DISCLAIMER: Ni Bleach, ni la historia de "The Academy", me pertenecen, todos los personajes así como la historia original son propiedad de sus creadores: Emmaline Andrews y Tite Kubo. Yo solo los utilizo sin ánimo de lucro.
Muchas gracias a todas las personas que me dejan review, me disculpo que no actualice durante la semana, pero se los juro que se me olvido xDEstuve teniendo problemas con mi lap y por estar solucionándolas (que aun no acabo e.e) Se me olvido que debía actualizar el fic x3
Pero bueno,, ya estoy aquí con el nuevo capítulo y pues espero que disfruten de la lectura ^^
Nos leemos abajo…
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Capítulo 25
Los exámenes de mitad de periodo se fueron de un tirón. Era la mejor de todas mis clases, y aunque dos veces el chico sentado a mi lado o delante de mí fue elegido para la prueba de ADN, yo nunca lo fui. Fue con un gran suspiro de alivio que empaqué mis escasas pertenencias y seguí a Kurosaki en un avión con destino a Italia.
Era un vuelo no tan largo que el que yo había tomado para llegar a la Academia en primer lugar, pero el vertedor de propulsión del avión en el que iba aseguró que aún tardaba menos de un día para llegar a uno de los países más hermosos de Europa. Miré ansiosamente por la ventana mientras aterrizábamos, queriendo ver la belleza de primera mano.
El relieve presenta cuatro grandes unidades regionales: al norte, un sector continental dominado por los Alpes; al sur un sector peninsular articulado por los Apeninos; entre ambas está la llanura del Po o Padana; y finalmente las islas volcánicas. El sistema alpino extiende por territorio italiano la casi totalidad de su vertiente meridional. Y la combinación hacía que casi todos los lugares que visitaras fueran la playa.
Algunas de las franjas más gruesas de la tierra tenían montañas también, las que conducían directamente hacia el mar. Según Kurosaki, la casa de su familia estaba situada en una de estas.
—¿Has estado alguna vez en la playa antes? —me preguntó mientras desembarcábamos en la ruidosa y abarrotada estación de transporte.
Negué con la cabeza.
—No, pero he leído sobre ella a menudo. Tengo muchas ganas de verla por primera vez.
—Vas a amarla, pero tendremos que encontrarte un traje de baño.
—¿Un traje de baño? —Sentí mi boca repentinamente seca.
—Por supuesto. —Él asintió—. No puedes ir a nadar en tu uniforme, renacuajo.
—Supongo que no —dije con voz débil. Sólo esperaba que el traje que me encontrara para nadar tuviera un montón de cobertura en todos los lugares correctos. Justo estaba abriendo mi boca para preguntar más sobre ello, pero Kurosaki estaba demasiado ocupado llamando un taxi como para llamar su atención.
Una vez dentro del vehículo gris y blanco, nos deslizamos silenciosamente a través de una pequeña ciudad que parecía abastecer a turistas. Había mujeres ligeras de ropa por todas partes—usando menos de lo que las mujeres de Tokio usaban como ropa interior. Aunque estaba segura de que era normal en un lugar como este, no pude evitar sentirme un poco sorprendida por su falta de decoro. Ignorando deliberadamente a los casi desnudos turistas, me concentré más bien en las pintorescas tiendas de colores brillantes. Muchas de ellas cubiertas de una capa suave de heno opaco, que Kurosaki me dijo era un tipo de pasto que se cultivaba en el país.
—Pero… ¿a la gente no les importa tener ese tipo de cosas sobre todas sus tiendas? —pregunté.
Él se encogió de hombros.
—Solía hacerlo. Los primeros pobladores de Italia intentaron de todo para deshacerse de ella. Entonces, cuando la primera gran tormenta se presentó, se dieron cuenta de que los edificios que estaban cubiertos de heno se mantuvieron unidos, un infierno mejor que de los que no tenían. Actúa como una especie de pegamento natural, una capa protectora. Ahora ellos se animan a tener.
—Oh. —Estaba a punto de preguntarle más al respecto, pero el taxi de repente llegó al final de la ciudad y el escenario cambió abruptamente. Las carreteras llanas y arenosas se volvieron colinas continuas y pronto estuvimos subiendo la ladera de una montaña empinada cubierta de árboles con ramas largas y senderos de ramas llenas de flores de color púrpura—. Esto es hermoso —exclamé, mirando por la ventana.
Kurosaki sonrió.
—Suenas igual que mi mamá, ama la belleza natural porque creció en Roma, donde todo está demasiado industrializado. De hecho, cuando mi papá se lo propuso, le dijo que se casaría con él con una condición, que le construyera una casa en Sestri Levante*. —Sonrió—. Y han estado aquí desde entonces.
—Suena como que tus padres son muy cercanos —dije con tristeza, pensando en mi propio y distante padre, y la madre que nunca había conocido.
Kurosaki asintió.
—Sí. Es algo bueno también. No creo que pudieran haber sobrevivido a lo que… le pasó a Hanatarō de otra manera.
—Lo siento —susurré, sin saber qué más decir.
Kurosaki negó con la cabeza.
—No importa. Sólo espera a que veas la casa, mi mamá la diseñó ella misma. Bueno, le dijo a papá lo que quería y él la diseñó, de todos modos.
—¿Oh? —Lo miré con sorpresa—. Siempre pensé que tu padre estaba en el Cuerpo Especial, como el mío.
—Lo estaba, pero obtuvo un descargo después de que Hanatarō nació. Es un maestro de la arquitectura.
Estaba a punto de preguntar más sobre qué hacía un maestro de arquitectura, pero el taxi subió una última colina empinada y se detuvo enfrente de la más extraña y hermosa casa que alguna vez había visto. Parecía estar construida justo en la ladera de la montaña con ventanas redondas y vidrios multicolores, y con una escalera de caracol conduciendo a la amplia puerta principal hecha de algún tipo de madera. También noté una rampa al lado de la casa que conducía a una puerta lateral. Me preguntaba si se había añadido después para permitir un acceso más fácil al hermano menor de Kurosaki.
Tuve la vaga idea proveniente de Kurosaki, de que él había tenido algún tipo de condición mental débil, ¿pero de qué exactamente había muerto?
—¿Bueno? —preguntó Kurosaki—. ¿Qué te parece?
—Es magnífica —suspiré, siendo realmente sincera—. Puedo ver por qué la adoras. Tu madre y padre deben ser muy talentosos.
—Lo descubrirás cuando los conozcas. Les dije todo acerca de ti, los llamé mientras estabas recibiendo tu boleto en la estación. —Kurosaki me sonrió—. De hecho, salgamos del taxi, aquí vienen ya mismo.
Mientras él hablaba, dos personas altas y bien vestidas —un hombre y una mujer— salieron por la puerta principal y bajaron la escalera de caracol para saludarnos. Salimos rápidamente del taxi y Kurosaki deslizó su dinero al conductor para pagarlo. Zumbó sin hacer ruido justo cuando sus padres llegaron hasta nosotros.
—¡Ichigo! —La mujer, que tenía el cabello castaño casi naranja justo como el de Kurosaki, extendió los brazos. Kurosaki la abrazó afectuosamente. Cuando él se retiró, había lágrimas en los ojos de ambos.
—Hola, mamá —murmuró y lo vi secarse los ojos a toda prisa con la manga.
—Es tan bueno tenerte en casa a salvo para el Descanso. —Le sonrió, pero podía ver algo roto en su afectuosa expresión. Obviamente iba a ser duro para ella, tener a Kurosaki en casa sin su otro hijo para completar la familia. Me preguntaba con inquietud si debería haber permitido que Kurosaki me convenciera de venir después de todo.
Entonces el padre de Kurosaki se apoderó de su hijo por el hombro y tiró de él en un abrazo de oso.
—Qué bueno tenerte de regreso, Ichigo —dijo con voz ronca, cuando liberó por fin a Kurosaki—. Te hemos extrañado.
—Yo también los extrañé, papá. —Sonrió Kurosaki y pensé que hasta ese momento ni siquiera había sabido su nombre de pila. Ichigo. Era lindo, le iba bien.
Aunque para mí, siempre sería Kurosaki.
—Ahora bien, no olvidemos que tenemos un invitado. —La madre de Kurosaki tendió una mano para que la agitara, lo que hice torpemente—. Ruki, ¿no? — preguntó y yo asentí.
—Muchas gracias por invitarme a su encantadora casa, Sra. Kurosaki —dije formalmente, justo como haría durante una tarde de té en Tokio.
—¡Oh Dios, esos modales! —Ella se rió—. Tal vez puedas enseñarle a mi hijo un par de cosas.
—De lo que me dice Kurosaki, él ya lo hace. —El padre de Kurosaki volvió sus penetrantes ojos negros nada comparados con los de Kurosaki en mi dirección—. Gracias por instruir a Ichigo en Navegación. Dice que habría pasado un tiempo difícil sin ti.
—Oh, no. No realmente… —Podía sentir mis mejillas calentarse y luego me preocupó que no fuera una reacción varonil. Kurosaki ya se había acostumbrado a mí, acostumbrado a pensar en mí como un hombre. Pero, ¿sus padres verían a través de mi disfraz? Levanté la barbilla e intenté profundizar mi voz—. Quiero decir, él lo hace muy bien por su cuenta.
—Bueno, eso no es lo que él dice. —El padre de Kurosaki me dio una palmada en la espalda—. Estamos muy agradecidos.
—Y muy alegres de darte la bienvenida a nuestra casa. —La madre de Kurosaki hizo un gesto hacia la casa—. Anda, vamos a instalarte.
Subimos las escaleras en fila y entramos por la amplia puerta de madera. En el interior era muy encantador. Todo el mobiliario parecía estar hecho de madera también, pero los exteriores armazones nudosos del sofá y las sillas estaban suavizados por grandes y lujosas almohadas en una variedad de colores. La madre de Kurosaki parecía tener un gusto por las antigüedades—jarrones y figuras estaban esparcidos alrededor, en un estilo genuino y sencillo que se añadía a la cálida sensación de la casa.
—Todo esto es tan hermoso —murmuré mientras Kurosaki, su madre, y yo subíamos otra escalera de caracol, la cual nos condujo al segundo piso—. Nunca he visto una casa tan extraordinaria.
—Bueno, gracias, Ruki. —La madre de Kurosaki me sonrió de alegría—. Amo la decoración aunque mis hijos me dicen que me voy por la borda algunas veces.
Hanatarō siempre dice… —Se detuvo abruptamente y se aclaró la garganta—. Lo siento. Hanatarō es… era mi hijo menor. Estoy segura… de que Ichigo te ha hablado de él.
—Un poco —dije con cautela. Cuando llegamos a lo alto de las escaleras, me volví para mirarla—. Yo, um, me siento muy apenado por su pérdida.
—Gracias, cariño. —Me dio esa cálida pero rota sonrisa de nuevo—. Y espero no hacerte sentir incómodo. Aún estamos aprendiendo a vivir sin él. Esto… no ha sido fácil.
—Entiendo —le dije—. Es decir, nunca he perdido a nadie excepto a mi madre y eso fue cuando nací. Pero puedo imaginarlo… —Me interrumpí, sintiéndome estúpida, pero la madre de Kurosaki me sonrió de nuevo y puso una mano sobre mi hombro.
—Eres un chico muy dulce. Puedo ver por qué le agradas tanto a Ichigo.
—¡Mamá! —Las mejillas de Kurosaki se pusieron rojas de la vergüenza, pero me encontré a mí misma sonriendo a su madre, agradándome mucho. Ella era exactamente lo que hubiera deseado para una madre si pudiera haber tenido una.
—Ahora, espero que no te importe, pero vas a compartir la habitación de Ichigo —continuó, guiándonos por el estrecho pasillo y abriendo otra puerta de madera. Adentro estaba una habitación enorme, mucho más larga que ancha. Un extremo de la habitación estaba dominado por una gran cama doble y el otro contenía un escritorio, una computadora y un equipo de videojuegos.
Había algo más en el escritorio también—otra foto digital de Kurosaki y su hermano menor. Pensé que esta debió haber sido tomada más tarde, quizás cerca del final. Los ojos de Hanatarō estaban hundidos y vacíos, y su cuerpo obviamente mucho más torcido y deformado que en la foto digital que Kurosaki mantenía en la escuela. Sin embargo, había una radiante sonrisa en el rostro de Hanatarō que parecía iluminar toda la habitación. En la imagen, Kurosaki estaba mirando a su hermano menor con el mismo protector y feroz amor que yo sentía por mi querido Rukichi. Se me hizo un nudo en la garganta sólo al verlo.
—…compartirán una cama —dijo la Sra. Kurosaki.
—¿Disculpe? —La miré con incertidumbre, notando que debí haberme perdido lo que estaba diciendo.
—Dije que tú e Ichigo tendrán que compartir su cama, pero es bastante grande. No será un problema, ¿verdad? ¿Puesto que ustedes dos son compañeros de cuarto? —Me miró expectante, obviamente esperando que permitiera todo el asunto de buena manera para que ella pudiera seguir adelante. Abrí la boca para hacer precisamente eso, pero de alguna manera las palabras no salían, mi educación se erigió para sofocarme.
—Espero que estés siendo decente —me había dicho Rukichi y yo le había asegurado que lo era. Pero ahora, compartiría una cama con un hombre que ni siquiera era mi prometido, y mucho menos mi esposo. Lo que era casi impensable.
—¿Kuchiki? ¿Estás bien? —La pregunta preocupada de Kurosaki me sacó de mi parálisis por la culpa.
—Yo, uh, sí. Muy bien. —Me aclaré la garganta—. Lo siento. Es que… de dónde vengo no lo hacemos…
La madre de Kurosaki negó con la cabeza en una obvia confusión.
—¿No hacen qué, cariño?
—Él es de Japón, mamá —explicó Kurosaki—. Tienen todo un conjunto de reglas diferentes allí.
—¡Oh, cariño! —Ella puso una mano en su mejilla—. No lo pensé… Lo siento mucho Ruki, pero la única habitación libre es la de Hanatarō y yo no he… — Parpadeó rápidamente, como si tratara de contener las lágrimas—. No he sido capaz de entrar ahí… para limpiarla todavía.
—Está bien, mamá —dijo rápidamente Kurosaki—. Puedo dormir en el suelo.
—No, no lo harás —dije a la vez—. Está bien, Sra. Kurosaki, honestamente. Lo siento mucho si la molesté, fui capturado con la guardia baja, eso es todo. Pero no me importa… siempre que Kurosaki no se acapare todos los cobertores — finalicé, tratando de sonreír.
La Sra. Kurosaki devolvió la sonrisa amablemente ante mi débil broma.
—Bueno entonces, si estás realmente seguro de que no te importa…
—No, en absoluto —le aseguré apresuradamente.
—Estaremos bien, mamá —se interpuso Kurosaki—. Vamos, Kuchiki. —Atravesó el dormitorio y dejó caer su bolsa de lona en la cama. Lo seguí un poco vacilante y puse mi bolsa más pequeña al lado de la suya.
—Bueno, entonces… —Nos sonrió a ambos la madre de Kurosaki—. La cena será en aproximadamente media ahora. E hice tu platillo favorito Ichigo, Mentaiko Karashi.
Me volví hacia él mientras ella se iba.
—¿Qué es un Mentaiko?
Se encogió de hombros.
— Es un tipo de salazón elaborado con huevas de bacalao, sal, guindilla y otros ingredientes. Su sabor es salado y bastante picante. Creo que la mejor forma de tomarlas es con arroz cocido y pero también se puede combinar con otros sabores como con los espaguetis con la salsa de nata, por lo que venden mayonesa.
—Eso suena deliciosoaparentemente —dije, colocándome cuidadosamente a un lado de la cama.
Kurosaki se sentó en el otro lado de la cama, transversalmente a mí.
—¿Estás seguro de que estás bien con esto? Lo siento, no pensé que te molestaría tanto.
—No lo hace —dije rápidamente—. Sólo fue… inesperado. Pero estaré bien.
—Si tú lo dices. —Me dio una penetrante mirada y luego la desvió—. Bueno, será mejor que nos preparemos para la cena. Y podría haber tiempo para nadar un poco en el océano después, si quieres.
—No sé cómo nadar —confesé.
—¿No sabes cómo nadar? —Kurosaki me miró como si fuera impensable—. ¿Esa es otra cosa de Tokio o simplemente nunca aprendiste?
Me encogí de hombros incómodamente.
—Un poco de ambos, supongo. —Honestamente, era porque una verdadera dama en Tokio nunca usaría nada tan escaso como un traje de baño, aunque algunas que se cubrían desde el cuello hasta los tobillos eran consideradas demasiado oportunas para ser apropiado y si lo pensaba bien, eso de cubrirse por completo me parecía tonto. Pero no podía decirle eso a Kurosaki.
—Bueno, no te preocupes. —Me dio una palmada en la espalda—. Te enseñaré.
—¿Qué? —Lo miré con temor—. No lo sé, Kurosaki. No estoy seguro de que quiera aprender.
Él arqueó una ceja hacia mí.
—No me digas que el valiente campeón de esgrima quien desafió a Jaegerjaquez a un duelo, ¿está asustado por un poco de agua?
En realidad, estaba más asustada de lo que el agua podría revelar, pero me limité a negar con la cabeza.
—Es sólo que… no estoy seguro.
—No te preocupes por eso, las olas de aquí son realmente suaves, siempre que vayas en el momento adecuado del día. —Bajó la voz un poco y me miró a los ojos—. Y juro que te mantendré a salvo.
Mi corazón dio un vuelco y no pude protestar más. Aunque sabía que sólo estaba siendo un buen amigo, se sentía como si hubiera una especie de electricidad entre nosotros cuando me miraba de esa manera. Estás imaginándotelo, me dije a mí misma con severidad. Deja de pensar de esa manera… ¡sólo empeoras las cosas!
—¿Bueno? —dijo suavemente Kurosaki y me di cuenta de que esperaba por mi respuesta.
En silencio, asentí.
—Bien. —Kurosaki apretó mi hombro—. Vas a amarlo. Lo prometo.
No estaba tan segura de eso, pero parecía haber perdido mi habilidad para decirle que no a él. Esperaba poder recuperarla pronto, por mi propia seguridad, así como por la de mi lejano hermano.
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Bueno, por fin llegaron las tan esperadas vacaciones, ya se darán cuenta en estas si su lazo se fortalece o no ^^
Por otro lado no tienen idea de cómo me costó adaptar este capítulo, ya que hablada de algunas cosas que nada que ver con nuestro mundo y tuve que adaptarlas a algunas cosas como las cabañas con techos de paja que usualmente se encuentran en las playas, además de decidirme por una de las playas de Italia, porque como se darán cuenta, los Kurosakis viven cerca de una ^^ Además de la comida favorita de Ichigo que ya lo explique arriba ^^
Solo para aclarar:
Sestri Levante:
Es una comuna de 18.637 habitantes de la provincia de Génova. La comuna está situada en la Riviera del Levante y es una de las últimas localidades situadas en las costas meridionales del Golfo de Tigullio. Istmo de la Bahía del Silenzio, con Lavagna al fondo. Surge sobre el plano aluvional del río Gromolo a un costado del promontorio rocoso que los habitantes llaman simplemente la "isla", que se proyecta sobre el mar y que está unido a la tierra firme por un pequeño istmo, que divide la encantadora "Bahía de las Fábulas", donde está el puerto turístico y cuyo nombre se atribuye al escritor Hans Christian Andersen, que pernoctó aquí el año 1835, de la también sugerente "Bahía del Silencio".
Bueno, un poco de información, ya saben que no está de más xD Me costó un poco por decidirme que playa elegir para la adaptación y que sea un poco similar a la del libro, no me decidía por cual porque ninguna se me llamaba la atención xD
Bueno, espero que les haya gustado el capitulo y nos leemos al siguiente, hare lo posible para que no se me olvide la próxima vez x3 Jane!
