Gregory acarició el suave mentón de Wendy y después le cepilló el pelo con delicadeza con los dedos. Wendy no reaccionó a sus amorosas atenciones. Sentada en el sofá, simplemente estaba allí, respirando y nada más.
— Mi querida Wendy...—murmuró Gregory.
Dejó su lado un segundo para acercarse a la ventana del salón de estar y echar un vistazo al exterior. No podía ver u oír nada desde su casa; tendría que confiar en que Timmy manejaría bien la situación. Pero le resultaba difícil confiar en él últimamente. Era un hombre con una discapacidad mental, pero no era tonto. Ya que Wendy no estaba operativa y, por tanto, no tenía que tomar precauciones a la hora de comunicarse, usó su teléfono para contactar con Nathan.
— Jefe—respondió la voz de Nathan. A juzgar por el ruido de fondo, se encontraba en su puesto de trabajo.
— Es hora de que tú y Mimallah vayáis a hacerle una visita al señor y a la señora Burch. Haced sólo lo suficiente para que Timmy sepa que debería respetarme. Pero antes de que vayáis, id a ver si Mapache y Amigos se han matado ya los unos a los otros.
— Vamos para allá.
Gregory colgó y se volvió. Wendy se encontraba en la misma posición en que la había dejado. Volvía con ella cuando llamaron a la puerta.
— ¿Gregory?
Gregory frunció el ceño. Llamaría a Nathan más tarde para que cambiara de planes respecto a los Burch: Timmy se merecía un castigo por estropearlo todo.
Caminó hacia la puerta, pero no la abrió de inmediato. Stan oyó sus pasos y vio la luz que provenía de las ventanas. Supo que había alguien en casa.
— Gregory, soy yo, Stanley...Stanley Marsh. Uh...Sí, ha pasado mucho tiempo y eso, pero esto es importante. Tengo una llamada de auxilio de Wendy y necesito saber si está ahí contigo.
— Lo siento, Stanley. Wendy no está aquí en estos momentos.
— ...Vale...Uh, mira, le ha pasado algo. ¿Puedo pasar? Por favor, déjame pasar. Sé que no hemos sido los mejores amigos del alma, pero a mí también me importa Wendy, y podría estar en peligro.
Gregory, tras pensárselo un momento, abrió la puerta y le ofreció pasar con un gesto.
— Gracias. ¿Cuándo fue la última vez que viste o ha...?
Stan la vio. Wendy, sentada en el sogá, completamente indiferente a su llegada, mirando a la nada. No tuvo la oportunidad de abrir la boca: Gregory enroscó un brazo alrededor de su cuello y apretó hasta que dejó de llegarle el oxígeno.
— Stan viene a salvar el día una vez más, ¿eh?—soltó Gregory.
Cerró la puerta y luego se agachó para agarrar con cuidado, para no dejar sus huellas dactilares en la superficie, lo que cayó de las manos de Stan: un par de destornilladores. Sonrió para sí, metiéndolos en un cajón.
— Nunca entenderé qué viste en él—comentó a su insensible amante, mientras lo arrastraba hacia el sótano.
Fue entonces cuando Timmy, tras recibir un doloroso golpe con la muleta de Jimmy, rompió todo control mental y Wendy parpadeó. Miró a su alrededor, encontrándose de vuelta a la casa de Gregory. Se puso en pie y temblando, tocándose a sí misma porque se sentía extraña en su propio cuerpo, corrió hacia la entrada. Allí se encontró a Gregory arrastrando a Stan.
— ¡Hijo de puta!
Gregory dejó caer a Stan. Wendy corrió hacia él, pero él la agarró de la muñeca y la retorció, haciéndole daño.
— ¿No te dijo nadie que no está bien controlar a tu pareja?—Gregory la empujó hasta que la dejó aprisionada contra la pared. La buena forma física que ella siempre había admirado ahora era un inconveniente—. Estoy molesto, Wendy...
— ¡Stan! ¡Stan!—Wendy lo llamó, pero Stan no se movió—. ¡¿Qué le has hecho?! ¡¿Y Timmy?! ¡¿Qué demonios estás haciendo?!
— No tienes por qué saberlo. Pero te diré algo: has cometido un terrible error interfiriendo. Podríamos haber sido muy felices, Wendy, y lo has estropeado todo.
Wendy mordió el brazo que la sujetaba y se lanzó sobre él. Consiguió empujarla al suelo y agarrarla del cuello. Wendy le arañó la cara de niño bonito y Gregory la comenzó a estrangular.
— Es una lástima, porque de verdad me gustabas. Me gustabas incluso más que cuando te conocí hace trece años...Tan guapa, tan inteligente...Pero no lo suficiente, por lo que se ve. Mira lo que me obligas a hacer...
Wendy estaba segura de que había mandado un mensaje de alerta a la policía y a todos sus amigos, ¿por qué no venía nadie? Gregory la estaba apretando más y más, su cara se comenzaba a poner roja. Y Stan aún no se movía. Wendy rezó a Dios por que Gregory no le hubiera partido el cuello.
Dios pareció escuchar. El oxígeno volvió al cerebro de Stan. Abrió los ojos. Casi era un alivio encontrarse tendido sobre el estómago, porque sintió que no sería capaz de mantener el equilibrio. Cuando vio a Gregory estrangulando a Wendy, se obligó a ponerse en pie.
— ¡WENDY!
Agarró a Gregory del pelo y lo apartó de la chica, con tanta fuerza que se le quedó algo de pelo y de cuero cabelludo en la mano. Wendy rodó a un costado y tomó aire profundamente con la boca bien abierta, tocándose las marcas de los dedos que habían quedado en su cuello.
Era el turno de Stan de inmovilizar a Gregory en el suelo.
— ¡¿Es así como tratas a tu novia, malparido?! ¡¿Eh?! Voy a convertir tu vida en un infierno...¡No vas a tocarla nunca más!
— ¡Stan! Ha estado...manipulando a Timmy...
Una pequeña distracción, cuando Stan giró la cabeza hacia Wendy, fue suficiente para que Gregory respondiera al ataque. Dio un rodillazo a Stan en el estómago, luego un puñetazo en la nariz y lo empujó a un lado para levantarse. Una patada en la cara con sus zapatos perfectamente pulidos hicieron que Stan cayera de nuevo.
— Lástima que tu tío fallara el tiro...
Wendy, aún recuperándose, trató de levantarse, y fue fácilmente derribada.
Gregory caminó hacia el cajón de la entrada. Primero se puso los guantes que guardaba ahí y finalmente tomó uno de los destornilladores que le había quitado a Stan.
— Tu habilidad es muy inusual. Un poco inútil...Pero esto me da una idea...
Sus ojos se volvieron hacia Wendy, yendo hacia ella.
— Todo el mundo sabe que no podías creer que Wendy te dejara, y que empezabas a beber demasiado...No podías soportar verla con otro hombre...
— ¡He dicho que no la toques!
Con una nueva patada a la cara tuvo a Stan bajo control. Stan se tomó un segundo para respirar y luego se puso en pie. Con dificultad, pero consiguió hacerlo. El odio, al ver a Wendy en peligro, le dio fuerzas.
— El héroe...
Gregory le dio la espalda y se volvió hacia Wendy.
— Macho, sí que tuvo que escocer no haber sido tú quien salvó a Terrance y Phillip.
Aunque la cara de Gregory permaneció pétrea, hubo un sutil brillo en sus ojos que hizo ver a Stan que había metido el dedo en la llaga.
— ...Ni siquiera teníais un plan. Yo sí. Fue mi idea pedirle ayuda a Topo. Yo animé a los otros niños...Sin mí, no habríais hecho absolutamente nada y habríais conseguido que nos mataran a todos...Como hicisteis con Topo...Todo lo que hicisteis fue estropear lo que había planeado con cuidado. Y, de alguna forma esta...puta te prefirió a mí...Tú...un crío que jugaba a ser alguien importante...
— Eso nunca tuvo que ver con la gloria, Gregory. Para nosotros no. Lo siento si tú tenías tus propias prioridades.
Gregory tensó sus músculos.
— Basta de charlas Acabemos con esto.
Alzó el destornillador, listo para clavárselo a Wendy en la cabeza.
Ella le escupió en el ojo, permitiéndole levantarse y agarrarlo. Stan corrió en su ayuda. Extendió un brazo. Sintió que había algo en alguna aprte. Sí, tras la puerta. Se abrió debido a que algo muy fuerte la estaba empujando para salir. Una taladradora voló a la mano de Stan. Presionó la punta contra la base de su cráneo.
— Ya que sabes lo de mis poderes, supongo que tendrás una idea de lo que puedo hacer con esto...
Gregory sintió la herramienta caliente, a pesar de que no estaba enchufada, y obedeció. Wendy corrió a coger cuerda que encontró dentro del mismo armario y lo ató con ella.
— Te mereces todo lo malo que le puede pasar a una persona...
Poniéndose en pie, suspiró y miró a Stan.
— ...¿Estás bien?
— Bueno, no estoy para irme a un baile, precisamente...Pero aún respiro...¿Y tú?
Le tocó la mejilla, y se dio cuenta un poco tarde de que no era realmente apropiado, así que retiró la mano rápidamente.
— ...Estoy bien. Lo siento tantísimo...Yo...Fui tan tonta como para confiar en este...pedazo de mierda...No sabía que él...
— No seas tan dura contigo misma. Yo también debí darme cuenta de que algo iba mal.
— ¿Seguro que estás bien?
— Sólo me ha golpeado una y otra vez, no te preocupas.
— Stan...
— ¿Sí, Wendy?
Wendy tragó.
— ...Esa carpeta...con nuestras fotos...
— Qué ca...Oh. Sí.
— ¿Por qué no las borraste?
— Porque...Bueno, he estado colado por ti desde que tenía ocho años. Claro que no podía borrar todos esos recuerdos con un clic.
— Sí, s-supongo...Pero, Stan...De verdad que no puedo comprenderte. Ayúdame a comprender, por favor. ¿Por qué te distanciaste de mí? ¿Por qué no querías mudarte conmigo?
— Porque tenía tanto miedo de perderte...Tú...sabes que a veces la fastidio a base de bien. Me has dado ya millones de oportunidades. Y cuando dijiste que querías que viviéramos juntos yo...entré en pánico. Era un paso tan grande para mí...Nos veríamos todo el día y toda la noche y tendría muchas oportunidades de cagarla...Quería que esta vez fuera la definitiva y...y...
Stan tenía que parar. Sufría unas arcadas tremendas.
— Perdón...
— No pasa nada.
— Tenía tanto miedo de perderte que terminé perdiéndote de verdad. ¿Ves? Soy un jodido idiota que no tiene sentido.
Stan esbozó una fina sonrisa, casi de cachorrito. Wendy sonrió también. Tras limpiar la sangre de los labios de Stan con sus dedos, posó una mano en su pecho.
— Sí. Un poco.
Y lo besó en los labios. Stan la sujetó fuerte, muy fuerte, como si estuviera evitando que se cayera o que saliera huyendo. Se sentía tan extasiado que le estaba revolviendo el estómago. Tuvo que romper el beso por un segundo para apartarse y vomitar. Una vez hubo recuperado el aliento iba a proseguir, pero Wendy lo detuvo.
— Uhm, mejor no...
— Oh. Ya. Lo siento.
Pero aún podía abrazarlo, y eso fue lo que hizo ella.
La puerta se abrió discretamente. Una persona contempló la escena, pero no quería ser un mirón. Nathan apuntó silenciosamente el arma que llevaba en las manos a Stan.
Fue derribado tan de súbito que no pudo evitar dar un grito, que alertó a los que estaban en la casa. Nathan se encontró tirado en el suelo al lado de Mimsy y, sobre él, pisando su arma, Jimmy le sonrió.
— M-Me alegra verte de nuevo, Nathan, viejo amigo.
— ¡Hola, Jimmy! ¡Creímos haberte matado!—respondió Mimsy.
— Demasiado bueno para ser cierto...—murmuró Nathan, sacudiendo la cabeza.
— ¡Chicos! ¡¿Estáis bien?!—Kyle corrió al interior de la casa.
— Sí. Y veo que también vosotros...—miró a los otros detrás de él con alerta.
— Gregory obligó a Timmy a controlarlos y a que nos atacaran.
— ¿Qué? ¿Es eso cierto, Timmy?
— Así que ese es el trabajo de verano que me contaste, meterte con gente con diversidad funcional...—Wendy lo fulminó con la mirada.
— Muy bien, muy bien, todo el mundo, ¿qué es todo este jaleo?—el Oficial Barbrady se abrió camino hacia el interior de la casa, mirando a todas partes y a todo el mundo. No pareció comprender la explicación que le dieron, pero entendió que el Mapache estaba allí, que había una pistola en el suelo y tres personas habían sido reducidas.
— Muy bien, me llevo a estos granujas a comisaría...Veamos si por fin puedo enterarme de qué pasa.
Gregory estaba siendo convenientemente esposado en el salón de estar, para la satisfacción de Stan, para unirse a Nathan y Mimsy en el coche policial, cuando alzó la voz.
— Pues si caigo, no lo haré solo.
Wendy apenas podía ocultar cuánto deseaba abofetear a ese hombre hasta que le sangraran las manos, pero se las llevó a la cintura y escuhó lo que quiera que Gregory tenía que decir.
— Si hice lo que hice fue porque alguien me convenció. El director de la compañía de la que soy inversor. No lo reconocí, pero parece que él no se olvidó de mí. Ambos estuvimos envueltos en La Resistance, durante la guerra contra Canadá. Hablamos al principio sobre esos tiempos, y su tono se fue haciendo más agresivo. Me recordó lo que hicisteis con mi plan, cómo me robaste a Wendy. No paró hasta que encendió la chispa. Me contó lo de vuestros poderes y vuestras debilidades. Me dijo que Timothy era un individuo muy poderoso, y me aconsejó someterlo, y me enseñó cómo, qué tuercas apretar. Me dijo que le diera a Stan y a sus amigos...pruebas. Sí, algo con que entretenerse. Muchas oportunidades para luchar o morir. Su propio tío, amigos. De esta manera esperaba convencer a Wendy de que se quedara conmigo, mostrarle lo incompetente que era Stan...y si moría, se habría quitado de en medio para siempre. Esta persona ha seguido vuestros pasos. Es...
¡BANG!
La cara de Clyde, que se encontraba detrás de Gregory, se salpicó de una pulpa roja. Dio un salto hacia atrás, asqueado, soltando un grito. Cuando Barbrady soltó a Gregory, cayó al suelo como un muñeco. Todos se giraron hacia la ventana rota.
— ¡Gregory!—exclamó Wendy, agitándolo.
Tweek sabía lo que debía hacer y rápidamente posó sus manos sobre su cabeza. Pero no ocurrió nada. Sus manos ni siquiera se iluminaron esta vez.
— C-Creo que está muerto...
¡BANG!
Token se teletransportó afuera.
— ¡TWEEK!—llamó.
Cartman yacía sobre el césped con una mano en el estómago.
— Ha...Ha escapado...—dijo, alzando un dedo cubierto de sangre, tratando de apuntar en cierta dirección, pero incapaz de hacerlo.
El rifle que había tratado de usar Nathan estaba en el suelo, a poca distancia de Cartman. Los dos discapacitados se encontraban en el coche, tratando de ver lo que sucedía afuera.
