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26. Como un balde de agua fría

—Blaise, reunión urgente.

—Buenos días igualmente. Sí, gracias a Dios me encuentro muy bien, gracias por preguntar. El agua está muy rica, claro, aunque quizás un poco helada, pero no debería preocuparte. Oh, por supuesto que me gustó mi desayuno y ahora me muero de ganas por ir a almorzar… aunque lo que más ansío es el postre, sinceramente. Pero no exultes tanta curiosidad, también quiero saber cómo te va a ti.

—¿Eres así de gracioso las veinticuatro horas del día o sólo por las mañanas?

—All-day-long, preciosa, all-day-long.

—Bueno saberlo. Ahora ven.

—¿Disculpa?

—Dije que vengas.

—No, no. Creí escuchar que me ordenaste que fuera contigo a quién sabe dónde.

—Sí, te estás lavando bien los oídos por la mañana. Necesito que hablemos.

—Estamos hablando.

—¡Es urgente, Blaise! Y sabes a lo que me refiero.

—Sí, yo sé a lo que te refieres pero al parecer tú no a lo que yo. Llegas como un huracán pelirrojo exigiéndome que salga de esta piscina para hablar contigo, algo que no me llama mucho la atención pues podríamos hacer otras cosas considerablemente más entretenidas y, por otra parte, no sé qué tan interesante sea lo que tienes para decir. No estoy poniendo en duda que tú seas muy interesante, Pecas, no me malinterpretes. ¡Oh! Y estoy un poco ocupado, como ves. —concluyó pasándole un brazo por los hombros a una atractiva chica de cabello rubio que sonrió presuntuosamente, dándose aires de importancia.

—¿Algo más? —preguntó exasperadamente apenas mirando a la muchacha que, muy por el contrario, no le quitaba los ojos de encima. Y la expresión que tenía en el rostro era sumamente… golpeable.

—Nope.

—Perfecto. Entonces, si ya terminaste el monólogo –muy interesante también, por cierto–, necesito que hablemos a-ho-ra. —el muchacho enarcó una ceja y ninguno de los dos cortó el contacto visual, por lo que continuaron mirándose fijamente hasta que Blaise pareció hartarse de esperar aquello que no llegaba y se giró, pasando su otro brazo por sobre el hombro de la rubia y reteniéndole el rostro con los bíceps, sonriéndole insinuantemente e ignorando completamente a Ginny. Acercó su boca al oído de la chica y le susurró algo que, por supuesto, la pelirroja no pudo escuchar. Fuera lo que fuera, hizo sonreír a la chica y luego Blaise bajó y la besó lánguidamente en la curva del cuello. Muy bien, era suficiente.

—Muy bien, es suficiente.

Blaise se irguió y aun estando a menor altura que ella, su aspecto era imponente. Estaba serio, muy serio, algo completamente extraño tratándose de él. Por lo mismo, Ginny comenzó a impacientarse un poco más. Pero no estaba nerviosa, no, no, por supuesto que no.

—Si quieres hablar, te escucho. —le dijo tranquilamente, enfrentándola con sus ojos verdes clavados en los suyos. Y seguía serio. No estoy nerviosa, no. La rubia estaba con el ceño fruncido, y Ginny se regocijó enormemente en su molestia. Infló los cachetes y pareció dispuesta a decir algo, pero finalmente cerró la boca y estuvo a punto de largarse de ahí ofendida por no ser tomada en cuenta, cuando Blaise le retuvo la muñeca con una mano, acercándola a él y pasándole un brazo por la cintura— Oh, no, no te vayas. Dame dos minutos. Termino con esto y podemos ir a hacer lo que tú quieras… —murmuró con una media sonrisa dirigida especial y únicamente a ella. La otra. Ésta sonrió mordiéndose el labio y el moreno se inclinó para besarla en la línea de la mandíbula. Ginny también pudo jurar que la mordisqueó. Apretó los puños y quiso golpearlo. ¿Dos minutos? ¿Tenía la desfachatez de asegurar que iba a despacharla en dos putos minutos? Era increíble. Hilarante. Sí, se habría largado a reír de no estar tan asquerosamente molesta. Y además la besaba y coqueteaba. A ésa, a la otra. ¿Quién se creía que era para hacer eso frente a ella?

—Oh, es increíble. ¿Quién te crees que eres para hacer esto en frente mío?

Él debía aprender a ubicarse, y ella debía aprender a callarse lo que estaba pensando.

—¿Perdón? —y el muy idiota sonrió desvergonzadamente. Ginny se mordió la lengua y volteó la cabeza, negándose tercamente a mirarlo. Pudo haber pasado un segundo, un minuto o diez, pero al cabo del tiempo que haya sido escuchó a Blaise chasquear la lengua con hastío, alejándose un paso del borde de la piscina— Perfecto. Si no tienes nada que decir, bien. No pienso seguirte regalando segundos de mi preciado tiempo. Vamos, Josephine. —se volteó completamente y comenzó a alejarse de allí con la muchacha enredada en él, por lo que la pelirroja tuvo que deshacerse de su testarudez y corrió al borde de cemento, agachándose y alcanzando a retenerlo con una mano en su brazo.

—¡No! No te vayas. —obvió olímpicamente la ceja alzada del moreno y se concentró en resultar lo más seria y desvalida que le fue posible. Si imponerle cosas no daba resultado, entonces apelar a su innata debilidad masculina lo haría— Esta vez sí que es en serio. Necesito hablar contigo, Blaise, es importante… y tiene que ser a solas. —agregó dirigiéndole una fulminante mirada a la chica de ojos pardos— Por favor.

Voilà.

Blaise no supo si fue el tono. No supo si fueron sus ojos. No supo si fueron sus labios moviéndose tan lenta y seductoramente. No supo si fueron los leves pliegues que se dibujaron en su frente. No supo si fueron sus ondas pelirrojas cayendo con elegancia a ambos lados de su cara ligeramente ovalada. No supo si fueron aquellas irresistibles pecas esparcidas desordenadamente en su rostro. No supo si fueron sus palabras. No tuvo idea. Lo único que supo con certeza fue que no podría negársele una vez más. Y que el diablo se lo llevara, pero lo único que sabía es que aquella muchacha con cabellos de fuego tenía más influencia sobre él de lo que era aconsejablemente razonable.

—Jazmine, lamento esta interrupción pero tengo ciertos asuntos importantes que tratar con esta señorita. ¿No te molesta, verdad?

—Yo…

—Perfecto. Un gusto, adiós. —le sonrió con un gesto que, de haber sido dirigido a Ginny, le habría hecho golpearle la cabeza contra un muro. Pero no lo era, por lo que la pelirroja se permitió soltar una pequeña risita. Josephine, Jazmine o como se llamara la miró con llamaradas de fuego verde ardiendo en sus ojos cafés, pero sin duda la mirada más colérica se la obsequió amablemente al moreno quien, por supuesto, no se inmutó.

—Jennifer. Mi nombre es Jennifer, imbécil. —escupió ofendida, y ante la cara que puso Blaise, la ojiazul no pudo contener una carcajada. Esperó a que la rubia se alejara mientras él la miraba inaudito, meneando la cabeza negativamente, y se sentó en el borde de la piscina, dejando caer sus piernas al interior de ésta y mojándose las pantorrillas. Cuando dejó de reírse permaneció con una suave sonrisa en los labios y él se giró hacia ella, apoyando sus manos en el cemento, a sus costados.

—Increíble. —musitó.

—Sí, no puedo creer que seas tan poco caballero. No sólo por no recordar su nombre, sino por la manera en que la echaste de aquí…

—No, no eso —interrumpió—. Es increíble la forma en la que me respondió. Me dijo "imbécil", ¿la escuchaste? —Ginny reventó en otra pequeña risilla, pero él parecía estárselo tomando muy en serio— Inaudito… cada día tienen menos respeto por uno.

—Ten por seguro que yo tendré mucho menos respeto por ti si algún día me haces algo como lo que le acabas de hacer a ella. —advirtió sonriendo, balanceando sus pies en el agua.

—Jamás olvidaría tu nombre, Pecas. —dijo él terminando de acercarse y apoyando sus brazos doblados en los muslos apenas cubiertos de Ginny por unos cortos shorts de jean— O al menos tu apodo.

—¿Y tendrías el descaro de deshacerte de mí así si llega otra chica más linda que yo?

—¿Quién dijo que tú fueras más linda que ella? —devolvió Blaise sonriendo de lado. Ginny quiso darle un coscorrón, pero finalmente lo miró bien y sonrió también.

—No es necesario que lo digas, tus ojos hablan por ti. —el moreno sacó su vista del escote de Ginny y la fijó en los ojos azules que se revoleaban en ese momento, sonriendo con una mezcla de inocencia y picardía. Sí, porque aquella mezcla era posible sólo en hombres del calibre de Blaise Zabini.

—Estaba admirando el bonito diseño de tu bikini, Pecas, no te confundas.

—Oh, lo siento, no es justo que piense tan mal de ti ya que nunca en la vida has hecho nada que me lleve a desconfiar de tus intenciones.

—No lo podía haber puesto en mejores palabras. —concedió con una inclinación de cabeza— Y sí, deberías martirizarte.

—El peso de mi conciencia es terrible.

—Me alegro, porque mi mente es demasiado cándida y absolutamente inocente como para fijarse en tus senos tan redondos y langüeteables cuando puedo estar apreciando las bellas lentejuelas tornasol de tu bikini café.

Y sí. Sí. Mierda, sí. El muy descarado dijo todo eso –todo– sin quitar los ojos del busto de Ginny. Y sí. Doble mierda, sí. Luego la punta de su lengua se dejó avistar descaradamente detrás de los labios entreabiertos, allí, entre los dientes blancos. Tentando y prometiendo. Atrayendo. Aunque ella no quería dejarse atraer.

—A mí también me gusta, pero le harás un agujero si lo sigues mirando de esa forma. —le contestó con un tono impasible que ocultaba por completo el pulso incesante de la sangre en sus venas. De las hormonas erizando los vellos de su piel. En cuanto terminó la oración, sin embargo, se arrepintió de haberla elaborado. Él alzó la cabeza y quedó a su altura, revelando esa sonrisa, ese cabello negro como la noche sin luna y esa mirada impactantemente verde que alumbraba más que el sol en verano, revelando todo eso que la hizo recular. No habría sido necesario que contestara nada porque su gesto lo decía todo, pero lo hizo de todos modos.

—No uno, sino muchos. Y créeme que no habría nada que lamentara menos que eso.

—Creía que te gustaba.

Creo que tengo de dejar de hablar estupideces…

—Pero tú me gustas más.

y concentrarme en el motivo que me trajo hasta aquí. Sí, definitivamente sí.

Blaise se acercó a ella, apoyando una palma caliente en su muslo desnudo, y a Ginny no le costó adivinar el motivo de aquel movimiento. Como tampoco le costó echarse hacia atrás, esquivándolo. No, sorprendentemente no le costó negarse a aquel beso.

—Muy bien, casanova. Interesante conversación, pero te recuerdo que vine para hablar contigo de un asunto en específico. —le dijo con la necesidad casi desesperada de enfriar aquella conversación que se había ido entibiando paulatinamente a punta de murmullos renqueantes y miradas cargadas de dobles intenciones. Él captó y acató, sin enfadarse y sin rechistar, aceptando aquel aplazamiento que no quería llamar rechazo pero conservando esa media sonrisa insinuante. Porque ella podía esquivar un beso si quería, pero el coqueteo de sus ojos y de sus labios sería ineludible. Le gustara o no.

—Está bien, como quieras. Hablemos. Pero —añadió alzando su mano con el dedo índice estirado, acallándola sin necesidad de poner aquel mismo dedo en sus labios ahora ligeramente entreabiertos— si quieres hacerlo debe ser en igualdad de condiciones. Tienes que meterte aquí también. —dijo dejando caer sus ojos hacia abajo por su propio cuerpo lánguidamente, y Ginny deseó que no estuviera mirando lo que ella creía que estaba mirando.

—¿Perdón?

—Y luego el de la mente sucia soy yo. A la piscina, qué estás pensando. —aclaró con una sonrisa que dejaba en evidencia su mente sucia en demasía— Yo estaba bañándome plácidamente aquí hasta que llegaste porque quieres "conversar", y no pienso salir, aun si lo que quieras decirme es importante. Así que ven.

—Pero podemos hablar así como estamos.

—Nop, no podemos. —devolvió él, alejándose varios pasos de ella hacia el centro de la piscina— ¡Mira, desde aquí no puedo escucharte!

—Blaise Zabini, no consigo entender lo pendejo que puedes llegar a ser. —él se encogió de hombros, aún esbozando aquella sonrisa medio despreocupada medio divertida— ¡Dale, ven!

—No, dale ven tú. Ya te dije que sino no hablamos, es mi condición por espantar a esa Jannine con la que estaba.

—Jennifer, animal, se llamaba Jennifer. Y yo no la espanté, fuiste tú mismo con aquella delicadeza digna de un troll que tienes.

—Lo que sea. Empieza con jota de todos modos. —nuevo encogimiento de hombros, esa vez genuinamente despreocupado. Y desvergonzado. Luego chasqueó la lengua con impaciencia y caminó lo más rápido que le permitió el agua los pasos que se había alejado del cemento y de Ginny— ¡Y tanta vuelta que le das a las cosas! Yo soy hombre de hechos, pelirroja, y te dejaría el blah blah a ti si no tuviera tantas ganas de que te metas a esta piscina de una jodida vez.

La tomó firme de la cintura y ante la sorpresa de ella la arrastró por el borde, empujándola hacia su cuerpo y metiéndola dominantemente en la pileta, cuya agua se agitó al recibir sus pataleos.

—¡Oye! —se quejó, enojada, golpeándolo en un brazo. Él sólo suspiró y volvió a sonreír.

—Mucho mejor.

—¿Siempre eres tan… —buscó una palabra que acaparara todas las características irritantes de aquel italiano que tenía en frente, pero se frustró al no encontrar ninguna que le hiciera justicia— tan… tan insoportablemente cada vez que actúas? —Blaise la miró casi con los ojos entornados, alzando una ceja, y ella se sintió golpeablemente idiota.

—Eh… sí. Creo que por más que tratara, no dejaría de ser yo mismo, Weasley. —dijo lentamente, y a Ginny no le gustó aquel tono que se usaría para enseñarle a un burro a rebuznar. Resopló evidentemente hastiada y apartó aquellas manos grandes que todavía no abandonaban su cintura, alejándose un cuarto de paso y apagando el leve estremecimiento que le provocó el brusco cambio de temperatura.

—Lástima. —bufó. Luego interpuso sus brazos apresuradamente entre el cuerpo de Blaise y ella, pues éste se había acercado nuevamente con claras intenciones de rodearla con sus brazos extendidos— Y no, no es necesario que me abraces porque el frío se me va a pasar pronto.

—Obviamente. Porque estás conmigo.

—Voy a hacer como que nunca escuché eso, ¿sí? —si no estuviera tan repentinamente apestada, quizás lo toleraría más. O quizás no— Quería hablar de Hermione. Y de Malfoy. —el semblante prepotente del moreno se suavizó un tanto, aunque arqueó levemente una ceja— No tengo idea qué mierda puede haber pasado esa noche que estuvieron solos, pero no es normal que Hermione se haya pasado un día completo encerrada en nuestra habitación. Y que se niegue a decirme cualquier cosa. A Malfoy prácticamente le pasó lo mismo, aunque a él lo vi ayer en la noche.

—Sí… me costó convencerlo, pero logré que bajara a cenar.

—¿No lo encuentras raro? Es decir, siempre puede existir la posibilidad de que hayan hecho algo tan absolutamente caliente y desenfrenado que a Hermione le dé vergüenza mostrar la cara, y aunque me gustaría que fuera esa posibilidad… no sé, algo me dice que es como… todo lo contrario. —finalizó con una mueca.

—Sí, tienes razón pero… para. ¿Hiciste todo este show para decirme esto?

—Eh… ¿sí? Cuál es el problema. —cuestionó a la defensiva, frunciendo el ceño.

—Vaya. Entonces sí que estabas celosa. —musitó, hablando casi para sí mismo.

—¿Qué?

—Para haber hecho que me apartara de esa Jocelyne para hablar esto, me refiero. Debes haber estado muy celosa de que estuviera con otra. —Ginny abrió su boca, ofendida no tanto por sus palabras como por el tono confiado en que las pronunció.

—¡Jennifer! Yo no era quien se la estaba ligando y soy perfectamente capaz de acordarme de su nombre, no entiendo por qué no puedes tú.

—Pues porque yo lo estaba haciendo. —contestó como si fuera obvio— Pero ése no es el punto.

—Tienes razón, no lo es. El punto es que éste sí me parece un asunto importante, y debiera serlo para ti también. ¡Estamos hablando de nuestros mejores amigos! Ya me sentía medio culpable por lo que hicimos, ahora tengo miedo de haberla cagado definitivamente. Y si fuera así, Hermione no volvería a hablarme en su vida.

—Pero si alguien la cagó, ése habría sido Draco y no tú. ¿De qué tiene que culparte?

—De que fui yo quien fomentó y planeó esa cagada. Se sentiría traicionada, y nada menos que por su mejor amiga. —de pronto su semblante pareció derrumbarse. Dejó caer los hombros y frunció su rostro con aire compungido— Mierda, estoy muerta.

—Ya, no exageres. —le dijo posando una mano sobre su hombro, a fin de reconfortarla.

—Tú no la conoces, Blaise. —aseguró con expresión atormentada— No la conoces. —repitió.

—No hace falta. He convivido con el estupendo humor de Draco por más de diez años y estoy seguro de que es mucho, pero mucho, peor que tu amiga. —afirmó mirándola directamente a los ojos, y por el brillo que vio en ellos, Ginny confió completamente en sus palabras— Además, te estás muriendo antes de tiempo. Todavía no sabemos si la cagamos o no.

—Pero y si no pasó nada malo, ¿qué fue, entonces? —meneó su cabeza colorina, disgustada— No, yo sé que algo no salió bien. Quería hablar contigo para saber si Malfoy te había dicho algo, pero al parecer no… ¿o sí lo hizo? —inquirió, suspicaz. Él negó, de gesto y palabra.

—No, no me ha soltado nada. Cosa rara, porque pensé que de haber pasado algo me habría despertado para contarme todo con lujo de detalles. Pero todo lo contrario, porque no habla palabra. Lo noto contrariado, y juraría que hasta temeroso cada vez que pone un pie fuera de la habitación. De hecho, ayer no salió en toda la mañana y casi a rastras lo llevé a la playa un rato. Y con la cena pasó lo mismo.

—¿Ves? Ninguno se comporta de forma… normal. Con Hermione fue peor, porque hasta hoy en la mañana se quedó en la pieza en vez de ir al desayuno. ¡Y no me dice nada! Más encima, Harry y Ron me tienen vuelta loca preguntándome qué le pasa… y mi hermano es el peor, lo único que está buscando es un momento oportuno para pegarle a tu amigo.

—¿Qué sabe él? —preguntó Blaise, ceñudo.

—No más que yo, que Hermione se devolvió con Malfoy, pero la diferencia está en que él es… bueno, Ron. Y está seguro de que él le hizo algo.

—Debe estar en lo correcto.

—Pero lo que quiero saber es qué le hizo.

—Sí, yo igual… ¡oh, mira! Hablando del rey de Roma. Ahí viene Draco, examínalo con tus propios ojos.

Ginny se incorporó todo lo que pudo y miró en la dirección en que señalaba Blaise. Efectivamente, su rubio amigo venía saliendo hacia la terraza del hotel, caminando en apariencia despreocupadamente con las manos hundidas en los bolsillos. Seguía derrochando elegancia y presunción, encantado de haberse conocido, acaparando miradas, y por un momento Ginny pensó que todo seguía igual que siempre. Pero él continuó acercándose, todavía sin verlos, y la pelirroja se dio cuenta de que no llevaba la vista al frente y la barbilla apuntando al cielo como acostumbraba, sino que mantenía sus ojos pegados en el suelo, y cuando los levantaba lo hacía mirando compulsivamente a su alrededor, como buscando algo que no encontraba o rehuyendo de algo que no se presentaba. Fuera como fuera, parecía que no veía lo que miraba, pues en sus ojos se traslucía que no paraba de cavilar y darle vueltas a algo que no terminaba de encajar. Se veía muy ensimismado.

Fue en uno de esos instantes en que miraba el suelo cuando chocó accidentalmente y a bocajarro con una muchacha de ondulado cabello castaño. A Ginny le podría haber causado mucha risa la expresión absolutamente aterrorizada que deformó su compostura y que casi lo hace salir corriendo en la dirección contraria, pero no pudo sino fruncir más pronunciadamente el entrecejo y encontrar aquello la cosa más rara que había visto en el último tiempo. Cuando él constató y re constató que aquella pobre chica no era Hermione, pareció murmurar una disculpa sin prestarle mayor atención. Y la muchacha era bonita. Muy bonita, de hecho. Ginny arrugó más el ceño, tanto que sus cejas casi se tocaban.

—¿Viste eso? —al parecer, ese detalle tampoco había pasado desapercibido para el moreno— Ella le sonrió con pura perversidad, ¡y él ni siquiera la miró! Si va a desperdiciar mujeres así podría dejarme alguna a mí. —murmuró con verdadero recelo, y la pelirroja le dio un golpe en el brazo. Para ese momento el rubio ya estaba lo suficientemente cerca, y si todavía no los veía era debido exclusivamente a su estado de introspección extremo. Blaise chifló y alzó un brazo, llamando su atención— ¡Eh, Draco! —el aludido alzó su cabeza y, tardando un poco, captó de dónde lo estaban llamando. Durante el fugaz segundo que posó sus ojos en Ginny, ésta los pudo apreciar un poco más apagados, y también la expresión en su rostro denotaba algo distinto. Aunque no pudo especificar qué era. El rubio sonrió levemente a modo de saludo pero no hizo amagues para detenerse— ¿No te vas a meter a la piscina? ¡Está rica, hombre!

Draco los miró a ambos con la expresión que tendría un enfermo terminal para aceptar la compasión que otros puedan sentir por él. Meneó la cabeza y su cabello centelleó como el mismísimo sol cuando abrió por fin la boca para contestar.

—No, no tengo ganas. Voy a la playa a… pensar. —Ginny pensó que no era necesario que ninguno de ellos dijera nada ante aquellas palabras, pues sus cejas alzadas hablaban por sí mismas. Draco se aclaró la garganta, incómodo y sin querer mirar a ninguno de los dos directamente a los ojos— Así que… me voy. —se alejó un par de pasos vacilante, y luego volvió a detenerse, dándoles la espalda. Se llevó una mano a la cabeza y se desordenó el cabello inconscientemente, denotando ansiedad. Por último se dio la vuelta otra vez y caminó hacia la piscina, en dirección a ellos. Cuando habló, lo hizo con un tono que evidenciaba el poco convencimiento que tenía en lo que estaba a punto de hacer— Weasley. —llamó, dejando caer los hombros imperceptiblemente— Ven.

Ginny creyó que había escuchado mal, pero cuando él repitió "Eh, pelirroja, te hablo a ti", no le quedó otra que acatar, más por curiosidad que por sumisión. Así que se arrimó al borde de cemento, con Blaise pisándole los talones.

—¿Qué…

—Toma. —interrumpió, extrayendo por fin la mano que no había sacado de su bolsillo en todo ese tiempo. Tenía en ella un pequeño papel blanco, doblado y re doblado y que aparentemente había sido muy manoseado— Entrégaselo a Hermione.

La muchacha parpadeó un par de veces, sin conseguir reaccionar inmediatamente. Se encontraba triplemente sorprendida.

Primero. Recibir una orden. Sin una sonrisa y ni un mísero "por favor". Era una orden a secas.

Segundo. Recibir esa orden. Ese tipo de orden. Entregarle un papel a Hermione. Un recadito. Un mensaje de amor. Una amenaza de muerte. Lo que fuera. Un recadito.

Tercero. ¿Acababa de llamarla Hermione?

—Eh. ¿Estás escuchando? Entrégaselo a Hermione. —volvió en sí para ver al rubio zarandeándole el papel –recadito– frente a la nariz. Frunció su gesto.

—¿Por favor?

Por favor. —concedió él con un tono demasiado cortés para ser real. Ginny chasqueó la lengua y estiró su brazo para tomar el papel-recadito, pero antes de siquiera tocarlo Draco lo retiró de su alcance, dirigiéndole una mirada punzante— Y no se te ocurra leerlo. Te lo prohíbo, Weasley. —la chica pareció a punto de hacer una infantil pataleta.

—¿Tenías que recordar aquel irrelevante detalle como lo es la privacidad inherente en cualquier tipo de correspondencia? —resopló. Él sonrió cínicamente y asintió.

—No lo leas.

—¡No! —exclamó, estirando más los dedos para arrebatarle el recadito de las manos. Él lo quitó de su alcance nuevamente.

—Es en serio, no lo leas. Promételo.

—Ya te dije que no lo voy a leer. ¿No puedes confiar en mí? —inquirió dramáticamente— ¿Quién crees que soy, Draco Malfoy?

—Una chica. Ahora promételo.

Ginny entrecerró los ojos, medio ofendida y absolutamente derrotada.

—Muy bien, te lo prometo. Te prometo que no la leo. ¿Me la pasas ahora sí? —sonrió lo más inocentemente que pudo y llegó a ponerse en puntillas de pie para alcanzar el recadito que Draco se empeñaba en encerrar entre sus dedos, reticente y ceñudo. Esa vez llegó a rozar el papel con las yemas de sus dedos antes de que él nuevamente lo alejara. Casi se tira de los pelos— ¡Qué pasa ahora!

—Júralo. No confío en ti, Weasley. Jura que no lo vas a abrir y que vas a cumplir honorablemente con tu cometido y le entregarás intacto este mensaje a tu amiga. Y que no puedas leerlo tú no significa que otros sí puedan, ¿entiendes?

Ginny quiso, francamente, golpearlo hasta romperle la nariz y hundirle los ojos en sus cuencas. ¡Maldito infeliz! ¿No podía ser más específico en las instrucciones? Ahora ya no voy a poder avivarme y leer de alguna forma ese mensaje. Me cagó todas las posibilidades. Jodido amargado. La risa de Blaise no ayudaba especialmente.

—Te odio, ¿sabías?

—Puedo intuirlo. —concedió con una sonrisa exasperante— O lo juras o no te la paso. Puedo ir personalmente a dársela.

—Oh, ¿puedes? —inquirió entonces Ginny mordazmente, cruzándose de brazos y alzando una ceja. Draco de pronto pareció espantado y absolutamente arrepentido de haber hecho aquella amenaza que muy seguramente no sería capaz de cumplir. Se mordió visiblemente la lengua y apretó los puños, enojado. De pronto las palabras se atascaban en su garganta, todas peleando para salir. Y al mismo tiempo, lo que era peor.

—Por supuesto que puedo, claro, ¿qué te crees? No tengo nada, nada que temer, es sólo que ahora estoy un poco ocupado. Ya dije que tenía que ir a pensar a la playa, ¿no? Quería hacerlo más corto y pasártela a ti, pero en vista y considerando que no quieres, siempre puedo ir yo. Por supuesto que sí. Si… si no vas tú voy yo, pero después de ir a la playa, claro, porque pensar es muy importante y…

—Hazte un favor a ti mismo y cierra la boca de una vez, Malfoy. Conseguiste darme pena. —él quedó a mitad de una oración y de haber sido de aquellas personas que se ruborizaban, lo habría hecho. Pero no lo era, así que su rostro se mantuvo tan desprovisto de color como siempre, aunque se notaba enojado— Te lo juro, ¿está bien?

—¡Júralo de verdad!

—¿Y cómo mierda se jura de verdad? Te lo juro, te lo juro por mi vaca tuerta que come caca de duende, Malfoy.

—Tú no tienes una vaca tuerta. Y de tenerla, no comería deposiciones de gnomo. —señaló, ceñudo.

—¡Por Dios! Entonces por la verruga que tienes en el trasero. ¿Ahí sí? —Blaise explotó en una carcajada que hizo vibrar el agua de la piscina. Draco lo ignoró y sólo miró a Ginny escandalizado.

—¡Yo no tengo una verruga en el trasero! —ladró con los ojos entrecerrados.

—Draco —consiguió hablar Blaise entre los profundos espasmos que le causaba la risa—. Creo que el punto de la pelirroja es que no va a ver nada que tú no quieras que vea. Y que te lo jura por su vaca tuerta y por tu verruga en el culo.

—Vaca que come mierda de duende, no te olvides. —agregó la ojiazul y el moreno se carcajeó con más ganas— Pero Blaise tiene razón, Malfoy. No la voy a leer y se la entrego directamente a ella, aunque me pique la curiosidad. Te lo prometo y juro y todo lo que quieras. —alzó ambas manos a los costados de su cabeza en un gesto que proclamaba su genuina inocencia. Sus ojos también eran honestos –ésa vez sí– así que Draco aprobó con un leve asentimiento de cabeza y le entregó el papelito, todavía con cierta reticencia que le sería imposible quitarse de encima. Más que nada porque ni siquiera estaba seguro de que escribirle una notita era lo apropiado. Pero al diablo, ya estaba hecho.

—Muy bien, te creo. Y… ¿desde cuándo es Blaise?

—¿Y desde cuándo es Hermione?

—¡Ok! Tú ganas. Tan contestataria, mujer. —se quejó con el ceño fruncido. Ginny sonrió, vanagloriándose, pero de pronto su expresión se tornó más seria y confidencial. Se acercó más, y parecía ligeramente indecisa cuando abrió la boca para hablar.

—Malfoy… ahora sí fuera de bromas. ¿Podrías decirme… decirnos, qué fue lo que pasó antes de ayer?

Fue casi mágico. Casi mágico y absolutamente instantáneo. La pregunta fue formulada y el semblante de Draco se ensombreció, y la puerta abierta en sus ojos que dejaba un acceso hacia sus pensamientos fue casi visiblemente cerrada. De un portazo. Lo último que Ginny fue capaz de decodificar en aquella mirada antes de entender nada en absoluto fue preocupación.

—Por qué. ¿Te dijo algo?

Podría contestar muchas cosas a esa pregunta. Podría decirle que sí y sacar mentira por verdad. Era buena en eso. Podría negarse a dar una respuesta directa para no dejar en evidencia su absoluta ignorancia en el tema y contestar alguna pendejada como que ella preguntó primero. Podía contestar muchas cosas, pero de alguna forma intuyó que la verdad sería lo más sensato.

—No. Nada en absoluto, y eso es justamente lo más raro de todo. —un rictus de incomodidad tensó los labios de Draco.

—¿Nada, de verdad? Qué raro… Creí que… Bueno, eres su mejor amiga.

—Y yo soy tu mejor amigo. ¿Es necesario recordarte que tampoco te has dignado a confesarme nada? —intervino Blaise, molesto.

—Lo cierto es que ninguno de los dos ha abierto la boca, por lo que debo pensar que pasó algo importante. Y entiendo que a Hermione le dé vergüenza contarme de buenas a primeras que se acostaron, ¿pero tú?

—No nos acostamos. —cortó en seco, mirando al suelo tozudamente.

—¿No? —inquirieron Blaise y Ginny a la vez, sorprendidos.

—No.

—¿Por qué no? —preguntó él.

—Hermione te mandó a volar, ¿verdad? —dedujo ella.

—Porque… b-bueno… porque no y punto.

—Oh, no. Puedes decirme cualquier cosa, cualquier cosa menos "porque no y punto". Tú querías hacerlo, Malfoy, y Hermione también aunque se lo negara incluso a ella misma. O te mandaste una cagada grande o de pronto decidiste que eres gay y se lo gritaste a la cara, y eso explicaría que no haya pasado nada y que ahora se comporten de una forma tan rara.

—Me inclino más por la primera opción. —intervino Blaise.

—Yo también. —secundó Ginny.

—Y yo creo que deberían dejar de pasar tanto tiempo juntos. Dan miedo. —ninguno se dio por aludido al comentario y no le sacaron los ojos de encima. Lo miraron tanto que se dio por vencido con un suspiro quejumbroso que más sonó a resoplido exasperado— Sí pasó algo, ¿está bien? Pasó algo malo, sí me mandé una cagada como creen pero no les voy a decir lo que hice. No me siento especialmente orgulloso. No me arrepiento… al menos no del todo. Es sólo que no me siento orgulloso. Lo único que quiero, Weasley, es que le entregues ese maldito papel en cuanto la veas, mientras más pronto mejor. Pregúntale de nuevo qué pasó, si quieres saber, y si no te lo dice puedes venir y… —suspiró— y te lo cuento yo. En cualquier caso, no fue tan terrible como ella sería capaz de reproducirlo. Creo.

—¿Pero y…

—A ti te lo cuento yo, Blaise… pero luego. Ahora sí me voy. —se incorporó nuevamente en todo lo que le dio su porte, ocultando su desconsuelo, y se alejó de allí un par de pasos dejando a ambos muchachos bastante contrariados. De pronto se detuvo y, suspirando otra vez, giró el rostro enseñándoles una buena vista de su perfil— Confío en ti, Weasley. No hagas trampa.

Y luego se fue.

Hubo un instante de silencio en el que Ginny y Blaise terminaron de procesar todo lo que acababa de ocurrir. Entonces el moreno habló a través de una risita incrédula.

—¿Qué… mierda acaba de ser todo eso?

—Un Malfoy atormentado.

Blaise movió su cabeza vagamente y la pelirroja interpretó aquello como un asentimiento, a pesar de que también pudo ser un intento por estimular a su cerebro para que las neuronas se despegaran del cráneo y así volver a trabajar con tanta rapidez como antes. Es que haber visto a su amigo en aquella actitud le extrañó y aletargó. Raro.

—Atormentado pero igualmente suspicaz. Con todo eso de hacerte prometer y jurar que ni tú ni nadie iba a leerlo… bueno, digamos que te cagó.

—Oh, sí, ni me lo recuerdes. —bufó ella, y luego arqueó ambas cejas— Y no sonrías tanto, porque también te cagó a ti. Ibas a ser tú mi escogido para llevar a cabo la noble misión de abrir este recadito y decirme lo que escribió.

—Ou. Mierda. —maldijo Blaise en un murmullo dirigido al agua de la piscina. Ginny hizo una mueca y se remitió a mirar fijamente el papel que tenía en la mano, como si quisiera desintegrarlo con la vista y que las palabras llegaran mágicamente a sus oídos sin tener ella que romper su promesa –y juramento– de no abrirlo. Pero nada ocurrió, pues el papel siguió estando dobladito y exasperantemente a salvo de miradas curiosas. Maldito recadito. Maldito Malfoy por ser tan visionario sobre mis intenciones.

—Disculpe, señorita.

Lo más probable era que aquella utilización del sustantivo femenino "señorita" excluyera de la llamada de atención a un fortachón y muy masculino Blaise Zabini, pero lo cierto es que a él nunca le había importado mucho la gramática. Por tanto, miró de todos modos hacia arriba al hombre que se inclinaba de pie en el borde de la piscina y tenía toda su atención puesta en Ginny. Frenó a tiempo el impulso de dar un paso al frente como una ridícula forma de marcar territorio. Habría sido patético.

—Lamento informarle que tendrá que abandonar la piscina. —Ginny apenas había alcanzado a abrir su boca para decir algo cuando Blaise ya había reaccionado. Sobre-reaccionado.

—Quién dice.

De haber sido un perro, aquello habría sido considerado un ladrido. Perro que ladra no muerde, dicen, pero siendo Blaise un perro que en vez de orinar sobre lo que considera suyo para marcar territorio muestra los colmillos dispuesto a atacar ante la más mínima provocación, pues sí, debería considerarse un perro de cuidado.

Sin embargo, el buen hombre no picó. Miró al moreno con simple sorpresa y se permitió esbozar una pequeña sonrisa antes de contestar.

—El salvavidas. —le mantuvo la mirada un par de segundos más por pura cortesía y luego se giró con calma gatuna hacia Ginny— Las reglas de la piscina indican que sólo se puede ingresar con traje de baño, y usted está con shorts. Por eso tendré que pedirle que salga del agua o…

—O que se los quite. —nuevamente, Blaise. Ambos, Ginny y salvavidas, lo miraron con una oscilante expresión, entre incrédulos y divertidos. El tono duro que estaba usando, sin embargo, les parecía gracioso sólo a ellos— Bueno, muchas gracias por la información, nosotros lo arreglamos. Adiós. —el hombre permaneció allí, medio de pie medio encorvado, entreabriendo y entrecerrando su boca varias veces. La cara de la pelirroja no era mucho más elocuente— ¿Acabo de decir adiós? Parece que de tanto estar en el agua se te metió por las orejas y hasta el cerebro y tienes problemas auditivos. Chao, arrivederci, au revoir, gut auf Wiedersehen. Hasta nunca. ¿Se entendió?

Quizás demasiado descolocado para hablar, el salvavidas miró inconscientemente a Ginny, a lo mejor para encontrar una explicación a ese arrebato o, simplemente, para comprobar si ella estaba tan aturdida como él. Y así era. La pelirroja esbozaba una levísima sonrisa que a ratos parecía querer transformarse en una espontánea carcajada. Finalmente, el hombre se encogió de hombros y suspiró.

—Muy bien. Pero si vuelvo en cinco minutos y no han solucionado el problema…

—Nos quemaremos en el fuego del infierno, azotados para toda la eternidad por el mismísimo Satanás. Si no quieres vivir ese calvario con nosotros, mejor ni te nos acerques. Y sí, es otra forma de decir lárgate.

—¡Blaise! —exclamó Ginny, un tanto avergonzada.

Un espasmo de risa muda sacudió el cuerpo del salvavidas quien, apenas dándose por aludido, meneó la cabeza y se alejó a paso relajado. Un silencio carente de gravedad se instauró entre ambos; él sólo procuraba asesinar al hombre con sus ojos o tranquilizarse, ella sólo buscaba encontrar las palabras apropiadas.

—¿Puedes explicarme qué mierda fue todo eso?

Palabras que no exultaban delicadeza.

—¿Viste cómo te miraba?

—¿Hablas en serio? ¡Casi me doblaba en edad!

—¿Conoces la pederastia?

—¿Hablas en serio?

—Ya lo preguntaste y sí, Pecas, hablo completamente en serio.

—Oh, eres increíble.

—Dime algo que no sepa.

—Tienes una mente enfermizamente retorcida.

—Dime algo que no sepa.

—Me largo de aquí.

—A eso me refería. —se adelantó lo suficiente para interponerse en el camino de Ginny, quien se dirigía a la escalera de la piscina— ¿Cómo que te vas?

—Y luego dices que el agua le tapó las orejas a él. —resopló revoleando los ojos— No puedo estar vestida en la piscina, así que me voy.

—Pero tú tampoco escuchas bien. Dijo que si te los quitabas… —alargó una mano y agarró los shorts desde la parte delantera; Ginny sintió sus nudillos contra su vientre— …no tenías que salir. —y su sonrisa estilaba lascivia a gotas— Yo puedo sacártelos con mucho gusto, Pecas… —a borbotones.

Llevó una mano, caliente, a la baja espalda de Ginny, mientras con la otra desabrochaba lentamente el botón de los shorts, haciéndole cosquillas en la piel del estómago cuando la rozaba. Sus ojos brillaban tan verdes como la malaquita, y se paseaban alternativamente sobre el rostro femenino y el cadencioso movimiento de sus dedos, más abajo. Ginny tenía su boca entreabierta, quizás porque estaba a punto de hablar (no sabía qué) o quizás porque aquello le facilitaba el poder respirar bien. Antes de decidirse a decir algo, Blaise ya había tomado el broche del cierre y comenzado a bajarlo. Entonces sí que se le aceleró la respiración, pues a medida que el cierre se abría, el moreno bajaba su mano más y más sobre su entrepierna, presionando a intervalos contra su bajo vientre y enviando escalofríos por su columna y hasta la punta de sus cabellos. Decidió que había llegado demasiado lejos (¡estaban en un lugar público, por Merlín!) y cuando estaba alargando la mano para quitar la suya de aquel sitio demasiado íntimo, él la apartó solo y la tomó de la cadera. Con una sonrisa que habría hecho temblar hasta al mismísimo Diablo, comenzó a bajar sus shorts no sin cierta dificultad, pues se le habían pegado a la piel. Los tironeó un poco, remeciéndola con el movimiento y haciendo que Ginny se balanceara hacia delante y terminara apoyada casi de cuerpo completo contra su pecho. La muchacha sintió las grandes manos de Blaise resbalar por sus muslos mientras bajaba el short, y apretó el recadito de Malfoy en su mano mientras dejaba escapar un suspiro que más parecía jadeo. Ya estaba empezando a dudar de su entereza y a creer que sus piernas le fallarían, cuando afortunadamente Blaise acabó con la tortura al llegar con el short a la altura de sus rodillas, donde quedaba más holgado y era fácil sacarlo. Lástima que él pretendiera ir más lejos. Se agachó para sacar la prenda directamente de los pies de Ginny, y al estar en un nivel en que el agua era baja pudo besarle delicada y fugazmente el estómago mientras lo hacía. La pelirroja contrajo sus músculos involuntariamente, demasiado aturdida para hacer o decir cualquier otra cosa. Cuando Blaise se incorporó sonriente con los shorts en la mano, parecía mucho más alto, imponente y magnífico que antes.

—Aquí tiene, señorita. —su sonrisa traviesa era capaz de extirparle el aire no sólo a ella, sino a todo el mundo y persona parada sobre él.

—Eres… increíble. —musitó aturdida. Sabía cómo sonaba eso, pero no lo decía tanto por su genialidad como por su arrebatador carácter y la fuerza descomunal de su personalidad. Y de su belleza.

—Dime algo que no sepa.

Ginny pestañeó con fuerza y meneó la cabeza, buscando ordenar sus pensamientos y salir del maldito estado idiotizado en el que se encontraba.

—Esto ya lo sabes, pero lo repito por si tienes la confianza necesaria en ti mismo como para creer que con tu reciente actuación me has hecho cambiar de opinión. Me voy, nos vemos luego.

—Alto alto alto. —la detuvo de la muñeca, situándose frente a ella nuevamente y con una incrédula mirada— ¿Sigues queriendo irte? Ya no tienes por qué, acabo de sacarte la ropa. —apuntó con una sonrisa picarona.

—Sí, pero eso no influye. No estoy insinuando para nada que me desagrade estar contigo, Blaise, al contrario. —esbozó una media sonrisa mientras le echaba una ojeada a su torso escultural— Pero el hecho está en que tengo una misión, y ésa es entregar este papelito milagroso a una muy deprimida amiga. Y no sé por qué, pero algo me dice que lo que sea que haya escrito en él es de vital importancia para que Hermione deje de actuar como una planta, cosa que quiero conseguir pronto porque odio que sea una muerta en vida, y podamos seguir saliendo y pasándolo bien, con la condición de que tu querido amiguito se comporte de ahora en adelante. ¿Te parece bien?

—Su… supongo que sí.

—Perfecto. Entonces nos vemos más tarde porque sí, estaremos en contacto, mi querido compañero de conspiración.

—Mientras la conspiración no haya resultado un completo desastre, todo bien.

—Ya lo fue a medias.

—Pon énfasis en el 'completo'.

—Nos entendemos.

Ginny sonrió y le guiñó el ojo, alejándose luego y saliendo de la piscina en la que quedó un Blaise Zabini igualmente sonriente y exultante de impaciencia por tener aquellos ojos lapislázuli nuevamente a la vista.

x·x·x·x·x·x·x·x·x·x·x·x·x

—Por favor.

—No.

—Por favoooooor.

—Nooooooo.

—¡Por qué no!

—¿Por qué sí?

—Porque… alto. ¿Estamos hablando de tu estúpida auto reclusión o de la cartita de Malfoy?

—De las dos.

—Merlín, es inaudito. No puedes tener cara de estar haciendo esto si siempre criticas todas mis pendejadas. ¿Cómo le llamas a esto?

—Dignidad. Sentido común tal vez.

—Me suena más a cobardía, eso seguro. Hermione… ¡ya te encerraste aquí todo un día! ¿Quieres dejar de hacer el ridículo, por favor? Porque yo no voy a permitir que sean dos, ¿me escuchaste? Si está en mi mano hacerlo planeo sacarte de esta pieza tirándote hasta de las mechas, pero al almuerzo vienes conmigo quieras o no.

—Siempre he dicho que la tiranía es un mal sistema.

—Y yo siempre he pensado que la estupidez es la peor de las obstinaciones. Pero qué puedo decir, el mundo no te escucha. —Ginny guardó silencio un momento y luego se mordió el labio, cautelosa— Escucha, Hermione…

Pero yo no quería escuchar. No quería escuchar nada y, definitivamente, no quería salir de esa pieza. Así se me fuera la vida en ello.

—Dije que no.

Me levanté de la cama y le di la espalda antes de que tuviera tiempo para contestar. Escuché que bufó por lo bajo algo ininteligible, pero la ignoré y salí al inmenso balcón de la suite, desde el cual teníamos una privilegiada vista de todo South Beach. Me rodee el cuerpo con los brazos, abrazándome a mí misma, y me mordí el labio. Sabía que estaba siendo una niñata. Una niñata irracional, patética y muy, muy golpeable. ¿Pero qué iba a hacer? ¡No podía evitarlo! Todo lo que había pasado anoche era la prueba de mi exigua entereza, de mi vulnerabilidad. La prueba de que soy igual que todas las estúpidas que babean por cada suspiro de ese otro idiota. Me encerré no sólo por la vergüenza –que es grande– de verle la cara de nuevo, sino porque siento lástima de mí misma. Rabia hacia él por engañarme, pero más ira hacia mí por caer ante tan burdas tentativas. Me doy asco a mí misma.
Ayer me pasé todo el día ahogando gritos frustrados, o sencillamente liberándolos, destrozando y volviendo a recomponer con mi varita toda la habitación. Ginny podría decir que es cobardía, pero lo cierto es que yo lo llamaría sensatez. De haber salido a dar la cara y encontrarme frente a frente a Malfoy… bueno, creo que un Cruciatus hecho por el mismísimo Voldemort habrían sido simples cosquillas en comparación a lo que yo tenía pensado para él. Ahora, la ira ciega dirigida exclusivamente a él se había apaciguado, pues yo misma estaba como blanco de mis propias recriminaciones. Por ilusa, por débil y por confiada. Por tonta, no más.

—¿Puedes dejar el dramatismo, por favor? Hermione en serio, cualquiera diría que te violó…

Me giré para ver a Ginny, que acababa de salir al balcón para continuar hostigándome. Meneé la cabeza, ofuscada.

—No, pero casi.

Y le rehuí la mirada, pues yo bien sabía que esa afirmación distaba de ser real. De todas formas, de eso ella no tenía idea, por lo que se le abrieron los ojos azules como dos grandes pepas de lapislázuli.

—¿Es en serio? Habla en serio, Hermione, por favor. Mírame. No te obligó a hacer nada que tú no quisieras… ¿verdad?

Me demoré en contestar. No porque yo verdaderamente creyera que había sido totalmente coercida por el alcohol y forzada a estar con él, sino porque me daba una vergüenza atroz admitir todo lo que había pasado anoche. Ya era suficientemente terrible pensarlo y aceptarlo en mi fuero interno… tener que reproducirlo en palabras se me hacía imposiblemente bochornoso. En especial si a quien tenía que contárselo era a mi muy desinhibida mejor amiga. Al no contestar, Ginny comenzó a estar francamente alterada y se puso tensa, los ojos abiertos en demasía.

—¿Lo hizo? ¿Te forzó? —me rodeó y quedó frente a mí, tomándome los brazos y clavándome sus dedos con fuerza en la piel. Buscó mi mirada con insistencia y toda ella era enfática, descompensándose con cada segundo que pasaba— Dime que te tocó un solo pelo sin tu consentimiento y yo misma me voy a encargar de despellejarle capa por capa su tan preciado…

—¡Ginn! —interrumpí sin querer escuchar más. Hay cosas con las que prefiero irme a la tumba sin imaginar— No me forzó a hacer nada, tranquila. —esta conversación me recordó mucho a la que mantuve con su hermano ayer… con la diferencia de que, con esta pelirroja en particular, pretendía ser más sincera. Aunque más tarde me arrepintiera— No… no pasó nada que yo no quisiera.

No quise ver su cara ya no furibunda, sino ahora genuinamente sorprendida. Apreté los labios hasta tensarlos en una línea recta y fría y volví a entrar a la suite, sintiendo que no podía estar quieta. Me siguió de inmediato, y me preparé psicológicamente para narrarle toda la odisea de ayer. La perspectiva de tener que contar todo lo que acaeció anoche no me era muy alentadora, y ya incluso antes de comenzar a hablar me sentía con los nervios de punta. La gran y variada gama de emociones que había sentido en el transcurso de ese día y medio me estaban pasando la cuenta, y verdaderamente ya no sabía qué pensar o sentir. Estaba agotada, emocionalmente hablando. Ahora mismo no sabía si debía estar avergonzada, iracunda, nerviosa o arrepentida. Hablé con una mezcla de todo.
Ginny no dijo ni pío mientras duraba mi narración y, es más, la notaba extremadamente nerviosa en ciertas partes. Rehuía mi mirada y no dejaba de retorcer las manos sobre el plumón de mi cama. En un momento llegó a ponerse de pie, y comenzó a pasearse por la habitación de una forma que me estaba poniendo histérica a mí.

—Siento una rabia enorme, Ginn, no te imaginas cuánta… es contra él, pero quizás más contra mí misma. Hacia él porque me engañó y me mintió como un cosaco, pero hacia mí por creerle todo. Es decir, es Malfoy, ¿no? —esbocé una sonrisa amarga, sin pizca de gracia— Se supone que no deba confiar en él, se supone que lo aborrezca. Es como una ley de la vida. Mi error fue intentar ir en contra de la naturaleza… creer que la serpiente no tenía veneno. Y sí tenía… vaya que tenía. —terminé con una mueca, sintiendo que la rabia le iba ganando a cualquier otro sentimiento. La miré para distraerme, ya que su silencio luego de que terminara de hablar estaba siendo prolongado, y vi que se estaba mordiendo el labio con fuerza. Me había esperado cualquier cosa, menos esa actitud ansiosa; esperé impresión, burla, enojo, irritación, suspicacia, tanta ira como la mía… pero no era nada de eso lo que se atisbaba en su semblante— Qué pasa… ¿No vas… no vas a decirme nada? —le pregunté, insegura.

—Yo… bueno, no sé, yo no lo llevaría preso.

—¿Qué? —me aturdí. Ella continuaba con sus paseos frente a mi cama y mantenía la vista fija en el suelo, me miraba a ratos pero no por más de unos pocos segundos.

—Me refiero a que no creo que te haya engañado. No creo que lo haya hecho con mala intención.

—¿Es todo? —me impresioné— Te limitas a hacer un comentario (que estoy bien dispuesta a refutar) sobre el desenlace de todo el asunto, pero ¿nada de provocaciones absurdas, de "¡Te dije que caerías, Hermione, te lo dije!", nada de molestarme por haber vuelto con la cola entre las patas o incordiarme por más detalles? ¿Es todo?

—Bueno… sí. —dejó de dar vueltas y se paró a mirarme con el ceño fruncido, como si me viera por primera vez, aunque luego las palabras parecieron nuevamente atropellársele en la boca y retomó su actitud nerviosa— No es que no quiera saber más, pero veo que todo esto te conmocionó bastante y me parece que lo que más te afectó no fue el haber ido "en contra de tus principios", sino el supuesto de que Malfoy te mintió para poder acercarse a ti y conseguir sus hipotéticas deshonestas intenciones.

—¿Supuesto? ¿Hipotéticas? Ginny, por favor, escuchaste todo lo que acabo de contarte. Acá no hay lugares para supuestos o condicionales… él me embaucó y se aprovechó de la situación, me sedujo a punta de pútridas mentiras y eso es algo que no se discute. Punto.

—Insisto, Hermione, yo no lo llevaría preso… ya, cálmate y déjame terminar. Es que, ¿qué pruebas tienes para afirmar eso? Está bien, te mintió sobre lo de la varita y descompuso el auto, nadie lo niega, pero eso tampoco quiere decir que todo lo de antes haya sido parte de su plan truculento para seducirte. Tú misma lo dijiste antes, estamos hablando de Malfoy y, por lo mismo, se sabe de antemano que sus tácticas para conseguir algo pueden no ser lo que se llama "políticamente correctas". Hace un poco de trampa, sí, pero sólo para ayudarse y en este caso propiciar las condiciones que facilitarían lo que todos sabíamos (tú incluida) que ocurriría en algún momento. Esa audacia insolente fue la que lo llevó a estar en Slytherin, después de todo.

Su argumento podría (podría, en condicional) llegar a tener cierta lógica, pero aun así no me dejé convencer tan fácilmente.

—Qué Slytherin ni qué nada, la audacia de la que hablas no justifica las malas intenciones. ¿Y qué hay de que me emborrachó, eh?

—Por Morgana bendita, Hermione, vete a un club de drama. Tú bien sabes, ambas sabemos, que no te emborrachó. Compró cervezas con la intención de que te soltaras un poco, pero tampoco te puso la varita en la garganta y te obligó a tomarlas. No les agregó estupefacientes ni ningún tipo de droga o poción, tampoco te hechizó o hizo un Imperius. Y no te embriagó ni nada parecido, porque recuerdas todo lo que pasó con puntos y comas.

—Ya, ya, es suficiente. Sí, tienes razón, técnicamente no me emborrachó ni me drogó ni me hechizó ni nada, es verdad, ¡pero sí me influenció! Tú no has tenido trato con él, pero sí con Zabini y ambos están cortados por la misma tijera. Sabes lo persuasivos que pueden llegar a ser, te coercen y te retuercen el pensamiento por completo… es como si me hubiera obligado. Psicológicamente, al menos.

—Ni siquiera tú te crees lo que acabas de decir, Hermione. —sonrió Ginny, de una forma que me molestó bastante— No me mientes sólo a mí, te mientes a ti misma. Y luego dices que él es el farsante…

—¡No se te ocurra defenderlo, Ginny! Ni se te pase por la cabeza porque te vas de aquí ya mismo. —amenacé, apuntándola con el dedo— Los tecnicismos no importan, el punto es que es un vil embaucador que no merece perdón, que lo odio y lo aborrezco por ser tan falso y un asqueroso aprovechador. —sentí que me ardían las mejillas, y supuse que me había acalorado con el énfasis que estaba poniendo en mi discurso. Es que bastaba con ver en mi mente aquel rostro pálido y exasperantemente agraciado para que hirviera de la cólera. Procuré serenarme, ya que ese truhán no merecía mis rabietas o desesperación, ya no más— Lo que sí no me explico, es cómo lo hizo para deshacerse de todos ustedes… Es demasiada coincidencia que justo todos hayan desaparecido con buenos motivos, y nadie reparara en nosotros… pienso que Zabini pudo haberle ayudado, pero no pudieron haber dejado a la fortuna el que tú y Harry se esfumaran también… no me cuadra. ¿Ese paseo se les ocurrió a ustedes, o alguien sugirió que se fueran a dar una vuelta? ¿…Ginny?

Parecía un zombi. Aquel semblante ansioso había parecido extinto hacía tan sólo unos segundos, pero ahora lo había retomado con resolución. Volvió a su paseíto nervioso, que había olvidado con nuestra conversación, y se continuó estrujando las manos con más histeria que antes. De pronto se detuvo, se acercó a la pared y comenzó a golpear su cabeza levemente contra ella.

—¿Ginn, estás bien? —pregunté, contrariada— Basta, no hagas eso, dime qué te pasa.

En vista y considerando que parecía no escucharme, me acerqué y puse la mano en su hombro, jalándola hacia atrás para separarla de la pared.

—Hermione… —se retorció las manos, mucho más nerviosa que antes.

—¡Ya, Ginn! Me estás asustando, qué te pasa.

—Es que… bueno, hay algo que probablemente deberías saber.

—Pues dime.

Me miró a los ojos fijamente, como evaluando sus posibilidades, quizás calibrando mi reacción a lo que fuera que tenía que decirme… y al parecer no le gustó la conclusión a la que llegó. Se mordió el labio y rehuyó la vista, ansiosa y claramente temerosa.

—Es algo malo, ¿no? —supuse con tono un tanto sombrío, pero es que comenzaba a preocuparme en serio. ¿Qué había hecho esta vez?

Ginny asintió rápidamente con la cabeza, apretando los labios.

—Sí. Probablemente quieras matarme.

Llegados a este punto, lo que quería decirme no era sólo malo, sino MUY malo, horrible y censurable, muy seguramente poco ético, escandaloso. Malos indicios.

—Entonces habla ya, cada minuto que tardes en contármelo va a jugar en tu contra más tarde. —amenacé, seria.

—Podrías trabajar de matona, te juro que me dan ganas de salir corriendo cada vez que hablas así.

—No trates de cambiar el tema, Ginny. ¡Dime ahora qué carajo pasó!

Ella asintió compulsivamente de nuevo, se calmó, tragó saliva, inhalo una gran bocanada de aire y comenzó a hablar a medida que se alejaba discretamente de mí.

—Siempre te he dicho que eres muy inteligente y perceptiva, ¿verdad?

—Dije que no trates de cambiar el tema…

—¡No lo cambio! Esto tiene un propósito, en serio. —rodé los ojos y le di pie para que continuara— Supusiste algo, y no te equivocaste… —pocas veces en la vida había visto a Ginny tan nerviosa, y lo cierto es que estaba desconcertada. No hablé ni la interrumpí, para no cortar el hilo de su discurso e impulsar a que dijera todo de una buena vez— No fue coincidencia que Malfoy tuviera el camino tan libre para estar contigo, que todos nos desapareciéramos de la nada… alguien le ayudó.

No me había dado cuenta hasta ese momento de que había caminando hasta su mesita de noche, y ahora tenía su varita en las manos, moviéndola repetitivamente con los dedos. Alcé una ceja, ya con los nervios a flor de piel.

—Zabini. —dije, vacilante. Ella parecía querer arrojarse por la ventana de un momento a otro.

—Aparte.

No me miró a la cara cuando dijo eso. De pronto, de a poco, se me vinieron a la mente todos los extraños intercambios de frases entre Malfoy y mi amiga la noche que fuimos al circo, su insistencia en que tenía que volver sola, que no había nada que hacer… las piezas del puzzle comenzaron a encajar de a poco, pero habría preferido mil veces creer que ése rompecabezas estaba mal armado. No podía ser. No me podía haber hecho eso a mí.

—Ése alguien fui yo. —admitió con voz tambaleante, nerviosa y asustada. Yo no atiné a nada, estaba impresionada, nula, casi en shock. No podía ser. Ella no— Blaise y yo le dejamos el camino libre, lo instamos, te engañamos un poquito. Perdón.

Me espabilé. ¿Un poquito? ¿Me engañó un poquito? Mala elección de palabras, pelirroja.

Y en ese momento, mi grito de rabia, frustración e ira contenida se debió haber escuchado al menos en todo el piso, al igual que el estruendo que provocó mi cuerpo al chocar contra la fuerte pantalla del Protego que conjuró Ginny en el momento preciso para salvaguardar su vida. Al menos durante los próximos diez segundos.

x·x·x·x·x·x·x·x·x·x·x·x·x

x·X·x

¿Holaaa?

Jeee (:

No me maten, ¡volví! No hay más explicaciones que las que ya conocen. Mi último año del colegio, que fue un total descontrol (no precisamente en cuanto a fiestas y demases) desde marzo hasta noviembre, y más encima prepararme para la PSU (Prueba de Selección Universitaria), que hay que rendir acá en Chile para poder postular a una universidad. Depende del puntaje que te sacas dónde entras y a qué, y esta humilde escritora de fics quiere entrar precisamente a la carrera más solicitada, y a la universidad más difícil y jodida de todas :) Así que bueno, mi año fue ajetreado y muy MUY estresante. No puedo creer que ya no tenga NADA que hacer. De verdad. El colegio me volvió trabajólica u.u ¡Y eso que recién estoy empezando la vida!

Me puse a escribir por fin el capítulo que le sigue a éste, llevo unas 10 páginas. Que es poquísimo, considerando que este capítulo tiene 27 páginas. ¡27! Me parece que es el más largo que he publicado, así que aunque sea por ese lado no pueden quejarse :) De alguna forma tenía que intentar compensar toodo lo que me he demorado en actualizar :S

Espero no trabarme en el capítulo que viene, y poder escribirlo bien... pero no puedo asegurar nada, porque estoy teniendo un vacío creativo desde hace casi un año. Recuerden que estas publicaciones son capítulos previamente escritos y publicados en un foro, y que yo mejoré en cuanto a gramática y esas cosas y los estoy publicando aquí en Fanfiction. Pero así de inventar un capítulo, escribirlo desde cero, no lo hago hace casi un año. Wish me luck! Jaja.

Me gustaría poder actualizar más seguido, pero no puedo y no voy a prometerles nada. Lo único que les digo es que ya estoy de vacaciones, y que voy a tener muchísimo más tiempo para dedicarme a escribir. Pero, como quizás algunas saben, soy extremadamente perfeccionista y por lo general corrijo y re-corrijo las cosas un montón de veces, hasta que queden de mi agrado. Así que si me cuesta escribir (porque recién le estoy tomando el ritmo de nuevo), espérense a ver todos los arreglos que le voy a hacer a lo que estoy inventando :P

Eso. Perdón por la tardanza, pero nunca he sido capaz de organizar mi tiempo adecuadamente u.u

Me encantaría recibir reviews, no tanto para ver sus felicitaciones (o críticas), ¡sino para saber que siguen ahí leyendo! ¡Alguna, aunque sea! Jaja espero no estarle hablando a la nada.

Muchos saludos, ¡nos estamos leyendo!

.valiita