Yuri palideció al ver que Otabek había perdido la conciencia, debía sacarlo de ese infernal lugar a como diera lugar, pero si usaba sus poderes definitivamente no pasaría desapercibido y si los atrapaban Otabek podría estar en peligro, para ser más específicos ambos lo estarían. Se limpió la sangre de la boca y tomó al azabache en sus brazos, sus heridas aún sangraban definitivamente no se había recuperado por completo, pero era consciente de que si seguía bebiendo de cuello del chico se llevaría su vida. Se levantó con dificultad y presionó el botón del ascensor para ponerlo nuevamente en marcha, su corazón latía de manera errática al igual que los pensamientos en su interior, tenía miedo por primera vez en su vida, temía que no salieran de ésta con vida.
El ascensor bajó hasta el subterráneo donde Otabek había estacionado el automóvil y al salir de el con cautela pudo presenciar una batalla campal frente a sus ojos, vampiros contra agentes, licántropos luchando de manera encarnizada contra los afilados dientes de los "fríos" como los llamaban. Suspiró hondo y tomó valor para escabullirse con Otabek entre los pilares que sostenían el arriba del subterráneo.
—Otabek... ¿Puedes oírme? — musitó de manera desesperada observando como el humano palidecía cada vez más —Maldición, despierta... por favor— le susurró en el oído con desesperación sin obtener respuesta alguna, agudizó sus sentidos y pudo sentir que el pulso del kazajo comenzaba a debilitarse, entonces supo que tendría que arriesgar su vida por sacarlo de aquél campo de batalla.
Yuri corrió escabulléndose entre los pilares macizos evitando al máximo cualquier contacto con algún licántropo que lo descubriría de inmediato, para su suerte estaba pasando desapercibido. Cuando logró bajar una planta más para por fin llegar al lugar donde el kazajo había estacionado el automóvil se encontró con unos seis agentes asegurando el lugar para que ningún vampiro saliera del lugar. En cuanto Yuri los vio instintivamente le apuntaron con el arma.
—Bajen las armas, el agente Altin está herido— ordenó un agente que parecía de mayor rango que el resto. —¿Qué le sucedió? — le preguntó aquél hombre de unos 40 años.
—Lo mordió un vampiro... está muy mal, debo llevarlo de inmediato a un hospital— musitó Yuri con el rostro lleno de angustia y es que Otabek lucía cada vez peor a cada segundo.
—Nosotros nos encargaremos, debes atender tus heridas chico— le ordenó el tipo al ver que Yuri se estaba desangrando por múltiples heridas y mordidas —¿Qué diablos les sucedió? —
—No me haga recordarlo— le contestó Yuri haciendo una mueca de dolor —Preferiría llevarlo yo, es mi mejor amigo y la verdad creo ser capaz de conducir hasta el hospital, además no tiene sentido que utilice a uno de sus agentes para escoltarnos, son más útiles aquí— concluyó Yuri rogando porque aquél argumento convenciera al agente, de lo contrario tendría que usar la fuerza porque no les daría a Otabek bajo ninguna circunstancia.
—Tienes razón chico, si algo sucede en el camino no dudes en hablar por el intercomunicador de Altin— le ordenó el agente y un movimiento de mano dio el pase para que Yuri y Otabek pudiesen salir de ese maldito lugar de una buena vez —Cuídalo, él también es importante para mí— se despidió mientras Yuri casi corría al automóvil.
Apenas abrió la puerta del copiloto acomodó a Otabek con cuidado, por un momento deseó que el chico fuera vampiro de esa forma su debilidad se solucionaría tan sólo si bebiera de su sangre, pero los humanos funcionaban diferente y en ese momento se odio a sí mismo por rechazar las lecciones que Viktor siempre intentaba darle sobre la manera en que fisiológicamente funcionaban los humanos. Ni siquiera sabía si Otabek estaba débil solamente o estaba al borde de la muerte y eso era lo que más le angustiaba, nunca en la vida odio ser tan ignorante respecto a los humanos a pesar irónicamente de haber sido uno hace siglos.
Tomó asiento frente al volante y encendió el auto con las llaves que Otabek guardaba en su chaqueta, ahora que parte de la adrenalina había pasado comenzaba a tomar conciencia de su delicado estado y es que pese a que la sangre de Otabek había sido de gran ayuda sus heridas no estaban ni cerca de sanar gracias a la asquerosa saliva de aquél hombre lobo. Salió del departamento de la VCD lo más veloz que pudo y condujo a unos 120 Km/h en dirección a la casa de Seung, cada minuto que pasaba se sentía peor, el veneno de los lobos era jodidamente doloroso y quemaba en su interior, se decía que los lobos llevaban el fuego y los vampiros eran de hielo, precisamente era así como se sentía en ese momento, como si aquél veneno le recorriera como lava entre las venas, pero aquél dolor importaba poco en comparación con lo mucho que le preocupaba el estado del azabache.
Cuando Yuri por fin pudo divisar la mansión de Seung sentía su visión considerablemente borrosa, temía perder la conciencia en cualquier momento, pero no podía hacerle eso a Otabek, ahora ambos dependían de su fuerza. Otabek había sacrificado su vitalidad por él y el definitivamente no podía fallarle. En cuanto llegó a la mansión de Seung tomó de manera torpe a Otabek en los brazos y comenzó a gritar el nombre de Seung para que éste lo socorriera. El coreano junto con JJ salieron de inmediato a socorrerlos y en cuanto Jean le quitó al azabache de los brazos perdió la conciencia por completo estrellándose en el suelo, ya nada importaba... no le había fallado a Otabek.
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Eran aproximadamente las cuatro de la tarde cuando Yuuri sintió aquella punzada en el pecho, una que le dejó sin aire, una que le hizo recordar a Yuri por unos instantes. Sintió terror y angustia... era el vínculo, definitivamente algo le había sucedido al rubio, lo sabía casi como si alguien se lo hubiese susurrado al oído. De inmediato salió de su habitación en busca de Viktor con lágrimas de angustia que comenzaban a brotar de sus ojos, en cuanto entró en la habitación del ruso lo vio con el celular en la oreja con una expresión absolutamente gélida mientras sus temores más profundos comenzaban a confirmarse. Viktor se giró de inmediato al sentir la presencia de Yuuri y no pudo evitar dirigirle una mirada llena de angustia y terror.
—No te preocupes, de inmediato iré para allá Seung— contestó Viktor para luego colgar la llamada.
—Algo le pasó a Yuri— musitó el japonés con el corazón hecho trizas, tocando su pecho en donde se sentía aquél dolor profundo y desgarrador.
—Seung me acaba de llamar, fue mordido por un licántropo y se encuentra muy mal— le comunicó Viktor con la voz quebrada, de inmediato las lágrimas afloraron en sus ojos. Se sentía terrible, Yuri había arriesgado su vida en la misión que Seung había planeado para robar el suero y lo había hecho por él; ¿Cómo podía haber sido tan miserable con aquél chico que le era fiel hasta cuando lo odiaba? Sentía miedo un absoluto profundo y enceguecedor miedo, no podía permitir que Yuri muriera, de ninguna manera.
—¡¿Qué?! — Gritó Yuuri comenzando a alterarse, se acercó rápidamente a Viktor y lo tomó de las manos para hacerlo reaccionar y que le dijera absolutamente todo lo que pasaba — ¿Por qué? ¿Qué mierda está pasando Viktor por favor? — musitó Yuuri sollozando.
—No tengo tiempo de explicarte, si Yuri no bebe mi sangre puede morir. No te habíamos explicado esto, pero las mordidas de los licántropos tienen una clase de veneno que impide la cicatrización de las heridas de los vampiros y si te muerden muchas veces terminas muriendo desangrado. Lo único que detiene aquél veneno es la sangre de los originarios— le explicó Viktor de manera rápida mientras tomaba un abrigo y se lo ponía encima para salir en dirección a la casa de Seung.
—Te acompañaré— le dijo Yuuri con determinación y es que algo en su interior le exigía que estuviera al lado del rubio, algo en su interior le carcomía como el fuego, algo le decía que Yuuri lo necesitaba de alguna u otra forma.
Viktor asintió en silencio y lo abrazó para reconfortarlo —Todo saldrá bien bebé, tranquilo no dejaré que le suceda algo malo a Yuri— musitó para después besarlo en la frente mientras el japonés temblaba de nerviosismo con la mirada perdida.
Ambos se dirigieron en el auto de Viktor hacia la casa de Seung, los minutos de viaje se les volvieron eternos. La tensión se podía cortar con una cuchilla y ambos no emitieron una sola palabra durante el viaje, aunque no quería demostrarlo, Viktor realmente tenía miedo, porque era cierto que su sangre era la cura para las mordidas de los lobos, pero hasta cierto punto; había un punto en que ni siquiera la sangre de un originario podía salvar a un vampiro mal herido por las fauces de un licántropo y Viktor suplicaba en su interior que Yuri no hubiese llegado hasta ese punto porque sinceramente no se imaginaba el mundo sin Yuri, después de todo eran familia y eso pesaba más que cualquier altercado que pudiesen tener.
En cuanto llegaron a la casa de Seung, al bajar del auto corrieron a la entrada. La sirvienta del coreano les abrió la puerta de inmediato y los guió hacia la habitación donde Yuri se encontraba. El corazón de Yuuri se detuvo por un instante al ver como Yuri yacía en una cama más pálido que de costumbre, con sangre por todos lados y temblando. Se sintió como si una estaca lo atravesara en dos, la imagen fue tan dolorosa que no pudo evitar caer de rodillas en la orilla de la cama donde Yuri estaba, tomar su mano y llorar con una desesperación que le nacía desde el lugar más recóndito de su alma.
—Viktor has algo— musitó Seung entre sollozos —Está ardiendo en fiebre por las mordidas de esos malditos perros— gimoteó mientras acariciaba el cabello de Yuri y dejaba a un lado un vaso de sangre que le había estado intentando dar de beber —Le he dado de beber mi sangre muchas veces, pero no responde— jadeo.
Viktor corrió al lado de Yuri y mordió su propia muñeca para verter su sangre en la boca entreabierta del rubio, un pequeño chorro de sangre cayó en la boca de Yuri mientras todos esperaban expectantes que algo sucediera, pero nada sucedió, Yuri continuaba temblando por la fiebre e inconsciente.
—Maldita sea Yuri no me hagas esto, por favor— gimoteó Viktor con los ojos cristalinos mientras la desesperación le invadía. Por un momento todos dejaron de respirar esperando lo peor, pero Yuri abrió la boca y enterró sus colmillos en la muñeca de Viktor bebiendo de su sangre con dificultad pues aún se encontraba débil.
—¿Me escuchas Yuri? Muerde mi cuello— le susurró Viktor en el oído mientras lo rodeaba con los brazos acomodando su cabeza para que el rubio tuviera libre acceso a su cuello. Sus temblores habían comenzado a disminuir al igual que su fiebre, pero aún seguía inconsciente actuaba meramente por instinto y por la calcinante sed de sangre que lo embargaba.
Yuri clavó firmemente sus colmillos en el cuello de Viktor y bebió su sangre de manera desesperada, completamente hambriento como si no se hubiera alimentado hace meses. Poco la fiebre cesó y al igual que sus hemorragias, las heridas tardarían en sanar, pero al menos ya se encontraba completamente fuera de peligro. Después de unos minutos bebiendo soltó a Viktor y éste lo recostó nuevamente en la cama para que Yuri descansara.
—Debemos dejarlo dormir, le tomará un par de días sanar por completo— musitó Viktor aliviado acariciando el rostro de Yuri, incluso tan malherido como estaba seguía viéndose hermoso como un ave fénix renaciendo desde las cenizas. —Mi pequeño ángel, no sabes cuánto te extrañé— le susurró Viktor y luego le besó la frente.
—Gracias Viktor, de verdad no sabía qué hacer con Yuri yo creí que iba...— musitó Seung y se detuvo a continuar la frase pues la sola idea de que su amigo estuvo a punto de morir le carcomía por dentro. Había sido tan confiado e idiota de dejar a Otabek y Yuri ir en esa misión suicida, ¿En qué mierda estaba pensando? Era obvio que algo como eso podía suceder.
—No te tortures Seung, él ahora está a salvo— le dijo Viktor palmoteándole la espalda para que se tranquilizara —Soy yo quien debe agradecerte por haberme llamado—
Yuuri aún estaba en shock arrodillado a un costado de Yuri, había estado a quizá minutos de no haberlo vuelto a ver con vida. Algo se removió en su interior, le tomó la mano a Yuri y la abrazó con todo su anhelo, con toda su ansiedad. Cerró los ojos y acarició su rostro en la mano del rubio anhelando aquellas caricias que Yuri solía brindarle hace algún tiempo, a pesar de que no podía negar el hecho de que se había enamorado de Viktor tampoco podía ignorar el hecho de que definitivamente aún no olvidaba a Yuri.
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Al anochecer, cuando ya todos había recobrado parte de la calma Yuri despertó en medio de la vigilia de los tres vampiros, abrió los ojos de manera lenta y pesada. De inmediato sintió su cuerpo adolorido, se sentía confundido por un instante no sabía ni siquiera donde estaba, poco a poco comenzó a recordar lo que había ocurrido, había ido en una misión con Otabek y todo había salido terriblemente mal... un momento ¿y Otabek?
—¡Otabek! — dijo Yuri alzando la voz y reincorporándose, intentando ponerse de pie mientras Seung lo frenaba y lo obligaba a volver a la cama —¿Dónde está? — preguntó Yuri con un tono de angustia.
—Jean lo llevó al hospital, hace un par de horas me avisó que le habían realizado una transfusión de sangre y que ya se encontraba mejor— Le comunicó Seung mientras le acariciaba la cabeza para que se calmara —Yuri, debes guardar reposo tus heridas son serias... si no fuera por Viktor...—
Yuri palideció al escuchar aquél nombre y al girar la mirada unos centímetros a la izquierda los pudo ver, Yuuri y Viktor observándolo con una estúpida y asquerosa mirada de culpa.
—¿Qué hacen aquí? — les preguntó Yuri de mala gana a mientras desviaba la mirada con un gesto de repulsión.
En ese momento algo en el interior de Yuuri se removía, la mirada de odio del rubio calaba en lo más profundo de su ser y por otro lado... ¿Quién demonios era Otabek y por qué a Yuri le preocupaba tanto?
—Seung me llamó porque recibiste múltiples mordidas de un licántropo y ya sabes que la sangre de...— le comenzaba a explicar hasta que Yuri lo interrumpió.
—...Si si la sangre de un originario contrarresta el efecto del veneno de los lobos. Bueno muchas gracias Viktor... supongo que ahora estamos a mano. Ya me siento mejor, pueden retirarse— le contestó de mala gana, aunque en el fondo de su orgullo le alegraba ver a Viktor ahí y saber que aún se preocupaba por él.
—Yuri no seas mal agradecido, si no fuera por Viktor sinceramente estarías muerto— le regañó Seung dirigiéndole una mirada de disculpas a la pareja.
—No me interesa lo que tengas para decir Yuri Plisetsky, estoy aquí porque me importas demasiado y porque jamás dejaría que algo malo te sucediera porque te considero mi familia— le contestó Viktor un poco dolido —... Y no, no es que te hiciera un favor o una devuelta de mano, lo hice porque eres especial para mí— concluyó Viktor sintiéndose dolido y caminando para dejar la habitación.
—Viktor...— Musitó Yuri suplicante y es que las palabras de Viktor habían tocado su ahora gélido corazón. En el fondo Yuri jamás dejaría de querer a Viktor como una especie de hermano, él tenía razón... eran familia.
—Volveré más tarde, sólo necesito tomar aire— Viktor suspiró intentando no sentirse aún más miserable de lo que ya se sentía y dejó la habitación.
Yuri no pudo evitar cruzar la mirada con el japonés una vez que Viktor salió, el chico lo miraba destrozado mientras que él sentía un inmenso rencor en su interior hacia Yuuri y es que dolía, dolía más que las mordidas del lobo, dolía jodidamente profundo en su interior verlo ahí al lado de Viktor y ahora contemplar la cara estúpida con la que lo observaba.
—Yuri...— se animó a decir el japonés mientras se acercaba de manera temerosa al ruso. Seung de inmediato le dirigió una mirada mustia que Yuuri ignoró por completo —Tuve mucho miedo de que algo te pasara— Yuuri le dirigió una mirada sincera con los ojos vidriosos y el corazón del rubio se descongeló por un instante.
—Ya estoy bien— se animó a decir, desviando la mirada de los ojos ámbar que lo observaban porque aún le dolía mirarlo, aún hacía que su corazón se agitara.
—Yuuri... yo lo siento tanto— se disculpó el azabache entre lágrimas tomando tímidamente la mano de Yuri, Seung salió de la habitación para dejarlos conversar a solas.
—Quiero deshacer el vínculo— le contestó Yuri haciendo la mirada hacia un lado, mientras que el japonés sentía que algo se quebraba en su interior.
