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Cap.25 Origenes 3a parte.

Se fue mi hermano y yo salí de mi escondite y toqué el timbre, una Rosalie satisfecha me abrió la puerta y no hubo mayor reacción.

—¿Qué haces aquí?— me inquirió con voz seca.

—Vi a mi hermano salir de tu casa.—pensé que lo negaría, que diría que no era cierto.

—¿Y?—eso me partió el corazón.

—¿Y? ¡eres mi mujer! Y te acuestas con mi hermano… —me estaba enfureciendo su desfachatez.

Una bofetada hizo que me ardiera la mejilla derecha.

—No soy tu mujer Edward, yo me acuesto con quien quiera y cuando quiera.

—Tú eres mía. Yo quiero casarme contigo, Rose… —mi voz se iba apagando poco a poco.

—No soy tuya Edward, y francamente casarme ¡tú debes estar loco! No me casaría contigo a menos que fueras millonario. ¿Y sabes qué? Eres bueno en la cama, pero yo te he enseñado todo. Pero se acabó.—eso no. No podía ser cierto. Ella no podía dejarme, no podía.

—No estas hablando en serio ¿verdad?—ella me miró con sarcasmo.

—claro que si "niño" así que esfúmate.—en que momento pasé del amante engañado furioso, al pobre diablo que rogaba por ella. Nunca lo supe, sólo sé que lloraba y me aferraba a ella. Ella era mi mundo, era mi todo. Yo había cambiado por ella, sólo por ella sin Rose, la vida no valía nada. Por eso cuando me condicionó para seguir como amante. clandestino sometido totalmente a sus deseos, no pude negarme.

Fue así como mi inocencia y amor se destruyeron, no, para ser más precisos fue Rosalie la que acabó destruyéndome por completo. Cuando ella me llamaba todo podía suceder, desde que solo le hiciera sexo oral, y luego me corriera, hasta tener que complacer a sus amigas y a ella. Sí, fue una parte oscura en mi vida. Ni que decir de mis padres, me fui a la universidad, pero la buscaba a ella. Mi hermano me golpeó cuando supo que yo era amante de Rose. Desde ese momento no volvió a dirigirme la palabra.

Mi amor por Rose se había transformado y retorcido horriblemente, al punto en que disfrutaba ya, cuando llevaba amigas. No me importaba si fueran amigas, conocidas ó solo apuestas. Mi necesidad de sexo era mayor. Mi necesidad de su aprobación era todo. Llegué por ella a las bajezas más increíbles. Siempre supe que no me amo, y sin embargo no me importaba, lo que yo quería era tenerla conmigo aunque fueran unos minutos, y si para eso tenia que rebajarme y humillarme, lo hacía sin chistar. Ella era algo enfermizo en mi vida, algo de lo que no me daba cuenta. Lo que puso punto final para ese amor corrompido fue que ella se comprometió con mi hermano, ella demostraba "preferencia" por él, no verdadero amor, y eso me enervó más.

En ese momento juré que nadie más iba a jugar conmigo, que no me enamoraría más, y que de ahora en adelante, sería siempre yo quien tuviera el control de todo. Me fui lejos de todos, dejé la universidad y finalmente estaba solo, lejos de mi familia con la que estaba en muy malos términos, sin dinero y sin un lugar dónde quedarme.

Mi hermana Alice, bendita sea, me envió dinero, nunca supe cómo es que lo sabía, parecía psíquica y gracias a su préstamo pude alquilar un departamento modesto. No sabía bien que más hacer, ya que la carrera la abandoné cuando me faltaban dos semestres para terminar, no tenía ánimos de nada, no quería saber del mundo exterior, pero el dinero se agotaba y rápidamente. Esa ocasión, salí a caminar, me encontraba en la Gran Manzana. Y caminé sin rumbo fijo, finalmente, mis pasos me llevaron al frente de un lujoso restaurante y me senté en una banca, simplemente a observar el crepúsculo.

Las chicas me veían y sonreían coquetas, esperando que las abordara y que hiciera el intento de conquistarlas. Me divertían sus pensamientos. Hasta que de un enorme y lujoso carro del año se estacionó frente a mí. Salió una mujer de unos cuarenta años, morena muy guapa, y vestida con lo mejor de la temporada. Las valiosas alhajas brillaban con los últimos destellos del sol.

Caminó con elegancia hacia mí y se sentó. No desperdició el tiempo. Leí en su mente lo que quería y me quedé sorprendido.

—No suelo hacer esto y menos en la calle, pero eres un buen espécimen. Dime cariño ¿Cuánto por toda la noche?—Yo sonreí. Había visto la cantidad que ella quería pagar y me pareció exorbitante, y era justo lo que necesitaba. Si ella quería atención y sexo, lo tendría.

—Tú sabes bien lo que cuesta preciosa.—Mis inhibiciones las había perdido hace mucho, asi que no me hice del rogar, que me pagaran por hacer algo que me encantaba no tenía precio.

—De acuerdo. ¿Aceptas cheques o efectivo?—me miró mientras su vista me recorría por completo, llevaba yo puesto un pantalón de mezclilla casual, con una camisa blanca y una chamarra de piel negra. Le encantó lo que vio.

—Esta vez en efectivo. Después cheque.—Le dije muy confiado y pagado de mi mismo.

—¿Tan seguro estás de que requeriré tus servicios de nuevo?—claro que lo estaba, era una mujer insatisfecha que le gustaba el sexo especial. Le gustaba rudo. Y yo no estaba precisamente para ser tierno. Por lo que sería perfecto para ambos.

—Si no lo es, la siguiente es gratis. Y mi nombre es Edward, cariño—le sonreí y ella asintió feliz. Subimos a su auto y le dijo al chofer la dirección. Llegamos a unos lujosos departamentos al otro lado de la ciudad, en un barrio selecto.

Sin mostrar sorpresa de nada, cómo si siempre hubiera vivido en ese estatus, la mujer me vio desenvolverme con gracia y le gustó. Poco después de unas copas, mostró su urgencia.

—El dinero primero, cariño.—su sonrisa por un segundo se congeló pero volvió a tomar su pose.

—Espera un poco… —se levantó y salió de la sala, desapareciendo por unos minutos tras otra puerta, regresó con un fajo enorme de billetes y los dejó en la mesita de noche.

—Son tuyos si de verdad me complaces…—la sonrisa de la mujer dio paso a que empezara a desvestirse, pero pude leer en su mente, que anhelaba que yo le rompiera la ropa, que la tomara rudamente, que todo fuera duro. Y así sería, para esos momentos yo estaba completamente dispuesto para una sesión de sexo rudo. Me levanté y la tomé del cabello mientras ella sorprendida me miró, luego de un beso casi salvaje, mis caricias fueron fuertes, le mordí el cuello mientras ella gemía de gusto.

Cuando arranqué su blusa, supe que ella era mi esclava. La tomé salvajemente, una y otra vez, mientras descargaba en ella mi ira y frustración por lo de Rosalie, ella ahogaba gemidos de placer y gritos al llegar a los orgasmos. Finalmente era de madrugada cuando por fin el cansancio nos venció.

A la mañana siguiente, tenía el desayuno servido cuando me desperté, la mujer me miraba arrobada.

—Vales tu peso en oro Edward Mi nombre es Samantha Gibbs.—me dio el fajo de billetes más una generosísima propina. Me dio su tarjeta. Era una mujer poderosa, su ramo: la joyería.

—Quiero otra cita la próxima semana.—La miré encantado.

—Por supuesto, te llamaré.—le pedí permiso para utilizar su baño, y al entrar el esplendor de este, me mostró por fin lo que yo quería. Cuando salí de ducharme, ella hablaba por teléfono con otra amiga, al salir, ella terminó la llamada.

—Espero no te moleste Edward, te estoy recomendando con otra amiga.—Le miré agradecido.

—En absoluto cariño. Para eso estoy, nos vemos la próxima semana. Pero antes de que saliera me dio el teléfono de su amiga. Al día siguiente la fui a ver, con el dinero que me pagó Samantha me fui de compras, no volvería a llevar esas ropas. Me fui a las mejores tiendas, la ropa, el calzado, los perfumes, todo era de lo mejor.

La siguiente "clienta" resultó ser una mujer más joven que Sam, de cabello rubio claro, no me importaba quien fuera, solo que pagara, pero debo admitir que también era hermosa. Al final mi paga estaba sobre la mesa y una tarjeta al igual que la propina. Esto era el paraíso.

Con ese dinero, me fui a buscar un buen Pent house, viviría con comodidades, además de ser una excelente carta de recomendación para mis futuras "clientas". Me volví selectivo, a los pocos meses, ya tenía una cuenta bastante abultada en el banco, coche del año, y lo mejor de lo mejor en mi departamento, además ya tenía otro departamento.

Samantha por lo regular, me regalaba alguna joya después de nuestras "citas", era generosa, pero no más que yo. Siempre la dejaba exhausta y con una sonrisa de satisfacción en su rostro. Mi lista de clientes se expandía cada vez mas. Viajé a Europa como regalo por parte de mis mejores "clientas" y me acostumbré a esa vida de lujos tan rápido que parecía que había nacido en cuna de oro.


ya saben dejen comentarios por favor que eso me hace feliz y no les quita mucho tiempo. Y a mi me motiva a seguir escribiendo. Yo aunque veo que muchas me agregan o ponen como historia favorita, porfis, no les cuesta nada dejar un comentario, sólo eso pido a cambio de mi trabajo, y creo que si lo añaden es porque les gustó. Ojala y se animen que nada les pasará.

Recuerden que TODAS MIS HISTORIAS ESTAN REGISTRADAS, evítense problemas aquellos que quieran plagiar. Sólo se meterían en grandes problemas. No vale la pena, mejor escriban sus ideas y verán que es mucho mejor sus propias ideas, que problemas ajenos.

Mil gracias a:Monica Morales, Caresme hermosa, mil gracias por comentar hermosas.

Vayan a Youtube y búsquenme como campanita0088. Ahí encontraran mis videos.