Fueran nuestros miedos algo más allá de nosotros mismos, fueran nuestras aspiraciones algo que pudiera salir de ese ámbito tan restringido como es el individuo. Y, sin embargo, somos nosotros tan limitados. Es lo de afuera tan fuerte, tan extenso que apenas somos capaces de temer a una parte ínfima del mundo, aspiramos, vivimos y morimos en vistas de cumplir con objetivos, sean los que sean, vengan de donde vengan.

Si por cada momento que Cadance dudó del presente y trató inútilmente de volver al pasado en recuerdos inoportunos, recuperara en parte todo lo perdido hasta ese momento; entonces tendría de nuevo a Shining Armor como su esposo, volvería a ser hermosa, no se encontraría bajo el ojo vigilante de las demás princesas de Equestria ni se sentiría por completo anclada ante la cumbre de princesas.

Pero esa era la realidad.

Hallábase pues dispuesta sobre aquel trono que representaba desde su decoración hasta su posición en el extremo norte de la mesa, al imperio de cristal. Una vez allí, debía olvidarse por completo de todas sus funciones como reina changeling, pues, si bien tenía el reconocimiento por parte del principado de Equestria, era cierto que aquellos no formaban parte de Equestria, que era justamente algo que esperaba tratar en esa cumbre.

Las finas y coloridas luces que atravesaban los vitrales que contaban grandes momentos históricos de Equestria tocaban el piso de marfil, las columnas, algunos otros ornamentos y en especial, iluminaban todo a su paso.

- Es por eso que he decidido mantener bajo vigilancia nuestras fronteras en Dodge junción y Appleloosa. – Expresaba Celestia mientras observaba a Twilight.

- Los embajadores de Badlands, y los reinos del sur nos han informado de una creciente cantidad de bandas de saqueadores, los caminos más transitados entre sus ciudades se han cortado a causa de ello. Temo que, también se ha cortado el subministro ilegal de materiales base para la magia. – Añadió Luna con una soltura poco acostumbrada en sus intervenciones.

- Alto ¿Permitimos el paso ilegal de materia prima para realizar magia? – Cuestionó Twilight con cierto espanto.

- Temo decir que sí. El comercio de éstos y otros artículos de los reinos del sur tiene una atención constante por parte de una agencia Equestriana.

- Como… ¿Una aduana? – Continuó indagando la menor de las princesas.

- No exactamente, esta agencia mantiene unas operaciones de vigilancia y en caso de que las mercancías muestren amenaza para la integridad de los Equestrianos, las mercancías son destruidas inmediatamente o confiscadas.

- Pero… ¿Por qué deja que exista esta ruta dentro de los límites de Equestria?

- Porque Twilight, si sabemos con lo que están comerciando nuestros vecinos, sabremos qué problemas pueden causar a sus vecinos o incluso, qué problemas pueden llegar a tener en un futuro y tener de ante casco una respuesta efectiva. Además, los traficantes son ponis con experiencia y habilidades en el manejo éste tipo de artefactos y materiales. – Explicó Celestia mientras observaba detenidamente las expresiones tanto de Cadance como de Twilight.

- Pero… aun así es un peligro. – Intervino de forma concluyente la princesa de la amistad con las cejas completamente rectas y los ojos ligeramente cerrados.

- Hemos reducido la amenaza al mínimo; la ruta controlada se mantiene alejada de nuestras vías entre ciudades. – Alegó Luna.

- Necesitaré una copia de dicha ruta y que remitan el informe del inventario a mi palacio. – Interrumpió Cadance, tratando de mantener una voz firme.

Luna no supo cómo reaccionar.

- Además, ¿Por qué mantuvieron esto en secreto todo éste tiempo? – Interrogó Twilight levantando una ceja.

- Ésta información es secreta y le recuerdo, princesa Twilight, que las decisiones con respecto al establecimiento de ésta ruta comercial supervisada fueron tomadas con antelación a la cumbre de princesas; cuando solo existía un único principado en Equestria. – Espetó Luna con un tono seco.

- Entiendo princesa Luna, sin embargo, creo que es tiempo de replantear la mencionada decisión en vista de nuestra situación actual y… sopesar las implicaciones que conlleva mantener una ruta semejante.

- Apoyo la propuesta de la princesa de la amistad. – afirmó Cadance llevando su casco por sobre la mesa de piedra.

- Que así sea entonces. – Comentó Luna mientras se levantaba de su trono… después de estar sentada por más de una hora, ciertamente podía volverse incómodo estar quieta por tanto tiempo, incluso cuando se sentaba sobre un cojín cómodo.

- He expuesto brevemente las razones que tuve en el pasado, agrego ahora las siguientes: en primer lugar, actualmente se ha generado una especie de seguridad en la continuidad del comercio entre los reinos del sur y los reinos del norte gracias a la intervención cuidadosa de Equestria, es decir, al intervenirla, Equestria ha creado un espacio para las relaciones entre ambas partes. Lo cual ha llevado a acercamientos diplomáticamente interesantes entre distintos reinos y naciones. En segundo lugar y a consecuencia de ello, actualmente, el mantenimiento de ésta ruta provee a Equestria de un papel mediador entre estas relaciones diplomáticas que se están abriendo con lentitud, lo cual es clave para el mantenimiento y extensión de nuestra liga con las demás naciones. Y por último lugar, está el riesgo que supone para estos comerciantes el ensayar otras rutas; si decidimos cerrar la ruta comercial, varios ciudadanos de otras naciones quedarán sin su rubro laboral; por ende, tratarán de darle continuidad por otros medios, el océano de Celestia y el de Luna podían proveer de una falsa seguridad a la hora de llevar a cabo la empresa, a causa de ello, pues es posible que muchos fallen tratando de fundar una nueva ruta, perderemos la estima que estábamos adquiriendo al mantenerla. En el peor de los casos, los más desamparados buscarán su subsistencia a base de la carrera bélica. Esos son mis argumentos. – Terminó de discurrir la princesa Celestia poco antes de aclararse la garganta y observar a Kibits, quien intuyó la petición de té por parte de la princesa del sol y salió de la habitación.

Cadance se percató de que Twilight tenía varios argumentos fuertes en contra; pero, aunque lo fuesen, existía un impulso en no dejar que se cometiesen infracciones semejantes dentro de Equestria, la ilegalidad de aquellos materiales básicos tenía un fundamento bastante fuerte.

- Princesa Celestia, sus argumentos se sujetan en factores de seguridad y del ámbito diplomático de Equestria. Mas, es preciso cuestionar la validez de su decisión sin salir de ellos. Pues, en cuanto a seguridad, siempre se dará la posibilidad de que estos materiales traficados sean un factor de riesgo para los equestrianos, aun si la ruta en ningún punto toca con las ciudades o pueblos de nuestro territorio; la cuestión es princesa, que con la magia desconocida e incluso con la conocida, casi nunca se puede tener la certeza de un control absoluto. Siempre está presente la posibilidad de que un pequeño error o una propiedad extraña a nosotros termine descarrilándolo todo.

Celestia afirmó con la cabeza, invitando a su ex estudiante a seguir adelante con su exposición; mientras Luna escuchaba quieta, aguzando sus sentidos y centrándolos en Twilight, como si de una fiera se tratase.

- Al permitir esta ruta con materiales, que pueden usarse en contra de la propia Equestria, también dejamos abierta la posibilidad de un ataque, les posibilitamos instrumentos que pueden ser dispuestos como les plazca a quienes los obtienen. También quisiera agregar que los habitantes de otras naciones, también ponen en peligro su vida en la recolección de estos sustratos. Sabemos bien que la magia vudú requiere del pelaje de criaturas salvajes, que artes mágicas como la quiromancia requieren de una lumbre compuesta por sedimentos y fibras vegetales que se hallan en medio del desierto. Estos ejemplos que cito, dan una pauta clara del peligro al cual se someten para recolectar el dinero necesario para sustentarse.

Difícil era olvidar el pasado no tan distante, en el cual tanto la yegua púrpura como la blanca, tenían los papeles de estudiante y aprendiz, Celestia, por supuesto, se había acostumbrado a afirmar en silencio con la cabeza para que Twilight no se dejara llevar por los nervios y prosiguiera adelante con su exposición o demostración mágica. Twilight por su parte, no había dejado de hacer contacto visual con la de ojos magenta por lapsos cortos de tiempo.

- Por parte de la diplomacia, creo firmemente que, si bien queda implícito en el trato que usted ha creado con las otras naciones, que ellos están de acuerdo con un negocio tan peligroso como lucrativo, también lo está en lo referente a la seguridad de los habitantes de sus ciudades, tanto propios como extranjeros.

A mi entender, una sola vida perdida a causa de uno de éstos accidentes tendría una responsabilidad directa hacia quienes establecieron la ruta. Lo cual, dejaría en una mala posición a Equestria ¿No sería acaso estos puntos que he señalado suficientes para reconsiderar ésta decisión en favor de una solución que no suponga estos escenarios posibles? Yo concluyo que es posible.

- Si la princesa de la amistad no tiene nada más que decir… quisiera tomar la palabra. – Expresó Luna poco antes de dirigirle la mirada.

- Prosiga por favor. – Fue la respuesta por parte de Twilight.

- En los años que se ha mantenido ésta ruta en una clandestinidad supervisada, se procedió con suma cautela, no dejamos alternativas a quienes pretendieron comerciar con artefactos que supusieran una amenaza para Equestria o el resto de las naciones del continente. Por ende, el historial de incidentes es nulo; evoco pues el hecho de que el control de la ruta les corresponde a ponis de una preparación inapelable. Ponis que saben tratar con magia, criaturas mágicas, expertos en inteligencia y logística.

La disposición de establecer la ruta no se habría dado sin el previo conocimiento de las capacidades de éstos agentes.

Por otra parte, tanto su equinidad como la Princesa del Amor, conciben claramente la base de la política exterior de Equestria; nuestra principal preocupación en este respecto, es la propagación de la amistad entre las naciones. A cuyo término, nuestros esfuerzos no han desistido, incluso en las horas más acuciantes. Pero para ello es necesario establecer relaciones entre ellas. Al cerrar la ruta estamos quitando el espacio que genera diálogo entre nacionalidades, entre los integrantes de cada nación. El comercio trae consigo aun nimiamente, la relación social entre comerciantes y sin duda entre agentes de otros rubros. Eventualmente, gracias a esta ruta, también se ha ido aperturando un mercado de enceres, conocimientos, lujos, insumos y otros bienes materiales.

Una vez que un habitante de Zembaue se interese por el metal de La Unión. O que un comerciante allá en Griffinstone reciba los protectores de garras producidos por pueblos del desierto, habrá una necesidad, y así, cuando sus líderes se fijen en el potencial de éste mercado, estarán obligados a un acercamiento diplomático; pues de nuestra Equestria emana el mantenimiento de la paz y la armonía.

Mi intervención se ha limitado a reafirmar el punto de la princesa Celestia. Pero, espero haber aclarado mejor las implicaciones de lo que decidiremos hoy.

Cadance se levantó de su cojín para observar mejor a sus análogas.

- Antes de intervenir, quisiera poner en claro que apoyaré la propuesta de Twilight, pero que lo haré por diferentes razones. Hemos hablado de seguridad y creo que Equestria no se encuentra en condiciones de proveerla en el peor de los casos. Es decir, solo hace falta ver las desastrosas acciones que nuestra guardia real ha venido realizando en los últimos dos siglos. Si ni siquiera somos capaces de defender por espada y encantamiento de un ejército mixto nuestra propia capital ¿Cómo esperamos defendernos de un incidente mágico o del uso indebido de los sustratos mágicos que puedan hacer los extranjeros con intenciones bélicas?

Ciertamente, nos hallamos en una época de paz; pero, un ataque puede venir de cualquier límite, de cualquier parte desconocida aún por nuestros mejores exploradores. Y, pese a que contamos con unas campeonas de la talla de Twilight y sus amigas, siempre queda abierta la posibilidad de ataques menores, desde muchos frentes, entonces contamos con las princesas. Y ¿Qué pasa si nosotras no podemos acudir al llamado de auxilio de una de nuestras ciudades o aliadas? Enviamos a nuestras fuerzas armadas. Pero éstas, déjenme repetirlo una vez más, son incompetentes para cumplir con sus labores. Mucho me temo que perderían hasta contra una banda de saqueadores. Y por ello he enviado mi propuesta a ésta cumbre para ensayar una tentativa de resolución que puede ser provechosa para Equestria.

Varias tazas de té flotaron en el aire hasta aterrizar en la mesa, frente a cada una de las princesas.

- Muy bien, si ninguna piensa realizar una intervención adicional y viendo la circunstancia actual, es preciso realizar una votación. Las opciones serían, a mi parecer, o dejamos que la ruta controlada continúe vigente o la cerramos.

- Estoy de acuerdo con las opciones, alguna de las demás princesas tiene algo que añadir.

- No. – Espetó Twilight.

Cadance movió la cabeza de un lado a otro. Llevándose un casco a la garganta, para después elevar la taza de té, esperando que su calor le aliviase el ardor.

- Entonces – Continuó Luna haciéndole una seña con la cabeza a Kibitz que atrajo hacia sí, unos pergaminos dispuestos en otra mesa, junto con tinta y pluma. – Prosigamos con la votación. Por mi parte, yo voto por mantener la ruta vigente.

Cuando había votación, siempre debía ser Luna la primera en votar, seguida de Twilight, Cadance y al final Celestia.

- Votaré a favor de cerrar la ruta. – Afirmó Twilight.

- Mi voto será irá en el mismo rumbo que el de Twilight. – Agregó Cadance.

- En ese caso, es una lástima que no tengamos una quinta princesa. Sin embargo. Pondré mi voto a dependencia de un punto que la Princesa de la Amistad ha dejado pendiente. – Entonces se pudo apreciar la clara intención de dirigirse a la yegua púrpura, pues, además de fijar su vista en ella, levantó las orejas y elevó la taza de té para decir unas cuantas palabras antes de saborear su contenido. – ha dado a entender que es posible una vía alternativa; por favor, si la tiene, expóngala.

La aludida tomó una bocanada de aire antes de continuar, llevando sus orejas hacia atrás y transmitiendo una sonrisa forzada.

- Bien… en vista de las circunstancias, la solución en la cual he estado pensando, desde que se nos dio la noticia de la existencia de la ruta, consiste en producir parte del sustrato básico para la magia que requieren las naciones del norte. Eso implicaría que debemos tener unos productores preparados para el cultivo, procesado o cualquier otra actividad productiva que requieran. Hasta donde pude imaginar, haría falta crear una lista de materias que se pueden producir de forma segura y que no puedan ser usados en hechizos que puedan hacernos daño, pues, por lo general, la magia necesaria para una sociedad es la que ayuda a hacer la vida más estable y saludable, no así la magia que tiene fines bélicos.

Celestia llevó su taza a la mesa nuevamente; sonriendo de forma misteriosa, regaló una mirada de aprobación, bajando la cabeza y cerrando los ojos.

- Si usted y la Princesa del Amor se comprometen a llevar a cabo ésta solución alternativa, con gusto votaré a favor de cerrar la ruta de comercio controlada.

- Cuenta con mi palabra. – Expresó Twilight con humildad, con una expresión seria en los labios, los cascos firmes e inclinando la cabeza unos centímetros.

- Daré lo mejor de mí. – Fue la respuesta enunciada por Cadance. En su caso, no existía una reverencia, pero sí una mirada de familiaridad con la princesa del sol, el respeto de una hacia la otra era lo único evidente.

- Siendo así, se ha llegado a una decisión; Kibits, sea tan amable de pasarle la resolución de la cumbre de los principados al escriba. – Sentenció Luna dedicándole una mirada seria al corcel experimentado en realizar su trabajo dentro de aquellas reuniones particulares.

Observando la inclinación de la proyección de luz que pasaba por los vitrales, debían ser las cinco de la tarde aproximadamente, pronto el sol dejaría de moverse para requerir una vez más la magia de Celestia para continuar con su movimiento.

- Como solicitó la Princesa del Amor, tendrá veinte minutos para exponer su propuesta reforma militar para Equestria. Como comentario personal, es preocupante que usted, de entre todas las presentes, posea esa preocupación en particular. – Expresó con toda sinceridad Celestia, dejando paso libre a la explicación de Cadance.

- Sigo la lógica de quien ama profundamente a sus amigos, a Equestria y a la armonía de una vida en ella; porque, solo cuando se ama así puede un poni, de cualquier raza, de cualquier carácter, protegerla con sus cascos, alas o cuernos.

Soy consciente de que vivimos en una época de relativa paz, nuestros enemigos han demostrado ser cada vez menos fuertes y más fáciles de reformar hacia nuestro lado… al lado de la armonía.

Somos pues, un pueblo pacífico que busca la felicidad tanto individual como de los demás, pues, hasta donde he podido ver, en nuestra gente no existe la una sin la otra.

Gracias a éste principio, nuestra nación ha actuado con las demás, como un poni actúa con sus amigos, zanjando odios, eliminando las convulsiones causadas por la violencia, el miedo y la sed desmedida de poder o riquezas de forma justa.

Pero, incluso actuando de ésta forma, hemos sufrido ataques de distintos ejércitos en éstos últimos diez años. Ataques que no pudieron ser detenidos por el excesivo número de los enemigos, pues nosotras las princesas, no podemos contra un ejército completo. En los momentos en los que requerimos del apoyo de nuestra guardia real, no hemos obtenido sino derrotas que avergonzarían a la mismísima Comandante Hurricane y que deberían quitarnos el sueño.

De no ser por Spike Twilight y sus amigas, el ataque de Chrysalis a Canterlot, nuestra capital, habría sido decisiva… la derrota hubiera sido inminente. Incluso pudo superarla a usted, princesa Celestia... – afirmó Cadance mientras observaba directamente a la princesa de pelaje blanco.

Lo mismo pasó con el rey Tormenta hace cinco años; su ejército prácticamente devastó al nuestro en cuestión de minutos y, nuevamente se dio en la capital de nuestro reino. En los días en los cuales ocuparon nuestro territorio, nuestra guardia real solo demostró una seria ineptitud a la hora de defender Equestria.

Mi preocupación es ¿Qué pasará el día en que ni Twilight, ni yo, ni ningún campeón de Equestria pueda responder ante el llamado de ayuda de nuestra nación o de nuestras aliadas? La respuesta es, la armonía, nuestro imperio que ha traído 1000 años de tranquilidad a unas tierras exhaustas se perdería. Volveríamos a los tiempos obscuros en los cuales el temor por la vida nos obligaba a ser esclavos de otras naciones, mendigando por algo de seguridad. Nuestros corceles volverían a ser usados para realizar trabajos forzados hasta que el esfuerzo constante estropeara sus cuerpos y tuvieran que ser sacrificados o peor aún, consumidos… nuestras yeguas servirían para criar más ponis o para satisfacer los apetitos de un placer embrutecido de quienes nos tuvieran bajo su yugo, al tiempo de compartir trabajos no muy diferentes de los corceles. El amor requiere libertad, el amor requiere igualdad, el amor requiere justicia, el amor requiere paz…

Y éstas, si bien descansan en la buena voluntad de las criaturas, también lo hacen sobre la punta de la espada, pero no aquella que está decidida a sesgar a cualquiera por arrastres pasionales, sino de aquella que vela porque ningún ser pretenda dañar a un igual, ni mucho menos romper el único orden bajo el cual el amor es posible: el de la armonía.

Sí, mis princesas, nuestro mundo hace fuertes los corazones, puras las intenciones y libre a la naturaleza creadora. Pero su sostén ante las amenazas externas se basa en un puñado de campeonas, sin las cuales, no queda nada más que unas armaduras que, derechas, solo marcharán hacia la derrota en cualquier campo de batalla, unos escudos que caerán ante el más endeble de los golpes y un filo que no podrá derramar la sangre que el enemigo está dispuesto a perderla para hacernos daño sin antes desfallecer de forma heroica, ciertamente, pero en deprimente caída.

Y, cuando ese día llegue, no habrá poni que no sufra por nuestra falta de visión; porque no pudimos actuar con decisión firme.

Actuar ahora se traduce en introducir la reforma militar que necesitaremos mañana; significa salvar Equestria de los peores escenarios y es tan simple como cambiar unas cláusulas, unos regímenes de entrenamiento, en definitiva, es hacer soldados de nuestros soldados, ya no de crear catafractos de desfile, sino una guardia real en la que podamos confiar.

- Disculpe que la interrumpa, princesa. – Exclamó de pronto Celestia, levantando una de sus cejas y tomando la palabra. Su voz resonó por toda la corte. – Pero evidentemente, la reforma que usted piensa plantearnos no es diferente a la que ha realizado en su principado.

- ¿Y por qué habría de ser debatible? Mi propuesta en todo caso se basa en la corta experiencia que tengo al lado de una nación acostumbrada a la guerra; criaturas a las que les hemos denominado como salvajes o cosas peores. Las he reformado sin cambiar lo que son y en su naturaleza, junto con la imitación, está el combate. Hasta donde sabemos, son los guerreros más exitosos de toda la historia de nuestro mundo.

- Cadance, mucho me temo que esas victorias han implicado sufrimiento, violencia y agravios inefables para sus enemigos. En Equestria hacemos la guerra solo para defendernos, nunca para atacar. Y eso, va en contra de la naturaleza que tú indicaste. – Subrayó Luna.

- No puedo defender tu propuesta porque yo misma he visto de lo que esas criaturas son capaces Cadance… te ofrecí mi ayuda para reformarlas, pero nunca confiaría mi seguridad a changelings como ellos.

- No pido reemplazar nuestra guardia real con Changeling, mucho menos que ellos se fusionen con ésta, mi reforma consiste en integrar su ejército como reserva, para los momentos más críticos, también que parte del entrenamiento de nuestros guerreros tenga como objetivo el despliegue simultaneo con nuestros aliados changeling.

- Que tengas una facción changeling bajo tu mando, no significa que sean aliados de Equestria. – Celestia fruncía el ceño, manteniendo de cerca su taza de té. – Votaré en contra de tu propuesta.

- Todavía no he terminado con mis argumentos. – Sentenció Cadance con su voz que, tratando de elevarse, solo pareció quebrarse. – Mis Changeling tienen como historial haber presentado batalla a criaturas a las que nunca nos hemos podido enfrentar. Y, por si fuera poco, hemos salido vencedores. Mis changeling habrían podido barrer contra el ejército del rey Tormenta cuando nos atacó. Si no estamos dispuestas a ver su potencial, ni de aprovechar su naturaleza bélica para mantener la armonía bajo sus fuertes cascos, Y si ni siquiera consideramos aprender de ellos su abanico bélico, entonces estamos dejando escapar a un aliado que puede salvarnos de los más grandes apuros. Y a mi juicio, estaremos fallando como princesas, a causa de un prejuicio.

Les pido que no se dejen guiar por sus miedos, que recuerden que los changelings de los que hablo son los mismos que han defendido el imperio de cristal, los mismos que me tienen como reina y nunca osarán más a consumir el amor de los ponis como lo hicieron en el pasado.

La armonía con ellos es posible, solo cuando aceptemos su naturaleza y la encausemos para el bien de Equestria. – Concluyó Cadance mostrando en alto su cabeza y su corona hibridada con el extraño metal producido por aquellos insectos a los que, indirectamente, había defendido.

- Aun después de exponer eso último, mi respuesta sigue siendo negativa. – Sentenció Celestia levantando su taza de té para terminar su contenido.

- En cuanto a mí, diré que tenemos demasiadas malas experiencias como para confiar en ellos, aun cuando seas tú su reina, por lo cual, mi voto va en contra. – Alegó por su parte Luna dejando de lado su taza para mirar a Twilight.

- Cadance, lo siento, pero no pondré en peligro la seguridad de Equestria, una reforma es posible, pero no como la sugieres tú; mi voto será negativo. – Con Twilight se cerraba toda posibilidad, Cadance agachó la cabeza.

Aquella cumbre había sido bastante peculiar, aunque Cadance prefirió seguir con una expresión tranquila, sonriendo ante alguno que otro comentario gracioso, probando el té de Canterlot que Celestia les servía como si de una anfitriona se tratase.

- Y ¿Cómo le va con las relaciones exteriores? – Cuestionó Twilight con una voz entre pícara y cautelosa.

- Por muy princesa que seas, no te es lícito hacer ese tipo de preguntas Twilight. – Respondió la princesa del Sol con una sonrisa. – No pasa nada ni pasara.

- Desde luego que, uno que otro amigo es más que bienvenido dentro del castillo, no es así hermana. – Alegó Luna… siendo causa de un bochorno auténtico en Celestia.

Cadance simplemente no estaba en ese preciso lugar.

En el fondo de su espíritu sabía bien que las decisiones tomadas en la cumbre eran las incorrectas; inevitablemente pensó en los changeling, cada vez era más difícil ser una princesa de Equestria y más fácil ser una Reina changeling. Alejó esos pensamientos de su cabeza para tratar de volver a la realidad y así transcurrió todo lo que quedó de la cumbre.