gracias por la paciencia, jeje, fue fin de semestre y ya saben, el trabajo se junta, pero por fin actualizo, y ya estoy de vacaciones, así que espero hacerlo seguido!
bien, veamos como le va al pobre Sevy con su familia política XD
gracias por leer y dejar reviews
26. Paris
De pronto, el clima se notaba envuelto en una ligera peste, como la que produce un río muy viejo y descuidado, pero sorprendentemente fresco, las voces con acento gutural eran aturdidoras, también se percibía un olor mezclado pero fuerte a queso, pescado, perfume y rosas, más débilmente a tela nueva, lirios, caramelo y perros mojados.
Severus caminaba tras Audrey quien iba con paso acelerado por entre las calles principales de Paris, le miraba la espalda y trataba de no perder el azul cielo de la blusa que portaba ese día; estaba como perdido y esa chica era su única salida de ese repentino caos.
Un error de cálculos en el transportador los dejó en un callejón cerca de la Torre Eiffel, por fortuna nadie los vio caer ahí, se suponía que llegarían directamente a la casa de los Svevo, pero la distancia por recorrer era muy grande, los fallos de ese tipo eran comunes.
La chica se detuvo, Severus hizo lo mismo a pocos centímetros de chocar con ella.
-¿Qué pasa? –preguntó él.
-Tomemos un taxi –ella sonrió, a él no le agradó la idea pero no iba a discutir por eso, subirse a una de esas cosas muggles no iba a matarlo.
Craso error, el taxi que tomaron resultó un cafre, y aunque Audrey parecía divertirse con el agitado viaje, Severus se agarraba de donde podía y no quería creer que sus días iban a terminan en un artefacto muggle; eso era la raíz del divertimento casi cruel por parte de la chica, la expresión suplicante de su acompañante, que pese a todo, sabía que una luz roja significaba alto total y que el pedal que el joven al volante usaba más no era el freno precisamente.
Cuando se detuvieron frente a un chalet en las afueras de Paris, Severus agradeció por seguir vivo y notó que por su frente un hilito de sudor frío lo delataba. Se bajó en cuanto pudo del auto y vio como Audrey hacía una transacción con el conductor psicópata; probablemente le estaba pagando y gruñó para si pensando en que todavía de que casi los mata tenían que pagarle.
Pronto todo eso perdió importancia, Audrey estaba junto a él y era momento de enfrentar a los Svevo. Veía la casa con detenimiento, era bastante grande, tenía un jardín enorme, eso de un modo muy extraño lo intimidó, así que los Svevo eran una familia adinerada, pero por supuesto no iba a demostrar ese ligero temor.
Miró de soslayo por encima de su hombro, pese a ser un suburbio tranquilo, esa avenida en donde estaba parado convergía directamente al centro de la ciudad, no sabía por qué, pero pensar en esa ruta de escape y perderse en ese caos que en un principio lo aturdió le resultó una respuesta a una pregunta que no había sido formulada aun.
Despertó de su estupor al sentir la frágil mano de Audrey tomar la suya, volteó a ver el rostro redondo de la chica y se sonrieron mutuamente, ella estaba ansiosa, él dubitativo, pero era innegable que ambos sentían algo en sus pechos que de pronto parecía quitar el aliento.
Caminaron el largo sendero hasta la casa jalando cada quien su valija, ella una color miel con las iniciales entrelazadas que Severus nunca entendió: "LV", y él una simplemente negra.
En la puerta principal, de sencilla madera pintada de blanco, un león de metal daba la bienvenida, Severus sintió nauseas al ver a ese animal, pensó en que de haber estudiado en Hogwarts, Audrey hubiese sido una Gryffindor, aunque para él le sentaba mejor a la chica la casa Ravenclaw; fueron pensamientos triviales, la voz de Alec lo regresó a aquel lugar… ¡Alec!
-Hermanita –dijo feliz aquel joven, los hermanos Svevo se abrazaron, cuando se separaron, el mayor de ellos miró a Severus con seriedad.
Aquella mirada de hielo nuevamente, el profesor de Pociones empezaba a odiar esa expresión.
-Bienvenido –sonrió el chico, eso le produjo un alivio gigante a Severus.
Pasaron al interior de la casa, enorme como Severus lo supuso, elegante, pero tenía un toque hogareño, olía bien… a flores o algo parecido, no un olor que al viejo mago le encantara, pero aquella vez le dio una sensación agradable.
-Papá no está –decía el chico mientras caminaban por un pasillo que conducía a la sala de estar. A Severus se le hizo un nudo en la garganta, iba a conocer al padre de Audrey… tan pronto y él tan poco preparado.
Se sentaron en el sofá, Audrey y Alec mantenían una conversación que los hacía reír mucho, al parecer hablaban de cuando eran niños y las travesuras que hacían, Severus no estaba poniendo mucha atención, clavaba su mirada en la nada, concentrado en qué decir cuando el señor Svevo llegara, seguramente Alec ya había hablado con él al respecto de la nueva pareja de su hija, pero ¿qué le habría contado?
No tuvo tiempo de pensar en aquello, cuando menos se dio cuenta, Alec y Audrey se ponían de pie para recibir a su padre, él hizo lo mismo, la chica lo hizo reaccionar al apretar su mano, la miró y notó las ansias y la anticipación.
En la habitación un hombre mayor entró, su cabello era gris y sus ojos azules, tenía bigote espeso y a pesar de la edad su postura era la de un joven, se notaba amable, era como mirar a Alec dentro de algunos años.
Audrey no esperó ni un segundo, soltó la mano de Severus y se abalanzó contra su padre, lo abrazó del cuello, él correspondió riendo, el otro Svevo miró la escena sonriente mientras Severus sólo se mantenía atento y alerta.
¿Listo para defenderse?, pero de qué. Tras el abrazo con su hija, el señor Svevo volteó de inmediato a ver al hombre que acompañaba a su pequeña, cómo no notarlo, todo tan blanco y él de negro.
-Dominique Svevo –el padre de Audrey estiró la mano, con seriedad y dureza, mucho mayor que la de Alec cuando conoció a Snape.
-Severus Snape –dijo, con esa sequedad que lo caracteriza, correspondió estirando su mano y apretando con fuerza.
Audrey giró los ojos al ver la tensión.
La chica ocupó la habitación que siempre fue suya, aunque pocas veces ha ocupado, ya que sus visitas a Francia no eran muy frecuentes, mientras que a Severus le fue asignada una habitación de huéspedes, muy diferente a su guarida en las mazmorras.
En la tarde, Audrey mostró a Severus a casa, le platicó historias familiares y conversaron hasta que llegó la hora de la cena.
La hora de la cena, que incómodo momento. Sentado en la cabecera de la mesa, Dominique Svevo interrogaba a Severus, quien por responder no había tocado su comida. ¿A qué se dedica¿qué intenciones tiene con mi hija¿no es un poco mayor para ella?, millones de preguntas que el profesor de Pociones trataba de responder lo más amable que podía, que no era demasiado; "soy profesor, mis intenciones son las mejores, no creo que la edad sea impedimento", a veces Audrey intervenía para calmar las cosas, Alec, al contrario, se veía satisfecho y divertido, incluso alentando a su padre.
-Y dígame –el mayor de los Svevo dijo cuando estaban en el postre, con total seriedad -¿se piensa casar con mi hija?
Esa pregunta era irreal, su padre no podía estar preguntando eso, pensó Audrey¿qué quería¿asustar a Severus?, quien por cierto se atragantó al escuchar tal cuestionamiento.
-Bueno –respondió aun tosiendo y con dificultad –no… -dijo, pero ese "no" hizo que el señor Svevo arqueara una ceja –es decir, sí… -y la ceja se levantó más. Severus creía que era buen momento para que Audrey interviniera.
-Padre¡por Merlín! –providencialmente Audrey habló, Severus se sintió mareado de pronto.
Los dos hombres Svevo sonrieron, obviamente sólo estaban probando al pobre hombre, que de inmediato volvió a adoptar su acostumbrada expresión de seriedad y soberbia. Sin pronuncia palabra alguna, incluso ofendido, Severus Snape dejó la mesa.
Audrey fue corriendo tras él. Severus no podía creer aquello, estaba soportando demasiado, quería regresar a Londres esa misma noche, estaba decidido a tomar sus cosas y largarse, ya después hablaría con Audrey.
Pero la chica llegó justo en el momento que el hombre aventaba su valija a la cama dispuesto a meter sus partencias.
-Severus, por favor –dijo Audrey al llegar y verlo.
-Me voy, no soy muy paciente, es mejor antes de que suceda algo peor –dijo, pausó y detuvo su actividad para mirar a Audrey.
-Perdónales, agradece que no te preguntó algo más indiscreto… -dijo¿eso era un consuelo? –Por favor –la chica continuó.
¿Cómo negarse?, Severus no podía cuando se trataba de Audrey, desistió, se dejó caer sobre la cama, se sentó derrotado, ella se sentó a su lado.
-Gracias –le susurró al oído y el sonrió débilmente. -¿No eres paciente y eres profesor?
Él no puedo evitar lanzar una risa seca –deberías preguntarle a mis estudiantes.
