CAPÍTULO 26 – EL ÚLTIMO DÍA

-NARRA LIZ-

Si Kate no venía a la cita iba a matarla. Había llegado corriendo al Starbucks justo a tiempo, pero no la veía por ninguna parte. O al menos no veía a ningún paparazzi pegado a la puerta.

Nada más entrar, eché un vistazo alrededor de las mesas y los sofás, pero ninguna cara me resultó familiar. Gruñendo por lo bajo fui hasta la barra para pedir mi bebida, cuando justo en ese momento alguien me dio varios golpecitos en el hombro.

-¡Oh, joder eres tú! –exclamé sobresaltada al ver a Kate, escondida bajo un sombrero y una bufanda. Ella sonrió brevemente.

-Si no venía eras capaz de asesinarme –me dijo, hablando en voz baja. Le eché un vistazo significativamente.

-Estamos en Los Ángeles –espeté –¿no te estás ahogando debajo de tanta lana?

Kate sonrió aún más, casi con ironía.

-Yo de ti no me burlaría mucho, porque dentro de poco esta vas a ser tú –contestó. Me quedé parada un momento, reflexionando sobre eso. ¿Llevaba tanta ropa para no ser reconocida? Supuse que así era y además me estaba lanzando una indirecta directa avisándome sobre lo que se me venía encima.

Cuando nos dirigíamos a un sofá bastante alejado de los grandes ventanales, su móvil empezó a sonar histérico. No se me pasó por alto que también tenía como tono de llamada Inseparable, de los Jonas, pero me quedé callada sorbiendo con cuidado mi frappuccino de fresa.

-¿Sí? –contestó ella, aún en voz baja. De pronto, su cara se iluminó –¿esta noche? –volvió a poner cara de fastidio –ah, no contaba con eso. Está bien, yo la avisaré; estoy con ella. Adiós.

La miré algo confundida, porque al fin y al cabo se acababa de referir a mí en una conversación de teléfono con alguien que no tenía ni idea de quién era. Después de guardar su móvil en el bolso, Kate se sentó enfrente de mí con la elegancia que yo deseaba tener. La envidié por eso.

-¿Y bien? –pregunté, curiosa –¿qué pasa esta noche? –aparte de esa cena tan importante con Maya a la que no estoy invitada, me dije a mí misma. Ella me miró fijamente.

-Hay un estreno –empezó. La miré aún más perdida –, y quieren que vayamos todos.

-¿Quieren? –dije, liada. Ella suspiró exasperada, señalando con los dedos hacia el techo.

-Los de arriba –explicó. Ah, los de arriba. Los famosos ejecutivos a los que nunca parecía conocer. Empezaba a preguntarme si existían…

-Pero, ¿quiénes tenemos que ir? Joe, Kev y Nick están ocupados esta noche –le dije. Kate me miró con interés, como si lo que acabara de decirle fueran noticias nuevas. ¿Quizá había hablado demasiado? ¡Galleta tonta!

-Pues tendrán que desocuparse –espetó ella, altanera. Luego, dio un sorbo a su café gigante, como recalcando su teoría.

La cosa se estaba saliendo del propósito. Yo había quedado con ella para preguntarle qué cosa tan importante me iba a contar y en vez de eso estábamos hablando de la noche ocupada de los Jonas. Me abofeteé mentalmente por ello, pero luego volví a la carga.

-En fin, ¿qué me tenías que contar? –le pregunté directamente. Ella levantó la cabeza como sobresaltada y luego miró alrededor del Starbucks, al parecer buscando a alguien. Intenté seguir su mirada, sin ver a nadie conocido.

-Joder –murmuró entre dientes, visiblemente frustrada. ¿No había encontrado lo que buscaba?

-¿Qué pasa? –espeté, perdiendo la paciencia –¿esperas a alguien?

Kate sacó su móvil otra vez, buscando un número que no alcancé a ver y apretando la tecla de llamada. Echando humo por las orejas, me quedé mirándola fijamente mientras que ella parecía estar esperando a que le respondieran. Sin embargo, pronto soltó un gruñido y volvió a guardarlo.

-Y ahora el señorito va y apaga el móvil. Qué fácil es todo para él –dijo, al parecer bastante molesta.

Ahora sí que estaba perdida del todo. Dejando a un lado mi frappuccino contuve mi impulso de lanzarme encima de ella y obligarle a escupir lo que fuera que tenía que decir.

-Te lo voy a decir una vez más, ¿puedes explicarme qué está pasando aquí? –rugí, no demasiado alto. Al fin y al cabo, no quería montar una escenita. Al parecer, el show de "Galleta enfadada" funcionó, porque Kate pareció algo intimidada.

-Estaba esperando a que te lo contara él mismo, y de hecho le he avisado, pero parece ser que al señor no le apetecía venir hoy –me dijo ella, acomodándose en su sofá. ¿Cómo podía estar tan tranquila mientras que yo estaba a punto de subirme por las paredes a causa de los nervios?

-¿Él? ¿Quién? –pregunté. Kate me miró con la duda reflejada en sus ojos –¡Joder, Kate, escúpelo ya!

Alarmada por el volumen de mi voz, pareció darse cuenta de que mi estado nervioso no era normal y que de un momento a otro iba a arañarle la cara si no me decía nada, porque cerró los ojos y tomó aire.

-Está bien –cedió ella –: en Europa… Joe y yo lo hicimos.

Como cuando te tiran un cubo de agua fría encima, que te quedas petrificada un momento y luego te entran los arranques de furia, así me quedé yo. Sin embargo, decidí calmarme antes de empezar a lanzar fuego por la boca. Para evitar ponerme a gritar como una loca, agarré mi frappuccino y empecé a sorber desesperadamente. ¿Joe y ella habían qué? No podía ser verdad… pero yo pensaba que… la primera vez fue en el coche, conmigo… ¿Qué?

-Di algo –me dijo Kate, al ver que llevaba un buen rato callada. Intenté respirar profundamente.

-¿Cómo y cuándo pasó eso, exactamente? –le pregunté. Ella me miró algo avergonzada –bueno, no. Mejor no me lo cuentes… no quiero saberlo.

-Liz, no es algo fácil de contar, ¿lo entiendes, no? –me dijo. Asentí con la cabeza, medio ida –por lo que veo, Joe no te lo ha contado. Y no quería que pensaras que todo el rollo ese de su anillo era cierto. Las relaciones se basan en la confianza, y si él no ha tenido el valor para contártelo, quizá deberías replantearte vuestra relación.

¿Quién se creía que era para darme toda esa charlita? ¿Estaba cuestionando mi relación con Joseph? Mi cerebro trabajaba a mil, mostrándome diferentes formas de asesinarla con la pajita de mi frappuccino. Lo único malo habría sido la huída, porque seguramente todo el mundo se daría cuenta. Ya veía los titulares "La casi princesa Disney asesina a su compañera por haber probado al virgen antes que ella". O quizá "Mata a la primera amante de su supuesto novio virgen". Aunque los más provocativos escribirían: "Muerta por liberar a la anaconda antes de tiempo".

¿Pero qué estaba diciendo? Calmándome como pude, dejé mi bebida encima de la mesa, para lanzarle una mirada fulminante, acompañada de una sonrisa. Algo contrapuesto, lo sabía, pero necesario. Tenía que mandarla lejos de allí cuanto antes o no me haría responsable de mis actos.

-Está bien, Kate –dije, intentando sonar clara y decidida –quizá tendría que hablar con Joseph sobre esto pero no sé si tengo mucho derecho a protestar sobre algo que hizo cuando nuestra relación estaba rota. Quiero decir, en Europa él y yo habíamos roto, así que técnicamente no me engañó.

-Sí te ha engañado ahora, porque estáis juntos y apuesto que no te dijo nada sobre esto –rebatió ella.

-Bueno, eso es algo que tendremos que hablar él y yo –contesté, mordiéndome la lengua. Si seguía así me haría sangre.

-Está bien –dijo ella, soltando un suspiro –. Bueno, yo ya lo he soltado, así que creo que me voy. Te dejo sola pensándotelo.

Esbozando una media sonrisa, se levantó con parsimonia y salió rápidamente del local, dejándome hundida. Y no sólo en el sofá.

***

-NARRA NICK-

La conversación con Maya estaba durando mucho, como las de siempre, pero estaba adorando cada segundo. Ya me había contado cómo le había ido todo el viaje y ahora yo estaba describiéndole con cuidado la forma en la que conocimos a April y a Liz, en cómo nos tuvimos que patear el parque de Disney entero para conseguir que los cabezas huecas de Joe y Liz acabaran juntos… Sin embargo, Maya seguía algo distante.

-No sé, Nick –murmuró cuando más o menos acabé de contarle –; no estoy muy segura de ella.

-Apenas la conoces, ese es el problema –le dije. Ella frunció los labios, escéptica.

Justo entonces, mi móvil empezó a sonar: Disney.

-¿Sí? –contesté casi enseguida.

-¿Nicholas? –era el productor de la película, el señor Thompson –necesito que esta noche tus hermanos y tú vayáis a un estreno, como publicidad para la película: ya es hora de que el mundo conozca a las nuevas chicas Disney.

-Pe-pero tenemos planes esta noche –dije, mirando a Maya.

-Nick, es necesario para este proyecto que empecéis a mostraros en público juntos. ¡Sólo imagina la cantidad de publicidad que atraeréis! Vais a ser las parejas más aclamadas por todos –dijo él, emocionado.

-Entonces, ¿cuál es el plan? –pregunté.

-Esta noche vais a ir todos a la presentación de esta nueva serie Disney. Sólo necesito que os paseéis por la alfombra durante un rato, para hablar sobre vuestra nueva película –explicó. Suspiré, más o menos exasperado.

-Está bien. Mándame la dirección y la hora a mi móvil –dije, justo antes de colgar. Maya me miró curiosa.

-¿Adiós al plan de esta noche? –preguntó. Llevaba suficiente tiempo viviendo con nosotros para saber cuándo las cosas no iban a salir como lo previsto.

-Tenemos que ir a una presentación para que la gente conozca a Liz y a April–expliqué, con tono de disculpa. Ella sacudió la cabeza.

-Está bien, no importa. Ya tendremos nuestra cena de reencuentro cuando podáis –murmuró. Sabía lo que estaba haciendo: fingía que no le importaba cuando en verdad sí le molestaba.

-Lo siento –dije, levantándome de su cama.

Sin poder hacer mucho más, decidí salir de allí cuanto antes. Al fin y al cabo, tenía que buscar el traje para esa noche y avisar a mis hermanos y a April. Por suerte para mí, vivía justo al lado de la casa de Maya, así que nada más entrar me encontré con Kevin y Anne, que al parecer estaban a punto de salir.

-Eh, ¿adónde vais? –pregunté. Kev me miró algo irritado. No se le había pasado aún la frustración por la noche anterior… ¿cuánto tiempo más podía seguir así?

-Vamos a un sitio tranquilo en el que podamos estar solos –me contestó, tirando de Anne hacia la puerta. Ella empezó a reírse, parándose en seco.

-¿Cómo? –dije, algo confundido. ¿Tanta prisa tenía?

-Deja de ser así, Cowboy –se rió Anne, sacudiendo la cabeza. Kev esbozó una mini sonrisa. Al parecer sólo ella podía ponerle de buen humor –Kevin y yo vamos de compras a buscar algo para esta noche –explicó ella.

-Ah, ¿entonces lo sabéis? –pregunté. Eso me facilitaba las cosas.

-Claro que sí. Soy el mayor, así que siempre me llaman primero –dijo mi hermano.

-Pero creía que yo era el Señor Presidente, el que ha de saberlo todo antes –contesté yo, fingiendo estar dolido. Anne se rió aún más, mientras que Kev sacudía la cabeza, divertido.

-Pues por una vez no ha sido así –dijo –. Con su permiso, señor Presidente…

Y salieron por la puerta, directos al coche de Kevin. Sonreí, porque ahora sólo tenía que decírselo a Joe y a April. Aunque quizá me tomara unas cuantas libertades con ella…

Decidí llamar primero a Joe, pero su teléfono estaba apagado así que le dejé un mensaje de voz para que lo oyera cuando lo encendiera. Luego, marqué el número de April, que me lo sabía ya de memoria. Contestó con voz pastosa.

-¿Sí? –murmuró. Maldiciendo mentalmente, miré mi reloj para comprobar que no era una hora demasiado indecente. Las cinco de la tarde.

-¿April? ¿Estás bien? –pregunté preocupado. Oí como un gritito, seguido de un golpe seco.

-¡Nick! –exclamó ella –no sabía que eras tú, no he mirado la pantalla cuando he descolgado.

-¿Qué ha pasado? –en serio, esta chica se metía siempre en los líos más raros.

-Na-nada, sólo me he caído de la cama –respondió. Hice lo imposible por no reírme, sin éxito.

-¿Estabas en la cama?

-Estaba durmiendo la siesta, ¿vale? –espetó ella, fingiendo estar ofendida –y dime, ¿necesitabas oír mi melodiosa voz?

-Siempre necesito oírla –contesté, dejándome caer sobre el sofá del salón. Al fin y al cabo, podía hablar con tranquilidad porque estaba solo.

-Oh, me parece bien. Entonces, ¿por qué no me invitas a ir a tu casa después de la cena… para escuchar mi dulce voz en tu oído? –sugirió ella. Sonreí sólo al imaginármelo.

-No estaría mal… pero quizá sería mucho mejor si pudiera escucharla durante la cena, en vez de sólo después –dije.

-¿Cómo? –preguntó ella, confundida –pensaba que sólo los Jonas estaban permitidos.

Sabía cómo llamaban las fans a Maya: la hermana Jonas. Así que era normal que April se refiriera a ella de esa forma.

-Bueno, eso ha quedado un poco cancelado. ¿Qué te parece si tú y yo nos vamos a cenar juntos a algún sitio? –propuse.

-¿Cómo decirle que no al señor Presidente? –respondió ella.

Un plan se estaba cociendo en mi mente. James Bond era un novato a mi lado.

***

-NARRA JOE-

Por culpa del puñetero tráfico iba a llegar tarde a la cita con Galleta y Kate. Al ver en el embotellamiento que me había metido, gruñí en voz baja y subí las ventanillas de mi coche, rezando para que nadie de alrededor mío se diera cuenta de que estaba allí. Y encima, detrás de mí iba un coche con paparazzi.

Los coches literalmente no se movían. Cogí el móvil de mi chaqueta, para avisarle a Kate que iba a tardar y que no empezara sin mí, pero al parecer me había quedado sin batería.

-Perfecto –murmuré, volviendo a dejarla en el asiento contiguo.

Sin móvil para avisar, y tampoco una manera de salir de allí, tuve que aguantar una media hora más, hasta que por fin la cosa pareció empezar a moverse. Conduciendo como un loco (más de lo habitual), llegué al Starbucks en el que habíamos quedado y aparqué donde pude. Sin embargo, cuando entré no vi ni a Galleta ni a Kate.

-¿Llegas ahora? –me preguntó alguien detrás de mí. Me giré rápidamente, para dar con Liz. Sin importarme la gente de alrededor o el paparazzi en la puerta, la envolví en mis brazos con fuerza.

-Lo siento, había mucho tráfico y me he quedado atrapado y sin batería –le susurré al oído, disculpándome. Los flashes empezaron a dispararse.

-Tranquilo, no pasa nada. Ya he hablado con Kate –me dijo ella, apartándose un poco. ¿Incómoda?

-Vamos un poco hacia esa parte –dije, cogiéndola de la mano y arrastrándola hasta unos sofás libres al fondo del Starbucks –¿quieres tomar algo?

-Ya me he bebido un frappuccino… de fresa –murmuró Galleta, sentándose enfrente de mí.

-¿En serio? ¿Y por qué no me has guardado un poco? –pregunté, fingiendo estar ofendido. Ella sonrió.

-He tenido mucho tiempo para bebérmelo –contestó. Captado, había estado esperando durante bastante rato.

-Lo siento… -respondí otra vez. Liz sacudió la cabeza, como quitándole importancia, aunque yo sabía que sí le molestaba. Estaba demasiado seria como para ser mi Galletita –en fin, ¿qué te ha dicho Kate?

-En teoría, tú deberías saberlo ya –respondió casi ásperamente. Justo en ese momento se acercó una chica, toda sonriente hacia nuestra mesa.

-Ehm, perdona… ¿Joe? –me dijo. Liz giró un poco la cabeza, como ocultándose –¿puedes… hacerte una foto conmigo?

Sonriéndole amablemente, me levanté del sofá para posar a su lado mientras que Liz esperaba allí sentada. Después de despedirme de la fan volví con Galleta.

-¿Yo debería saberlo? –murmuré. Liz asintió con la cabeza –es cierto. Pero no sé si ella te lo ha explicado bien.

-Joe, no quiero seguir hablando de esto, en serio –dijo, incómoda.

-Yo sí quiero –espeté –no voy a quedarme callado como si no hubiera pasado nada.

-Joseph, que no ha pasado nada. No importa, en serio. No estábamos juntos así que no soy quién para echártelo en cara –insistió. Sacudí la cabeza, frustrado.

-Ya lo he llevado bastante mal al no contártelo antes, así que ahora vas a tener que escucharme –le dije. Liz se revolvió en su asiento, más incómoda que antes. Al parecer, ahora no podía sostenerme la mirada –; verás, todo fue a causa de la Galletitis.

-¿A causa de qué? –preguntó. Finalmente había captado su atención. La miré algo avergonzado.

-Galletitis –Liz me miró confundida –, en Europa tuve Galletitis.

-¿Puedes explicarme qué es eso? –me pidió ella.

-No es fácil admitirlo, pero… cuando no estaba contigo, tenía visiones de ti. Porque te echaba de menos –dije.

-Vale, ¿así que era como si fuera un fantasma o algo así? –preguntó.

-Exacto. De repente, podía estar sólo en mi habitación del hotel y verte allí parada en medio, mirándome con esa sonrisa –contesté. Ella sonrió, igual que en mis alucinaciones –pues, aquella noche con Kate… bueno, mi visión duró más de lo previsto.

-¿Me estás diciendo que Kate y tú lo hicisteis porque la confundiste conmigo? –preguntó ella.

-¡¿Lo hicimos?! –exclamé, alarmado –¿te ha dicho que lo hicimos?

-Es-es verdad, ¿no? –dijo. La miré como si se hubiera vuelto loca.

-¡No! Sólo nos besamos y toquiteamos un poco, pero no lo hicimos –espeté, acelerado –ya te dije que mi primera vez fue contigo. ¿Creías que te mentía?

-No, no… claro que no creía que era mentira –dijo –sólo creí que te daría vergüenza contármelo.

-Me daba más vergüenza contarte lo de la Galletitis que eso. Lo que pasó entre Kate y yo no fue nada. Duró lo que duró mi visión. O sea, salí del baño y te vi allí plantada en mi habitación (o al menos eso creí).

-Venga, ¿pensaste que había volado desde Los Ángeles a Europa y me había colado en tu habitación? –preguntó ella, incrédula.

-Nadie sabe lo que puede pasar por esa loca cabecita –respondí, mirándola sonriente.

-Entonces, ¿fueron sólo besos? –dijo. Yo asentí con la cabeza.

-En cuanto me di cuenta de que era ella y no tú, me aparté rápidamente y la hice salir de mi habitación.

-Pero, ¿te has dado cuenta de que ella está loca por ti, verdad? –me dijo Liz. Asentí con la cabeza.

-El sentimiento no es recíproco, así que no tienes por qué preocuparte –respondí, acercándome a su lado. Me senté en el reposabrazos del sofá, envolviéndola con mi brazo.

-Me había asustado –confesó ella, apoyando la cabeza sobre mi pecho.

-¿Por qué? –pregunté, dándole un beso en la cabeza –¿de verdad pensabas que podía haber llegado a estar mínimamente interesado en Kate?

-Quien sabe –respondió. Bajando de un salto, me puse enfrente de ella mirándola a los ojos.

-Que te quede claro: tú eres la única. Punto. Final –dije. Galleta sonrió, acercándose para darme un beso.

En ese momento, los flashes empezaron a dispararse. No me había dado cuenta de que estábamos justo al lado de un gran ventanal que daba a la calle y al parecer los paparazzi habían ido acercándose poco a poco, como leones a su presa.

-Debería… apartarme –susurró Liz, intentado alejarse. Sin embargo, yo la rodeé con los brazos más fuertemente.

-No importa –contesté, besándola con ternura.

-Pero, ¿qué pasa con la privacidad? En teoría no deberíamos dejarnos ver juntos aún, ¿verdad? Deberíamos esperar a esta noche.

-Espera, ¿esta noche? –pregunté –tenemos… la cena con Maya.

-¿No te han avisado? –me dijo ella –tenemos que ir al estreno de una de sus series, tus hermanos, April, Anne y yo. Quieren que empecemos a promocionarnos.

-¿A qué hora? –insistí, aún algo descolocado.

-A las 8 creo. Pero deberíamos ir a casa y arreglarnos, ¿no crees? –me dijo. Yo sonreí, asintiendo con la cabeza.

-Sólo te voy a pedir una cosa –le dije antes de levantarnos. Galleta me miró atentamente –: nada de intentar matarme de un ataque al corazón.

Liz se levantó de un salto, riéndose por mi comentario mientras que yo entrelazaba mis dedos con los suyos y salíamos de allí. La nube de fotógrafos seguía ahí hasta que llegamos a mi coche.

-Te llevo a casa y esta noche pasaremos a buscarte a ti y a April, ¿vale? –le dije a Galleta mientras ponía en marcha el motor.

-Está bien –contestó ella algo nerviosa.

Miedo me daba pensar en lo que podría pasar esa noche.

***

-NARRA APRIL-

¿Así que una cena con Nick esa noche, eh? Medio desesperada, salí corriendo a buscar algo decente que ponerme, porque si no iba a hacer el ridículo más grande jamás hecho. Yo ya había visto antes fotos de él saliendo a cenar con sus novias y ellas siempre iban perfectas (por no hablar de él). Como siempre, estaba sola en casa porque mamá, la abuela y Liam se habían ido a saber dónde. Eso facilitaba las cosas, porque así podía ir por casa en ropa interior sin preocuparme de ser vista. Sin embargo, de repente oí la puerta abrirse.

-¿Quién es? –grité desde arriba de las escaleras. Pero nadie contestó, así que aterrada, decidí bajar.

-¡Joder! –exclamó Nick, parado en la entrada mirándome completamente en shock.

-¡Nicholas! ¿Qué haces aquí? Y… ¿cómo has entrado? –pregunté, nerviosa. Seguía en ropa interior, y aunque no me importaba que él me viera (no sería la primera vez), sí me sentí un poco intimidada.

-Te-te dejaste las llaves en mi coche –explicó él. Iba guapísimo, con las mangas de su traje perfectamente arremangadas, así como siempre hacía él. Y llevaba una caja bastante grande en las manos.

-Está bien… pero imagínate que mi madre o mi abuela hubieran estado en casa –dije, sin moverme de las escaleras.

-Entonces, las habría saludado con todo el respeto –contestó, sonriendo. Luego me hizo un gesto con su mano libre, para que me acercara a él –ven, tengo algo para ti.

-Nick, si no te gusta mi ropa simplemente tienes que decírmelo, no ir comprándome vestidos cada vez –bromeé, intuyendo lo que había dentro de esa caja.

-Ah, ¿ahora tampoco puedo regalarle vestidos a mi novia cuando quiera? –replicó, haciéndose el ofendido. Yo me reí, bajando de un salto el resto de escalones.

-¿Puedes repetir eso? –le pedí, ya muy cerca de él.

-¿El qué? –preguntó él, fingiendo no saber a qué me refería.

Sin que se lo esperara, me lancé a sus brazos, haciendo que la caja cayera al suelo y él casi de espaldas.

-Tu novia –susurré, a unos centímetros de sus labios –sigue sonando genial –. Nick sonrió, acercándose directamente a besarme, sin pensárselo.

Allí estaba yo, en ropa interior y él, completamente vestido. Aún seguía siendo raro, pero a la vez era como si no pudiera ser de otra forma. Teníamos que estar así para siempre, abrazados el uno al otro, besándonos.

-Creo-creo que deberías vestirte –dijo él, apartándome de repente. Sonreí, pensando que volvía a tener uno de sus problemas, pero no era nada de eso –. Vamos a llegar tarde.

-¿Has hecho reserva en algún restaurante? –pregunté mientras que me agachaba a recoger la caja. Por suerte, estaba bien cerrada y el vestido no se había salido.

-No vamos a cenar, April –confesó él. Me quedé mirándolo algo desconcertada –vamos… a una presentación, como pareja oficial.

-Espera… ¿ya? –murmuré exaltada. Mi corazón empezó a latir a mil por hora, histérico.

-Sí. Tenemos que empezar con la promoción de la película… además, esto será bueno para nosotros porque significa que podremos dejar de escondernos –dijo Nick. Sonreí, demasiado contenta y nerviosa como para decir algo.

-Es-está bien –balbuceé, apartándome de él y dirigiéndome casi corriendo hacia las escaleras, para ir a mi habitación a vestirme –puedes… puedes quedarte por aquí mientras… no tardaré.

Nick me repasó con la mirada, haciendo su numerito famoso de mordida de labios, dejándome casi fuera de combate.

-Vaya, qué pena… yo creía que podría ayudarte a vestirte –dijo sin apartar su mirada.

-Shh, calla que vas a hacer que me desconcentre –le pedí, mientras mis niveles de nerviosismo se disparaban.

Le dejé allí, riéndose ligeramente al verme salir corriendo hacia mi habitación. Mil pensamientos se me acumulaban en la cabeza mientras me arreglaba para estar lista. La gran noche había llegado: adiós, anónima April; hola, famosa April. Pero, ¿y si no gustaba a la gente? Intenté por todos los medios no meterme el aplicador de máscara en los ojos, y más o menos el resultado fue bastante bueno.

Cuando estuve lista, bajé las escaleras respirando profundamente, deseando no tropezarme. Nick esperaba allí abajo, sentado con su porte de superestrella en una de las sillas. Levantó ligeramente la cabeza para mirarme, y pude ver cómo una sonrisa torcida se creaba en sus raros pero perfectos labios.

-Preciosa –murmuró, levantándose rápidamente para acercarse a tenderme la mano y ayudarme a bajar los últimos escalones. Las piernas me temblaron.

-Esto es peor que conocer a tus padres –confesé. Él pasó su brazo por mi cintura, acercándome hacia sí con cuidado –. Nicholas, eso no ayuda.

-Lo siento –se disculpó, divertido –. Olvidaba que seguía poniéndote nerviosa.

Asentí con la cabeza, limitándome a cogerle de la mano.

-Gracias por el vestido –murmuré, mirándolo sinceramente. Nick sacudió la cabeza, como quitándole importancia.

-Míralo de esta forma: este vestido blanco va a ser tu armadura para esta noche. Nadie va a hundirte, porque estás preciosa. Todos van a mirarte y van a preguntarse quién es esa chica de sonrisa deslumbrante.

-No –rebatí, sonriendo –; todos van a preguntarse quién es esa zorra que va cogida de la mano del tío bueno de Nick Jonas. Créeme, es lo que yo haría si viera a alguien acompañarte a un estreno.

Él se rió, mientras apretaba aún más su mano contra la mía. Luego, se tomó la libertad de apartar un mechón de pelo de mi cara y se apartó un momento para mirarme fijamente con sus ojos marrón chocolate.

-Tienes que mostrarte segura bajo esos focos. Nadie va a pensar que eres una zorra, porque van a verme más contento que nunca, contigo a mi lado –dijo. Ay, iba a desmayarme en cualquier momento. Luego, rebuscó algo en su cuello: su placa de la diabetes –quiero que la lleves esta noche.

Con cuidado, Nick se desabrochó el dog-tag y me lo puso alrededor del cuello, asegurándose de que estaba bien sujeto.

-No, Nick… esto no sé si puedo llevarlo. Es algo tuyo, nunca te lo quitas… yo no sé si… -balbuceé, nerviosa. Él puso su dedo sobre mis labios, obligándome a callar.

-Vas a llevarlo. Quiero que lo tengas, como muestra de mi apoyo –me dijo, dándome un beso en la mejilla. Ahora sí que estaba claro: iba a desmayarme –y de mi amor. Te quiero, April.

Conteniéndome las lágrimas, porque echaría a perder mi maquillaje y luego tendríamos que tardar una eternidad en arreglarlo, le abracé con fuerza, como dándole las gracias por todo.

-Yo te quiero también, Nick –dije, mirándole a los ojos directamente.

Tras asegurarme de que lo llevaba todo, ambos salimos de mi casa y entramos en el Mustang.

-¿Vamos a ir con tu coche? –pregunté, algo extrañada. Normalmente todos iban en un coche juntos, o algo así.

-No. Primero iremos al punto de encuentro con Joe, Liz, Kev y Anne y desde allí iremos todos juntos –dijo él, abriéndome la puerta para que entrara.

Sintiéndome como una estrella o algo así, me alisé el vestido y me puse el cinturón, esperando a que Nick arrancara el coche y saliéramos de allí hacia una de las noches más importantes de mi vida; no porque fuera a ser famosa, sino porque la relación entre Nick y yo sería pública. Ya no tendríamos que escondernos ni evitar ser fotografiados por la calle.


Vestíos de gala, porque en el siguiente capítulo... NOS VAMOS DE ESTRENO!
espero que os haya gustado!! las cosas van tomando su camino. ¿Sabrán sobrellevar la fama nuestras queridas amigas Liz & April? ¿Qué pasará con Maya? ¿Se dará cuenta de que April está enamorada de Nick?

todo esto y mucho más, en el próximo!

Gracias por seguir leyendo, comentando, etc. GRACIAS!

-Vicky.