras regresar de comprobar que no había peligro, aunque no era eso lo único que había hecho. Traía un saco con algo en su interior.

- Lamento tener que interrumpir, pero traigo algo que quizá os interese. – Les dijo sonriendo y les mostró el contenido del saco.
- ¿Habéis traído comida? – Dijo Farah gratamente sorprendida. – Entonces, ¿nos habíais dejado solas? ¿Y si nos hubiesen atacado?
- Sois hábil con el arco, estoy seguro de que no hubierais tenido ningún problema frente a una emboscada. – Le dijo, ofreciéndole algo de pan y un par de manzanas.
- Vaya, gracias.
- Tomad, Emperatriz. Supongo que lleváis mucho sin comer. Tendréis hambre. – Kaileena parecía desconfiar. Seguía pareciéndole raro ser tratada así después de lo ocurrido. – Vamos, coged. – Insistió él.

Finalmente, Kaileena aceptó la comida y comenzó a comer. Estaba realmente hambrienta. Llevaba más de un día sin comer y necesitaba alimento.

- Tengo algo más para vos. – Le dijo. – Los aposentos de mi hermano no quedaban muy lejos, y dejó allí un baúl con posesiones vuestras. – Se dispuso a sacar algo de una pequeña bolsa que colgaba de su cinturón. – Tomad.
- La Daga del Tiempo … - Kaileena se sorprendió de volver a tener aquel místico objeto en sus manos.
- Supongo que siendo vuestros soldados criaturas de Arena, la Daga podrá funcionar, ¿no? Eso evitará que tengáis que usar vuestros poderes.
- Gracias, Príncipe Malik.

Malik improvisó una hoguera para estar alumbrados y no pasar frío. Mientras comían, tuvieron una agradable charla. Malik y Farah no paraban de hacerle preguntas a Kaileena. Era algo normal, no todos los días uno se encuentra con una Diosa encerrada en el cuerpo de una humana. El tiempo fue pasando y el cansancio se fue apoderando de ellos.

- Parece que alguien necesita dormir un poco. – Bromeó Farah al ver a Kaileena bostezar.
- Sí. ¿Por qué no os tumbáis junto a la hoguera y descansáis? – Preguntó Malik. Kaileena no tardó en tumbarse junto al fuego, pero Farah no se movió. – Vos también, Farah.
- ¿Yo?
- Se os ve cansada. Dormid. Yo me quedaré despierto y vigilaré por si los enemigos vienen.
- Está bien …
- Que durmáis bien.

Farah se tumbó junto al fuego, no muy lejos de Kaileena, que la miraba con una sonrisa peculiar. Sobraban las palabras, ambas contuvieron la risa floja que la situación sugería. Farah veía a Malik con otros ojos, y Kaileena lo sabía.

Malik era un buen hombre. Aunque su aspecto y edad sugerían que era serio y brusco, por dentro era todo lo contrario, y sabía ser muy cortés y amable cuando debía serlo. Además, era sensato y justo, conceptos que para Cyrus eran materias por aprender.

A la mañana siguiente, ya descansados, decidieron continuar moviéndose. Aunque intentaba caminar lo más deprisa posible, Kaileena no era capaz de seguir el ritmo de Malik y Farah. Las piernas le ardían con cada paso, y no sabía cuánto tiempo más podría aguantar. Finalmente terminó por caer de rodillas al suelo.

- No puedo más … - Dijo.
- No, no … Tenéis que seguir. Vamos. – Insistió Malik. – Haremos un descanso en cuanto lleguemos a una zona segura.
- Esto tiene que acabar ya, Malik. No aguantará con lo que he hecho yo. – Advirtió Farah. – Necesita que la vea un médico y recuperarse del todo. Esto no es bueno para ella.
- Lo sé, Farah, pero la situación no nos es favorable. Tenemos que aguantar hasta que esta pesadilla acabe. Hay que encontrar a sus soldados para que los frene. – Se acercó a Kaileena y le tendió la mano. – Vamos, os llevaré si no podéis caminar.
- No es necesario que carguéis conmigo. Haré un esfuerzo. – Se negó ella.
- No tratéis de haceros la dura, Emperatriz.

De nuevo, Malik cargó con Kaileena. Esta vez, la llevó a sus espaldas. Se dirigieron a la ciudad. En las callejuelas tendrían facilidades para ocultarse, y seguramente hallarían a algún soldado de Kaileena.

Tras unas horas llegaron a una calle donde escucharon murmullos. Kaileena reconoció aquellas voces. Eran características de los Guardianes. Los tres se ocultaron tras una pared y Malik dejó a Kaileena en el suelo.

- ¿Son peligrosos? – Preguntó Malik.
- No mucho. – Respondió Kaileena con la mirada clavada en los dos Guardianes.
- ¿Creéis que podréis con ellos? – Le preguntó analizando la situación.
- Son mis subordinados. Deberían temerme por haberse presentado aquí. – Le respondió indignada. – Bien, voy para allá. – Y comenzó a caminar hacia ellos.
- Farah, estad en guardia … - Ordenó Malik.
- Descuidad, siempre lo estoy.

Kaileena se acercó a sus soldados tratando de disimular las consecuencias de las palizas que había recibido. Lo cierto era que no entendía qué hacían allí. Jamás habían desobedecido una orden.

- ¡Vosotros dos! – Les llamó. Los soldados se giraron y la miraron sorprendidos. - ¿Qué hacéis aquí?
- ¡Es ella! – Gritó uno. El otro no tardó en mostrar su espada de forma amenazante al igual que su compañero.
- ¿Qué estáis …? – Kaileena no lo comprendía. - ¡¿Cómo osáis amenazarme con vuestras espadas? ¡Soy vuestra Emperatriz!
- No sois nuestra Emperatriz ya … - Negó uno.
- ¡A por ella! – Ordenó el otro.

Acto seguido, ambos soldados se lanzaron sobre Kaileena. Por suerte, y gracias a la Daga del Tiempo, pudo matarlos. Pero a estos les siguieron un grupo muy numeroso que Kaileena no estaba segura de poder controlar. Eran más de 30 los que se acercaban desde el final del callejón.

Kaileena estaba paralizada. No podía creer que hubiese perdido su autoridad sobre sus propias creaciones. Los soldados se le echaban encima. Por suerte, Malik y Farah estuvieron alerta, y mientras ella disparaba flechas a los que se acercaban más, Malik salió de su escondite y sacó a Kaileena de allí. Tras ponerla a salvo, acabó con los que Farah no había matado aún. No eran rival para él, ni mucho menos. No tardó en matarlos a todos.

Tras esto, lo mejor era buscar un lugar seguro. Recorrieron las calles mirando en cada esquina, con las armas a mano por si les tendían una emboscada. Tenían que encontrar un sitio de difícil acceso para las criaturas de Arena, y bien sabía Kaileena que un lugar rodeado de agua sería el perfecto escondite. Se dirigieron a los baños públicos y se encerraron en una de las salas. El embriagador aroma de los aceites perfumados aún flotaba en el aire. Sin embargo, aquello no lograría calmar a Kaileena.

- No lo entiendo … - Se repetía. – No me han hecho caso … - Malik y Farah la miraban atentos, tratando de animarla. – Han tratado de …
- Está claro que vuestros soldados se han revelado contra vos. – Dedujo Malik. – Creo que eso os asigna finalmente a nuestro bando.
- Querían matarme … Podía verlo en sus ojos. – Se lamentaba ella.
- No le busquéis más lógica. Os han traicionado. No hay otra explicación. – Le dijo Farah.
- ¡No es la única traición que he recibido desde que llegué aquí! – Desolada, Kaileena se sentó en unos escalones. - ¿Por qué tuve que confiar en Cyrus?
- Vamos a dejar las cosas claras … - Dijo Malik. - ¿Qué pasó entre mi hermano y vos en ese barco?
- ¿Qué? – Kaileena trataba de hacerse la tonta.
- No lo neguéis. Está claro que algo ha tenido que pasar. – Añadió Farah. – Y hasta que no conozcamos vuestra versión no podremos juzgar quién de los dos lleva razón.
- Claro. ¿Y debo suponer que si digo la verdad me apoyaréis? – Preguntó con sarcasmo. – Es un poco difícil de creer.
- Bien es sabido que mi hermano comete errores muy graves. – Malik estaba dispuesto a escuchar lo que tuviera que decir. – Adelante, os escuchamos.
- Pues … Resumidamente, se podría decir que Cyrus y yo … - Suspiró tratando de recordar por qué hizo lo que hizo. – Llegamos a un punto que jamás pensé que llegaríamos …
- ¿Os acostasteis con él? – Preguntó Malik de pronto.
- ¡¿Qué? – La pregunta pilló a Kaileena desprevenida.
- ¿Os acostasteis con él o no? – Repitió él.

Tras un largo silenció, Kaileena se armó de valor y confesó sin mirarles a los ojos.

- Sí … Creí que había algo entre nosotros. Pero … - No pudo continuar. Estaba batallando contra las lágrimas que brotaban de sus ojos.
- No lo entiendo … Os dio el Medallón. – Dijo Farah. – Tenía que sentir algo por vos cuando lo hizo.
- Eso pensé yo hasta que llegamos aquí. Las noches anteriores a nuestra llegada estuvo … raro. Pero me dijo que estaba agotado por la reparación del barco.
- Él no reparó barco alguno. – Interrumpió Malik.
- ¿Qué?
- En esos días fue cuando me envió una carta contándome su plan. – Le explicó.
- Entonces … ¿Me estuvo mintiendo todos esos días? ¿Estuvo fingiendo? – Poco a poco, Kaileena iba cediendo a sus sentimientos y poco le faltaba para derrumbarse.
- Eso me temo. – Respondió Malik.
- No, esperad un momento. – Saltó Farah. – Aquí hay algo que no encaja. Si le dio el Medallón fue porque realmente guardaba algún tipo de sentimientos hacia ella. Algo más ha tenido que pasar para haberle hecho cambiar de opinión.
- Mi diario … - Pensó Kaileena en voz alta.
- ¿Qué? – Preguntaron Farah y Malik al unísono.
- Me acusó diciendo que había leído mi diario.
- ¿Había algo que pudiera malinterpretar? – Le preguntó Malik.
- Algo que pudiera malinterpretar … - Y pensó en la página por la que dejó abierto el diario antes de aquella frenética noche. – No … Sería una locura … No puede ser.
- ¿Qué? – Insistieron ambos.
- Cyrus ha leído una página que escribí antes de enfrentarme a él … - Kaileena se llevó las manos a la cabeza.
- ¡¿Cómo? – Malik y Farah no lo comprendían.
- Dejé el libro abierto por esa página en la mesa de mi camarote. ¡Esa noche ocurrió todo! – Les explicó, alterándose más por momentos. – Por la noche una tormenta sacudió el barco, ¡pero cuando desperté él ya estaba de pie! ¡Debió leerlo mientras dormía!
- Ahora todo encaja … - Dedujo Malik. – Con lo que Cyrus me contó y vuestra versión, está claro que Cyrus se ha hecho un lío. Si ha leído lo que vos creéis Cyrus habrá pensado que erais vos quien le engañaba.
- Y al final ha resultado ser él quien la ha engañado a ella … - Terminó Farah.

De pronto, una puerta abriéndose los alertó. Farah preparó una flecha y Malik empuñó su espada. Ambos estuvieron a punto de atacar a una sombra que vieron acercarse a la entrada de la sala donde estaban, pero reaccionaron a tiempo y no lo hicieron. Resultó ser Cyrus.

- ¡Por los Dioses! La ciudad está plagada de criaturas de Arena … - Maldecía él.

Cyrus necesitó unos minutos para recuperarse, pues había estado corriendo por las calles de Babilonia, evitando a los soldados de Arena. Sin embargo, en cuanto vio a Kaileena se recuperó al instante. Malik y Farah le miraban extrañados y con cierto grado de desconfianza.

- ¡Vaya, Kaileena! Al fin te encuentro. – Le dijo, dirigiéndose hacia ella.
- ¿Qué? – Dio varios pasos atrás, desconfiando de él.
- Ven conmigo. Te llevaré con tus soldados. En cuanto regreses con ellos nos dejarán en paz. – Le dijo, y añadió para sus adentros. – Y tú desaparecerás de mi vida para siempre.
- ¡¿Qué? – En ese momento, Kaileena trató de regresar a donde estaba, pero Cyrus tiraba muy fuerte de ella y la tenía sujetada por el brazo que tenía vendado. - ¡No! ¡Suéltame!

Finalmente, Kaileena le dio una bofetada a Cyrus que hizo que la soltase. Pero no le agradó y trató de irse directo a ella para vengarse. Sin embargo, se encontró con Farah y Malik en medio.

- ¡¿Qué hacéis? – Les preguntó irritado.
- No vas a llevártela a ningún lado. – Amenazó Malik.
- ¡¿Qué? – Cyrus no se lo podía creer. - ¡¿Estáis de su parte? ¡Estáis locos!
- El único que está demostrando estar loco aquí, sois vos. – Dijo Farah.
- Pero … Si la llevamos con sus soldados … - Trató de explicarse.
- La matarán. Ya lo hemos intentado y casi la matan. Eso deja a Kaileena en nuestro bando.
- Pero la quieren a ella. – Insistió Cyrus. – Si entregándola podemos salvar el Reino hagámoslo.
- ¡¿Cómo podéis deshaceros tan fácilmente de una persona? – Por minutos que pasaban, Farah le iba cogiendo más asco a Cyrus. – Me repugnáis.
- ¿Qué queréis dec …?

Cyrus no pudo terminar la frase. Una horda de enemigos se lanzó sobre ellos. Era una emboscada.

- Cyrus, cuando esto acabe podrás hablar con Kaileena y arreglar las cosas. Pero ahora ocupémonos de esto. – Dijo Malik.
- ¡¿Arreglar las cosas? ¡¿De qué hablas? – Cyrus estaba muy molesto. Sentía que hasta su propio hermano estaba en contra suya.
- Cuando hables con ella lo entenderás. – Añadió Farah en tono muy serio.

No era momento para seguir hablando. Tenían una gran cantidad de enemigos que matar y estaban en una seria desventaja numérica.