Hola.
Lamento la tardanza y este capítulo que no me terminó de gustar de un todo. Espero me disculpen y nos leemos en los reviews. Les adelanto que faltan sólo 1 o 2 viñetas más para que acabe este cuarto año de los protagonistas. =D
Disclaimer: Sí, ya soy ingeniera pero aún no soy dueña de Harry Potter y Co.
Realidad Innegable # 25: "El Azar No Existe. Dios No Juega a los Dados" Albert Einstein
Un humo ligero y rosado flotaba sobre toda la estancia, llenándola de un olor difícil de identificar pero que bien podía ser una mezcla de incienso quemado, flores marchitas y calcetines sucios.
La habitación se encontraba mal iluminada, pesadas cortinas de terciopelo púrpura cubrían casi totalmente las ventanas, empañadas por los vapores y sucias por el polvo acumulado con el paso de los años.
En los cojines mullidos que rodeaban el salón, descansaban un puñado de estudiantes somnolientos que hacían esfuerzos sobrehumanos para mantenerse despiertos mientras llegaba su profesora: Si caían dormidos en el transcurso de la lección no tendrían ningún problema si al despertar sostenían que habían tenido revelaciones en medio de sueños proféticos. Sin embargo, debían mantenerse con los ojos bien abiertos mientras Trewlaney daba su habitual –y dramática- charla al inicio de cada clase.
Una cabellera cobriza se destacaba en medio del lugar. Se encontraba sentada encima de un cómodo cojín frente a una mesa circular cubierta por un mantel rosa con borlas guindando a su alrededor y sobre la cual brillaba, con luz opaca, una vieja bola de cristal.
Sus ojos verdes la estaban estudiando con atención, como tratando de descubrir algo dentro de la densa niebla que flotaba dentro de ella. Pero, por más que se esforzaba, no veía sino espirales de humo gris retorciéndose sin sentido alguno. Quizás ella no tenía un ojo interior o, si lo tenía, estaba dormido, averiado o algo así.
Su mente estaba divagando en esa y otras cuestiones cuando una voz le sorprendió por detrás:
—¡Oh, querida! ¡Lo siento tanto! —Emily se giró alarmada y descubrió dos ojos saltones detrás de gafas gruesísimas mirándola con pesar.
—Disculpe profesora, ¿Pero qué es exactamente lo que siente?
—¡No me digas que no lo ves! —exclamó señalando la turbia bruma dentro de la bola de cristal que reposaba frente a ella. Entonces añadió con dramatismo y llevándose una mano al pecho—. Te romperá el corazón…
Emily McDouall abrió sus ojos como platos y quiso preguntarle a la profesora Trewlaney a que se refería con eso último pero ya ella se encontraba caminando hacia el frente de la clase, con toda la atención del alumnado sobre ella, luego de iniciar su lección –como casi siempre- con una profecía de lo más de interesante.
Trató de concentrarse en las palabras que decía su profesora, pero le resultaba muy difícil, sobre todo con todas esas miradas inquisidoras evaluándola y todas esas bocas susurrando acerca lo que acababa de suceder. Incluso Jerry Brown de Gryffindor y Timothy Bletchley que compartían mesa con ella la observaban como si esperaran que rompieran a llorar en cualquier momento.
Los miró ceñuda y en susurros les confirmó que estaba bien y que no podía estar triste por algo que aun no había pasado… y que lo más probable era que no pasara. En esas estaba cuando la puerta del salón se abrió dejando entrar un chorro de luz y un último estudiante retrasado.
Emily se le quedó mirando fijamente y por un instante se encontró con sus ojos verdes clavados en ella. Tragó en seco mientras él se apartó un instante para disculparse con la profesora que casi ni le prestó atención, tan entretenida como estaba en su discurso sobre el tarot, y luego se volvió para avanzar hasta su mesa.
Se sentó justo frente a ella, en medio de sus amigos, pero trató de ignorarla casi exitosamente mientras saludaba a los chicos. En ese momento, luego de sacar su libro de texto de la mochila, musitó quedamente para no interrumpir las palabras –casi sin sentido- de Trewlaney:
—Y bien ¿Me he perdido de algo? —alzó sus ojos y le miró de frente, logrando hacerla sentir prácticamente desnuda en medio de la clase y de cara a él. Como si pudiera leer hasta el último de sus pensamientos –y era por eso que básicamente ella le odiaba desde siempre-. Se sonrojó violentamente y agradeció al hecho que el salón estaba bastante oscuro. Apartó la vista y la fijó en la bola de cristal mientras pasaba unas cuantas hojas de su libro, a la vez que Tim le comentaba a medio camino entre la seriedad y la diversión.
—Albus, ni te imaginas lo que acaba de suceder.
Ya estaba más cálido y las brisas suaves de la primavera se asomaban tímidamente entre nubarrones grises que aun empañaban el cielo. El ambiente en la Sala Común era apacible, y Rose agradecía ese hecho pues podría aprovechar todo aquel tiempo para estudiar.
Estaba sentada en una mesa a uno de los lados de la chimenea y que tenía llena de libros de Herbología. El profesor Longbottom –conocido en su bajo mundo como el tío Neville- era una de las personas que más se entusiasmaba con la idea de la llegada de la primavera, por lo cual les dejaba montones de tarea adicional.
Marie estaba sentada a su lado, tratando de terminar unos ejercicios de Aritmancia que Rose se negó a prestarle pero que sí prometió revisar. Sin embargo, tenía unas cuantas cosas atoradas en la garganta que se moría por decir aunque su amiga no quisiera escucharle.
—Rose…—susurró para que nadie más les escuchara—. Rose, es en un mes. La última salida a Hogsmeade es en un mes. Es una oportunidad que no puedes perder.
La chica pelirroja puso los ojos en blanco pues aquel era un tema que no quería volver a tocar, con Marie ni con nadie. Y es que desde que había hecho las paces con su mejor amiga, esta no había descansado ni un instante en su lucha por entender por qué Scorpius y Rose no estaban saliendo juntos.
Fue complicado al principio tratar de hacerla entender, no era tan sencillo como salir con cualquier otro chico, era Malfoy y sólo con eso, las cosas ya se enredaban un montón.
Marie tenía el suficiente tacto como para no mencionar la guerra muy a menudo, pero trataba de hacerle entender que todo aquello había sucedido hacía muchísimo tiempo. Para ella, si habían perdonado a la familia de Scorpius, seguramente había un muy buen motivo pero Rose, que conocía muchos más detalles –incluyendo el odio encarnecido que sus padres habían tenido contra los Malfoy incluso antes de que estallara la guerra-, sabía que lo mejor era olvidarse de todo aquello.
Nadia había dicho que sería fácil, pero si Marie seguía sacando el tema a colación cada 5 minutos, entonces parecía imposible.
—Marie, por favor. No voy a salir con…—se detuvo a mitad de la frase y miró alrededor con cautela. Suspiró quedamente y siguió—… con Ya-Sabes-Quien.
Por respuesta, su mejor amiga puso los ojos en blanco y se dedicó a un nuevo ejercicio de Aritmancia: Que si Rose era un caso perdido, eso ya estaba comprobado. Que si Malfoy era tan cabezota como ella, bueno, eso tendría que averiguarlo.
—Hola, chicas.
—Hola, Ralph—y allí finalmente se zanjó aquel tema mientras musitaron en coro un saludo a su amigo que llegó acompañado de un grueso ejemplar de Transformaciones.
Antes de planearlo siquiera, la tarde se escurrió entre su jornada de estudio sin darse cuenta. Era jueves, por lo que Rose y Albus tendrían entrenamiento de Quidditch ese día.
La sala común estaba ahora más llena de estudiantes desocupados y el hacer sus deberes era más difícil, cuando una chica de apariencia delicada con grandes ojos avellana y una cabellera larga y pelirroja se les acercó despacio. Les observó a los tres con atención un momento pero reparó un segundo más de lo necesario en Ralph Summerby, ese extraño amigo de su hermano.
En aquel momento él alzó su rostro y le miró directamente. Lily se le quedó mirando sin ninguna expresión en particular, su piel era muy blanca y contrastaba de manera escandalosa con su cabello negro que en aquel momento llevaba peinado de cualquier manera, pero lo que más le llamó la atención en aquel momento fueron sus ojos, tan azules que el cielo del verano debería estar avergonzado por su color.
—Oh, es la pequeña Potter—comentó él mirándola y esbozando una sonrisa pequeña, a lo que Rose y Marie alzaron sus cabezas para verla. Ella parpadeó un par de veces y meciendo su cabello hacia atrás en un gesto que cualquier chico habría calificado de adorable respondió:
—Sí, claro. Lily está mejor de cualquier forma—giró sus ojos hasta él, que se alzó de hombros y sonrió burlón ignorando, al parecer, toda esa aura de encanto que solía rodear a la chica y contagiar a todos.
—Por supuesto, como quieras, Lily—y sin más se volvió nuevamente hasta su trabajo de Transformaciones.
Ella frunció el ceño ligeramente e hizo un puchero, pero antes que pudiera agregar nada más, Rose habló:
—¿Buscas a Albus? —ella miró a su prima y asintió con la cabeza—. Bueno, debe estar por llegar. Creo que su clase de Adivinación ya terminó.
Los tres chicos de cuarto año se miraron mutuamente y reprimieron una sonrisa cómplice. Lily les miró enarcando una ceja y soltó:
—Y bien, ¿Qué es tan gracioso? —Rose se alzó de hombros y se mordió el labio inferior para no soltar una pequeña carcajada.
—Pues, pasa que nosotros tres coincidimos en que la Profesora Trewlaney es, digamos, como un fraude y que esa clase es algo menos que una pérdida total de tiempo—comenzó ella cerrando su libro de Herbología y mirando a su prima menor.
—Rose ni siquiera se inscribió para la clase, Ralph y yo lo intentamos el curso pasado, pero la abandonamos a comienzos del tercer trimestre—continuó Marie guiñándole un ojo a su amigo que no pudo reprimir una sonrisa, cosa que a Lily le pareció no sólo rara sino también comprometedora.
—Casualmente, nuestra ex profesora, había hecho un comentario a Albus al comienzo de una de las clases—explicó Ralph risueño, aparentemente recordando algún hecho bastante gracioso—. Le dijo que sus amigos le abandonarían cuando más les necesitara. Por coincidencia, Albus pensó que se refería a nosotros, aunque todavía no éramos del todo cercanos y que nos necesitaba porque se acercaba la época de exámenes—él apoyó su barbilla sobre la palma de su mano extendida y cerró su trabajo aun riendo quedamente.
—Desde ese día, Albus y Jerry creen ciegamente en cada palabra que pronuncia la Profesora Trewlaney. Para ellos es una especia de profeta—comentó Marie con sorna mirando a Lily que ponía los ojos en blanco sin entender como su hermano era tan crédulo e inocente para ciertas cosas.
—Entonces, cada jueves, cuando llegan a la sala común luego de su clase, nos cuentan la historia sobre la nueva profecía que, evidentemente no se cumplirá, pero que a ellos les gusta creer que sí—comentó Ralph lanzándole una mirada profunda y azul acompañada de una sonrisa burlona.
Justo en aquel momento, se abrió el agujero del retrato y entró Albus seguido de Jerry, pero el primero tenía una expresión un tanto sombría, que trataba de disimular saludando con algo de entusiasmo a unos chicos de quinto del equipo de Quidditch. Sin embargo, estaba perdiendo lentamente su asombrosa capacidad para engañar y ocultar la verdad sobre sus sentimientos, por lo que antes de que Lily pudiese apuntar algo, Rose le miró preocupada:
—Algo sucedió en esa clase.
—Puedo apostar que la profecía tiene que ver algo con él—dijo Marie haciéndoles señas para que se acercaran. Pero Ralph frunció el ceño y comentó mirándoles:
—No lo creo. Jerry viene muy tranquilo, si la profecía hablara de alguno de ellos estarían en estado de shock, como aquella vez cuando…—se interrumpió de repente, casi como si algo extraño hubiese irrumpido en su línea de pensamiento y luego sonrió de manera fría, sorprendiendo a Lily en el proceso. Su hermano y su amigo acababan de llegar y él actuó como si nunca hubiesen estado hablando de ellos. Una palabra llegó flotando a su mente: Hipócrita.
Albus se acercó para sentarse en un sofá de dos plazas y les saludo de forma casual, pero todos habían notado que su comportamiento podría ser cualquier cosa excepto casual. Jerry se sentó a su lado y empezó la historia de la clase, el tarot y otras tantas tonterías.
Sin embargo, todos fingieron prestar atención, incluida Lily que se interesó de repente por todo aquello. Fue entonces cuando Jerry mencionó de forma casual lo que de alguna u otra forma habría de tensar los hombros de Albus.
—¡Ah, claro! Había olvidado mencionarles… Al comienzo de la clase, cuando Albus aun no había llegado, la profesora Trewlaney interpretó la bola de cristal para Emily McDouall—Ralph notó la expresión indescifrable de Rose y sonrió, cosa que desconcertó a Lily, que sin darse cuenta, parecía no poder quitarle la vista de encima.
—¿Y qué le dijo? —Jerry puso una expresión seria y comentó:
—Dijo: "Lo siento tanto. Te romperá el corazón"
Rose apretó los labios y Ralph sonrió mirándola a ella y la expresión de falsa indiferencia de Albus. Sin embargo Marie, ajena a esto, se rió levemente:
—Vamos, chicos. Somos adolescentes. En algún momento algún estúpido la hará sufrir, no hay que ser una pitonisa para saberlo—Rose abrió mucho los ojos y sonrió levemente agradeciendo la cordura de Marie. Luego asintió junto con Lily que le encontraba lógica a todo aquello también. Jerry simplemente se alzó de hombros sabiendo que discutir con sus amigos acerca del don de Trewlaney era una batalla perdida.
Conversaron un poco más acerca del tema y de las posibles teorías que habían surgido entre los estudiantes de Adivinación acerca de las palabras de la profesora hasta que finalmente, y acercándose la hora de partir a cenar antes del entrenamiento de Quidditch, Ralph le preguntó a Albus, que no había participado mucho en el debate:
—¿Y qué te dijo a ti la profesora? —todos le miraron desconcertados pero Albus le lanzó una mirada llena de tal desdén que de no haber estado entre amigos habría desatado una pelea. Albus se planteó internamente el mentir, pero sabía que con Ralph no tendría escapatoria, de alguna forma que no entendía, él era capaz de descubrir cosas que nadie más podría.
—¿Pero en qué momento? Estuve contigo todo el tiempo…—musitó Jerry confundido y mirando a Albus que volteó el rostro hacia la chimenea, que se había encendido sólo algunos instantes atrás.
Lily detalló el rostro de su hermano con detenimiento y pudo ver el reflejo de las flamas naranjas bailando en sus ojos verdes. Se veía algo aburrido mientras apoyaba su barbilla en la palma de su mano, pero en ese momento supo con certeza que en realidad era algún sentimiento amargo el que le llenaba.
Fue entonces cuando Albus recordó como hacía un rato, había tomado el mazo del tarot con el que habían estado practicando en clase para llevarlo a su profesora mientras todos salían. Ella estaba de espaldas mirando por la cortina semiabierta que cubría la ventana que daba a los jardines de la escuela.
Tan abstraída estaba, que no notó a su estudiante tras ella por lo que dio un respingo que lo hizo trastabillar. Sin quererlo y no más que por puro accidente, dejó caer las cartas, que volando de cualquier modo aterrizaron sobre el piso de piedra junto al escritorio de su profesora. Él se disculpó por aquel desorden pero antes que pudiese agacharse a recogerlas, ella soltó un pequeño grito ahogado y le detuvo.
"Los arcanos te están hablando, Potter". Él no entendió a que se refería hasta que vio que todos los naipes habían caído bocabajo excepto tres. Su profesora le miró con una seriedad que no le había visto nunca antes y habló con voz grave. "El Enamorado. Una decisión que tomar, pero está de cabeza y las cosas no saldrán como esperas". Albus la miró pasmado pero no pudo decir nada antes de que el dedo huesudo de su profesora señalara otra carta. "El Colgado. Doce son los meses del año, doce son los signos del zodíaco y doce fueron los caballeros de la mesa redonda que acompañaron a Merlín. Te espera una iniciación". Cuando pensó que todo aquello no se podría poner peor le mostró en el suelo la última carta, que la hizo sonreír aliviada y mover su mano en el aire como restándole importancia a todo el asunto. "Ah, querido. No te preocupes mucho. La Sacerdotisa. Todo este asunto está mezclado con una fuerza femenina. Llegue a pensar que sería algo más trascendental que un problema con chicas".
Pero aquel comentario no tranquilizó a Albus para nada y le hizo pensar seriamente en el abandonar esa clase.
—¿Y bien? ¿Qué te dijo? —inquirió Rose, lista para bajar a cenar.
—Básicamente me dijo que todo lo que tenía mi vida de pacífica desaparecerá pronto—dijo con hastío levantándose mientras Ralph reprimía una sonrisa y se levantaba para acompañarlo al comedor bajo la mirada de Lily que siguiéndolos de cerca pudo escuchar como el amigo de su hermano le susurraba lo suficientemente bajo como para que sólo él –y ella que estaba husmeando- escucharan:
—Líos de faldas, ¿Eh? —Y al ver la mirada de absoluto terror que se dibujó en el rostro de su hermano otra palabra para describir a Ralph Summerby llegó a su mente reemplazando la anterior: Astuto.
Y si le permitían opinar, demasiado astuto para su gusto.
Sí, lo sé. Soy algo malvada. Pero le tengo varias jugadas preparadas a Albus para el futuro. Y Ralph, bueno, que puedo decir de él además de que es uno de mis personajes favoritos ;D Les he ido dejando varias pistas y si han estado atentas, no les sorprenderá el próximo capítulo.
Saludos,
Londony
