Hola hola bellezas

como vamos?


Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capítulo 26

Emmett no notaba el paso del tiempo mientras la observaba dormir. Las velas se habían apagado en su propia cera fragante y su aroma flotaba en el aire, sereno como un recuerdo. Incluso dormida, le aferraba con fuerza una mano.

Las sombras se alzaron y se perdieron en la luz gris perla del amanecer. No quería despertarla. Había mucho que hacer, demasiadas cosas de las que aún se negaba a dejar que ella formara parte. Sabía que en cuestión de semanas los objetivos que se había impuesto desde hacía más de cuatro años se habían mezclado. No bastaba con vengar la muerte de su compañero. Ya no bastaba con buscar compensación por el tiempo y la vida que le habían robado. Ni siquiera bastaba la justicia.

Iba a tener que moverse deprisa, porque cada día que pasaba sin respuesta era otro día que Rosalie corría peligro. No había nada más importante que mantenerla a salvo.

Se alejó de ella en silencio para ir a vestirse. Tenía que recuperar todas las horas que había pasado con Rosalie y que no había dedicado a salir a las calles o a trabajar. La miró cuando se movió y se abrazó a la almohada. Dormiría durante la mañana. Y, mientras tanto, él investigaría.

Apretó un botón oculto bajo la madera tallada que había en la pared más alejada de la cama. Un panel se abrió. Penetró en la oscuridad y dejó que se cerrara a su espalda.

Con el ronco saludo de la mañana todavía en la boca, Rosalie parpadeó somnolienta. Se preguntó si había estado soñando. Juraría que Emmett había entrado en una especie de pasadizo secreto. Desconcertada, se apoyó en los codos. Durante el sueño había alargado la mano hacia él y, al descubrir que se había ido, había despertado justo en el instante en que la pared se abría.

Se dijo que no era un sueño, ya que no estaba a su lado.

«Más secretos», pensó, sintiendo el pesar que la envolvía provocado por la desconfianza de él. Después de las noches que habían pasado juntos, el amor que le había revelado, seguía sin darle su confianza.

Mientras se levantaba se dijo que ya era hora de tomarla. No iba a quedarse sentada, sino que la exigiría. Hurgó en el armario, y encontró una bata de color gris que le llegaba hasta la mitad de las pantorrillas. Impaciente, se subió las mangas y comenzó a buscar el mecanismo que abría el panel.

A pesar de que conocía su emplazamiento aproximado, tardó diez pesados minutos en encontrarlo, y otros dos hasta averiguar cómo funcionaba. Suspiró satisfecha cuando se deslizó a un costado. Sin titubear, entró en el corredor oscuro y estrecho.

Mantuvo una mano en la pared para guiarse y avanzó. No había ningún olor mohoso que indicara desuso, tal como había esperado. El aire era limpio, la pared lisa y seca. Incluso cuando el panel se cerró y quedó en la oscuridad, no se sintió inquieta. No oiría ningún sonido extraño. Era evidente que Emmett utilizaba el pasaje a menudo.

Agudizó los ojos y los oídos. Del pasadizo principal se abrían unos corredores serpenteantes, pero el instinto le indicó que se mantuviera en el sendero recto. Pasado un momento, vio un leve resplandor adelante y avanzó con mayor celeridad. Una escalera de piedra se curvaba en su camino descendente. Con una mano en la barandilla de hierro bajó hasta llegar al último escalón, donde se encontró con tres túneles que conducían en direcciones distintas.

-Maldita sea, Emmett. ¿Adónde has ido? -el murmullo reverberó débilmente, hueco, luego murió.

Irguió los hombros y emprendió el camino por un arco, cambió de idea y retrocedió hasta llegar al central. Volvió a vacilar. Luego la oyó, tenue y como en un sueño por el último túnel. Música.

Otra vez se lanzó hacia la oscuridad, siguiendo el sonido con cautela por el suelo de piedra descendente. No tenía ni idea de los metros que bajaba, pero el aire se enfriaba con rapidez. La música aumentó poco a poco a medida que se incrementaba la luz en el túnel. Oyó una vibración mecánica y un ruido parecido al de un teclado.

Al llegar a la boca del pasadizo, solo pudo mirar asombrada.

Era una sala inmensa con paredes curvas de piedra. Parecida a una cueva con su techo abovedado y sus ecos, se extendía más de quince metros en cada dirección. Pero no era primitiva. En vez de parecer sombría, exhibía una iluminación brillante y estaba equipada con un vasto sistema informático, impresoras y monitores. En una pared había pantallas de televisión. Un enorme mapa topográfico de Urbana se extendía por otra. Una música de un romanticismo sobrecogedor sonaba desde unos altavoces que no vio. Mostradores de un gris granítico contenían ordenadores, teléfonos, pilas de fotografías y papeles.

Había un panel de control lleno de botones, interruptores y palancas. Emmett se hallaba frente a él y sus dedos no paraban de moverse. En el mapa parpadeaban unas luces. En la pantalla de un monitor aparecía reproducido el mapa.

Parecía un desconocido, con el rostro pétreo e intenso. Rosalie se preguntó si su elección de jersey y vaqueros negros había sido deliberada.

Bajó tres escalones.

-Vaya -dijo cuando él se volvió con rapidez-, no incluiste esto en mi recorrido.

-Rosalie -se levantó y automáticamente apagó el monitor-. Había esperado que durmieras un poco más.

-No me cabe ninguna duda -metió las manos tensas en los bolsillos de la bata-. Al parecer he interrumpido tu trabajo. Un rincón interesante. Diría que al estilo de Némesis. Dramático, secreto -se dirigió hacia el mapa-. Y minucioso -murmuró, girando en redondo-. Una pregunta. La que en este momento parece tener más importancia. ¿Con quién me he acostado?

-Soy el mismo hombre con el que estuviste anoche.

-¿De verdad? ¿Eres el mismo hombre que dijo que me amaba, que me lo demostró de una docena de maneras hermosas? ¿El mismo hombre que me dejó para bajar aquí? ¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto tiempo más vas a mentirme?

-No es una cuestión de mentirte. Es algo que debo hacer. Pensaba que lo entendías.

-Pues te equivocabas. No entiendo que me ocultaras esto, que trabajaras sin mí, que me ocultaras información.

-Me diste dos semanas -pareció cambiar delante de ella, volviéndose distante y frío.

-Maldita sea, te di mucho más que eso. Te di todo -en sus ojos emotivos, la ira y el dolor lucharon por alcanzar supremacía. Alzó una mano antes de que él pudiera acercarse-. No. En esta ocasión no utilizarás mis sentimientos.

-De acuerdo. No se trata de sentimientos, sino de lógica. Es algo que deberías saber apreciar, Rosalie. Este es mi trabajo. Tu presencia aquí es tan innecesaria como lo sería la mía en un tribunal.

-¿Lógica? -espetó-. Es lógico si encaja con tus propósitos. ¿Me tomas por tonta? ¿Crees que no soy capaz de ver lo que pasa aquí? -indicó los monitores-. Y lo mantendremos en lo estrictamente profesional. Dispones de toda la información que con tanta dificultad he estado tratando de reunir. Todos los nombres, los números, y más, mucho más de lo que yo he podido localizar. Pero no me lo contaste. Y no lo habrías hecho.

-Trabajo solo -dijo, adoptando otra vez su actitud impenetrable.

-Sí, soy consciente de ello -dijo con amargura al acercarse a él-. Nada de compañeros. Salvo en la cama. Ahí soy lo bastante buena como para ser tu compañera.

-Una cosa no tiene nada que ver con la otra.

-Tiene todo que ver -prácticamente gritó-. Si no eres capaz de confiar en mí en todos los sentidos, respetarme en todos los sentidos y ser sincero conmigo en todo, entonces entre nosotros no existe nada.

-Maldita sea, Rosalie, no lo sabes todo -la aferró por los brazos-. No lo entiendes todo.

-No, es verdad. Porque tú no me lo permites.

-No puedo -la corrigió, sin dejar que se soltara-. Hay una diferencia entre mentirte y retener información. Esto no es blanco y negro.

-Sí que lo es.

-Se trata de hombres peligrosos, sin conciencia, sin moral. Ya han intentado matarte, cuando todavía no has descubierto casi nada. No arriesgaré tu vida. Si quieres blanco y negro, ahí lo tienes -la sacudió, recalcando cada palabra-. No arriesgaré tu vida.

-No puedes impedirme que cumpla con mi trabajo ni con lo que considero que está bien.

-Por Dios, si he de encerrarte arriba hasta que acabe con esto para salvaguardarte, lo haré.

-¿Y luego qué? ¿Harás lo mismo la próxima vez, y la siguiente?

-Haré lo necesario para protegerte. Eso no cambiará.

-Quizá tengas una bonita burbuja de plástico en la que puedas guardarme -apoyó las manos en sus antebrazos, deseando que lo comprendiera-. Si me amas, entonces tienes que amar la persona que soy. Lo exijo, del mismo modo que exijo conocer y amar a la persona que eres -vio que algo brillaba en sus ojos e insistió-. No puedo ser diferente por ti, alguien que espera sentada que cuiden de ella.

-No te lo pido.

-¿No? Si no eres capaz de aceptarme ahora, no lo harás nunca. Emmett, quiero una vida contigo, no solo unas noches en la cama, sino una vida. Hijos, un hogar, una historia en común. Pero si no puedes compartir conmigo lo que sabes, y quién eres, no habrá un futuro para nosotros -se apartó de él-. Y si ese es el caso, sería mejor para los dos que me marchara ahora.

-No -alargó la mano antes de que pudiera darse la vuelta. Sin importar lo arraigado que tenía su propio sentido de supervivencia, no se comparaba con la posibilidad de la vida sin ella-. Necesito que me des tu palabra -apretó los dedos sobre los suyos-. Que no correrás ningún riesgo y que te vendrás aquí conmigo al menos hasta que esto haya acabado. Sin importar lo que encontremos, no puede salir de aquí. Todavía no puedes correr el riesgo de llevárselo al fiscal.

-Emmett, estoy obligada...

-No -cortó-. Hagamos lo que hagamos, todo se quedará aquí hasta que podamos jugar nuestras bazas. No puedo darte más que eso, Rosalie. Solo te pido un compromiso.

Y ella podía ver que le costaba.

-De acuerdo. No le presentaré nada a Mitchell hasta que ambos estemos seguros. Pero lo quiero todo, Emmett. Todo -su voz se calmó-. ¿No ves que sé que me retienes algo básico que no tiene nada que ver con salas secretas y datos? Lo sé, y me duele.

Él le dio la espalda. Si iba a ofrecerle todo, no tenía más elección que empezar consigo mismo. El silencio se extendió entre los dos antes de que Emmett lo rompiera.

-Hay cosas que no sabes de mí, Rosalie. Cosas que quizá no te gusten o no puedas aceptar.

-¿Tan poca fe tienes en mí? -preguntó en voz baja.

-No tenía derecho a dejar que las cosas llegaran tan lejos entre nosotros sin revelarte qué soy -le tocó la mejilla con la esperanza de que no fuera la última vez-. No quería asustarte.

-Me asustas ahora. Sea lo que fuere lo que tengas que decirme, hazlo. Entre los dos lo solucionaremos.

Sin hablar, se dirigió hacia una pared. Se volvió y, sin dejar de mirarla, desapareció.

Rosalie abrió la boca, pero el único sonido que pudo emitir fue un ruido estrangulado. Con los ojos clavados donde debería estar Emmett, dio un paso atrás. La mano insegura se aferró al respaldo de una silla y dejó que su cuerpo aturdido se sentara.

Aun cuando su mente rechazaba lo que acababan de presenciar sus ojos, Emmett se materializó a tres metros de donde había desaparecido. Durante un instante ROsalie pudo ver a través de él, como si solo fuera el fantasma del hombre que tenía delante.

Pensó en ponerse de pie, cambió de idea y carraspeó.

-Es un momento extraño para realizar trucos.

-No es un truco -caminó hacia ella, y pudo ver que aún estaba dominada por la conmoción-. Al menos no en el sentido que quieres darle tú.

-Todos estos artilugios que tienes aquí -dijo, aferrándose con desesperación a un salvavidas de lógica en un mar de confusión-. Sea lo que fuere lo que estás utilizando, produce una sorprendente ilusión óptica -tragó saliva-. Imagino que el Pentágono estaría interesado.

-No es una ilusión -le tocó el brazo y, aunque ella no se apartó tal como había temido, sintió su piel fría-. Ahora me tienes miedo.

-Eso es absurdo-pero la voz le temblaba. Se obligó a levantarse-. Solo ha sido un truco, muy eficaz, pero... -calló cuando él apoyó la mano sobre un mostrador y desapareció hasta la muñeca. Aturdida, lo miró a la cara-. Oh, Dios. No es posible -aterrada, tiró de su brazo y casi se desmaya de alivio al ver que la mano estaba intacta.

-Es posible -le acarició la cara con suavidad con esa mano-. Es real.

-Dame un minuto -alzó unos dedos inseguros para tomar los de Emmett. Con movimientos pausados, se volvió y se alejó.

El se sintió atravesado por la hoja afilada del rechazo.

-Lo siento -con gran esfuerzo, controló su voz-. No se me ocurrió ninguna manera mejor ni más fácil de mostrártelo. Si hubiera intentado explicártelo, no me habrías creído.

-No, no lo habría hecho -lo había visto. Pero su mente todavía quería cuestionario, soslayarlo como un truco. Sin embargo, recordó cómo Némesis siempre había dado la impresión de desvanecerse. Se volvió y notó que él la observaba con el cuerpo tenso. No se trataba de un juego. Cuando aceptó la verdad, se puso a temblar con más intensidad. Se frotó los brazos con la esperanza de calentar los músculos-. ¿Cómo lo haces?

-No estoy del todo seguro -abrió las manos para contemplárselas, luego las metió con impotencia en el bolsillo-. Algo me sucedió estando en coma. Algo me cambió. Unas semanas después de recobrar la conciencia, lo descubrí casi por accidente. Tuve que aprender a aceptarlo, a usarlo, porque sé que me fue entregado por algún motivo.

-Y por eso... Némesis.

-Sí -pareció serenarse-. No tengo elección en esto, Rosalie. Pero tú sí.

-Creo que no entiendo -se llevó una mano a la cabeza y emitió una risa nerviosa-. Sé que no entiendo.

-No fui honesto contigo acerca de lo que soy. El hombre del que te enamoraste era normal.

-No te sigo -desconcertada, bajó la mano al costado-. Me enamoré de ti.

-Maldita sea, no soy normal -de pronto sus ojos mostraron furia-. Jamás lo seré. Llevaré esto conmigo hasta que muera. Lo sé.

-Emmett... -pero cuando alargó la mano, él se apartó.

-No quiero tu compasión.

-No la tienes -espetó-. ¿Por qué habría de dártela? No estás enfermo. Estás sano. En todo caso, me siento enfadada porque también me lo ocultaste. Y sé por qué -se mesó el pelo con las dos manos-. Pensaste que me iría, ¿verdad? Pensaste que era demasiado débil, estúpida o frágil para sobrellevarlo. No confiaste en que te amara -la dominó una furia ciega-. No confiaste en que te amara -repitió-. Bueno, al diablo contigo. Te amo y siempre te amaré.


Holaaa holaa como stan? que les parecio el cap?

espero sus reviews hehe