HolaHola otra vez! Os traigo un capitulo larguito, bastante largo, espero que no demasiado, pero no sabia donde cortarlo y al final pues he publicado todo jajaja He cogido prestada de la serie algunas escenas, cambiando pequeñas cosas, pero leed hasta el final, que eso es todo de mi propia invencion jajajaja y me contais que tal ;)!

Ningun personaje de OUAT me pertenece. Gracias por leer y comentar y espero que os guste =)!


Se habían reunido en la habitación que David y Mary Margaret tenían alquilada en Granny's. Emma y Regina se habían sentado a una distancia prudencial, procurando no cruzar más miradas de las necesarias. La presencia de los padres de la rubia las incomodaba un poco a las dos, dada la situación, lo cual hacia que no dejaran de mirarse y apartar la vista sin que al parecer los otros dos notasen nada extraño.

- ¿Podemos empezar?

Pregunto Regina, porque tenía curiosidad por saber que era lo que Emma tenía que decir y porque quería salir de allí rápido.

- Estamos esperando a Hook.

- No tengo tiempo para esperar a la maravilla sin mano, tenemos que destruir a mi hermana.

Dijo la morena algo irritada. La rubia seguía manteniendo una relación de camaradería con Hook, más aun desde que le dio la judía, pero para ella el pirata no era más que una constante y creciente irritación.

- Por una vez estoy de acuerdo con Regina, detener su plan es la prioridad.

Comento David en ese estilo tan dramáticamente principesco que tenía él.

- Hay una cosa en este plan que no encaja… ¿Regina?

Dijo Emma mirando a la morena, sabía que estaba dando un rodeo antes de exponer el tema, pero también sabía que una vez dijese lo que Gold le había contado no habría alternativa, Henry recuperaría sus recuerdos.

- Soy el centro de el, así ella puede vivir mi vida.

Contesto la reina en su tono sarcástico.

- Si, ¿pero por qué traerte de vuelta a Storybrooke? ¿Por qué traernos a cualquiera de nosotros?

Emma tenía la cabeza trabajando a mil por hora, buscando alguna fisura, alguna otra opción, más alternativas. Si Henry recuperaba sus recuerdos y al final decidía volver a Nueva York no estaba segura de que haría su hijo, o de cómo podría vivir una vida normal sabiendo lo que sabría sobre magia y cuentos de hadas.

- Bueno, nadie ha tenido éxito en viajar en el tiempo, tal vez hay algo en este mundo que lo hace posible.

Contesto Regina no muy segura de ello. Belle había descubierto en sus libros que los ingredientes que Zelena estaba reuniendo eran los necesarios para tratar de viajar en el tiempo.

- Pero lo que es más perturbador es que fuera capaz de lanzar la maldición que nos trajo aquí, en primer lugar.

Añadió, su cabeza también trabajaba a marchas forzadas buscando una explicación.

- ¿Y eso porque?

Pregunto Emma. No se habían dado cuenta de que ellas dos eran las únicas que estaban llevando la conversación, sus padres miraban a una y a otra como en un partido de tenis, tratando de seguir sus ideas.

- Para hacer eso tienes que sacrificar lo que más quieres, por lo que he deducido Zelena no ama mucho.

- Tu tampoco, y lo conseguiste.

Intervino David de repente, palabras que claramente hirieron a Regina, Emma lanzó una mirada asesina a su padre, aunque nadie se dio cuenta.

- Zelena es inteligente, estratégica, quizá descubrimos algo en el año perdido que podía detenerla.

Siguió el hombre sin darse cuenta de nada.

- Y entonces la única manera de impedir que interfiriéramos era traernos de vuelta y que desaparecieran nuestros recuerdos. Entonces si conseguimos que nuestros recuerdos vuelvan, podríamos saber como detenerla.

Completo Mary Margaret la teoría de su marido. Ahí estaba otra vez el tema de los recuerdos, como si fuese la única salida posible, recuperar sus recuerdos.

- Solo necesitamos romper esta maldición.

Dijo David mirando a Emma con una orgullosa sonrisa.

- Bueno, gracias a dios que tenemos una Salvadora.

Añadió Mary Margaret mirando a su hija con la misma expresión. Y ya estaba, no quedaba otra salida, iba a decirles lo que sabía.

- Cuando Zelena me atrapo pude…hablar con Gold. Él me dijo…hablamos de la maldición y de cómo rompí la anterior, todo lo que tuve que hacer fue creer en la magia y besar a Henry, y de cómo ahora había hecho las dos cosas sin que pasase nada y…

- Es la creencia…Henry tiene que creer. En esta nueva vida no lo hace, tenemos que hacer que crea otra vez.

La interrumpió Regina sin poder evitarlo al darse cuenta de lo que Emma estaba intentando decirles, con una embelesada expresión de esperanza.

- Sí, eso es lo que Gold dijo. Oh, bueno, lo que yo adivine, en realidad él no dijo gran cosa.

- ¿Cómo llegaste a creer?

Le pregunto la morena con tal esperanza en los ojos que casi se sentía culpable porque una parte de ella no quisiera que Henry recuperase la memoria.

- El libro, el libro de cuentos.

Confeso Emma con un pequeño suspiro.

- Esa es la clave. Y con él creyendo, con él recordándolo todo

Claramente con ese todo Regina se refería a que el chico recordase a su madre. A su otra madre.

- Eso no es necesariamente un regalo, ha pasado por muchas cosas malas.

Se le escapó a Emma huyendo a propósito de la mirada de Regina.

- Y por algunas buenas.

Respondió la morena, herida. Habían vuelto a monopolizar la conversación sin darse cuenta, como si ni siquiera recordaran que sus padres estaban allí.

- Sea como sea es nuestra mejor oportunidad.

Completo Regina con decisión evitando ahora ella mirar a Emma.

- Ella tiene razón.

Apoyo Mary Margaret mirando a su hija como si estuviese viendo algo desconocido en ella.

- Lo sé. Encontrémoslo.

Cedió la rubia, sabía que no había otra opción, desde el momento que volvió a Storybrooke supo que Henry volvería a recordarlo todo, a recordar aquella otra vida más peligrosa.

- No hace falta, lo tengo yo.

Dijo Regina aun con expresión dolida, sorprendiendo a todos.

- Cuando volvimos aquí estaba en su habitación, como si el acabase de dejarlo ahí.

- ¿Aún está allí?

Pregunto David.

- Si, aunque estoy segura de que ni siquiera le ha echado un vistazo.

Asintió la reina. David y Mary Margaret compartieron una mirada y una idéntica sonrisa de esperanza antes de ponerse en marcha hacia casa de la alcaldesa, cuanto antes cogieran el libro antes podrían ir a por Henry y a romper la maldición.

Emma y Regina se quedaron solas en la habitación por un momento.

- No quieres que Henry recupere sus recuerdos.

Dijo la morena sin mirarla, no era una pregunta.

- No lo sé. Esta vida es peligrosa para él, en Nueva York…

No supo ni como terminar la frase, sobre todo porque Regina la había mirado con tal expresión de dolor y traición que no se vio capaz de completar lo que estaba diciendo.

- ¿Después de todo aun sigues pensando en irte?

Ni siquiera espero respuesta, se levantó y fue detrás de los Encantadores a buscar el libro de cuentos.

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Pero Henry no estaba donde se suponía que debía estar, no había encontrado a los chicos de su edad, pero si a Hook, que le ofreció un paseo en barco para combatir el aburrimiento, aunque se suponía que tenía que reunirse con Emma para no sé qué reunión, pero no quería dejar al chico solo por la ciudad con tanto mono volador suelto.

No llegaron al barco, un aleteo en la distancia puso al pirata alerta, aunque no lo suficientemente rápido como para que Henry no viese al mono volador que se les echaba encima.

- Killian ¿qué es eso?

Pregunto entre sorprendido y asustado.

- Corre al cobertizo. ¡Ahora!

Grito tirando del chico para que corriese con él. Los monos pasaron de largo la puerta cerrada y entraron por el gran trozo de pared que daba al mar. Hook saco su pistola tratando de apuntar a los blancos en movimiento.

- ¡Henry corre!

Ordeno al chico, que estaba paralizado mirando las criaturas. El pirata disparo acertando a dos monos, pero se quedó sin balas para el que estaba a punto de lanzarse sobre Henry. Con otro disparo llegado desde el lado opuesto la bestia despareció. Emma, Regina, David y Mary Margaret entraron a toda prisa desde el otro lado del cobertizo. David lanzó su espada a otro mono, atravesándole por el pecho.

- Nunca me han gustado las mascotas.

Dijo Regina con rabia formando bolas de fuego en sus manos con las que derribaba a las criaturas aladas mientras Emma seguía disparando. Cuando los monos desaparecieron la rubia corrió hacia su hijo.

- Henry ¿estás bien?

- Si, ¿qué son esas cosas? ¿Por qué él tiene una espada?

Al parecer que Regina lanzase bolas de fuego era algo normal, por un segundo Emma se preguntó con qué clase de videojuegos dejaba jugar a su hijo.

- Todo tendrá sentido en un minuto. Te mereces saber la verdad. ¿Confías en mí?

Pregunto la Salvadora con el libro de cuentos bajo el brazo, clavando la mirada en su hijo.

- Claro, pero ¿cuentos de hadas?

Dijo el chico sin comprender nada, mirando el libro que su madre le estaba ofreciendo.

- Henry, necesito que creas…en la magia.

Su hijo cada vez entendía menos, miró por encima del hombro de su madre, hacia Regina, esperando que ella tuviese alguna explicación para todo ese sinsentido, pero la morena los miraba a ambos con un brazo cruzado sobre el estómago y expresión anhelante.

- Si de verdad crees en mí, cógelo.

Insistió Emma acercando un poco más el libro a su hijo. Parecía algo muy importante para ella, y Henry de verdad creía en ella, así que cogió el libro todavía con una sombra de duda. Pero cuando sus manos tocaron la tapa su cabeza se llenó de imágenes, de recuerdos, de toda una vida olvidada.

- ¿Mama?

Dijo mirando a Emma, que por alguna razón parecía algo apenada.

- ¡Mama!

Repitió el chico, esta vez mirando a Regina, que corrió hacia él para estrecharlo en sus brazos con fuerza. La rubia no pudo evitar sonreír al ver esa escena, la felicidad en la cara de Henry solo tenía rival en la que se veía en la cara de Regina.

- Me acuerdo.

El chico habló sin apartar la vista de la que por fin recordaba que era su madre.

- Hazlo Emma, rompe la maldición.

Dijo la morena dejando a su hijo de cara a la Salvadora, sin soltarle los hombros. La rubia estaba a punto de besar la frente de su hijo cuando él desapareció.

- Siento mucho interrumpir.

Escucharon una voz a sus espaldas. La reconocieron rápido.

- ¿Zelena? ¿Qué está pasando?

Pregunto Henry confuso y asustado atrapado entre las manos de la bruja.

- ¿Os conocéis?

Pregunto también Emma con miedo en los ojos.

- Claro, Henry y yo nos hemos hecho muy amigos, ¿verdad muchacho? Él fue quien me dio tu corazón.

Dijo Zelena mirando a Regina con una perversa sonrisa, el chico atrapado recordó de pronto ese momento y comprendió lo que había hecho.

- Mama, yo…no sabía…

- No te preocupes cielo, tu no has hecho nada malo.

Trato de tranquilizar su madre con el cuerpo en tensión, sin atreverse a atacar a su hermana por miedo a herir a Henry.

- ¿Quién quiere despedirse primero?

Dijo la bruja con una risita.

- Ya es suficiente.

Se hartó Regina, caminando hacia su hermana con rabia, pero Zelena la lanzó por los aires, dejándola inconsciente en el suelo.

- ¡Regina!

Grito Emma tentada de ir a comprobar si estaba bien, pero su hijo aún seguía en peligro.

- Déjale ir, él no tiene nada que ver.

Era precisamente cosas como esta las que ella quería evitarle a Henry, las que no pasaban en su tranquila vida en Nueva York.

- Prometí arrebatarle a mi hermana todo lo que tenía, empezare por este hombrecito, pero pronto llegara tu turno.

Rio Zelena estrangulando al niño. Emma se concentró al máximo, rezando para que su magia funcionase. Surgió una luz blanca y la bruja grito de dolor, soltando a Henry mientras un humillo salía de sus guantes, como si se hubiese quemado las manos. El chico corrió hasta los brazos de su madre.

- ¡Disfrutad de este momento juntos, porque no tendréis muchos más!

Grito Zelena con rabia, desapareciendo en una nube de humo verde. Henry se soltó de los brazos de Emma y corrió hacia su otra madre, zarandeándola del hombro.

- Mama. ¡Mama! ¡Despierta!

Gritaba a la inconsciente morena. Emma no se daba cuenta de que estaba conteniendo la respiración. "Despiertadespiertadespiertadespiertadespierta" gritaba ella también en su interior. Regina tenía que despertar, no podía perderla, no ahora. Estaba a punto de agacharse ella también a gritarle justo esas palabras cuando la reina despertó.

- ¿Henry?

Fue lo primero que dijo, se puso de pie y abrazo a su hijo con fuerza otra vez. Fue en ese momento cuando Emma se dio cuenta que se había olvidado de respirar, al dar una gran bocanada de alivio.

- Nunca te volveré a dejar ir. Lo prometo.

Prometió Regina a su hijo, Emma contuvo una sonrisa de orgullo. Aquella era su familia.

- Te quiero Henry.

Añadió la morena besando tiernamente la frente de su hijo. Una ola de magia los atravesó a todos, extendiéndose por todo Storybrooke. David y Mary Margaret se fundieron en un abrazo.

- No era yo, eras tú.

Dijo Emma mirando a Regina con una pequeña sonrisa, casi se avergonzaba de no haberlo pensado antes, la morena era la que más había luchado por Henry, la que más había sacrificado por Henry.

- ¿Recordáis el año perdido? ¿Cómo lanzó Zelena la maldición?

Pregunto a sus padres, que se miraban como si hubiesen estado separados siglos.

- Si, lo recordamos, pero…no fue ella. Fuimos nosotros.

Contestó su madre dejándola totalmente confundida.

- ¿Os maldijisteis a vosotros mismos?

- La debilidad de Zelena es la magia blanca, está más claro que nunca que eres la única que pude vencerla.

Añadió Mary Margaret, Regina miro a la rubia por encima de la cabeza de Henry, preocupada por esa nueva carga que acababan de colocar sobre los hombros más que sobrecargados de Emma.

- Por eso pagamos el precio de la maldición de Regina, para encontrarte. Tu madre lazó la maldición usando mi corazón.

Explico David mirando a su mujer con infinito amor.

- ¿Cómo es que sigues vivo?

Pregunto Emma sin poder evitar lanzar una mirada al amplio pecho de su padre.

- Regina. Le pedí que sacase mi corazón y lo dividiese en dos para que ambos pudiésemos sobrevivir.

Dijo Mary Margaret devolviendo a su marido la misma mirada y poniendo una mano en su corazón.

- Siempre hemos compartido un corazón, ahora eso es más cierto que nunca.

Como era de esperar, se besaron después de estas palabras de David, pero a Emma no le importaba, se había girado para mirar a Regina.

- ¿Hiciste eso por ellos?

Pregunto con una tierna sonrisa que no pasó desapercibida para Hook. La morena se encogió de hombros, abrazada aun a Henry, apoyando la barbilla en su cabeza.

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Henry salía del cobertizo muy entretenido poniendo al día a Regina sobre su año en Nueva York, sin separarse del brazo de su nuevamente recordada madre, David y Margaret ya estaban fuera y solo quedaban Hook y Emma.

- Gracias por intentar proteger a Henry.

Dijo la rubia con una sincera sonrisa.

- Bueno, parecía lo más correcto. Y me gusta el chico, me recuerda a su padre cuando le conocí.

Quito importancia el pirata con un gesto de su mano falsa.

- Por la razón que sea: gracias. Mary Margaret quiere que vayamos a celebrar que tienen otra vez sus recuerdos en Granny's. Si te apetece puedes unirte.

Ofreció Emma, sabía que seguramente a más de uno no le gustaría esa idea, pero que no estuviese enamorada del pirata no quería decir que no apreciase lo que había hecho, o que no quisiese mantener una amistad con él.

- Gracias por el ofrecimiento, pero no voy a aceptarlo. No quiero estar en medio de una reunión familiar.

La rubia entendía eso, asintió con una comprensiva sonrisa y caminó hacia la salida por donde ya habían desaparecido su hijo y Regina.

- He visto como la miras ¿sabes? A Regina.

Escucho a sus espaldas, Hook hablaba en tono seco, rígido. Se giró un poco para mirarle sin comprender.

- Hay algo entre vosotras ¿verdad? Es la Reina Malvada, Emma. Deberías tener cuidado.

Emma no pudo más que sonreír casi con lastima.

- Si ella es la Reina Malvada, tú eres un perverso pirata. ¿De quién debo tener más cuidado?

Dijo dejándole allí con esa pregunta.

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- Henry quiere que vengas y yo también.

Insistía la rubia a Regina a la que había tenido que seguir hasta su casa, la reina no quería ir a la cena que había propuesto Mary Margaret por mucho que desease estar con su hijo. Emma había entrado detrás de la morena en la casa y también habría tenido que seguirla escaleras arriba si no la hubiese parado.

- Le veré después, no quiero interrumpir la reunión familiar.

Respondió secamente Regina sin mirar a la mujer que la tenía sujeta del brazo.

- No vas a interrumpir nada, eres su madre, eres familia. Y eres mi…Todos somos familia.

No sabían exactamente lo que eran, pero si sabía que Regina era parte de su familia.

- ¿Y qué interés tienes tú en que yo esté allí?

Explotó de pronto la morena con veneno en la voz, Emma la soltó como su se hubiese pinchado, mirándola herida.

- No puedo creer que me preguntes eso.

- ¿A no? Y yo no puedo creer que después de todo quieras irte. Con Henry. ¿Qué estamos haciendo Emma? ¿Qué es esto? ¿Acaso soy tu manera de pasar el rato, tu distracción mientras estás en Storybrooke y luego te marcharas como si nada?

Ahora Emma entendía lo que pasaba, casi se sentía culpable por haber hecho que Regina pensase así.

- Me vaya o me quede, haga lo que haga, tu vendrías conmigo. Con nosotros. Somos una familia Regina.

Dijo suavemente cogiendo una de las manos de la morena entre las suyas, clavando la mirada en la otra mujer hasta que se la devolvió.

- Pero tú no querías que el recuperase sus recuerdos, de esa forma yo nunca sería su madre. Solo la pareja de su madre.

Dijo Regina después de recuperarse de las palabras de Emma, la rubia no había pensado en eso. Desde el momento en que su relación con Regina se había estrechado había empezado a incluirla en sus planes de viaje si finalmente decidía irse, antes incluso de saber que la quería de esa forma, antes incluso de estar juntas. Pero no lo había pensado desde ese punto de vista.

- No lo había pensado. Yo solo…yo solo quería mantener a Henry a salvo. Ya has visto lo cerca del peligro que ha estado hoy. Solo quería protegerle.

Confeso la rubia sin ninguna excusa que usar en su favor más que la pura verdad. Regina podía entender eso, ella habría hecho lo mismo. Apretó la mano de Emma que tenía bajo la suya, con una pequeña sonrisa que dejaba claro que toda su ira se había marchado.

- ¿Y no me dejaras aquí tirada con tus padres?

Pregunto medio en broma medio enserio, haciendo reír a Emma.

- Nunca.

Respondió tirando de la mano de la morena para poder besarla a sus anchas.

- Ahora vámonos, Henry nos espera con ellos.

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La cena se alargó más de lo esperado y no parecía que Henry, Mary Margaret ni David quisieran terminarla, así que finalmente Regina se levantó.

- Tendréis que disculparme, pero estoy un poco cansada, mejor me voy a casa.

- ¿Mama?

Dijo Henry haciendo el amago de levantarse para irse con ella, pero su madre le puso una mano en el hombro para mantenerle en su sitio.

- Quédate, disfruta de la cena. Pide algo caro, paga David. Te veré mañana.

Le dio un beso en la nuca a su hijo.

- Yo también estoy un poco cansada en realidad, no suelo luchar con monos voladores todos los días.

Dijo Emma levantándose también, Henry las miro a las dos un poco extrañado, sin saber si levantarse o no.

- Quédate con tus abuelos, háblales de Nueva York, nunca han estado. Puedes dormir con ellos o ir a casa después, como prefieras.

Mary Margaret iba a decir algo también, pero Emma se inclinó rápidamente para darla un beso de buenas noches a su madre, algo que no solía hacer y dejo a la mujer gratamente sorprendida.

- Habladle a Henry de cómo está el Bosque Encantado, seguro que le encanta.

Dijo como despedida revolviendo cariñosamente el pelo de su hijo. Las dos mujeres salieron de la cafetería una detrás de la otra.

- Lo de irme a casa lo decía en serio, no era una especie de llamada adolescente para que vinieses detrás.

Rio Regina mientras caminaban las dos por la calle hombro con hombro. Emma entrelazo disimuladamente su brazo en el de la morena y la arrastró a una de las pequeñas calles de la ciudad, desierta.

- ¿Enserio? Pues es una pena, es justo lo que yo había entendido.

Dijo la rubia respirando a escasos milímetros de la boca de Regina, con una sonrisa ladeada a la que sabía que la morena no podía resistirse. La Reina beso a la Salvadora como si quisiese arrancarle los labios, sacando las manos de sus bolsillos para meterlas en los traseros del pantalón de Emma. La rubia camino empujando a la otra mujer hasta chocar con una pared, apoyo las manos a ambos lados de la cabeza de Regina, devolviéndole el beso con la misma intensidad, bajando por su mandíbula, por su cuello hasta la curva de su hombro, devorando a la reina con hambre, quitando las manos de la pared para hundirlas en el pelo de Regina y bajarlas lentamente a lo largo de toda su anatomía. La morena apretó las suyas dentro de los bolsillos de Emma, echando la cabeza hacia atrás con un gemido que ahogó mordiéndose el labio. Sacó las manos de los bolsillos de la otra mujer y las dejo explorar bajo la camiseta de la rubia, aunque no pudo evitar arañar esa suave piel cuando Emma decidió hacerse cargo de su lóbulo solo con dientes y lengua, notando como una de las manos perdidas de la Salvadora tiraba de su vestido hacia arriba, buscando maldiciones que romper bajo su ropa. Regina nunca había hecho algo así, dejar libre su pasión en plena calle, por muy oscura y desierta que estuviera esa calle. Nunca había rodeado el cuerpo de una mujer con su pierna para dejar más espacio a las manos, nunca había peleado con una camiseta para arrancarla con la intención de tirarla sobre el asfalto. Nunca había desabrochado el pantalón de una rubia mientras su otra mano se agarraba con fuerza a las raíces de ese pelo rubio. Si Emma seguía esmerándose así, terminaría dejándola marcas en el cuello, si seguía así terminaría escuchándolas todo el pueblo. Sonrió ante ese pensamiento, en ese momento no le importaba.

- ¡¿Emma?!

Pregunto una voz escandalizada que por desgracia no era Regina gritando su nombre, si no Mary Margaret al principio de la calle, a unos metros de ellas, con expresión horrorizada. Cuando se recompuso camino hacia ellas rápidamente, con furia. Ellas se separaron rápidamente. Emma se abrocho el pantalón y trato nerviosamente de colocarse la camiseta, Regina se colocó su vestido tranquilamente, no es que no la importase que las hubiese pillado Mary Margaret, y más en ese momento, es que no estaba dispuesta a avergonzarse delante de Blancanieves, y menos por algo así.

- ¿Se puede saber que estás haciendo?

Le grito la mujer a su hija apartándola más de Regina tirándola del brazo una vez.

- Esto no es lo que…bueno, si lo es, pero tiene una explicación.

Mary Margaret la miraba con el ceño fruncido, muy fruncido, esperando esa explicación, incluso Regina la miraba con una ceja levantada con expresión divertida por ver que sería lo siguiente que diría.

- Iba a contároslo.

Termino Emma con una mueca muy habitual en ella y que Regina había aprendido a encontrar adorable.

- ¿Contarnos qué? ¿Qué hacías con ella?

Mary Margaret señalo a Regina, hablando en un tono más que acusador.

- Creo que era bastante obvio, hasta que has interrumpido.

Respondió por ella Regina, girando un poco los ojos.

- Tú. Tu mejor no abras la boca, o…o…

- ¿O qué? No estábamos haciendo nada malo.

Parecía que Blancanieves iba a saltar sobre la reina en cualquier momento para despedazarla.

- Mary Margaret…

Empezó Emma tratando de tranquilizar a su madre.

- No puedes estar con ella, Emma.

La rubia abrió los ojos con sorpresa por esas palabras, que eran claramente una orden.

- ¿Porque? ¿Por qué es una mujer?

Saltó ofendida, a la defensiva. Si había algo que llevaba mal era que le dieran órdenes.

- ¡Porque es malvada!

Grito la mujer más bajita como si fuese obvio, esas palabras fueron como una bofetada tanto para Regina como para Emma.

- ¿Como puedes decir eso después de lo que hizo en el Bosque Encantado por ti y David? Pensaba que tú eras la que más creía en que en el fondo Regina no era malvada, que en el fondo seguía siendo esa mujer que conociste de pequeña.

Dijo Emma apretando la mandíbula, por más extraño que pudiese ser decir esa frase, la magia había hecho auténticos estragos con el paso del tiempo.

- Puede que me equivocara, su corazón es negro, Emma. No sé qué pretende, pero no dejare que te haga daño.

Agarro con decisión la mano de su hija y tiró de ella para llevársela de allí, pero la rubia se soltó de un tirón.

- La única que me está haciendo daño ahora mismo eres tú.

Miraba a su madre como si fuese la primera vez que la veía, esa no era la mujer que ella conocía.

- Emma, hago esto por tu bien. No sabes de lo que es capaz.

- Si lo sé. Igual que sé que ha cambiado, ya no es la Reina que conocías en vuestro mundo. Y lo sabes tan bien como yo.

- Emma…

- No tengo quince años, puedo cuidarme solita.

- ¿Y quién tiene la culpa de yo no pudiese cuidarte cuando tenías quince años?

Escupió Mary Margaret con rabia mirando a Regina.

- Eso está totalmente fuera de lugar.

Dijo Emma, pero su madre no la escuchaba, dio un amenazante paso hasta quedar cara a cara con Regina, tan cerca que sus narices casi se tocaban, la reina podía sentir la rabia que emitía esa mujer.

- No vas a hacerla más daño. No te acerques a mi hija.

Por un segundo la morena más alta quedo impresionada por la fuerza que manaba de Blancanieves, pero ella no era una mujer que se dejase acobardar.

- Es increíble, tantos años buscando una venganza y todo lo que tenía que hacer era…

Se giró hacia la hija de Blancanieves, pasándole un brazo a lo largo de toda la cintura y acercando sus labios a los de la rubia.

- Regina…

Dijo Emma a modo de advertencia, no era momento para bromas ni vendettas personales. De ninguna de las dos. Se puso entre ellas, separándolas.

- Vuelve con Henry. No le digas nada de esto, aun no lo sabe y queremos que se entere por nosotras. Hablaremos por la mañana, cuando te hayas calmado.

Mary Margaret desfrunció el ceño por fin y la miro tristemente. No le había pasado por alto la comodidad con la que Emma hablaba en plural de si misma y Regina.

- No es cómo crees, de verdad. No hay mal en esto.

Dijo suavemente, sonriendo a su madre mientras ponía una mano sobre su hombro.

- Solo quiero que seas feliz, no quiero que te hagan daño.

Susurro Blancanieves, con derrota.

- Eso es algo en lo que estamos de acuerdo las dos.

Dijo Regina desde la espalda de Emma, en un tono frio destinado solo a Mary Margaret, que la fulmino con la mirada sobre el hombro de su hija.

- Hablaremos mañana. No tienes nada de qué preocuparte.

Tranquilizo la rubia quitando la mano del hombro de su madre, que se marchó solo después de lanzar otra mirada asesina a Regina.

- Bueno, al menos he conseguido que no os matéis.

Resopló la Salvadora apoyándose pesadamente en la pared como si lo que acababa de pasar la hubiese agotado más de la cuenta. Regina se abrazó a ella, apoyando la cabeza en su hombro notando al segundo la cabeza de Emma apoyada sobre la suya de forma natural.

- Sé que eso no te habría hecho ilusión.

Bromeo la morena soplando un poco sobre el cuello de la otra mujer para hacerla cosquillas. Emma rio un poquito, abrazándola brevemente contra ella.

- ¿Quieres que terminemos en casa lo que habíamos empezado antes de que llegase tu madre a traumarse?

Propuso Regina.

- Después de esto no sé si sigo de ánimos para…

No pudo terminar la frase porque la lengua de la morena estaba jugando bajo su oreja y uno de sus dedos trazaba círculos alrededor de su ombligo. Emma rio y se separó de la pared llevando a la otra mujer de la mano en dirección a su mansión.