Fecha : 08 de diciembre.

Hora : las 09:30 (a.m)

Lugar : Sala de espera del Hospital Central de Londres

Estaban todos en la sala de espera, aguardando a que de un momento a otro les dijeran que había nacido el hijo de Hermione y Draco.

Al parecer, Molly que era la que más hijos había tenido, era la más impaciente. Y eso se debía a que su familia crecía y crecía. Hacía solo cuatro meses Angelina había dado a luz a los gemelos, Fred y George; y hacía solo unas semanas confirmaban que Ginny esperaba a su primer hijo. Así que viéndolo de ese modo, debía comenzar a cambiar los cariños de madre por los de abuela... y consideraba que el hijo que Hermione iba a tener, también era su nieto. Total, a esa jovencita la conocía desde los once años. La vio crecer al lado de los suyos, pelear codo a codo con ellos durante la guerra y hacerse mujer delante de sus ojos. Hubiese deseado que ella se casara con uno de sus niños, pero para el corazón no hay escritos ni contratos. Ella se había enamorado del que menos sospecharían, de Draco Malfoy.

Sabían que el parto sería ese día, pues se había programado una cesárea el día anterior, ya que el bebé estaba en posición no apta para un parto normal. Tal situación llevó a todos a estar preocupados más de la cuenta, a pesar de que Draco les había asegurado que una operación de cesárea era segura. Además que él estaría presente.

Mientras tanto en la sala de parto de ese hospital, Hermione estaba lista para la intervención. Aunque no lograba ver qué hacía la doctora Foxley junto a otro médico, ya que un biombo color celeste impedía que ella tuviera visión de lo que estaban haciendo con su cuerpo.

Luego de que fuera preparada e inyectada para adormecer la mitad de su cuerpo, recién Draco pudo ingresar a acompañarla, pues su papel en esta intervención, era el de ser el padre del bebé que nacería, no estaba autorizado a ejercer su rol de médico.

Estaba de pie a su lado, pero ella no podía hablar pues una mascarilla con oxígeno le impedía poder emitir sonidos.

—Tranquila. Ya viene.

Sentía que su corazón latía rápido pero los monitores que estaban frente a ella marcaban los latidos en forma normal, eran solo sus nervios.

—¡Ahí está! ¡Ahí viene! —escuchó que exclamó la doctora.

Pero Hermione no escuchaba el llanto de su hijo. No sentía nada... Alguien le había quitado la mascarilla para que pudiera hablar, pero su hijo no emitía sonidos.

—Draco...

Al cabo de unos diez segundos es escuchó una pequeña tos, un chillido y luego un llanto, su hijo acababa de llegar al mundo y no lo pudo evitar, lloró.

—¡Ahí está! —exclamó feliz buscando a Draco, pero él ya no estaba a su lado.

—¡Corta! Tú sabes dónde —escuchó que la doctora Foxley le hablaba a su esposo, debía estar cortando el cordón umbilical de su hijo.

Luego Draco le acercó un pequeñito: un varoncito, sin cabello, arrugadito y todavía con restos de sangre en su cuerpecito.

—Mira amor, nuestro ángel.

—Mi hijito, Scorpius Malfoy —dijo ella besando el rostro del niño que lloraba a todo pulmón.

—Y gritón como la madre —Draco también besó la cabecita de su hijo.

Dos horas más tarde ingresaba a la habitación en el hospital. Se sentía con energías y totalmente viva.

Los enfermeros la pasaron a la cama mientras que Draco sonriente acomodaba un par de arreglos florales que habían enviado, uno de las residentes de Casa de Acogida y otro enviado por los profesores de Hogwarts.

—¿Dónde está mi hijo? —preguntó de inmediato.

—Y lo traerán. Está en neonatología, yo lo acabo de ver. Está bien: fuerte, sano y hermoso como su padre.

—¡Deberías decir como su madre! —espetó sonriente.

—No hables tanto, Hermione. Además tampoco te puedes sentar. Trata de hacer el menor movimiento. Yo mismo te revisaré la herida en la noche, ¿sí? Bueno, ya estás acostumbrada que sane tus heridas.

—Así es —respondió sonriente recordando las veces que él la había atendido. Siempre preocupado por ella, desde esa vez en que la rescató de las mazmorras de la mansión Malfoy.

En ese momento ingresó una enfermera con una cunita con ruedas y adentro una pequeña vida que movía sus manitos. La mujer sacó al bebé con sumo cuidado y lo puso en los brazos de Hermione. Ella lo tomó y besó su cabecita. El niño era una foto de Draco, los mismos ojos, el mismo color de piel... labios finos... Sí, era un Draco en miniatura.

—Scorpius Hiperyon Malfoy Granger, mi hijo —Draco estaba orgulloso. Tanto que lo deseó y amó, desde mucho antes de gestarse en el vientre de Hermione. Sí, siempre lo quiso, desde la primera vez que hizo el amor con Hermione que quería que ella tuviera un hijo de él. Pero hubo que esperar mucho tiempo para que su hijo llegara al mundo.

—¿Sabes Draco?, la próxima semana se cumple un año desde que perdí a nuestro primer bebé. Creo que Dios me lo acaba de devolver —dijo con su rostro empapado por las lágrimas mientras tomaba la pequeña mano de su hijo.

—Así es. Aquí está nuestro hijo, con nosotros y para siempre. Te amo Hermione. Te amo Mía. Los amo a los dos.

—Ustedes: tú y Scorpius son mi vida.

Besó los labios de su esposa y acarició la pequeña cabecita de su hijo.

Al fin la magia de la vida los envolvía a los tres juntos. La familia Malfoy Granger hoy por fin estaba completa.

F I N

de la primera parte de «Siempre Serás Mía».

Continúa con «MÍA»... la segunda parte de este fanfiction.

Espero les haya gustado leerlo, tanto como a mi escribirlo.

Un abrazo grande desde Chile.

Cariñosamente, Ginger Lestrange


TE DEJO EL LINK DE LA SEGUNDA PARTE, LA QUE ESTÁ DISPONIBLE EN SU TOTALIDAD EN LA PLATAFORMA DE WATTPAD. NO LA SUBIRÉ A FANFICTION POR TEMAS DE TIEMPO. GRACIAS A TODAS POR LEERME.

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