SALA DE CONTROL

El muto avanza hacia la Cornucopia, con los cuatro profesionales cerrándole el paso en las escaleras.

Luz es la primera en lanzar un cuchillo dirigido a la frente del muto, pero no se clava sino que rebota al contacto con la piel y cae al suelo.

—Luz va a tener que tomar más vitaminas si quiere hacerle si quiera cosquillas a MI muto —dice Dog.

Cuando está lo suficientemente cerca de los demás, Cirella grita la señal y ella y los chicos atacan todos juntos. Cirella clava su cimitarra en el costado del muto, cuyas ropas comienzan a empaparse de un extraño líquido. Sparkle le clava el hacha en la frente y Sorrento le atraviesa el torso de un lado a otro con su lanza.

Desde el plató en el que están los comentaristas, Caesar se cubre el rostro con las manos.

Sin a penas esfuerzo, el muto se saca la lanza y la tira al suelo, soltando un gruñido. Al ver eso, Cirella se queda pálida y mira a los demás.

"¿Q-Qué tenemos que hacer para matar a ésta cosa?"

Sparkle frunce el entrecejo y lo intenta de nuevo, se coloca detrás de Enrique VIII y lo ataca por la espalda, pero nunca consigue darle, pues el muto gira sobre si mismo con unos reflejos pasmosos, agarra el mango del hacha y levanta el brazo, dejando a Sparkle suspendido en el aire unos centímetros.

"¡SPARKLE!" grita Cirella lanzándose hacia el muto.

Sorrento trata de detenerla pero ella se libera sin problemas y golpea al muto con el hombro usando toda su fuerza.

Él no parece ni notarlo.

Sparkle suelta el hacha y huye hacia la Cornucopia. Sólo se entera de que Enrique VIII ha lanzado el hacha directamente a su cabeza cuando Cirella se abalanza sobre él para quitarlo de la trayectoria del objeto y ambos caen al suelo.

El rey continúa su paso hacia las escaleras, ignorando a Sorrento y Luz que pasan por su lado para socorrer a sus compañeros.

—¡Atentos! El muto ya va a llegar a las provisiones —dice Dog a los encargados de las cámaras.

Cirella es la primera en levantarse, después ayuda a Sparkle, sin quitarle al muto los ojos de encima.

"Las provisiones" dice, cuando lo ve saltar el hueco frente a las escaleras y comienza a subirlas "nosotros no somos el blanco principal. Las provisiones lo son."

La cámara por fin se enfoca en la Cornucopia y su interior, justo cuando Enrique VIII llega a la misma. El rey abre una de las mochilas y comienza a sacar objetos, que va devorando a la vez que aumenta de tamaño. Primero una daga, luego una tira de vendas enrollada, seguido de una bolsa sin abrir de tiras de cecina. Luego tira la mochila vacía a un lado y se va a abrir otra.

"¡Tenemos que sacarlo de ahí inmediatamente antes de que se fortalezca más!" grita Cirella dándose cuenta del cambio que estaba sufriendo el muto al engullir las provisiones.

Cirella sube la plataforma mientras saca algo de uno de los bolsillos en la pernera de su pantalón. Un objeto largo y puntiagudo como un punzón de gran tamaño.

—¿¡Desde cuándo tiene Cirella ese picahielos ahí!? —grita Iguana—. ¿Cómo es que nadie se dio cuenta?

—¡No lo sé! Yo también me acabo de enterar —dice Dog sin despegar la vista de la pantalla—. Ésta chica cada vez me gusta más.

"¡Un picahielos!" grita Caesar "Cirella llevaba todo éste tiempo un picahielos escondido en el pantalón. ¿Qué opinas de eso, Claudius?"

"El picahielos es un arma que requiere fuerza y destreza, pero si se sabe usar bien puede hacer maravillas. Yo personalmente lo llamo... quince centímetros de pura muerte. El picahielos concentra toda la fuerza del adversario en un punto minúsculo, lo que lo hace especialmente útil a la hora de perforar superficies duras como un cráneo por ejemplo."

"Una explicación excepcional, gracias amigo. Veamos cómo lo planea usar Cirella."

La cámara se enfoca en la chica, arriba de la plataforma y respaldada por el resto de su alianza.

"¡Eh, gordinflón!" grita. El muto no parece percatarse "Esa comida es nuestra. Si la quieres tendrás que luchar por ella. Nosotros te desafiamos. ¡Ven aquí y pelea!"

—¡Voy a darle un poco de diálogo! —dice owl.

Presionando una tecla del holograma, un teclado virtual aparece ante él y comienza a escribir.

"Un rey no pide permiso para tomar lo que ya es suyo, plebeya. Me encargaré de vosotros en un momento, si eso es lo que tanto quieres."

La líder de la alianza no parece tomarse muy bien éstas palabras, en cuanto Enrique VIII vuelve a su tarea de desvalijar mochilas y comerse todo lo que hay dentro, carga contra él y hunde el picahielos en el lado izquierdo de su espalda con cálculo milimétrico. Justo donde el corazón debería estar.

El rey grita y de la herida sale un líquido color ámbar de textura algo más viscosa que la sangre. Con unos reflejos impropios de alguien de su tamaño y envergadura, se gira, desenfunda su florete y ataca a Cirella, que rápidamente desenvaina su cimitarra y para el ataque por los pelos usando toda su fuerza.

Sabiendo que no aguantará mucho tiempo más conteniendo la fuerza de su estoque, retrocede. Todos la imitan, bajando las escaleras de la plataforma a la vez que el muto avanza. Cirella susurra algo a Luz, y la chica asiente, se separa del grupo y rodea la plataforma subiendo las escaleras de la misma por el lado contrario y entrando a la Cornucopia.

—¿Qué ha dicho?

—No la he entendido. Habrá que revisar las grabaciones de los micrófonos más tarde en la versión editada.

"Con su tamaño aumentado, Enrique VIII debe medir al menos dos metros de alto" informa Caesar.

"Y fíjate en su florete. Más bien parece que esté sujetando un palillo. ¡Impresionante el trabajo del equipo de mutaciones!" agrega Claudius.

Ambos ríen y bromean al respecto mientras en el campo de batalla, Sorrento termina su análisis sobre el adversario.

"Es bueno con la espada" susurra a los otros dos, "y probablemente nos mande bien lejos si consigue ponernos la mano encima pero es lento. Nuestra única oportunidad de vencerlo es un combate a larga distancia. Pero lo peor... es que a simple vista no consigo encontrar su punto débil. Después de la lanza, el picahielos y el hacha ahí sigue como si nada."

"Hay que seguir intentando, no creo que sea eterno" dice Cirella.

"Cirella... propongo que nos separemos. Ahora mismo la mayor ventaja que tenemos sobre él es nuestra velocidad y nuestro número" dice Sorrento "si le atacamos todos desde distintos ángulos no podrá acudir a todos."

"Está bien. Separémonos. Tengan cuidado. Sparkle recuerda que tu pierna no está al cien por cien de sus capacidades."

A la orden de la líder. Los tres chicos echaron a correr cada uno en una dirección, buscando un buen ángulo para atacar al muto.

"Plebeyos irrespetuosos" dice el rey "intentar asesinar a un rey es delito de alta traición y se castiga con la muerte. Yo mismo seré su ejecutor. Las señoritas primero."

Enrique VIII fija su vista en Cirella y carga hacia ella. La chica mira por un instante hacia Luz antes de esquivar un estoque de su florete con rapidez y elegancia.

En el interior de la Cornucopia, Luz lo pone todo patas arriba en busca de algo.

—A éste ritmo no tardarán mucho en fatigarse. El muto no les está dando tregua —dice Firefly.

Luz sale de la Cornucopia con un maletín marrón en sus manos a la vez que el muto da un puñetazo en toda la cara a Sorrento, derribándolo. Su nariz sangra, su boca también. Una vez en el suelo tose y escupe un diente. Luz deja el maletín en el suelo y lo abre con las manos temblorosas. Dentro hay cuatro probetas selladas con un tapón, cada una de las cuales tiene un líquido de distinto color dentro. La chica revisa las instrucciones.

—¿Alguien sabe lo que pone en el papel? —dice Dog.

—Probeta A: Explosivo. Probeta B: Corrosivo. Probeta C: Veneno. Probeta D: Antídoto —recita Cat—. El maletín siempre fue una de mis armas favoritas.

"¡Cuidado!" dice Luz y el muto se fija por primera vez en ella.

Luz saca dos probetas del maletín, la probeta A y la B, luego corre hacia el muto, mientras le quita el tapón a la probeta B y cuando está lo suficientemente cerca arroja el líquido a su cara.

Se escucha un grito desgarrador, mientras el rey cae al suelo de rodillas. Su cara echa humo, su piel se derrite poco a poco como un helado al sol en un día de verano, mientras sus globos oculares caen al suelo. En un último esfuerzo y antes de que se le desintegre toda la cabeza, Enrique VIII se pone de nuevo en pie blandiendo el florete. Luz da un paso atrás y comienza a agitar la probeta del explosivo.

Todo sucede a la vez.

Luz lanza el explosivo y Enrique VIII da varias estocadas al aire, una de ellas hace un corte en vertical en el pecho a Luz. Hay una explosión acompañada de una gran llamarada. Luz cae hacia atrás y Cirella grita.

Un segundo después, varios metros a la redonda están cubiertos de pedazos de carne, combustible y tela que antes formaban el muto.

—Los índices de audiencia están que arden —informa Cat consultando su tableta—. Ha sido una buena batalla. Una de las mejores de mutos contra tributos de los últimos años.

—Pero parece que Luz no va a aguantar mucho. Ese corte se ve feo.

Cirella se apresura a poner a Luz en una posición que dificulta la pérdida de sangre. Luego ordena a Sparkle a traer las vendas para hacer un torniquete.

—Las vendas no van a ser suficientes. Si no muere desangrada ahora, morirá en un par de días cuando se infecte —dice Dog suspirando—. Es un buen fin para Luz. Es emotivo. Lo mejor después de una batalla tan intensa.

—Pobre nenita... —dice Firefly.

En ese instante, una pantalla transparente baja del techo y se posiciona sobre el holograma. Cuando se enciende, el rostro de Olympe Lennox aparece en ella.

—Quiero que le manden a Luz ahora mismo un frasco de crema cicatrizante plus y un paquete de vendas antisépticas.

—¡¿Qué?! —dicen todos a la vez.

—Dexter, el mentor de Luz está durmiendo y ha dejado el dinero de los patrocinadores de Luz a nuestro criterio y disposición mientras él no esté disponible.

—¡Pero con todo el dinero de Luz no se puede permitir ni la quinta parte de uno de esos objetos! ¡Esos son regalos premium! —dice Dog, consultando los fondos de los tributos.

—Me es indiferente. Hay que mantener a Luz con vida, al menos hasta las entrevistas a los últimos ocho. Lo que le pase a partir de ahí me da igual. Dexter trama algo y me muero por destaparlo. Los Juegos del Hambre son un programa televisivo, un entretenimiento. Un giro argumental así va a gustar. Háganlo. El próximo que ponga pegas estará saliendo por esa puerta para no volver.

La conexión se corta y la pantalla asciende de nuevo. Sin decir nada más, Dog se encamina él mismo a la vitrina de los regalos, mete un paquete de vendas antisépticas y un bote de crema cicatrizante plus en la cápsula de metal y engancha a la misma el paracaídas plateado. Luego se lo pasa a Firefly que se encarga de mandarlo a la Cornucopia donde están todos.

Cuando Cirella ve el paracaídas descender su expresión se ilumina y rápidamente se apresura a atraparlo.

Unas lágrimas de felicidad salen de su rostro cuando lo abre mientras Caesar y Claudius comentan la escena con gran emoción y entusiasmo.

"A veces en la Arena también hay momentos de esperanza y felicidad como el que acabamos de ver" dice Caesar solemne, tras el júbilo inicial.

"¿No tienes un pañuelo por ahí compañero? Creo que se me metió algo en el ojo." contesta Claudius.

Cirella y Sparkle trasladan a Luz a la Cornucopia, inconsciente, tratada y vendada.

"Es hora de descansar" susurra Cirella cuando la deja en el suelo, su cabeza descansando sobre la sábana doblada que ha preparado Sorrento de antemano.

Todos en la sala de control se emocionaron. Todos menos Cat, que pensó que Cirella era una actriz envidiable antes de volver la atención a sus informes.

Unas horas después...

—Creo que ya deberías parar la lluvia —dice Fish dejando su sombrero en la percha.

Antes de irse a dormir Dog ordenó que hicieran llover sobre un área de un kilómetro de radio alrededor de la Cornucopia, para que el terreno se limpiase de todos esos fragmentos que había dejado el rey Enrique VIII al explotar, y que ahora según él afeaban el paisaje.

Firefly gruñe, con enormes círculos morados alrededor de sus ojos. Bebiendo un sorbo de su tercer café de la noche.

—Hazlo tú. ¿No es tu trabajo el controlar el tiempo y todo eso?

—Por si no te has dado cuenta, acabo de llegar.

Normalmente le caía bien su compañera del turno de noche, pero se volvía muy gruñona cuando estaba cansada.

Fish se sienta junto a Firefly y hace disipar del holograma el cúmulo de nimbos que su compañera colocó sobre la Cornucopia y alrededores. En la pantalla, la lluvia para dejando paso a un cielo despejado por primera vez desde que empezaron los Juegos del Hambre. Un cielo despejado y un hermoso amanecer en exclusiva para la Alianza Primaria.

Al sentir la luz afuera Cirella se incorpora, se aparta del lado de Luz donde ha estado toda la noche sin moverse y sale afuera. Mientras mira el sol ascender tras la silueta de los edificios y árboles a contraluz, la chica sonríe. La cámara capta el momento en que sus ojos verdes destellan al reflejar los rayos del amanecer.

"Sparkle, Sorrento. ¿Están despiertos?" dice.

Los chicos lo confirman y en ese instante Luz abre los ojos. Cirella vuelve a su lado.

"¿Estás bien?" pregunta.

Luz asiente. Aunque su cara está aún muy pálida y se ve aún muy débil.

"Ayer nos salvaste la vida, aún a riesgo de la tuya propia y por eso estaré siempre en deuda contigo. Mucha gente en ésta alianza dudó de ti y ahora se confirma lo que yo ya sabía. Que tú ya nos eras leal y estabas siempre de nuestro lado. Podrías haber huído, haberte salvado y habernos dejado ahí mientras el muto y nosotros nos destrozábamos mutuamente pero no lo hiciste. Sorrento y Sparkle han hecho ésta noche un inventario de lo que ha quedado. Aún tenemos provisiones para unos cuantos días más. El muto no logró comérselo todo. Hoy no saldremos a cazar. Nos quedaremos aquí a recuperar fuerzas y descansar. Mañana por la mañana nos iremos de la Cornucopia por última vez. Salvaremos lo salvable, descartaremos lo inservible y destruiremos lo útil que no podamos llevar con nosotros por alguna razón u otra como por ejemplo las armas repetidas. Desde ese instante, nuestro objetivo será cazar. Eliminar a otros tributos. No necesariamente tenemos que ir a por Aisha o Kopper. Símplemente saldremos ahí y eliminaremos tributos a discreción. ¿De acuerdo? Es hora de demostrar a Panem lo que la Alianza Primaria es capaz de hacer. Ya se lo hemos demostrado la noche pasada. Sigamos haciéndolo."

—Eso fue tan bonito... —dice Fish.

Pero la enternecedora escena se ve interrumpida por los gritos de Crow, que entra a la sala de control unos segundos después hablando por teléfono.

—¿¡Cómo te lo puedo explicar para que lo entiendas!? ¡Fueron órdenes directas de la misma Vigilante Jefe! ¡Ella hizo lo que creyó mejor para la audiencia!

Firefly y Fish se miraron, la primera ahora mucho más despierta que antes. Butterfly salió de su oficina tropezando con una papelera en el proceso.

Hay una pausa.

—¡Me da igual lo que tú digas, podrás ser su mentor pero la última palabra la tenemos nosotros! ¡Pregúntale a cualquiera que haya estado más de dos años haciendo de mentor! ¿O creías que serlo te daba privilegios, eh novato?

Otra pausa.

—Eres un iluso. Será mejor que comiences a aprender o te vas a buscar un problema. Estás avisado.

Tras eso cuelga, se guarda el celular y comienza a frotarse la sien con las manos.

—¿Con quién hablabas? —dicen las tres chicas casi a la vez.

—Con Dexter. Al parecer, Luz sí que tenía instrucciones de destruir a la Alianza Primaria desde dentro pero le ha desobedecido y ahora le ha dado una pataleta.

Butterfly suelta una risotada.

—¿Qué dice?

—Resumiendo, dice que cómo nos atrevimos a tocar el dinero de los patrocinadores sin consultarlo antes, que si hubiera sido por él habría prohibido mandar algo a alguien que no se lo merece. Y que desde éste mismo instante repudia a Luz como tributo a su cargo. Que ahora mismo recoge sus cosas y se larga de nuevo al Distrito 5.

—Idiota —escupe Firefly—. ¿Quién se cree que es?

Olympe Lennox llega en ese momento y Crow la pone al corriente. Ella sonríe misteriosamente pero no hace comentarios. Y Crow sabía perfectamente que era peligroso cuando la señorita Lennox sonreía misteriosamente y no hacía comentarios.

Dexter se podía dar por jodido. Crow no sabía cómo pasaría, pero lo haría.

—Comencemos con la rutina —dice la señorita Lennox—. ¿Qué hacen el resto de tributos?

Uno de los cámaras comienza a hacer recuento.

—Kopper descansa y recupera fuerzas en una casa de una sola planta en la zona de Mayfair. El jarabe que recibió ayer le está haciendo bien pero aún necesita reponerse más. Custo está durmiendo en una cafetería en el Soho, antes de eso revisó la cocina en busca de comida pero no encontró nada. Se ha guardado unos cuantos tenedores y cuchillos eso sí. Lycoris está refugiada en una tienda de colchones bajo un edificio que se derrumbará en 22 horas. Ivy entró al rascacielos "The Shard", Caesar ya ha anunciado que es el edificio mas alto de la Arena. Después tomó el ascensor a la última planta y ahí se ha quedado. Oneida no se ha separado del río. Sigue alimentándose de cangrejos aunque ahora le cuesta más atraparlos. Se ha hecho una lanza de madera con un cuchillo que recuperó del escombro y una rama de árbol. En cuanto a Klutch... él ha estado espiando a Wiress y Aisha toda la noche, las cuales tomaron el metro después de salir de la iglesia donde pasaron la noche rumbo al zoo. Ahí mataron una cebra, cenaron y ahora se dirigen al metro de nuevo, rumbo a Hyde Park. Klutch oyó sus planes y se fue a esperarlas a la estación.

—Gracias Raccoon 2. Ahora...

Las puertas a la sala se abren de nuevo, interrumpiéndola. Todos giran la cabeza a ver de quién se trata.

—Buenos días señor Latier —dice Olympe.

—Buenos días señorita Lennox —contesta él.

—¡Hola Beetee! ¡Cuánto tiempo sin verte! —dice Butterfly—. Hacía años que no venías por aquí.

—Desafortunadamente no. Cuando no ha sido porque mis tributos morían pronto, los que llegaban lejos no tenían el apoyo suficiente como para poder permitirme ayudarles.

—Éste año ha sido toda una sorpresa, Wiress es fantástica —dice Fish—. Es mi tributo favorito de la edición.

—Wiress lo está haciendo muy bien. Cuando la vi levantarse de entre los muertos el primer día casi me caigo de la silla. Y la deserción de Aisha sólo mejoró las cosas —agrega Firefly.

Beetee no hace comentarios al respecto.

—He venido a buscar a Crow. Tengo algo que quiero que le mandes a Wiress. Es urgente.

—Por supuesto. ¿Qué va a ser?

Beetee camina hacia la vitrina de los regalos y rebusca entre el cajón de baratijas.

—Éste pedazo de espejo. Quiero mandarle un mensaje. Algo que ella ya sabe, pero quiero asegurarme de que no se le olvida.

Crow toma el espejo y la nota.

—¿Es por lo de Klutch?

—Así es.

—¿Tienes miedo de él? Ahora mismo está en desventaja con respecto al dúo de Aisha y Wiress —dice Firefly.

—He visto cómo Klutch atropellaba a una chica y le pasaba por encima con el autobús aún después de muerta. No es la primera vez que tiene una oportunidad de matar a Wiress, la otra vez estuvo muy cerca de lograrlo. No pienso regalarle otra oportunidad para que lo haga, no cuando tan desesperado está por conseguir la gasolina que le han prometido si hace dos muertes más.

—Qué lindo es ver a un mentor preocuparse tanto por un tributo. ¿No tienes miedo de que le pase algo mientras duermes?

—Kernel me ayuda.

—¿Aún está en el Capitolio? ¿No ha vuelto al Distrito 3 después de perder a Core?

Beetee niega con la cabeza.

—Es tradición entre nosotros. Cuando mi tributo muere yo me quedo a ayudarlo con el suyo y al revés. Puede parecer duro desde fuera, pero la experiencia nos ha demostrado que apoyarnos el uno al otro lo hace todo más llevadero.

—Ustedes están muy unidos, no todos los mentores de todos los distritos se llevan tan bien como ustedes —dice Crow mientras le pasa el paracaídas a Firefly.

—Kernel fue mi mentor, decir que estoy en deuda con él es quedarse corto.

La pantalla muestra cómo Aisha se apresura a recoger el paquete y abrirlo como si le fuera la vida en ello. Beetee percibe en su expresión la decepción de encontrar en el paracaídas algo cuyo significado no entiende y eso lo hace sonreír. Porque tiene la certeza de que Wiress lo entenderá.

Wiress sabrá que esa nota y ese espejo están ahí para salvarle la vida.

ARENA

—Algo no encaja —digo.

Beetee nos ha avisado de que nos andan siguiendo. Pero después de echar un vistazo a todos los arbustos y posibles escondites de alrededor no hemos encontrado nada.

—¿Tienes alguna hipótesis? —pregunta Aisha.

—Lo único que se me ocurre es que nuestro espía ahora sabe que nosotras lo sabemos y ha decidido desistir y huir. O quizá hay algo que se nos está escapando...

—Bueno, desde la estación lo perderemos de vista. No hay forma posible de que nos pueda seguir ahí. Nos daríamos cuenta. Lo único claro es que no es Cirella y los otros. Ellos ya se habrían hecho notar. El resto no me preocupa tanto.

—¿Qué hay de Kopper?

—Ella me debe un favor. Si alguna vez nos encontramos de frente le recordaré que yo fui la única que se puso de su parte cuando ella discutió con Cirella. Estoy dispuesta a dejarla ir si es que nos encontramos de frente. No seré tan generosa si la encontramos de espaldas por supuesto. Yo a ella no le debo nada. Podríamos incluso reclutarla y declararle la guerra a Cirella.

—No —digo—. Kopper no me ha dado ninguna razón para confiar en ella. ¿Acaso tú confías en ella?

—No, pero no me cae mal y ambas tenemos asuntos pendientes con la misma persona.

Sacudo la cabeza. Si Aisha quiere matar a Cirella a toda costa, hay un límite en cuanto a las medidas a tomar que estoy dispuesta a aceptar. Reclutar a alguien más es un no. Sobre todo si se trata de Kopper, porque ella podría respetar a Aisha, pero nada me asegura que vaya a respetarme a mí. Para Aisha está muy claro porque ya ha estado en la misma alianza que ella y ambas estaban por así decirlo del mismo lado en cuanto a los conflictos que surgieron, pero ella se olvida de que aunque yo ya me haya ganado su respeto, tendré que ganarme también el de Kopper si quiero estar a salvo.

—¿En qué piensas? —dice Aisha.

Si piensas reclutar a Kopper, no cuentes conmigo. Díselo.

—En nada realmente. En lo mucho que quiero encontrar un lugar para dormir —miento para hacer tiempo mientras tomo una decisión.

Por un lado siento como que debo darle a Aisha la oportunidad de elegir si tener mis sentimientos en cuenta como parte de nuestra alianza o hacer lo que le de la gana, en cuyo caso yo estaría otra vez por mi cuenta. Luego, otro pensamiento se instala en mi cabeza, eclipsando todos los demás. ¿Y si Aisha decide que Kopper es una aliada más preparada que yo y se deshace de mí?

No. No debo decírselo. Es lo que más me beneficia.

Recuerdo que me dijo que la descartó porque la chica no hablaba con nadie mas que con Mustang y que no se fiaba de ellos porque serían dos contra ella. Pero Mustang está muerto y el estar un par de días juntas las unió. Las circunstancias son distintas ahora. Debo evitar que Kopper se encuentre con nosotras. Para llegar a un acuerdo con ella tendrá que encontrarla primero. Y si eso pasa no pienso quedarme. Que se enfrenten ellas a la Alianza Primaria solas y con un poco de suerte todos se matarán entre todos.

—Bueno, pues vamos a darnos prisa. Cuanta más nos demos antes descansaremos y todo eso.

Aisha me sonríe y acelera el paso y yo me siento culpable por pensar esa última cosa. No sé cuánto duraremos juntas, hemos funcionado bien hasta ahora y ella me debe a mí tanto como yo a ella. Pero no debo dar por supuesto que ella tenga eso en cuenta si se ve en una encrucijada, en una prueba de lealtad, porque podría ser mi fin.

—Te echo una carrera hasta la estación —dice.

—De acuerdo —contesto.

—¡El perdedor tendrá que cargar con las mochilas el resto del día! —agrega estando ya unos metros por delante de mí.

—¡Eh, no es justo agregar condiciones cuando me tienes ventaja!

Trato de alcanzarla pero ella me gana por bastante. Cuando llego a ella me está tendiendo su mochila.

—Sólo por un rato —digo tomándola—. No debería si quiera hacerlo teniendo en cuenta que has hecho trampa.

—Oh está bien, aguafiestas. ¿Me pasas un refresco? Necesito un poco de cafeína.

Saco una lata rosada de la mochila y se la tiro. Mientras la abre y bebe, examino la amplia avenida en la que está la estación de Baker Street. No hay nadie y no hay signos de que alguien nos esté siguiendo tampoco. ¿A qué se estaría refiriendo Beetee? Diría que algo no tiene sentido, pero posiblemente sí lo tenga. Soy yo quien no lo ve.

Algo se me escapa.

Aisha consulta el mapa mientras nos adentramos en la estación, que es una de las más grandes de todas las que hemos visto.

—Por ésta estación pasan cinco líneas de metro distintas. Y lo más gracioso es que ninguna de ellas para en la estación que queremos.

—Habrá que hacer transbordo.

No me gusta hacer transbordos, se pierde demasiado tiempo.

—¿Cual es la ruta más corta hasta la estación de Knightsbridge?

—Déjame ver... —digo tomando el mapa del metro con la mano libre.

Mi dedo localiza Knightsbridge, una estación de la línea de color azul marino. Llamada línea Piccadilly.

—Podemos tomar la línea Waterloo de color gris hasta Green Park y...

—NO —me corta Aisha—. Nada de Green Park, está a un tiro de piedra de la Cornucopia.

—Sólo será para un transbordo, es la ruta más corta.

—¿Cuál es la segunda ruta más corta?

Chasqueo la lengua, parece que eso no va a ser negociable. Sólo quiero irme a dormir cuanto antes. Mientras reviso el mapa, se me escapa un bostezo. El cansancio ya empieza a ser evidente pero Aisha no lo entiende porque ha dormido más que yo.

—La segunda ruta más corta es línea Circular hasta King's Cross y de ahí mudarse a la línea Piccadilly.

—Hagamos eso.

Y eso hacemos.

Mientras bajamos por la escalera mecánica en busca de la línea Circular, vuelvo a sentir un mal presentimiento. A éstas alturas ya lo hubiera denominado una simple paranoia mía. Una preocupación infundada. Mi imaginación haciendo de las suyas.

Es el lugar. Saber que hay alguien siguiéndonos hizo que me fijara más en los alrededores buscando movimiento o sonido, pero aquí abajo es muy estrecho y hay docenas de lugares donde uno podría esconderse. Además tampoco puedo valerme del sentido del oído porque el ruido de las escaleras lo camufla todo. Sin mencionar el tamaño y complejidad de la estructura. Cinco líneas de metro distintas pasan por aquí, lo que significa cinco niveles hacia abajo con todos sus pasillos laterales y recovecos. Éste lugar es la perfecta ratonera para que alguien que nos esté vigilando nos tienda una emboscada.

Pero... ¿Cuáles son nuestras alternativas?

Quedarnos en los alrededores sabiendo que alguien nos espía no es muy inteligente.

El riesgo de que alguien que no sabe donde estamos nos encuentre por casualidad es bajo. Existe pero es bajo. El riesgo de que alguien nos pille desprevenidas sabiendo dónde estamos es alto y hay que evitarlo a toda costa.

Eso significa que la única manera de despistar a quien quiera que nos siga es tratar de perderlo de vista en el metro. Si ambas estamos atentas no hay manera de que nos pueda seguir ahí. Entonces podríamos dejarlo atrás o encargarnos de él o ella. Si nos espía no es para nada bueno, mejor que nosotras movamos ficha primero.

Tras bajar tres niveles, encontramos la línea Circular, la única de todas las líneas que no viene y va de un extremo a otro sino que se queda dando vueltas en bucle infinito por las paradas que la conforman. El rechinar de las escaleras mecánicas queda atrás cuanto más nos acercamos al andén y es reemplazado por el rumor constante del motor del tren subterráneo, que ya está ahí para cuando nos asomamos al primer arco que une el pasillo principal con los andenes.

—¡Rápido, o tendremos que esperar al siguiente! —dice Aisha.

Mi aliada comienza a correr hacia el tren, yo la sigo más despacio porque el peso de ambas mochilas es demasiado y mis brazos están cansados por el esfuerzo.

Pero cuando llego al andén, oigo algo más que me deja congelada en el sitio, escuchando atentamente el origen o la naturaleza del mismo. Un ruido que no tiene sentido, que se superpone al del tren y las escaleras. Son como golpes metálicos que suenan como nuestras pisadas en las escaleras mecánicas pero más fuertes y rápidos.

¡El espía!

—¡Aisha! ¡Creo que alguien viene!

Por la ventana del metro veo que mi aliada se ha apresurado a acostarse a lo largo de tres asientos y ha dejado el arco y el carcaj en el suelo. Al oír mi voz afuera, se incorpora.

—¿Cómo dices? Lo siento, estaba descansando un poco.

En ese instante, alguien pasa por el pasillo principal, siguiendo de largo. No me da tiempo a ver quién es, sólo que pasa a gran velocidad.

—¡AISHA HAY ALGUIEN MÁS AQUÍ ABAJO!

—¡¿Alguien más?! ¿Quién? —dice, colocándose de nuevo el carcaj y agarrando el arco.

Lo siguiente pasa muy rápido. Tan sólo fueron unos segundos y en esos segundos aprendí muchas cosas.

Sobre todo de mí misma.

Aprendí lo rápido que puede funcionar mi cabeza. La gran cantidad de pensamientos que es capaz de procesar a la vez aún estando cansada. Aprendí cómo las cosas pueden cambiar drásticamente de un segundo para otro y cómo a veces pareces tener la situación controlada, pero en verdad es sólo una ilusión.

El tributo aparece de nuevo unos veinte metros más adelante, por otro de los arcos que conectan el pasillo principal con el andén y salta dentro del metro de un salto.

Justo en ese instante los pitidos rítmicos que anuncian el cierre de la puerta se activan y ahí comprendo que son los Vigilantes quienes han esperado por nosotros. Normalmente el metro sólo se detiene unos quince segundos en cada parada pero es controlado desde la sala de control así que esas reglas no tienen por qué cumplirse si alguien activa el manejo manual.

Cinco pitidos son los que avisan de que la puerta se va a cerrar. Eso son cinco segundos.

Primer pitido. Aún estoy demasiado saturada por los acontecimientos como para reaccionar. Los Vigilantes han visto que el otro tributo ha saltado al vagón y han decidido que era hora de poner el tren en marcha. Lo han hecho porque ésto es un show televisivo y quieren un buen espectáculo. Eso es evidente.

Segundo pitido. Y yo estoy afuera. Estoy afuera con ambas mochilas que contienen todas nuestras provisiones y Aisha está ahí dentro sin nada de nada mas que el bate, el arco y las flechas. Podría quedarme aquí mismo plantada con todo mientras ella se queda ahí dentro a solas con quien quiera que sea que esté ahí dentro. Dejar que el tren se vaya, darme media vuelta y comenzar a jugar a éste juego yo sola.

Tercer pitido. Podría hacerlo, pero Aisha es mi aliada y prometimos protegernos la una a la otra mientras la alianza estuviera en pie. Hasta el momento ella lo ha hecho y romper el pacto no está bien. Incluso si comienzo a formular teorías sobre cómo ella podría traicionarme en el futuro, eso es algo que aún no ha pasado y no puedo cobrarme una venganza preventiva. Llegará un momento en el que tenga que pensar sólo en mi bien en lugar del bien de ambas. Pero ese momento aún no llega y en éstos instantes ella está en una clara desventaja. Ella me necesita y debo estar a la altura.

—¡Aisha sal del tren ahora mismo!

Cuarto pitido.

—¡Está aquí! ¡Está aquí adentro! ¡El maníaco que nos quiso atropellar!

Y antes de que pueda decir algo más, ha echado a correr, pero no afuera sino por el interior del vagón hacia el otro tributo.

—¡AISHA NO!

Quinto pitido.

Salto. Agarro bien fuerte las mochilas y salto al vagón justo una fracción de segundo antes de que las puertas se cierren.

Ya no hay marcha atrás. Estoy dentro de ésta ratonera encerrada por decisión propia con un tributo que ya casi nos mata la otra vez. Y aún así creo que he obrado correctamente poniendo los intereses de la alianza frente a los míos. Sólo espero que no tenga explosivos o algo similar o no saldrá vivo ninguno de los tres.

Entre las dos podremos controlar mejor la situación.

Cuando el tren se pone en marcha siento otra vez el pánico, pero ésta soy capaz de controlarlo. De meterlo en una caja fuerte y apartarlo a un lugar de mi cabeza donde no moleste.

Aisha está apuntando con su arco cargado a alguna parte. Los vagones frente a nosotras parecen estar vacíos.

—¿Dónde está? —pregunto.

—Detrás de alguna de esas filas de asientos más adelante. No me quiero acercar mucho. Podría tener un as en la manga. ¿Puedes meter en bate en una de las mochilas listo para sacar si es necesario? No quiero que se pierda.

La obedezco mientras ella sigue concentrada en localizar a Klutch.

—Deberíamos bajarnos en la siguiente parada. Corremos peligro.

—Corremos peligro en cualquier parte. Debemos aprovechar ésta oportunidad de quitarnos a alguien de encima.

No contesto, y cuando estoy pensando que quizá sí que debería seguir por mi cuenta y bajarme sola en la siguiente, la parada llega y el tren pasa de largo.

Por supuesto debí haberlo visto venir. No podía aguarles la diversión a los capitolinos que están en éstos momentos pegados a sus pantallas. Sospecho que nos piensan dejar aquí dentro dando vueltas en círculos. Porque de todas las líneas tuvimos que haber tomado la única que no tiene principio ni fin. Si abren las puertas será porque la tensión se ha resuelto en un desenlace. Bien a nuestro favor o en nuestra contra.

Lo único que tengo que hacer que suceda lo primero y no lo segundo.

—Voy a tratar de hacerlo salir —digo.

En las mochilas tenemos muchas latas de refresco. Es lo que más pesa y tenemos muchas de todos modos. Saco tres. Eso es un kilo menos que tendremos que cargar. Trescientos treinta y tres gramos en cada lata, si las tiro con la fuerza suficiente debería dolerle.

Me adelanto procurando no ponerme en el camino de Aisha para estorbar lo menos posible. Aún no veo nada y eso me pone nerviosa.

Y es cuando miro hacia una de las ventanas cuando hacemos contacto visual, puedo verlo en el reflejo del cristal agazapado sobre una de las filas de asientos de la parte derecha.

Él no se mueve ni un ápice, yo tampoco, los segundos pasan y el momento se vuelve eterno. Lentamente alzo el brazo para señalar su posición a mi aliada, retrocediendo sin quitarle la vista de encima por si tiene un cuchillo o algo que pueda lanzarme. Klutch sabe que está acorralado y podría reaccionar de cualquier forma.

De repente se levanta de donde está con su cuchillo en la mano, mirando a Aisha. Le lanzo una lata de refresco a la cabeza a la vez que él le lanza un cuchillo a Aisha y ella dispara la flecha.

La lata se estrella contra su nariz haciéndolo sangrar y aturdiéndolo por unos segundos. Aisha esquiva el cuchillo sin problema pero al esquivarlo la flecha falla.

Klutch sale de entre los asientos y comienza a correr en dirección contraria a nosotros. Rápidamente hago rodar por el suelo las otras dos latas de refresco. Él tropieza y casi pierde el equilibrio. Aisha aprovecha la oportunidad para disparar otra vez, la flecha se clava en su brazo sin que su expresión revele ninguna muestra de dolor.

Él huye y nosotros lo perseguimos. Aisha tiene una flecha cargada pero no la lanza. Está esperando el momento en que lleguemos al principio del tren. Klutch no va a poder huír siempre. Yo tengo mi daga desenfundada en una mano mientras que en la otra tengo las mochilas. Las he cogido para tenerlas cerca, porque Aisha parece tener la situación controlada y no necesita tanto de mí. Las habría dejado atrás de no ser así.

Por fin el chico llega al final, se voltea pegando su espalda a la pared, la flecha sobresaliendo perpendicular a su brazo izquierdo rodeada de la tela de su chaqueta empapada en sangre.

—¿Y ahóra qué harás? -dice Aisha apuntando hacia él, tensando la cuerda del arco al máximo.

No obtiene respuesta, pero al disparar el chico se tira al piso en el último momento y la flecha rebota contra la pared. Klutch saca otro cuchillo de su bolsillo.

Por supuesto que no iba a tirar el de antes sin tener otro de repuesto. Recuerdo que Kernel me habló al respecto. Una vez que arrojas tu arma puedes perderla para siempre.

Tiro las mochilas y me adelanto para distraerlo mientras Aisha carga de nuevo el arco pero Klutch no ataca. Su mano se dirige a un lado de la pared, donde hay una pequeña manilla. Al tirar de ella, un pequeño panel de control aparece.

—¡NO! —grito, casi involuntariamente.

Mi primera reacción es correr hacia el chico y detenerlo yo misma, pero no quiero estar en la trayectoria de ninguna flecha así que me contengo.

Antes de que Aisha pueda disparar de nuevo, Klutch presiona cuantos botones puede y hunde el cuchillo en el grueso cable rojo.

Hay un cortocircuito que hace saltar chispas en todas direcciones y el tren se detiene a la vez que todo se sume en la oscuridad más absoluta.


Ya Klutch está en acción, siempre digo algo así en cada capítulo pero es la verdad. Estaba deseando llegar a esa escena para escribirla.

No ha habido muertes, así que siguen quedando 12 tributos. Justo la mitad. Pero no he tenido la oportunidad de acomodar ninguna. Estuve pensando sobre alguna baja en la pelea contra Enrique VIII pero decidí darles la victoria absoluta porque hay un lugar y un momento para todo.

Hay dos capítulos corregidos más. Es tedioso y va lento.

Hoy estuve viendo una maratón en Londres por la televisión y salió la plaza de Victoria frente al palacio de Buckingham, el lugar donde está la Cornucopia en ésta historia y eso me inspiró a terminar el capítulo y poder publicarlo al fin. También salió la avenida que une Green Park con Hyde Park y tuve ahí un momento fangirl.

Bueno, algo que siempre se me olvidó comentar es sobre el dibujo que hace de portada a la historia. El antiguo era una foto del Big Ben y Westminster en blanco y negro y con mucha niebla. El dibujo pertenece a Ayne Greensleeves, una artista muy talentosa a la que conozco personalmente pero a la que hace mucho tiempo que no veo. Wiress y Aisha están observando Londres desde lo alto del Big Ben. Ni que decir tiene que me fijé cuando lo enfocaron y el fondo es muy fiel al real. Es una escena que pasará en el futuro. Diré que es un spoiler a medias, porque en una Arena ambientada en Londres, hay que hacer una escena en su monumento más emblemático. Obligatorio, muy obligatorio.

Marce, sé que no tienes tiempo ni para rascarte la nariz, por eso tu mensaje tiene mucho más valor para mí, pues cuando el tiempo es escaso es más valioso. Creo que en éstos instantes todo el Capitolio odia a Lycoris. No lo pensó, y Milli arriesgó mucho por ella. Podría haberla dejado en el baño de sangre cuando Kopper casi la mata y no la dejó. Me dio mucha lástima lo de Milli porque era muy maja jajaja aunque tengo la sensación de que no puse todas las ideas que tenía sobre ella. Tanta lástima como Ivy robándole a Oneida. Siempre pensé que odiaría a Ivy ya que Oneida fue un predilecto mío, aún lo es, pero Ivy va escalando puestos. Es una ladronzuela con sentido del humor jajaj toda una Slytherin. Abrazos y mucha suerte en todo.

Sam, yo temo el momento en que le llegue la hora a Aisha. Y no sólo por ella también por Sugar. Ella, Sugar y Bris (la chica que murió el año anterior) entrenaron juntas siempre y ahora las va a perder a las dos. :( Trato de que los favoritismos no afecten mucho al desarrollo de la historia. La señorita Lennox es muy estricta con eso y menos mal, sino éste año ganaba Cirella jajaja. Y bueno ya lo saqué a él, espero que te haya gustado su aparición, Kernel para más adelante. :D Sobre la post data siiiii. ¡Lo he pensado muchas veces! Una pelea verbal televisada, algo así como un especial. Sólo necesito ponerme de humor porque van a volar dardos envenenados de un lado a otro y me mareo con solo pensarlo. Me gustaría que Haymitch retara a Kernel a beberse un vaso de Whisky jajaja. ¡Saludos!

Guest, sí, Dexter se aprovechó de un vacío legal que había con las teselas para cargarla con una por cada niño en el orfanato donde vivía. Wiress eventualmente tendrá que matar porque llegará un momento en que se quede a solas en la Arena con una o dos personas. Y bueno, podría suceder que vengan los mutos y maten a todos y Wiress sobreviva, pero no me gusta esa idea. Sí me gustaría que ella matara a alguien y tengo planeado que ocurra aunque por el momento tengo varias alternativas en mente (aunque últimamente he estado pensando en una en concreto que es la que más me gusta). Espero que te haya gustado la pelea. Gracias a ti por comentar.

Valdemar, gracias de nuevo por un review tan detallado. Me encanta leerlos incluso percibes alguna cosa que yo misma paso por alto jaja. Es cierto que esas dos parejas tienen un fandom mucho más extenso. Suzanne Collins dejó a muchos personajes muy desdibujados. Siendo de esos cuatro, Katniss, Peeta y Finnick unos de los más complejos. Sé que Beetee y Wiress tienen poco peso en la historia pero a mí como me encantan los personajes inteligentes e ingeniosos me tuve que fijar en ellos. Además, creo que el hecho de que no tuvieran tanto relieve como los principales hizo que me diera más curiosidad por ellos. Por saber de sus vidas y de cómo ganaron. Y fue el hecho de que ella no pudiera terminar sus frases y él siempre, siempre supiera lo que ella querría decir, lo que me compró definitivamente. Si Enobaria no hubiera apuñalado a Beetee dejándolo inconsciente él hubiera sabido lo que Wiress quería decir, quizá ella no hubiera entrado en ese modo de pánico. Y bueno, para llegar a esa situación donde se entienden tan bien debieron de pasar mucho tiempo juntos. Me los imagino inseparables y awwww. No se, mirando el firmamento juntos. Es una de mis imágenes favoritas de ellos. Lo que ha hecho Dexter no es ilegal, es más bien alegal pero cuando todo se destape públicamente cambiarán eso para que no vuelva a suceder. Dexter sabía que había muchas posibilidades de que Luz saliera cosechada ese año pero estaba rezando porque no lo hiciera, él quería seguir entrenándola y eventualmente ella saldría cosechada a una edad más decente. Cuando sus papeletas se hubieran multiplicado hasta el infinito. Pero bueno las cosas le salieron así. Olympe es una cabrona. Muy muy mucho. Ha salvado a Luz ahora, pero se lo va a cobrar bien cobrado. Supongo que también tiene su corazoncito, por ahí en alguna parte. Creo. xD Kopper quiero sacarle un poco más de provecho antes de cargármela pero tendrá que ser muy cuidadosa ahora o su herida se le podría reventar y Lycoris pobre, creo que si lo hubiera pensado bien no hubiera dejado a Milli tirada, o sea, no fue algo que pensó y se arrepentirá de ello mientras dure.

Creo que los profesionales ya tienen asumido que su objetivo si todo sale bien es quedarse todos o la mayoría de ellos al final. Sí que es un plan que tiene sus fallos pero creo que es efectivo porque si el D1 tiene 10 vencedores y el D2 tiene 12 es porque algo hacen bien. Si éstos fueran unos juegos sin Wiress y tuviera que hacer a Cirella, Sorrento y Sparkle quedarse los tres al final, creo que lucharían de forma honorable y desde el respeto, y ganaría Cirella o Sparkle jaja. Pero no todos los años pasa lo mismo, algunos podrían negarse a atacarse y los Vigilantes tendrían que intervenir o harían que los tributos murieran lenta y dolorosamente para sentar un precedente... y también habría veces que se traicionarían. Creo que Cirella ha madurado. Siempre tuvo dotes de líder pero era una líder muy insolente. La Arena le ha bajado los humos.

Sobre Aisha, eso del poder adquisitivo del Distrito 1 no lo había pensado a fondo ahora que lo mencionas. Creo que tiene mucho sentido. Yo siempre me imaginé a Aisha como una chica de una familia normal, ni pobre ni rica. Quizá su situación personal hizo que tuviera envidia de los más pudientes y quisiera solucionar así su situación, aunque también creo que hay una pizca de "factor prestigio" ahí, creo que le iría bien con su forma de ser. Hmm no, en los libros no salen mutos humanoides. En los 74 había rastrevíspulas y los lobos esos hechos con el ADN de los tributos muertos, y en los 75 estaban los charlajos, la bestia de la que nunca se habló (esa quizá podría haber sido medio humana), los monos, los insectos misteriosos y no recuerdo si había algo más. Imaginé a éste muto como una mezcla de ser biológico y mecánico, con una estructura demasiado robusta como para ser destruída con un solo ataque. Mil gracias de nuevo por tu completísima review.

Y bueno, ahí dejo el cliffhanger. Este día va a ser largo. Al menos tres partes ya. Creo que si Wiress sale de esta (ejem xD) no querrá usar el metro más en la vida, al menos yo no lo haría.

Gracias por la fidelidad a Wiress a pesar de las actualizaciones tan espaciadas. En serio. ¡Hasta el siguiente!