Capítulo 26: "Futuro"


A pesar de que nos habíamos enamorado de Los Ángeles, tuvimos que regresar a casa en Lima, para finalizar nuestro último mes de clases. Ya habíamos tenido inconvenientes por las calificaciones, y ahora llevamos dos semanas ausentes, por lo que no teníamos opción.

Los días pasaban en un ajetreo constante, entre prepararnos para los exámenes finales y aprender las canciones para la competencia nacional de coros.

La competición se llevó a cabo en la fabulosa ciudad de Nueva York, dejándonos la piel en nuestra presentación, donde al salir a cantar, nos percatamos que algunas chicas y chicos también, nos reconocían de nuestro reciente video musical, el cual no dejaba de sonar por todos lados.

- Y el primer lugar, en la competencia nacional de coros, es para… - no podía respirar, ni mucho menos emitir un sonido. Mis manos sudaban, entrelazadas con las de Blaine, esperando por el resultado - ¡Nuevas Direcciones, de la preparatoria William McKinley, de Lima, Ohio! – el confeti voló por los aires y llenó el espacio sobre nuestras cabezas. La multitud prorrumpió en aplausos y vítores, mientras el señor Schue recibía el gran trofeo y lo alzaba, en medio de nuestros gritos de celebración.

En efecto… habíamos ganado las nacionales.

Todo parecía un sueño, estábamos en el N°1 de la lista de Billboard y también en las descargas de iTunes. Las visitas en YouTube eran exuberantes, al igual que los comentarios. Con tan sólo una canción, habíamos logrado romper bastantes esquemas, y nuestro productor, el señor Phillips insistía en que era la química que teníamos como pareja, y el hecho de que estuviéramos orgullosos de ser una pareja abiertamente gay.

- El señor Schue dice que viajaremos mañana por la tarde… Y que podíamos disfrutar de la ciudad hasta entonces – Blaine se acercó a mí, en busca de un beso que no le negué.

- ¿Qué propones? – pregunté, entre caricias y suspiros.

- Colapsar la memoria de mi celular, tomándonos todas las fotografías que podamos, en lugares icónicos – rió, rozando su nariz con la mía.

- Suena como un plan – asentí con la cabeza - ¿Sabes lo que más me gusta de Nueva York? – consulté, mientras andábamos hacia el elevador – Que puedo andar contigo de la mano sin que la gente nos mire como fenómenos.

- Kurt, nos besamos en nuestro video, el cual está en internet… - me miró divertido – Tomarnos de la mano no es nada en comparación.

- Cierto, a veces lo olvido – negué con la cabeza, riendo.

Nos sentamos en un Starbucks, cansados de recorrer en tiempo record todos los lugares turísticos. Unas tímidas chicas se acercaron a nuestra mesa, con los ojos brillando de ¿emoción, tal vez? Vi en sus manos unas pequeñas libretas y casi solté una risa histérica al comprender de qué iba todo esto. Le dio un pequeño puntapié al tobillo de mi novio, para que se percatara.

- Disculpen, es que con mi amiga estábamos preguntándonos si… - las chicas compartieron una mirada nerviosa – ¿Ustedes son Kurt y Blaine?

- Sí, claro – confirmó mi moreno y se puso en pie para saludarlas, ellas casi se desmallaron con el gesto. Para n ser menos, también las abracé.

- ¿Podrían…? – aproximó su libreta con manos temblorosas y yo la recibí. Por un segundo me pregunté qué demonios se supone que debía escribir, pero atiné a preguntarle el nombre a la chica, a eso añadí "Con amor Kurt". Supuse que para la emoción que evidenciaba ella, eso sería suficiente. Le entregué la libreta y Blaine añadió su nombre abajo del mío y garabateó un par de corazones también - ¡Oh, muchas gracias! – exclamó al borde de las lágrimas - ¡Son geniales!

En clases, éramos pioneros también, obteniendo calificaciones más que altas, con lo que nuestros padres estaban realmente complacidos.

Quedaban un par de días para el baile y dos semanas para graduarnos, por lo que esta victoria, nos venía como un descanso bien merecido, después de haber trabajado tan arduamente.

- Chicas, realmente me alaga que me pidieran acompañarlas a la compra del vestido, pero… ¿tienen que tardarse tanto? – me quejé, sentado junto a Tina, a la espera de que Mercedes saliera del probador.

- Sería más rápido si me ayudaran a subir esta estúpida cremallera – refutó mi amiga desde el interior.

- Yo te ayudo – Tina se puso de pie y desapareció tras la cortina.

- ¿Qué opinas, Hummel? – preguntó Santana, saliendo del cubículo de al lado – No es que tu opinión me importe, pero quiero oír que tienes para decirme – la chica traía puesto un ajustado vestido rojo, que marcaba su delgada silueta, resaltándola en los lugares precisos.

- Aunque no lo creas, ese vestido parece echo para ti – declaré con una media sonrisa – Sólo te falta el tridente para irte volando al infierno – bromeé, y Santana me lanzó una mirada cargada de odio, pero acabó riendo de todos modos.

- Eso me basta para quedármelo – murmuró, regresando al probador.

- ¡Vamos, Mercedes! – bufé – No tengo toda la vida.

- De acuerdo, aquí voy – musitó con voz cantarina.

El vaporoso vestido púrpura que cubría el cuerpo de Mercedes, era increíble. La imagen de ella, con un peinado recogido y un hermoso ramillete de muñeca, hizo que el atuendo fuera simplemente ideal.

- Woah… - murmuré – Mercedes… Nadie podría lucir ese vestido más que tú… Es perfecto.

- ¿Tú crees? – dudó ella, volteándose un poco, frente al espejo – ¿No es demasiado?

- Para nada, es exacto lo que necesitas – confirmé, aplaudiendo, lo que la hizo reír.

- Entonces, este será – caminó de regreso al probador y yo me puse de pie.

- ¿Quién falta? ¿Quinn, a qué horas piensas dejarte ver? – vociferé, recibiendo un "Ya voy" en respuesta - ¿Creen que yo no debo buscar mi propio atuendo? Eso me tomará horas… Y horas que estoy gastando con ustedes… ¡Dense prisa! ¡Tú también, Rach!

Las risas de las chicas dentro de los cubículos, me contagiaron a mí. Este baile sería genial.

Acomodé mi corbatín por quinta vez, frente al espejo. Estaba extrañamente nervioso con todo este asunto del baile de graduación, y no dejaba de sudar. Era incómodo y poco estético, pero no había manera de evitarlo, por lo que pasaba una toallita húmeda por mi frente cada vez que lo consideraba necesario.

- ¡Kurt! ¡Baja ya! – oí la potente voz de mi padre desde la primera planta - ¡Blaine terminará yéndose solo! – bromeó.

- Okay – susurré sólo para mí – No es como si fuera el día de tu boda, Kurt – tomé varias inhalaciones, buscando tranquilizarme – Debes estar increíble, y no puedes hiperventilar… Tú puedes hacerlo… ¡Vamos! – me animé y salí de mi cuarto, conservando aquellas palabras en mi cabeza, como un mantra.

No se me hizo más fácil respirar, mientras bajaba las escaleras; sin embargo, ver la expresión deslumbrada en el sonriente rostro de Blaine, me ayudó bastante a desplazar las dudas con respecto a lucir mal.

Lo vi morder su labio inferior y pasar saliva, haciendo bailar su "manzana de Adán" al hacerlo.

- ¡Dios, mío! Kurt, te ves radiante – declaró Alice, alzando su cámara, y tomando una fotografía al instante. Me forcé en sonreír, mientras el flash me dejaba ciego.

- Estoy de acuerdo, estás muy apuesto hijo – dijo mi padre, con una orgullosa sonrisa - ¿No crees, Blaine? – le palmeó la espalda, en el momento justo en el que llegué al final de las escaleras.

Blaine seguía mirándome con fascinación, con una enorme sonrisa, asintiendo a lo que mi padre decía.

- Diviértanse en su baile – comentó Alice, antes de jalar a mi padre hacia la sala, dándonos intimidad.

- Eres el chico más hermoso que he visto en mi vida – soltó mi novio, en cuanto quedamos a solas.

- Tú también… - no pude acabar la frase, pues Blaine me cogió de la mano, jalándome hacia su cuerpo, en tanto que su boca se apoderaba de la mía.

Su lengua recorrió mi labio inferior, encontrándose luego con la mía, uniéndose en una danza armoniosa entre nuestras bocas.

Todo McKinley se encontraba brincando y bailando con la música que resonaba por el lugar. Blaine y yo pretendíamos movernos también, aunque él no dejaba que me alejara de su cuerpo. Esta noche se encontraba particularmente meloso, al menos, más que de costumbre.

Nuestros amigos estaban alrededor, con el afán de permanecer relativamente juntos en uno de los eventos más importantes de este último año escolar.

Pasado un rato, el director Figgins subió al escenario. La música se detuvo y tuvimos que voltear a ver. Golpeó repetidas veces el micrófono para asegurarse de que estuviera encendido, para luego dirigirse a todo el instituto.

- Queridos estudiantes – comenzó a decir con su acento marcado – Como es costumbre, nombraremos al rey y la reina del baile. Los nominados, por favor… Suban al escenario.

Aunque a ambos nos sorprendió, hace un par de días, Blaine y yo habíamos sido seleccionados como candidatos de rey y reina… Y sí, yo me encontraba en la categoría de las reinas, junto con Quinn, Santana y Brittany, además de otras chicas que no conocía.

Anduvimos hacia el frente y nos separamos al subir.

- ¿Sigues pensando que vas a ganarme? – susurró López al ponerse junto a mí, con una sonrisa falsa.

- No necesito una estúpida corona de plástico – solté, fingiendo la mayor de las felicidades – De todos modos, siempre he sido el que manda aquí – le guiñé un ojo, sólo para molestarla. Ella bufó, queriendo rebatirme, pero Figgins volvió a hablar.

- El ganador de la corona de rey de este año es… - le lanzó una mirada al chico sentado en la batería, quien se apresuró a hacer sonar los tambores - ¡Blaine Anderson! – exclamó. Mi novio amplió su sonrisa, enseñando todos los dientes.

Recibió las palmadas en la espalda de Finn y Puckerman, que estaban junto a él, como nominados. Luego, recibió su corona y el pequeño cetro, girándose para verme y lanzarme un beso. Yo simulé atraparlo en el aire. Era un gesto muy cursi, pero no me importaba.

- De acuerdo… - prosiguió el director – Y nuestra reina, con una cantidad excesiva de votos, es… - nuevamente, los tambores resonaron, y yo retorcí mis dedos por los nervios - ¡Kurt Hummel!

¡Oh por Dios! ¡No podía ser cierto! ¡Gané! ¡YO GANÉ!

- ¡Soy la reina, perras! – chillé, mientras Quinn se abalanzaba a abrazarme, Santana maldecía, y las otras dos chicas se cruzaban de brazos con molestia.

Lentamente, caminé hacia el frente, y Figgins me coronó, tomando luego mi mano y la de Blaine, para alzarlas juntas. Nuestro público estalló en aplausos y vítores, celebrando nuestra coronación.

- ¿Me permite…? – le pedí al director el micrófono, y este me lo cedió.

- Sea breve, señor Hummel – advirtió.

- Okay – me aclaré la garganta y di unos toquecitos en el aparato por acto reflejo – Chicos… quiero… realmente, quiero agradecerles por esto – empecé, esforzándome en buscar las palabras adecuadas – Cualquiera al que hubieran nombrado "reina" en

lugar de "rey" se hubiera podido sentir profundamente ofendido, pero yo no… Porque entiendo la intención tras el acto. Cuando comencé este año, jamás creí que viviría todo lo que viví… Muchos de ustedes me odiaban, por no decir todos… Porque solía ser un completo idiota – oí algunas risas – Tal vez a muchos de ustedes los humillé, o los ofendí, creyendo que tenía el derecho de hacerlo… por ser el capitán de los animadores, por mi popularidad o porque me sentía superior. Agradezco que apareciera alguien a bajarme los humos… - le lancé una mirada a Blaine, quien tenía los ojos clavados en mí – Y que me hiciera ver que la amistad no es por conveniencia, sino por consecuencia, de lo que haces y de cómo lo haces. Les agradezco también a los chicos del club glee… - los aplausos aislados de los chicos, me sacaron una carcajada.

- ¡Yeah! ¡Glee! – vociferó Artie.

- Y en especial, a mi novio… - tomé la mano de Blaine – Mi amigo… El amor de mi vida… Y con quien iniciaré una carrera musical… Por ayudarme a ser quien soy ahora. Gracias a todo el mundo y… Es un honor ser su reina – acabé con una enorme sonrisa y los ojos anegados en lágrimas.

Todos prorrumpieron en aplausos, y gritos, ovacionándonos.

- Ahora, nuestros reyes realizarán su primer baile – finalizó Figgins, mientras "I have nothing" comenzaba a sonar de fondo.

Blaine me ofreció su mano y ambos nos situamos en medio de la pista de baile. Sus manos reposaron en mi cintura y yo rodeé su cuello, juntando nuestros cuerpos, para mecernos al ritmo de la música.

- No sabes lo orgulloso que me siento de ti ahora mismo – susurró mi novio a mi oído – Todo lo que dijiste, sobre ser mejor persona gracias a mí… Me haces sentir importante.

- Eres importante… - interrumpí – Eres lo que más me importa.

- Todo esto parece un sueño, ¿no crees? – añadió, luego de besar mi mejilla – Esta escuela, nosotros juntos… Tenemos aceptación y todo mundo parece estar bien con la relación que llevamos… Casi podría jurar que nos admiran.

- Me gustaría que el mundo entero fuese igual, ¿sabes? – comenté en respuesta – Tal vez, con nuestra música, logremos eso… o al menos un avance en la sociedad… Después de todo, el prejuicio es sólo ignorancia.

- Lo haremos – aseguró – Cambiaremos el mundo y le daremos a los chicos gays, la posibilidad de ser libres.

- Eso sería maravilloso… Sobre todo, porque lo haremos juntos – nuestros labios se unieron en un romántico beso, olvidándonos de todos los presentes, y disfrutando el uno de otro.

El momento se extendió por una eternidad, en donde sólo existíamos los dos, bailando suavemente hasta en fin.

Ajusté mi toga, esforzándome en lucir bien para cuando tuviera que subir al escenario. Blaine acababa de ser nombrado y pronto vendría yo.

- ¡Kurt Hummel! – dijo la voz de Figgins.

Al oír mi nombre, tomé una inhalación y descorrí la cortina roja, bajando los escalones, en medio de los aplausos de los padres presentes. Mi padre me besó la mejilla, al pasar y Alice me las presionó con delicadeza.

Recibí mi diploma y me posicioné junto a Blaine, enlazando nuestras manos juntas. Una vez acabado el discurso del director, tomamos los birretes y los lanzamos al aire, en medio de risas, llantos, exclamaciones de júbilo y aplausos. Yo abracé a mis amigas, esforzándome en contener las lágrimas, pero no resistí mucho, pues acabé lloriqueando luego del segundo abrazo.

Una vez terminada la ceremonia, todo el club glee se reunió en la sala de ensayos. El señor Schue quería dedicarnos algunas palabras a los graduados.

- Este ha sido un año grandioso - dijo, sentado en un taburete, frente a nosotros – Ganamos nuestro primer trofeo nacional, en años… Compartimos momentos inolvidables y vivimos experiencias únicas… No se imaginan lo mucho que los voy a extrañar, además de lo molesto que voy a estar si no vienen a lo menos una vez al año a visitarme - todos rieron – Realmente los aprecio mucho chicos, y espero que hagan grandes cosas, y realicen todos sus sueños… Pero lo más importante, deseo que siempre sean ustedes mismos, porque son maravillosos tal como son.

Ninguno pudo contener el llanto, antes las hermosas palabras del señor Schuester. Tina fue la primera que, prácticamente corrió a abrazar a nuestro maestro, seguida por los demás. Nos unimos en un abrazo grupal, entre risas y lágrimas. Era una despedida agridulce, al menos, para mí.

- Creo que no podré llorar nunca más – comenté, revolviendo mi taza de café – Ya no me quedan lágrimas, y Dios me salve de tener que despedirme de alguien más.

- Kurt, en unos días tendremos que hacerlo – me recordó Blaine, tomando mi mano por sobre la mesada de la cocina – Y creo que será más difícil que las anteriores.

- Lo sé… - suspiré apesadumbrado – Tal vez por eso no puedo dormir – alcé la mirada hasta el reloj mural. Marcaba las 3:44 am.

- Yo tampoco, aunque sé que estaremos siempre en contacto… No es como si no nos volveremos a ver nunca más – torció el gesto.

- Aun así… va a doler como la mierda – mis ojos se cristalizaron y bajé la mirada a mi taza, para que él no viera llorar.

- Claro que va a doler estar lejos… Pero, no hay otra manera – él bebió de su vaso de leche. Se veía tan tranquilo, que me costaba imaginar la tristeza que se pintará en su rostro el día de la despedida.

- ¿Cómo se supone que le dices adiós a una persona que amas? – pregunté – Aquella con la que has compartido tanto, y te ha dado tanto… No, no puedo hacerlo… - negué con la cabeza – No seré capaz de hacer esto…

- Kurt, mírame – mi novio presionó el agarre sobre mi mano – Existen las videollamadas, los aviones, trenes… celulares… Podremos vernos todo el tiempo, dependerá de nosotros, y de los horarios que tengamos…

- Por más vueltas que le doy a todo esto… - continué – No puedo imaginarme en dos días más diciendo… "Adiós, papá"

Pasé una mano por mis ojos, secando las lágrimas que habían caído.

- Te entiendo, ¿crees que mi madre me lo pondrá fácil? – murmuró él – Ah, ah – negó – Llorará, y comenzará a hablar de cuando era pequeño, recordará anécdotas y me hará sentir inmensamente culpable por ello.

- Esto será tan difícil – sorbí mi café y clavé mi mirada en un punto fijo, con la cabeza hecha un desastre emocional.

Papá y Alice habían propuesto casarse un día antes de nuestro viaje a Los Ángeles, para que nosotros pudiésemos estar presentes en la boda. Yo estaba muy emocionado al respecto, pues llevaban tiempo postergándolo por diferentes razones, y era tiempo de que lo hicieran de una buena vez.

Los preparativos fueron tediosos, y para olvidarme un poco del viaje, decidí hacerme cargo de prácticamente todo. Blaine ayudó con los arreglos y la música, mientras que yo corría de un lado al otro, cerciorándome de que todo saliera a la perfección.

Mi padre lucía elegante, como todo un caballero, en cambio Alice… Oh, ella era una reina… Su vestido beige, clásico y sofisticado, sobre la rodilla, con un escote moderado y joyería a juego. Los asistentes a la ceremonia comentaban al respecto, destacando lo hermoso que resultó todo.

Cuando llegó el momento de que los novios bailaran el vals, me acomodé junto a Blaine en el piano y cantamos "Take my breath away", acompañados por la orquesta contratada.

Estuve dolorosamente tentado de unirme a las mujeres, cuando Alice lanzó el ramo, pero me contuve, porque eso sería demasiado para mi padre y para Blaine.

Al final de la gloriosa velada, todo había sido un éxito y nuestros padres lucían muy felices juntos.

Cooper había estado como un loco encargándose de nuestra llegada a Los Ángeles.

Como nuestro sencillo había sido todo un boom musical, habíamos ganado lo suficiente para nuestro propio departamento.

Era pequeño como una caja de zapatos, sí… Pero, sería "nuestra" caja de zapatos, y eso hacía una magnifica diferencia.

Decir que la despedida de nuestros padres fue dolorosa, sería decir muy poco, pero logramos mantenernos en una sola pieza al subir al avión. Ellos se irían de luna de miel, de todos modos.

Vivir juntos, era todo un reto para Blaine y para mí. No llevamos mucho de novios, pero… queríamos intentarlo. Nada puede salir mal cuando amas a alguien tan profundamente como nosotros lo hacemos.

- Woah… Creo que tendré que emplear todo mi conocimiento en decoración de interiores – murmuré, dejando la primera caja sobre el polvoriento suelo – Este lugar parece muerto y sin vida.

- Ya tendremos tiempo para todo eso, Kurt – respondió mi novio, envolviendo mi cintura por la espalda – Además de inaugurarla como corresponde – añadió, besando mi cuello con parsimonia.

- ¿Qué quieres decir? – dije, forzándome a no soltar un gemido ante sus besos.

- Oh… Tú sabes perfectamente lo que quiero decir… - ronroneó, volteándome y plantando un beso profundo, esclareciendo el significado de sus anteriores palabras.

Tenía que reconocer que la idea me parecía muy interesante. Era una forma bastante buena de darle inicio a nuestra nueva vida.