Ambos empezaron a correr por el resto de La Ruta del Día, para volver a salir por donde habían entrado anteriormente. Pero en vano.
Ni rastro de Quercubine. Se había esfumado.
-¡Estúpida niña! ¡No pienso dejar que una mocosa, y menos de los Alba, se escape en mis narices!-rugió Lang.
-… Cálmate, ¿Quieres? Aquí hay gente, y si quieres que no te consideren tan idiota como yo te considero, deja de rugir.
En parte, tenía razón. Por mucho que gritara, Quercubine no iba a aparecer por arte de brujería. Lo mejor era calmarse y pensar fríamente en lo sucedido.
-Está bien, veamos… Tenemos un anillo, el de Migong, y sabemos dónde hay otro, porque lo lleva la princesita de Alba. Faltan dos. ¿Dónde rayos pueden estar? ¡Estoy harto de perder el tiempo en idioteces de estas!
-…¿De verdad lo consideras una idiotez? Y habló el idiota.
Mientras "conversaban" sobre idioteces e idiotas, un hombre joven chocó contra ellos. Iba apresurado.
-¡Oh! ¡Lo siento mucho, culpa mía! ¡Perdón, tengo prisa!
Echó a correr de nuevo. Lang y Shih-na miraron hacia dónde se dirigía. Cerca de allí había un modesto escenario, por donde pasaron antes, y entre bastidores había una muchacha veinteañera y otro hombre. Allí se fue aquel apresurado individuo.
-¡Se ha enterado! ¡Se lo han dicho!-anunció, intentando inútilmente ser discreto.
-¡No puede ser! ¡Qué pena, de esta no se recuperará! ¡Qué golpe tan duro!-comentó el otro chico.
-Tan joven y ya pasando por algo así… Que los ancestros le den mucha suerte en la vida…-deseó la mujer.
-¿…? Eh, ¿De qué va eso?-se preguntó Lang, no hubiendo podido evitar oír aquello.
-…Parecen… Tristes…-opinó Shih-na.
-Bueno, pues… Tendremos que empezar, venga o no pueda venir…-acordó el joven con prisas.
-Estoy de acuerdo. Mejor que nadie se entere, o lo pasará peor…-le aprobó la chica.
-Siempre puede venir más tarde, ¿No?-esperó el miembro restante del trío.
Asintieron entre ellos, y subieron al escenario. Gracias a un equipo amplificador bastante moderno (de lo que cabía esperar de la gente de Zheng Fa), anunciaron que se iba a celebrar algún acto especial, aun siendo ya tarde.
-¿Qué harán ahora?-inquirió Shih-na, con su semblante curioso.
-Vamos a comprobarlo.-propuso Lang.
La gente se apiñó cerca del rudimentario escenario, y aquel grupo que conversaba entre bastidores subió a él, intentando aparentar normalidad.
-Sed bienvenidos todo el mundo, habitantes de Zheng Fa.-saludó la muchacha.
Como si aquello fuera un tratado de paz eterna, la muchedumbre aplaudió.
-Gracias, gracias. Hoy es un día de doble celebración para nuestra amada patria. En primer lugar, porque damos la bienvenida al cálido verano, que ya está con nosotros un año más. Lo más importante en nuestras vidas es el exterior, entre el cual se incluyen las estaciones, por lo que debemos respetarlas tanto como a nuestros ancestros.
Alguno gritó a favor.
-Y por otro lado, también estamos de celebración por un motivo político. Hace unos meses, nuestra República estaba afectada por una tóxica red de contrabando internacional, que alteró nuestra economía engañándonos con billetes falsos, entre otras fechorías indignas. Gracias a la colaboración con Estados Unidos,¡La red ha sido destruida, y nuestros hogares respiran paz de nuevo!
Hubo gritos de "Ya era hora", "Por fin", y aplausos por doquier.
-Y hubo una persona en concreto en el centro de toda la investigación en contra de la red. Alguien nacido aquí, que lideró la batalla contra los criminales. Alguien a quien, por fin, y después de 7 largos años, podemos honrar como se merece. Alguien quien peleó de todas las formas imaginables, e incluso inimaginables, por su familia y por la justicia.
-…Alguien que se cree que algunos criminales son buena gente. Alguien que se jugaría la vida por la maldita verdad. Alguien que es un idiota.-completó Shih-na, mirando a Lang de reojo.
-Hablo del agente Shi-Long Lang, de la Interpol. ¡El terror de los criminales de Zheng Fa y del mundo entero!-anunció el otro chico.
-Huy, mira qué miedito…-se burló Shih-na, pícara, con una mirada llena de sorna.
-Hmpft. Me lo tomaré como un cumplido.-contraatacó Lang, devolviéndole su misma frase para asestarle un "golpe" más potente.
-¡…! Tch.
-¡Adelante, agente Lang! ¡A Zheng Fa le gustaría escuchar unas palabras suyas!-le pidió la única chica del grupo.
-Vale, de acuerdo.-concedió él, con determinación.- Estate atenta a lo que voy a decir, porque esto va para ti, Shi…Ai.
Iba a añadir "Te estaré vigilando", pero después de lo vivido en el segundo ataque de Quercubine, no lo vio necesario.
Al subir al escenario, el gentío alabó a la figura que tanto había dado por su patria, el sucesor de la venerable casa de Lang, que por fin volvía a tener el honor que le pertenecía. El agente lobo empezó su improvisado discurso que, por lo visto, quiso dedicar a Shih-na.
-La batalla ha sido fría y cruel, pero por fin hemos conseguido poner un punto a esta historia. No ha sido fácil, pero la justicia no siempre lo es. Todavía quedan muchos cabos sueltos, y me encargaré personalmente de atarlos todos. No sé qué fue lo que llevó a esos sucios criminales a hacer lo que hicieron. "Ni falta que hace", pensarán. Eso pensaba yo, pero… Algo, mejor dicho, alguien, me hizo cambiar de mentalidad. Si no encontramos ese origen y destruimos los malos pensamientos, estos pueden seguir derivando en malas acciones. Por eso, y aunque la red haya terminado, la justicia aún no, y como Lang Zi diría: "Sin justicia no hay final". ¡Así que conseguiré la justicia para ponerle un final definitivo, aunque me cueste la vida!
Se ganó una ovación de todo el mundo… Incluida Shih-na. No dejó de observarle ni una milésima de segundo, tratando de grabar todas las palabras en su memoria. Al haber aprendido a tener en cuenta sus amenazas… Le aplaudió. Por haberse ganado su respeto.
Su actitud tranquila daba a entender que lo hacía por no ser la oveja negra de toda aquella multitud… Pero Lang sabía que ella era la oveja negra de su familia. Esa razón estaba descartada. Por muy improbable que fuera, el agente lobo planteó la posibilidad de que, verdaderamente, le importase lo que estaba diciendo. ¿Sería esa la primera vez que le importaba él realmente? Había de descubrirlo.
-Xie xie por sus palabras, agente Lang. Ha sido un placer escuchar una vez más la sabiduría de su filosofía familiar.-agradeció uno de los muchachos.
-Je. El placer es mío. Y también lo será cuando se haga justicia, como he dicho.
-Por supuesto. Ahora vamos a conmemorar el momento con un recordatorio de nuestro baile regional, el ao ka li na di. Y nos gustaría mucho que nos hiciera una demostración-concluyó la señorita.
-¿Quién? ¿Yo?
Esto lo sorprendió. Si tenía algún objetivo para esa noche, ese no era precisamente bailar. Empezaron a animarle. Se quedó callado y cortado.
-Aiya… ¿Y ahora qué hago? Me ponen en un compromiso. Además, el ao ka li na di es un baile que se hace por parejas, ¡Y no tengo ninguna!
-¡Baila con tu prima, Lang!-le propuso aquel anterior desconocido de la Interpol con el que se había cruzado, la primera persona a quien había presentado a Shih-na como su prima lejana Ai.
Entonces fue "Ai" quien se sorprendió. Miró a su primo Shi-Long desde el público, desafiante. De ahí, entendió que Shih-na no tenía inconveniente en bailar. "Seguramente pensará que será su última ocasión de bailar", pensó.
-Si mi prima no muestra resistencia…-se mofó él, sonriendo burlonamente.
-Hmpft. Baja aquí y baila con la señorita si eres todo un hombre.-le retó Shih-na/Ai, desafiante.
Todos los demás se pusieron a animarles. Vencido ante un desafío de ese calibre, Lang bajó del escenario y junto con su falsa prima se colocó cerca de allí pisando suelo arenoso. Como no podían perderse aquello, la gente formó un círculo en torno a los dos familiares. Porque para Lang, una manada unida permanece unida, y seguía considerando a Shih-na su familia…. Por mucho que tuviera de su prima lo que tenía de normal.
Se situaron en medio del círculo, observados por centenares de pares de ojos… Para no meter presión.
-Muy bien, enseguida empezaremos con el acompañamiento musical.-indicó la doncella del escenario, mientras que los otros dos habían sacado tres instrumentos: una guitarra clásica, un violonchelo y un dizi, un instrumento más clásico provinente de China.
-Antes de empezar…-farfulló Lang a su subordinada metamorfoseada en su prima.- Deberías saber que la tradición es que esta canción la bailen los matrimonios, es decir, marido y mujer, ¿Lo pillas?
-Sé lo que es un matrimonio, no soy idiota como tú.
-Quiero decirte que, después de reírte de mi comentario, podrías indicar antes de empezar que eres mi prima, para que la gente no se piense lo que no es.-le aconsejó Lang.
-…¿Y mentir a tu patria? Que la gente piense lo que quiera, basta con que tú sepas la verdad, ¿Hm?
-Ya. El problema es que no la sé.
Touché.
(…)
El baile estaba a punto de comenzar. Sin embargo, Lang y Shih-na estaban manteniendo algo parecido a una conversación por lo bajini, en relación a mentir o no a la gente para que no presuponiera cosas.
Después de haberle recriminado que no podía decir la verdad porque no la sabía, Lang calló, resignándose a mirar como Shih-na bajaba la mirada, como avergonzada. Pero aquello no podía ser, ella le había asegurado que no tenía sentimientos.
Claro que todo podría ser otra de sus mentiras.
-¿Están preparados ambos?
-Yo sí.-afirmó Lang.
-…¿Señorita Ai?
Al alzar de nuevo la mirada, Shih-na volvió a cruzarse con el agente idiota. Se topó con sus ojos dorados otra vez. Por primera vez en mucho, se sentía en paz.
-…Estoy lista.-respondió ella.
-De acuerdo, allá vamos.
Una melodía dulcísima, respetada por el silencio de todos los demás presentes, embriagó el aire. La danza ao ka li na di había comenzado.
De memoria, ambos primos ejecutaron cada uno de los suaves pasos del baile. Era de esperar que Lang supiera todos los detalles de su tierra, incluido el baile regional, pero… ¿Por qué ella los sabía? Ya se había encontrado en esa situación.
Ninguno decía nada, se adentraron en la atmósfera ligera y agradable de la música y la danza, cautivando a ambos con la belleza y sencillez de aquella romántica coreografía. Se notaba que había sido creada para dar la bendición a un matrimonio, como bien había explicado Lang, pero con el tiempo, toda la gente empezó a bailarla, ya fuera por boda o no. Asimismo, ellos no eran matrimonio y estaban bailando la canción.
Sin embargo, Lang no pudo pensar en los detalles. Le estaba sucediendo algo muy curioso, que ya había experimentado con anterioridad: físicamente, estaba bailando junto a Calisto Yew, al menos por fuera… Pero él sentía que bailaba con Shih-na, puesto que, por instantes, la melena larga y negra de Calisto se transformaba en el pelo corto y níveo de Shih-na. La pícara mirada de Calisto, rodeada de pecas que la protegían, desaparecía para dar lugar a la luz de dos grandes ojos púrpuras.
En lugar de ver a Calisto Yew, veía a Shih-na, su subordinada, por muy diferente que estuviera. ¿Qué le estaba ocurriendo…? No dejaba de verla por muy cambiada que estuviese. Quizá aquello de que, para él, ella siempre sería Shih-na era verdad.
Llegó el gran final: un sencillo tirabuzón, una elegante vuelta y una poderosa entrelazada de manos. Acabaron mirándose a los ojos, con ambas manos junto a las del otro. Teniendo una sensación difícil de expresar… Una mezcla de nerviosismo y agrado.
Respiraron profundamente. Para indicar que lo habían hecho bien, la gente aplaudió para dar el visto bueno a la ejecución (palabra poco apropiada en el contexto de Shih-na). Y sin embargo, estuvieron en la posición final un buen rato, mirándose el uno al otro, embobados.
Shih-na notaba cada temblor de la mano de Lang al estar tocándose. Y Lang notaba cada temblor de la mano de Shih-na.
Después de un buen rato, deshicieron el entrelazado de las manos y se relajaron después del baile.
-No… No ha estado mal.-admitió Lang, por muy grosero que quisiera ser con ella.
-Supongo… Eh…
-¿…?
-Por el bailecito… Xie xie.
De ahí su mutuo agrado. Una experiencia diferente, que no se repetía muy a menudo. Para decir "de nada", puesto que las palabras, en ese momento, estaban sobrevaloradas, Lang le dedicó una sonrisa disimulada.
Al cruzar de nuevo sus miradas, fue el licántropo quien se vio obligado a bajar un poco la mirada, para meditar para sus adentros y mantenerse zen. Y al hacerlo, se fijó de nuevo en las hermosas manos de Shih-na, tan delicadas como el tacto que conferían.
Al fijarse mejor, sin embargo… Vio algo que no había visto antes… En la mano izquierda… En el dedo anular…
Un anillo de plata, con un diseño de luna.
Se sorprendió. ¿Shih-na tenía uno de los anillos que estaban buscando?
-¡Shih-na! ¡Tienes…!
Paró en seco. A lo mejor no era de los mismos. Ella intuyó la materia de conversación, y jugueteó con sus manos discretamente.
-¿Sí?
-Tienes… Tienes…-murmuró Lang.
Más tarde. La verdad vendría más tarde.
-Tienes las manos frías.
-¿…? Oh. Es posible, sí. Es lo que tiene no llevar esos guantes tan elegantes. Que te hielas los dedos. Pero estoy bien.
-De… De acuerdo. ¿Quieres que vayamos a dar una última vuelta? Ya mismo tienes que volver a la… Tienes que volver.-cortó Lang.
-(…) Está bien, demos la última vuelta. Pero no me lleves de la mano, tengo las manos frías.
Pero Lang Zi decía: "Manos frías…Corazón caliente"
