—Debo admitir que eso fue impresionante, Oak.
El castaño miró en dirección de Giselle, quien parecía estar complacida tras haber presenciado su batalla contra Blaine. Lucario, que sorprendentemente había decidido estar a su lado en la batalla, asintió.
—Definitivamente fue una gran batalla, Gary, quizás esto te sirva de lección y no volverás a tomar a un rival por sentado.
El aludido por otro lado decidió guardar silencio, sus ojos fijos en la medalla que apenas pudo ganar. Parte de sí sentía que no la merecía, que su victoria debió ser absoluta, aplastante e impresionante. Pero desde el momento en que puso un pie en el campo de batalla de Blaine, supo que las cosas no serían tan fáciles como pensó.
La estructura del lugar era de hecho sencilla a diferencia de otros gimnasios en los que ha estado, lo complicado eran los test electrónicos que debía tomar para poder llegar al líder del gimnasio. Ninguno fue particularmente difícil no con su nivel de conocimientos gracias a los años bajo el yugo de su abuelo, cada test estaba diseñado para abrir una puerta a la siguiente habitación, si acertabas la puerta se abría y podías ignorar al entrenador en la habitación con tal de responder el siguiente test.
Pero él quería demostrar que era el mejor no sólo mental sino físicamente, por lo que a pesar de que no era necesario, retó y enfrentó todos los retos que el gimnasio ofrecía antes de llegar a Blaine. Un craso error que casi le costó la victoria.
En su arrogancia creyó que sus Pokémon tenían el nivel necesario para derrotar a Blaine a pesar de las batallas anteriores, el sexagenario se encargó de demostrarle que tan equivocado estaba, por un momento pensó que tenía todo perdido, y de no haber sido por un simple golpe de suerte cuando su Arcanine venció al Ninetales de Blaine, habría sido derrotado sin lugar a dudas.
Y eso, al final de todo era lo que realmente le tenía de tan mal humor.
—Oh miren al gran bebé, malhumorado por haber ganado por un arrebato de suerte. ¿Qué, acaso tu gran ego no soporta la idea de haber ganado al estilo de Ash?
—Giselle...
—No, Lucario. Desde hace dos días que llegamos a este lugar no has hecho más que pedirle que entrene contigo, acción que ha rechazado una y otra vez con tal de estar con su club de fans. Como siempre tragándose todas esas ideas de que es el siguiente campeón sólo por ser un Oak, ¿y en qué resultó eso, ah?
El silencio de Lucario ante el comentario de Giselle fue toda la respuesta que Gary necesitó escuchar.
—Tienen razón.
Eso parecía haber llamado su atención, podía sentirlo en sus huesos a pesar de que sus ojos aún no habían abandonado la medalla.
—¿Disculpa, Oak, qué dijiste?
El castaño suspiró, algo irritado en el momento.
—¡Que tiene razón, de acuerdo! Fui demasiado arrogante y mordí más de lo que pude masticar, el haber ganado por mera suerte no es suficiente... no si quiero alcanzar mis metas.
Sacó de su chaqueta el contenedor de sus medallas, abriéndolo y colocando dentro su quinta medalla hasta ahora, guardó silencio al contemplarlas a todas, preguntándose si habría ganado todas esas otras medallas por mera suerte también, y su ego lo había cegado de notar tal detalle.
Cerró el estuche, notando de reojo que Giselle no había apartado la vista de sus medallas en el momento en que había abierto el contenedor. Era probable que no esperase que tuviese tantas tan pronto luego de emprender su viaje, en todo caso, decidió no comentar al respecto y guardó el contenedor en el bolsillo interior de su chaqueta, antes de mirar en dirección de Lucario con tal de obtener lo que deseaba.
—Creo que es hora de aprovechar el tiempo, Lucario. Me queda al menos todo un mes contigo, y creo que lo emplearé exclusivamente para entrenar. Se dice que algunos kilómetros mar adentro está una isla que contiene una cueva con monstruos particularmente poderosos. Creo que será un lugar perfecto para entrenar sin que nadie nos moleste.
Lucario parecía sorprendido por su oferta, pero su sorpresa murió rápidamente reemplazada por una expresión de satisfacción antes de asentir ante lo escuchado.
—¿Te das cuenta que una vez allí, haré todo lo posible por que odies este preciso momento no? El instante cuando se te ocurrió el proponerme entrenamiento en un lugar apartado de la civilización.
El castaño frunció el ceño, hacía varios meses que no realizaba una cesión bajo la mirada atenta de Lucario u otro entrenador en artes marciales. Un área que ahora que pensaba mejor, sabía que Ash le tenía una ventaja considerable que sólo podría alcanzar si el moreno descuidaba su propio entrenamiento mientras el cánido no estuviera a su lado, algo improbable luego de haber crecido al lado de la criatura y haber adoptado muchas de sus costumbres.
—Estoy al tanto de ello, es por eso que iremos de inmediato a la tienda con tal de comprar todo lo posible con tal de hacer nuestra estadía allí lo más confortable y segura que podamos.
El cánido asintió, comprendiendo la vital importancia que dichos objetos jugaban en tal aventura, luego miró en dirección de Giselle que obviamente esperaba ser excluida.
—Puedes venir con nosotros, Giselle, quizás no estés al mismo nivel que Gary en condición física, pero tus habilidades como entrenadora se beneficiarían en grande con esta experiencia.
La aludida miró con sorpresa al Pokémon antes de fruncir el ceño, a diferencia de Gary, ella había perdido contra Blaine de forma aplastante, al punto de haber sacudido su convicción como entrenadora, por suerte dicho encuentro había sido lejos de los ojos de Gary, al haber aprovechado el día anterior mientras el castaño y el cánido dormían por el agotamiento que la experiencia en el Santa Ana les había dejado como resultado.
Una decisión que quizás influyó en su derrota, al haber estado igual de afectada que ellos, pero muy obstinada y orgullosa, decidió ignorar con tal de enfrentarse al líder y obtener su segunda medalla desde que salió de aquel lugar.
Estuvo a punto de rechazar la oferta, creyendo que no era más que simple lástima por parte del cánido, cuando la voz de Gary le interrumpió en el acto.
—Oh amigo, no creo que la dulce y delicada Giselle pueda resistir tan siquiera una semana bajo tu entrenamiento, sin ofender claro.
—¡Gary!
La reprimenda del cánido murió de inmediato cuando la aludida dejó salir una sonora carcajada.
—Oh, Oak, eres tan predecible, mira que usar psicología invertida conmigo. ¿En serio crees que soy como esas cabeza huecas que te esperan en el centro Pokémon?
La sonrisa en Gary confundía a Lucario, especialmente por que no podía comprender el rumbo que la conversación había tomado luego de lo que él había entendido como un insulto. Gary sonrió y cerró los ojos mientras alzaba sus manos hasta la altura de su pecho.
—Oh, créeme Giselle, en esta oportunidad no intento nada, sólo establezco una verdad ineludible, conozco que tan duro puede ser Lucario cuando está entrenando, y puedo asegurarte que no soportarás ni dos días bajo...
—¿Me estás diciendo débil, Oak?
—Quizás...
—¿Te importaría apostar entonces si estás tan convencido del resultado?
—¿Que hay en juego?
—¿Qué tal un intercambio? mi Ivysaur si no logro resistir más de dos días el entrenamiento de Lucario. Y si gano, tendré uno de tus Arcanine.
Lucario no podía creer lo que oía, parte de él no estaba de acuerdo con que apostaran de forma tan banal la amistad que los monstruos habían cultivado con ellos. Pero luego de años de compartir su vida con Samuel Oak, sabía que el intercambio Pokémon no sólo era legal, sino una experiencia que a menudo era requerida en algún punto en la carrera de un entrenador.
Miró a Gary, que por un momento pareció sorprendido, antes de que tal expresión desapareciera al ser reemplazada por una sonrisa engreída, dejando en claro que no dejaría atrás la posibilidad de ganar esta apuesta.
—Trato hecho, sólo espero que no te rindas luego de las primeras horas.
—Eso quisieras, Oak. Eso quisieras.
XxX
No les había tomado mucho tiempo el acudir al centro Pokémon con tal de refrescar a las criaturas, recoger sus pertenencias e ir a la tienda Pokémon mientras Jenny trabajaba arduamente por curar a los monstruos.
Gracias a la medicina moderna en cuestión de simples horas todos los monstruos estarían no sólo curados sino frescos para iniciar nuevamente. Una intervención quirúrgica sólo era necesaria hoy en día cuando la criatura estaba en grave estado o cerca de la muerte. Y aún así, noventa y seis por ciento de los monstruos que eran atendidos en un centro Pokémon solían sobrevivir sin problema alguno como resultado.
En el mercado no tardaron en comprar gran cantidad de medicina, vendajes, comida deshidratada e innumerables necesidades femeninas que Gary definitivamente insistió en no cargar o ser visto tan siquiera cerca para la frustración de Giselle, que tuvo que comprarlas aparte a pesar del tiempo extra que eso ocasionaría.
Una vez lograron comprar y empaquetar todo lo que necesitaban en los bolsos de viaje, Lucario procedió a sorprenderlos al comentarles que dejaran todo en el suelo con tal de ser capturado en una Pokébola. Luego de ello, y tras mucha experimentación y deliberación al respecto, no bastó más que el emplear el Gyaradous de Giselle con tal de desplazarse en dirección de las infames islas. En el camino encontrándose con varios nadadores y un par de lunáticos que deseaban luchar en medio del mar mientras aún nadaban para mantenerse a flote y lejos de las letales corrientes marinas.
Curiosamente a medida que se acercaban más a la isla, la agresividad de los retadores, al igual que la de los monstruos locales, incrementaba. Su nivel estando por encima del promedio al obviamente habitar un área donde para sobrevivir cierta experiencia y poder era requerido. Pero lo más importante de todo, había sido la información que habían recolectado entre las batallas. Ninguno las tomó muy en serio, en especial por que a pesar de su dificultad, el área que visitaban no era particularmente conocida por tener legendarios o raros en sus limites.
Así que, ¿cuales eran las posibilidades de que terminaran topándose con uno de ellos?
Fue por ello que dejaron tales rumores como eso, rumores y una vez lograron establecerse en la isla, lejos de ojos curiosos y sobretodo los retadores, el trío emprendió a establecer su campamento, luego a entrenar como si no hubiera un mañana.
Y tanto Giselle como Gary aprendieron rápido qué tan cruel podía ser Lucario cuando realmente lo deseaba. Y para la mañana del tercer día, ambos chicos simplemente no pudieron levantarse, prefiriendo descansar sus agotados músculos luego de dos días continuos de duro y crudo entrenamiento.
Por alguna razón, ambos sospechaban que a Lucario no estaba muy contento con su desempeño.
XxX
—La respiración es parte vital de toda rutina física, el ritmo en que lo haces determina cuanta energía consumes...
El gruñido por parte de la castaña interrumpió las palabras del cánido, que de inmediato abrió sus ojos con tal de ver a una agotada Giselle darse por vencido de intentar seguir con su rutina física.
—¡Se acabó, no puedo más! Mis piernas me están matando, hemos entrenado sin parar por semanas, necesito tiempo para descansar y reponerme. No puedo seguir consumiendo la medicina como lo he estado haciendo hasta ahora, Lucario.
Lucario asintió, era todo lo que necesitaba decir por ahora. Debía admitirlo, la chica merecía un descanso.
—Tomate tu tiempo, y cuando estés repuesta, ven a mi con tal de batallar contra tus Pokémon nuevamente.
Giselle gruñó de nuevo mientras se alzaba sobre sus pies, bostezando un poco y despidiéndose con su mano mientras se dirigía al campamento, Lucario la observó caminar por algún tiempo antes de cerrar sus ojos y regresar a su meditación, satisfecho de que el Aura de la chica estaba ahora menos tormentoso que antes.
Cerró sus ojos, intentando mejorar sus sentidos mediante el uso del Aura, intentando encontrar la ubicación de Gary dentro de la cueva en la que se había adentrado para entrenar a sus Pokémon acuáticos.
A diferencia de Giselle, el enfoque de Gary se centraba más en sus Pokémon que en su persona, aunque tampoco excluía la posibilidad de entrenarse a si mismo en combate cuerpo a cuerpo cuando la situación lo ameritaba. Pero a diferencia de Ash, el castaño enfocaba su atención casi enteramente en el aumento de poder de sus criaturas, en algunos puntos incluso parecía que todo lo que le importase al jovencito era el nivel de sus monstruos. Pero con el tiempo transcurrido, le fue obvio descubrir que si bien Gary no socializaba tanto con sus Pokémon como lo hacía Ash, eso no impedía el que los apreciara a todos a su manera.
Frunció el ceño, últimamente no dejaba de comparar a Ash con Gary, y lo peor es que a pesar de que gracias a los correos que ambos intercambiaban, algo dentro de él no dejaba de decirle que debía regresar cuanto antes al lado del chico.
El cánido se levantó, cansado de intentar encontrar a Gary con su Aura en la inmensidad de la cueva, se hacía tarde y por alguna razón que no lograba entender, la temperatura de la isla parecía haber descendido unos cuantos grados, y por lo que podía percibir, no haría más que seguir descendiendo conforme pasaba el tiempo, por lo que era vital que encontrase al chico con tal de traerlo de vuelta al campamento y que tomase las medidas adecuadas para evitar caer enfermo.
En el camino al campamento no pudo evitar que su mente regresara a los correos que Ash había estado intercambiando con Gary. Algunos de ellos incitaban pequeñas reacciones de reconocimiento dentro de él que no podía explicar el porqué. Mientras que otras, simplemente no lograban disparar la misma reacción.
Mes y medio había transcurrido desde que Gary decidió el venir a entrenar a esta isla, y desde ese entonces todos ellos no habían hecho más que entrenar lo mejor que podían con tal de mejorarse el uno al otro. Pero mientras la rutina de Gary se había estancado en este lugar, la vida de Ash parecía estar repleta de aventuras y eventos que hasta ahora parecían fantásticos e increíbles.
Al parecer desde que se habían separado, Ash y sus amigos habían estado en problemas, desde sobrevivir el ataque masivo de una horda de Tentacool y Tentacruel, hasta el haber vivido en carne propia el hundimiento de una isla cuya formación yacía enteramente en los Pokémon que por milenios habían dormido, en el proceso capturando un sin número de nuevos Pokémon, entre ellos un poderoso tipo fantasma que tenía la capacidad de hablar el lenguaje humano, un Butterfree rosa, y una enorme cantidad de Pokémon que al final palidecían ante el orgullo que había ocasionado que Gary hubiese decidido entrenar dentro de la cueva hasta casi desfallecer. Un Dragonite y dos Dragonair en la zona de safari gracias a un simple golpe de suerte que incluso él tenía dificultad de creer.
Llegó al campamento y de inmediato notó que Giselle estaba completamente dormida en su tienda, su Dewgong y Psyduck hacían guardia con tal de evitar que algún Pokémon salvaje se acercara demasiado al campamento. Hasta los momentos al parecer después de cierto nivel, algunos Pokémon eran demasiado poderosos como para ignorar el repelente. Eran pocos, pero su nivel fue lo suficientemente alto como para haber causado mucho daño de haberlo querido, un error que no cometerían nuevamente.
Miró en dirección de la mochila de Gary, y no pudo evitar el desear el esculcar entre sus pertenencias con tal de leer a más detalle sobre Ash. Los correos habían sido concisos, y era obvio que el énfasis estaba puesto en los monstruos que él y sus amigos habían capturado, pero algo le decía que Ash no le estaba contando toda la historia de lo que realmente había acontecido. Lo conocía bien, y sabía que incluso cuando Gary lo preguntó directamente, que el moreno simplemente no pensaba soltar la información con facilidad, y las tretas y amenazas no funcionaban tan bien por correo que en persona. También no podía evitar el sentir que algo no estaba bien con el hecho de que Ash capturase tantos Pokémon, no entendía el por qué ese sentimiento surgía dentro de él, pero si era franco consigo mismo, quizás estaba celoso al igual de temeroso que una vez se reencontrasen, Ash ya no lo necesitase más consigo y lo enviase en dirección de Delia.
Era tonto, pero no podía lograr que ese pensamiento escapara de su cabeza, el hecho de que al entrenar a Gary y Giselle ha estado sacando al sol su lado salvaje no ha ayudado en lo absoluto. Parte de él estaba agotado de ver las batallas como espectador, deseaba ser parte de las mismas. Pero bien sabía que eso era simplemente imposible mientras Delia estuviese atada a su vida en Paleta.
Bostezó, dejando que su lengua se extendiera un poco más fuera de su hocico, mientras que arqueaba su columna un poco más con tal de espantar la pereza que lentamente se instalaba en él.
Fue entonces cuando sus instintos comenzaron a gritarle por que huyera, justo al mismo tiempo en que la temperatura de la isla descendió bruscamente para peor. Los monstruos de Giselle exclamaron en sorpresa y temor, ambos mirando en dirección de la cueva mientras titubeaban si salir disparados del lugar o proteger a su entrenadora.
Ambos monstruos habían sido capturados en la isla, por lo que era probable que supieran qué diablos estaba pasando, por lo que no dudó en preguntarles qué sucedía, su respuesta le heló la sangre incluso más rápido que el gélido viento que soplaba a su alrededor.
—¡Articuno!
El cánido maldijo y sin dudarlo empleó sus poderes para tele-transportarse al lugar donde Gary entrenaba a sus Pokémon dentro de la cueva. Le tomó algunos segundos el reconocer su entorno, sobretodo el recuperar su aliento, no había gastado mucha energía en el movimiento, pero igualmente había sido un riesgo el emplearlo.
Miró que frente a él estaba el camino, cubierto de rocas, hielo y varios escombros, de entre las rocas había un pequeño camino que los Pokémon habían creado con su continuo transitar por el lugar, volteó enseguida, viendo que Gary no se encontraba a los alrededores, miró a las peligrosas aguas que estaban ante él y que el castaño empleaba para entrenar a sus Pokémon acuáticos. No había rastro alguno de ellos, pero por su olor podía ver que habían estado aquí.
De entre su espalda apareció un Kingler, un Pokémon que celosamente protegía su territorio de cualquier intruso, su pose daba a entender que pretendía luchar en su contra, pero Lucario no estaba de humor para demoler al joven monstruo, por lo que haciendo uso de sus poderes psíquicos lo elevó al aire y antes de que pudiera exclamar en protesta, preguntó con voz fría y controlada.
—¿Donde está el humano?
Por un momento Kingler parecía estar a punto de negarse a contestar, por lo que no dudó en emplear algo de su energía psíquica para apretar su exoesqueleto y darle a entender que no tenía miedo a aplastarle si la situación lo ameritaba. Tras ello no tardó en responder:
—¡Está en lo más profundo de esta cueva enfrentándose con Articuno!
Tras un par de sacudidas extra la criatura no dudó en compartir sus recuerdos de cómo llegar hasta tal lugar, era obvio que los monstruos locales evitaban esa área a como diese lugar, muchos a sabiendas de que la bella ave de presa no dudaría en comerlos si fuesen lo suficientemente tontos como para adentrarse a sus dominios. También había descubierto que la criatura era apenas un adolescente, por lo que era más agresivo con su territorio que un espécimen adulto, que normalmente evitaba la presencia humana a como diera lugar.
Conforme se acercaba al lugar, lo cual era de por sí difícil gracias a que tenía que emplear sus poderes psíquicos para sobrevolar de orilla a orilla donde el agua era demasiado turbulenta como para nadar o arriesgar el saltar por sus propios medios, no tardó en escuchar los signos de que una gran batalla estaba ocurriendo, por un momento temió lo peor, pero cuando finalmente aterrizó en la entrada a la caverna que marcaba el inicio del territorio de Articuno, una enorme explosión remeció todo el lugar, causando que por segundos tuviese que detenerse y cubrirse la cara para evitar que el viento lo encegueciera.
Tras haber muerto la ventisca, corrió a los adentros de la cueva, sólo para encontrarse con un maltrecho y sangrante Gary, que sonreía satisfecho mientras en su mano reposaba una Ultra bola. A su lado se encontraba un magullado Arcanine, que parecía tan satisfecho como su entrenador a pesar de estar en peores condiciones que este.
Su entrada no pasó desapercibida, y una vez ambos notaron su presencia, ambos casi al unísono procedieron a perder la consciencia, Lucario mientras tanto, corrió con tal de tele-transportarlos a ambos al campamento, analizó sus heridas, y podía ver que aparte de algunos cortes que quizás requerían una pócima o dos, ambos se encontraban completamente sanos hasta donde podía ver. Miró a la Ultra bola que Gary aún sujetaba con recelo y supo entonces que contra todo pronóstico el desquiciado jovencito había conquistado.
En respuesta al Dragonite que Ash había capturado, Gary Oak había decidido capturar un Articuno apenas se le presentó la oportunidad.
Continuará...
N.A: Lamento la tardanza, no tener computadora propia atrasa demasiado los planes, y admito que la operación y la espera a veces me dejan bastante desganado. Esto es oficialmente el último capítulo enfocado en Gary. Y como se habrán dado cuenta, las cosas han cambiado bastante debido a la influencia de Lucario.
No les sorprenda que la historia avance rápido a partir de este punto, a diferencia de la serie los personajes aquí no se detendrán cada tres kilómetros a ayudar a un desconocido a entrenar a su Pokémon o para hacer amigos. Eso funciona en el formato visual, pero en el escrito crea una inmensidad de historia que se hace poco atractiva tanto para el lector como para quien la escribe.
Lamento decirles que mis actualizaciones seguirán siendo esporádicas, literalmente estar frente a la computadora se ha vuelto físicamente doloroso. Pero soy masoquista e igual me pongo a escribir aunque realmente no debería. Y la pequeña pantalla de la Laptop de mi papá no ayuda en nada.
