Bonjour amies!

Lamento la tardanza de estos capítulos de este fic, he estado un tanto ocupada con los trabajos, la universidad y demás responsabilidades. Trataré de estar más por aquí, actualizando, leyendo sus comentarios, historias y comentando las mismas. Me he alejado un poco, pero estaré más pendiente de las actualizaciones de las historias de otros autores y dejarles reviews también...

En un rato, haré algo inesperado, cambiaré la historia de "Le Début d´une nouvelle vie" sin eliminarla, sobre esta misma historia subiré una completamente nueva y diferente, es muy, muy, muy, muy larga, pero la trama no cansará, traté de que cada capítulo atrape la atención. Sin embargo, el concepto de Vampiros se mantiene intacta; y siendo sincera, es la trama que tanto había mencionado meses atrás. Espero les guste y me dejen saber si les gusta.

Sin más preámbulo, les dejo los capítulos 26, 27 y 28. Disfrútenlos.


"Desenterrando el Pasado Season II"

(Chapter 26)

(*-*)

Asumi sale de la cocina sosteniendo una taza blanca con humeante café. Su pelo recogido en un despeinado moño. Se dirige a la sala. Allí, apoya su cuerpo contra la pared mientras observa a Kiyoshi sentado en el suelo jugando en la mesita de centro, más a Anko sentada sobre el sillón acompañada de Kurenai. Ambas mirando un álbum de fotografías.

Kurenai sonríe. – Mira, ellos son nuestros amigos. – Anko pone atención a los ninjas presentes en la fotografía. – Él es Asuma, mi esposo. – él mirando de reojo a Kurenai, ubicados al lado derecho de Kakashi. – Ibiki Morino, jounin de élite, experto en interrogatorios. – ubicado al lado de Asuma. – Maito Gai. – al mismo tiempo desliza una gota estilo animé al ver la pose del shinobi. Una mano posada en la cintura, guiñando un ojo y la otra mano haciendo el símbolo de "V" hacia delante. Al lado de él, se encuentra un peculiar shinobi de pelo castaño usando la banda como un paño en su cabeza y mirando de soslayo a sus compañeros. – Genma Shiranui e Iruka Umino. – éste al lado de Genma. En el centro de todo el grupo se ubica una kunoichi, llevaba una gabardina color beige que cubría el atuendo debajo, manos dentro de los bolsillos del abrigo y pelo recogido en una coleta alta. – Esa eres tú, Anko Mitarashi, una jounin de élite al igual que Ibiki y Genma. Además, segunda examinadora de los exámenes chunin.

Anko abre los ojos impactada, pero la curiosidad de ver un shinobi de cabellos plateados la intriga. – Somos… parecidas…– se dice para sí misma. – ¿Será que lo que busco está en esta casa? Sin embargo, no sé qué hago aquí, pero este hombre… tengo la impresión de conocerlo. – Él permanece al lado de ella, muy juntitos. Sus manos deslizadas dentro de los bolsillos del pantalón y su mirada misteriosa. – ¿Quién es él? – mira fijamente a la Yuuhi. Y ella mira de soslayo a Asumi, quien asiente.

Kurenai carraspea su garganta. – Es Kakashi Hatake, el padre de Asumi, Koishi y Kiyoshi. Esta es su casa. – la chica abre los ojos sorprendida. – Él es… bueno…– baja la cabeza, entristecida. – Como ya debes de saber, murió hace cinco años atrás.

Asumi me comentó al respecto. – responde Anko, sin dejar de ver la fotografía. – Era apuesto. – sonrisa. – Pero…– Kurenai levanta una ceja interrogante, esperando continuación. – En esta fotografía, es notable la cercanía entre él y yo. – traza con sus dedos la imagen del ninja copia. – Según Asumi, su madre y yo nos parecíamos. Y me dices que soy kunoichi de ésta aldea. Sin embargo, qué relación tenía con esa persona. – refiriéndose a Kakashi.

Kurenai mira a Asumi y ella afirma, indicando que por favor prosiga. – Anko, tú y yo éramos las mejores amigas. Me contabas tus problemas, todo, y yo te escuchaba. Una vez me comentaste que odiabas a Kakashi Hatake. – suspira. Más sonríe. – Ustedes dos se volvieron más cercanos, tanto así que se hacían bromas. Bromas que terminaban algunas en discusiones, otras en risas. – Anko sonríe. – Me agradaba la nueva Anko. Alegre, entusiasta y soñadora. Me dije a mí misma: "El amor la cambió para bien. – entrecierra los ojos. – Ella será feliz a su lado, tan sólo necesitan un pequeño empujón." – mira a los ojos a Anko. – Cuando esta fotografía fue tomada, ustedes dos empezaban a salir, pero no funcionó. – Anko empieza a entristecerse, mientras une las piezas de su rompecabezas. – Kakashi te adoraba y era evidente para todos nosotros. Para él, tú estabas primero ante todo. Se preocupaba por ti, más de lo que crees. Y eso lo llevó a cometer la estupidez más grande de su vida. – Anko perpleja. Kurenai toma sus manos entre las propias, sonrisa. – Sucedió un día que había mucho trabajo en la oficina. Estabas histérica, los documentos llegaban y no disminuían. Intenté tranquilizarte, pero nada resultó.

¿Qué pasó después? – interroga la Mitarashi, emocionada de saber su pasado.

Pues, escuchamos que alguien tocó la ventana y me acerqué. – ríe. – Recuerdo tu rostro emocionado cuando observaste por aquella ventana. – Asumi se ríe. – Allí estaba Kakashi, de pié sobre la hierba. – niega con la cabeza, incrédula de saber que su amigo era capaz de hacer este tipo de detalles. – Estaba situado en el centro de un corazón hecho de pétalos de rosas, sosteniendo en sus manos un ramo de rosas rojas. Y ¿Sabes qué dijo? – ella niega con la cabeza. Kurenai carraspea la garganta. – "Mitarashi, quiero compartir mi vida a tu lado. Yo sería el hombre más feliz de la tierra si me aceptas. Vuelve a salir conmigo y prometo hacerte inmensamente feliz. Por favor, si me amas tanto o más como yo te amo a ti, entonces…" En ese momento se arrodilló. – carraspea de nuevo. – "Cásate conmigo".

Asumi que bebía un sorbo de café, lo escupió al instante de escuchar aquellas hermosas palabras. Más el rubor en sus mejillas era evidente. No sólo en ella, sino además en Anko. Inocentemente, Kiyoshi observa a Asumi limpiarse la barbilla sucia de café, empieza a reír.

Lo mejor, es cuando bajaste. – ríe a carcajadas. – Todos pensaron que le gritarías o quizás pegarías, pero para sorpresa de todos los que veían la escena, lo miraste fijamente. – Anko levanta una ceja interrogativa. Mientras Asumi se limpia con un paño la camiseta, escucha con detenimiento la historia. – Le dijiste "idiota" muy suavemente. – Anko empieza a ruborizar hasta más no poder. – También te arrodillaste frente a él. Más respondiste "Acepto ser tu esposa, Kakashi Hatake". Lo abrazaste, en dicho momento él aprovechó la ocasión en la cual estaban casi todos los jounins y que tú lo abrazaras para besarte delante de todos. – imágenes nadan en la cabeza de la Mitarashi sobre dicho suceso. – Acción que nos dejó sorprendidos. El club de fans de Kakashi pues, querían matarte. – ríe. – Es normal, aunque se aguantaron las ganas de hacerlo. Kakashi te había elegido a ti, sólo a ti.

Eso quiere decir que yo soy…– mira a Kiyoshi. – Soy la madre de…– Anko se lleva las manos a la cabeza. Frunce el entrecejo, más deja escapar un quejido. El álbum cae al suelo.

¿Te sientes mal? – pregunta Kurenai, asustada por haber hablado de más. – Vamos, te llevaré a la recámara. – la ayuda ponerse en pie, pero en ese momento Anko perdió el conocimiento. Antes de caer, ella la sostuvo. En seguida, Asumi corrió hacia ellas. – ¡Anko!

¡Okāsan! – le llama Asumi, preocupada. – ¡Okāsan!

Anko veía borrosa la imagen de ambas kunoichis con sus rostros preocupados y escuchaba que la llamaban hasta que ya no podía escucharlas más y su visión se nubló hasta ver una densa oscuridad. Cuando despertó, nota que yace sobre la cama en la habitación de los padres de Asumi. Sintiendo su cuerpo pesado, se acomoda de lado, entonces ve sobre la mesita de noche al lado de la cama una fotografía, la cual se encuentra ella misma sonriente y abrazada a Kakashi. Ambos felizmente casados. – Kakashi…– susurra.

Kurenai y Asumi estaban fuera de la recámara observando desde allí las posibles reacciones de ella. – Kakashi…– la oyen susurrar por segunda vez. Toma el portarretratos y lo atrae a su pecho, abrazándolo. Con una mano se cubre la boca. – No puede ser…Kakashi…– escuchan los sollozos de ella.

Debemos entrar. – dice Kurenai y sin esperar respuestas de la Hatake ingresó a la recámara. – Anko…– susurra despacio.

Repentinamente, la mujer se encoje en la cama. – Kakashi Hatake... Hace días he estado buscando algo, pero no recordaba qué exactamente. Ahora lo recuerdo, a quién buscaba es a mi esposo y esto es…– toma asiento, lágrimas desbordan de sus ojos sin darle tregua. – Kurenai, yo…– la Yuuhi la abraza. Anko se aferra a ella. – Recuerdo despertar en el bosque de ésta aldea con el deseo de buscar algo valioso para mí. Sentí no haber estado sola. Alguien apreciado para mí estaba conmigo, a mi lado, protegiéndome. – el rostro de Kakashi clavado en su mente. – Una parte de mí me ha sido arrancada y quería encontrar mi otra mitad. Ahora no podré encontrarla.

¿Por qué lo dices? – interroga Kurenai acariciando el pelo lila de la Mitarashi.

Imágenes de haber estado en un laboratorio aparece y desaparece en su cabeza. Hace una pausa contemplando en sus manos la fotografía de Anko abrazando a Kakashi. Entonces, las imágenes se aclaran. El ninja atacó a Kakashi atravesándolo con una espada, él cayó al suelo sin vida. – Ahora lo recuerdo. – levanta la cabeza y mira a su amiga.

Desconcertada, Kurenai abre los ojos desmesuradamente al ver los pálidos ojos de la Mitarashi. – A-Anko…– la toma por los hombros.

El brillo de sus ojos desvaneció. – Recuerdo todo. – Asumi se aproxima a ellas. – Estuve ahí e intentaron matarme. – Ambas abren los ojos como platos. – Él me protegió. – Anko ladea la cabeza. No parece ella misma. – Él lo mató.

¿Anko? ¿A quién mataron? – la enfrenta con la mirada. Pero ella no responde.

Lágrimas desbordan de sus ojos y recorren sus mejillas sin ser llamadas. – Mataron a Kakashi. Lo mataron. – susurra. Asumi, atónita, cae al suelo de rodillas. – Les exigí que me lo devolvieran. Les grité con todas mis fuerzas que me lo regresaran a mis brazos, pero no quisieron…– de manera brusca, toma a Kurenai por los hombros. – ¡No quisieron devolvérmelo! ¡Lo dejaron morir! – ojeras debajo de sus ojos. – ¡Lo asesinaron frente a mí! ¡Lo asesinaron!

¡Anko, cálmate! – la empuja hacia atrás aprisionándola contra la cama. – ¡Asumi, ayúdame! – La aludida está inmersa en otro mundo. Anko forcejea mientras grita palabras incoherentes. – No tengo otra opción. – acercó dos dedos de su mano derecha a la frente de Anko con dificultad. – Genjutsu. – Anko observa pétalos caer a su alrededor, poco a poco cierra los ojos. Kurenai espira, mientras la ve entrecerrar sus ojos. – Debió de ser difícil ver cómo asesinaron a tu esposo. – se dice para sí misma en voz alta.

Otōsan. – dice Asumi, derramando lágrimas.

Kurenai la ayuda a ponerse en pie. – Tienes que ser fuerte por tus hermanos y tu madre. Mira como reaccionó. – ella afirma. – No te rindas ante las probabilidades de saber si está o no vivo. Ahora tienes la responsabilidad de cuidar de ella hasta que se mejore.

Lo recuerdo. – murmura Anko, ojos cerrados. – Ese día usé mis reservas de chakra para sellar esa puerta. Todo fue una trampa… la puerta explotó. Fue una coartada perfecta para atacar a los niños. Tú, Kurenai, sostenías a mi bebé. – algunas lágrimas escapan de sus ojos y se deslizan por los lados. – Pero Asumi estaba sola, Kakashi la ayudó y yo me interpuse para salvar a Koishi. Sabía que estarían bien. – entreabre sus ojos. – Juntos atacamos, pero fuimos transportados a las afueras de Konoha. Allí luchamos aunque yo estaba más herida. – arruga las sábanas con sus manos. – Un ataque se dirigía a mí, pero Kakashi me apartó del camino resultando gravemente herido. Yo no pude hacer nada. – vuelve la cabeza al lado contrario donde se ubican las dos kunoichis. – Intenté salvarlo. Lo intenté, pero…– los sollozos se hacen más intensos. – Lo asesinaron.

Iré por unos calmantes. – dice Kurenai a lo cual Asumi asiente.

Okāsan. – con timidez, la Hatake toma asiento a un lado de la cama. Ella susurra una y otra vez que es su culpa. – No es tu culpa. Él quería que vivieras. No te juzgues por lo ocurrido. Ya verás que estaremos bien. Otōsan… se muerde el labio inferior. – Otōsan ya no está con nosotros, pero estamos vivos.

Anko le mira de soslayo y regresa la mirada hacia el techo. – Siento el corazón vacío. Kakashi era mi razón de vivir, Asumi. Era mi mundo, mis sueños, todo. Él era mi existencia. Sin él no soy nada. – levanta una mano al aire e intenta alcanzar el techo. – Me cambió la vida, Asumi. Sin él no sé a dónde ir ni qué hacer. Mi vida también era de él y ahora...– un nudo atraviesa su garganta. – Ahora creo que lo mejor era haber muerto junto a él. – la kunoichi baja la cabeza, dolida por aquellas palabras. – Lo siento, hija. De verdad lo siento, pero no tengo fuerzas para luchar. Me siento débil. – se acomoda de un costado. – Por favor, permíteme descansar. Me duele mucho la cabeza y me siento mareada.

Claro. Si me necesitas, llámame. Estaré cerca. – no obtiene respuestas. Sin embargo, marchó, dejando a la kunoichi descansar. Al salir se encontró con Kurenai. – Tía Kurenai, yo…– la de ojos carmesí sonríe.

Ha sucedido muy rápido. Supongo que el suceso de no querer recordar, era éste. La muerte de Kakashi. – Asumi desvía la mirada. – Quizás no soportó la idea de tener que decirles a sus hijos la verdad. Y el golpe que sufrió en su cabeza, le ayudó a olvidarse de ese tormentoso pasado.

¿Crees que pueda ser la misma de antes? – interroga la joven jounin, dudosa de que ello sea una realidad.

Kurenai deja escapar un sonoro suspiro. – Es posible, pero como está la situación no creo que se recupere tan pronto. – echa un vistazo a la puerta cerrada de la recámara. – Démosle tiempo a solas. Hace unas semanas regresó a la aldea y acaba de recordar sucesos que marcaron su vida. – con una señal, le indicó a la joven bajar a la sala. Acto que hicieron. Estando allí, tomaron asiento. – Tu madre es una mujer fuerte, superará esta prueba. Sin embargo, es la primera vez en muchos años que no la había visto así tan histérica y visiblemente confundida.

Quiere decir que…– empieza a decir, pero silencia, esperando que Kurenai continúe.

Ha sido un terrible golpe para ella perder a tu padre. – Kiyoshi sigue jugando tranquilamente en el suelo. – Todos sabemos lo apegados que eran. Anko cambió su manera de ver la vida gracias a él. Comprendió que además de ser ninjas, somos humanos y podemos amar. Anko le dio otra oportunidad a la vida. Sonreía porque estaba feliz, no como antes que sus sonrisas eran fingidas.

No tenía idea de lo distinta que era. – dice Asumi, bajando la cabeza. – Y yo que sin saberlo me estaba pareciendo a ella.

Me alegro que recapacitaras, porque la Anko del pasado podía ser cruel, en especial para los exámenes chunin. – mirada seria. Labios curvados. – Muchos shinobis le temían. Pero al conocer a Ibiki Morino esa Anko cambió.

¿Cambió? – frunce el entrecejo, extrañada.

Yuuhi asiente. – Sí. Cada vez que se topaban en los pasillos, Morino le hacía quedar como una tonta impulsiva ante los demás. Sin embargo, ella no se quedaba atrás. – ríe. – Le hacía quedar como un viejo amargado. – Asumi ríe. – Al principio nadie se atrevía a detener al especialista en torturas y a la princesa domadora de serpientes.

¿Princesa domadora? ¡Waoh! – exclama Asumi, completamente emocionada.

Excepto un shinobi. – le regala una sonrisa a la joven.

Mi padre. – agrega la Hatake, sonriente.

La kunoichi de ojos carmesí afirma. – Exacto. – cierra sus ojos, luego los entreabre. – Kakashi, a veces, si la situación tornaba asfixiante entre esos dos, intervenía. – recuerdos invaden su mente.

~ Flash Back ~

Kurenai atravesaba los corredores de la Torre Kage, acompañada de Asuma. Éste último, como siempre, fumando. Escuchan murmullos provenir de la oficina de Anko. Para ellos es común escuchar gritos provenir de ese lugar, pero se acercaron con la intención de ver qué sucede esta vez.

Puerta abierta, gritos histéricos desde dentro. – ¡Morino, largo de mi oficina! – la voz de Mitarashi. – ¡Y haz tu reporte como se debe! – vuelve a gritar.

¿Qué tiene de malo mi reporte, Mitarashi? – responde Ibiki con una pregunta.

Para empezar, desorganizado. ¿Te parece poco? – un ruido como estrellando algún objeto contra la pared asustó a la pareja. – ¡A estas alturas cometiendo esta clase de errores te hace ver más viejo, Morino!

Deberías relajarte que eres demasiado impulsiva, Mitarashi. – contesta él, calmamente. – Con tu actitud haz alejado a los posibles pretendientes, aunque creo que no tienes pretendientes.

¡Cállate! – exclama Anko, furiosa.

Pasos se aproximan a Asuma y Kurenai. – ¿Qué sucede? – interroga Kakashi, como sin darle importancia al asunto. – ¿Lo de siempre? – ellos asienten. Él suspira. – Me haré cargo. – ingresa a la oficina. – Vaya, vaya. Aún discutiendo. – ellos observan al shinobi, esperando. – Mitarashi, ¿me acompañas? – ella levanta una ceja, interrogativa. – Necesito que me ayudes a…– se rasca la nuca, mientras piensa en una excusa. Más ellos continúan discutiendo olvidándose de él. Suspira por segunda vez. Camina hacia Anko, pasos todos con prisa y la agarra de la muñeca. – Vamos. – hala de su mano y la saca de la oficina.

¡Oye! ¿Qué te pasa? ¡Soy tu superior! – se quejaba la kunoichi entretanto es halada por Kakashi. – Puedo amonestarte, ¿lo sabías? – él asiente.

La suelta en el pasillo. – No me importa. Tienes todo el derecho de hacerlo. – le contesta. Mirada intimidante, lo cual provocó que ella retrocediera. – Ahora me dirás porqué discutían en tu oficina.

Anko baja la cabeza, avergonzada. – Lo de siempre. Intentar que yo le termine los reportes. – dijo haciendo un puchero. Él deja escapar un largo suspiro. Ella levanta la cabeza, enojada. – ¿A qué viene eso? – refiriéndose al espiro.

Nada en especial. – desliza sus manos en los bolsillos del pantalón. – ¿Cuándo dejarán de pelear? – le mira fijamente. Demasiado fijo, según ella.

Un poco ruborizada, se cruza los brazos en el pecho. – Cuando deje de verme como una cría. – sonrisa.

Eres una cría. – responde él, entrecerrando su ojo visible.

¡No lo soy! – exclama, haciendo pucheros como una niña de cinco años.

Pero te comportas como tal. – estuvo a punto de reclamar, pero la mirada de Kakashi le hizo callar. – Mitarashi…– se rasca la nuca por segunda vez. – Llevamos mucho tiempo conociéndonos, ¿Cierto? – ella afirma. – ¿Puedo intentar conquistarte? Deseo ganarme tu corazón. – ella queda perpleja e impactada. Le alborota el cabello, sonríe. – Estoy bromeando.

Enojada, Anko aparta su mano de su cabeza. – No bromees de esa manera. – replica. Gira sobre sus talones, con intención de marcharse, pero él la detuvo.

Kakashi la detuvo agarrando su brazo e hizo que girara hacia él. – Francamente, hablo en serio, Anko. – susurró el nombre de ella de manera sensual. Por su parte, Anko tragó saliva. – ¿No me crees? – ella niega con la cabeza. – Entonces, usaré este recurso para demostrarte que no miento. – mira ambos lados, no encontrando a nadie. La atrajo hacia él, bajó su máscara y depositó sus labios sobre los de ella en un profundo beso. Ella forcejeó con él, inútilmente. Kakashi la atrajo más mientras profundizaba suavemente el beso. – Esto es lo que provocas en mí, Mitarashi. – murmuró contra sus labios.

¿Por qué yo? – interroga, recuperando el aliento.

¿Por qué? – repite la interrogante. Intensifica el agarre. – Digamos que…– acerca sus labios al oído de ella. – para el amor no existe un porqué, mi preciosa Anko. Veo en ti lo que otros no. Puede que sea la razón. – sonrisa cautivadora. – Eres única. – se separa de ella. – Piensa en lo que te dije. – se arregla la máscara, poniéndola en su lugar.

Arigato! – Kakashi frunce el entrecejo, confundido. – Siempre te causo problemas. – desvía la mirada, dolida consigo misma.

No siempre. – ella le mira directo a los ojos. – En la mayoría de los casos, me agrada verte enojada. Pero…– da un par de pasos. – aún así, procuraré estar siempre a tu lado. Si me das la oportunidad de acercarme más a ti, te protegeré de todo y todos. Prometo hacerte feliz y permanecer a tu lado hasta el día que ya no me quieras. – ella sonríe.

¿Hasta que ya no te quiera? – él afirma. Anko lo golpea en la cabeza. – Baka. ¿Me halaste fuera de mi oficina sólo para esto? No tienes remedio. – Kakashi se encoje de hombros. – Regresaré a trabajar. – empieza a alejarse.

Hablo en serio, Anko. – le vocifera a ella. – Esperaré tu respuesta a más tardar esta noche. – ella mueve su mano, señal de despedida. – ¡Hasta que ya no me quieras! – exclama. Sonrisa, más reinicia su caminar.

Hasta que ya no te quiera, eh. – detiene sus pasos, más gira sobre sus talones. Kakashi también se gira. Ambos intercambian miradas intensas. Ella asiente y él sonríe.

Esa sonrisa se clavó en su mente. Sonrisa que sólo él sabe provocar en ella cuando él sonríe de esa manera misteriosa, debajo de esa máscara.

~ Flash Back ~

Acomodada sobre la cama, Anko abre los ojos. – Hasta que ya no te quiera, ah. Eso jamás pasará. Y por lo visto, ya no estás a mi lado. Te necesito. – cierra los ojos, hunde el rostro entre la almohada. Prontamente, un fuerte e impulsivo dolor invade su cabeza. Lleva sus manos a la cabeza y las comprime, creyendo así evitar o disminuir el dolor. Se encoje en la cama mientras aprieta sus dientes con firmeza. – Due…le…– logra musitar.

Imágenes de una mujer desnuda con el cabello largo detrás de un muro de cristal, visualiza en su mente. Ella se ve sufriendo, debido a las cadenas que atan todo su cuerpo lastimando la piel y las marcas negras que cubren su cuerpo. Los ojos semiabiertos y sin brillo, como si ella estuviera muerta. Frente a esa mujer, se ubica Anko con los ojos opacos mirándola detenidamente.

Anko abre los ojos asustada. – ¿Qué me sucede? – se pregunta, respirando con dificultad. – ¿Por qué me vi ahí? – mano sobre el pecho, intentando calmarse un poco. – Kakashi… estoy asustada. – contempla la fotografía encima de la mesita de noche.


En un lugar apartado de todo. Tras una puerta, se puede distinguir un laboratorio de experimentos. Allí provino una fuerte explosión. Pasos atraviesan el pasillo apresurándose en llegar a la habitación donde se originó el estallido. La camilla donde yacía el shinobi de cabellos plateados está vacía, apenas los cables enredados en el suelo y algunas gotas de sangre plasmadas en las sábanas. Él espira. – Debí asegurarme de que no despertara, pero qué más da. – suspira otra vez. – No es ninguna amenaza para mí, pero ella sí lo es. – chasquea los dedos. – ¡Encuéntrenla!

¡Sí, señor! – exclamaron tres escuadrones de ninjas enmascarados.

Sí que eres una amenaza, Mitarashi. – murmura él, desapareciendo a lo largo del corredor.


Pasos atraviesan con rapidez el bosque. Cruzan por entre los arbustos, charcos de agua, pero no se detienen. El shinobi cae de rodillas para descansar unos minutos, sin embargo escuchó voces a lo lejos. Entonces se levanta y sigue corriendo. Corre todo lo que le permiten sus piernas. Los árboles son abundantes; no obstante, puede ver un claro, una apertura donde visualiza la luz. Corre hasta detenerse cuando atravesó el bosque. Justo, entonces, observa su hogar. Las puertas para entrar a Konoha, las cuales se empiezan a abrir y con una sonrisa en el rostro recibe a la persona que sale de la Hoja.


Próximo capítulo... 27.