Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


Capítulo 25

-¿Qué estáis haciendo aquí? –les preguntó Jasper, separándose un poco de mí y alejando la mano que todavía tenía bajo mi camiseta. Yo no pude levantar la cabeza para mirar a mis amigos, pues estaba más colorada que un tomate y a punto de echarme a llorar por la vergüenza de haber sido descubierta como si fuese una adolescente en pleno apogeo hormonal.

-No, esa no es la pregunta idónea. Lo que yo quiero saber es, ¿desde cuándo estáis así de acaramelados? –Rosalie no permitió que su hermano desviara el tema, y supe sin verlo que no dejaba de observarnos fijamente, examinándonos. Por suerte, el cardenal que aún tenía en el cuello ya no se veía tanto como antes, y con un poco de maquillaje desaparecía por completo a simple vista.

-Rose, eso no te importa –Jasper resopló y se sentó en la manta, rascándose la cabeza.

-¡¿Que no me importa? –gritó ella, en medio del bosque. –Eres mi hermano y Alice es mi mejor amiga, ¿y dices que no me importa?

-Son cosas nuestras –me atreví a intervenir, deseando que no se enfadara.

-Rose, creo que algo de razón tienen –jamás hubiese esperado que Emmett se pusiera de nuestra parte, y más con ese tema. Se suponía que era él el que siempre hacía las bromas pervertidas sobre todo el mundo, y el hecho de que quisiera defendernos de los gritos de su mujer me hicieron tener ganas de abrazarle. –No es de nuestra incumbencia. Ya son bastante mayorcitos como para decidir si quieren decirle lo que hacen o lo que dejan de hacer a los demás.

La boca de Rosalie se abrió casi hasta el suelo.

-No puedo creer lo que oigo. Se supone que tú tienes que estar de mi parte –fulminó a su marido con la mirada, y a mí me entraron ganas de reír por aquella situación tan absurda en la que nos encontrábamos.

-Mira, Rose, –me puse en pie para poder coger a Scott. – ¿qué es lo que quieres saber? –le pregunté, empezando a cansarme del tema. Si quería que hablásemos, hablaríamos.

Mi amiga me observó parpadeando seguidamente, como si no creyera lo que le estaba preguntando, y después me entregó al niño, que estiró los brazos hacia su tío, que se encontraba sentado en la manta. Dejé a Scott en el suelo para que pudiera ir con Jasper, mientras esperaba a que Rosalie hablara.

-Pues… no sé. Es que me ha sorprendido veros tan… juntos. Pensaba que no os llevabais bien.

-Nos llevamos muy bien –me encogí de hombros.

-Y… ¿desde cuándo…?

-¿Desde cuándo nos llevamos bien? –me entraron ganas de sonreír ante aquellas formas de hablar en clave. Rosalie asintió. –Desde la noche de la fiesta de vuestros padres.

-¡Lo sabía! –ella dio un aplauso y después se mostró orgullosa de sí misma. –Lo sabía. Y estaba segura de que no me había equivocado. Aunque es normal, porque aquella noche estabas deslumbrante, y mi hermano no es de piedra…

-Oye, sigo aquí –le comunicó él, malhumorado, mientras jugaba con Scott.

En ese momento, me di cuenta de que Emmett se había sentado al lado de su cuñado y que estaba comiendo algo que había cogido de nuestras bolsas. Gorrón.

-Bah –Rosalie le quitó importancia al asunto con un movimiento de mano, y después enroscó su brazo alrededor del mío. –Pero bueno, Jazz, piensa que todas tus cosas están en casa de Alice, así que puedes plantearte lo de vivir con ella oficialmente –aquel comentario me hizo sonrojar, y supuse que a Jasper le incomodó, porque palideció al instante.

-¿Todas mis cosas?

-Sí. Llevé algunas de tus cajas a casa de Alice antes de que te fueras a vivir con ella. ¿Te acuerdas? –me preguntó, y yo asentí en silencio. Jasper se quedó en un mutismo un tanto extraño, pero no le di importancia porque Rosalie volvió a retomar la conversación: – ¿Qué te parece si tú y yo vamos a dar un pequeño paseo mientras los hombres se quedan aquí, vigilando a Scott?

-Querrás decir que vais a cotillear, no a pasear –intervino Jasper, recuperando su buen humor habitual y observando a su hermana con una ceja alzada.

-¿Y a ti qué más te da? –no esperó a que le contestara, y la cara de sufrimiento de Jasper me hizo sonreír. – ¿Nos vamos?

-Sí –me senté y me coloqué de nuevo los zapatos, para después volver a ponerme en pie. Sabía que Rosalie querría enterarse de todo, y me daba algo de vergüenza explicarle según qué cosas, pero no podía decirle que lo que había visto no era cierto, porque simplemente no me creería. Estaba más que claro que entre su hermano y yo había algo.

Nos alejamos un poco de los hombres a paso ligero, y cuando estuvimos algo retiradas, retomamos el paso tranquilo.

-Bueno, dispara.

-¿Qué es lo que quieres saber? –Rosalie volvió a enroscar su brazo alrededor del mío, y me observó con interés.

-¿Qué es lo que hay entre mi hermano y tú?

Bueno, había empezado con una pregunta difícil. Supuse que todas las demás serían iguales.

-No lo sé.

-¿Sois novios?

-No –respondí, segura de aquella respuesta. –Sólo algo más que amigos. Pero no mucho más.

Rosalie me miró con escepticismo, y sonrió levemente ante lo que acababa de decirle.

-¿Y eso cómo es?

-Es que no lo sé, Rose, te aseguro que no lo sé. Ni siquiera puedo creer lo que está pasando entre nosotros últimamente. Hace nada, había ocasiones en las que odiaba a tu hermano. Y ahora…

-¿Y ahora?

Me encogí de hombros.

-Ahora me gusta estar con él. Nos llevamos bien, y parece que a él también le gusta estar conmigo –admití, aunque aquello no era ni siquiera una mínima parte de todo lo que había en mi interior. –Todavía me cuesta creer que yo haya hecho algo como esto.

-¿A qué te refieres?

Suspiré y volví a inhalar lentamente, pensando detenidamente en lo que necesitaba aclararle.

-Ya sabes que yo no soy muy partidaria del sexo sin amor.

-Sí. ¿Y quieres decir que te ha sorprendido ver que no está tan mal?

Asentí lentamente.

-Aunque… –me quedé callada al instante, sin saber qué era lo que realmente quería decirle.

-¿Qué? Sigue, que todo lo que tengas que decir sobre este tema me interesa.

-Eres una fisgona –le dije, riendo entre dientes.

-No, sólo soy curiosa. Además, todo lo que tenga que ver con mi hermano y con mi mejor amiga me importa mucho.

Rodé los ojos y volví a suspirar.

-Jamás hubiera pensado que pudiera haber algo entre tu hermano y yo –admití.

-No es una idea tan descabellada. Hacéis buena pareja.

La miré de reojo, sonrojándome.

-Pero no lo somos.

Entonces, Rosalie se detuvo en seco, observándome con los ojos abiertos de par en par. Y yo no entendí su reacción.

-No puedo creerlo –musitó, mirándome como si acabaran de salirme tres cabezas más.

-¿Qué es lo que no puedes creer? –pregunté, comenzando a asustarme. ¿Qué había dicho para que reaccionara de ese modo?

-¡Tú estás enamorada de mi hermano! –decretó, logrando ponerme nerviosa. ¿Cómo podía ser tan intuitiva? ¿Y por qué siempre se daba cuenta de todo?

-¿Qué? ¡Claro que no! –mentí.

-Sí, claro que sí. ¡Está clarísimo! –asintió con la cabeza como una posesa, y me asustó. Rosalie podía volverse muy loca si se lo proponía. –No sé cómo no me he dado cuenta antes…

-Rose, es que no tienes que darte cuenta de nada. Yo no estoy enamorada de Jasper.

-No seas mentirosa. Se te nota demasiado –se retractó de sus palabras cuando vio mi rostro horrorizado. –Pero no creo que mi hermano se haya percatado de eso…aunque puede que él también…

-Para, para –le pedí, alzando las manos. –No sigas por ahí y saques las cosas de quicio. No estoy enamorada de tu hermano, de verdad. Sólo me gusta, pero ya está.

-Ah, ¿ya está? ¿Me dices eso y te quedas tan tranquila? –asentí, sin comprender. –A ti nunca te gustan los tíos así porque sí, Ali. Cuando te fijas en uno, es porque realmente te gusta, pero de verdad. No es sólo un rollo, como lo que solía tener yo antes de conocer a Emmett. Tú estás colada por mi hermano, digas lo que digas.

Negué frenéticamente con la cabeza, deseando que se olvidara de la última parte de nuestra conversación. Ella no tenía que enterarse, porque se lo explicaría a Emmett, y éste se lo diría a Jasper en cuanto tuviera la ocasión. Confiaba mucho en mis amigos, pero los conocía demasiado como para saber lo que harían en aquella situación, creyendo que me ayudarían. Y no podía permitirlo.

-Mira, tienes razón en lo que dices, pero te aseguro que no estoy enamorada de tu hermano. Piénsalo, es una tontería. Lo que ha ocurrido entre nosotros ha sucedido porque lo deseábamos y porque nos sentimos a gusto el uno junto al otro, pero ya está. No hay nada más entre nosotros.

-Que no me vas a convencer. Ya te he descubierto, y si lo que te asusta es que pueda irme de la lengua, te aseguro que tu secreto está a salvo conmigo –de acuerdo, sus palabras no lograron tranquilizarme ni una pizca. –Pero haz el favor de decirme la verdad, porque sabes que no soporto que me mientan, y mucho menos que seas tú quien lo haga –se cruzó de brazos, observándome fijamente, esperando a que hablara.

Tragué saliva con dificultad y agaché la cabeza, dispuesta a rendirme ante mi amiga.

-Es posible que tengas razón. Pero es que ni siquiera yo misma lo sé, Rose –admití, sintiéndome vulnerable. –No sé qué es lo que me pasa, pero desde que he empezado a conocer mejor a tu hermano… –me encogí de hombros, incapaz de terminar la frase.

-No te preocupes –Rosalie me abrazó y después me rodeó con un brazo, intentando reconfortarme. –No es el fin del mundo.

-Para mí sí lo es. Sabes que yo nunca he querido sentirme así, porque pensé que después de James no habría nadie más, que sería incapaz de querer a otro hombre porque simplemente pensaba que el amor no era lo mío –sorbí por la nariz, y fue entonces cuando me di cuenta de que estaba al borde de las lágrimas. –Y no quiero sentirme así, porque Jasper sólo está haciendo su trabajo. Vive conmigo porque tiene que protegerme, no porque realmente le apetezca, y ahora nos llevamos tan bien porque me gusta y quiero gustarle, y porque sé que es la única forma de que me preste atención y…

-Vale, vale, para el carro –Rosalie detuvo mi incesante parloteo presionando su agarre en mi hombro, y yo intenté sonreír a la vez que me pasaba el dorso de la mano por los ojos para hacer desaparecer las lágrimas. –Creo que no has pensado mucho en el tema, Ali. Mi hermano vive contigo porque yo lo eché de mi casa, y resultó que eso se mezcló con el tema de tu atraco, y por ese motivo Jasper decidió matar dos pájaros de un tiro. No vive contigo sólo porque tenga que protegerte. Le gusta vivir contigo, créeme. Y os lleváis tan bien, como tú dices, porque a él también le gustas. ¿Crees que se acostaría contigo si no le gustaras?

Me encogí de hombros.

-Puede.

-¡Claro que no! –declaró, ofendida. –Mira, te dije un día que mi hermano puede tener a todas las mujeres que quiera, y resulta que ahora está contigo a pesar de todas las demás. ¿Eso no te dice nada?

-Sí. Que sólo se acuesta conmigo porque no tiene a ninguna otra.

Rosalie rodó los ojos y suspiró teatralmente.

-Santo cielo, cómo te gusta complicarte la vida, Ali.

Quise protestar, pero una gota de agua cayó justo sobre mi nariz, y alcé la vista al cielo, sin poder creerme que la tarde se hubiese estropeado tanto hasta el punto de que comenzara a llover.

-Creo que se nos ha acabado el picnic –le comenté a Rosalie, resignada.

-Pues eso parece. Aunque bueno, ya es tarde –musitó, observando su reloj. –Seguro que Scott ya estará cansado –comencé a caminar, adelantándola, pero me tomó del brazo antes de que pudiera seguir andando. –Piensa en lo que te he dicho, y no te amargues sin haber hablado antes con mi hermano –me pidió, y yo asentí lentamente, decidida a meditar sobre sus palabras.

En cuanto llegamos de nuevo con Jasper y con Emmett, nos encontramos con que ya lo habían recogido todo, cosa que nos sorprendió a ambas.

-Emmett me ha dicho que nos lleva a casa con su coche, por si acaso empieza a llover más y la tormenta que está al caer nos pilla en medio de la calle –me dijo Jasper, y yo asentí en silencio, intentando no mirarle mucho a los ojos para que no se diera cuenta de que había estado llorando.

Rosalie puso la sillita de Scott entre medio de nosotros en el coche, en el asiento trasero, y nos llevaron de vuelta a nuestro piso. Cuando salimos del vehículo, ya había empezado a llover considerablemente, y entramos en el edificio casi corriendo, después de habernos despedido de nuestros amigos con rapidez.

-Cómo ha cambiado el día –musitó Jasper cuando estuvimos en el ascensor, y yo me limité a asentir en silencio de nuevo. – ¿Te pasa algo? ¿Es que no te lo has pasado bien?

-No, no es eso. Bueno, no es nada, en realidad –mentí, deseando que no me hiciera más preguntas.

-¿Mi hermana te ha molestado con el tema? –negué con la cabeza, a la vez que abría la puerta del piso y entrábamos en él sin prisa. –Pues qué suerte. Emmett no ha dejado de reírse de mí y de tocarme las narices.

-¿En serio? –no pude evitar sonreír ante su cara de angustia.

-Sí, como siempre. Es un pelmazo y un glotón. Se ha comido todo el queso que quedaba –me informó, dejando las bolsas sobre la mesa de la cocina.

Negué lentamente con la cabeza, sabiendo de sobras que a Jasper le encantaba meterse con su cuñado a pesar de que lo quería mucho. Eran muy amigos, pero siempre se estaban fastidiando el uno al otro.

Me quedé absorta mirando a Jasper, que sacó el mantel de la bolsa, lo puso en la lavadora y tiró todo lo demás a la basura, a excepción de los platos y los vasos de plástico que nos habían sobrado. Pensé que ya se los devolvería a Victoria al día siguiente, porque no me apetecía salir de casa.

-¿Seguro que estás bien? –volvió a preguntar cuando me vio parada en medio de la cocina.

-Sí, sí, estoy bien –me di la vuelta y salí al salón, seguida por Jasper, que no me quitó un ojo de encima.

-¿Es que hay algo que quieras decirme? ¿Estás preocupada por alguna cosa? –me preguntó, tumbándose en el sofá e indicándome que hiciera lo mismo.

Mi sofá era bastante pequeño, pero si nos lo montábamos bien, allí cabíamos los dos a la perfección. Así que, dejando todas mis tonterías de lado, hice lo que me pidió, intentando no aplastarlo. Me coloqué de costado, a un lado de Jasper, apoyando mi cabeza sobre su pecho y enredando mis piernas con las suyas.

-Estoy bien. Sólo… quería decirte que hoy me lo he pasado muy bien. Nunca había ido de picnic.

-¿De verdad? –preguntó, acariciándome distraídamente la espalda.

Asentí en silencio y después bostecé. No sería más tarde de las siete, pero yo ya tenía sueño, y supe que Jasper también cuando repitió mi bostezo.

-No sé de qué estamos tan cansados, si lo único que hemos hecho ha sido comer, estar tumbados todo el día y hablar –comentó, riendo entre dientes.

-Hablar cansa mucho –le dije, abrazándolo por la cintura. Entonces, en ese mismo instante, recordé la oferta que Victoria me había hecho por la mañana. – ¿Al final querrás que vayamos a cenar a casa de James?

Sentí el suspiro de Jasper sobre mi cabeza, y fruncí el ceño.

-No sé. No creo que sea muy buena idea.

-¿Por qué? ¿Es que no te llevas bien con James?

Se encogió de hombros.

-Digamos que no me trae demasiados buenos recuerdos.

Asentí en silencio, sin querer continuar con aquel tema. Intentaría convencerlo durante aquella semana, y si al final me decía que no quería ir, le sonsacaría el porqué. Tal vez no fuera de mi incumbencia, pero me parecía una grosería no asistir a la cena después de que Victoria hubiese sido tan amable de invitarnos.

Bostecé una vez más y, antes de que se me ocurriera decir cualquier otra nadería, me quedé dormida, sintiendo los acompasados latidos del corazón de Jasper bajo mi oído y sus labios en mi frente.


¡Hoy he llegado a tiempo! No sabéis la ilusión que eso me hace xD

Pues nada, ahora sí que Rosalie se ha enterado de todo (aunque era obvio, en realidad). Sólo falta que se entere Jasper... y tengo que deciros que no tardará en hacerlo ;)

Espero que os haya gustado el capi y que me lo digáis con un review^^

¿Nos leemos el viernes?

XoXo